Disclaimer:
Good Omens es una serie de televisión basada en la novela de 1990 Good Omens: The Nice and Accurate Prophecies of Agnes Nutter, Witch de Terry Pratchett y Neil Gaiman.
Todos los personajes utilizados aquí pertenecen a su autoría.
Estas son una serie de historias cortas no relacionadas entre sí, en su mayoría sobre Gabriel y Belcebú, pero también habrá la aparición de otras parejas.
Los arcángeles no mentimos
—¡¿Disculpa?! — Exclamó Gabriel dirigiéndose hacia su compañera Arcángel
—Como lo escuchaste —Explicó Michael con indiferencia— Hasta nosotros, seres celestiales, podemos mentir…
—¡Eso que estás diciendo es una gran blasfemia Arcángel Michael! — El más alto se levantó exaltado, señalando a su compañera.
—Azirafel nos mintió, y es un ángel…
—¡Azirafel es un caso aislado que debe ser analizado para evitarlo en el futuro!
La castaña rodó los ojos, sabía que cuando Gabriel se aferraba a algo ningún argumento, por mejor estructurado que estuviese, lo haría cambiar de opinión, decidió que lo ignoraría, pero entonces una mejor idea se le vino a la mente.
—¿Estas completamente seguro de que nunca mientes?
—¡Nunca lo hago! —Se defendió escandalizado, el más alto.
—Correcto… Entonces no te importaría que hiciera un milagro para asegurarnos ¿verdad?
—¿A qué te refieres?
—Bueno… Ya que insistes en que jamás has mentido… Si yo tronará mis dedos, en un milagro que solo te dejará decir la verdad, por ejemplo, toda una semana, tu día a día no se vería para nada alterado ¿correcto?
—Exactamente… Porque YO— Enfatizo llevándose una mano al pecho— Soy un arcángel totalmente honesto…
—De acuerdo —La castaña trono los dedos y luego se dirigió hasta la salida— ¡Veamos si me dices lo mismo en una semana, Gabriel!
El resto del día transcurrió sin ningún contratiempo, termino su papeleo, dio indicaciones para sus subordinados y luego decidió bajar a la tierra para ejercitar su cuerpo corpóreo, en una actividad que los humanos definirían como "desestresante".
Camino lentamente hasta el elevador, creyendo que estaría por demás un milagro solo para llegar hasta la tierra, cuando las puertas estaban a punto de cerrarse, una segunda figura se apresuró a entrar, haciéndole compañía.
—Agh…—Exclamó el señor de las moscas frunciendo el ceño— Todo el día haciendo lo posible para evitarte al venir al cielo, y termino encontrándote aquí…
—Pues a mí me alegra mucho encontrarme contigo —Respondió sin pensar el arcángel, para después parpadear sorprendido por sus propias palabras.
—¿Qué? —Preguntó el pelinegro alzando una ceja.
—M-me refiero a qué… Siempre me causa alegría verte…—El elevador comenzó a bajar, convirtiéndose en los segundos más dolorosos para el mensajero de Dios.
—¡¿De qué demonios hablas?! —Belcebú parecía igual de confundido con aquello.
Gabriel abrió la boca para luego cerrarla de nuevo rápidamente sin querer decir más, se lamentó enormemente de no poder hacer milagros dentro del pequeño ascensor.
—Cada día son más extraños ustedes los de arriba…
Las puertas se abrieron y el demonio se apresuró a salir maldiciendo el papeleo y sus responsabilidades como príncipe del infierno, por su parte, el arcángel no tenía idea de que era lo que acaba de suceder, quedándose un par de minutos tratando de procesarlo.
Los siguientes encuentros con el señor de las moscas no fueron mejores, cada vez que el demonio se encontraba con el mensajero de Dios, le lanzaba una mirada de desagrado, que ofendía el ego del más alto, pero cuando este se acercaba para reclamar la actitud de su adversario, lo que terminaba diciendo era completamente diferente.
—¡Belcebú! —Le había llamado en una ocasión tras terminar una junta— ¡Tengo algo que discutir contigo!
—Sea lo que sea no me interesa…
El castaño decidió ignorar el comentario y continúo.
—Es acerca de tus moscas y el incesante sonido que producen… ¡Es demasiado adorable y me distraen de mis obligaciones!
—¡Escucha tú…! —El demonio hizo una pausa, deteniendo su amenaza— ¡¿Qué rayos acabas de decir?!
El rostro de Gabriel se fue volviendo rojo intenso, tratando de comprender porque esas palabras habían salido de su boca.
—Y-yo…
—¡¿Te estás burlando de mí?! —Le recriminó el pelinegro sujetándolo del cuello de su camisa de manera amenazadora —¡¿Tienes idea de lo que le hago a quienes se burlan de mí?!
El zumbido se intensifico, los ojos azul profundo del príncipe del infierno ahora se tornaron rojo sangre y sus colmillos se mostraban de manera amenazadora.
—N-no… ¡No, no, no! ¡No me estoy burlando! ¡Lo juro! —Negó violentamente con las manos.
—¡Vuelve a decir algo como eso y te desincorporare tan dolorosamente que las mazmorras del infierno parecerán un juego para niños!
El pelinegro soltó al arcángel empujándole lejos de él, y se fue de allí refunfuñando, mientras el castaño escondía su rostro tras sus manos completamente avergonzado.
—¡¿Qué está pasando contigo Gabriel?!
Gritó dentro de su oficina, tras haber tenido que huir en medio de una reunión en el infierno, cuando Belcebú insinuó lo molesto de su presencia, él en vez de responder con un insulto igual había dicho "Te ves muy bien hoy, me gusta tu sombrero de mosca y tu rostro tan lindo…"
—¡¿He contraído algún tipo de enfermedad?! —Miró su reflejo en la ventana, examinando sus ojos y lengua— ¡¿Por qué estoy actuando como un idiota cada vez que aparece Beelzebub?!
Caminó de un lado a otro pensativo, analizando su situación actual.
—¿Cuándo es que esto comenzó?
Espero un segundo antes de responderse así mismo.
—La primera vez definitivamente sucedió en el elevador… Y eso fue también cuando… —Hizo una pausa, enfurecido— ¡Michael!
Cuando el mensajero de Dios entro a la oficina de su compañera, la encontró de lo más tranquila en su escritorio, trabajando con algún papeleo.
—¡Tú! —Le acusó el castaño apenas entrar—¡Eres un arcángel tramposo y malvado! ¡Jamás pensé en tal traición de tu parte!
Michael alzó una ceja, sin comprender nada de lo que decía Gabriel, dejo de lado sus documentos para levantarse lentamente.
—¡¿De qué estás hablando?!
—¡De tu estúpido milagro del otro día!
—Oh… —El soldado de Dios sonrió divertida —Llevar una vida completamente honesta no es fácil ¿verdad?
—¡De eso nada! ¡Tu maldito milagro nada tenía que ver con la honestidad! ¡Me hiciste algo completamente extraño y te exijo saber que fue para revertirlo en este instante!
—Eres tan dramático —Dijo la castaña cruzando los brazos sobre el pecho— Sólo hice que no pudieras mentir, no más… ¿Hay alguna verdad que acabas de descubrir? ¿Algo que ni siquiera tú sabías? ¿Eh?
—¡Mientes! —Gabriel trono los dedos en un milagro propio, y luego volvió a preguntar —¡¿Qué rayos me hiciste?!
—¡Sólo me encargue de que por una semana fueras completamente honesto! ¡Sólo eso! ¡¿Qué me acabas de hacer tú a mí?!
La declaración fue como un golpe para en el estómago para Gabriel, quien acababa de efectuar exactamente el mismo truco con la castaña, por lo cual era imposible que esta estuviera mintiéndole, y si ese era el caso, acababa de descubrir mucho acerca de sí mismo.
—Tengo que irme…
Indico con espanto el más alto, mientras corría fuera de la oficina, ignorando los gritos y reclamos de Michael.
—De acuerdo… —Dijo el más alto de vuelta en su despacho— No hay porque entrar en pánico, esto solo es un error en la administración del proceso, solo debo esperar a que el milagro pase y mientras tanto evitar por completo al señor de las moscas... Nada difícil ¿verdad?
Se sentó de vuelta en su silla, golpeando la cabeza contra el escritorio, luego miro hacia el reloj en su muñeca, donde estaban programada toda su agenda, intento cancelar algunas de las reuniones, pero no le fue permitido, lloriqueo frustrado y su siguiente movimiento entonces, fue activar una alarma con la hora exacta en que el milagro de Michael caducaría.
—Ahora solo debo mantenerme callado frente a Belcebú, y todo estará bien…— Suspiro derrotado, mientras observaba la cuenta regresiva en la pantalla 36:42:18 horas.
Pudo excusarse de la primera de sus reuniones, enviando a Sandalphon en su lugar, eso le dio todo un día de seguridad. Después había sido programado un recorrido de seguimiento en la tierra, del cual también pudo librarse gracias a Uriel, sin embargo, de la junta semanal no hubo forma de escapar.
—¿Tienen alguna duda hasta aquí? —Preguntó Dagon con una apatía que molesto enormemente al arcángel.
Miro a su alrededor, agradeciendo internamente a Dios porque en esa ocasión no se encontraba Belcebú entre ellos.
—No lamento la tardanza —Gabriel tuvo que sofocar un grito de pánico al reconocer aquel característico zumbido— Tenía cosas más importantes de las que ocuparme…
El demonio arreglo sus ropas, pasando a un lado del castaño, quien realmente esperaba no pudiera oler su nerviosismo, tampoco se atrevía siquiera a levantar la vista para encontrarse con aquellos ojos azules.
—¿Cuál es el tema que están revisando? —Continuo el pelinegro ignorando al ser celestial, quien rápidamente miro hacia su reloj, 6:12:09 leyó con disimulado espanto.
El tiempo pasaba tan lento para el castaño que por un momento creyó que aquello no era más que alguna clase de castigo divino "¿He hecho algo para ofenderte mi Señor?" Pensó el mensajero ante tal situación.
Aunque estaba en desacuerdo contra cada una de las ideas allí propuestas, no era capaz de decir palabra alguna, por el temor de no ser capaz de controlar lo que salía de su boca, mucho menos si el primero que refutaría cualquiera de sus argumentos iba a ser Belcebú. Sin darse cuenta, soltó un suspiro de derrota, que no pasó inadvertido para el demonio.
—¿Es acaso que aburrimos al poderoso Arcángel?
"¿Por qué me has abandonado Dios mío?" Rogó para sí mismo el arcángel.
—¿Esta junta no está a la altura de su excelencia? —Volvió a atacar el pelinegro.
—N-no es nada de eso… —Se defendió el castaño, evitando el contacto visual.
—¿En serio? —Belcebú se movió hasta quedar frente a él—¿Podrías entonces decirnos de que acabamos de hablar?
—Y-yo… Bueno… —Si las miradas matarán, Belcebú sería un arma de destrucción masiva— L-la verdad es que no puse a-atención…
—Oh... ¿Así que no has puesto atención? Bien, entonces tendremos que repetir esto desde el principio, para asegurarnos que no se escape nada ¿no les parece? ¡Todos de vuelta a sus explicaciones y pueden agradecerle al arcángel Gabriel por eso!
Decenas de quejas y murmullos furiosos se escucharon por la habitación, todas en contra del mensajero de Dios, quien solo se hundió en su asiento, maldiciendo su suerte.
Después de lo que el arcángel definiría ahora como una eternidad, la reunión por fin se dio por terminada, y antes de que otra cosa pasará, el castaño salió corriendo en dirección a la salida, listo para realizar un milagro que lo sacará de allí.
—¡¿A dónde crees que vas?! —El más alto esperaba que el llamado no fuera para él— ¡Te estoy hablando Gabriel!
Inhalando con fuerza, tomo valor y se giró para dar la cara al demonio, quien se acercó con el ceño fruncido.
—H-hola Belcebú…
—¡De hola nada! —Le interrumpió a toda prisa— ¡Quiero que me des una explicación en este instante!
—¿U-una explicación de qué…?
—¡No te hagas el tonto conmigo! ¡Sabes muy bien de que hablo! ¡Este extraño comportamiento que tienes! ¡Has faltado a dos reuniones importantes y hoy ni siquiera pusiste atención! ¡¿Qué planeas?! ¡¿Qué jugarreta sucia quiere hacer el cielo?!
—N-no es nada de eso —Negó el más alto alzando las manos— ¡Yo he tenido una situación especial que atender!
Tenía que ser sumamente cuidadoso con las cosas que decía, o aquello no terminaría bien.
—¡¿Qué situación?!
—¡N-nada que ver con el Armagedón! ¡Te lo juro!
—¡¿Y por qué debería de creerte?!
—Por que soy un arcángel… Y bueno, se supone que los arcángeles no mentimos…— Río con nerviosismo.
—¡¿Y porque demonios te has comportado como un idiota estos días?!
—N-no he sido un…
—¡Dejas a mitad tus juntas! ¡No entregas tus reportes! ¡Y sobre todo eso, llegas y me dices una sarta de cosas sin sentido! ¡¿Qué rayos sucede contigo?!
El más alto no contestó, necesitaba mirar su reloj, saber cuánto tiempo le quedaba ¿la junta había sido lo suficientemente larga? ¿Estaba a minutos? ¿A horas?
—¡Exijo que me digas porque te la has pasado humillándome de esa manera!
—¿Humi..? ¡Nunca trate de humillarte! —Exclamó el castaño sorprendido
—¡Claro que sí! ¡Todas esas palabras no eran más que una táctica para avergonzarme! ¡Pero que te quede claro que no funcionaron!
—¡¿Qué?! ¡No! ¡Lo dije en verdad! —Gabriel cubrió su boca con ambas manos, antes de decir algo de lo que terminaría arrepintiéndose.
—¿Verdad? —Bufó con indignación el príncipe del infierno— No eres más que un egocéntrico insufrible…
Cuando Belcebú estaba por retirarse, el arcángel pudo notar un atisbo de tristeza y decepción en su rostro que lo empujó a hacer algo que nunca creyó posible.
—¡Lo que dije era verdad! —Gritó a la espalda del pelinegro— ¡Me gusta trabajar a tu lado! ¡Me gusta tu disciplina y lo bien que manejas tu departamento! ¡Creo que tus moscas y zumbido son muy adorables! ¡Y pienso que tienes un rostro realmente lindo, unos ojos preciosos que siempre me distraen en las reuniones!
—¡¿Qué rayos estas diciendo?! —El señor de las moscas estaba teñido de rojo, desde el cuello hasta las orejas.
—¡Estoy diciendo que me gustas Belcebú! ¡Pero siempre me mentí a mí mismo al respecto!
Un intenso sonido comenzó a repiquetear incesantemente, el más alto miró su reloj que en números rojos marcaba 00:00:00, suspiró apagando la alarma, y vencido volvió a dirigirse al demonio.
—Y… Esa es la verdad… —Rascó detrás de su cuello, también sonrojado por la vergonzosa declaración— S-supongo que después de esto solicitarás alguien nuevo para que revise todo el papeleo, y lo entiendo…
—También me gustas…
—Yo tampoco quisiera estar al lado de alguien cuyos sentimientos no corres… ESPERA ¡¿QUÉ?! —Estaba seguro de que había escuchado mal.
—D-dije —Repitió lentamente el pelinegro, mirando hacia una de las paredes— Q-que también me gustas… Es fácil trabajar contigo, eres responsable y t-tus ojos violetas son como esas trampas para atrapar insectos… No puedo dejar de verlos…
El rostro de Gabriel en esos momentos era digno de una fotografía, la sorpresa estaba reflejada por toda su cara, apenas y pudo articular palabras.
—¡¿Por qué nunca me lo dijiste?!
—¡¿Por qué debería?! —Le apuntó amenazadoramente el demonio— ¡Siempre que hablaba contigo estabas mintiendo!
—¡Yo no miento!
—¡Vivo en el infierno! ¡Huelo las mentiras a kilómetros! ¡Y tú apestabas a ellas siempre!
—¡¿Y entonces porque ahora me lo dices?!
—P-porque —Belcebú se cruzó de brazos frunciendo la nariz de una manera que le pareció adorable al arcángel —Esta vez estabas siendo completamente honesto… No pude detectar ese aroma a engaño en ti…
Ya sin el efecto del milagro, el castaño se acercó más hasta el señor de las moscas, y una vez frente a frente le hablo con un tono amable inusual en él.
—Belcebú, me gustas…. Y debes creerlo porque, bueno, los arcángeles no mentimos…
El pelinegro bufo divertido, sonrió de lado, y Gabriel pensó que realmente debía de agradecerle a Michael por aquel milagro.
¡Muchas gracias por leer! Espero que hayan disfrutado de esta historia, realmente disfruto mucho escribiendo de esta pareja, y espero poder traerles más historias sobre ellos. Les mando muchos abrazos y amors~
