A/N: Una vez más, no leáis esto en público.
Capítulo 9: Definitivamente picante
Hotel Parl Lane, Nueva York
14 de julio del 2026, 22:31h
El beso en el ascensor encendió una llama en el estómago de Beca que, si hubieran podido continuar y las cosas hubieran ido escalando y progresando, habría evolucionado hacia el rugido de una hoguera.
Sin embargo, la interrupción del grupo de la despedida de soltera fue como si hubieran apuntado un extintor a la llama hasta asfixiarla y dejarla reducida a nada más que ascuas.
Beca apenas ha terminado de entrar en su habitación cuando todos sus sentidos son asaltados a la vez por Chloe, quien la empuja contra la puerta entornada hasta que se cierra de un sonoro portazo tras su espalda.
La morena gime un sonido de protesta bajo los ansiosos labios de Chloe y gira un poco la cabeza, lo suficiente para poder hablar.
- Kyle está… Habitación de al lado… Silenciosas… – musita, incoherente, con la esperanza de que Chloe rellene los huecos entre palabras para encontrarle el sentido.
Chloe asiente de manera tan ferviente que Beca no está del todo segura de si está asintiendo para dejarle saber que ha captado el mensaje y no tiene de qué preocuparse, o si simplemente asiente para que Beca se calle de una vez y continúe besándola.
La lengua de Chloe se cuela entre sus labios y cada roce es como un soplo de aire fresco sobre las ascuas en su abdomen. Pronto, esas brasas se convierten en un incendio entero que amenaza con quemar a Beca violentamente de dentro hacia fuera.
Y Beca siempre culpará a eso de tardar tanto en darse cuenta de que su habitación parece el Polo Norte.
Sus instintos básicos están adormilados por la boca abrasiva de Chloe, los dedos enredados en su pelo, los pequeños suspiros que llegan a sus oídos, la forma en que las caderas de Chloe la tienen completamente atrapada y aplastada contra la puerta.
No es consciente de nada de lo que la rodea hasta que se separan un instante para coger aire, y en esa breve pausa el frío del ambiente se pega a ellas como una segunda piel cansada de ser ignorada.
- Jesús – murmura Beca, contrariada –. Parece que estemos en un congelador.
Chloe se separa de ella con un escalofrío, como si no hubiera sido del todo consciente del frío que hace hasta ahora que Beca lo ha dicho en voz alta. Camina hasta el monitor del termostato y deja escapar un bufido escandalizado.
- Es que está a 17ºC
Beca sacude la cabeza y cruza la habitación hasta una de las mesillas de noche que flanquean su cama para coger el mando del aire acondicionado.
Apunta en dirección a la máquina que cuelga de encima de la puerta y esta se apaga con un pitido. La luz cambia de verde a roja, y cesa el zumbido constante del aire frío que estaba escupiendo.
- Mucho mejor – suspira Beca con un pequeño asentimiento.
El problema es que ahora se ha quedado helada. Venían sudando de haber pasado la tarde en la calle bajo el húmedo calor veraniego de Nueva York, y semejante contraste de temperaturas se ha notado.
Se pasa una mano por los brazos para espantar la piel de gallina y ve que Chloe también tiene los brazos y las piernas cubierta en ella.
- ¿Te apetece un baño calentito? – ofrece mientras abre la puerta del baño y enciende la luz para revelar el interior de cálido mármol. Se gira hacia Chloe con una sonrisa sugerente –. Tengo bañera.
La bañera había sido una grata sorpresa. Empotrada en un pequeño altillo de azulejos en una de las paredes del baño, invitaba a ser usada solo con su mera presencia.
Beca no espera a una respuesta para entrar a abrir el grifo. Lo gira completamente hacia la izquierda, coloca el tapón en el desagüe, y se sienta en un lateral a ver cómo el agua comienza a acumularse lentamente.
El baño ya está lleno de vaho para cuando Chloe entra y cierra la puerta tras ella.
Beca está a punto de hacer un comentario burlón sobre lo mucho que ha tardado en venir cuando gira la cabeza para mirar por encima de su hombro y casi se atraganta con su propia saliva.
Ahí está Chloe, llevando solo una sonrisa pícara y el pelo recogido en un moño alto.
Sus pies descalzos apenas hacen ruido al posarse en las tilas del suelo para cruzar el baño. Una de sus manos acaricia los hombros de Beca a su paso, mientras sube los dos escalones de azulejos.
Beca siente su presencia en su espalda y se gira para poder seguirla con la mirada.
Chloe deja escapar un pequeño siseo al sumergirse en el agua excesivamente caliente y se recuesta en el mármol blanco de uno de los extremos cortos de la bañera semi llena.
- Tu turno – ronronea, y en su azul bebé relampaguea el brillo del desafío.
Beca se incorpora despacio y sus dedos tiran de la fina tela de su camiseta de tirantes, haciendo el amago de ir a sacarla de dentro de sus vaqueros. La mirada de Chloe cae inmediatamente en la trampa y Beca sonríe.
- Tú no me has hecho un striptease – observa.
- No – admite Chloe, levantando la mirada con calma –, pero te he dado otro tipo de show – saca una mano del agua creciente y hace un gesto circular con ella –. Me he paseado desnuda.
Beca no intenta rebatir ese argumento.
Desde el primer momento sabía que iba a acabar desnudándose para Chloe y no tenía ningún problema con ello. Es más, la idea lanza un rayo de excitación por su cuerpo y siente un hormigueo comenzar a bullir justo debajo de su piel.
Pero es parte del juego que Beca se niegue, o proteste, solo para acabar sucumbiendo a la voluntad de Chloe.
Esta vez, cuando sus dedos se enganchan en su camiseta, sí que los cierra con fuerza y tira hasta que la tela se desliza centímetro a centímetro del interior de sus vaqueros. Cae por peso propio alrededor de sus caderas y Beca se la quita con solo una mano.
La suave tela negra resbala por su brazo hasta caer hecha un guiñapo en el suelo, al lado de sus pies. Se pisa las Converse para quitárselas, y las tira en una dirección cualquiera, seguidas de sus calcetines.
Puede ver la mirada de Chloe oscurecerse cuando sus manos sueltan el botón de sus vaqueros, y el rasgar de la cremallera al bajarse nunca había sonado tan alto en todas las veces que se los ha puesto.
Una salpicadura llama su atención cuando está a medias de deslizar los shorts por sus piernas, y alza la cabeza a tiempo de ver una pierna de Chloe emerger del agua de la bañera y estirarse para cerrar el grifo con un empujón de sus dedos.
Chloe vuelve a hundirla despacio, dejando que Beca la aprecie al máximo, y luego se recoloca en el borde la bañera en una postura que delata impaciencia.
Beca alarga al máximo sus movimientos solo para hacerla rabiar un poco: saca pecho cuando dobla los brazos tras su espalda para desenganchar el sujetador, se coloca de costado cuando empuja sus bragas pasadas sus caderas.
Escucha la exhalación de Chloe ahora que ya no hay ningún sonido tras la que enmascararla, y Beca siente su propio deseo bullir bajo su piel.
Sube los dos escalones de la bañera y espera pacientemente mientras Chloe se desliza hacia delante para hacerle un hueco. Beca cree que se va a poner en el extremo opuesto, sin embargo, Chloe vuelve a ocupar su lugar anterior en cuanto Beca se sienta.
Sus torsos desnudos entran en contacto en tantos puntos diferentes que los nervios de Beca sufren una auténtica sobrecarga por tanta estimulación, y sus manos se crispan sobre el borde de la bañera.
Pero Chloe no parece darse cuenta de nada de esto, ni parece estar teniendo el mismo problema. Simplemente se recuesta contra el pecho de Beca y descansa su cabeza sobre su hombro con un suspiro satisfecho.
Y Beca…
Beca piensa: a este juego pueden jugar dos.
Deja de frenar a sus dedos, que llevan ansiando recorrer la piel de Chloe desde que la vio por primera vez en la puerta de su casa. Aunque, si Beca es sincera consigo misma, ese deseo viene de mucho antes.
Desde Barden. Desde Barden hace dos meses.
Desde que eran dos simples universitarias, y desde que volvieron diez años más tarde como alumni.
Empieza a trazar un mapa invisible por la piel de Chloe: sus hombros, sus brazos, sus dedos, sus clavículas, su cuello, sus piernas, su pecho. Su roce se acerca a las zonas donde Chloe más lo quiere, pero solo para rodearlas en círculos que se amplían cuanto más necesitada se deja ver.
Se dedica a tentarla y volverla loca, y Chloe se deja hacer con gusto, descansando cada vez más sobre su pecho.
Beca casi se pierde en el trance de sus movimientos, en lo familiar de la superficie sobre la que se desliza, pero una pregunta repentina de parte de Chloe lo impide.
- ¿Por qué no me contaste lo de Lucy?
No hay acusación alguna en el tono de Chloe, solo curiosidad.
Cuando Chloe miente, cuando Chloe está enfadada o dolida, su garganta se tensa por el esfuerzo que hace para mantener sus sentimientos en orden, y traga saliva constantemente para deshacer el nudo de su garganta y que su voz no suene ahogada.
Beca sabe todo esto porque se ha pasado años estudiando a Chloe, y por eso sabe que ahora Chloe no le está mintiendo.
No se está obligando a sonar despreocupada para enmascarar sus verdaderas emociones, sino que su curiosidad es genuina. Quiere entender, y quiere hacerlo escuchándolo directamente de Beca en lugar de formarse sus propias teorías.
Aun así, Beca detiene sus caricias y su dedo se queda posado sobre el afilado ángulo de la clavícula derecha de Chloe.
Frunce el ceño y reflexiona seriamente. Si Chloe ha preguntado, entonces Beca puede hacer el esfuerzo de darle una respuesta sincera y no contestar algo así como así solo para dejar el tema zanjado.
- Supongo que… porque no es importante – murmura tras un breve silencio. Ladea la cabeza en dirección opuesta a la que descansa la de Chloe y emite un sonido pensativo –. No significa nada.
Retoma el deslizar de sus dedos sobre la clavícula de Chloe y de inmediato la siente abandonarse a su roce con un suspiro.
- Y, si te soy sincera – sigue diciendo, chocando suavemente su mejilla con la cabeza de Chloe –, no he vuelto a pensar en ella ni una sola vez desde que supe que iba a venir a Nueva York.
- ¿Cómo la conociste? - inquiere Chloe.
- En el bar de un hotel en San Francisco, acababa de terminar una reunión cuando se me acercó. Y admito que al principio pensé que era una fan en busca de una foto – Chloe bufa una risa –, pero solo me pidió usar el cargador del iPhone porque su móvil había muerto y estaba esperando una llamada importante.
Beca descansa la cabeza en el borde de mármol de la bañera para volver a revivir esa noche.
- Me invitó a una copa, como agradecimiento, y nos pusimos a hablar… En realidad no tenía ni idea de quién era yo – recuerda Beca con diversión –. Me dijo que las únicas noticias a las que prestaba atención eran a las del mercado bursátil.
- ¿En qué trabaja? – inquiere Chloe, curiosa.
- Es... bróker – el tono de Beca está lleno de duda y se parte a la mitad de la palabra, indeciso. Su ceño se frunce en una mueca –. No estoy segura, sé que es algo relacionado con acciones y la bolsa porque siempre está despierta a las horas más raras y viaja constantemente.
- Vaya, tu alma gemela – se burla Chloe con una sonrisa que Beca solo llega a atisbar por los bordes.
Beca exhala una risa.
- Mi alma gemela sexual, en todo caso – bufa en actitud desdeñosa –. Y, si me apuras, ni eso.
- ¿Oh? – y ahora sí que ha picado el gusanito de la curiosidad de Chloe, lo puede notar en la forma en que su cuerpo se tensa ligeramente como muestra de que tiene toda su atención –. ¿Acaso no es buena en la cama?
- Si no fuera buena en la cama no habría aceptado su proposición, ¿no crees? – razona Beca en tono bajo –. Sirve a su propósito, pero tampoco es que me haga ver las estrellas, que se diga.
Aquí, Beca hace un poco de trampa.
Se dice que ya ha tentado demasiado a Chloe, pero realmente la mueven motivos puramente egoístas.
Desliza las puntas de sus dedos en pequeñas eses desde sus clavículas hasta la aureola de sus pechos, donde recorre el perímetro entero antes de ir haciendo los círculos cada vez más y más pequeños. Cuando por fin pincha sus pezones, están tan duros como piedras.
Chloe jadea y deja caer su cabeza en el hombro de Beca, sin fuerzas.
- ¿Por qué? ¿Estás celosa? – pregunta, en broma, sin ninguna intención de obtener una respuesta seria.
Pero Chloe se la da de todos modos. Solo que… no como tenía planeado.
- No – su voz suena un poco airada, pero no es eso lo que capta la atención de Beca. No, lo que le interesa es la forma en que su tono traiciona a Chloe, alzándose en la vocal de forma que su negación suena algo insegura, algo falsa.
Chloe suelta un resoplido frustrado y sacude su cabeza en el hombro de Beca, quien sonríe contra su pelo y captura el cartílago de su oreja entre sus dientes.
- ¿Quieres volver a intentarlo? – ofrece en un susurro sugerente y cargado de diversión.
Una de las manos de Chloe salpica agua fuera de la bañera cuando la deja caer plana sobre su pierna doblada en un gesto de protesta.
- A veces eres odiosa – dice en un falso quejido.
Beca ríe con maliciosa satisfacción. Vuelve más firme el abrazo de sus piernas alrededor del cuerpo desnudo y resbaladizo de Chloe al sentirla moverse como si estuviera a punto de marcharse.
Y porque es muy rara vez que Beca tiene material con el que meterse con Chloe, lo explota al máximo en su beneficio.
- Sabes que no tienes motivos para estar celosa, ¿no? No es en Lucy en quien no he podido dejar de pensar desde hace dos meses – murmura al oído de Chloe.
Sus manos masajean sus pechos, recordándole que siguen ahí, y pellizca sus pezones. Chloe se estremece entera contra ella y sus caderas cobran vida propia, agitándose bajo el agua y causando que pequeñas olas se estrellen contra el mármol de la bañera.
Beca siente un fuerte ramalazo de deseo golpear su estómago como el restallido de un látigo, como si las ondas que el movimiento de Chloe ha provocado hubieran repercutido en su interior.
Logra controlarlo, pero solo apenas.
- De hecho – continúa en tono bajo mientras deposita húmedos besos en el largo cuello de Chloe, quien mueve su cabeza para poner más piel a su disposición –, si te tuviera más cerca, nunca me habría hecho falta una Lucy.
Beca no piensa en las consecuencias de lo que está admitiendo. No piensa en su significado, ni en lo que implican para ella, para ellas. Porque lo único en lo que es capaz de pensar ahora mismo es en hacer sentir bien a Chloe.
Chloe no se resiste más y se gira como puede en el limitado espacio que le proporcionan las piernas de Beca y las paredes de la bañera. Atrapa los labios de la morena en un beso tan necesitado que es un poco desastroso al principio.
Las manos de Beca recorren el cuello que hace un minuto estaba besando hasta enmarcar la mandíbula de Chloe por ambos lados, manteniéndola ahí, todo lo cerca que le es posible. Su lengua se cuela en el cálido interior de su boca y lo explora con la avidez de un adicto.
Chloe gime, desesperada.
- Bec… – suplica.
Y Beca obedece, porque su propia paciencia ha desaparecido a estas alturas.
- Siéntate en el borde de la bañera – ordena, su voz directa y grave.
Chloe parece ligeramente confundida, pero hace lo que se le ha pedido de todos modos. Se levanta y su cuerpo desnudo, normalmente algo glorioso de ver ya de por sí en circunstancias normales, brilla por los ríos de agua que lo recorren.
Beca siente su respiración atascarse, y una vez ya haya pasado todo y se acuerde de este momento, dudará de si alguna vez llegó a recuperarla.
Chloe toma asiento en el borde de mármol y no puede evitar dar un pequeño brinco cuando su espalda hace contacto con los azulejos fríos de la pared. Una vez se acostumbra al contraste, se recuesta contra ellos y sus ojos relucen al comprender las intenciones de Beca.
Sube uno de sus pies al borde, el otro lo mantiene en el fondo de la bañera, creando entre sus piernas un espacio que lleva el nombre de Beca.
La morena se desliza hasta ocuparlo y no se anda con rodeos de ningún tipo: su boca se dirige directamente al sexo expuesto de Chloe y lo recorre de arriba abajo con una primera pasada de su lengua, aplicando presión en la zona del clítoris.
Chloe jadea algo completamente incoherente y deja caer la cabeza hacia atrás hasta que choca con la pared en un golpe quedo.
Una de sus manos se agarra al borde de la bañera hasta que sus dedos se vuelven blancos, y la otra cae hasta reposar sobre el pelo de Beca. Engancha un mechón de su flequillo tras su oreja para que no le moleste, y Beca le sonríe desde su posición entre sus piernas, la lengua asomando entre sus labios abiertos.
Eso hace que Chloe escupa un juramento inaudible, sin aliento, y la sonrisa de Beca solo se amplía mientras aumenta sus esfuerzos.
Su lengua adora lo que toca, sus labios besan y sorben, sus dientes rozan solo la cantidad justa para resultar placentero.
Siente el comienzo de los espasmos de los músculos de Chloe, los que preceden el orgasmo, y baja hasta colar su lengua en su interior todo lo que le permite la posición en la que están.
Chloe suelta un audible gemido y su mano se tensa en el moño de Beca al mismo tiempo que todo su cuerpo se vuelve rígido. Beca continúa con los movimientos de su lengua y le da un último sorbido a su clítoris.
Es justo lo que Chloe necesita: se sacude con un orgasmo tan poderoso que Beca tiene que ayudarla a mantenerse sentada.
Con cuidado, Beca la guía hasta que resbala de nuevo dentro de la bañera, el agua ya tibia, y llena su rostro extasiado de dulces besos mientras espera a que el alma de Chloe regrese a su cuerpo.
Sus manos acarician bajo el agua las piernas que Chloe tiene extendidas sobre las suyas, pero no busca nada más allá que reconfortarla. Azul bebé se abre con un parpadeo desorientado y somnoliento, y Beca no puede evitar reírse suavemente.
- ¿Bien? – inquiere, rozando su mejilla con sus dedos arrugados al recolocar un mechón que se le ha quedado pegado a la piel mojada.
Chloe asiente, devolviéndole la sonrisa.
- Mejor que bien.
Comparten un beso lento que Beca se ve obligada a romper por un enorme bostezo que le es imposible contener. Aparece tan de la nada, que ni siquiera le da tiempo a alzar una mano para taparse.
Emite un gemido contrariado y esconde su rostro en el hueco del cuello de Chloe, quien ríe y rodea su cuerpo con sus brazos.
- Vaya – murmura, divertida –. Esa es la primera vez que alguien reacciona así al besarme.
Beca resopla una carcajada.
- Perdón, ha sido un día muy largo – se disculpa tras otro bostezo –, y para mí son ya como las dos de la noche.
Un sonido de comprensión sale de la garganta de Chloe y Beca nota las vibraciones en su frente. Los dibujos sin sentido que los dedos de Chloe dibujan en su espalda y la calma del momento la arrullan hasta casi el sueño.
Pero entonces, Chloe suspira y quita el tapón de la bañera. El silencio se ve reemplazado por el sonido de succión del desagüe al tragar tanta cantidad de agua y la paz de Beca se ve arruinada.
La situación empeora cuando Chloe hace uso del borde de la bañera en el que antes estaba sentada para levantarse.
- Vamos a la cama… A dormir – añade con una risa al ver el brillo en la mirada que Beca le lanza.
Beca protesta, aunque termina por aceptar la mano ofrecida. No tiene ninguna gracia quedarse en una bañera vacía ella sola y, además, empieza a tener frío ahora que no está sumergida en agua caliente.
Cuando se secan los cuerpos con las mullidas toallas del hotel, se lavan los dientes en el lavabo, se visten con sus pijamas, Beca experimenta una fuerte sensación de déjà-vu.
Es todo tan doméstico, tan parecido a cuando dos meses atrás se preparaban en otra habitación de hotel para volver a sus vidas. Solo que, ahora, se están preparando para irse a la cama y disfrutar de estar juntas por unas horas más.
Se acurrucan bajo el esponjoso nórdico y las frescas sábanas blancas, y el cuerpo de Beca suspira de alivio porque parece que se acabe de tumbar sobre algodones.
Cierra los ojos, pero vuelve a abrirlos al escuchar la televisión. Lanza una mirada por encima del borde del nórdico y ve que Chloe ha puesto un maratón de viejos episodios de CSI: Miami.
- ¿Te molesta? – pregunta Chloe en casi un susurro.
Beca niega con la cabeza sobre la almohada.
- ¿No vas a dormir?
- En un rato – responde Chloe –. Todavía no tengo sueño.
Una de sus manos cae sobre el pelo de Beca, quien, en una imitación casi perfecta de un cachorro de gato, se enrosca sobre sí misma más todavía hasta que su cabeza golpea la cadera de Chloe.
Los dedos comienzan a jugar con sus mechones y Beca se queda dormida en tiempo récord.
Hotel Parl Lane, Nueva York
15 de julio del 2026, 00:09h
Beca vuelve a abrir los ojos con la sensación de que solo ha dormido cinco minutos, pero su lado racional le dice que ha debido de ser algo más.
Ya no está tumbada de costado y mirando hacia Chloe, sino boca abajo, abrazada a la almohada; y la mano que jugaba tranquilamente con su pelo ahora dibuja figuras sobre la tela que cubre su espalda y la piel expuesta de su cuello.
La sensación es tan placentera que podría volver a quedarse dormida de inmediato si tan solo cerrase los ojos por más de cinco segundos, lo cual le lleva a preguntarse con el ceño fruncido por qué se ha despertado exactamente.
Gira la cabeza en la almohada y cambia de postura, estirando la pierna que tiene doblada para doblar la que tiene estirada. Es en ese cambio, en el movimiento y el roce de sus muslos, que es repentinamente consciente del pulso que late entre ellos y que se niega a ser ignorado por más tiempo.
Todavía con media cara enterrada, abre un único ojo para mirar a Chloe.
La familiar voz de Horatio ha sido sustituida por los toques cómicos de un viejo episodio de Modern Family al que Chloe no está prestando atención alguna. Tiene el móvil en la mano y sonríe, su labio inferior atrapado entre sus dientes, mientras sus dedos toquetean la pantalla.
- ¿Estás mandando mensajes picantes mientras duermo a tu lado? – pregunta Beca con voz ronca y algo adormilada todavía.
Chloe baja la mirada, sorprendida al verla despierta, pero pone los ojos en blanco en cuanto ve la sonrisa de Beca aplastada contra la funda de la almohada.
Como toda respuesta, Chloe se limita a girar el iPhone para enseñarle su Twitter abierto y los diferentes iconos en verde y rojo que señalan los RT y FAV que ha estado dando.
Beca hace chascar su lengua en un sonido decepcionado del que Chloe se ríe, arqueando las cejas.
- ¿Preferías que fueran mensajes picantes?
- Es más emocionante – Beca se encoge de hombros como puede, y el único ojo que su postura deja a la vista reluce en la semi penumbra con un brillo burlón.
- ¿Y con quién iba a estar hablando si tú estás aquí? – inquiere Chloe ladeando la cabeza con curiosidad.
Beca siente una ligera punzada de posesividad al saber que Chloe no contempla la idea de tener a alguien más con quien tener conversaciones elevadas de tono, que solo las tendría con ella.
Sin embargo, sabe que no debería resultarle tan satisfactorio, y solo se permite saborear esa sensación unos segundos antes de asfixiarla y pisotearla hasta que quede completamente extinguida.
- Con un amante secreto – sonríe Beca.
Chloe suelta una carcajada y niega con una sacudida de cabeza.
- Me temo que tú eres la única con amantes secretos.
Beca ríe quedamente.
- Creía que ese tema había quedado zanjado.
Chloe no responde, solo le regala una sonrisa enigmática y se reclina en sus almohadas para estar un poco más cerca de Beca. Con ambas manos planas bajo su mejilla, recorre el rostro de la morena con sus ojos como si estuviera buscando algo.
- ¿Qué haces despierta? – pregunta en tono bajo.
Beca cuela un brazo bajo su almohada para abrazarla y estar más cómoda. Se humedece los labios con la lengua antes de responder.
- Estaba teniendo un sueño…
- ¿Picante? – interrumpe Chloe con una sonrisa y ojos brillantes.
Beca se pausa.
Los restos del sueño que permanecen pegados a su memoria están borrosos, con los bordes resplandecientes como si se hubiera tratado de una fantasía, y apenas recuerda los detalles más allá de que sabe que Chloe salía en él.
Sin embargo, Chloe se toma su silencio como una confirmación y esboza una sonrisa llena de deleite. Se desliza sobre las sábanas hacia Beca, su mirada oscura como la de un depredador que acaba de tropezar con su víctima favorita en una posición vulnerable.
Beca siente sus dedos caminar por su espalda hasta que esa mano se cuela entre sus piernas y de repente solo es capaz de jadear ante el roce inesperado de esos dedos sobre la húmeda tela de sus bragas.
- Mmmm – murmura Chloe, complacida –. Definitivamente picante.
La mano hace el amago de ir a retirarse, pero Beca la busca a ciegas a su espalda y sus dedos se cierran en torno a la muñeca de Chloe.
- ¿Necesitas que te eche una mano? – pregunta con una risa apenas contenida –. La última vez no tuviste problema alguno en solucionarlo tú solita – le recuerda en un ronroneo.
Beca gime cuando los dedos de Chloe se rozan de uno en uno contra ella y vuelve su agarre en su muñeca más firme.
- Tócame – pide, ordena, suplica, suspira, todo en una sola palabra.
Tener una mano atrapada entre las piernas de Beca no detiene a Chloe. Retira las sábanas para no enredarse con ellas y de un solo movimiento que hace parecer lo más fácil del mundo, pasa a sentarse a horcajadas sobre el culo de Beca.
Inmediatamente recupera su mano, pero Beca ni siquiera piensa en quejarse porque esos dedos acarician sus caderas al colarse bajo los bordes de sus bragas. Las deslizan por sus piernas hasta poder quitárselas.
Lo siguiente en desaparecer es su camiseta, en lo cual Beca tiene que asistirla e incorporarse de la cama con ayuda de sus antebrazos.
Queda completamente desnuda y a la merced de Chloe, y Beca piensa que esta es una de sus posiciones favoritas.
Una corriente de aire golpea su espalda desnuda y cuando ladea la cabeza en la almohada para mirar por encima de su hombro, ve que Chloe también se ha desnudado. No tiene otra forma de comunicar su apreciación que gimiendo y moviendo sus caderas sobre el colchón.
Entonces, Chloe hace algo que lleva a Beca al borde de la locura: se sienta en su culo y Beca se vuelve completamente loca de deseo al notar el calor y la humedad que desprende Chloe en contacto directo con su piel.
Lanza sus caderas hacia atrás y Chloe se deja caer hacia delante, ambas manos en el colchón, con un fuerte jadeo sorprendido.
- Beca… – empieza a decir, como si estuviera a punto de objetar.
Sus pezones erectos acarician la espalda de Beca, que vuelve a balancear sus caderas.
- Joder, Beca – gruñe al final.
Chloe busca sus manos bajo la almohada, empujándola contra el cabecero cuando se interpone en su camino. Entrelaza sus dedos con los de Beca, con fuerza, y los usa como punto de agarre al comenzar a frotarse contra ella.
Sus jugos se extienden en la piel de las cachas de Beca, que se alza con cada vaivén para que Chloe tenga mayor fricción.
- Así, así – jadea.
La frente contra la cama y los ojos cerrados, Beca se sobresalta ligeramente al sentir dientes en su omóplato. Una lengua suaviza el ardor del mordisco y labios trazan un mapa por su piel expuesta.
Tiene la certeza de que sería capaz de correrse solo así, a pesar de que Chloe no la está tocando.
Igual que si hubiera escuchado sus pensamientos, Chloe libera de una de sus manos de entre los puños de Beca y deja un reguero de piel de gallina allí donde las puntas de sus dedos se deslizan por su espalda, su cadera, hasta colarse entre sus piernas.
Chloe no se anda con rodeos: empapa dos dedos en la humedad acumulada y los inserta profundo, curvándolos antes de extraerlos.
Beca se lo agradece con un gemido descontrolado. La postura en la que están causa que los nudillos de Chloe toquen un punto en su pared interna que hace que su cabeza dé vueltas, y entierra la cara en el colchón en un intento de ahogar sus sonidos desesperados.
- Déjame oírte – ordena Chloe en su oído, su voz tan cargada de deseo que suena casi desconocida.
Beca se estremece y gira la cabeza, su mejilla aplastada contra el colchón. Chloe aumenta su ritmo: el de sus dedos, profundo y fuerte, mientras los bombea dentro de Beca; y el de sus caderas, en busca de su propio placer.
Se mueven a tiempo en un vaivén que sacude la cama, pero ninguna de las dos le da importancia alguna.
La mano de Chloe que sigue entrelazada con la de Beca se tensa, en un primer aviso de que está cerca del precipicio. Beca decide usar la que tiene libre y la cuela entre su cuerpo ondulante y el colchón.
Se frota el clítoris de forma casi furiosa, y empieza a ver estrellas tras sus párpados cerrados.
- ¿Te estás tocando? – jadea Chloe en su oído. Beca solo gime un sonido de afirmación y Chloe musita una maldición –. Dios, me vuelves loca.
Como queriendo demostrar que no miente ni exagera, Chloe redobla sus esfuerzos y hunde sus dedos en Beca hasta que se le ponen los ojos en blanco del placer.
- Chlo... – exhala en tono de advertencia.
La pelirroja le da un suave apretón en sus manos unidas para comunicar que la ha oído.
- Yo también – murmura con absoluta concentración mientras sus caderas se vuelven erráticas.
Usa el impulso de sus propios movimientos para empujar sus dedos más dentro de Beca, todo lo que es posible, alcanzando nuevas profundidades que tienen a Beca segura de que se va a morir cuando por fin se corra.
Chloe alcanza el orgasmo primero. Su cuerpo se tensa, se estremece y se sacude sobre Beca, y esta siente correr por su cacha derecha los jugos provocados por el orgasmo.
Eso parece ser todo lo que Beca necesita. Con un sonoro gemido, ve el universo entero estallar tras sus párpados cerrados y lo siente en la zona baja de su abdomen.
Se aprieta tanto que atrapa los dedos de Chloe bien en su interior. Cuando Chloe finalmente los extrae, a pesar de ir con el máximo cuidado para no hacerle daño, termina provocándole un segundo mini orgasmo por reacción en cadena.
Beca se queda totalmente agotada, jadeando fuerte sobre el colchón, y recupera el brazo que tenía atrapado bajo su cuerpo antes de que se le quede irremediablemente dormido.
Con medio cuerpo encima de Beca, y una pierna todavía alrededor de sus caderas, Chloe se deja caer a su lado y comparten una mirada maravillada.
- Ha sido… – empieza a decir Chloe.
- Uno de los mejores de toda mi vida – afirma Beca todavía algo falta de aire, pero sin miedo alguno a equivocarse.
La sonrisa de Chloe es cegadora y extiende una sensación cálida por el pecho de Beca que la tiene tragando saliva por algún motivo.
- Lo mismo digo – murmura Chloe.
Beca se da cuenta de que todavía tienen las manos unidas cuando Chloe le da otro suave apretón. Un brazo se enrosca en sus costillas y la atrae hacia la pelirroja, que deposita un tierno beso en su hombro.
Beca usa sus últimas energías para alzar la cabeza del colchón y buscar los labios de Chloe en un beso lento y lánguido, tan cargado de algo, que ambas se quedan un poco aturdidas cuando se acaba.
Chloe tantea a ciegas en la cama en busca del mando de la televisión, y cuando la apaga la habitación queda sumida en la oscuridad.
- Buenas noches – susurra Beca, inexplicablemente tímida de repente.
- Buenas noches, Bec – susurra Chloe de vuelta.
A/N: ¿Avanzar la trama? ¿Qué es eso? ¿Se come?
