CAPÍTULO 10

"Lion Quinn"

Me desperté por un terrible sonido que vibraba y sonaba al lado de mi oreja. Gruñí frustrada y giré sobre el colchón para tomarlo. Lo acerqué a mi oído.

— ¿Hola? —protesté con voz rasposa ya que recién me despertaba.

—Suripanta, ¿estabas durmiendo? —me preguntó él.

— ¿Y tú qué crees Puckerman?

—Lo siento, lo siento —se disculpó —No pensé que estarías dormida a estas horas.

— ¿Qué hora es? —le pregunté, mientras me sentaba en la cama.

—Son las 12...

— ¿Las 12?

—Sí, sí y no digas que eso es temprano, porque no lo es. Mueve tu maldito trasero y ven a abrirnos la puerta, que el maldito café me está quemando las manos —interrumpió Santana.

— ¡Ya voy! —me quejé y colgué el teléfono.

Me puse de pie y salí de la habitación, caminé por el pasillo y llegué a la puerta. La abrí y ellos dos estaban allí parados. Giré y volví a caminar hasta la habitación, me volví a tirar en la cama.

— ¡Oye! ¿Por qué estas rubia de nuevo? ¿Dónde dejaste el rosa? ¿Dónde están las tazas? —me preguntó desde la cocina Santana.

— ¡Noche de negocios! Y ¡Por ahí! —le respondí cerrando de nuevo mis ojos.

Escuché como la puerta se volvió a abrir, de seguro esa era Rose. Mi nana.

Rose me cuida desde que tengo memoria, y es la que se encarga de mantener limpio mi departamento los fines de semana.

—Buen día muchachos —escuché su dulce voz.

—Hola Rose, ¿Cómo estás? —le preguntó Puck.

—Bien pequeño —le contestó ella — ¿Quieren que les prepare el desayuno?

—Sí, por favor —imploró Santana.

—¿Dónde está Quinnie? —escuché que preguntaba por mí.

—Nos abrió la puerta y volvió a acostarse —me acusó Puck.

—¡Lucy! ¡Levántate ahora mismo! —me llamó por mi primer nombre, y solo lo hacía cuando elevaba la voz conmigo. Si no siempre era su pequeña Quinnie.

Sin abrir los ojos me puse de pie y bostezando salí de la habitación. Un olor a tostadas recién hechas entró por mi nariz. Me acerqué hasta Rose y la abracé por la espalda.

—Buen día, nana —le dije y besé su cabeza.

—Buenas tardes diría yo —me reprochó, mientras yo saludaba con un apretón de manos a mis amigos, y me sentaba en la mesada frente a ella.

—No es tan tarde —protesté como niña pequeña mirando el reloj, que apenas marcaba las 12:20 del medio día.

Ayer me había costado dormir, más de lo que deseaba pensando en… ella. Tomé una de las tostadas que mi nana había traído y le di un mordisco. Ella me miró.

— Que bueno que ya regresaste a tu color natural, el rosa se veía feo—me besó la cabeza— ¿Te has lavado la cara? —me preguntó. Negué con la cabeza — ¡Ni siquiera has entrado al baño Lucy Fabray! ¡Ahora mismo, ve!

—Bueno —gruñí con la boca llena y me puse de pie para ir al baño. Escuché como esos dos se reían por lo bajo —Ustedes, vengan.

Miraron a Rose y luego me miraron a mí, caminé y me siguieron. Entré al baño y ellos dos se apoyaron en la puerta, mientras veían como me lavaba la cara y los dientes.

— ¿Cómo te fue ayer? —me preguntó Santana

—Igual que siempre —contesté —Solo gente importante y aburrida.

El sonido de su risa, retumbó en mi cabeza.

— ¿No había nada interesante, nada… apetecible?

—Ah sí —hablé haciéndome la que recién lo recordaba —Me encontré con Rachel.

— ¿Con Rachel? —expresó asombrado Puck.

—¿Y qué pasó? —curioseó Santana.

—Nada, sólo hablamos un poco. Es una chica muy inteligente, a comparación con todas aquellas mujeres de la Universidad, ella si tiene temas del cual hablar.

Salí del baño y me dirigí a mi habitación. Ellos entraron detrás de mí, busqué una cosa y me giré a verlos. Estiré mi mano y les entregué dinero. Ambos fruncieron el ceño, y Santana lo tomó con cuidado.

— ¿Qué es esto? —me preguntó Santana.

—Dinero —dije irónica.

—Ya lo sé, pero ¿para qué nos das esto? —preguntó de nuevo ella, mientras Puckerman tomaba la plata y la contaba.

—Aquí hay 1000 dólares —aseguró al instante Puck.

—Repártanlos entre los dos —repuse y miré sus rostros desconcertados —Ahí está el dinero de algunas cosas que les debía y de…

Dejé de hablar, ya que me costaba admitir aquello.

—Espera un segundo —me detuvo Santana — ¿Aquí están los 400 dólares de la apuesta que hicimos por Rachel, verdad?

—Sí—susurré por lo bajo.

— ¿Pero si la apuesta caducaba el lunes? —respondió Puckerman confundido y me miró —Oh, ya se… Ya sabes de ante mano que no vas a poder con ella.

Lo miré exasperada. Ellos dos rieron y chocaron sus manos para luego guardar el dinero en sus billeteras.

—¿Qué pasó Fabray? —Me habló Santana con una enorme sonrisa — ¿La chica es más complicada de lo que creías?

—Es más inteligente de lo creía —le aclaré.

Salimos del cuarto y nos acercamos a Rose que ya tenía todo el desayuno preparado.

Nos sentamos en la mesada y ella nos puso una taza de café a cada uno.

— ¿Quién es Rachel? —preguntó. La miré mientras tomaba café.

—Una chica de la Universidad —le contestó Santana.

—Nada importante… —agregué.

— ¿Apostaste algo por ella? —cuestionó mirándome fijo.

—Sí —miré a mis amigos, que solo miraban para otro lado —Pero… aposté que ella no tenía novio, y si lo tiene.

—Por lo que sea, sabes que no es correcto apostar… vas a volverte una jugadora compulsiva —me reprendió ella.

—Nana, me conoces y sabes que no sería capaz. Es sólo algo entre nosotros.

—Si Rose, tranquila, no dejaremos que la pequeña Quinnie se vuelva una adicta al juego —la consoló Puckerman.

Terminamos de desayunar y me fui a bañar, mientras Santana y Puck se quedaron en la cocina ayudando a Rose. Me di una refrescante ducha y me cambié, rápidamente. Algo cayó al suelo, me agaché a ver y era mi celular. Lo tomé.

"No lo sé, quizás vaya a trabajar. Tengo que sacar las fotos del mes. Y debo ver a Finn…"

Hoy iría a lo de su padre para hacer las fotos del mes.

"Oye niña, podías ser una muy buena modelo…"

Las palabras de Leroy llegaron a mi cabeza. ¡Oh, ya sé! Iré a verlo para que me de trabajo allí y de paso podré ver a la morena en su lugar de trabajo.

Salí de la habitación y miré la hora. Ya eran la 1 de la tarde, tenía que darme prisa.

— ¿Qué haremos hoy? —me preguntó Puck.

—No se ustedes, pero yo tengo que ir a un lugar —respondí mientras tomaba las llaves de mi moto.

—¿Nos vas a dejar? —gruñó Santana.

—Si mi vida —dije burlonamente, como si le estuviera hablando a una chica de las que ligaba —Tengo otras cosas que hacer.

—No seas idiota —me amenazó.

—Ya, ya —negué divertida —A la noche los veo, y vamos al bar a jugar un poco.

—Está bien Quinnie —sonrió Puck—Ve a hacer travesuras.

Me acerqué a Rose y besé su cabeza.

—Adiós nana.

—Adiós pequeña, cuídate.

—Siempre lo hago —sonreí y salí de allí.

Busqué mi moto y me subí en ella para ir a aquel lindo lugar, en busca de un poco de diversión. Llegué más rápido de lo que esperaba, me bajé y caminé hasta dentro. La mujer de recepción me miró bien, y su boca quedó como abierta.

¿Lo ven? ¿Ven lo que causo en cada lugar al que entro?

—Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarte? —me preguntó.

Me quité mis anteojos de aviador, y la miré con una pequeña sonrisa.

—Necesito ver al señor Leroy Berry—susurré sensual.

— ¿Tienes una cita? —se sonrojó.

—Linda, no necesito citas para ver a Leroy —le guiñé con toda la confianza del mundo—Levanta ese teléfono y dile que soy Quinn Fabray, la amiga de su hija.

Subí al ascensor y marqué el piso 20. Como lo había previsto Leroy no se había olvidado de mí, y al parecer se había emocionado mucho cuando le dijeron que yo estaba aquí. El ascensor se detuvo y las puertas se abrieron. Salí y caminé por el pasillo, hasta llegar al lugar al que el otro día Rachel me había traído. Leroy estaba rodeado de personas, a las cuales él daba órdenes y pedía cosas. Se giró a verme.

—Quinn, querida —sonrió y se acercó a mí.

—Hola Leroy —le dije y cuando estuvo cerca besé su mejilla — ¿Cómo estás?

—Atareado —respondió y sonrió — ¿Qué te trae por aquí? Rachel llega dentro de media hora aproximadamente.

—No, no vine para ver a Rachel—mentí más que descaradamente — ¿Recuerdas que el otro día me dijiste algo de ser modelo y eso?

— ¿No me digas que lo has pensado y vas modelar para mí? —cantó entusiasmado.

—Mmm, no en realidad… yo venía a pedirte que me des así algo… un trabajito como ayudante o lo que sea. Pero creo que ser modelo —negué y fruncí el ceño —No es lo mío.

—Que lastima —murmuró en un suspiro —Pero bueno, no importa. Voy a ayudarme. Tú me has caído bien, y eso que los amigos o novios de Rachel nunca fueron de mi agrado.

— ¿Hudson no lo es? —pregunté.

Él arrugó la nariz mientras caminaba y me hacía una seña para que lo siguiera.

—Para nada —aseguró —Ese niño es demasiado bobo para mi princesa. Ella necesita a un hombre inteligente, que le de seguridad. No a un imbécil posesivo y absorbente. Gracias a Dios ella reaccionó y lo dejó.

—Ya lo creo —susurré por lo bajo.

Llegamos a una pequeña oficina, estaba llena de fotos por todos lados y no pude evitar acercarme a una de ellas. La tomé y la miré. Era la foto de una niña de aproximadamente 7 u 8 años, tenía los ojos grandes y pestañas largas. Una sonrisa blanca y perfecta. Entonces me di cuenta de que era ella.

— ¿No es hermosa? —me habló Leroy mirando la foto que yo tenía en mis manos. Giré mi cabeza para mirarlo —Siempre tuvo una particular forma de mirar, y de ser. Ahí tenía apenas 8 años y no sabes el carácter que tenía.

—Aún lo tiene —le aseguré. Leroy rió por lo bajo.

—Sí, Rachel es una chica increíble —respondió orgullosa —Y no lo digo solo por ser su padre. Ella es decidida y dulce. Es testaruda y sensible. Delante de mí, siempre pone una especie de escudo o barrera, pero siempre termina dándome lo que le pido. No puedo quejarme de ella —suspiró y luego me miró —Pero ya, volvamos al tema importante. ¿Qué quieres hacer aquí?

—No sé, tú dime.

—Bueno, puedes ser mi ayudante. Los que tengo son un poco tontos.

—Perfecto —aseguré.

—Tendrás un sueldo y trabajarás solamente los sábados por la tarde. ¿Te parece bien de 2 a 5 de la tarde?

—Me parece estupendo.

—Entonces, bienvenida a las agencias de modelaje Berry —sonrió y estiró su mano para que yo la tomara. Así lo hice y salimos de allí para acercarnos a donde estaba todo el mundo.

Mi primer encargo fue ir a apurar a las modelos, y eso fue increíble. Creo que no puede haber mejor trabajo que este para una chica como yo. Luego fui enviada a planta baja en busca de unos papeles importantes.

—¿Puedes darme los papeles de Leroy? —le pregunté a la chica de recepción.

—Enseguida —sonrió y me dejó sola mientras iba por ellos.

— ¡Buenos días a todos! —escuché su voz y me giré a verla.

Estaba llena de cosas y caminaba con prisa, al parecer estaba llegando tarde. Vi como desaparecía detrás de uno de los ascensores, y no pude esperar a ver su rostro, cuando sepa que yo estoy trabajando aquí.

—Aquí tienes —me habló, sacándome de mis pensamientos.

—Muchas gracias, linda —le agradecí y me fui de allí para ir en busca de un poco de diversión.

Subí al ascensor y no pude evitar sentirme emocionada por llegar al piso 20 y ver la cara de Rachel. Las puertas se abrieron y caminé hacia donde estaban todos.

— ¡Ahí la tienes! —Leroy le dijo a Rachel y ella se giró a verme.

Sus ojos se abrieron como platos y pensé que su mandíbula iba a llegar a tocar el suelo. Se acercó a mí y me miró fijo.

— ¿Qué haces aquí? —me preguntó nerviosa.

—Hola, ¿no? Buenos días cielo, que yo sepa no dormimos juntas anoche.

— ¡Contesta mi pregunta! —exigió. Sonreí levemente.

—Aquí trabajo —contesté con suavidad y estiré mi brazo para darle el sobre a Leroy.

— ¡No estoy para bromas, Fabray! ¡Dime qué haces aquí!

—No estoy bromeando, Rach... De verdad trabajo aquí.

Ella se giró a ver a su padre. Leroy asintió con la cabeza, y la morena volvió a mirarme.

—No, no tú estás jugando conmigo —gruñó riendo nerviosamente — ¡Leroy! —lo llamó, este se acercó a nosotras.

—¿Qué sucede hija? —le preguntó.

—Dime que no es verdad —protestó sin dejar de mirarme.

—¿Qué no es verdad qué?

—Que ella está trabajando aquí —dijo nerviosa.

—Sí, si es verdad. Quinn es mi nueva ayudante.

—¡Esto es increíble! —Elevó su voz haciendo que todos se giraran a verla — ¡Me rehúso a trabajar con esta individuo en este lugar!

— ¿Por qué? —le pregunté.

— ¿Qué quieres? ¿Qué es lo que estás buscando? —me preguntó.

—Nada —me encogí de hombros haciéndome la inocente — ¿Acaso no puedo buscar un empleo para los fines de semana?

— ¡No, no puedes! —me aclaró nerviosa. Giró para mirar a su padre —¡No voy a trabajar con ella aquí! ¡Quiero que se vaya!

—No, Quinn no se va a ir —le aclaró Leroy, sin dejar de mirar al frente, en donde le estaban haciendo unas indicaciones o algo por el estilo.

—¿A no? ¡Entonces me voy yo! —gritó la morena, y se dispuso a irse.

— ¡Rachel Barbra Berry! —la llamó con firmeza. Rachel detuvo su paso y se giró a verla. Leroy la miró fijo —Soy tu padre y me debes respeto, también soy tu jefe y por eso haces lo que yo quiero, cuando yo quiera.

— ¿Puedo solicitar un asenso? Me gustaría ser su jefa —agregué. Leroy rió por lo bajo, pero a la morena no le causó ninguna gracia.

Soltó un enojado suspiró y se acercó de nuevo a donde estaba su padre, yo solo me encargué de observarla.

— ¿Están listas? —preguntó Rachel a las modelos que estaban frente a ella, mientras se acomodaba detrás de la cámara.

Leroy se acercó a mí y miró a su hija, como yo lo hacía. La morena comenzó a sacar fotos y a dar instrucciones.

—Es tan irritante y dramática a veces —me habló Leroy. Sonreí levemente —Piensa que todo lo que hago es para perjudicarla o en su contra.

—Así son todas las hijas —sonreí. Él suspiró.

—Ya lo creo —concordó conmigo. Un hombre alto se acercó a nosotros y le pidió a Leroy poder hablar en privado. El padre de la morena asintió y se fue con él.

Volví mi vista a Rachel, ella miraba las fotos que acaba de sacar. Con cuidado me acerqué.

—Lindas fotos —le susurré. Ella giró la cabeza para mirarme con recelo — ¿Estás enojada?

—No para nada, estoy muy feliz, no tengo problemas —dijo con toda la ironía del mundo.

—No tienes por qué estar enojada, cielo —le hablé y ella volvió su vista al frente —Yo no quiero que estés enojada conmigo, solo vine porque de verdad necesito el trabajo.

Me volvió a mirar con esa mirada asesina y cortante. Ella no creía ni una sola de las palabras que yo le estaba diciendo. Un nervioso Leroy salió de la pequeña oficina con aquel hombre detrás. Rachel lo miró y se acercó a él.

— ¿Qué sucede? —le preguntó ella a su padre. Leroy miraba a su alrededor, como buscando una solución a su problema. Me miró a mí y miró a Rachel. Volvió a mirar a su alrededor.

—Papá, ¿Qué pasa? —preguntó algo nerviosa Rachel.

—Rachel…—susurró a su hija —Ve a cambiarte y ven para hacer unas fotos con Quinn.

Mis ojos se abrieron como platos, al igual que los ojos de Rachel.

— ¿Qué? ¡¿Estás loco?! —le preguntó sin poder creerlo.

—Si es así la cosa, creo que no voy a poder negarme —agregué sonriendo levemente.

Rachel me miró asesinamente.

— ¡No soy una de tus estúpidas muñecas de plástico! —chilló Rachel.

—Por favor hija —le suplicó desesperado acercándose a ella —Las modelos que encargué no han llegado, y si no hacemos ya mismo esa sesión, la marca va a dejarme.

—Pero, ¿Acaso no tienes millones de modelos aquí? —murmuró nerviosa.

—No me sirven, ¡Ninguna me sirve! ¡Quieren dos chicas para promoción de inclusión! —miró a su alrededor decepcionado —¡Por favor Rachel, hazlo por mí!

Vi la desesperación de la morena por decirle a su padre un rotundo NO, pero como Leroy me había dicho, ella iba a terminar aceptando. Soltó un leve suspiro.

—Está bien —suspiró.

Leroy sonrió emocionado y abrazó con fuerza a su hija. La soltó y se acercó a mí.

— ¿Lo harás, verdad? —me preguntó.

—Claro que sí, jefe—asentí divertida.

—Muchas gracias, de verdad —Se alejó de nosotras para dar las indicaciones. Rachel se giró a verme, estaba algo roja por el enojo.

—Llegas a propasarte, y te arrepentirás —me susurró. Un montón de gente entró al lugar para comenzar a preparar todo. Me llevaron a una pequeña habitación, en donde me dieron unos cuantos pantalones de jeans. Miré la marca. Levi's. De verdad este hombre se maneja con marcas importantes. Me sentaron en una silla y comenzaron a despeinar más mi cabello. Lo secaron y quedó como si recién me hubiese levantado.

¡Lion Quinn de regreso!

Leroy entró.

—¡Eso es! Así está perfecta, un look rebelde… Lion Quinn —sonrió y me miró —De verdad muchas gracias, Quinn.

—No, no es nada —respondí.

—Tienes un tatuaje —preguntó asombrado mirando mi brazo derecho, era un especie de tatauaje de un dios azteca con tonos azules.

Me giré a verlo.

—Sí, me lo hice hace bastante —expresé confusa.

—Eso aporta más rebeldía al look —indicó divertido.

—No sé si me saldrá —admití.

—Será fácil, Rachel sabe sobre esto. Cuando era más chica la obligué a hacer un curso de modelaje.

— ¿La obligaste?

—Sí —dijo asintiendo —No quería saber nada sobre aquello, pero como yo sabía que alguna vez la iba a necesitar, lo hice. Bueno, cuando estés lista, sal.

Se fue dejándome sola. Me puse los pantalones y me quedé sin playera solo con un sostén negro. Yo sé que cuando la morena me vea, no va a poder creerlo. Salí y todas las mujeres y hombres del lugar se giraron a verme. Leroy sonrió, y me hizo una seña para que me acercara a él. Vi como comenzaban a cuchichear y a mirarme acosadoramente.

—Vas a provocar que todos mueran de un infarto —me habló mi jefe.

—No es mi intención —sonreí orgullosa de mi misma — ¿Dónde está Rachel?

— ¡Odio estos malditos pantalones! —entró ella quejándose. Traté de no parecer cautivada, pero era casi imposible. Ella traía un pequeño pantalón de jeans, que se ajustaba perfectamente a sus piernas. Su pelo estaba desordenado como el mío, como si recién se hubiese despertado. Y solo llevaba puesto un sostén blanco, en la parte de arriba. Sus marrones ojos se clavaron en los míos, y dejó de caminar. Sacudió su cabeza y miró de nuevo a su padre.

— ¿Por qué odias los pantalones hija? —le preguntó Leroy.

— ¡Mira como me hace el trasero! —gruñó y se giró para mostrárselo.

—Muy bonito, es redondito —agregué. Me miró furiosa.

—Quinn tiene razón, Rachel. Tu trasero está bien —le habló Leroy.

— ¡Papá no tengo el tamaño suficiente para ser modelo!

—Eso es mentira —negué—Tu trasero es el más lindo que he visto aquí… hasta ahora.

—No estaba hablando de mi trasero, Fabray —rezongó seria — ¡Miren como me queda esto!

Levantó una de sus piernas y el pantalón quedaba un poco colgando. Leroy mandó a buscar un par de zapatos con tacón. Los trajeron y el problema fue solucionado.

—No vas a encontrar alguna excusa para no hacerlo, hija mía —le aclaró. Rachel le sacó la lengua cuando este no lo estaba viendo —Ahora vayan allí —nos pidió.

Caminamos hasta el centro del lugar. Las luces blancas nos iluminaban —Ahora… se acercan.

Rachel miró fijo a su Leroy, y luego giró hacia mí.

—Juro que vas a arrepentirte de esto Fabray —me amenazó.

Mis ojos estaban clavados en los suyos. Esas profundidades color chocolate, estaban llenas de emociones, llenas de amenazas, y podría decirse que hasta de miedos.

—Bueno, vamos a comenzar —habló Leroy.

Rachel giró la cabeza para mirarlo.

— ¿Tú vas a sacar las fotos? —le preguntó algo nerviosa.

—Sí, ¿Cuál es el problema? —le respondió Leroy.

—No… nada —suspiró y volvió su vista al frente. Soltó un leve gruñido.

— ¿Qué sucede? —le inquirí.

—Esperaba que mi padre no fuera el fotógrafo.

— ¿Por qué?

—Porque a veces… pide demasiado…

—Ahora Quinn, pon tu brazo izquierdo alrededor de la cintura de Rachel y acércala a ti cuando yo te diga.

Hice lo pedido y cuando dijo ya, la acerqué a mí haciendo que chocara levemente contra mi pecho.

—Perfecto —habló Leroy —Ahora mírense a los ojos. Rachel pon tus manos sobre sus hombros y acércate más a su rostro

La morena giró la cabeza para mirarlo.

—Leroy… —lo llamó por su nombre, como forma de advertencia.

—Haz lo que te digo —exigió él. La morena obedeció y se acercó más a mí —Rachel, quiero que dirijas tu mirada a la cámara. Tú Quinn, solo mírala a ella.

Otro flash iluminó todo.

— ¿Cuántas fotos más vas a sacar? —preguntó Rachel.

—Varias, varias —contestó Leroy—Ahora quiero ver deseo, mucho deseo.

—Tus peticiones son ordenes para mí, Leroy —le hablé.

— ¡Nooo! —chilló ella.

— ¡Rachel, actúa como si desearas a Quinn o te reduzco el sueldo! —la amenazó.

—Vamos tempanito de hielo, haz caso. Los papás siempre tienen la razón, ¡Deséame!

—Como los odio —musitó ella.

—Ahora Quinn, levanta a Rachel sobre ti y coloca una de tus manos justo cerca del parche en donde está la marca y la otra en su espalda.

—Papá, ¿desde cuándo las fotografías se volvieron tan… pornográficas y de temas lésbicos?

—Ay Rachel, eres tan… quisquillosa. Haz lo que te digo, así terminamos todo esto rápido.

Ella murmuró algo que no logré entender.

—Vamos cielo, arriba —le dije y la alcé sobre mí.

Sus piernas se cerraron alrededor de mi cintura, y sentí que iba a volverme loca ante el adictivo aroma de su perfume.

—Rachel, peina su cabello hacia atrás con tu mano. Y mírense las bocas.

Parecía que ella ya no iba a protestar. Su mano se enterró en mis cabellos peinándome hacia atrás, y sus ojos se clavaron en mis labios, al igual que los míos en los de ella.

Luego de media hora, en donde seguimos posando cerca, muy cerca. En donde ella posó sola, y de verdad parecía una modelo profesional, haciendo caras y gestos. Hasta yo tuve mis poses sola, y debo decir que soy más buena de lo que pensaba.

—¡Excelente, hemos terminado! —sonrió Leroy contento. Todos aplaudieron — Chicas… las fotos son increíbles, hermosas.

—Voy a cambiarme —sentenció Rachel sin prestar atención a su padre. Leroy se giró a verme.

—Ahora está irritada, pero ya se le va a pasar —me aseguró.

Asentí y me fui a cambiar.

Cuando volví ella ya estaba, guardando unas cosas dentro de su cartera. Me acerqué a ella.

—Comentas algo sobre esto, y te juro que iré a buscarte y te arrancaré uña por uña,¿escuchaste?

— ¡Gente, estás fotos van a la portada! —gritó Leroy desde su despacho.

— ¡¿Qué?! —preguntó Rachel dándose vuelta para mirar a la oficina de su padre.

Sonreí levemente y me acerqué hasta su oído. Ella estaba de espaldas.

—Por mí, nadie se enterara —le susurré. Se giró a verme rápidamente.

—Por favor, por lo que más quieras, renuncia —me suplicó. Reí por lo bajo.

—¿Y perderme la oportunidad de poder apreciarte los fines de semana?

—¿No te parece que ya son suficientes los días que tengo que soportarte en la Universidad?

Sonreí con los labios apretados y respiré profundamente.

—No, ¿algo más?

Me miró con ojos venenosos. Y si las miradas mataran, hace rato que a mí ya me estarían velando.

—Eres una peste, pero ya voy a encontrar la forma de deshacerme de ti.

—Que linda eres —alegué con tono dulce —Yo también te adoro, cielo.

Hizo un sonido de indignación y tomó su abrigo.

— ¡Leroy! —lo llamó. Este se asomó por la puerta — ¡Me voy a cuidar a Finn! ¡Adiós!

Leroy salió rápidamente de la oficina y se acercó a nosotras. Miré a Rachel.

¡Oh, si no estuviera condicionada por un juez, seria por algo más que una simple gripe que lo tendría que cuidar!

—Bueno, te llevo —mascullé. Ella se giró a verme aterrada.

—¡No, no, no, no! ¡Claro que no! No necesito nada de ti —alegó nerviosa.

—Claro que sí, sabes que no me gusta que andes sola por ahí. Y ya que tu auto aun no está listo lo mejor va a ser que Quinn te lleve a donde necesites —le dijo su padre, que luego me miró a mí —Voy a pagarte a parte para que seas su chofer.

—No Leroy, esa va gratis —le guiñé un ojo.

—Oh, eres tan tierna —me dijo él con una sonrisa.

—Puras tonterías —susurró la morena, pero logré escucharla.

—Tonterías las que usted hace jovencita, y nadie le puede decir nada. Ahora si es tan amable de dirigirse a mi moto que yo la llevare —le dije y le hice un gesto para que caminara.

— ¡Que no! —Gritó ella —Finn no te soporta.

—Ni yo a él, así que el sentimiento es mutuo. Te dejaré ahí, y te esperaré afuera.

Soltó un suspiró de cansancio.

— ¿Dónde dejaste la moto? —me preguntó rendida. Sonreí.

— ¡Eso es Quinn! —Me felicitó Leroy —Ahora en adelante te llamaré cuando no quiera comer carne.

— ¡Ja, ni loca! —Advirtió Rachel —A mí no me haces comer carne, nunca más.

—Ya veremos —susurré.

Ella me miró fijo, y creo que entendió el otro sentido de lo que le acababa de decir.

—Bueno, vayan —sonrió Leroy y besó la frente de su hija.

Se fue de nuevo a su oficina. Me giré a ver a la morena y le hice un gesto para que caminara. Suspiró y comenzó a caminar. Nos subimos al ascensor y bajamos hasta el estacionamiento, en donde me había ido a dejar mi moto, luego de hablar con Leroy.

— ¿Podrías decirme que se te dio por venir hoy aquí? —me preguntó.

Sonreí y me subí a la moto, le hice una seña para que subiera delante de mí. Revoleó los ojos y se subió. Se acomodó bien y se sentó derecha.

—Ya te dije, necesitaba algo que hacer los fines de semana —susurré cerca de su oído.

— ¿Y porque tenía que ser esto? ¿Por qué me odias?

Reí por lo bajo, haciendo que ella girara su cabeza para mirarme. Aun no había prendido la moto. Recorrí su rostro con la mirada, buscándole alguna imperfección.

Algún error en su creación y confección. No había nada, ella era simplemente…perfecta.

—Yo no te odio, cielo —respondí sin dejar de mirarla.

—Pues no parece —gruñó y volvió su vista al frente.

Sonreí y arranqué la moto. Me dio la dirección de Hudson, y el muy desgraciado vive a unas pocas cuadras de mi departamento. Llegamos y frené frente a una gran casa. Reí por lo bajo. El imbécil aun vive con sus padres, no puedo creerlo.

— ¿Vive con sus padres? —le pregunté a Rachel, mientras ella se bajaba de la moto.

—No, solo con su madre—repuso ella y no pudo evitar sonreír, pero al instante dejó de hacerlo —Es solo hasta que se encuentre algo que le guste para vivir.

—Sí, seguro.

—Puedes irte, no hace falta que me esperes, no sé a qué hora terminaré.

—No cielo, ve tranquila, pero aquí me quedaré. Se lo prometí a tu padre…

Me miró con cara de fastidio.

— ¿Acaso no tienes nada mejor que hacer?

—No cielo, no tengo nada mejor que hacer.

Giró sobre sí misma y caminó a grande zancadas hasta la puerta de la gran casa que estaba frente a mí. Reí divertida y vi como desaparecía detrás de la puerta. Solté un suspiró y miré a mi alrededor. Había un Starbucks a menos de una cuadra. Dejé la moto y fui en busca de un delicioso frapuchino. Me quedé sentada en una de las mesas, perdiendo un poco de mí tiempo.

¿Cuánto tiempo creen que estará allí dentro la morena? ¿No mucho, verdad?

Luego de estar una hora allí sentada, me puse de pie y volví hacia mi moto. Me apoyé

sobre ella, sin dejar de mirar hacia la puerta. Miré mi reloj, ella aun no salía. Tomé un cigarrillo y lo prendí para poder fumar tranquila.

Sentí como algo vibraba en mi bolsillo, me sobresalté un poco y me di cuenta de que era mi celular. Lo tomé y miré la pantalla. No sabía quién era, pues no tenía agendado sunúmero.

— ¿Hola? —dije al atender.

—Hola Quinn —me habló. Fruncí el ceño al no reconocerla.

—Hola…

—Kitty tonta, soy Kitty.

¡Diablos! ¿Para qué mierda conteste?

—Aaah… Katherine.

— ¿Acaso no me tienes agendada en tu celular? —preguntó.

—Mmm, si lo que pasa es que no me había fijado quien era al atender —le mentí.

—Bueno, no importa. ¿Dónde estás?

—Por ahí.

—Quinn, ¿Qué tengo que hacer para que vengas a hacer de una buena vez el maldito trabajo de contaduría?

— ¿Qué trabajo? —le pregunté.

— ¡El trabajo que nos mandaron a hacer de a grupo!

—Aaaaaah, si el trabajo —respondí al recordarlo.

—Tenemos que hacerlo hoy mismo. Es para el lunes.

—¿Quién más está en el grupo? —le pregunté.

—Nadie. Solo nosotras dos…

—¿Quién hizo los grupos?

— ¡La profesora tonta! —agregó con voz chillona y soltando una estúpida risita. ¡Aaag, como me exaspera!

—Está bien, voy para tu casa.

—Perfecto, aquí te espero.

Colgué y miré a la casa de Hudson. No, yo no iba a irme sin Rachel de aquí.

Tiré la colilla de mi tabaco hacia un costado y caminé hasta la casa. Toqué el timbre y luego de unos segundos un señor de estatura bajita y traje de me abrió.

— ¿Qué se lo ofrece señorita? —me preguntó. Trate de no reír, estoy completamente segura que esto es un mayordomo. ¡Hudson eres increíble!

—Sí, soy amiga del señor Hudson, ¿podría pasar a verlo?

—Claro que sí señorita —me dio el paso —Suba las escaleras, la tercer puerta a su

izquierda, allí está el joven Finn.

—Muchas gracias…

—Albert, señorita.

—Muchas gracias, Albert.

Subí las escaleras y me dirigí a la habitación que el amable mayordomo me había indicado. Me acerqué con cuidado, la puerta estaba un poco entreabierta.

— ¡Estoy cansada Finn! ¡Cansada de tus estúpidos celos! —gritó nerviosa.

— ¡¿Pero porque tiene que trabajar allí?! —le preguntó nervioso.

— ¡Mi padre la contrato! ¿Entiendes?

— ¡Pues dile que la despida!

— ¡No voy a pedirle que la despida!

— ¿A no? ¡¿Por qué?!

— ¡Porque simplemente Leroy no va a hacerlo!

Abrí la puerta y ambos se giraron a verme. Los ojos de Hudson se abrieron como platos.

Le sonreí irónicamente.

—Oye Finnepto, siento que te hayas convertido en la incubadora de un virus —le dije mientras me acercaba a Rachel, tomaba su abrigo y le tomaba la mano —Pero no te puedo prestar a mi Rachel más tiempo.