Tras la confrontación con Charlie, los días posteriores no cambiaron mucho a las últimas semanas, Vaggie seguía renuente a dirigirle la palabra como lo hizo alguna vez en la habitación de Angel y eso estaba colmando la paciencia de Alastor.
Por un lado estaba su propio pesar por verse ignorado por la única persona que consideraba decente en medio de aquel circo y por el otro, estaba su propia curiosidad que deseaba saber el porqué de aquella vil ley del hielo.
Así que tras casi un mes de monosilábicas palabras entre ambos e huidas premeditadas, encontró la excusa perfecta para no dejarla marchar.
Alastor se detuvo frente a la habitación donde Angel tenía su terapia, por lo que sin poder ocultar la satisfacción por su gran idea, tocó a la puerta e ingresó sin permiso.
Aunque era muy impropio de él hacer eso, disfruto de ver la mirada sorprendida de las dos únicas personas en aquella sala.
—¿Qué hay, Al? —saludo de inmediato Angel, Vaggie a su lado se encogió en su sitio volviendo la atención a sus documentos.
—Charlie me pidió que viniera a supervisar tu avance y que no le causarás problemas a Vaggie —está al escuchar su nombre frunció sutilmente el ceño.
Angel iba a protestar con una clara intención de una pelea verbal, cuando se dió cuenta que Alastor no lo decía en serio, pues sus ojos no se había despegado de una Vaggie absorta de la situación. Angel apenas percatarse de lo que estaba pasando, sonrió maliciosamente.
—¿Es así? —gruño con fingida molestia recargándose en el respaldo de la mullida silla en la que estaba—, quizá deba ir y decirle a esa perra en persona que no necesito un chaperon.
—No necesitas molestarte, dulzura —apuntó divertido Alastor de ver como Angel le seguía la corriente.
—Observarme —anunció para ponerse de pie.
Vaggie apenas verlo parpadeo confundida.
—¿Qué rayos crees que haces? ¡Siéntate! Aún no terminamos —gruño al verlo dirigirse hacia la puerta por donde Alastor había entrado hacía unos segundos.
—No me tomara mucho, vuelvo en cinco, esa niña me va a escuchar —dijo caminando hacia la puerta y al pasar a un lado de Alastor, ambos compartieron una mirada maliciosa.
Sin poder hacer nada, Angel salió por la puerta dejándola a solas con Alastor, por primera vez en semanas.
—Al carajo —musito poniéndose de pie dispuesta a alejarse de él.
Alastor ante ese obvio intento de huida, invoco a sus sombras que se apostaron frente a la puerta, impidiendo que Vaggie pudiera salir.
—Tendrás que disculparme querida, pero realmente debo hablar contigo —dijo ya sabiendo que eso solo la haría enojar más.
—¿En serio? ¿hacer todo eso solo por una estúpida charla? —inquirió volviendo hacia él, encontrando aquella sonrisa que llevaba evitando tanto tiempo.
—Veo que no estas del mejor humor, ¿por qué no te sientas? —sugirió para chasquear los dedos y ambos aparecer en sus respectivas sillas en la mesa que Vaggie había estado usando un par de minutos atrás.
Ella ante esa situación no sabía qué hacer.
—Habla entonces —dijo para cruzarse de brazos y ver hacia el ventanal.
Alastor al ver que no le vería, soltó un suave suspiro.
—¿He hecho algo indebido para que no desees ni siquiera dirigirme la mirada? —ante esa pregunta, Vaggie se crispo.
—¿Indebido? ¿debo hacer una lista de ello? —gruñó aún sin verlo.
—Recientemente no recuerdo haber-
Pero su memoria le traicionó y a su mente acudió el momento en el cual la derribó sin querer.
—Ahí esta tu respuesta —acusó al notar que se quedaba callado—, no se porque te molestas-
—Lo lamento —Vaggie, sorprendida por lo que acaba de escuchar le miró por primera vez detenidamente—, no quise herirte aquella vez... ni las anteriores, o puede que sí, pero ya no deseo hacerlo más.
—¿Qué dijiste? —dijo aún incrédula.
Alastor lo captó por lo que ladeo sutilmente la cabeza.
—¿No querías eso? ¿una disculpa?.
Ante eso Vaggie entrecerró el ojo.
—¿Lo dices solo para que hable contigo? —acusó con voz mordaz.
Alastor al ver que otra vez la ponía en su contra, negó sutilmente con la cabeza.
—Querida Vag, si de verdad hubiera querido hacerte daño, lo hubiera hecho desde el mismo instante donde me apuntaste con aquella lanza sagrada —apuntó ladeando un poco la cabeza sin dejar de verla—, es cierto que fui muy pesado en el pasado contigo, pero-
—¿Pero qué? ¿pretendes que crea que cambiaste?
—Tal vez —dijo para inmediatamente reír—, Vag, no busco pelear contigo, en serio, disfruto de tu compañía
Vaggie abrió la boca, pero la volvió a cerrar.
No odiaba estar cerca de Alastor como antes, no luego de descubrir que tenía un lado empático y además, que compartía sentimientos por ella. Sin embargo, tenía más de un motivo por el cual seguir huyendo.
—Alastor, realmente no creo que-
—¿Es por Charlie? —la interrumpió de inmediato al ver que había bajado la guardia—, ¿porque volviste con ella si sabes cuales son sus verdaderos sentimientos? —preguntó por fin ya queriendo saber la respuesta a sus dudas.
Vaggie se mostró visiblemente consternada.
—No volví con ella —aquellas palabras quemaron en su boca, pero no como lo hubiera hecho en el pasado—, no es por eso que te estoy... que no quiero pasar tiempo contigo.
Alastor en ese momento se mostró confundido.
¿Qué le pediste Charlie?
—¿Si no es eso entonces porque me evitas? —quiso saber ahora más curioso que nada.
—Charlie... me dijo que ella sabe de tus sentimientos por mi, ¿se lo dijiste? —preguntó poniendo un mechón de su cabello tras la oreja.
Aquel gesto no pasó desapercibido para Alastor.
—No, lo que hice fue declararle la guerra por ti —dijo sin perder en ningún momento como la mirada de Vaggie paso de indiferente a sorprendida en segundos.
—¿Tu qué? —casi gritó inclinándose sobre su asiento—, ¿perdiste la cabeza acaso?
—Básicamente le dije que haría que te olvidarás de ella —corrigió inmediatamente—, ¿hice mal?
Ante aquellas palabras, el corazón de Vaggie tuvo un vuelco, ¿que significaba exactamente aquello? ¿realmente iba en serio?
—¿Estas demente? —preguntó en un suave murmullo.
—Un poco —acepto Alastor sin dejar de verla.
—Agh, eres tan malditamente molesto —gruño apretándose el puente de la nariz odiando por primera vez lo directo y sincero que podía ser Alastor—, Charlie me pidió que me alejara de ti, para que pudiera tener una oportunidad contigo.
Aquella revelación sí sorprendió a Alastor, ¿Charlie realmente era de esa calaña?
Lo ocultaba muy bien.
—Supongo que no fui lo suficientemente claro con ella —apuntó pensativo llevándose una mano al mentón.
Vaggie resopló ante ello.
—O tal vez fuiste tan certero que se negó a aceptarlo —y ahí estaba la sonrisa que Alastor ansio ver sin siquiera saber, durante semanas—, ¿lo entiendes no?
—¿Qué Charlie es más odiosa de lo que parece? —Vaggie se vio tentada en reír pero se contuvo dejando una mueca en su rostro.
—El lió en el que nos metiste —corrigió.
Alastor sonrió por ambos.
—También —rió para inclinarse en su lugar, tal como Vaggie había hecho—, pero es complicado decirlo de ese modo.
—¿A qué te refieres?
—Charlie es una niña mimada a la cual le quitaron su juguete nuevo... bueno, se lo quitaron antes de obtenerlo y por ende anda encaprichada, ella realmente no siente nada por mi.
—¿Y tu por mi? ¿no es básicamente lo mismo?
Alastor suspiro, aunque era un buen punto, no aplicaba igual.
—¿No habíamos hablado ya de esto? —se quejo—, lo que yo siento por ti, no es un capricho.
Al menos eso quiero creer
—A mi no me lo parece, de la nada tienes sentimientos por mi cuando desde que me conociste disfrutaste de verme... iracunda —apuntó tratando de hacerse entender.
Alastor sabía a lo que se refería pero no pudo evitar molestarse un poco. El hecho de que comparar su sentimiento con los de Charlie, le era algo muy molesto de escuchar.
—¡Lo admito! Disfruto verte llorar y derrotada, sin embargo es por motivos muy diferentes a los que crees —dijo—, eres mi entretenimiento personal, cuanto más abajo te has sumido, cuanto más te he humillado, te has levantado el doble de rapido y me has escupido en la cara sin temor alguno, llamemoslo un poco de admiración.
—¿Admiración? —cuestionó Vaggie, incrédula por lo que escuchaba.
—No la siento por cualquiera —apuntó Alastor sin dejar de sonreír.
—Suena ridículo...
—Pero es mi única verdad, Vag, soy sincero contigo.
Vaggie permaneció en su sitio sin decir palabra alguna, Alastor la miraba sin burla ni doble intención, lo que la hacía aceptar lo que él decía, por más que le costara creerlo.
—Por desgracia así es —musito por fin.
Alastor no supo cómo tomar aquello.
—Pero volviendo al tema —dijo sonriendo, tratando de aprovechar el tiempo del que disponía—, ¿puedes terminar con ese patético juego de niños?
Ante esa petición, Vaggie se cruzó de brazos.
—No se como reaccionaría Charlie ante eso —confeso algo preocupada.
—¿Le tienes miedo? —cuestionó Alastor, ahora curioso por el porqué de la renuencia de Vaggie y su necesidad de querer acatar toda orden de aquella persona.
Vaggie ante eso, negó rápidamente con la cabeza.
—Llamémosle respeto y benevolencia.
Ni por un segundo, Alastor creyó eso. Sentía que se perdía de algo más, pero si Vaggie no se lo decía, no presionaría a su suerte insistiendo, ya se había dado cuenta que para obtener algo de ella, debía ser con muchos pasos de por medio.
—Si tu lo dices —entonces el chasqueo los dedos y las puertas fueron liberadas—, piénsalo al menos Vaggie.
Ella observó hacia la puerta despejada, sorprendida de haber olvidado por completo que estaba confinada en aquel cuarto.
—¿En qué exactamente Alastor? —preguntó volviendo su atención al hombro de traje rojo que permanecía con su sonrisa inmutable.
—En nosotros —dijo sin más, ocasionando que una vez más, el corazón de Vaggie diera un vuelco—, si no me quieres como pareja, al menos déjame quedarme como tu amigo.
Y ahí estaba la cuestión para Vaggie. Nunca se había planteado salir con un hombre, por lo menos no en Hell. Además, que fuera Alastor el que se lo propusiera, no la hacia sentir más segura de pensar en esa posiblidad.
—No confió en los hombres —confeso, sintiéndose un poco torpe de decirselo precisamente a él.
—¿Es por tu pasado? —Alastor por el contrario, encontró eso algo interesante. Escucharla decir eso, solo era un recordatorio de lo mucho que desconocía de Vaggie.
Vaggie le observó durante un par de segundos antes de ponerse de pie.
En medio de un silencio tenue, Alastor la miró marchar hacia la puerta.
—¿Me dejarás cruzar esa capa que has puesto a tu alrededor Vaggie? —volvió a preguntar, esta vez con un tono de voz que no se creía capaz de usar.
Ella se sentía cómoda conmigo y no veía la necesidad
de hacer nuevos amigos, era muy triste...
—Nunca contigo.
Alastor se quedó en su sitio un rato más antes de percatarse de la situación en la que estaba.
Charlie era una manipuladora de primera, alejar a la única persona que mostró interés en su ex aparte de ella era muy egoísta y Alastor por desgracia, comenzaba a admirar esa parte tan mezquina de Charlie.
—No todo lo que brilla es oro —musito recargándose en el respaldo de la silla, pensando en su siguiente movimiento.
