Disclaimer: Los personajes y el mundo mágico son propiedad de J.K. Rowling. La trama y gran parte de los sucesos, son propiedad de mi imaginación.
Aviso: Este fic participa en el Reto #44: "La magia del azar" del foro Hogwarts a través de los años.
Categoría: Primera Guerra Mágica
Prompt: Mortífagos
Palabras: 500
MORTÍFAGOS
Recuerdo haber esperado junto a Severus recibir la Marca Oscura.
No podía levantar el mentón con mayor orgullo ni sentirme más honrado, lo recuerdo tan bien.
Pocos recibían tal honor, eso me hacía alguien especial y excepcional. Madre y padre me mirarían con orgullo por portar el nombre de nuestra familia en la lucha por el exterminio de quienes no merecían la magia y quienes repudiábamos.
Era un muchacho de 16 años, cegado por los privilegios de mi apellido, tan moldeable e influenciable, nacido para complacer a mis padres y honrarlos.
Creí que esa era mi misión e hice todo por cumplirla.
La Marca fue grabada a fuego en mi antebrazo, intenté reprimir mi grito de dolor como lo había hecho Severus, y terminó escapando de mi garganta, con el sudor corriendo por mi frente y el sabor de la sangre en mi lengua a consecuencia de la fuerza con la que me había mordido el labio.
Al salir de Hogwarts, ser parte de los mortífagos significó renunciar a mi consciencia, todo se convirtió en Voldemort dando órdenes y yo intentando cumplirlas en busca de un mejor lugar entre sus seguidores.
Al pensar en aquello que hice con el fin de tener el mismo prestigio que tenían Lucius o algún Lestrange, quiero romper mi varita y cortar la mano con la que la sostuve al lanzar maldiciones.
Entonces cuando tenía 18 años, llegó lo que consideré mi oportunidad para sobresalir.
El Lord me llamó y pidió que le otorgara un elfo, era mi única oportunidad de conseguir la gloria, y le ofrecí a mi fiel y servicial Kreacher.
Jamás me perdonaré el haber dado a mi amigo y compañero, como ofrenda para los egoístas fines de quién había seguido fervientemente.
Kreacher me contó lo que él le pidió hacer, y de ningún modo iba a dejar que alguien tan perverso y malvado consiguiera un ancla que lo salvara de la muerte definitiva.
Así, decidí que por primera vez escucharía a su corazón, en lugar de escuchar a otros.
Tal vez mi destino no había sido aumentar el renombre de los Black, tampoco ser el mortífago más destacado; tal vez pudo haber sido dar mi vida para evitar que el Señor Tenebroso se conduzca a la inmortalidad, volviéndose invencible.
Quizá lo que hice fuese en vano y no originaría ningún cambio en la Guerra, solo deseaba que ese no fuera el caso y mi pequeña acción temeraria y desinteresada fuera significativa.
Esperaba tener la misma certeza con la que afirmé mi muerte al pedirle a Kreacher que me llevara a la cueva.
Confieso que no creía que moriría de aquella manera, mi hazaña heroica estaba terminado en mí siendo arrastrado por infieris a lo profundo de aquel lago.
Y fue mi espíritu Slytherin lo que hizo que sonriera con insolencia al imaginar cómo se contorsionaría su rostro cuando leyera mi nota.
Me permití sonreír con más insolencia, porque cuando aquello sucediera yo estaría muerto y no habría nada más que perder.
