Este Fic es una adaptación del libro "Conspiración en la noche" de Jezz Burning la cual les comparto sin fines de lucro,

sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Troll mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.

Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.

Capítulo 22

Ichigo soltó el chihuahua a regañadientes y éste corrió con la cola y las orejas gachas hacia su

dueña, que lo recogió y lo acunó junto al pecho. ¿Por qué sentiría tanto cariño por ese pedazo

de carne peluda nada bueno y a él tenía que discutirle absolutamente todo? Estaba claro, los

dioses pusieron a las hembras en el mundo para volver locos a los machos.

—¿Se puede saber qué te ha dado? —preguntó enfadada

—Ese perro tuyo es un hijo de Satanás —respondió Ichigo sin apartar los ojos de la mascota.

—¡Estás loco! Trece es muy dulce.

—¿Sí? Pues eso iba a hacer; probarlo a ver si realmente es tan dulce.

—¿Cómo puedes tenerle tanta inquina? ¡Jamás te ha hecho nada!

—¿Qué no? ¡Eso! —dijo señalándolo—. Es más mofeta que perro.

Rukia miró al chihuahua y después a Ichigo alternativamente.

—¿Quieres decir que...? —preguntó con la risa pugnando por escapar de su garganta.

—Sí. Eso mismo quiero decir.

Las carcajadas resonaron estrepitosamente. Rukia reía y reía sin parar, llevándose la mano

libre al abdomen dolorido por el esfuerzo. Ichigo terminó riendo también sin poder evitarlo.

Trece miraba hacia los dos con expresión de no entender nada, pero movió la cola con energía,

al menos su dueña parecía contenta. Ella lo dejó nuevamente en el suelo y éste trotó feliz hasta

salir de la habitación. Cuando las risas se hubieron calmado, se produjo un silencio incómodo.

Ichigo carraspeó y volvió su atención a la pantalla del televisor. Rukia dedicó unos minutos a

frotarse la cabeza con la toalla para secarse el pelo. Cuando pensó que si continuaba así

terminaría doliéndole el cuero cabelludo, miró al licántropo.

—Me gustaría saber cómo acaba la historia —dijo sin rodeos.

—Pues yo no sé si quiero proseguir.

—Vamos, Ichigo, no te hagas de rogar, me lo debes. —El sueco siguió sin mirarla. Ella robó el

mando a distancia de su mano para apagar el televisor—. Prometo que no enjuiciaré ni

censuraré tus actos.

Ichigo la miró a los ojos, aquellos enormes y profundos ojos. Para ser sincero consigo mismo,

no era su discusión lo que en realidad le molestaba, sino cómo reaccionaría cuando llegara a la

parte en la que era la protagonista.

Si hasta el momento Rukia había sentido indignación por algunas cosas, no quería pensar

cómo reaccionaría cuando supiera la verdad acerca de su intervención en el plan. Lo peor de

todo, es que su importancia era máxima y aún no había terminado.

—No me preocupa que discutas o que declares que lo hubieras hecho de otro modo. En

realidad, tú no lo has vivido, no lo has sufrido. Lo ves como un espectador que sólo puede

suponer lo que yo he sentido o padecido.

—Supongo que tienes razón.

—La tengo —aseveró—. Te lo explicaré todo. Es necesario que lo sepas.

—¿Necesario?

—Sí, porque aún no has terminado, necesitaré tu ayuda.

—La tienes —dijo—. Te he ayudado desde el principio. Bueno —se corrigió—, desde que supe

que me habían traicionado.

—Escúchame bien —dijo mirándola con intensidad—, lo que has hecho hasta ahora ha sido de

vital importancia. Pero cuando termine mi relato, es posible que no lo entiendas o que creas

que...

—No digas nada más. Continúa con la explicación y deja que yo lo valore cuando llegue el

momento.

—Como quieras.

—De acuerdo. Sé cómo conseguiste el apoyo de Uryu, pero y ¿Kaien? Dijiste que era un

desterrado, cómo ha llegado a ser Alfa de una manada.

—Bueno, la idea que yo tenía al principio para lograrlo se vio truncada por un par de individuos

que aparecieron en escena armando un lío tremendo en Inglaterra. Toshiro le pidió ayuda a Kaien, y

a la muerte de aquel me aseguré de que le relevara en el cargo. Así es como llegó a Alfa.

—¿Te aseguraste? ¿Querrás decir que Toshiro se aseguró?

—Bueno —se encogió de hombros—, una vez dentro de un cerebro, si es receptivo se pueden

implantar ideas, siempre que el individuo esté predispuesto a aceptarlas como propias. Toshiro

estaba muy cansado.

—Comprendo.

—Para introducirlo en el Consejo, usé un poco a mis contactos. No fue complicado. Además,

por el camino encontró el amor. —Ichigo puso los ojos en blanco.

—Vaya, qué bonito.

—¿Sí? En fin... Conoció a Miyako, una humana exageradamente curiosa. También la has visto

en el panel. Cuando me di cuenta de que Kaien sentía algo por ella, supe que sería el medio

perfecto para tenerlo controlado. No me mires con esos ojos acusadores —dijo—. Apenas si

tuve que intervenir un par de veces. Una vez con él para asustarlo un poco y otra con ella para

que no temiera lo que descubriría. Nada que no hubiera ocurrido igualmente con un poco más

de tiempo. Pero ya sabes que, tiempo es lo que menos me sobra. Sus destinos estaban

entrelazados. Me vino bien ya que fue la excusa perfecta para que Chad se sintiera fuera de

lugar junto a Kaien y deseara volver a su tierra.

—Donde estaban los documentos que buscabas —dedujo.

—En efecto. Además me ocupé de salvar la vida del indio ya que como te he contado tenía que

cumplir con el Pacto que firmara su padre tiempo atrás. Por eso ahora me debe un favor que me

cobraré en breve.

—Es decir, que no me equivoqué al pensar que no haces nada gratuitamente.

—Esto es una batalla de intereses, Rukia. Ni más ni menos.

—Ya veo —dijo aunque se aseguró de ofrecer una sonrisa conciliadora—. ¿Y el resto?

—¿El resto? —preguntó.

—Sí. Me has hablado de tres de los fotografiados en el panel, cinco si cuento a las hembras,

¿cómo has dicho que se llamaban? ¡Ah!, sí, Nemu y Miyako. Pero hay más.

—Supongo que te refieres a Hisagi, Kon y a esa fotografía desenfocada.

—Tú sabrás. —Se encogió de hombros.

—La última, en la que apenas puede distinguirse una figura difusa, es un intento de Einar por

fotografiar a Aizen. Fallido como supondrás. Se cuida muy bien de no mostrarse demasiado en

público y, siempre que lo hace, se asegura de que lo envuelvan las sombras. Los otros dos son

algo aparte pero también han jugado un papel importante a la hora de elegir a Uryu como

integrante de ese grupo, ya que Hisagi es un gran amigo suyo y Kon estaba, por aquel

entonces, a su cargo o algo parecido.

—¿Estaba? ¿Ya no lo está?

—No, ahora es Hisagi quien está con él. Es nagual. Y uno de los más poderosos he de añadir.

Por eso es el más indicado para ese trabajo.

—¿Por qué? ¿Kon es peligroso?

—¿El pimpollo peligroso? —Ichigo se carcajeó brevemente—. No —terminó con una sonrisa.

—Entonces no entiendo...

—Es lo único que puedo hacer para protegerlo.

—¿Protegerlo? ¿De quién?

—De Aizen, por supuesto. Si de alguna manera Aizen se enterara de que Kon vive y lograse

echarle el guante, lo usaría en mi contra del mismo modo que hace con mi padre.

—¿Es parte de tu familia?

—Sí.

—Pero tú no puedes..., es imposible que tú... —Ichigo volvió a reír a carcajadas, pero esta vez

más sonoras—. Dime que no es lo que pienso.

—No es lo que piensas.

—De acuerdo. —Rukia pareció satisfecha e incluso ridículamente aliviada—. Bueno, no es

necesaria tanta risa a mi costa, después de saber que eres algo que según las leyes naturales

de nuestra raza es imposible que exista, no puedes recriminarme que pensara que pudieses

tener hijos.

—Sí, supongo que tienes razón. Soy un bicho raro.

—Lo eres —aseguró Rukia—, en más de un sentido.

—Pero no soy el único que existe —apuntó.

—No puede haber más como tú —dijo emulando un gesto de espanto.

—No, como yo no hay más. Soy único e irrepetible.

—Gracias a los dioses. No sé si el mundo sería capaz de soportarlo.

—¿Y tú?

—No, tampoco yo lo sería. Fíjate en que tú sólo te has bastado para poner el mundo del revés a

muchos de los nuestros. Incluida yo misma.

—¿De verdad? ¿Crees que tu mundo está del revés?

—Sí. Hasta que apareciste, yo sólo era una soldado dispuesta a sacar adelante una operación.

Ichigo cambió la postura que había mantenido hasta el momento, medio reclinado en el sofá,

para sentarse erguido a su lado y mirarla fijamente.

—¿Eras o creías ser?

La pregunta consiguió que el vello de la nuca de Rukia se erizara ligeramente y sintiera un

vacío en el estómago que nada tenía que ver con la falta de alimento. En ese momento olvidó

que había tratado de firmar una tregua con él.

—¿Estás insinuando algo, Ichigo? —El interpelado notó cierto tono belicoso en su voz y volvió

a recostarse, dejando que transcurrieran un puñado de segundos, sin mirarla, antes de

contestar.

—Los que saben de mi condición me llaman señor. —Dicho esto la miró de reojo, observando

cada una de sus reacciones.

—Jamás he llamado ni llamaré señor a alguien con quien me haya acostado —respondió con

rotundidad, totalmente indignada.

—Estás asustada, puedo notarlo. Y sin embargo has sido rápida y aguda con tu respuesta. Te

entrenaron bien.

—¿Esto sólo ha sido una prueba?

—¿Qué te hace pensar eso?

—Tu comentario. —Ichigo sonrió de aquella forma peligrosa en que solía hacerlo. Rukia se

cuadró de hombros y respiró profundamente—. Ya has terminado con todos. Me has dado la

explicación para cada una de las fotografías de tu dichoso panel. Sólo falto yo.

—En efecto. Sólo faltas tú.

—¿Y bien?

Ichigo se levantó y paseó delante del sofá, de un lado a otro.

—Puede que lo que oigas no te guste demasiado.

—Ya contaba con eso.

—Incluso que te sientas estafada.

—Conozco esa sensación.

—Es posible que... —Ichigo dejó de caminar y se paró justo frente a ella para inclinarse

ligeramente, acercando su rostro al de la Pura—, no creas ni una sola palabra de lo que te voy a

contar.

—Está bien —suspiró—. Estoy preparada. Adelante.

—De acuerdo. Veamos. ¿Por dónde comenzar esto?

—¿Qué tal por el principio?

—No. Sólo conseguiría complicarte las cosas. Empecemos por el momento en que nos

encontramos en Kulturhuset. Creo que será mejor así. Si no estoy equivocado, llegaste hasta mí

con la orden expresa de infiltrarte para extraerme información relativa a mis planes. Pero con la

particularidad de no recordarlo. ¿Me equivoco?

—Supongo que mentirte no serviría de nada. Además ya hemos hablado de eso.

—Cierto, lo hemos hecho. Como sabes yo esperaba que alguien acudiera a mí para ayudarme a

realizar parte de mi plan. Alguien que debía ser un aliado. Uno de los míos.

—Sí. Me tomaste como tal.

—No. No te tomé como tal. Era a ti a quien esperaba. Tú eres de los míos. —«Sólo que no sabía

que fuera a ser una hembra y, mucho menos, que fuera a ser precisamente ella», pensó

mientras le daba la espalda y se mesaba el cabello.

—Imposible. Si fuera de los tuyos jamás me hubieran encargado esta misión.

—Eso ya lo tuvieron en cuenta cuando te prepararon para que te introdujeras en el bando

contrario.

—¡Mierda! No entiendo nada.

Ichigo giró sobre sus talones para volver a mirarla y se acuclilló frente a ella.

—¿Qué recuerdas acerca del SIN?

—No sé qué demonios es el SIN.

—El Sistema Invasivo Neuronal. Has debido recordarlo. Sé que lo recuerdas.

El eco de un dolor punzante, como una evocación del tormento que había pasado durante las

primeras horas después de despertar en aquella furgoneta, volvió a su mente en ese preciso

instante.

—Me hicieron algo. Eh... Mi memoria..., he soñado que... —murmuró llevándose las manos a

las sienes.

—Sí. Renji se hizo cargo de tu intervención.

—¿Lo conoces? ¿Conoces a Renji? —preguntó mirándolo a los ojos un momento.

—No personalmente. Pero es de los nuestros. Se juega mucho diariamente trabajando entre

ellos.

—Borraron mi memoria —dijo apretando los párpados y con la frente arrugada, esforzándose

por recordar.

—Eso es lo que creen. Pero Renji sólo la cambió de lugar. Por eso están aflorando mediante

tus sueños.

—Pensé que estaba loca. Pensé que...

—Imagino que no ha sido agradable.

—Pero ¿por qué? ¿Por qué yo...?

—Sólo era cuestión de tiempo que intentaran algo así, infiltrar a un topo entre nosotros. Lo

suficientemente cercano para poder incluso matarme si fuera necesario aunque eso contrariara

los planes que tiene Aizen para mí. Nos adelantamos suministrándole el topo. Tú, una agente

doble por así decirlo. »Creamos un historial nuevo para ti y entraste a formar parte de sus filas.

Tu experiencia y tu pericia consiguieron llamar su atención lo suficiente como para que te

eligiera. Pero durante el proceso tú llevaste a cabo otra misión que te fue implantada...

—Ichigo buscó la palabra adecuada para que ella pudiera comprenderlo y no alarmarla más de

lo necesario—. Digamos, mediante un sistema subliminal: localizar el paradero de Isshin. Lo

conseguiste, descubriste dónde lo ocultaban, incluso lograste hablar con él.

—Entonces, ellos no me traicionaron. No me utilizaron. En realidad yo...

—Eso es.

Por alguna razón que Ichigo no comprendía ese hecho hizo que Rukia se sintiera un poco

mejor consigo misma. No había sido víctima de un engaño, en realidad era ella la que había

llevado la sartén por el mango desde el principio

—Me dijo que te buscara —afirmó con los ojos muy abiertos.

—Sí.

—¿Él sabía que yo...?

—No. Puedo hablarle pero sin saber si me comprende, ver lo que él ve durante unos segundos.

No puede comunicarse conmigo aunque no comprendo por qué —dijo evidenciando la

frustración que sentía—. Hay algo que impide que él se concentre lo suficiente para permitirme

la conexión mental completa.

—El goteo... —murmuró.

—¿Qué?

—El goteo —repitió—. Le aplican un goteo constante sobre la cabeza. Recuerdo que pensé que

eso volvería loco a cualquiera.

—¡Joder! —Su ira amenazaba con desbordarse de nuevo. Respiró profundamente, no era

momento de dejarse llevar por los impulsos irracionales—. ¿Qué más recuerdas?

Rukia trató de concentrarse todo lo que pudo, pero el dolor volvía a hacerse presente, cada

vez con más intensidad.

—Únicamente mi conversación con él y cómo escapé de allí.

—¿Pero sabes dónde está? ¿Sabrías darme alguna pista? ¿Algo que pueda utilizar para llegar

hasta él?

—No. Aún no he llegado a esa parte —dijo apesadumbrada.

—Explícate.

—Es como si recordara hacia atrás —intentó hacerle entender—. Digamos que lo primero que

recordé fue lo último que viví.

—¿Y qué fue?

—Soñé que me montaba en un coche, el vehículo con el que había llegado hasta allí. Me sentía

estafada, engañada, traicionada. Fue poco antes de dar mi consentimiento para que borraran mi

memoria y aceptar esta misión. Urdí un plan para recordar. Recibo mensajes en mi IPhone para

no cometer errores y hacer algo que vaya contra mis principios.

—¿Cómo matarme? —preguntó arqueando una ceja y sonriendo de medio lado.

—Bueno, para serte sincera me he sentido tentada en alguna ocasión.

—Por la forma en que jadeas cuando nos acostamos juntos, jamás lo hubiera dicho.

—Eso es porque finjo de maravilla. Como has dicho, me entrenaron muy bien. —Ambos rieron

con ganas. Necesitaban descargar tensiones y ésa era una forma como otra cualquiera—. ¿Qué

vamos a hacer? ¿Cómo sacaremos a tu padre de esa espantosa prisión?

Ichigo volvió a erguirse y caminó de nuevo, pensando seriamente en la cuestión. Rukia se

limitó a observar su ir y venir.

—Tendremos que esperar a que recuerdes cómo llegaste —dijo después de un par de minutos

—¡Pero no sabemos cuándo ocurrirá!

—Tarde o temprano lo soñarás, igual que has soñado todo lo demás —dijo mientras apoyaba

las manos en la parte superior del marco de la puerta y hundía la cabeza entre los hombros.

—¿Y si no lo hago? ¿Y si por algún motivo falla? ¿Qué pasará con Isshin? ¿Qué pasará con

todo? —evidenció mirando la formidable espalda del sueco.

—Tendremos que confiar en que ocurrirá. No hay otro modo.

Rukia apretó los puños de pura impotencia. ¿Acaso todo por lo que había pasado ahora no

serviría para nada? ¿Y si, precisamente por la necesidad de recordar, esa parte no la soñaba?

¿Y si tardaba demasiado? ¿Y si para cuando lo hiciera ya era tarde? En ese momento recordó lo

ocurrido unos días antes.

—¡Sí lo hay! —exclamó—. ¡Lo hay!

—No quiero ni que pienses en esa posibilidad —respondió Ichigo al momento, señal de que esa

misma idea había pasado por su mente primero.

Rukia se levantó antes de volver a dirigirse a él, mostrándole así la emoción que la embargaba.

—¿Entonces de qué sirve todo lo que has hecho? ¿Y por lo que yo he pasado? ¿De qué sirve el

don que tienes? Ese poder sobre la mente...

Ichigo volvió a mirarla y la agarró por los hombros con fuerza.

—¡Ya viste lo que le ocurrió a aquel humano del callejón! ¡Reventó por dentro cuando busqué la

información que necesitaba en su cerebro! ¿Eso es lo que quieres? ¿Ése es el final que deseas

para ti? ¡No voy a hacerlo!

—Esperaremos —dijo Ichigo antes de retirarse y dejarla a solas con sus pensamientos.