—No quiero hablar más del tema, Itachi.
Han pasado tres días desde que Naruto terminó su relación sin razones suficientes a su parecer, se dio el lujo de llorar por un rato aquella tarde, lamentarse por ser tan estúpido y ahora está ahí. Sentado frente a su laptop, con su típica cara hostil sumergido en la búsqueda de un vuelo que lo lleve de regreso a Francia, de donde nunca debió salir.
—Creo que te estás precipitando, un corazón roto no debe interferir en tu formación académica. Sasuke, eres un chico brillante, superas por mucho a varios alumnos en este colegio —argumentaba el mayor en un intento por hacerle cambiar de opinión—. No tires por la borda todo el avance que has tenido, has cambiado para bien y no solo por Naruto.
—¡¿Y tu crees que no lo sé?¿crees que no me siento a gusto aquí?! —el menor dejó de teclear para encarar a su hermano—. Es la primera vez en mi vida que me siento parte de algo, que me he relacionado con más personas, que pude abrirme a nuevas experiencias ¿Y qué pasó? ¿eh? Dímelo.
—Lo sé, otouto, lo sé y en parte fue mi culpa —admitió aferrándose a el en un abrazo—. Si yo no te hubiera insistido ni aconsejado para que pudieras llegar a externarle tus sentimientos…
—¡Cállate! —exclamó Sasuke ladeando la cabeza al sentirse abochornado—. Aunque no lo creas no me arrepiento de eso, pero sin querer escuché que Naruto no piensa volver al colegio y se perfectamente que es debido a mí. Así que debo regresar y dejar todo como era antes, ese tarado si pertenece aquí —con movimientos algo bruscos correspondió a su manera el abrazo de Itachi— Y… Gracias por todo Nii-san.
—No hay de qué, solo déjame abrazarte un poco más —decía el mayor— ¿Quién va a mimarte ahora sino soy yo?
—Basta, ya soy un hombre adulto, Ita —respondió zafándose de los brazos de su hermano.
—Viernes a las dos de la tarde ¿eh? —comentó Itachi al acercarse a ver la pantalla— Vaya que tienes prisa, ni siquiera terminarás la jornada del último día de clases.
—Hm.
La conversación murió ahí, el de cabello largo no pretendía interferir más en lo que a su hermano y su cuñado respecta, incluso a Deidara le pidió mantenerse al margen de todo. El problema de ese par se resolvió de una manera bastante extrema y trágica, pero el se enfocaría en velar por el bienestar de su hermanito y nada más.
Pronto cumpliría dos semanas encerrado en su cuarto, del cual no salía más que para meter una bandeja de comida que su abuelo le dejaba en la puerta tres veces al día.
Tampoco tenía la intención de dejarse morir de inanición.
Lo único que quería es permanecer en soledad hasta que se sintiera con ánimos de retomar su vida normal, quizás cuando diera inicio el nuevo ciclo escolar y sus padres accedieran a cambiarlo de colegio, porque no, de ninguna manera seguiría asistiendo al Konohagakure por mucho que su padre y abuelo sean los dueños.
Es una decisión tomada que no pensaba cambiar por nada del mundo, sobre todo ahora que todo ha terminado entre Sasuke y el.
No sería capaz de volver a verlo, de respirar el mismo aire o compartir de nuevo el mismo salón de clases, las mismas amistades. Esas que el mismo le alentó a frecuentar.
Ya se haría de otras en su momento, se dijo, como si los amigos fueran algún objeto que puedes desechar y cambiar así nada más. Consciente de que sus acciones son por demás egoístas.
No desea ver a nadie y nadie es nadie. Su celular estuvo apagado sobre su mesita de noche desde el día que se encerró ahí, recuerda que lo usó un par de minutos solo para llamar a sus padres y luego volver a abandonarlo, no ha querido tocarlo por medio a encontrarse con mensajes de sus amigos preguntándole donde esta, si está bien o cuando vuelve.
Por miedo a terminar mirando las fotos en su galería y hallarse con que todo ahí se relaciona o tiene algo de él, de sus momentos compartidos a lo largo de varios meses como compañeros de colegio y el ultimo par de meses como pareja.
Por el terror de volver a leer sus conversaciones, que al principio no tenían mucho sentido, era solo el tratando de sacarle platica Sasuke, y poco a poco cambiaron a largas pláticas sobre sus gustos en común, hasta llegar al final usando emojis de corazón.
Por el pánico que le provoca el dudar de sus decisiones y aceptar que se equivocó.
Desde su perspectiva ya arriesgó demasiado y ahora está ahí, acostado en posición fetal, repitiéndose una y otra vez que el amor siempre será una mierda. Una gran mierda adherida a sus zapatos pero que conforme avance se encargará de limpiar.
En esas estaba cuando escuchó fuertes gritos venir de la planta baja, quiso pensar que tal vez el loco y calenturiento de su abuelo se había atrevido a traer prostitutas a la casa, así que algo cabreado se levantó con intenciones asesinas, pero todo murió en cuanto reconoció esa voz.
—¡NO ME VOY A CALMAR! —exclamaba la pelirroja— ¡Y MÁS VALE QUE NO INTENTEN DETENERME PORQUE NO RESPONDO! —amenazó tanto a su suegro como a su rubio esposo, quienes optaron por dejarla hacer lo que deseara.
«¡En la torrre!… ¡MI MAMÁ!» pensó aterrado el menor tratando de idear una forma de escapar.
Fue tarde .
Ni siquiera pudo distinguir si fue una patada o un simple empujón lo que hizo romperse a pedazos a su preciada puerta, cómplice de sus recientes dramas. En un instante una silueta de cabellos rojizos y alborotados apareció atravesando por lo poco que quedó de la madera de aquella entrada.
—¡¿ME PUEDES DECIR QUÉ DEMONIOS TE PASA?!
Minato entró inmediatamente detrás de ella, tomándola por los hombros aún bajo el riesgo de exponer también su vida y matrimonio. Para ese momento Naruto ya estaba pegado de espaldas a la pared, con cara de horror, sabiendo lo que le esperaba a partir de ahí.
—ME CONTARÁS TODO EN ESTE INSTANTE Y NI SUEÑES CON QUE TE CAMBIARÁS DE COLEGIO, VAS A TERMINAR TU EDUCACIÓN MEDIA SUPERIOR EN EL KONOHAGAKURE JUNTO CON TU HERMANA ¿ENTENDIDO?
—Sí, sí, si —respondió de inmediato y moviendo su cabeza de arriba abajo para reafirmar su contestación.
En tanto Kushina se encargaba de meter al redil a su hijo menor, Sasuke informaba a sus compañeros y amigos más cercanos, o sea Suigetsu y Juugo, que en unos días más abandonará el colegio de forma definitiva.
Siendo sinceros el pelinaranja ya se lo veía venir, es que no se necesita ser muy inteligente para poder darse cuenta de que el Uchiha terminaría por tomar una decisión como esa, por lo tanto, tampoco hay mucho que se pueda hacer para evitarlo.
—Lamento oír eso. Sobra decir que vamos a echarte de menos, para mí ha sido un …
—No, no, no ¿Cómo que vamos a echarte de menos? —interrumpió Suigetsu y fijando su atención en su gran amigo—. Compadrito, tu no te puedes ir. Todavía nos falta un año.
—No te estoy pidiendo que te vayas conmigo, tú tienes un lugar ya aquí. Solo les estoy diciendo esto porque… creo que es lo justo, —Sasuke desvió la mirada para no sentirse tan ridículo con lo que estaba por decir—. Son… mis amigos o algo así.
Lo dijo.
Muy a su estilo, pero logró expresarlo y por eso el Hozuki se arrojó sobre el para darle un apretón asfixiante y lloriquearle de manera desagradable sobre su hombro.
—Suigetsu, me estás llenando de lágrimas, sudor y mucosidades —agregó sin atreverse a apartarlo, después de todo, esta sería de las ultimas veces en que tendría que soportar esos arrebatos por parte de su amigo.
—Ah ya lo sé… lo sé —decía entre lamentos—. Sasukecito, no te vayas. Si lo haces ¿quién me va golpear cuando diga incoherencias? ¿a quién le haré bromas de ahora en adelante? —limpió su nariz con ayuda de su brazo prosiguiendo con su drama— Hermano del alma, no nos abandones así por culpa de mi cuñadito… ¿quieres que lo golpee? Lo haré, aunque después Karin me golpee a mí, ¡pero no te vayas! —suplicó.
—Tsk. Nunca dejarás de ser un idiota.
Ojalá esa fuera la solución a sus problemas. Meterle un par de catorrazos a Naruto para hacerlo entrar en razón, que entienda que lo suyo iba por buen camino, que es real.
No. Era.
Porque a fuerza ni los zapatos entran.
Suigetsu se encargó de esparcir la noticia como pólvora, por supuesto que él no está ni estará de acuerdo con la decisión de su mejor amigo y casi hermano, Sasuke Uchiha.
Algo debían hacer y por eso reunió a la mayoría del grupo para crear una conspiración, que sería encabezada por el cerebro holgazán y el pelirrojo sin cejas.
—No veo la urgencia —explicó Gaara—. Es claro que Naruto está asustado, no comprende ni admite lo que siente realmente. Él está enamorado también , tan seguro estoy que pondría mis manos al fuego por eso, solo necesita tiempo.
—Y eso es lo que no tenemos —agregó Shikamaru—. Si tan solo pudiéramos hablar con el pero muy tarado tiene el celular apagado.
—Además de que mis padres ya están en casa, lo cual nos dificultaría las cosas si optáramos por marcar directamente al teléfono —Karin resopló algo desanimada.
—Por ahora solo me ocurre una cosa —todos miraron al Nara esperanzados—. Si lo que necesitamos es un poco mas de tiempo, tendremos que hacer que el Uchiha pierda ese vuelo en lo que pensamos en algo más.
—¿Y luego? —preguntó Suigetsu.
—Después de ese día seremos libres por unas semanas, entonces tendremos más posibilidades de movernos sin problemas. El punto es que no se vaya, al menos por ahora.
Está de más decir que Minato se encargó de que la puerta fuera reparada y Naruto fue obligado a salir de su habitación, darse un baño, peinarse y desistir de andar en pijama de una vez por todas.
Evidentemente Jiraiya se burló de el a espaldas de la pelirroja, que andaba tomando las riendas de la situación y el hogar, no deseaba ser el también una víctima más del habanero sangriento.
Ese día cenaron los cuatro reunidos en el comedor, los adultos platicaban de asuntos relacionados al trabajo, el colegio, etc.
Naruto solo revolvía su tazón de ramen sin intenciones de probarlo y esto solo podía significar que algo andaba terriblemente mal con él, eso o el Naruto ahí sentado no era el verdadero, sino un clon mal hecho que desprecia el ramen casero de Kushina.
Entre los tres adultos se echaban la bolita para ver quien se encargaría de averiguar qué es lo que pasaba con el rubiecito tristón. A estas alturas, el matrimonio ya tenía conocimiento de la relación entre el menor y el Uchiha y algunos detalles del rompimiento.
Jiraiya había intentado hablar seriamente con él en los días anteriores, pero por alguna razón siempre termina siendo expuesto por sus fechorías del pasado, así que gracias, pero no, gracias. Minato también hizo su luchita hace unos meses y el resultado fue algo similar, todo fue con tal de que Naruto no sufriera la furia de su progenitora e incluso estaba dispuesto a hacerlo de nuevo. Todo sea por su hijo…
—Naruto, acompáñame a desempacar —ordenó Kushina levantándose de su lugar, cortando así toda intención por parte de su marido.
—Todavía no termino de comer-ttebayo.
—¡Que me acompañes te digo!
Chasqueando la lengua de manera discreta, el menor fue tras ella, subiendo las escaleras con total lentitud, como si algo atado a sus pies le impidiera caminar a una velocidad normal.
Una vez dentro de la recamara de sus padres, pudo ver sobre el lecho la maleta completamente vacía y abierta de par en par. Si no había nada que acomodar, entonces eso solo podría significar una cosa…
Otra reprimenda.
—Pero si no he hecho nada… —se quejó empezando a retroceder.
—¡Quieto ahí-ttebane! No te traje para regañarte —la Uzumaki se sentó sobre el colchón—, al menos no hasta que me digas que es lo que tienes. Ya te corregí un poco por la mañana, ahora me gustaría saber si hay algo más que no nos estás diciendo.
—Me peleé con Sasuke otra vez, eso es todo.
—Ven aquí anda —invitó estirando un brazo hacia él y sonriéndole con cariño. El rubio formó un puchero y se acercó para dejarse mimar solo un poco—. Así que… Sasuke es tu novio ¿eh?
—Era —aclaró.
—¿Y por qué no nos contaste esto desde el principio? —la pelirroja acariciaba los cabellos de su querido hijo con suma dedicación— ¿Acaso no nos tienes la confianza suficiente para decirnos algo tan importante como eso?
—No es eso, es que yo sabía que no iba a funcionar.
—Vaya, no tenía idea de que mi hijo puede ver el futuro —Naruto solo sonrió amargamente— ¿No será más bien que tú te encargaste de que no funcionara? porque mi instinto maternal me dice a gritos que es así y tú, ahora estás sufriendo por esa decisión tan equivocada.
No hubo respuesta, su hijo solo se aferró a ella en un intento por no dejar admitir que ella estaba dando en el clavo.
—¿Sabes? Cuando tenía más o menos tu edad, también conocí a un chico guapísimo al cual dudé en aceptar como pareja. No tienes idea de la cantidad de personas que me decían que ser su novia con el era una pérdida de tiempo y toda esa clase de comentarios negativos.
—¿Ah sí?
—Sí ¿y sabes quién era ese chico? —inquirió—. Te daré una pista, debe estar allá abajo lavando los platos con un delantal rosa.
Naruto comenzó a reír, claro que sabía de quien le estaba hablando. Era más o menos la misma historia que su padre le contó ya hace algún tiempo, una historia con alegrías y penas como cualquier otra. Es solo que el quisiera solo vivir de alegrías y evitarse la penas…
—Es curioso que el peor enemigo de tu primer amor, hayas sido tu —el rubio sintió como si le hubiesen dado una bofetada— por cobarde — y otra más—, miedoso —nuevamente— y…
—Ya entendí-ttebayo —reconoció sonriendo a medias.
—¿Entonces que harás?
—Nada.
—Ya veo, lo que en realidad sucede es que Sasuke ya no te gusta…
—¡Claro que me gusta! —pronunció apartándose de ella—. No hay nadie en el mundo que pueda gustarme como lo hace el.
—¿Pero?
—Tengo miedo, mamá —admitió suspirando y elevando sus orbes azules al techo—. Cuando descubrí que me gustaba, mi siguiente preocupación fue que no fuera mutuo y luego el vino y me confesó lo mismo, eso me hizo verdaderamente feliz. Al final, cuando después de todos sus esfuerzos por conquistarme yo lo acepté, vinieron un montón de inseguridades, miedos, impulsos por huir… el maldito terror de ser engañado, cambiado por alguien más o que la relación fracasara —finalmente se dejó caer de espaldas sobre la cama con su madre escuchándole atentamente—. Cuando estaba con él era como vivir dentro de una burbuja, solo el y yo. En clases, en mi tiempo libre y durante algunas horas por la noche, solíamos estar juntos olvidándonos del resto, hasta de mis amigos…
—¿Y tus amigos te reprocharon por eso? —indagó Kushina.
—No, bueno no todos-ttebayo. Y con lo de Sakura se me juntó todo así que opté por mandar todo a volar y ahora… ahora yo creo que… lo extraño —reveló en un susurro.
—Ven acá, anda —le animó su madre para estrecharlo entre sus brazos nuevamente y con suavidad acarició su cabellera rubia—. Sasuke es un gran chico, en el tiempo que tuve la oportunidad de convivir con el pude darme cuenta de muchas cosas, como que no es muy dado a hablar de sus sentimientos, no le interesan las mismas cosas que a la mayoría y prefiere estar solo casi siempre. Si contigo logró quitar todas esas restricciones es porque lo que siente por ti es muy fuerte, así que trata de arreglarlo, ya lo hicieron una vez y tal vez ya tengas una idea de lo que debes hacer —depositó un pequeño beso en su cien—. Y si crees que ese miedo es imposible de sobrellevar por tu cuenta, siempre podremos buscar ayuda.
Naruto se dejó consentir por su progenitora un rato más, porque al fin de cuentas es algo que necesitaba.
Consciente de sus errores y con muchas cosas por reflexionar aun en su cabeza, se puso de pie para volver a su cuarto. Seguramente su padre ya tendría rato queriendo subir y recostarse el ahí, cual niño pequeño aferrado a Kushina.
—Buenas noches, mamá.
—Buenas noches, hijo —respondió la Uzumaki avanzando detrás de el— ah y Naruto… —este se la miró de reojo—. Ni una locura más, por favor —advirtió y cerró la puerta sonriendo con satisfacción, su parte estaba hecha y lo demás dependería completamente de su hijo.
Viernes 10 am.
Un conjunto de hojas de papel ya arrugadas yacía sobre el piso de aquel cuarto, no le importó si sus compañeros necesitarían pasar, el simplemente se encerró ahí con la clara intención de no ser molestado por nada del mundo.
Ya tenía todo listo, las maletas las hubo hecho muy temprano por la mañana aun en presencia de Suigetsu y Juugo, que por fortuna no se atrevieron a decir nada. Todo había quedado claro antier, donde tuvo que contenerse de dejar escapar alguna lagrimilla como en peliblanco.
Era obvio que algo así pasaría, tantos años juntos a raíz del trabajo de sus progenitoras y ahora deberían separarse. Es lo justo, Suigetsu tiene un lugar aquí, una novia y amigos que no debe abandonar.
El único que siente ya no encajar más, es Sasuke.
Ha perdido la cuenta de sus intentos fallidos por escribir la carta perfecta, aquella que logre plasmar a plenitud sus verdaderos sentimientos. Esa que le gustaría dejarle a Naruto como despedida y prueba irrefutable de su todavía infinito amor, aun cuando probablemente este ni siquiera se tome la molestia de abrir el sobre y leer su contenido.
Cuando por fin quedó satisfecho con una, la dobló cuidadosamente y la metió en una envoltura blanca. Una vez sellado, plasmó en él el nombre de su destinatario.
Naruto, se podía leer con letras perfectamente trazadas.
La contempló por un momento y volvió a dudar, quizás no tiene caso siquiera despedirse de una persona tan indolente como el Namikaze…
«Lo siento mucho Sasuke, pero creo que es mejor que busques a alguien más, yo no… Yo no siento lo mismo por ti…»
Dolor, un incesante malestar que estrujaba su pecho cada que recordaba esas malditas palabras, que al principio creyó ser una mentira despiadada y solo el paso de los días le ayudaba a aceptar como auténticas.
TOC TOC-
El sonido de la puerta lo hizo volver en sí, al haber finalizado ya con su cometido se dirigió hasta la puerta y darle paso al intruso, que bien podría ser el tarado de Suigetsu, Juugo o…
—Genial. Deidara —dijo al tener enfrente al rubio extravagante.
—¿Puedo pasar cuñadito?
Solo se movió hacia un lado permitiéndole el acceso, el pelilargo se paseó por el cuarto sin importarle la mirada de reprobación por parte del azabache que prefirió ignorarlo y en un disimulado movimiento tirar un sobre blanco al bote de basura cercano a la puerta. Claro que Deidara lo vio.
—Vine a convencerte de que te quedes, hm —habló por fin ya sentado en la cama que nadie ocupaba.
—Hm.
—Oh vamos, Sasuke… —el rubio juntó sus manos en señal de súplica.
—Si Itachi no pudo ¿qué te hace pensar que tu sí?
—¿Por… Naruto?
—Tsk! Ese idiota es la principal razón para irme —espetó molesto—. Ahora si me disculpas, tengo que seguir lamentándome en otro lado antes de irme al aeropuerto —se dio media vuelta dispuesto a irse —Ah, por favor cuida a mi hermano y cierra la puerta al salir.
El rubio no respondió, esperó unos segundos antes de correr a ver que no se regresara y, una vez completamente seguro de que no lo haría, dirigió sus orbes celestes hacia aquel contenedor de basura. Afortunadamente ahí adentro solo había papeles y más papeles hechos bolita, de entre estos resaltaba el sobre que vio al azabache tirar.
—Estúpido cuñadito —comentó para sí mismo mientras observaba el pequeño sobre entre sus manos, hasta que se topó con el nombre de su hermano menor. Una idea le llegó de golpe—. Ya sé cómo voy a cumplir mi parte del trato y quedar a mano contigo…
Una sonrisa triunfante se formó entre sus labios antes de echarse a correr.
En la cafetería todo el escuadrón se hallaba reunido.
Tenían un plan algo absurdo, pero que quizás sería lo único que pudiera dar resultados favorables a estas alturas.
El intercambio de opiniones fue interrumpido por la llegada un tanto abrupta del rubio pelilargo, el cual jadeaba por el cansancio y la falta de actividad física, sosteniendo en su mano derecha un extraño sobre.
Jaló una silla sentándose junto Gaara y Shikamaru, los cabecillas de todo aquel movimiento.
—¿Qué haces aquí solo? —increpó el pelirrojo—. Se supone que debías traer a Sasuke así fuera a la fuerza.
—Gaara tiene razón, solo tenemos algunas horas y son de vital importancia para lograr que pierda el vuelo —le apoyo el Nara.
—Tranquilos, tranquilos —agregó acomodándose el cabello— Traje esto y les aseguro que es mejor que lo que teníamos planeado hacer —entregó la carta a los responsables, quienes de inmediato entendieron lo que se le había ocurrido al ver a quien iba dirigida esta.
—¡Perfecto! con esto haremos que Naruto entre en acción y no tendremos que encerrar a Sasuke en la bodega de limpieza. Todo dependerá completamente de el —hablaba Shikamaru—. Ahora… ¿Quién ira a dejársela?
—Yo iría, pero mi mamá debe estar en casa y no quiero que la agarre conmigo también —Karin temblaba de solo imaginarlo.
—Safo —dijo Kiba.
—Yo ni siquiera sé cómo llegar —agregó Suigetsu.
—Yo lo haré —el Sabaku se puso de pie ofreciéndose voluntariamente— pero tiene que ser ahora mismo, necesitaré de toda su ayuda para poder escapar de aquí con tanta vigilancia que hay ahora.
—Bien, entonces yo la haré de Uber. De todas maneras, seguramente me espera una buena reprimenda por lo de mi noviazgo con Itachi, hm.
Todos los presentes asintieron. Harían lo que fuera necesario para volver a unir a sus amigos.
Porque sí, Sasuke también es su amigo, aunque el crea lo contrario.
En otra parte de la ciudad, más específicamente en la casa de la familia Namikaze, nuestro rubio cabeza hueca despertaba ignorante de todo lo que se le venía encima.
Fue extraño para el poder despertar tan tarde sin ser regañado por su madre, esto se debía a que nadie estaba en casa. Bajó a la cocina encontrándose con el desayuno tapado junto a una nota:
Fuimos a arreglar unos asuntos al colegio, volveremos más tarde.
Desayuna y lava los platos, no seas holgazán.
Sonrió para dejar de nuevo la nota en su lugar y disponerse a calentar su comida.
Afortunadamente la noche fue buena para él, permitiéndole llegar a la conclusión de que debe hacer algo para disculparse con el teme, tal vez tratar de acercarse de nuevo como al principio, así sea solo para ser amigos…
«No te engañes, tú y yo nunca fuimos solo amigos».
Sonrió a medias mientras recordaba esa parte, porque no podía atreverse a refutarla. Nunca fueron solo amigos, esa conexión, ese cosquilleo, esas miradas, esa necesidad de contacto… de un amigo no esperas tanto, no deseas tanto.
Con un suspiró pronunciando y un creciente sonrojo en su rostro, el rubio removía su desayuno en el plato. Claro que no podría conformarse con la amistad de alguien que estuvo tan dentro de él, literalmente, y logró hacerlo estremecer con cada caricia, con cada beso. De la persona que le ha dicho te amo tantas veces y él no se ha atrevido a responder.
Así, se mantuvo perdido en sus pensamientos y recuerdos, sin si quiera imaginar que por más que ahora cambie de opinión, Sasuke está decidido a desaparecer de su vida definitivamente.
Hola :)
Solo para agradecerles por leer y comunicarles que estoy escribiendo otras historias que espero subir la próxima semana.
¿Ustedes qué creen que pase?
¿Se nos va Sasuke-kun?
