Naruto Y Hinata en:
EL LENGUAJE DE LAS FLORES
CINCO EN RAMA
Afecto maternal
La predicción de lady Kurenai de que su casa se inundaría de visitas empezó cumplirse a la tarde siguiente. El primero en visitar a Hinata fue lord Hyuga. Ella no estaba de humor para recibir visitas. Junto con Mirai acababa de llegar a casa después de un largo paseo por Montagu House, en donde no le habían dejado entrar en el museo porque no había rellenado su solicitud con suficiente antelación. El hecho de que ella fuera la hija de sir Hiashi Hyuga, cuyos descubrimientos constituían la mayor parte de la exposición, no había impresionado suficientemente a los encargados como para romper sus estrictas normas de admisión. Así que, cuando llegó a la casa de Russell Square y se encontró con que lord Hyuga estaba esperándola en la salita, su humor no mejoró.
Se quedó petrificada al pie de la escalera, su mano agarrada con fuerza a la barandilla.
─¿Lord Hyuga? ─repitió mirando confundida a Mary mientras le entregaba su abrigo y su sombrero─. ¿Por qué quiere verme? La doncella recogió sus cosas y respondió.
─No lo sé, señorita, pero lady Kurenai me pidió que se lo dijera en cuanto llegara. Antes de que Hinata pudiera responder, lady Kurenai, que debió de haber oído sus voces, salió de la salita y bajó rápidamente la escalera.
─Lord Hyuga está aquí ─le susurró a Hinata─. Lleva esperándote más de media hora. ─Tocó con cariño el brazo de Hinata ─. Me ha dicho que es tu abuelo, el padre de tu padre, y que acaba de enterarse de ello. ¿Es eso cierto, Hinata?.
─Sí ─admitió Hinata, y empezó a subir con ella la escalera─. Pero nos ignoró durante años y yo no le he visto en toda mi vida. ¿Por qué quiere verme precisamente ahora?.
─Dice que desea hablar contigo. Parece ansioso por conocerte y, para que no te sea todo tan extraño, a sir Asuma y a mí nos gustaría estar presentes en la reunión. El barón está de acuerdo, si a ti no te importa, claro.
─No, no, por supuesto. Supongo que no puedo negarme a verle, a pesar de que él sí se negó a verme a mí.
─¿Eso hizo? ─Lady Kurenai se extrañó─. Hoy parece tener muchas ganas de verte. Pero en cualquier caso, no creo que fuera la decisión más acertada, querida. Él ya nos ha reconocido a Asuma y a mí que sois familia.
─¿Ah sí? ─preguntó a la vez que lady Kurenai abría la puerta de la salita y entraba en ella. Hinata la siguió. Su sorpresa se incrementó al oír sus primeras palabras.
─Mi queridísima nieta ─exclamó, y se acercó para cogerle las manos─. Me hace tan feliz poder verte finalmente. Ven, ven, deja que te mire. ─La examinó de arriba abajo y luego la cogió del brazo para guiarla hasta el sofá que había cerca del fuego, delante de la silla en la que se había sentado lady Kurenai─. Tengo tantas ganas de que pasemos un agradable rato juntos.
Hinata se soltó y prefirió sentarse junto a lady Kurenai, para así poder mirarlo directamente a los ojos. Pero antes de que pudiera preguntarle nada, el barón habló:
─Estoy tan contento por ti, querida niña. Deja que sea el primero en felicitarte.
Ella parpadeó sorprendida.
─¿Perdón? ¿Por qué me felicita?
─Por tu compromiso con el duque de Konohagakure, por supuesto. Hinata no daba crédito.
─No sé a qué se refiere. No estoy prometida con el duque.
El barón, no pareció impresionado por sus palabras.
─Claro, claro, lo entiendo. El duque ya me ha explicado lo impetuosa que fue su proposición y que le has pedido que te corteje como te mereces antes de hacer oficial vuestro compromiso.
─¿Eso le ha dicho? ─preguntó ella apretando los dientes.
─Sí, y lo entiendo perfectamente. Tienes todo el derecho a querer que te conquisten, incluso aunque él sea un duque.
─No tengo ninguna intención de casarme con él ─respondió ella sin lograr distinguir si le irritaba más Naruto o el barón. En esos momentos estaba igual de harta de los dos.
El barón le guiñó un ojo.
─Pocas jóvenes se atreverían a hacer esperar a un duque, pero él parece bastante encariñado contigo y ya está resignado a la idea. De todos modos, deja que te dé un consejo, querida. No le hagas esperar demasiado. Al fin y al cabo, es un duque.
Hinata tenía la sensación de que iba a oír esa frase bastante a menudo.
─No voy a casarme con él ─insistió ella─. No hable de un compromiso que no existe, se lo ruego.
─Es inútil que intentes mantenerlo en secreto, el propio duque me dijo que tenía intención de hacer público que te estaba cortejando. Eres mi nieta, y como caballero tengo el deber y la obligación de cuidar de ti. Te daré consejos de cómo llevar este noviazgo, aunque ahora ya sea un poco inútil, pues ya le he dado mi consentimiento al duque.
Hinata empezaba a estar harta de tratar con caballeros honorables. ─Yo no quiero ser su obligación, señor. Antes de que él pudiera responder, se atrevió a preguntarle lo único que de verdad quería saber.
─¿Por qué ocultó que mi padre se fugó con mi madre y cómo logró mantener en secreto su matrimonio? El barón miró a sir Asuma y a lady Kurenai. Parecía enfadado por el cambio de tema e incómodo de tener que responder a esas preguntas, pero aun así lo hizo.
─Mi hijo era joven. No di mi aprobación al matrimonio. La gran diferencia social hacía que para ella fuera una unión muy ventajosa. Cuando se fugaron, decidí evitar a toda costa el escándalo, y dije a todo el mundo que Hiashi se había ido a Italia a estudiar arte.
Hinata se sentía satisfecha de que él estuviera dispuesto a contarle la verdad sobre sus padres, pero era como si estuviera soltando un discurso perfectamente ensayado.
─Lo hice lo mejor que pude.
Hinata se cruzó de brazos y lo miró seria. ─¿De verdad?
El barón se removió incómodo en su sillón, pero a Hinata no le afectó en absoluto.
─¿Por qué entonces no intentó corregir su error y reconocerme cuando se lo pedí? Ya sé que mi madre era una huérfana sin familia ni influencias, pero era una mujer maravillosa e inteligente. era una dama, y su hijo le amaba. Usted sabía que yo era su nieta y a pesar de ello se negó a reconocerme. ¿No le avergüenza habernos tratado así? El barón no pudo reaccionar ante aquella avalancha de acusaciones.
Parecía molesto por tener que tocar ese tema en su primera visita. Pero cuando habló no lo hizo enfadado, sino que agitó las manos sorprendido.
─Hinata, no es como tú dices.
─¿Ah no?
─No, no. ─Volvió a mirar incómodo a sir Asuma y a lady Kurenai, pero ellos no le ofrecieron ayuda. Lady Kurenai cosía y sir Asuma atizaba el fuego. Ninguno de los dos parecía estar escuchando su conversación, y ni la tos forzada del barón logró captar su atención.
Sin ningunas ganas volvió a mirar a Hinata, que mantenía un estoico silencio.
─Tu padre estaba en Durham, cerca de mi finca de Cramond. Iba a dar allí unas conferencias sobre antigüedades romanas. empezaron a encontrarse en secreto. Una semana más tarde, vinieron a verme y me comunicaron que tenían intención de casarse. No hace falta que te diga que no lo aprobé.
─¿Lo desheredó?
Él negó con la cabeza al instante. ─No, no. Pero estaba furioso. Tu madre era una huérfana sin familia y sin influencias. Y además era muy joven, mi hijo queria viajar y que tu madre le siguiera por todo el Mediterráneo. Además, estaba convencido de que con una semana no había tenido tiempo de enamorarse. Mi hijo y yo discutimos. Él y tu madre se fugaron esa misma noche, y unos días más tarde se embarcaban en Edimburgo con destino a Nápoles. Nunca volví a ver a mi hijo. Mi mujer también ha muerto y no tengo más hijos. ¿Puedes llegar a entender lo amargo y traicionado que me siento?
─Usted dice que no lo desheredó, pero sí lo hizo. La eliminó de su corazón y nunca contestó ninguna de sus cartas. Como tampoco contestó la mía. Él parpadeó ante la brutalidad de sus palabras.
─Espero que algún día lo entiendas.
Hinata se apoyó en su silla, sin llegar a comprender su punto de vista. ─No, no lo entiendo en absoluto. No sólo abandonó a su hijo, sino que también me abandonó a mí. Le escribí pidiéndole ayuda y lo único que recibí fue una carta de sus abogados. ¿Quiere que le diga lo que decía?.
Él trató de responder, pero ella no se lo permitió.
─Decía, de un modo muy explícito, que yo no podía ser su nieta ─continuó ─ y que cualquier otro intento de ponerme en contacto con usted para obtener su dinero sería inútil. Mi padre acababa de morir. Estaba en mitad del desierto de Marruecos, sin dinero, sin familia, sin nadie que me ayudara. Le escribí desde Tánger y durante dos meses esperé su respuesta intentando sobrevivir con lo poco que tenía. Todas las antigüedades que papá había descubierto en Volubilis ya las había vendido al duque de Konohagakure o a un museo de Roma, y el poco dinero que papá tenía para gastos ya se había esfumado.
Se daba cuenta de que se estaba poniendo nerviosa y demasiado emotiva, pero no le importaba. Quería que supiera cómo le había herido su indiferencia. ─Me vi obligada a vender los libros y el equipo de mi padre para poder comprar comida y tener un sitio donde dormir, pero esperé, tenía la esperanza de que mi abuelo, de que usted, me ayudaría. Sin embargo, no lo hizo. Me abandonó y me dejó sola, sin dinero y sin protección. Suerte que el duque de Konohagakure quería contratar a mi padre y mandó dos pasajes para Inglaterra. Fui a Hampshire y trabaje para ganarme el sustento. Usted me pregunta si puedo entender lo que hizo y mi respuesta es no. No puedo entenderlo, y creo que me será imposible perdonarle.
─Para ser tan joven das tu opinión muy convencida ─gritó él enfadado─. He venido aquí de buena fe, con la intención de arreglar lo mal que me he portado contigo.
─Sólo lo hace porque cree que voy a casarme con un duque. No hay ningún compromiso. Así que...
─Tal vez ─interrumpió sir Asuma por primera vez desde el inicio de la conversación─ deberíamos hablar de este asunto a solas, lord Hyuga. Creo que las mujeres, y seguro que usted está de acuerdo, son criaturas demasiado emotivas y no permiten que la razón intervenga en su discurso.
Hinata se sintió ultrajada, pero lady Kurenai le puso una mano en el brazo y, cuando ella se volvió a mirarla, lady Kurenai dijo: ─Tranquila.
─Tal vez tenga razón, sir Asuma ─dijo Hyuga.
─¡Fantástico! ¿Vamos a mi estudio? ─Señaló la puerta y los dos hombres salieron juntos dejando solas a las mujeres.
Hinata se puso en pie tan pronto como cruzaron la puerta, y empezó a pasearse por la habitación. ─Esto es humillante. Sé perfectamente que lo único que le ha impulsado a venir hoy aquí es que cree que voy a casarme con el duque. ¡Qué hombre tan horrible! ¿Y cómo se atreve el duque a ir a casa de Lord Hyuga y hablarle de todo eso? Él sabe que no voy a casarme con él, cuando lo rechacé fui bastante clara al respecto.
Hinata, siéntate. Ella vio que lady Kurenai la estaba observando tan seria que decidió hacerle caso y sentarse. ─Así que en verdad el duque se te declaró.
─Sí. ─Temerosa de lo que lady Kurenai pudiera decirle, añadió─: Por favor, no me diga que fui una estúpida al rechazarle. Yo...
─No, no, Hinata, yo nunca me entrometería en algo tan delicado. Tus razones tendrás para haberlo hecho. Respeto que no quieras hablar de eso, es tu elección. Yo sólo te preguntaba si era verdad que el duque te había propuesto matrimonio, porque si lo ha hecho me gustaría darte un consejo. Si tú me lo permites.
Hinata la miró sorprendida y un poco intrigada. Ella tenía en mucha estima a lady Kurenai y no quería oírle decir que se había equivocado al rechazar a un duque.
─¿Consejo?
─Sí. ─La mujer cruzó las manos sobre su regazo y guardó silencio un momento. Después empezó a hablar─.Antes que nada, quiero que sepas que te tengo mucho cariño, querida. Tú has sido una excelente compañía para mi hija y mi sobrina, ya que siendo mayor que ellas has logrado transmitirles cierta serenidad y responsabilidad. Pero yo soy mayor que tú, y esos años me han hecho más sabia, o eso espero. Por favor, permite que te de un consejo y entiende que lo hago sólo pensando en ti y en tu felicidad.
─Por supuesto, puede darme todos los consejos que quiera. Usted ha sido muy amable conmigo, me ha abierto las puertas de su casa, ha sido mi amiga y... ─se le rompió la voz y tardó un momento en poder continuar─. Lady Kurenai, le estoy tan agradecida. Usted me ha tratado como si fuera una más de la familia y las palabras no logran expresar...
─Tranquila, hija ─dijo, dándole unos cariñosos golpecitos en la mano─. Y llámame Kurenai, querida. Y tienes que saber que para mí ya eres en efecto una más de la familia ─añadió sonriendo─,aunque quizá ya no te guste tanto después de que oigas lo que quiero decirte.
Hinata se preparó para lo inevitable. ─Va a decirme que debería ser más lista y aceptar la proposición del duque.
─No, no, tú ya eres mayor para saber lo que hay en tu corazón y en tu cabeza. Además, ser duquesa es una enorme responsabilidad, y entiendo perfectamente tu reticencia a ocupar ese puesto. No estoy segura de que me gustara para mi hija. No, mi consejo se refiere al barón.
─¿Al barón?
─Sí, Hinata. A pesar de lo feliz que me hace considerarte un miembro de mi familia, eso no altera que el barón es realmente tu abuelo. Entiendo perfectamente tu orgullo, yo también tengo y comprendo que te indignen sus motivos. Sin duda, el hecho de que el duque se interese por ti ha motivado este reencuentro familiar. Sin duda, le interesa emparentar con los Uzumaki. Y teme las críticas de la sociedad si se sabe que se negó a ayudarte en tu momento más delicado, a consecuencia de lo cual te viste forzada a trabajar.
Pero a pesar de sus motivos, yo te aconsejaría que le permitieras hacer lo correcto y que te reconociera como a su nieta. Deja que actúe como un generoso y benevolente abuelo, al menos por ahora.
Hinata iba a hablar, pero lady Kurenai le tocó el brazo y decidió callarse. ─Por tu bien, Hinata ─continuó lady Kurenai─, seré, directa y te hablaré como si fueras hija mía. Tú eres una mujer práctica, pero en este tema dejas que el orgullo te nuble el juicio. Si insistes en rechazar al duque, él tarde o temprano desistirá de su empeño, pero si permites que Hyuga te reconozca ahora, él no podrá dar marcha atrás aunque no llegaras a casarte con el duque. Tendrás su protección y su apoyo y no tendrás que temer nunca más por tu futuro.
Antes de que llegaras, he estado hablando con él, y he llegado a la conclusión de que, si bien no es un hombre muy rico, tiene suficientes rentas de todas sus propiedades y podrá mantenerte sin problemas. Querida, tú ya sabes lo que es pasar penurias, sabes lo dura que puede llegar a ser la vida. No permitas que tu orgullo te prive de tener la seguridad y la protección que tu abuelo puede brindarte. El duque, seguro que con intención de ayudarte, le ha ofrecido al barón la posibilidad de corregir todo el mal que te ha hecho. Permite que Hyuga alivie su conciencia y te reconozca.
Hinata tomó aire y lo soltó lentamente. ─Tiene razón. Él se había negado de tal modo a reconocerme que hoy, cuando ha venido aquí y he visto tan claro que lo único que quería era ganarse el favor de Naruto, he sido incapaz de razonar. Rechazar que me reconozca sería en verdad estúpido.
─¿Naruto? ─Lady Kurenai repitió el nombre con una voz tan reflexiva que Hinata se sonrojó. Pero lady Kurenai era una mujer discreta─. Una taza de té nos iría bien a las dos, ¿no crees? ─le sugirió.
Apenas acababa de llegar el té cuando los caballeros volvieron a entrar en el saloncito. Ella y lady Kurenai se levantaron y sir Asuma se acercó a Hinata.
─El barón me ha confirmado su reconocimiento como nieta suya. ─Le apretó cariñosamente el hombro─. Tu futuro está asegurado, querida.
Hinata miró al barón y, siguiendo el consejo de lady Kurenai, le permitió tranquilizar su conciencia.
─Gracias ─dijo educadamente─.Es usted muy amable.
─También hemos llegado a un acuerdo sobre tu situación ─continuó sir Asuma─. Lord Hyuga permite que te quedes con nosotros. Se da cuenta de que te has convertido en una gran amiga para Mirai y Moegi, y cree que lady Kurenai será una excelente compañía para ti. Te ofrece una pequeña asignación para tus gastos de diez libras semanales y dice que puedes utilizar su nombre siempre que lo necesites.
─Eso es muy generoso por su parte, lord Hyuga ─añadió lady Kurenai─. Tanto si se casa con un duque como si no, una dama necesita ropa y otras cosas por el estilo. Hinata es una amiga maravillosa para mi hija y estamos encantados de que se quede aquí con nosotros. Procuraré que haga uso de su generosidad sabiamente.
─Gracias ─dijo el barón, y se dirigió hacia ella tosiendo un poco─. Hinata, sólo espero que cuando entiendas la situación, puedas llegar a sentir cierto afecto por mí. Hizo una reverencia y se fue.
Tan pronto como Mary hubo cerrado la puerta, Mirai y Moegi entraron corriendo en el saloncito. ─¿Qué ha pasado? ─preguntaron las dos a la vez.
─El barón es el abuelo de Hinata ─les informó su padre. Las dos gritaron sorprendidas y se volvieron para mirar a Hinata.
─¿Por qué no nos lo habías dicho? ¿Por qué estabas trabajando para el duque si eres la nieta de un barón?
─El barón no me había reconocido ─contestó Hinata con amargura al recordar lo asustada que había estado en Tánger─. Ahora lo ha hecho. ─Hyuga permite que se quede con nosotros ─le comunicó sir Asuma a su hija y a Moegi─, y le ha ofrecido una asignación que estoy convencido de que vais a enseñarle cómo gastar lo más rápido posible.
─Oh, sí, seguro que sí ─dijo Mirai riendo─. Vestidos nuevos, sombreros, y todo lo que pueda necesitar una mujer a la que está cortejando un duque. Primero nos ha visitado un duque, luego un barón. Seguro que cuando acabe la semana ya nos habrá visitado también un conde.
Hinata hizo una mueca. ─El barón sólo está siendo generoso porque cree que voy a casarme con el duque. Ahora que mi futuro ya está asegurado, creo que es un buen día para empezar a gastar ese dinero.
¿Pueden acompañarme Moegi y Mirai? ─le preguntó a lady Kurenai.
─Claro que sí, querida ─respondió la mujer─. ¿Adónde vais a ir?
─A DeCharteres, tengo que mandar mi respuesta al duque. Moegi y Mirai estaban entusiasmadas de ir con ella a la floristería para ver en persona qué flores escogía como respuesta. Pero lady Kurenai sólo levantó las cejas ante la noticia.
─Contestarle es muy cariñoso de tu parte, querida.
─Cuando él lo vea, Kurenai, dudo que esté de acuerdo con usted.
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Continuará...
