Miraculous Ladybug pertenece a Thomas Astruc, Zag Animation, Disney y TF1, hago esto sin fin de lucro.
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Je Suis
Por Mimi chan
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Capítulo 10
Abrir los ojos…
A veces podría llegar a sorprendernos, lo difícil que es abrir los ojos. Vivimos mirando solo un punto del camino, casi sin atrevernos a levantar la mirada y ver qué es lo que está alrededor, cual es el camino completo. Quizá sea porque si miras justo donde vas a dar tus pasos, sientas que el camino es más seguro, pero la verdad, es que te estás perdiendo el espectáculo que rodea la vereda que estas recorriendo.
Así se sentía Adrien, como si aquella bella mujer hubiera estado allí siempre, pero en realidad nunca la hubiese notado.
Su cremosa piel color caramelo, la curva increíble delicada de sus hombros, de sus brazos, su cintura. Ella había arrojado la sabana lejos de ella en la noche seguramente, acalorada por la fiebre. Así que desde donde estaba, a su lado, podía ver incluso la curva de su cadera, firme y absolutamente femenina. Debería haberla cubierto de nuevo, pero estaba hipnotizado por la delicada apariencia de su piel aterciopelada. Su cabello regado por la almohada, lo había alejado de su cuerpo seguramente por el malestar que sentía, bajaba por su cuello hasta rosar sus hombros… estaba completamente fascinado sin poder dejar de mirarla.
¿Cómo? No entendía realmente, cómo había logrado atrapar su atención Ladybug antes que ella. O quizá sí.
Ladybug había sido como la luna, pero Marinette… oh, Marinette era como el sol, tan brillante y vivo que solo querías bañarte con su calor.
Estaba… probablemente más que fascinado por ella, le gustaba en muchos aspectos más de lo que alguna vez le había gustado Ladybug. Marinette era vibrante y divertida. Era inteligente y tenía un sentido del humor que lo hacía reír todo el tiempo. Sentía una inmediata calma cuando estaba a su lado, ella no tenía que hacer nada para hacerlo sentir bienvenido, solo lo hacía. Era… cada vez, como si Marinette hubiera estado esperando por él, como si cada vez ella estuviera deseosa y contenta de verlo… nunca había sentido algo así, con nadie.
Y era tan hermosa. Él ya sabía cuan hermosa era ella, pero justo ahora, al ver tan de cerca su piel color de avellana… era una tentación, una real tentación para sus sentidos, olía tan bien y era tan suave. Había pasado sus nudillos con cuidado por la extensión de su brazo y su piel se había sentido tan suave.
Sabía que no debía estar allí, que no era… ni siquiera de amigos estar allí con ella mirándola en nada más que su ropa interior, pero no se podía mover, no tenía el más mínimo deseo de moverse, sino todo lo contrario, sentía el deseo de quedarse allí, de acariciar más que su brazo, deseaba tomarla en sus brazos, acariciar con sus labios la curva de su hombro, su clavícula, sus pechos. ¡Dios!, el deseo era tan vivo y tan abrazador que no sabía cómo es que estaba quieto sin hacer ninguno de ellos realidad. Deseaba amarla tanto como…
¡Amarla!
Aquello lo golpeó como un puño en su estómago. ¿Era amor? Es decir… ¿Por qué era tan difícil de creer? Quizá porque había pasado tan rápido, pero su corazón le estaba diciendo en ese momento que no podía ser otra cosa, la amaba realmente…
Y en ese momento ella despertó.
Cuando la lluvia sople en tu rostro y el mundo entero este pendiente de ti, podría ofrecerte un abrazo cálido para hacerte sentir mi amor.
¿Los sueños podían volverse realidad? Había soñado con ese momento más de una vez, tenía que reconocerlo. Había sido una fantasía recurrente cuando cerraba sus ojos y en sus sueños, en el único lugar donde había podido hacer lo que deseara, Adrien había amanecido a su lado, había sonreído para ella y había lucido relajado y feliz a su lado. Justo como en ese momento.
Pero, parecía demasiado real para ser una fantasía. La lluvia que había empezado a caer desde hacía días se escuchaba fuera de su ventana, la fría humedad del clima tenía sus pies fríos, lo que siempre pasaba las mañanas de julio.
Tuvo que tocarlo para asegurarse de que lo que estaba viendo era real, sintió la tersa piel de su mejilla, la calidez que guardaba y como sus ojos verdes se abrían amplios. Adrien estaba allí, realmente estaba allí.
— ¿Estás mejor? – preguntó Adrien con una expresión preocupada.
— ¿Mejor? – preguntó la chica de ojos castaños.
— Tuviste una fiebre muy alta.
— Yo… — Marinette pudo mirare a sí misma y se dio cuenta de su apariencia, con las mejillas escarlatas arrastró la sabana más cerca — sí, me siento mejor.
— Me alegro.
Y por un largo momento no dijo nada más, dejó que la mano de Marinette acariciara su mejilla con amabilidad, era el contacto más dulce que había sentido… quizá a lo largo de toda su vida. Su padre era un hombre severo poco propenso a demostraciones de cariño. Con Ladybug había sido todo explosivo y lleno de pasión, esto era… cálido, era sumamente cálido.
En verdad que ciego había estado todo ese tiempo, realmente había sido capaz de ignorar la enorme emoción que encerraban los ojos de Marinette. Había un montón de promesas en su mirada, en sus cristalinos ojos azules, el pecho le dolía solo de imaginar, siquiera tratar de comprender un poco lo que su mirada le estaba transmitiendo… era… inmenso.
Y lo quería, no alcanzaba a entender las dimensiones de lo que ella sentía, pero lo quería.
Cuando las sombras del atardecer empiecen a aparecer y cuando no haya nadie para limpiar tus lágrimas, yo podría sostenerte por un millón de años, para hacerte sentir mi amor.
Y de pronto todo estaba pasando, no sabía cómo es que todo se había dado de esa manera, pero es algo que había soñado tantas veces que no iba a negarse a que pasara ahora. Habían girado lentamente en la cama, Marinette había sentido las sabanas cálidas en su espalda desnuda y después el peso del cuerpo de Adrien, por la extensión de todo su cuerpo, entre sus piernas y sobre su estómago, su cabello acariciándola como la textura de una flor y después tenía sus labios.
Sus labios… su beso era tal y como lo recordaba, tan sensual que parecía imaginario, sus manos rodeando su espalda con facilidad y acercándola a él, a su calor y Marinette se veía imposible de retirarse de él. No necesitaba guiarla siquiera, ella sentía por toda su piel la necesidad de sentirlo, de tocarlo, de corroborar que no era uno de sus tantos sueños de Adrien amándola.
Todo iba demasiado rápido o quizá demasiado lento ninguno de los dos podía saberlo, el tiempo se había vuelto como algo pastoso en sus manos, no sabía cómo podía medirlo. Marinette vio como Adrien se sacaba la camiseta del cuerpo y volvía a levantarla de la cama para sentarla en su regazo a horcajadas, sintió la deliciosa sensación de sus labios recorriendo su cuello con el rastro de su saliva caliente en su piel, sus manos amplias y fuertes rodeando toda su espalda acercándola más, suspiró profundamente al sentir la evidencia de su excitación entre sus piernas, que más daba sí era despacio o rápido, lo importante en ese momento es que estaba ocurriendo, ni siquiera sabía porque estaba pasando, solo quería disfrutarlo mientras el milagro estuviera aconteciendo.
Yo sé que aún no te has dado cuenta, pero yo nunca podría lastimarte, se desde el momento que nos conocimos, sin duda en mi mente, que me perteneces.
Adrien sintió los pechos pequeños y firmes de "su amiga" recargarse en la dureza de su torso, mientras devoraba su boca con pasión, rodeó su cuello con sus manos y sus brazos tratando de mantenerse unida a él todo lo posible. No sabía qué hacer, nunca había estado con una chica antes y lo que podías imaginar en realidad nunca te prepara para la experiencia verdadera.
No quería pensar en que estaba mal, no quería pensar en los motivos de él en ese momento, Marinette sabía porque estaba allí, sabía porque estaba yendo tan lejos con Adrien. Lo hacía por amor, y solo por amor. Su conciencia le decía que estaba tan mal, tan enteramente mal, pero cuando sus manos alcanzaron el elástico de sus bragas y las puntas de sus manos tocaron la sensible piel de su cadera cerró su mente, le negó el paso a su conciencia y solo se interesó en sentir el momento, después, después se preocuparía de los motivos de Adrien más tarde pensaría en lo equivocado que eso podría ser, pero ahora solo quería entregarse entera a lo que sentía, no quería perder una sola cosa, quería abandonarse por completo y sentir, solo sentir.
Estaría hambrienta y estaría triste, me arrastraría por la avenida, no, no hay nada que no haría, para hacerte sentir mi amor.
Y sí, después de haber tomado la decisión solo pudo sentir. Sintió las manos de Adrien recorriendo la piel de su espalda, sus labios besando su cuello, su clavícula y bajando a sus pechos, sintió sus senos pesados y contraídos por la sensación tan placentera de sus labios recorriéndola, sintió la seda de su cabello entre sus dedos y el fuerte ritmo de su corazón. El ritmo incesante de sus caderas tan intensamente que asustaba, la marea lenta y poderosa de sus sexos llamándose con una especie de hambre milenaria in crecendo.
Su corazón casi se salió de su pecho cuando él se separó un momento de ella solo el suficiente tiempo que le llevó quitarse el resto de su ropa, después volvió a ella para recostarla de nuevo en la cama y cubrirla con su cuerpo, y volver a devorar sus labios con una especie de desesperación. Enterró sus manos en su espalda cuando su miembro erecto acaricio su intimidad, arqueó su cuerpo entero en la expectativa, quería más, sentía en ese momento que haría lo que fuera por poder tener más de él, se sentía tan codiciosa en ese momento, no quería esperar, no quería nada que no fuera a Adrien entregándoselo todo, casi quería rogarle, suplicarle que le diera más, le daría su corazón en prenda, le entregaría su alma y todo su amor si solo le daba lo que tan desesperadamente anhelaba.
Sintió unas lágrimas calientes bajaron por las comisuras de sus ojos cuando conectaron con los ojos verdes de Adrien llenos de la chispa de su pasión, había tanto que quería decir, pero sentía que cualquier palabra ahora podría romper la magia de ese momento, excepto una.
— ¿Marinette…?
— Sí – respondió ella con un suspiro profundo – sí.
Al parecer había acertado a la pregunta que Adrien quería hacer porque no dijo nada más, solo recogió el cabello de su rostro y la besó de nuevo, con un sentimiento que Marinette desesperadamente quería creer que era amor.
Las tormentas están furiosas en el inquieto mar, en la carretera del arrepentimiento, corren vientos de cambio, corren salvajes y libres, no has visto nada aun como yo.
Y conectaron…
Por una suerte desconocida no hubo dolor, solo hubo una conexión inmediata cuando sus cuerpos se fundieron en uno, no hubo prisa, no hubo nerviosismo o culpa, solo hubo esa mágica sensación de que eran una sola persona, supieron de inmediato que es lo que debían hacer, como si hubieran sido amantes toda la vida y esta no fuera la primera vez.
Adrien supo exactamente como debía tocarla, la curva exquisita de su larga pierna derecha elevando su cuerpo de la cama para tener una penetración más profunda, mientras sostenía su espalda, se maravilló de la expresión en su rostro, tan llena de entrega y al mismo tiempo de libertad, su respiración y su corazón a un ritmo frenético, tanto como su propio corazón que sentía que iba a explotar, nunca se había sentido así, nunca había sentido algo similar… se sentía… marcado. Esta experiencia no tendría un antes o un después ¡Dios!, la sentía rodeándolo, acariciando con sus manos pequeñas el contorno de sus costillas, aferrándose con sus pequeñas uñas y solo pudo rendirse a ella, entregarse a Marinette por completo.
Podría hacerte feliz, hacer tus sueños realidad, no hay nada que no pudiera hacer, ir hasta el final de la tierra por ti, para hacerte sentir mi amor.
Marinette sentía que se ahogaba, sentía que no podía respirar, pero tampoco lo quería, no necesitaba respirar, incluso aspirar podía hacer que esta sensación se perdiera y no quería perderse nada. Era como un rayo de luz, era una sensación alarmante y violenta que la sacudió desde el lugar donde los dos estaban unidos, se aferró con todas sus fuerzas a su cuello y dejó que el sudor que cubría su cuerpo se mesclara con el suyo, como su voz en éxtasis se perdía con la suya, estaban sintiendo lo mismo, no sabía a ciencia cierta cómo es que lo sabía, solo… podía sentirlo, estaban conectados a un nivel antinatural en ese momento. Él no era Adrien, Marinette no era ella misma, eran pura sensación y pura energía que se elevaba a una alquimia desconocida, algo imposible de describir, pero tangible. Algo innombrable que sacudía su cuerpo al extremo de casi necesitar gritar, sostenerlo fuertemente para no romper la unión, no podía más y al mismo tiempo no quería que terminara. ¡Dios!, había soñado tanto este momento, había visto en su imaginación mil veces su cuerpo desnudo unido al de él, su cabello sudoroso y pesado contra la suavidad hipersensible de su piel, ahogarse en el olor intenso de su piel. Había esperado por él, sabiendo dentro de su alma que solo él y nadie más, podría hacer que diera este paso, con nadie se sentiría tan plena y tan feliz, había sido suya desde el momento que había reconocido solo ante sí misma sabiendo que estaba locamente enamorada de él. Un empuje poderoso de su miembro dentro de ella la envió a un lugar del que ya no pudo regresar, era fuego y Adrien era el aire y encendió la llama hasta la explosión, sintió lagrimas correr por sus mejillas.
Cuando regreso al mundo, sintió el peso del cuerpo de Adrien semi recostado sobre el suyo, su cabello dorado cubría sus ojos.
Se sentía demasiado cansada, incapaz de moverse un solo centímetro, solo cerró sus ojos, escuchó la respiración profunda y rítmica de Adrien sobre ella y el sueño poco a poco la invadió… solo sueño.
[...]
No supo cuánto tiempo había pasado, hasta que despertó de nuevo, miró a su alrededor y estaba sola, por un momento Marinette se preguntó si había sido solo un sueño, Dios sabía que sueños de Adrien haciéndole el amor no habían sido pocos a lo largo de esos años, pero el dolor que sintió en el cuerpo apenas y se movió le dijo otra cosa muy diferente.
— ¿Adrien? – lo llamó, aún era de noche y todo estaba silencioso así que escuchó pasos acercarse
El joven vino enseguida de la sala, estaba vestido con el mismo jean y camiseta que había estado el día anterior y la miró con preocupación.
— ¿Estás bien? – preguntó el chico con cierta timidez.
— ¿Qué?
— Yo… — el chico no se movió del dintel de la puerta de la pequeña habitación, eran solo unos pasos, pero parecían tan largos, tan lejanos — estaba haciendo algo de café y pan tostado, no sé si te apetezca comer o… yo solo…
Marinette no supo que responder, estaba con la mente en blanco. ¿Realmente le estaba preguntando su tenía hambre después de lo que había pasado? ¿Había realmente pasado en realidad?
— Yo… no lo sé.
— ¡Oh, por Dios!
Adrien fue a la cama de nuevo y la abrazó fuerte, seguía desnuda debajo de las sabanas y sintió una humedad incomoda debajo de ella, cada segundo que pasaba, cada cosa que estaba ocurriendo en ese momento era más desconcertante que la anterior.
— Lo lamento, no quería que ocurriera… no, no es cierto, si quería que ocurriera, pero no de este modo – tomó su rostro entre sus manos y besó sus labios – te quiero, Marinette yo te quiero, me he estado volviendo loco pensando en ti y en Jordan juntos, en que no había cabida para mí en tu vida, lamento que esto haya sido así, tu merecías algo mejor que esto.
— Entonces… no lo soñé.
— No.
No dijo nada más por un largo minuto, pero tampoco huyo de su abrazo, se mantuvo allí junto a él dejando que la tuviera en sus brazos.
Cuando Adrien había despertado de nuevo por un momento se sintió desorientado, miró la pared que tenía delante de él y la cama pequeña y volteó del otro lado, un largo rastro de su cabello quedo ante sus ojos, y supo entonces perfectamente donde estaba y lo que había pasado solo hacía unos minutos, el meró recuerdo lo excitó de inmediato y sintió una parte importante de su cuerpo encenderse de deseo.
¡Por todos los santos que había hecho! recordó todo, recordó cada cosa buscando las claves de lo que había pasado, la miró allí, perfecta, desnuda en medio de sabanas, uno de sus pechos estaba perfectamente descubierto, suave y extremadamente sensual y se recordó metiéndolo en su boca y amamantándolo con placer, escucharla gemir mientras lo hacía. Bien, ella había estado de acuerdo, esa era la parte más importante, podía decir que no perfectamente consiente quizá, pero por lo menos si de acuerdo, no se habría perdonado dañarla.
No es que él tuviera experiencia, pero la suficiente para poder notar que ella había sido virgen, la expresión de dolor de ella por un momento, y la estreches de su cuerpo no podían ser por otra cosa ¿cierto? ¡Dios!, ¿Había esperado que ella se adaptara? ¿La habría lastimado? Cada pequeño estimulo de todo lo que había sentido estaba fina y protectoramente guardado en su memoria, pero no sabía lo que había llegado a sentir ella.
Se levantó y trató de despejar su mente, el café ayudaría, se levantó de la cama dejándola profundamente dormida y se vistió en la pequeña cocineta hasta que había escuchado su nombre he ido a ella, estaba seguramente tan desorientada como él, pero parecía estar bien, al menos hasta ese momento.
— Café – dijo Marinette en un susurro apenas.
— ¿Qué?
— Me gustaría una taza de café – dijo la chica con cierta timidez jalando la sabana un poco más arriba en su pecho – y hay galletas de avena en la gaveta, aunque tú debes tener más hambre.
— Estoy bien con un café – le respondió – quédate aquí enseguida regreso.
— Yo… — Marinette se sonrojó profundamente, llamándolo antes de que él dejara la habitación, él volteo a verla – quisiera darme un baño primero.
— Bien, toma tu tiempo.
Adrien salió de su pequeña habitación y Marinette se levantó de la cama, tomó la bata que había en la cabecera y miró la cama con las mejillas escarlatas, había una mancha de sangre en el centro con algo más, jaló las sabanas y se alegró que no hubiera pasado hasta el colchón y lo puso todo en la canasta de la colada y entró al baño.
No, nunca había imaginado que esto que había pasado pudiera pasar… así. No ahora, no con él, no en ese lugar. Entró en su regadera y dejó que el agua caliente la lavara para calmar el dolor de sus músculos. Lo había imaginado, claro, como todas las chicas quizá lo imaginan, en una cama de sabanas de seda roja y pétalos de rosas en tu noche de bodas, un lento preludio lleno de besos y lentamente quitarse el vaporoso vestido y un traje negro, pero.
No iba a ser hipócrita, había sabido lo que pasaba, en algún lugar de su conciencia sabía lo que pasaba y había permitido que pasara, había abandonado voluntariamente su voluntad para que él hiciera lo que quisiera de ella y cada cosa, desde la más pequeña hasta la más grande la había disfrutado, había sentido el placer más grande que hubiera podido siquiera imaginar que existiera, había amado esa sensación como ninguna otra cosa… porque era él, porque lo amaba, porque una pequeña y secreta parte de su alma lo había deseado siempre, que fuera el primero y el ultimo.
[…]
— Yo también te quiero.
Adrien volteó a ver a la joven parada en la puerta de la cocina que chorreaba agua y estaba sonrojada y tímida.
— Siempre te he querido, sin importar que eso no fuera lo correcto en su momento – dijo tratando de darse valor a si misma – sin ningún tipo de esperanza porque tú no me querías y no sé porque me quieres ahora, pero yo también te quiero – una lagrima solitaria corrió por su mejilla — y no quiero dejar pasar ni un segundo sin que lo sepas.
— Marinette…
— Me fui pensando que era lo mejor, no tenía ni idea que tú también vendrías aquí, y quise empezar de nuevo, por eso estoy con Cole, pero… — más lagrimas bajaban por sus mejillas, era tan importante y tan grande que lo que sentía que la rebasaba — te quiero y aun estando con él, lo sabía, yo te quería a ti, pero no podía tenerte, tú estás enamorado de Ladybug, todo mundo lo sabía y…
Adrien no la dejó continuar, fue hasta donde estaba y la besó de nuevo en los labios, la cargó de la cintura separándola del piso y la llevó de nuevo a su habitación.
Pasaron todo aquel día en la cama, sin decir nada más, lo importante ya se había dicho, se querían y con esa premisa se dijeron con hechos que sí se querían, todo aquello estaba bien, se exploraron, se tocaron, besaron y excitaron todo lo que pareció correcto y agradable, se amaron, físicamente se amaron y fue lo más bello del mundo.
No se detuvieron por el cansancio o el hambre, no dejaron de tocarse por horas y ninguno se sintió harto del otro, eran las 6 de la tarde el sol había empezado a ocultarse de nuevo cuando alcanzaron un orgasmo más de los muchos que habían compartido ese día, un clímax en perfecta sincronía y finalmente el cansancio los venció.
Si, esto tenía que ser un sueño, era el pensamiento de Marinette antes de dejarse arrastrar por el cansancio de nuevo, casi deseaba que lo fuera, porque si no lo era, si despertaba y este maravilloso sueño era realidad… solo… no tendría un buen final.
Fin capítulo 10
11 de julio de 2019
11:40 a.m.
Nota de autora: Solo un par de versos de "make you feel my love" diamond o Adele, escoge la que quieras y escuchala, es adorable.
Tata
Mimi chan
