Los personajes no me pertenecen exclusivamente a sus creadores Nagita e Igarashi mundo alterno época actual contenido adulto queda advertido. Reto NOCHE DE BRUJAS 2020

El peligro une almas.

No supieron cuanto duro este beso, pero ambos deseaban cada vez más. Albert se sentía extasiado, sus emociones corrían en todo su cuerpo. Se despertó la masculinidad de Albert y quería hundirse en su feminidad de esta hermosa mujer. Le acarició a placer y se deleitó de la suavidad de sus curvas perfectas. Ambos querían fundirse en uno solo. En eso escucharon unos ruidos. El rechinido de la barcasa, interrumpiendo el momento mágico. Ambos se separaron, sus cuerpos temblorosos y ardientes se negaban a pausar esto. Observaron que la barca se acercaba. Albert apreció una barcaza con forma de dragón. No era muy grande quizás el cupo sería para cuatro personas no más.

—Vamos, no perdamos tiempo, si no nos ve en la orilla desaparecera. Y no tendremos otra oportunidad—Candy dijo ya se había adentrado al puente. Y Albert le siguió. Llegaron al final del puente y la barcasa estaba detenida esperando a que abordarán. Candy le tomó de la mano a Albert que se había quedado mudo por lo que vio. Albert pudo apreciar quien era él que dirigía la barcaza. Era un hombre... bueno, parecía humano pero en realidad era un ser que estaba envuelto como en un traje de monje con capucha y solo dejaba ver un par de ojos luminosos color rojo y estiraba una mano huesuda esperando su pago.

—Albert, debemos pagar—dijo candy mientras sacaba un dije con forma de rosa de oro puro. Era un obsequio de su madre. Lo único que le quedaba de ella. Pero, aún así no titubeó en desprenderse de éste. Por Albert, lo que fuera. Albert de inmediato se quitó un hermoso broche con el emblema de su Clan. Era una reliquia y había pasado de generación en generación. Su padre se lo había entregado antes de morir. Y para él era un recuerdo muy querido. Así que ambos entregaron sus prendas más queridas y el ser oscuro los dejó subir a la barcaza. El recorrido era largo y peligroso. Se percibía un aire de de desolación. Albert no perdía detalle alguno. Las aguas espesas y negras burbujeaban. A Albert no le gustaba nada ese silencio, antes habían escuchado el canto de las sirenas. Se sentía asechado. Sabía que venía algo, esperaba el ataque... Y lo que esperaban se hizo presente. Comenzaron a salir del fango esas horrendas sirenas, rodearon la barca y estiraban sus manos queriendo voltear la barcaza. Emitían unos gruñidos aterradores. Albert y Candy se mantenían juntos mientras el ser oscuro maniobraba la barca con ese enorme remo. Pero, era imposible cruzar ya que eran demasiadas, esos seres horrendos tenían unas fuerzas descomunales, y lograron detener su paso. Albert no lo pensó dos veces y sacó sus espadas para tratar de quitar a estas moustrosidades. Candy le veía hacer y sacó su arco y flechas. Estaba dispuesta a apoyarlo. Ambos luchaban contra estas que tenían una fuerza sorprendente. Albert luchaba con las que intentaban subir y Candy evitaba que lo atraparan. No iba ha perderle, porque si ellas lograban su cometido, jamás lo volvería a ver. Pero, salían y salían. Albert blandía su espada y les cortaba las manos pero estas volvían a salir. No pudiendo más, las sirenas lo atraparon y lo hundieron en el fango. Candy se le fue el alma al cuerpo.

—¡NO... ALBERT!—Gritó Candy, miéntras les clavaba flechas en la cabeza y morían en el momento. Candy se acercó a la orilla y veía con desespero como su amado luchaba por no dejarse hundir, pero esas aguas pantanosas no ayudaban y las sirenas lo tenían agarrado. Sin pensarlo más abrió sus alas y voló aprisa, no le importaba agotar su energía y fue en su búsqueda. Candy volaba agilmente, mientras lanzaba sus flechas a esas fieras sirenas de la muerte. Albert no podía más y las sirenas lo hundian sin remedio. Albert estiraba sus manos pero le fue imposible mantenerse a flote y Albert jaló aire como pudo y se hundió sin remedio. Solo estirando su mano. Candy empleó toda su energía para llegar hasta él y le tomó de su mano la única que todavía se asomaba sobre esas aguas pantanosas. Candy se elevó logrando sacarle y voló con su amado sobre el pantano. Albert iba inconsciente y por eso pesaba horrores. Pero, Candy no lo dejaría caer. Aunque muriera en el intento. Candy se sentía agotaba y su energía estaba escaseando. Pero, no morirían y menos a manos de estas horribles y mounstrosas mujeres. Estás sirenas de la muerte, devoraban a sus presas en el fondo del fango. Candy logró llegar al otro lado del pantano, pero se sintió desfallecer sus energías agotadas y al descender, ya no pudo hacerlo en su totalidad, porque se desmayó en el aire y cayó al suelo con Albert. Ambos estaban a salvo por ahora pero, yacían sin sentido entre la hierba seca. Eso hizo que amortiguara la caída y no se lastimaran tanto.

Albert despertaba tosiendo había tragado de esas aguas espesas. Lo último que recordó era como era jalado a esa aguas turbias. Y en lo último que pensó fue en Candy, y que si moría jamás volvería ver esos hermosos ojos verdes. Se levantó aprisa y le buscó con la mirada. La vio a unos pasos de él y se veia como muerta. Albert sintió miedo y corrió hacía ella y le tocó el rostro. Estaba sumamente fría.

—Candy, Candy...— despierta cariño, despierta—Albert le llamaba pero ella sólo respondió con un leve quejido. Albert la levantó en brazos y se adentró al bosque buscando un lugar donde acampar. Vio un hermoso lugar donde corría un hermoso río de aguas cristalinas. Albert la dejó cerca de un gran árbol frondoso y fue a recolectar algunas ramas secas para hacer una fogata. Aunque estaba por salir el sol, se sentía demasiado frío. Candy debía entrar en calor pronto. Y ahora fue el turno de él, su deber es cuidar de Candy, como ella hizo cuando lo mordió la serpiente negra. Albert hizo una pequeña choza con ramas secas y la metió dentro para que descansará. Fue al río y se aseó, limpió sus ropas y sus botas. Ya había amanecido y el sol estaba calentando el ambiente. Había perdido sus espadas en el fango. Pero, en sus botas guardaba un par de dagas y se alegró. Con eso podría cazar algo para que pudieran saciar su hambre. Candy continuaba sin sentido, sumida en unas terribles pesadillas o eran sus recuerdos del pasado y como fue que habían muerto su madre y sus hermanas.

—¿QUÉ HACES AQUÍ? NO ERES BIENVENIDA, VETE...

—No me iré a ningún lado, también era mi hermana...

-Ahora si es tu "hermana" y no olvidas que le traicionaste... por tu culpa está muerta... mi madre confiaba en ti y le fallaste...

—Tenía que hacer lo mejor para mi reino. Yo...

—¡Era tu hermana! y la traicionaste... —mi madre jamás te hubiera dejado sola; siempre te apoyó en todo y tú, la dejaste sola en esto— tu preferiste apoyar a Eliza antes que a mí madre— Y jamás te lo voy a perdonar. Largo de aquí... no mereces estar en sus funerales...

—Hija... —por favor...

—Ya no soy nada tuyo... Y no vengas a limpiar tu conciencia. Deberás vivir con tus remordimientos...

—Candy... —por favor...

—¡LÁRGATE! ¡QUE TE LARGUES!

—Candy, Candy...—despierta por favor hermosa—Albert despertó a Candy al verla que balbuceaba cosas sin sentido, ella tenía pesadillas. Candy abrió sus ojos y vio a su amado caballero y este le dibujaba como siempre esa hermosa sonrisa, sonrisa que hacía que todo se le olvidara.

Candy le devolvió la sonrisa. Pero, se sentía débil todavía. Albert, vio su palidez y de inmediato le arrimó su cantimplora y le dio de beber agua, mientras le arrimaba un trozo de carne. Había cazado unas aves y las había asado. Candy tomó lo ofrecido con sus manos temblorosas y Albert se preocupo por verle así de pálida y débil.

—¿Qué es lo que te sucede bonita?—le preguntó mientras le acariciaba su hermosa melena dorada.

—Solo estoy agotada, no te preocupes...—pronto estaré mejor—dijo Candy comiendo y recobró un poco de sus fuerzas. Pero, sabía muy bien que si continuaba así, perdería todo su poder y podría morir sin remedio. Albert le veía comer con sabrosidad y le causó ternura. Le acaricio su mejilla. Candy cerró sus ojos y disfrutó de ese roce. Albert se acercó a ella, deseaba besar de nuevo esa boca. Candy dejó de comer y se llenaba de ese aliento cálido que le hacía recobrar sus fuerzas. Albert besaba su rostro lento y delicado. Disfrutaba de su cercanía. Candy esperaba ansiosa ese beso de esos labios que la hacían volar. Albert besó sus ojos, mejillas, esa naricilla respingona y llegó a esa boca que era su perdición. Se besaron adorandose. Las palabras sobraban los sentimientos se desbordaban. Y solo deseaban amarse, olvidarse de todos sus pesares. Se fueron recostando, Albert continuaba prodigando caricias y besos. Candy disfrutaba esa cercanía que la hacía feliz. Sí, se sentía inmensamente feliz. Sus instintos les guiaron, eran inexpertos. Pero, se prometieron seguir sus sentimientos. Ambos se desnudaron lento, vieron perfección y admiraron sus cuerpos... eran magníficos, hermosos y jóvenes. Albert se sentía sobrepasado por todas estas emociones y tenía disparados sus sentimientos. Sentía excitación, miedo, ternura, adoración... Y ¿amor?. Sentía un gran sentido de posesión. Albert no sólo deseaba hacerle el amor, deseaba venerarle. Su excitación se tornó aplacada, quería tomarse su tiempo y no acelerar nada. Le acariciaba como si su cuerpo fuese una hermosa flor y cuidaba que no se deshojara. Sus labios recorrían ese bello cuerpo, su suavidad blanquecina lo tenía al limite de sus deseos. Pero, mantendría resguardado su ímpetu. Sus manos tocaban cada parte de esa anatomía y la sedocidad de esa piel lo quemaba, lo hechizaba. Candy aceptaba sumisa lo que su caballero quisiese tomar de ella. Era poco ya, puesto que Candy ya le había entregado todo de ella y esta entrega... sólo sellaría un feliz por siempre... sí, Candy le pertenecía por toda la eternidad, aún así sí ella muriese... Su cuerpo, su alma y su cuerpo astral le pertenecería por siempre. Candy lo acariciaba con sus manos temblorosas por la emoción e inocencia. Deseaba ser adorada por este hombre bello de cuerpo y alma. Albert jamás había estado con ninguna mujer, era inexperto. Pero, la fuerza de atracción era intensa, sus cuerpos se acoplaban, se guiaban por si solos. La química entre ellos hacían una mezcla perfecta. Candy emanaba energía, inocencia... la sangre corría en todo su cuerpo y se aceleraban sus pulsaciones y el corazón veloz quería salir expulsado de su pecho. Sus bocas se unían en desespero y deleite. Sus respiraciones ardientes se unían en una necesidad que rayaba en lo mágico y terrenal. Albert y Candy, jamás habían sentido esto por nadie. Y se entregaban sin poder evitarlo, sin haberlo planeado. No importaba el tiempo y el espacio. ¿qué importaba si sólo tenían poco tiempo de conocerse? La conexión existía y hoy, en este momento... se entregaban como si no existiera un mañana. No importaba si Candy era un ser mágico y Albert un ser terrenal. Cuando dos cuerpos y dos almas se entregan con honestidad y sin malicia, todo puede suceder.

—Candy... —eres hermosa y sabes a gloria, permíteme conocer tu ser, tu interior. Quiero explorar y profundizar tu sendero cálido—Albert decía contemplativo, suplicaba con esa mirada azul cristalina. Candy deseaba más de Albert y sin saber que era eso que su cuerpo exigía. Asintió vehemente y sin pudor alguno, separó sus piernas deseando ser llenada, deseando sentir satisfacción... Albert, rasgo su gracilidad. Candy, ahogó un grito de dolor y placer. Albert atrapó con su boca esos jadeos cálidos... le besó sutil y reclamante. Candy sintió el acoplamiento e instó el va y ven. Albert, con toda la paciencia del mundo se sumergía en ese fogaje, que le calentaba toda su piel.

—Oh, esto es maravilloso—expresó Candy vehemente. Se dejaba llevar por las miles de emociones que estaba conociendo y se entregaba sin miedos, se entregaba a este hombre que la estaba haciendo mujer. Albert encajaba perfecto, estaban hechos el uno para el otro. Sus cuerpos se mezclaban compatibles. La energía fluía unificandose y perteneciendose. Estaban por llegar a la cumbre, no deseaban separar sus cuerpos. Albert se hundía en Candy y veneraba esa boca. Ambos sentían venir ese estallido de satisfacción.

Y ahí estaban dos cuerpos en la cima del éxtasis, el goce era supremo. Albert expulsó en Candy todo su ser y conoció lo que era el amor. Candy recibió todo lo que Albert le ofrecía y se sintió feliz y plena. Su corazón volvió a funcionar y toda tristeza se esfumó. Albert le miraba con adoración y con una dicha que había olvidado.

—Candy, te amo...—Albert dijo aún con su voz entrecortada por los efectos del intenso orgasmo.

—Albert, te he amado desde que vi por primera vez tus hermosos ojos azules... —Candy rindiendose a estos sentimientos nacientes. Albert le sonrió y se sintió afortunado por sentirse correspondido. Y tomó nuevamente esos labios que no lograba saciarse de éstos. Candy correspondió con ímpetu y se amaron todo lo que restaba de la noche. Sin importar el mañana.

Dos almas abandonandose en el placer. Abandonandose a un destino incierto...

Continuará...

Chicas buenas noches, les dejo actualización y espero sus comentarios. Agradezco su tiempo y leo feliz sus impresiones de la historia que escribo con gusto y alegría para todas ustedes. Besos a todas.