Creo que es obvio que estos personajes no me pertenecen sino a Stephanie Meyer, y que la historia no es mía sino de la genial autora knicnort3, yo solo traduzco.

Espero que compartamos un año más juntas mi querida Erica Castelo, te agradezco el apoyo que me has dado como mi Beta y mi amiga, y espero que me sigas dando ese honor :)


Capítulo 11 – Hermoso

Era una batalla hasta la muerte. El último hombre en pie – o mujer en este caso.

"¡Guerra!" Grité.

Edward respondió con un "¡Uno, dos, voltea!"

Los dos inspeccionamos las cartas con impaciencia, y entonces…

"¡Sí!" Me regodeé. "Victoriosa de nuevo. Realmente eres malo en este juego, ¿verdad?"

"¡Es un juego estúpido!" Hizo un puchero como el mal perdedor que estaba descubriendo que era. "No tiene ninguna técnica en lo absoluto. Todo es al azar. Solo tuviste suerte al recibir las mejores manos."

Solté una risita. "Bueno, tú las repartiste."

"Sí, bueno… estoy seguro que de algún modo hiciste trampa. Probablemente tienes escondida otra baraja en tu regazo, o algo."

"Nunca haría trampa. Mi papá me enseñó bien." Levanté mi dedo índice y mi dedo medio. "Palabra de honor."

Se echó a reír. "Está bien, supongo que tengo que creerle a tu palabra de honor."

Sonreí, y luego le arrojé una almohada. "Sí, hazlo. ¿Qué vamos a jugar ahora?"

"Ugh, ya jugamos todos los estúpido juegos de cartas que pueden hacerse con solo dos jugadores. No puedo decidir cuál odio más. Guerra, o Pesca."

"Es mejor que mirar a las paredes y no hacer nada."

"No estoy seguro de eso. ¿De verdad no hay mejores libros ocultos en ese armario en alguna parte? Preferiría leer otra novela de guerra que jugar juegos tontos en los que soy pésimo."

"Ya hemos revisado todos los libros varias veces," le dije con un suspiro pesaroso.

Me levanté de la cama y caminé hacia el armario, y solo miré al interior, esperando que algo me inspirara.

"De verdad, creo que el dueño de este lugar es un viejito pescador," dije, a juzgar por el tipo de cosas ahí dentro. Viejas novelas de guerra, y libros de pesca. Eso era gran parte del material de lectura. Sin mencionar las partituras de guitarra de Johnny Cash. Definitivamente un caballero mayor.

"Solo esperemos que siga con vida y decida venir aquí pronto un fin de semana," refunfuñó Edward.

"Oh, ni siquiera pensé en eso. ¿Y si el dueño murió y a quien sea que le haya dejado este lugar, no le interesa lo suficiente para venir aquí?" Pregunté preocupada.

Edward se encogió de hombros. "Todo es posible. Todo lo que podemos hacer es esperar un tiempo, y cuando tu pierna esté curada, y con suerte la nieve se derrita un poco, entonces podemos tratar de salir de aquí. Hasta entonces, no tiene sentido preocuparnos por ello."

Asentí de acuerdo.

"Tal vez deberíamos aprender por nuestra cuenta cómo tocar guitarra," bromeé mientras miraba el polvoso instrumento al fondo del armario. La agarré, y la llevé de vuelta a la cama donde Edward estaba sentado.

"¿Cómo aprenderemos solos a tocarla?" Preguntó desconcertado.

"No lo sé. Jugueteando con ella hasta que empiece a sonar bien. Dios sabe que tenemos todo el tiempo del mundo aquí," dije mientras rasgueaba las cuerdas con mis dedos.

"Aprender guitarra no es tan fácil. Los riffs y los cambios pueden volverse complejos. Demonios, incluso aprender cómo sostener la maldita cosa puede ser frustrante," me dijo al mover mis dedos a una posición diferente en la parte larga de la guitarra.

Le entrecerré mis ojos. "Vaya, doctor Cullen, ¿tomó lecciones de guitarra en el pasado sin éxito?" Pregunté en broma.

No sonrió de la forma en que esperaba, en vez de eso, hizo lo que menos habría esperado—se abrió…

"Desde que puedo recordar, mi mamá siempre nos obligó a mi hermana y a mí a tomar lecciones de piano. Probablemente empecé a los tres años, o algo así. Para cuando tenía diez años, podía tocar Mozart bastante bien, pero siempre pensé que era muy aburrido. Como recompensa por hacerlo muy bien en uno de mis conciertos, mi papá le pidió a mi profesor de piano que me enseñara un poco de guitarra. No le dijo a mi mamá. Sabía que ella nunca lo aprobaría."

"¿Por qué no?" Pregunté con curiosidad.

Se encogió de hombros. "A ella solo le gustaba la música clásica, supongo. Como sea, de hecho, me encantó la guitarra, e hice casi cualquier cosa para recibir más lecciones. Mi papá me tuvo haciendo muchas tareas por la casa ese año," dijo con una risita.

Me reí con él. "Bueno, ¿qué ocurrió?"

"Para cuando tenía doce años, o algo así, mi mamá renunció a su lucha contra el instrumento, así que mis amigos y yo empezamos nuestra propia banda de garaje. Éramos terribles, pero nos encantaba. Pasábamos todo nuestro tiempo libre practicando. Mi hermana, Bree, siempre me pidió que le enseñara cómo tocar, ya que estaba muy enferma para tomar las lecciones de guitarra… pero siempre estuve muy ocupado para preocuparme por ella. Pasó cada hora libre que tenía permitida, solo sentada en nuestro garaje, escuchándonos a mí y a mis amigos practicar. Le gustaba muchísimo. Me sentí mal de que pasara todo su tiempo libre allí, así que le dije que después le enseñaría a tocar…"

Edward hizo una pausa introspectiva, y solo asintió por un largo momento.

"Entonces murió," continuó inesperadamente. "Era todo lo que realmente quería, y me rehusé a dejar de ser egoísta, incluso por unos pocos minutos, para hacer algo lindo por ella." Sacudió la cabeza con amargura.

"Eras solo un niño," le dije con gentileza. "¿Cómo podrías saber que iba a fallecer?"

"La cosa es que, lo sabía. Sabía que estaba enferma, y sabía que no tenía mucho tiempo... solo… no me importó, o…"

Dejó que sus palabras se desvanecieran.

"¿O?" Lo insté con dulzura, con la esperanza que terminara lo que estaba pensando.

"O tal vez no pasé tiempo con ella porque sabía que iba a morir. No quería sentirlo. Como al llamar a todos mis pacientes por su apellido. Como cuando te llamé por tu apellido. Yo solo…" Sacudió su cabeza una vez más. "Como sea, después de que murió, nunca volví a agarrar una guitarra."

"Lo siento, Edward," murmuré, sin tener idea de qué más decir.

"Honestamente, no sé por qué hago eso. ¿Por qué me cierro demasiado? Fue una de las principales razones por las que Kate…" Nuevamente dejó que sus palabras se desvanecieran, pero antes que pudiera preguntarle por eso, cambió de dirección. "Lo que incluso es más desconcertante para mí, es el hecho de que estoy hablando contigo de eso. ¿Por qué me siento más cómodo hablando con alguien que ni siquiera conocía el mes pasado, que con alguien más en mi vida normal en casa?"

"No lo sé," respondí en voz baja. "Tal vez… porque aquí… no hay lugar para… apariencias. No tenemos las distracciones normales con las que ocuparnos. Todo lo que podemos hacer es… desprendernos de nuestras capas, y solo… ser nosotros mismos."

Asintió. "Supongo que eso tiene sentido. Esto puede sonar extraño, pero… realmente me alegra haber tenido esta oportunidad de llegar a conocerte, Bella."

Le sonreí. "A mí también."

Los dos nos quedamos callados por un rato, pero entonces, aparentemente de la nada, Edward se rio entre dientes. "Un día, cuando Bree tuvo una de sus estancias prolongadas en el hospital, esperó hasta que nuestros padres estuvieron distraídos con algo, y entonces reorganizó todos los suministros médicos en los cajones del gabinete. Cuando el doctor volvió para examinarla, estaba muy confundido. Bree seguía diciéndole que las bolas de algodón siempre estuvieron en esa área, y que el estetoscopio no había sido movido de donde normalmente estaba. Ese pobre doctor pensó que se estaba volviendo loco."

Me reí al escuchar su recuerdo. "¿Siempre fue una bromista?" Pregunté con cautela, sin deseos de presionarlo para que hablara más de lo que se sentía cómodo.

Edward se encogió de hombros. "No, no siempre. Pensándolo bien, creo que trataba de hacerme reír porque había tenido un día de mierda. Ella estaba luchando por su vida, pero estaba más preocupada por mis sentimientos después de que tuve problemas con una prueba en la escuela, o algo estúpido como eso."

"Parece que era realmente dulce."

"Sí… Oh, pero también tenía su temperamento. Y era terca como el demonio. De hecho, curiosamente, de algún modo me recuerdas a ella."

"¿En serio?" Pregunté sorprendida.

Asintió. "Eres fuerte como una roca, incluso cuando crees que no lo eres… Así era ella. Y las dos se ríen de las cosas más extrañas."

"No es cierto," dije con una risita, lo que supongo solo probó su punto.

"Sí, es cierto. Y eres una luchadora. Esa es una buena cualidad, Bella. Sé que finalmente encontrarás la manera de salir de esta montaña, simplemente porque no sabes fallar. Estoy seguro que Bree también habría encontrado una forma de sobrevivir… si algo así siquiera hubiera sido posible para ella."

Cuando hablaba de su hermana, era evidente lo profundo que era el amor de Edward. Era increíblemente hermoso, y una gran parte de mí no deseaba más que sentarme ahí para siempre, y no hacer nada más que escucharlo hablar de ella. Podía ver su verdadero yo, en su amor por Bree, y sinceramente ansiaba saber todo lo que había qué saber sobre él. Su amor era precioso, sus recuerdos eran bellos, y él era hermoso. Simplemente no había otra forma de describirlo.

Quería que siguiera hablando, pero él tenía otras ideas.

"Vamos. Salgamos a caminar por un rato," sugirió.

Desde que Edward me había estado dando masajes en mi pierna herida, me había estado moviendo mucho mejor, por lo que sugirió pequeñas caminatas varias veces al día. No estaba lista para una gran caminata o algo parecido, pero definitivamente era bueno moverme un poco más fácil.

Como con todas nuestras otras caminatas, agarré mi cámara antes de irnos. Por lo general solo tomaba fotos de las montañas y los árboles; en ese paseo, sin embargo, incluso Jake detuvo su paso el tiempo suficiente para que capturara la toma perfecta de una zorra de las nieves que tuvimos suerte de ver.

"Wow, es hermosa," dije asombrada.

Jake había sido paciente el tiempo suficiente. En el momento que bajé la cámara, se echó a correr a toda velocidad, persiguiéndola.

"Eh, en realidad, no puedo culparlo," dijo Edward casualmente. "Cualquier soltero perseguiría una linda zorra como esa."

"No creo que la esté persiguiendo en busca de una cita," le dije con una sonrisa de suficiencia.

"No lo sé. A grandes males, grandes remedios. Ciertamente, no se conseguirá otra colita por aquí."

Le di un manotazo juguetón, y los dos nos reímos.

El comentario de Edward sobre grandes males fue casi irónico, considerando nuestro ritual después de las caminatas. Cada vez que entrábamos después de uno de nuestros paseos, Edward atizaba el fuego, y yo me volvía a quedar en mi ropa interior, y me acostaba en la cama para esperarlo. Ni siquiera lo hablábamos, simplemente se había convertido en nuestra normalidad, y esperaba con ansias cada uno de ellos.

A decir verdad, los masajes ya ni siquiera me dolían, y probablemente era más que capaz de hacerlo yo misma, no obstante, en cierto modo, se había convertido en una forma de intimidad. Como cualquier pareja esperaría con ansias el sexo, yo anhelaba su toque de la misma forma. Era intenso e implacable. No importaba cuántas veces él lo hiciera, yo siempre anhelaba más.

Después de conectar a nivel más profundo ese día, debido a cómo se abrió conmigo, de algún modo, ese masaje en particular fue incluso más íntimo. Era difícil ocultar la reacción que me provocaba su toque, pero de nuevo, en realidad no sentía que tuviera que ocultarlo. Estaba segura que él sabía exactamente cómo reaccionaba mi cuerpo a sus increíbles dedos en mi piel, pero nunca comentaba al respecto, y estaba agradecida. Nos necesitábamos demasiado el uno al otro como para permitir que las cosas se pusieran extrañas entre nosotros. Había una línea muy clara que no cruzaríamos, y siempre y cuando nos quedáramos detrás de esa línea, no había razón para preocuparse por eso.

A medida que pasaban los días, sentía que me alejaba cada vez más de la persona que era antes del accidente. La Alaska salvaje tenía una forma de consumirlo todo. Era muy difícil pensar en algo más cuando estábamos luchando por existir en ese entorno. Pero en ocasiones, cuando me encontraba en momentos de silencio, Seattle se filtraba en mi mente. La gente, y lugares, y vidas que dejamos atrás. Extrañamente, sin embargo, no era mi vida en Seattle, o mi familia y amigos en los que me sorprendía pensando más—era en la bonita chica del clima.

Cuando veía a Edward moverse frente a mí, trataba de imaginarlo cómo sería cuando ya no estuviera frente a mí. ¿Cómo sería la vida de vuelta en Seattle cuando finalmente tuviéramos que tomar caminos separados? Con tan solo pensarlo, ya lo extrañaba, así que no pude evitar imaginarme lo mucho que Kate Cullen echaba de menos a su esposo en ese momento. ¿Cómo no podría hacerlo? ¿Cómo alguien podría conocerlo y no echarlo de menos?

Edward era como esta luz brillante rodeada por un cielo de nubes de tormenta. Era belleza y furia al mismo tiempo. Era claridad y un enigma. Encarnaba los polos opuestos coexistiendo de algún modo en un hermoso y desconcertante balance. No deseaba nada más que ser viento para soplar alejando todas sus nubes, pero en el fondo sabía que ese no era mi lugar. Era el de Kate Cullen. Yo solo lo estaba tomando prestado por un tiempo, de la forma en que los sueños algunas veces alejaban a las personas de sus vidas normales. Yo era ese sueño, y él era el mío. Aunque a medida que se prolongaba nuestra tiempo juntos, realmente empezaba a sentirse como si más bien, Seattle fuera el sueño.

¿Siquiera había personas buscándonos todavía?

Todo el mundo podría haberse sumido en un desastre natural o económico para lo que sabíamos. Sinceramente, pareciera que habíamos sobrevivido a un apocalipsis de la era de hielo, y que éramos los últimos dos seres humanos en el planeta. Por lo que sabíamos, podría ser cierto.

Mi determinación de permanecer detrás de esa línea imaginaria menguaba cada día…

Después de mis masajes nocturnos de rutina, nos íbamos juntos a la cama, y empecé a recostarme en su pecho incluso antes que cualquiera de nosotros se quedara dormido. Él sabía que dormía sobre él de todos modos, no tenía sentido tratar de ocultarlo. No tenía sentido tratar de ocultar nada de él.

Ni siquiera mi peste…

"En escala del uno al diez, ¿realmente qué tan mal apesto ahora?" Pregunté una relajada tarde.

Edward se echó a reír. "¿Alguna vez has visto esos comerciales de aromatizantes de ambiente sobre gente con nariz ciega a los olores?"

Solté una risita. "Sí."

"Mi nariz debe haberse quedado ciega, porque honestamente no huelo nada," me dijo mientras levantaba mi brazo y en efecto, olisqueaba mi axila.

"Bueno, yo huelo," le dije después de oler la misma axila.

"Si crees que hueles, debes estar verdaderamente asqueada por mi peste."

Lo olí. "En realidad, no está tan mal."

Con toda honestidad, el olor natural de su cuerpo era demasiado atrayente de lo que quería admitir, incluso a mí misma.

"¿Por qué es eso?" Pregunté. "¿Por qué no olemos peor de lo que lo hacemos? Han pasado semanas desde que alguno de nosotros ha tenido un baño de cualquier tipo."

"Aquí es frío. Si estuviéramos perdidos en una cálida isla desierta, probablemente apestaríamos mucho más… pero al estar más tiempo en la calidez de la cabaña, nuestros… aromas han empezado a surgir. Probablemente deberíamos probar esa cosa," dijo mientras señalaba el bebedero.

"Simplemente no imagino cómo podamos calentarlo a una temperatura tolerable. Tenemos que hervir nieve, pero incluso la olla más grande no está tan grande, así que tendríamos que hacerlo varias veces. Estaría fría antes de que pudiéramos llenarlo."

"No, no fría. Si mantenemos el fuego encendido, estará lo suficientemente caliente aquí dentro para que el agua se mantenga al menos tibia por un rato. Creo que deberíamos intentarlo. Es mejor que apestar. Te diré qué, tú puedes tomar el primer baño, y yo solo usaré la misma agua cuando termines. No tiene sentido pasar por todas esas molestias una segunda vez."

"El agua estará realmente fría si esperas hasta que yo termine," discutí un poco.

"No estoy muy preocupado por eso," me aseguró.

Antes que pudiera pensarlo dos veces y convencernos de no hacerlo, él se puso a trabajar llenando las ollas más grandes de nieve. No se llevó mucho tiempo hervirlas en el fuego abrasador, y no mucho después de eso, la bañera tenía suficiente agua para bañarse.

"Me llevaré a Jake afuera," dijo Edward mientras me quitaba el suéter.

"Está nevando. No tienes que salir en este momento. Voy a quedarme en ropa interior y camiseta de todos modos. También les vendría bien una buena lavada. Será mejor que mate dos pájaros de un tiro. De hecho, después que te bañes, creo que utilizaré el agua para lavar toda nuestra ropa sucia."

"Esa es una buena idea," concordó.

Así que, con la ropa habitual que usaba dentro de la casa, entré lentamente al agua tibia. No estaba ni de cerca a la temperatura con la que siempre me bañaba en casa, pero estaba lo suficientemente caliente, y el agua definitivamente era relajante.

Mi camiseta blanca se aferró a mi cuerpo de una forma reveladora, pero honestamente no me importó. Se sintió muy bien que el agua me consumiera después de tanto tiempo de sequedad, que podría haber estado completamente desnuda frente a una multitud y ni siquiera pestañear.

Probablemente podría haberme quedado en el agua por horas, pero no quería se enfriara demasiado antes que Edward tuviera su turno, así que tomé un paño y empecé a frotar mi piel en seguida. Primero lavé mis brazos, luego mi estómago, y mis piernas. Cuando tocó el turno de mi espalda, me detuve.

"¿Edward?" Pregunté, sosteniendo el paño. Él se había mantenido ocupado con mantener el fuego ardiendo, pero se detuvo y se volvió hacia mí. "Por favor," agregué.

Su rostro era ilegible, pero no titubeó. Se acercó, y tomó el paño de mi mano. Me incliné hacia frente para que pudiera frotar mi espalda, y cuando movió el paño debajo de mi camiseta, por alguna razón me tensé y me relajé al mismo tiempo.

Después de lavar mi espalda, me recliné hacia atrás, y sin discutirlo antes, Edward bajó el paño y lo metió al agua, directamente hacia mi muslo herido.

No estaba segura si fue el nuevo escenario, o la imagen del brazo largo y delgado de Edward entrando al agua, pero de pronto me estaba ahogando en una tensión anhelante. Cuando su mano acarició y masajeó la parte superior de mi pierna, todo mi cuerpo se encendió con un ansioso deseo que solo se intensificó con cada movimiento de sus hábiles dedos.

Estaba trabajando en mi pierna, pero no era mi herida la que lo estaba sintiendo. La sensación se disparaba directamente a mi centro, y honestamente, sentí que iba a arder.

En esa pequeña cabaña, en medio de la congelada nada, no había espacio para emociones disimuladas. No había lugar para ocultar cualquier tipo de deseo. Edward sabía lo que yo quería, y si no, estaba a punto de mostrárselo…

Sin decidir hacerlo conscientemente, mi mano encontró el camino a la suya en mi muslo, y después de acariciar sus nudillos por un momento, delicadamente pero no tan sutilmente, guie sus dedos hacia adentro al elástico de mi ropa interior.

Nuestros ojos se miraban fijamente, y aunque estaba segura que podía leerme como un libro abierto, sus rasgos no eran tan claros al posarse en algo entre el deseo y la prudencia. Si quería tocarme, definitivamente tenía emociones encontradas al respecto. Lo último que quería era forzarlo a hacer algo que lo hiciera sentir incómodo, así que solté su mano, y traté de ignorar con todas mis fuerzas el palpitante anhelo entre mis muslos.

Solté su mano, pero la mano de Edward no se retiró. En vez de eso, después de un breve momento de duda, continuó donde yo lo dejé, y sus dedos viajaron hacia adentro por su cuenta. Su dedo índice se deslizó dentro de mi ropa interior, y pareció dejar todas sus inhibiciones y ponerse en seguida en acción, dándome un tipo de masaje completamente diferente.

Sus caricias en mi área más sensible enviaron una descarga que me atravesó, y antes de darme cuenta, todo mi cuerpo se estaba convulsionando entorno a sus dedos. En realidad nunca entró a mi cuerpo, pero esas caricias exasperadamente hermosas se sintieron mucho más íntimas que nada de lo que hubiera experimentado antes en mi vida.

Cuando mi cuerpo finalmente consiguió relajarse otra vez, recuperé el juicio, y brevemente me preocupó que hubiera incomodidad entre nosotros. Afortunadamente, ese no fue el caso. No estaba segura si era algo bueno, o el peor de los casos, pero Edward continuó con lo suyo como ni hubiese pasado nada—como si ese masaje íntimo increíblemente hermoso no fuera diferente de todos los demás.

Mi corazón se desplomó.


Oh oh, y empiezan los problemas. Justo cuando él parecía estar abriéndose más, pasa esto. ¿Será que Bella sea la única con sentimientos? Empezó muy resuelta a mantenerse detrás de la línea, pero con el paso del tiempo, esos masajes y lo que poco a poco fue conociendo de Edward, hicieron que cambiara de opinión, que se olvidara de su vida en Seattle y lo que dejó ahí. Pero estoy segura que todas se estarán preguntando, ¿qué hay de Edward? Lamentablemente tendremos que ser pacientes y enterarnos por Bella, porque la autora no escribió ningún capítulo desde el punto de vista de Edward :( Pero bueno, lo sabremos. Por lo pronto me encantaría saber qué les pareció este capítulo y qué me dijeran, qué creen que estará pensando Edward. ¿Será que tenga sentimientos por Bella? Estaré esperando sus reviews para leerlos y así poder leer pronto el siguiente capi ;)

PD. Ali-Lu Kuran Hale preguntaba cuántos capítulos son, son 26 nena y en el capi olvidé decirte al final que me alegra que mi trabajo les traiga algo de felicidad y las distraiga un poco de los difíciles tiempos en los que estamos viviendo, un abrazo :)

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: bealnum, kaja0507, Vianey Cullen, Leah De Call, Adriana Molina, Say's, somas, JessMel4, Freedom2604, myaenriquez02, MajoRed, xelatwi, Isis Janet, Lizdayanna, arrobale, JANETH A SANDOVAL, Lectora de Fics, Brenda Cullenn, tulgarita, lagie, Car Cullen Stewart Pattinson, lauritacullenswan, EriCastelo, Kriss21, miop, Marie Sellory, Adyel, Manligrez, bbluelilas, Damaris14, aliceforever85, Wenday14, Sully YM, Nadiia16, GZarandon, Mafer, Smedina, NarMaVeg, Nanny Swan, mrs puff, ClaryFlynn98, Ali-Lu Kuran Hale, Adriu, Dani, Cinti77 (Me hiciste reír jajaja, y no eres la única a la que le ha pasado eso ;) ), saraipineda44, Liz Vidal, rjnavajas, Tata XOXO, Edith, Pam Malfoy Black, Lady Grigori, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo, espero que muy pronto ;)