El fin de semana había pasado lleno de tareas luego de tener una charla con Shiro. El lunes, el día pintaba bastante tranquilo y normal. Al llegar a clases Keith se sentó y distraídamente miró los mensajes del grupo del trabajo y otras cosas en las que le habían etiquetado, hasta que las personas comenzaron a llegar.

-Buenos días -tarareó Lance felizmente al sentarse.

-Buenos días -repitieron tras él Hunk y Pidge.

El azabache les contestó antes de mirar curioso a Lance, quien estaba de un excepcional buen humor.

-La vida es bella, ¿no lo crees? -suspiró pasando un brazo por sus hombros mientras mantenía una sonrisa tonta.

Keith no pudo responder y mejor dirigió su mirada interrogante a Hunk en busca de respuestas.

-Lance tiene novia -respondió el samoano levantando una ceja.

-Hemos aguantado su cara de tonto todo este tiempo hasta aquí -bufó Pidge sentándose junto a Hunk luego de acomodar sus cosas en su asiento.

El corazón de Keith se estremeció un poco, pero solo dio una mirada indiferente al cubano.

-Ah... Felicidades -asintió- Espero no seas un tonto -murmuró.

-¿Tonto yo? -jadeó haciéndose el ofendido- Soy todo un caballero, señor Kogane.

-Tengo mis dudas -habló la voz de Shiro al entrar por la puerta trasera del salón. Dio un golpecito a la cabeza de Lance con un libro y dijo- Derecho en el asiento. Todos a sus puestos -alargó con una sonrisa antes de que todos empezarán a moverse- Tenemos muchas cosas que hacer hoy.

-Hablamos luego -dijo Pidge antes de regresar a su asiento.

Shiro caminó hasta su lugar y sonrió.

-Bien, me alegra que mantengan un buen desempeño... Cómo saben, se acerca a semana aniversario de la institución y por ende el festival deportivo en el cual nuestro delegado y subdelegado han estado trabajando arduamente -dijo con un movimiento de mano hacia los muchachos- Me alegra poder decir que ustedes dos trabajan muy bien juntos -asintió.

-Le dije que me llevo bien con todo el mundo -rió Lance con una sonrisa de suficiencia.

Shiro solo levantó las cejas.

-Y por eso me alegra que se graduarán este año -dijo con diversión junto a alguna risitas más- Bien, luego de las felicitaciones, les recuerdo que deben ponerse de acuerdo en qué área estarán en la competición. Ahora, comencemos la clase.

Como de costumbre, Keith prestó atención mientras a su lado Lance ocasionalmente utilizaba su celular bajo la mesa para comunicarse con su novia, cosa que empezó a molestarle un poco luego de un rato.

-Por Dios -susurró negando mientras continuaba con lo que hacía.

Ya que estaban a mitad de semestre, necesitaban concentrarse, por lo que por la tarde, se unió a Hunk y a Pidge para repasar sobre el siguiente examen en un aula vacía.

-Invitaré a Luxia -avisó Lance enviando un mensaje a la muchacha.

-Multa por usar el celular, debes responder una pregunta -alargó Pidge lanzándole una bola de papel a la cabeza- y darme el celular.

-¡Pero avisé! -se defendió el moreno- ¡Hunk!

-Las reglas son las reglas, pudiste habérselo enviado antes... -murmuró el muchacho llenando un examen de práctica.

Pidge se levantó y arrancó el celular de sus manos para dejarlo en una esquina.

-Pregunta de historia -alargó.

El teléfono vibró algunas veces más hasta que simplemente dejó de hacerlo y luego de un momento, tocaron la puerta antes de abrirla.

-Permiso... -murmuró Luxia antes de sonreír al verles allí- Ah, sí estaban aquí, no especificaste qué aula y como luego no respondiste mis mensajes...

-Está castigado por usar el celular en momento de repaso -explicó Pidge sin levantar la mirada de sus apuntes.

-Lance tontito, concéntrate en tus estudios -asintió sentándose a su lado- Yo también lo necesito, así que el repaso no vendría mal.

-Perfecto, entonces continuamos -asintió Pidge.

Ninguno prestó atención a la cariñosa pareja, ni como Lance pasaba un brazo por su cintura. En la ronda de preguntas, sin embargo, por cada repuesta que daba Lance, Luxia la repetía de una forma mejor y más fácil de entender, o por cada respuesta mala... Ella claramente daba la repuesta correcta mientras el moreno solo sonreía.

Los tres pensaban que la atmósfera era un poco extraña, pero no podían decir por qué.

-Tomemos un descanso antes de que se vayan a practicar -ofreció Hunk sacando algunos refrigerios de su mochila.

-Debo irme ya -murmuró Keith mirando la hora en su reloj, tomando su mochila.

-¿En serio? ¿Ahora? -alargó Lance abrazando por la cintura a su novia.

-Sí, debo llegar temprano a mi turno hoy -respondió al tiempo que atrapaba algunos paquetes que Hunk le lanzaba.

-Bien, entonces llévate tu parte, lo necesitarás -le sonrió amigable.

Y antes de que Keith tuviera tiempo para agradecer el gesto, el sonido de una llamada llenó el aula.

-Lo siento -murmuró Luxia apenada, contestando.

El resto no le tomó importancia y solo asintió.

-Gracias, entonces los veré mañana -dijo el azabache caminando hacia la puerta, pero antes de abrir, la voz de Luxia le detuvo.

-Espera, también debo irme... Me acaban de llamar del club, parece que hubo un problema -suspiró con un gesto paciente- Queda de camino el edificio, podemos ir juntos -propuso acariciando la cabeza de Lance.

-Como quieras...

-Qué lástima que tengas que irte tan pronto -suspiró el moreno, soltándole de forma lenta antes de dejar un beso en su mejilla- Suerte con tu problema.

-Suerte con tu estudio. Te escribo por la tarde -le aseguró antes de despedirse del resto e ir con Keith.

-Cuídala, viejo -alargó con una sonrisa floja hacia el azabache.

-Uhmm -murmuró y no esperó demasiado por la muchacha, saliendo para irse a su entrenamiento.

En silencio bajaron las escaleras y salieron del edificio de forma tranquila.

-¿Cómo está Acxa? -preguntó de forma amable.

-Bien, supongo -respondió de forma simple.

-Me alegra que ustedes dos estén juntos, parecen llevarse muy bien -dijo pensativamente y con una sonrisa.

-Nos conocemos desde hace mucho tiempo -asintió.

-Sí, se nota... Pero pensé que ustedes solo eran amigos, por alguna razón -murmuró mirando hacia arriba ligeramente antes de avergonzarse un poco- Ah, lamento si pregunto mucho, ya sabes... La costumbre.

-Está bien -negó no prestándole atención- Ah, sí, somos amigos que salen de vez en cuando...

-Oh, ya veo -asintió sonriéndole- Entonces creo que sería bueno que volvamos a salir juntos, como citas dobles o con Hunk y Pidge. Quiero conocer bien a los amigos de Lance y saber más -asintió en un gesto soñador.

-No nos conocemos por mucho tiempo realmente... Si quieres saber más sobre Lance, deberías ir con Pidge y Hunk -dijo parando frente al edificio en el que se quedaba la chica.

-¿Es así? Ustedes parecen llevarse realmente bien -comentó pasándose un mechón de cabello tras la oreja mientras abrazaba un libro- Seguro que también tienes cosas que decir, tu perspectiva debe ser interesante.

-No creo -murmuró- Bueno, me retiro.

-Ah, sí, ¡gracias por acompañarme!

-Estaba de camino -respondió restándole importancia, dándose la vuelta.

-Ah, espera... Ya que vas a entrenar y sudaras mucho, ten, olvidé dárselo a Lance y yo no bebo esas cosas -dijo ofreciéndole una botella de Gatorade.

-Guárdalo y dáselo después -dijo considerando que cualquier cosa que le diera le haría feliz.

-Es una pena que se quede conmigo durante tanto tiempo más -suspiró terminando de acortar la distancia para dejar la aun fría bebida en su mano- Solo acéptala, ¿bien? -propuso manteniendo sus manos juntas por lo que Keith consideró más tiempo del necesario.

-Bien -cortó apartando sus manos del contacto, tomando la bebida en una mano- Debo irme -suspiró dispuesto a no detenerse por nada del mundo hasta llegar.

Afortunadamente nadie más quiso llamar su atención y llegó sin tardanza a la práctica.

Al mismo tiempo, la rubia que había sido dejada atrás continuó su camino hasta el salón del club, donde el resto de integrantes esperaba tembloroso, paralizándose en cuanto la puerta chirrió al ser abierta.

-Ustedes no pueden hacer nada bien por si solos, ¿verdad? -suspiró Luxia con una sonrisa- Son unos inútiles, verdaderamente una vergüenza para sus padres -alargó mirando con fría amabilidad a cada uno- Pero por una vez en sus vidas, ser inútiles hoy me sirvió de algo -tarareó de muy buen humor- ¿Qué sucede?

Mientras una de las chicas explicaba lo sucedido, Luxia se sentaba en su silla y golpeaba rítmicamente con sus dedos el brazo del mueble, mientras revisaba la página web que administraban y el problema que había en ella.

-Ven aquí -terminó por decir al acabar.

-N-No...

-Ven ahora, no estoy enojada -repuso con una sonrisa amistosa que solo provocaba miedo- Que sean inútiles e incapaces de pensar en una solución no es su culpa, es culpa de sus madres porque debieron tomar más ácido fólico o abortarlos. Ven.

Sin más opciones, la muchacha que había hablado se acercó con la mirada baja, pero no la mantuvo de esa forma por mucho tiempo cuando sintió su cabello ser tirado con dolor.

-Escucha cuidadosamente, Florona, es muy fácil de solucionar el problema. Ve a la oficina del profesor y pídele el favor de mi parte, listo, problema resuelto... Ah y asegúrense de esparcir los últimos chismes de forma correcta con cuentas hackeadas -le recordó antes de soltarle.

La pelirroja solo se alejó rápidamente antes de asentir.

-S-Si -murmuró apresurándose a tomar su mochila para ir a resolver el problema.

El silencio se hizo presente mientras la rubia aún miraba la página web.

-¿Por qué todos siguen parados allí? -frunció el ceño al notar que todos seguían quietos y atemorizados- Hagan algo, los puntos extra que necesitan no se ganarán solos -recordó antes de volver a un semblante amable, tecleando algunas cosas en la computadora.

Si todos los demás no necesitaran una actividad extracurricular relativamente fácil, y... otras cosas que algunos miembros preferían no comentar, no estarían allí. Y aunque el periodismo no era fácil, lo era sabiendo que hacer bajo el tiránico mandato de Luxia, a quien no se le dificultaba ni sentía remordimiento en manipular a sus compañeros con maltratos psicológicos o físicos sin dejar huella, pues luego de tanto tiempo y controlando lo que toda la escuela podía saber... Nadie diría nada.

Además, ¿quién creería que la dulce, amigable e inteligente hija del subdirector del colegio haría tal cosa? Una vez en el club de periodismo, no había escape.

Todos regresaron rápidamente a sus deberes de forma silenciosa, no queriendo provocar a la presidenta. La tensión y miedo se podían palpar, cada músculo estaba tenso, cada par de ojos fijos y concentrados en lo que hacía, no atreviéndose a distraerse.

-Volveré a casa... Quiero todo listo para mañana -ordenó tomando sus cosas una vez que terminó.

-Si -respondieron al unísono en distintos tonos de voz.

Solo cuando la rubia abandonó la habitación, el aire regresó a los pulmones de todos cuando la presión disminuyó, por lo que varios suspiros se escucharon.

-Solo unos meses más -consoló uno de ellos.

Algunos habían soportado los abusos por años, y que ahora estuvieran a punto de graduarse y todo eso acabara, era como ver a lo lejos el final del túnel... Tan cerca, pero a la vez tan lejos. El sentimiento era el mismo para los miembros más jóvenes, los cuales deseaban que Florona se graduara pronto para que todo cambiara...

Solo unos meses más, se dijeron todos. Podían aguantar unos meses más si habían aguantado durante tanto tiempo.

A medida que el tiempo pasaba y fue hora de irse, el club de periodismo terminó su trabajo y pudo irse con pasos pesados, agotados física y psicológicamente.

-¿Quieres que te acompañemos a casa? -ofreció uno de los chicos a Florona, quien la había pasado particularmente mal y había recibido toda clase de mensajes amenazadores por parte de Luxia.

-No, estoy bien... Ya todo está bien, ¿no? -les sonrió apretando una mano tras su espalda- Me voy ahora, ¿bien?

-Bien... Cuídate, nos vemos mañana.

El grupo se despidió y dividió tomando distintos caminos.

Florona suspiró y se tocó la cabeza, desde que le habían jalado el cabello, sumado a la presión y el miedo, esta había comenzado a dolerle.

-Pronto terminará, pronto terminará -se dijo dándose unas palmaditas de valor en el pecho mientras caminaba a casa.

Se había tranquilizado un poco, pero apenas su celular vibró y vio el nombre de Luxia, volvió a sentir incomodidad y nervios, por lo que con mano temblorosa contestó el la llamada aunque no quería.

-¿S-Si?

-¿Está todo listo?

-S-Si, señora.

-Bien... ¿Estás camino a casa? Apresúrate, tengo tareas que debes hacer... Es una lástima que seas la única que medianamente sirve en ese club de pacotilla...

-P-Pero... -quiso negarse, sin tenerla enfrente era un poco más fácil pensar en rebelarse, pero de inmediato se arrepintió.

-¿P-Pero qué? -repitió la voz al otro lado del celular, claramente burlándose- ¿Quieres que divulgue tu sucio secreto? Eres asquerosa, todos te odiarán si lo saben, no seas imbécil y solo apresúrate a hacer lo que te digo...

Pronto la conversación se convirtió en un monólogo aterrador de escuchar para Florona, quien solo podía quedarse parada en medio de la calle, pálida y temblando ligeramente con la mirada perdida incluso después de que la llamada había terminado. Sintiendo las piernas débiles, cayó de rodillas en el asfalto y sollozó lamentando el día en que le había dicho a Luxia que le gustaban las chicas...

-Disculpa, ¿estás bien? -preguntó una voz amable, sacando de su estupor a Florona.

-¿Eh? -parpadeando para apartar las lágrimas, la pelirroja miró hacia arriba a la borrosa figura que le hablaba.

-¿Estas bien? Estás hiperventilando -repitió viendo el mal estado en el que encontraba.

-S-S... -no pudo terminar de hablar cuando ya se había desmayado.

-¡Oye...! -fue lo último que escuchó.

Para cuándo Florona volvió a abrir los ojos, una luz blanca le cegó y tuvo que volver a cerrarlos. ¿Qué era eso? ¿Su deseo se había cumplido y había muerto?, fue lo primero que pensó, pero poco a poco y al tratar de nuevo, cuando volvió a abrir los ojos pudo divisar un techo blanco con luces blancas, en una pequeña habitación limpia y blanca con una puerta corrediza de vidrio.

-¿Qué...?

Lentamente se levantó y el dolor de cabeza regresó con un pinchazo, lo que le hizo gemir. Llevó una mano a su cabeza y se sorprendió al ver que tenía una vía periférica conectada a solución en la mano.

La puerta corrediza fue abierta y la misma voz agradable que había escuchado antes resonó en la pequeña habitación.

-Veo que ya despertaste, Florona -dijo la muchacha con una sonrisa y una pequeña bandeja.

La mencionada parpadeó y miró a la joven enfermera de cabello corto.

-¿Cómo sabes mi nombre? -preguntó tranquila.

-Mire tu carnet escolar -le sonrió y dejó la bandeja en una mesita junto a la cama- Mi nombre es Acxa, estudiamos en el mismo lugar... Te encontré en medio de un ataque de ansiedad, hiperventilando y te traje aquí -explicó manipulando el gotero- ¿Cómo te sientes?

-Me duele la cabeza -murmuró parpadeando de forma lenta y en estupor.

-Es normal, te golpeaste... Y pareces haber pasado por mucho -dijo regalándole una sonrisa- Te colocaré algo para proteger tu estómago y algo para el dolor, ¿bien?

-Eh... Bien -asintió regresando a acostarse de forma tranquila, hasta que recordó algo- ¿D-Donde está mi celular?

-En tu mochila, todo está allí -dijo señalando una silla con su mochila rosa- No te preocupes...

-Es que... D-Debo regresar a casa...

Pero Acxa solo negó y dejó lo que hacía para tomar su mano, deteniéndole con suavidad.

-Tranquila, avisamos a tus padres, vendrán a buscarte. Yo cuidaré de ti. Relájate un poco, me quedaré contigo hasta que vengan -aseguró con una sonrisa que podía calmar el asustado corazón de Florona.

Luxia va a matarme, pensó mientras el calor que le daba la mano de la chica se extendía hasta su cara también...

-B-Bueno...

Por una vez... No le importaba si Luxia le mataba luego, por primera vez sentía un extraño, cómodo y cálido sentimiento de seguridad.

-Por favor, confía en mí -insistió Acxa con un guiño que terminó de sonrojar a la pelirroja.

-Está bien... -terminó por murmurar.

Por un rato, solo por un rato, no pensaría en Luxia.