Parte uno: Entrégate
Capítulo 5: Parte dos
Me pesaba cada parte del cuerpo, habían pasado algunos minutos y aún seguía sobre el cuerpo de Naruto Uzumaki, podía sentir su miembro aún dentro de mí, mientras sus manos acariciaban mi columna de arriba abajo, el latido de su corazón ahora era acompasado, situación que me tenía levemente somnolienta. Quería salir de ahí pero, no tenía voluntad.
—Hinata—no contesté—¿Te sientes mejor ahora, Dulzura?
—Tal vez si desencajas tu espada Samurái de mi interior y dejas de decirme Dulzura, podría sentirme mejor—murmuré pegada a su pecho.
Naruto sonrió, no podía verlo pero con escucharlo era suficiente. Giró nuestros cuerpos de manera, que yo quedé nuevamente bajo de él y salió de mí tan lento que no pude evitar que un par de gemidos abandonaran mi boca. Lo vi levantarse de la cama y salir de la habitación, mis parpados se sentían cansados por lo que cerré mis ojos un segundo. Los abrí abruptamente cuando sentí como mi cuerpo era alzado.
—No te duermas, aún—ordenó sobre mi cabello.
—Estoy agotada.
—Es normal, luego del orgasmo tu cuerpo se envuelve en una especie de manto relajante, estas exhausta, saciada. Te dije que era el mejor maestro que podías conseguir. .
Alábate pollo...Me pregunté internamente si ganaría algo con rebatirle. ¡Joder, la verdad es sí que estoy agotada!
—Sí, como sea. Aquí, el que sabe de sexo eres tú.
Naruto me dejó sentada en la pequeña banquita que había en su baño mientras se movía de un lado a otro, tomó un par de comprimidos de su gabinete y me las tendió.
—Ibuprofeno —murmuró mientras me entregaba un vaso con agua que tomaba del grifo. Enarqué una ceja en su dirección—. Es apta para el consumo, puedes beber tranquila —dijo antes de agacharse a un lado de la silla graduando una válvula, tomo una regadera de mano y metió su mano entre mis piernas
—¡Hey!—alzó su vista hacia mí—¡No toques!
—No hay como el agua fría para relajar los músculos que han sido sobre exigidos, —alcé una ceja—. Abre las piernas Hinata, vas a amanecer muy adolorida si no lo hago.
Abrí las piernas un poco pero él se encargó de separarlas mucho más, dejándome expuesta. ¡Dios mío! podía sentir mi rostro arder sin importar que minutos atrás había sido su boca la que me estaba atacando sin piedad.
Naruto graduó el agua de la ducha portable y separó con sus dedos los labios de mi sexo, colocando la ducha arriba de mis caderas y dejando que el agua me limpiase. Me sentía muy avergonzada, lo que era realmente estúpido, teniendo en cuenta lo que él hizo unos minutos antes. Llevaba razón, por lo que acostumbrarme no resultaba sencillo, pero igual no dejaba de ser incómodo. Siseé un poco cuando sus dedos limpiaron todo rastro de su lubricación de mis pliegues exteriores.
—Naruto...—me ardía y estaba avergonzada.
¡No es normal que te esté mirando allá abajo una persona que no es tu ginecólogo!
—Lo sé, solo aguanta un poco más—era fácil decirlo, no era él quien estaba de piernas abiertas frente a un depredador.
—¿Cuánto más?
—Tienes un bonito coño—cerré las piernas de golpe gimiendo internamente ante el punzante dolor, mientras él sonreía cerrando la ducha. La dejó en su lugar y luego, accionó la ducha de hidromasajes—¡créeme!, he visto muchos coños.
—Es una lástima que de lo tuyo no pueda decir lo mismo.
—Oh, es cierto, se me olvidaba que has visto muchos miembros... en la televisión, varios videos porno—sonrió triunfalmente y bufé enarcando una ceja.
—¡Idiota!
—Ven aquí.
—Eres un dictador.
—Calla y coopera o voy a enterrarme tan fuerte en ti que mañana no podrás caminar—dijo halándome a la regadera, sentí los chorros de agua masajear mis músculos, fue relajante. Naruto me pegó a su duro pecho y aunque podía sentir su erección presionando mi vientre, no me alejé.
Él tomo una esponja, algo de gel de baño y talló mi espalda y mis pechos. Cuando terminó, saco nuevamente la silla y me dejó allí sentada mientras se enjabonaba. Cualquier mujer pagaría por estar en mi lugar, pero sencillamente, yo tenía ganas de ir a dormir. Cerró la ducha y sin importarle estar goteando, caminó hasta alcanzar un estante y sacar dos toallas limpias, envolvió una en su cadera y llegó hasta mí con la otra.
—Sube los brazos—hice lo que me pidió y cubrió mi cuerpo con la toalla antes de tomarme en brazos y volver a la cama. Mi vista se quedó clavada en la mancha de sangre seca que había sobre la ropa de cama—eso es normal—Haló el cobertor, dejándome sobre unas nuevas sábanas de seda, estaba decidida a abandonarme a los brazos de Morfeo cuando sentí como nuevamente me abría mis piernas.
—Naruto, ¿podrías dejar mis malditas piernas cerradas un momento? si seguimos así, no llegaré a la noche noventa—le reclamé frustrada.
—Necesito aplicarte esto—señalo lo que parecía algún tipo de ungüento —Además, no te quejes, tendrás las piernas abiertas para mí muchos días y sí llegarás, yo me encargaré de eso —aseguró, pagado de sí mismo
—Volveré a tomarte en un par de horas, así que se buena y ábrete para mí —si las miradas mataran, dos oficiales me estarían llevando a la cárcel por homicidio.
—Bobo.
—No tenemos toda la noche Hinata, al menos no para estar en esto —bufé y abrí las piernas nuevamente.
¡Diablos! esto de dejar de ser virgen es un verdadero martirio.
—Naruto—murmuré dando un salto involuntario cuando sentí sus dedos fríos en mi entrepierna.
—Es un gel para desinflamar, así que tranquila. Dije un par de horas y yo cumplo mi palabra—cerró mis piernas y se acomodó a mi lado dando un largo suspiro.
La habitación se sumió en un silencio incomodo, era como si nos faltara algo, pero ninguno de los dos tenía la intención de hablar. Me giré dándole la espalda y suspiré cerrando los ojos, rogando al cielo que Morfeo se apiadara de mí.
—Bueno esto es incómodo—expresó en un susurro—.Por lo general, nadie se queda en mi cama después de saciarse.
—¡Ningún problema!—no sin dificultad, me levanté dispuesta a vestirme e irme a casa pero su mano tomó la mía.
—No he dicho que te vayas, ven—tiró de mi mano.
Suspiré exasperada y dejé que su mano tirase de mi cuerpo, me envolvió entre sus brazos y dejó que mi cabeza reposara en su duro pectoral, sus dedos empezaron a subir y bajar por mi espalda, cerré los ojos y fue inevitable quedarme dormida.
—Despierta—escuché un susurro mientras sentía que tiraban suavemente de mi pezón izquierdo.
—Mmmm—gemí.
¿Cuánto había dormido? Parecía que hubiera acabado de cerrar los ojos.
— Voy a tomarte, dormida o despierta—sentí su mano en mí otro pecho, masajeando suave—. Pero si estás despierta, será más interesante— succionó fuertemente el pezón que sostenía en su boca, haciéndome arquear la espalda en dirección a él—¡sabes tan bien!
—¡Jodeer!—gemí.
—Sí, quiero joderte de nuevo linda—sentí la vibración de una risa mientras sus labios rozaban mi vientre—. Mi cuerpo se vuelve loco cuando estás cerca.
Jugueteó con su lengua en mi ombligo mientras una de sus manos separaba mis piernas. Tenía toda la intención de detenerlo, pero sentir sus dedos jugueteando con mi intimidad me quitaban el aliento.
—¿No estás cansado?—mi voz salió en un susurro aunque intenté que el deseo no se reflejara en mi voz.
Agarré sus cabellos fuertemente cuando descendió aún más, mi traicionero cuerpo se estremeció ante su caricia y el volvió a sonreír haciendo que las vibraciones viajaran hasta llegar a mi clítoris.
—No, tengo años de práctica—succionó haciéndome gemir y tensar nuevamente las manos en su cabello—. Además, tengo el paraíso frente a mí, no me pidas que no deguste el fruto prohibido—¡y el muy salvaje, me mordió en el hueso de la cadera!
—¡Auch, idiota!—le halé el pelo.
Todo el jugueteo maquiavélico hacía que la piel se me erizara.
—No puedes negarte, Hinata. Firmaste un decálogo —rió— redactado por ti, en donde me cedes tu cuerpo con fines pedagógicos.
—Jodido punto cinco.
No seas hipócrita, Hinata. Esto te gusta.
Apartó más mis piernas con sus manos y se acomodó entre ellas.
—Estás tan jodidamente húmeda y me tienes tan duro que, creo que mi querida Aswyn se sentiría muy decepcionada de mí si me viera en este momento.
¿Aswyn?
La punta roma de su miembro se movía con facilidad entre mis pliegues, rozando mi clítoris inflamado y haciendo que mi cuerpo tuviese pequeñas sacudidas que anulaban mi capacidad de seguir pensando, dejándome completamente entregada a él.
No. No podía negarme, mi cuerpo reaccionaba ante su experto toque, la pequeña fricción que su miembro hacía al deslizarse sobre mis labios vaginales, su boca pecaminosa en mi pecho quería y hacía que quisiera mucho más de él... o mejor aún, que se introdujera en mí.
Sí señores. Yo, Hinata Hyûga, que me le había negado al sexo por más de cinco años, que hasta escasas horas atrás era virgen, que unas semanas antes decía que no podía tener sexo casual con este hombre, me moría de ganas y quería que este hombre me penetrara.
—Naruto —murmuré cuando sentía que algo dentro de mí se iba a reventar ¡Necesitaba tenerlo dentro!
—Tócame Hinata, me gusta que me toquen—bajé mis manos de sus cabellos deslizándolas por su espalda, sintiendo en la yema de mis dedos la forma de su tatuaje.
—Naruto... —casi rogaba.
—Tienes que decirme qué quieres—el vaivén era desesperante, sentí su mano en mi vientre bajo y luego, su miembro le dio suaves golpecitos a mi botón de placer, haciéndome chillar fuertemente.
—¡Por el Santo Joder del Olimpo, Naruto!—mi respiración era irregular— ¡Haz lo que tienes que hacer!
—No, hasta que me lo digas.
Dos golpes más y el clítoris me latió frenéticamente, los pezones me dolían por sus caricias y el cuerpo completo me temblaba. ¿Por qué mostrarme remilgada y tímida cuando ese hombre ya me había hecho gritar y me había tocado tan ardientemente, que me tenía al borde de un abismo?
—No seas más cabrón de lo que eres.
—¡Dilo, Hinata! Di lo que quieres.
A la mierda la chica que George había criado, este hombre me encendía como nunca, me daría el material suficiente para terminar mi libro. ¿Qué más daba si le decía lo que quería con todas sus letras? Las cartas habían sido puestas sobre la mesa, yo misma las había barajado, y mi suerte estaba echada.
—Haz conmigo lo que quieras—dije entre el temblor de mi cuerpo y las pequeñas sacudidas en mi interior.
—Voy a hacer lo que quiera con tu cuerpo y para eso no necesito tu permiso—susurró en mi oído—solo quiero que me digas lo que más necesitas ahora—me miró directo a los ojos—¿quieres esto en tu ardiente coño?—sacó su lengua y me la mostró—¿quieres?
—¡Fóllame de una maldita vez, Uzumaki—grité enterrando mis uñas en su piel.
—Eso me gusta. Me gusta que me pidas a gritos que te folle.
—Deja de hablar tanto ¡Hazlo ya, por un demonio!—los ojos de Naruto centellearon, sus pupilas se fueron dilatando hasta dejarlos oscuros.
—No era tan difícil, Dulzura—la punta de su eje se alineó en la entrada de mi cuerpo penetrándolo de un solo empujón y haciéndome temblar completamente.
Sus caderas empezaran ese vaivén asombroso que ya me empezaba a gustar. Subió mis piernas a su pecho, el primer orgasmo me golpeó, haciéndolo maldecir entre dientes cosas como "me aprietas tan bien", "voy a morir atrapado en tu perfecto coño" y otras cosas más que no podía entender. Cuando el segundo orgasmo me alcanzó, mis rodillas colgaban de sus hombros; tenía el cuerpo perlado en sudor y mascullaba más y más maldiciones excitantes.
¡Hinata, que cosas te estabas perdiendo!
Para cuando el tercer orgasmo—y octavo de la noche— llegó, yacíamos arrodillados sobre la cama, mi cuerpo sobre él mientras mantenía su boca ocupada con mis pechos, siguió dando un par de frenéticas embestidas mordiendo uno de mis pezones adoloridos y descargándose completamente en mi interior.
Podía sentir como su miembro se agrandaba—aún más si se podía—dentro de mí, sus brazos aferraron mi cuerpo cuando las sacudidas de su miembro cesaron. Su frente descansó en mi hombro y yo lo imité, colocando la mía en su hombro derecho mientras mi respiración volvía a la normalidad.
—Puedes soltarme, Naruto—murmuré cuando pude recuperar el aliento, él aspiró sobre mi piel sudada y acarició mi columna vertebral haciéndome estremecer. Podía sentir su dureza en mi interior.—Dame una tregua, por favor—susurré—. Duele ahí abajo ¿sabes?, hasta hace un par de horas, era virgen —lo sentí sonreír antes de removerse y dejarme acostada sobre su cama, cerré los ojos fuertemente cuando él abandonó mi interior.
—Créeme, a mí me duele aún más —murmuró sonriendo y dejándose caer sobre mí, no pude obviar que su miembro aún seguía erguido—. Si el infierno tiene la temperatura de tu cuerpo Hinata Hyûga, entonces yo seré feliz ardiendo entre sus llamas —su lengua lamió el pezón que había mordido mientras sus manos acariciaban mis piernas. Inspiré profundamente y me removí debajo de él.
— Me dará un ataque cerebral si tengo otro orgasmo. Me estás aplastando y quiero dormir—se levantó dispuesto a rebatirme pero lo vi perder el equilibrio, así que me levanté para ayudarle—¿Estás bien?—su sonrisa torcida no ocultó lo que sus ojos me mostraban.
No estaba bien, y no era la primera vez que lo veía así.
—Bien es poco, estoy excelente ¿Quieres una ronda más? —alzó una de sus cejas, pero negué dejándome caer en la cama. Naruto se acostó a mi lado y minutos después, dormía profundamente.
No abrazos. No besos, ni palabras... todo como lo estipulaba el decálogo. Mejor así.
Amanecía, cuando me desperté, el fuerte brazo de Naruto, que se aferró a mi cintura y me arrastró hasta dejarme acoplada a él, me sacó de mi letargo y me hizo tomar conciencia de toda la locura que pasó en la noche..
¡Hice el amor con Naruto Uzumaki!... No, Naruto cumplió con desvirgarme.
Le había pedido que me mintiera, mientras me hacía suya, que patética y ridícula debía haberme visto.
¡Quería que fuera Utakata, en el día de su graduación! . .
Me deshice de su agarre con mucho cuidado, tomé mi ropa y me vestí en su sala para no despertarlo, una vez lista salí del departamento y detuve el primer taxi que pasó por la avenida. Llegué a casa, después de haber pasado todo el camino entre niebla y en algún otro lugar del mundo, Ni cuenta me di cuando llegué a mi edificio.
Peiné mi cabello con las manos, me deshice de toda mi ropa y caminé desnuda hasta mi habitación, entré al baño, abrí la ducha y, sin esperar que se calentara, me metí bajo el agua. Cerré los ojos, la imagen de Naruto, desnudo, estaba grabada en mi retina.
¡Joder, Hinata Hyûga! ¡Tuviste sexo! ¡Ya no eres virgen!
Grité en mi interior respirando fuertemente, no lo podía creer. Tomé el jabón lo esparcí por la esponja y tallé mi cuerpo, con cuidado, me dolían algunos músculos; pasaba y pasaba la esponja y a pesar de mi esfuerzo, podía sentir aún el olor de su sudor en mi piel. Resignada, salí del agua, me envolví el cabello en una toalla, me coloqué un pijama cómodo y me tiré en la cama, recordando lo que había sucedido durante la noche.
El sonido de mi celular me hizo abrir los ojos abruptamente, no sabía en qué momento me había quedado dormida. Tenía el cuerpo sudoroso y mi entrepierna palpitaba un poco.
¡Estoy excitada!
Excitada con solo recordar las manos de ese hombre cubriendo mi cuerpo, negué con la cabeza mientras buscaba al celular, sabía que lo había dejado en algún lugar de la cama.
Siete llamadas pérdidas... de Kiba.
Estaba a punto de llamarle cuando escuché el timbre de la puerta. Peiné mi cabello con las manos y me levanté de la cama siseando un poco por el dolor en mi entrepierna. Recogí la ropa que había regado en la sala y la puse en el canasto de la ropa sucia. El timbre seguía sonando como si afuera estuviese sucediendo el apocalipsis zombi y quién estaba del otro lado de la puerta, intentara desesperadamente refugiarse en mi departamento.
¿Apocalipsis zombi? Estás graciosa, Hinata.
—¡Hey!, ya iba a irme—medio gritó Kiba cuando abrí la puerta, mi cara debía ser todo un poema, porque se rió antes de halarme hacia su cuerpo—. Te estoy llamando desde anoche y no me contestabas, así que vine a ver qué te pasaba.
Me deshice de su abrazo y entró cerrando la puerta.
—¿Si? ¡Qué raro!
—Si no te conociera, diría que tuviste una noche agitada. Estás... ¿diferente?—me miró a los ojos—.Te ves luminosa— corrí al espejo para verme.
Mierda... ¿Será verdad lo que dicen? ¿Todos se darán cuenta que ya no soy virgen?
—Eso hace un sueño reparador—dije viéndome en el espejo tratando de darle a mi voz indiferencia y sarcasmo, pero algo ocurrió, yo lo percibí, mi voz era ronca y sonaba, ¡Dios!... ¿Sexual?
—Eres una irresponsable, yo ya pensaba empezar a buscarte en la morgue y los hospitales y tú durmiendo una siesta.
—Como siempre, exageras.
—Espera, ¿por qué estas durmiendo a las tres de la tarde?
Di un brinco al escuchar la hora, ¡joder! ¿Cuánto había estado durmiendo?
—El libro —y no le mentí. Todo esto es por el libro que tú quieres que escriba.
—Seguro te quedaste trabajando hasta tarde —murmuró sentándose a mi lado y atrayéndome nuevamente a su cuerpo.
Me sentí incómoda, incluso mucho más que antes, así que me paré y fui hasta la cocina, saqué dos latas de mi refresco de cola favorita de la nevera, llegué hasta la sala y le entregué una a Kiba.
—Toma.
—¿No tienes Coca Cola?—preguntó arrugando el rostro.
—No te quejes, a partir de mañana, en esta casa solo habrá té y jugos verdes.
—¿Y ese cambio?—Kiba me abrazó por la espalda, ¿qué le pasaba? ¡Estaba hecho un pulpo!—¿cómo haré yo para obtener esos minutos de felicidad que tengo mientras bebo una Coca? Te perderás esa sonrisa tonta que me queda cuando se acaba.
—¿Para qué me buscabas?—directo al grano.
—Muero por saber de la primera vez entre Menma y Tanahi... Hinata ¿Quién es la rubia, tetas grandes, que tiene un tatuaje pequeño en el cuello y se bajó en el piso tres?
—¿Me estás hablando de Samui?
—No sé cómo diablos se llama, estaba muy entretenido con sus atributos y se me pasó preguntarle su nombre.
Negué con la cabeza.
—Se llama Samui y es canadiense... creo, en fin. Menma y Tanahi, no me he sentado a escribir, como puedes ver—hice un ademán con mi mano mostrándole mi atuendo—estoy descansando de una muy larga noche.
Kiba reparó en mi ropa nuevamente.
—Si no trasnochaste escribiendo, ¿qué demonios estabas haciendo?—la expresión en el rostro de Kiba se transformó de pacifica a furiosa.
¡Qué está pasando!
—Kiba, aguanta tu camión de testosterona, ¿vale?—me alejé de él, no podía decirle simplemente ¡Hey! ¿Sabes? Ayer perdí mi virginidad con tu muy sexy y follable amigo sexólogo.
—Estuviste inubicable toda la noche ¿Dónde estabas? ¿Qué hiciste?
—Cosas de mujeres—no hay nada mejor que esa respuesta para un hombre preguntón.
—¿Tienes problemas?
—Kiba, te quiero mucho pero eso no te da derecho para meterte en mi vida. ¡Qué sea la última vez que demandas saber algo de mí de esa manera!
—respondí enojada.
Mi amigo pareció avergonzado por su ataque de cavernícola celoso.
—Lo siento. Reconozco que se me pasó la mano, ¿me perdonarías si te invito al cine? Tu actor favorito hoy estrena.
—¿Comprarás las palomitas? ¿Y el vaso de refresco más grande, con su bello rostro? ¿Y mis gomitas dulces de ositos?
Le moví mis cejas reiteradamente.
—Sí, si , como sea. Ve a cambiarte o ¿prefieres ir en pijama al cine?
Caminé hacia la habitación y cerré la puerta tras de mí. Miré mi celular revisándolo; tenía dos textos de Ino, uno de Hanabi y las llamadas perdidas eran de Kiba. Ni una sola llamada de Uzumaki.
¿Y qué esperabas Hinata?, ¿un mensaje recriminatorio?, ¿que el tipo viniese hecho un energúmeno porque abandonaste su lecho cuando aún dormía después de darte los mejores orgasmos de tu vida?
¡Ohh... lo olvidaba, son los únicos que te han dado!
¡Despierta! Es sexo pedagógico, basado en un protocolo, donde él te enseña y tú aprendes ¡No jodas con tonterías cursis!
Odiaba mi vocecita interior, pero lo que más odiaba era que tuviese razón.
Me quité el pijama buscando entre mi ropa unas pantimedias negras que tenían rombos de colores, unos short cómodos, mis botines con las hebillas al costado, un suéter blanco con aplicaciones nórdicas y una chaqueta larga de terciopelo. Tomé los lentes de mi mesa de noche y una gorra antes de salir a la sala donde Kiba me esperaba.
La película estaba bien, el personaje masculino era delirante, la música y los diálogos, perfectos... pero, pero yo no estaba para eso. Veía a Naruto en todas partes y cada cosa que pasaba en la pantalla, lo relacionaba con mi noche de sexo. ¿Mi noche de sexo? Vamos, Hinata, disimula y saca esa sonrisa idiota de tu cara.
Kiba me ofreció las palomitas, sonreí agarrando un puñado y concentrándome en la pantalla. Él levantó el reposabrazos que dividía nuestras sillas y me haló a su pecho dándome un beso en la frente. Decidí relajarme, olvidarme del maldito cabrón y de todo lo que sucedió anoche, abrí mi paquete de ositos de goma y me eché un puñado a la boca.
¡Santo Joder! Debo terminar con esto... mañana me voy al mercado y compraré toneladas de frutos secos.
Cuando terminó, nos fuimos a un restaurante de comidas rápidas.
Muy bien, muy bien... es mi despedida, desde mañana ¡no más comida chatarra!
Y, con nuestras hamburguesas de queso en nuestro poder nos instalamos en un rincón a conversar sobre lo intrascendente que nos pasaba. Kiba estaba sobre excitado, además de su hamburguesa y de la mitad de la mía, se comió tres raciones de papas a la francesa, se tomó un litro y medio de Coca-Cola y no paró de hablar. Pero, no me molestaba, toda su perorata divertida me distrajo.
Regresé a casa a las 21:00, no le dije a Kiba que se quedara como algunas otras veces, le di un beso en la mejilla cuando llegamos a la puerta del edificio y me bajé de su coche corriendo. Quería un baño y mi cama, mañana sería sábado e iría con Hanabi a terminar de comprar las cosas para la decoración de su habitación. Me bañé con cuidado, cuando me secaba, puse atención a mi cuerpo y descubrí que tenía dos cardenales enormes en la cintura y las marcas de sus dientes en mi pezón derecho. Coloqué un poco de crema sobre mis dedos Y froté mi pezón magullado, una pequeña corriente atravesó mi cuerpo.
¡Hinata, Hinata! Estás tan deseosa, que parece...
Negué con la cabeza, necesitaba dormir, al final lo logré después de dar mil vueltas en la cama torturándome con imágenes muy vívidas de mi noche de sexo.
Bravo, Hinata. Un paso adelante. Ya no te justificas tontamente ni dices: La comida chatarra no me deja dormir.
Me levanté y encendí la radio.
—"Hablemos de sexo", esta noche.. —su voz bajó varias octavas, como cuando me decía que era estrecha y resbaladiza... ¡Por Dios, Hinata, cálmate!
—El tema de esta noche es Sexo Oral: ¿Paradigma? ¿Tabú? ¿El secreto de una buena intimidad?...¿Qué tan importante es darle placer a tu pareja con tu boca y lengua?... Karin, estás realmente hermosa hoy.
—Como siempre, mi querido DSex—lo sentí sonreír.
—¿Qué piensas de todo esto Karin, el sexo oral?
—Es todo un tema. A ellos les encanta hacerlo y que se lo hagan. A nosotras, un poco menos.
—Ellos lo hacen porque les gusta, nosotras lo hacemos... ¡Porque está en el combo! Así de sencillo DSex, el punto está en saber hacerlo, porque ¡no hay nada peor que un idiota que simplemente te da babas!
Una buena carcajada salió de la boca de Naruto.
—Muy cierto Karin, el sexo oral, consiste en el contacto de la boca con los genitales de la pareja. El contacto boca-lengua con los genitales le resulta al otro muy gratificante. Las expresiones de placer de quien recibe el sexo oral, como gruñidos, gemidos o maullidos, le indica a quien lo está haciendo que aquello es muy bien recibido.
—Quienes se han dedicado a escribir sobre el sexo oral, sostienen que lo único que es más estimulante al contacto genital es el roce genital-boca— interrumpió Karin.
—Hay quienes se atreven a decir que para un pene es más estimulante una boca que una vagina y, para una vulva, es más placentera una boca y una lengua bien usada que un pene.
¿Será para tanto? Recordar lo que su boca y su lengua le hicieron a mi sexo causó un temblor por todo mi cuerpo, así que negué con la cabeza, enfocándome en escuchar.
—El principal cuidado que hay que tener con esta práctica es la higiene, eso es fundamental, por lo que es recomendable que el pene y la vulva estén bien aseados —comentó Karin.
—¡Y, practíquenlo con luz encendida! Especialmente si recién se están conociendo. Hay que descubrir cómo le gusta y si están haciendo bien el trabajo—expuso Naruto—. Entiendan chicos y chicas que nos escuchan, no puede irse teniendo sexo oral con cualquier persona.
No pude evitar volver nuevamente al momento en que su cabeza se había sumergido entre mis piernas y su lengua castigaba mi clítoris... No vayas por ahí, Hinata. Piensa en tu libro, piensa que es útil para Tanahi y Menma.
—Lo mejor para el Cunnilingus, es comenzar con caricias y besos pequeños o mordisquitos.
—¡Sii! Vampiritos...ñam ñam ¡amo eso!—murmuró Karin.
—Las lamidas por todo el cuerpo tienen que ser con intención, hay que buscar los puntos en donde la pareja pierde el control, incitar a tu chica o chico y luego, ir por lo que has trabajado.
—Es como cuando tienes un gran trozo de pastel con glaseado de vainilla y cerezas. Comértelo poco a poco es más satisfactorio que empujarlo de un todo.
—Buena comparación, Karin—alabó Naruto.
—Un secreto delicioso para ustedes chicas: busquen: el escroto o las bolas, como se dice vulgarmente No son bonitas, más bien, asustan pero solo basta estimular a un hombre allí para que sea todo un proyectil —me gustaba escuchar a Karin, ella no se dejaba atemorizar por Naruto, cuando hablaban parecían a un mismo nivel.
—Estimular con mucha suavidad—interrumpió él—, es un área sensible pero que como tú dices, nos pone a mil. La lengua y los labios están diseñados para eso, para hacer del acto algo muy agradable; cuando sientas que es suficiente, puedes pasar por el chupete —sonidos de risas se escucharon de fondo.
El sonido de un teléfono timbrando se escuchó, antes que Naruto volviese a hablar.
—Hola Mi nombre es Paul. Mi novia Clarie le encanta hacerlo y por Dios que es buena, ella siempre me estimula muy bien, lo único malo es que siempre quiere que me corra en su boca.
—¿Y te quejas? Hombres... no están felices con nada —Karin parecía sorprendida—. ¿Ella se traga tu semen? —preguntó de nuevo.
—Sí, y aunque me gusta, no deja de ser asqueroso, luego me toca besarla y pues no es agradable sentir mi semen en su boca. Por lo general, tiene que levantarse e ir al baño a cepillarse los dientes y cuando regresa ya no quiero hacer nada, entonces se enoja y...
—Paul—Naruto lo interrumpió—, ¿sabes que una cucharadita de semen contiene la misma cantidad de proteínas que la clara de un huevo? —risas—. Sin embargo, a veces obtener proteínas puede ser mucho más divertido para muchas mujeres —dijo en tono burlón.
—Joder tío, eso es asqueroso. Es como estuviese chupando el pito a otro hombre —murmuró en voz baja el chico.
—No tienes que ser prejuicioso con eso. La composición química del semen es muy potente, contiene sustancias antidepresivas como la serotonina, la tirotropina y la melatonina y otros componentes como la oxitocina, el cortisol y la estrona que levantan el estado de ánimo en general y mejoran el desempeño cognitivo.
—Bueno, mi chica depresiva no es.
—¿Ves? Debe ser por tu semen —bromeó.
—¡Joder! —el chico estaba asombrado.
—Aparte de todo, a ella le gusta, y en eso se basa el sexo: a ella le parece sexy hacerte llegar y su placer es poder beberte. ¿No has pensado en estimularte mientras ella se lava la boca? Una pregunta, ¿le practicas sexo oral a tu novia?
—Por supuesto, es el jodido paraíso verla llegar gracias a mi lengua, una vez le mordí el clítoris y...
—¿Mordisco... mordisco? —Karin interrumpió.
—Pensé que podría gustarle y...
—¡Claro, tanto como te gustaría a ti que te mordieran el pito!— argumentó Karin indignada y solo podía escuchar la risa de Naruto.
—Sí, después lo entendí, cuando ella me devolvió la jugada... ¡Joder! ¿Qué hago? No quiero perder a mi chica
—¡Tómale el gusto a tu semen!—¡Vaya! a Karin no le agradó el muchacho.
—Si eres tan egoísta, pues tu chica se irá si no cambias de actitud. El sexo también tiene que ser felicidad para ella. Nunca te duermas si ella no está satisfecha —y dejarla dormir cuando ella está más que llena.
—Trataré de tolerar mi semen, no me quedaré dormido después de eyacular y me esforzaré para dejarla contenta tooodas las veces. Doctor Sex, Karin ¡muchas gracias!
—Tenemos otra llamada por la línea dos, hablemos de Sexo ¿Quién habla?
—Mi nombre es Ben.
—Otro chico... esta noche ha sido entretenida —murmuró Karin.
—He querido practicarle sexo oral a mi novia pero no sé cómo hacerlo —la voz del chico era tímida.
—No es tan solo quitarle las bragas a tirones poner tu cara entre las piernas y mover tu lengua a velocidad supersónica. Hombres, entiendan esto: ¡Es exactamente de lo que se quejan las mujeres!—dijo Karin.
—Hazlo con suavidad, sin mucho apuro. En la medida en que la tensión sexual vaya aumentando, recuerda que el sexo oral es lamer, succionar y acariciar. Es como hacerlo con tus dedos pero usando tu lengua, ella puede ayudarte diciéndote que le gusta o no y bueno, también tienes que ver sus movimientos o gestos—concluyó Naruto.
—Sí, pero ¿cómo empiezo?
—Con un caminito de besos... desde los tobillos hasta los muslos y de ahí, a la meta, ¡a mí me encanta!—la voz de Karin destilaba coquetería. —¡Oh, muchas gracias!—el chico se escuchó entusiasmado —¡Sí, gracias!—la voz de una chica chilló a lo lejos.
—Creo que una chica lo pasará muy bien esta noche.
—Sí, me siento realizado cuando ayudo a que las personas tengan buen sexo—se escuchó un muy breve silencio y cuando Naruto volvió a hablar, su voz había bajado un tono—. Espero que estés tomando nota, nena. Ya tuviste tu inducción, ahora comienzan las lecciones.
¡Joder! ¿Eso era conmigo, no?
—¿De qué hablas DSex?—Karin preguntó intrigada—. Joder, ¿qué te traes entre manos, querido gurú sexual?—no hubo respuesta— ¿Qué tienes pensado?¿Hay alguien en tu vida? Estamos interesadas en saber quién es la víctima —se escuchó la suave risa de Naruto—. El que se ríe solo de sus maldades se acuerda—terminó Karin, juguetona.
—Lo sé y créeme linda, pretendo hacer muchas maldades, pero por ahora y mientras esperamos la próxima llamada los dejo en compañía de Rihanna con Cockiness.
Mi celular vibró en uno de los bolsillos de mi jean mientras escuchaba la letra de la canción.
Espero que hayas escuchado el programa de hoy.
Aún puedo sentir el sabor de tu liberación en mi boca y te juro que voy a volver a repetirlo.
Voy a encargarme de que te vengas muchas veces sobre mí.
Quiero tu lubricación en cada parte de mi cuerpo, en mis dedos, en mis labios, en mi boca, en mi abdomen pero sobre todo, quiero que bañes mi polla con ella.
El lunes pasaré por ti, después del programa... cuento los días y las horas...
Naruto
El corazón me latía furiosamente cuando terminé de leer, ¡venirme en su boca!... Cerré los ojos recordando la sensación de sentir su lengua justo ahí y removí mis piernas incómoda, emitiendo un largo suspiro. Me levanté de la cama apagando la radio y volví a ésta, mirando hacia el techo, sintiendo una pequeña incomodidad en mi parte baja.
Debía dejar de pensar en lo que me había hecho Naruto Uzumaki.
Continuará...
