POV NARRADOR
Cuando Hipo y Astrid llegaron fueron recibidos por un grupo nervioso de chicos, todos ahí tenían un secreto que guardar y con el hecho de que los gemelos supieran uno de ellos se hacían más grandes las posibilidades de un desastre.
-Iré a tomar un vuelo con Tormenta- les avisó después de un rato la ojiazul
-Ah... Astrid yo no haría eso- la detuvo Patapez, la ojiazul lo miró curiosa -¿recuerdas que dije el buen clima se acabaría en algún momento?... bueno ese momento es hoy – le explicaba dejando sobre la mesa un mapa improvisado -¿lo ves?... según mis cálculos una tormenta de nieve se acerca y llegará pronto-
-Será mejor quedarnos quietos por ahora- murmuró Hipo, Astrid lo miró curiosa
-¿Enserio les asusta la nieve?- se burló Astrid
-Un día volaremos en contra de las ráfagas de los fiordos invernales del norte, pero por ahora deja a Tormenta descansar- le ordenó el castaño, él lo sabía, Astrid era extremadamente habilidosa en el vuelo, pero aún le faltaban muchas horas en el aire antes de enfrentarse al poder de la naturaleza -Muy bien chicos, el granero está listo hace un rato, tomen a las gallinas acomódenlas, denles de comer y encárguense de cerrarlo bien ¿está claro?- ordenaba el castaño dirigiéndose a los gemelos, se giró cuando notó que no le estaban haciendo caso -gemelos...-
-Espera ¿qué?... ¿nos hablabas a nosotros?- preguntó Tacio evitando mirar a Hipo
-Desde hace media hora-
-Ah lo siento Hi...-
-Iiiireeemos a desempacar las especias- interrumpió inmediatamente Heather a Tilda –gemelos al granero... ahora- Hipo la miró confundido pero simplemente lo dejó pasar.
-La vida es muy complicada hermano- se quejó Tilda de malas mientras tomaban a las gallinas y se iban a cumplir con sus tareas.
-Bien- murmuró Astrid encaminándose –en favor de todos nosotros, iré a ayudar a los gemel...-
-NOO- gritaron al mismo tiempo Heather, Patapez y Patán, Hipo y Astrid los interrogaron con la mirada
-El viaje debió ser agotador- respondió Patapez –tu ve a descansar, yo voy con los gemelos- se ofreció y sin darle tiempo de respuesta se fue detrás de los gemelos
-¿Todo bien chicos?- preguntóel castaño confundido
-Toooodo está bien... ¿Por qué no habría de estar bien?...- le recriminó con la mirada Patán a su primo –TODO ESTA A LA PERFECCIÓN- gritó con las manos al aire tratando de salir de ahí, Astrid e Hipo miraron a Heather, quien fingió una sonrisa forzada y levantó sus pulgares los bajó enseguida y se fue a acomodar las especias.
-Listo- dijo Patapez cerrando el granero en donde las gallinas podrían estar seguras en las noches de lobos o traviesos dragones –Mientras acaban de ponerles comida iré a ponerles agua a los dragones del viejo establo... asegúrense de cerrarlo bien-
-Agg... nunca nos tienen ni un poco de fe- se quejó Tilda mientras Patapez se iba -¿hambre?-
-Yo siempre tengo hambre- le recordó Brutacio a su hermana comenzando a caminar hacia la casa club –debimos traer a nuestro dragón-
-Hay tantas cosas que debimos hacer... hablando de eso, siento que algo se me olvida- dijo Tilda deteniéndose de repente
-¿Cerrar la puerta de nuestro cuarto en Berk?-
-No, estoy 99 por ciento segura de que si la cerré-
-Ya seee, sacar las botas de papá- un cacaraqueo llamó su atención -¿nos permites? Estamos tratando de recordar –no no, yo lo hice la última vez-
-Eh Brutacio-
-Ya sé, avisarle a Patán que nosotros nos comimos su emparedado cuando teníamos 7 años-
-Bruto-
-Aunque claro que hace muchos otros emparedados y años de ese hurto...- un cacaraqueo de nuevo –bueno señorita, si no vas a cooperar no interrumpas ¿bien?- le reclamó Brutacio a la gallina bicolor
-Eres un imbécil – se quejó Tilda regresando al granero el cual obviamente no había cerrado, Brutacio se cruzó de brazos y evitó mirar a la gallina que lo miraba atenta
-Ni siquiera quiero hablarte- un cacaraqueo más de aquella gallina lo hizo voltear de nuevo -¿Qué fue lo que dijiste?- parecía que la gallina enserio estaba dispuesta a responderle –nah no te creo- respondió Brutacio comenzando a caminar hacia la Casa Club con la gallina siguiéndolo sin problemas.
Mientras tanto, Brutilda se las arreglaba para meter al resto de gallinas que se habían escapado.
Después de un rato, con las gallinas y las cosas en su lugar, al fin todos pudieron ir a descansar.
POV HIPO
Me levanté temprano, la Orilla estaba en completa calma, al parecer todos estaban dormidos, seguí con mí caminar hacia los establos a continuar con mi rutina matutina y para mi sorpresa, vi que Brutacio estaba despierto alimentando a una gallina
-Oye Hipo- me gritó cuando me vio
-Dime...- espera ¿qué? -¿Cómo me llamaste?- le pregunté susurrando cuidando que no hubiera nadie
-¿Por qué susurramos?- me preguntó imitando mi voz y movimientos
-Bien dime... ¿Por qué me dijiste Hipo?-cuestioné tratando de mantener la calma
-Pues porque así te llamas...- respondió con tono obvio -por cierto, si ibas a cambiarte de nombre, pudiste elegir algo mejor que Axe...- se burló mientras se recargaba en mi hombro –créeme, entre Hipo y Axe no hay mucha diferencia... ambos son malos-
-¿Cómo lo supiste?- le pregunté un poco más alterado
-Patán nos lo dijo... bueno lo obligamos a decirlo... en realidad es una historia interesante- en el momento tuvo a bien sentarse sobre una piedra y hacerme sentar a mí –déjame contarte-
-Basta- le interrumpí poniéndome de pie –lo importante es...-
-Que no le digamos a Astrid- me interrumpió con un tono obvio
-Exacto... ¿tu otra mitad lo sabe?-
-Amigo... todos aquí lo sabemos- continuó con su tono obvio y burlón- todos menos Astrid claro-
-¿Heather también?- le pregunté poco sorprendido, sabía que Patapez no se lo podría ocultar por mucho tiempo
-Por supuesto...prácticamente lo sabemos, mi hermana, yo, Patapez, Patán, Heather, Gallina, Chimuelo, el resto de los dragones, Smidvarg, lógicamente tu... - me decía contando con los dedos
-Espera ¿Quién demonios es Gallina y Smidvarg?- le pregunté al borde de la exasperación
-Gallina es la gallina duh- respondió señalando a una gallina que nos miraba con atención –y Smidvarg es el blanquito de los terrores nocturnos-
-Como sea... los espero en 10 minutos en la arena, hoy practicaremos aterrizaje de precisión, avísale a tu hermana y a Patán... yo voy con el resto y Brutacio...-
-No vueles nada... lo sé- me interrumpió
-También... pero recuerda, no puedes decir nada. ¿Bien?- el levantó su pulgar dando una seña afirmativa.
-Hipo- nos interrumpió Patapez
-¿PUEDEN SER UN POCO MAS DISCRETOS Y DEJAR DE LLAMARME POR MI NOMBRE?- me quejé callando a Patapez
-Oye Hipo...-
-Agg los odio profundamente- murmuré cuando Patán se unió a la conversación también -¿No es muy temprano para que estés despierto?- le pregunté a Patán
-Si bueno, quería hacer pipí y tuve que decidir entre hacer pipí o seguir durmiendo... y bueno adivina ¿que ganó?-
-Como sea, Hipo, digo Maestro Dragón, digo Axe... Thooor...-
-¿Qué pasa Patapez?- pregunté rendido y con los ojos en blanco
-La tormenta, tenía razón... se aproxima...-
-Bien comencemos a colectar madera, Brutacio, Patán...- perfecto, ya se habían ido
-¿Voy por los miembros si funcionales del equipo?- se burló Patapez yo asentí, teníamos que resguardar la Orilla.
POV NARRADOR
La tarde había pasado rápido, con Brutacio consintiendo a su nueva mascota, Brutilda y Patán burlándose de Brutacio y el resto del equipo trabajando a contratiempo por proteger la Orilla, a los dragones heridos, los nuevos cultivos y al pequeño granero que habían estado construyendo.
Todos habían quedado de pasar aquella fría noche en la Casa Club, juntos y con sus dragones, la noche quizá se haría más cálida.
-Vámonos...- gritaba Brutacio –tu puedes, tu puedes... tu puedes-
-Si te callas tal veeez- le reprochó su hermana –SIIIIII- gritó cuando le ganó al juego de vencidas a Patán quien indignado sobaba su muñeca
-Es trampa, me debilité el brazo por tanto trabajar hoy-
-Lo revisaré con mis superiores- dijo Tacio volteando a ver a Gallina quien en respuesta solo dio un largo cacaraqueo
-La gallina ha hablado- afirmó Brutacio dándole la victoria a Tilda.
Hipo puso los ojos en blanco y continuó mirando hacia afuera, la nieve lentamente cubría todo el suelo y tejados de la Orilla, y cada momento se hacía más fuerte.
Un rugido desesperado de la nada se apoderó de todos los habitantes de la Orilla, era casi una súplica de auxilio.
-¿Qué es eso?- preguntó la ojiazul llegando a su lado
-Un dragón en problemas- murmuró Hipo montando en Chimuelo –quédense aquí- ordenó antes de tomar vuelo
-Ah, él si puede salir- se quejó Patán
-Es el Maestro Dragón... a diferencia de ti si sabe volar bajo una tormenta- le refutó Heather. Astrid miraba preocupada, víctima de sus propios instintos, negó dos veces para sí misma antes de montar en Tormenta y salir volando tras de él-
-Aaaaastrid- trató de detenerla Heather, sin éxito.
-Ella es una guerrera y el superviviente... estarán bien- le tranquilizó Patapez, Heather no tuvo más remedio que asentir.
-Axeee- escuchó una voz muy conocida por él a mitad de una tormenta de nieve que solo crecía más y mas
-¿Astrid? ¿Qué demonios?- le reclamó –te dije que te quedaras en la Casa Club-
-Cubriré tu espalda- le informó la chica que se esforzaba cada momento por mantenerse en su dragona
-No, regresaras a la Casa Club y me esperarás ahí- la ojiazul solo levantó una ceja –es peligroso- silencio de la chica –Astrid aun te falta algo de practica...- la rubia ni siquiera se inmutó –agg...-
-¿Qué está pasando?-
-Allá- gritó señalando a un gronckle quien rugía suplicante imposibilitado de volar –debió desorientarse y herirse-
Ambos aterrizaron lo más cerca posible del lastimado animal, Hipo lentamente se acercó a él y estiró la mano para entrenarlo, bendecido con un carácter dócil, el dragón lo aceptó de inmediato.
Entonces Hipo pudo analizar la situación, una roca había caído sobre su ala derecha, estaba atascado.
-Debió golpearse contra la pared de roca y el mismo la rompió- le explicó Hipo –vamos amigo, ayúdame a quitar esto- Chimuelo enseguida lo obedeció y juntos retiraron la roca –estarás bien- le murmuró al dragón.
Astrid no podía dejar de verlo... la entrega y el cariño que él le tenía a los dragones, era solo opacado por la entrega, el cariño y la fidelidad que los dragones le tenían a él.
-Tiene el ala herida, lo llevaremos con nosotros- informó el chico subiendo en Chimuelo, y una ráfaga de viento los hizo mirar hacia arriba
-La tormenta está aquí- murmuró Astrid
-Debemos irnos... pronto- la ojiazul asintió y ambos tomaron vuelo hacia la Casa Club.
El viento decidió no tener piedad con ninguno de ellos, soplaba con toda la fuerza que tenía, Chimuelo trataba con todas sus fuerzas de no dejar caer al herido Gronckle y no caer también él, misma situación con Tormenta, faltaba poco para llegar al centro de la Orilla, lo habían logrado.
Al menos eso pensó Hipo antes de que moviera el pedal de la cola de Chimuelo y notara que no estaba funcionando
-Mierda no- murmuró para el volteando a ver y confirmando sus peores sospechas, se había congelado la prótesis de su cola
-Aaaaaaaaaxeee- gritó Astrid cuando vio al jinete perder el equilibrio y caer, con reflejos rápidos, Tormenta se giró en el ínstate y comenzó un juego de caída en picada tratando de alcanzar al jinete, justo después de golpearse con la copa de un árbol, al fin Tormenta pudo sujetarlo y detener su caída.
Enseguida aterrizaron, Chimuelo y el gronckle solo estaba un poco aturdidos.
-Axe- murmuró ella
-Estoy bien- le respondió tranquilo y un poco atontado por el golpe
–Ahí- le señaló una cueva –necesitamos refugio, ya...- el castaño asintió y ayudado por la ojiazul al fin pudieron cubrirse del frío en una oscura cueva que enseguida fue alumbrada por Chimuelo y Tormenta quienes abrían sus bocas generando pequeñas bolas de fuego.
Hipo se sentó un poco, y rápidamente Astrid juntó un poco de tierra, piedras y ramas solitarias que alcanzo a ver y formó una fogata que Chimuelo prendió enseguida.
-¿Estas bien?- preguntó angustiada la chica, el castaño sonrió de lado y asintió
-Después de todo si necesitaba que cubrieras mi espalda- Astrid sonrió apenada y regresó su mirada hacía él viendo un poco de sangre en su mejilla. Tomó de la mochila de Tormenta un paño y limpió delicadamente aquel pequeño rasguño –Sobreviviré- le murmuró ahora él recordando las palabras de la chica un día atrás –la Casa Club está cerca... solo tengo que cambiar su cola por el repuesto y...-
-No- lo interrumpió Astrid, no tenía una buena excusa ni un buen motivo por el cual no volver... solamente no quería hacerlo.
Hipo se quedó mirándola, y asintió... no tenía ninguna razón para volver.
¿Y ahora qué?... ninguno de los dos sabía qué hacer, Astrid estaba en guerra con ella misma, no debía sentir lo que estaba sintiendo, Hipo estaba en su propia batalla, no debía seguir con esto...
-Ven aquí- le murmuró el castaño, Astrid no dejó de verlo un solo segundo a los ojos, ambas mirabas compartían dos mismos sentimientos culpa, y un amor que pocos podrían comprender.
De repente, paz y guerra al fin, justo como debía ser... se enamoraron.
Astrid se refugió en su brazos, él la envolvió con sus piernas y brazos y comenzó a acariciar su cabello, la abrazaba tan protector, tan posesivo... casi como avisándole al universo entero que ya no podrían alejarla de él.
Astrid se acomodó en su pecho y cerró los ojos, en contra de ella misma, encontró paz en aquel que causaba su propia pena.
-Astrid- le murmuró en una voz casi arrullante –pase lo que pase... prométeme que no te irás de mi lado-
Astrid miró hacia arriba dejándole ver esos hermosos ojos azules que tanto le gustaban al chico, y en un acto de valor y rebeldía incomparable besó la línea de la barbilla del castaño y regresó a su refugio en el pecho del chico.
No respondió aquella petición, porque no le haría una promesa que no podía cumplir.
Hipo asintió y besó discretamente su nuca, no aceptaba el riesgo de perderla cuando le dijera la verdad.
Fue muy poco tiempo antes de que el sueño venciera a ambos, aquella cueva fue excelente protectora de la tormenta de nieve... pero no podría protegerlos de ellos mismos por mucho tiempo.
