Este Fic es una adaptación de la novela "Déjame amarte" de Maruena Estríngana la cual les comparto sin fines de lucro,
sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Trol mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.
Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.
Capítulo 10
Rukia
Estoy tratando de dormirme tras una tarde horrible. Cuando me quedé sola, me di
una ducha que silenció mis lágrimas. Me sentía fatal por haberme entregado de esa
forma, porque sé porqué lo hice, y ser consciente de eso no lo hace más fácil, al
contrario, ahora es tremendamente doloroso saber que Ichigo me está empezando a
gustar mucho y tiene novia. ¡Novia! ¿Por qué no me lo dijo? Hemos hablado miles de
veces de libros. Hemos cenado juntos. Creí que era su amiga, pensaba que le
importaba. Me gustaba la sensación de tener un buena amigo, independientemente de
que me guste o no, la amistad era más importante para mí, pues sé que no soy el tipo
de Ichigo. Me ha dolido darme cuenta de que si de verdad fuéramos amigos me
hubiera contado algo tan sencillo como que tiene novia. Y si no sé algo tan simple, si
no tiene la confianza para decirme algo así, es que en verdad todo lo vivido lo he
intensificado en mi mente como hago siempre, porque soy tonta y busco cariño donde
es evidente que no lo hay.
Me siento dolida, idiota y lo peor es que se ha intensificado el peso de la soledad
que siempre siento y que tanto me gustaría alejar.
Doy una vuelta más y me parece escuchar unos nudillos en la puerta. Me incorporo
y los vuelvo a escuchar. Salgo de la cama esperando que sea Ichigo, que nuestra
amistad le importe lo suficiente como para darme una explosión. Abro la puerta tras
mirar por mirilla y no ver a nadie. Una vez más, no hay nadie cerca. Bajo la mirada al
suelo y veo un peluche muy dulce que dice "perdóname". Pensando que es de Ichigo
lo cojo con fuerza y casi grito por el dolor que siento cuando algo perfora uno de mis
dedos. Separo la mano para tirar el peluche al suelo en un acto reflejo y me miro el
profundo corte que tengo en el dedo. Nerviosa, cojo el peluche con cuidado, lo
examino sin tocarlo mucho y veo, oculta, una pequeña cuchilla que es evidente que
estaba ahí para herirme. Asustada, cierro la puerta de mi casa y llevo el peluche a la
cocina. Pienso en tirarlo pero lo guardo en una bolsa. Me limpio la herida mientras
intento averiguar quién puede estar gastándome estas bromas pesadas. Pienso en
decírselo a Ichigo, pero lo descarto. Hasta ahora he librado mis propias batallas y ya
es hora de que recuerde que a la hora de la verdad estamos solos.
Se me pasa pronto la mañana en el trabajo y cuando me quiero dar cuenta estoy en
la librería. Me he pasado todo el camino mirando sobre mi hombro, como si sintiera
que alguien me persigue, o mejor dicho; Kugo. Pero incluso hasta para él los regalos
me parecen excesivos. Tal vez sea un vecino que se queja de... No lo creo, porque
suelo poner la tele baja y no hago ruido, pero quién sabe, tal vez algún vecino no me
soporte y se esté riendo a mi costa. ¡Yo que sé! Quiero encontrar una explicación que
esa normal, que pueda asimilar y que no me haga temer que hay un sádico que trata de
asustarme por placer.
—No tienes buena cara, niña —me dice Masaki nada más entrar en su salita.
Por supuesto que no, me mandan regalos misteriosos para hacerme daño. Me he
acostado con tu hijo por estar borracha y casi nos pilla su novia, novia de la que ni
tan siquiera sabía su existencia. No le digo nada de eso, aunque quiero gritarlo para
ver si así todo deja de atormentarme.
—No he dormido muy bien, sólo eso.
—Ven, tomate tu té con pastas —le hago caso y me quito el abrigo para dejarlo en
la percha junto a mi bolso. Me tomo el té mientras Masaki anota unas cosas en su libreta
nueva.
—Tengo que salir un momento, no vendré tarde.
—Me parece bien.
—¿De verdad estás bien, niña? —se levanta y pone su mano en mi frente. Agacho
la mirada por su bonito gesto—. No tienes fiebre. De todos modos, si te encuentran
mal me llamas —asiento.
Al poco se marcha y me quedo sola en la librería. Entra pocos clientes y aprovecho
para buscar nuevas lecturas. Una de ellas me hace recordar a Ichigo y la descarto.
Entra alguien y me giro para ver de quién se trata. Me voy hacia atrás cuando
descubro quien es.
—¿Qué haces tú aquí? —le pregunto a Kugo, tratando de que en mi voz no se atisbe
el nerviosismo y el desagrado que siento ante su presencia.
—¡Qué casualidad! Iba a preguntarte lo mismo. ¡Qué afortunada coincidencia! —
parece de verdad sorprendido de verme—. ¿Rukia?
—¿Por qué me sigues? —le pregunto, asustada, ya que ahora los regalos tienen un
significado diferente.
—Rukia, no te sigo. ¿Estás bien?
—Sí, me sigues...
—No, no lo hago, esta librería es a la que solía venir de niño y he venido a
comprar un libro a Masaki. No sabía que trabajabas aquí —lo miro, pues parece otro,
otra persona. ¿Y si me miente?
—Rukia yo... quiero pedirte perdón por lo que pasó. Se me fue de las manos... yo...
—parece apurado y me mira, tímido.
Voy hacia el mostrador y lo uso para poner distancia entre los dos.
—Rukia yo... esa noche me... me drogué —agrando los ojos por su confesión—.
Tengo un problema con las drogas, Rukia. Uno que trato de solventar, por eso he
regresado a mi hogar, a la casa de mis padres. Quiero salir de esta mierda. Necesito
salir de esta mierda. La droga me hacer ser agresivo... nunca quise hacerte daño.
Observo sus ojos y no veo nada malo en ellos. ¿Es eso lo que vi en ellos? ¡No lo
sé!
—Rukia... me gustabas mucho y perderte me hizo darme cuenta de a dónde me
llevaba mi mala vida...
—Pero la otra noche...
—Estaba puesto —reconoce—. No es fácil salir de esto. Por eso he decidido
regresar a este, mi pueblo, y alejarme de malas compañías.
—Nunca podrás salir de ello si tú no quieres. Por mucho que te alejes.
—Lo sé —me dice, con tristeza—. Sé que es tarde para pedirte perdón, pero ¿me
perdonas? —asiento, quiero creerlo.Y más ahora que vivimos en el mismo pueblo.
—Me gustaría poder llegar a ser amigos de nuevo...
—Lo veo complicado, pero puedo ser tu librera y recomendarte un libro.
—Espero que sea bueno —asiento y, algo más relajada, le pregunto qué buscaba y
le recomiendo un título.
Estoy cobrándole cuando alguien entra. Alzo la mirada y la bajo de nuevo cuando
veo que se trata de Ichigo. Evito mirar cómo se acerca y sentir como su presencia
llena la librería. Me pongo nerviosa y esta vez sí es por lo que me hace sentir Ichigo
cuando está cerca y no es incomodidad. Recuerdo nuestro último encuentro y, aunque
no quiera, recuerdo sus besos, su cuerpo sobre el mío, dentro de mí... lo recuerdo
todo perfectamente, aunque deseé olvidarlo.
—¡Ichigo! —miro a Kugo, que saluda a Ichigo de manera efusiva.
—No sabía que habías vuelto.
—¿No? Qué raro que no te lo haya dicho mi hermana. A saber qué más te oculta tu novia.
¿Su novia? Genial, esto mejora por momentos. Casi me rio por las coincidencias de
la vida. Resulta que mi ex es el cuñado de Ichigo, que sale con su hermana, la odiosa
Senna. No la soportaba cuando nos veíamos. Ella siempre dejó claro que yo no era
mujer para su hermano y me denigraba a la primera ocasión. ¿Cómo puede estar
Ichigo con alguien así? Esto me hace darme cuenta de que en verdad no lo conozco en
absoluto. El Ichigo que yo conocía no saldría con alguien tan frío y desprovisto de
sentimientos. Senna sólo vive por y para ella. Hago memoria del sábado pasado y
ahora que sé que Senna es su ex la reconozco en la rubia con la que estaba Ichigo en la
discoteca. Por la obscuridad no puede verla bien, pero no puede ser otra. Rubia, alta
y fría como el mismo hielo. Dime con quién andas...
—Se le olvidaría. ¿Y estás de visita?
—No, voy a vivir aquí. Necesito un cambio de aires y tu hermano me ha hecho una
oferta de trabajo que no puedo rechazar.
El libro de Kugo casi se me cae de las manos. Otra vez no, otra vez no quiero
trabajar donde trabaje él. Tener que verlo todos los días. Por mucho que lo haya
perdonado, que le desee lo mejor, no quiero recordar el pasado. Siento la necesidad
de huir, de irme lejos. Pero, al contrario que otras veces, la decisión no es tan fácil,
como si unas raíces invisibles tiraran de mí y me impidieran huir tan pronto.
—Esta noche mi hermana me dijo que venías a cenar. Nos veos luego, entonces —
Kugo se vuelve hacia mí. Le tiendo la bolsa con el libro—. Nos vemos, Rukia. Me
gustaría que no dejáramos de ser amigos.
—Ya se verá —asiente y se despide de Ichigo para irse. Me giro como si tuviera
algo que hacer en el almacén. Ichigo me sigue.
—¿Lo conoces? —alzo los hombros.
—No te importa. A mí no me importa nada de ti, a ti no te importa nada de mí. No
somos nada.
—Somos amigos.
—¡Ja! A un amigo le hubieras dicho que tenías novia —lo miro, dolida.
—Lo cierto es que pensé que lo sabrías por mi madre y no te lo dije.
—Cosa que también me sorprende, tu madre me cuenta cosas de sus hijos y ni
media palabra de tu novia.
—Mi madre no soporta a Senna.
—No me extraña, es estúpida.
—¿La conoces?
—Sí. Ya ves, el mundo es un pañuelo.
—¿Has salido con Kugo?
—No te importa y ahora lárgate tengo mucho trabajo.
—Rukia, lo siento. Claro que eres mi amiga y no me gustaría perderte...—Y te importó
tanto que has tardado un día entero en buscarme. A otra con ese cuento.
—Tenía que hacer creer a Senna que no había pasado nada y no sabía cómo lidiar
con lo que pasó. Lo cierto es que temía que si venía muy pronto a buscarte sólo te
cabreara más y pensaba que si te dejaba pensar un poco me perdonarías. Lo siento,
Rukia, siento todo...
—Vale, pasó sin querer... es mejor no darle vueltas —no, claro, como si fuera
fácil. No soy capaz de mirarlo sin recordar sus besos y lo que sentí mientras era suya.
Nunca nadie me había hecho sentir tanto y demostrarme que la postura no importa
siempre y cuando estés con un buen amante... No, mejor no seguir por ahí.
—Rukia... por favor, mírame.
—Me niego a creer que te importo tanto. No nos conocemos apenas... —Ichigo se
pone detrás de mí y acaricia mis brazos. Me recorre un escalofrío. Los recuerdos de
lo que vivimos la otra noche, aún empeñados por lo que tomamos, están muy frescos
en mi memoria. Y sentir sus manos en mis brazos sobre mi fina camiseta me hace
revivirlos.
—No quiero perderte Rukia... no se me da bien pedir perdón... Sí que me importa
tu amistad, y no sé por qué no te dije nada de ella, no porque no confíe en ti, es
complicado.
Me giro y quedo cada a cara con Ichigo. Alzo la mirada y la escasa distancia que
hay entre los dos nos hace revivir lo de ayer. Nos apartamos casi a la vez.
—Es mejor hacer como que nada de lo ayer sucedió y que todo siga como antes —
le digo, e Ichigo asiente.
—Se nos fue de las manos —admite y yo asiento.
—Es mejor recordar que no debemos beber ese vino estando juntos. Nos nubló la
mente... —recuerdo algo y me sonrojo—. ¿Usamos protección? Tomo la píldora
pero...
—Sí, eso sí lo recuerdo —Ichigo se pasa las manos por el pelo.
—¿Estás así porque le has sido infiel a Senna? —trato de decir su nombre sin que se
note lo mal que me cae.
—Sí, no me siento bien habiéndole sido infiel. Cuando doy mi palabra no la rompo
y nunca había sido infiel a nadie.
—¿Se lo vas a decir?
—Sí, pero nunca diré que contigo. ¿De qué la conoces y de que conoces a Kugo?
—¿Cuánto llevas con Senna?
—Llevamos viéndonos desde hace tiempo, y saliendo de vez en cuando pero no me
decidía a que lo nuestro fuera más serio y no empecé con ella más formalmente hasta
poco después de que tu llegaras. No sé por qué saber eso me duele más. Como si una
parte tonta y romántica de mí pensara que si estaba con ella antes de saber de mi existencia
lo cambiara todo, porque aún no me conocía. Pero haber empezado después me hace ser
consciente del lugar que ocupa ella y del lugar que ocupo yo en su vida. Y que piense esto
me hace sentir tonta, ya que no quiero darle vueltas a la decepción que siento, hacerlo duele.
Me rio sin emoción.
—El mundo es un pañuelo.
—¿Por qué?
—Porque mientras tú estabas saliendo con Senna casi fuimos cuñados.
—¿Estuviste saliendo con Kugo? —asiento. Ichigo endurece el gesto—. ¿Es el
famoso ex? — asiento—. ¿Qué viste en ese sin sangre? Aunque tras lo que me has
contado ya no sé qué pensar. Siempre me pareció un soso.
—No te he mentido.
—No estoy diciendo eso, es sólo que Kugo... no sé qué le has visto.
—¿Y tú a la estúpida de Senna? Porque, perdona que te lo diga, pero tu novia es una
interesada que sólo valora a la gente por la cantidad de dinero que tiene en su cartera.
—Y Kugo es mucho mejor —ironiza.
—Eso ya lo sé, por eso no sigo con él.
Ichigo me observa, tenso. Está claro que los dos nos hemos lanzado dardos afilados
para herirnos mutuamente por las personas con las que hemos estado. Dejo el tema
cuando sé que lo hago por celos, por lo mucho que me molesta imaginarlo con ella.
Por saber que, cuando anoche bajé a mi casa, seguramente Ichigo acabó en la cama con
ella. Pensar en ellos dos juntos en la cama me da angustia.
—Creo que es mejor no seguir por este camino.
—Sí, mejor. Tu novia no me cae bien y yo a ella tampoco. Nunca dudó en dejarme
claro que yo no estaba a la altura de su hermano. Ella ignoraba que Kugo nunca me
dijo que su familia tenía dinero hasta que ya llevábamos un mes juntos.
—Senna es un poco... peculiar.
—Si la vas a defender, mejor cambiamos de tema. No quiero enfadarme contigo y
menos por ella —Ichigo se pasa la mano por el pelo.
—Sé cómo manejar esta relación, pues sé lo que esperar de ella...
—¿La quieres?
—Odio esa palabra —me dice muy tenso—. Y no, pero me atrae mucho.
—Es guapa. Pero no todo es deseo. Tú verás, pero no entiendo por qué estás con
ella. Para eso mejor estar solo y no creo que te falten mujeres para irte a la cama... —
me sonrojo y salgo a la tienda.
—No quiero algo más que lo que tengo con Senna, y tampoco quiero menos. No te
pido que me entiendas...
—Sólo que te respete —asiente—. Está bien. Si tú eres feliz así, no me meteré.
Ichigo no responde a si es feliz o no. Se va hacia los libros que le gustan y los ojea.
—Me toca a mí elegir libro...
—No te has acabado el que te pasé.
—Me está costando. Está tan bien narrado que me produce escalofríos... —y me
trae recuerdos.
Recuerdos... mi mente recuerda que Ichigo vio mi tatuaje y sentí que sabía lo que
trataba de ocultar.
—¿Qué recuerdas de nuestro encuentro? —le pregunto, recogiendo unos libros para
que no vea en mis ojos lo que incomoda recordar ese momento que, ante él, debo de
actuar como si no fuera importante para mí.
—No todo. Tengo imágenes sueltas ¿Y tú?
—Igual que tu, poco. Pero sí que recuerdo tu tatuaje.
—Yo el tuyo... más o menos.
Bien, si lo recordara del todo me estaría acosando a preguntas y no me apetece
revelarle esa parte de mi vida que a nadie le he contado. Cuando mis ex veían el
tatuaje sólo veían el dibujo, ninguno reparaba en las marcas que pretendo ocultar.
Nadie veía el eco del disparo en mi piel, pero sé que Ichigo si lo vería.
—Pues te fastidias, porque no lo vas a volver a ver —le digo, retadora.
Nos quedamos en silencio, un silencio incómodo que ni mi comentario ha
aligerado. Tal vez tenga recuerdos borrosos de cómo fue nuestro encuentro, pero lo
que sentí lo tengo grabado en mi piel.
—Tengo que irme. Tengo que hacer unas cosas...
—Y luego tienes una súper cena. Pásalo bien.
—Sí —Ichigo empieza a irse.
—Olvidémoslo... —digo—, si queremos ser amigos es mejor no darle más
importancia de la que tiene.
Trato de sonreír, Ichigo asiente y se marcha. Le pido lo que yo sé que nunca podré
hacer. Olvidar lo que pasó entre los dos sé que será imposible para mí, ya que mi piel
está fría desde que no siente su contacto y mi corazón sabe que, sin quererlo, sin
planearlo, Ichigo se coló un poquito más en él.
En la vida, las cosas suceden sin proveerse y, cuando pasan, te das cuenta de que,
aunque hubieras querido, no hubieras podido detenerlas.
