Lunes. 23 de noviembre. Vigesimotercer día sin masturbarse. Bueno, no para Chinatsu. Sin embargo, Yui y Akari empezaban a tener serios problemas para aguantar. Por primera vez contemplaban la posibilidad de masturbarse para aliviarse, aunque eso supusiera perder el reto. Sin embargo, por otro lado pensaban que ya que habían aguantado 23 días, podrían aguantar 8 más. Pero en estos momentos, 8 días les parecían una eternidad.
Akari estaba en su cama. Al igual que Chinatsu el viernes, las ganas que tenía de masturbarse le dificultaban dormir. Hasta el sábado lo había llevado bastante bien dentro de lo que cabe. Pero desde ese día la cosa empezó a complicarse. Cada día tenía más ganas de masturbarse. No duraban todo el día, de hecho, apenas duraban unos minutos, pero mientras duraban lo pasaba mal, pues la tentación era cada vez más fuerte. La propia Akari se sorprendía de que tuviera tantas ganas de hacerlo.
–Nunca hubiera pensado que pudiera ser tan complicado. No me masturbaba cada día, de hecho, rara vez lo hacía más de una vez a la semana. Pensaba que podría aguantar más fácilmente. Nunca me hubiera imaginado que pudiera tener tantas ganas.
Akari suspiró. Echaba de menos masturbarse. No solo por el placer que le daba, sino también, en esa época del año, por el calorcito que le provocaba. No solo por el hecho de frotarse contra la cama, sino también por el calor que daba el simple hecho de masturbarse. En esos meses de frío eso le ayudaba a calentarse, y entre eso y lo relajada que se quedaba después de hacerlo se dormía muy fácilmente y con una sensación agradable en su cuerpo. Ahora, sin embargo, tenía que aguantar.
Yui estaba en una situación similar a la de Akari, con la diferencia de que ella lo llevaba peor. Al igual que Akari, Yui tampoco era de masturbarse mucho, pero lo hacía más que Akari, y además, al ser un año mayor, lo había hecho más veces que ella, y a diferencia de Akari, Yui ya empezaba a probar diferentes maneras de tocarse para obtener más placer. Por todo eso, a Yui le estaba costando más aguantar.
–Maldita Kyouko… No sé cómo me dejé engañar para participar en este "reto", si es que puede llamarse así. Esto más bien es una tortura. Jooo, qué ganas tengo de hacerlo. Tal vez… Solo un poco… – Yui lentamente bajó la mano hacia su entrepierna, pero justo cuando estaba a punto de tocarla la retiró rápidamente. – ¡No, no, no, no, no! ¡No puedo hacerlo! ¡Si me toco aunque sea un poco después me será casi imposible parar!
Yui apretaba fuertemente la manta con sus manos, aunque eso no le ayudaba demasiado a calmarse. Tardó un rato en tranquilizarse lo suficiente para poder dormir.
Por su parte, Chinatsu había estado algo abatida el fin de semana.
–Finalmente lo hice, no pude aguantar… – Pensó Chinatsu el sábado por la mañana.
Aquella masturbación y el orgasmo producido por esta fueron increíbles, los mejores de su vida. Sin embargo, se sentía algo decepcionada por no haber podido aguantar. Por otro lado, había conseguido aguantar 20 días. Eso ya era todo un logro. Podía sentirse orgullosa de sí misma.
Ya en lunes, una vez en la cama, la chica volvía a pensar sobre esto. El sábado y el domingo no se había masturbado. Después del orgasmo del viernes quedó satisfecha por esos dos días. Pero el lunes volvió a tener algo de ganas.
–Otra vez vuelvo a tener ganas de tocarme… No… Tengo que aguantar… – De pronto se dio cuenta de algo. – Un momento, ¿por qué tengo que aguantar? Ya he perdido el reto, así que ya da igual, ya puedo masturbarme, ¿no? O a lo mejor… Aunque haya perdido cuenta si solo he perdido una vez o si pierdo más veces… – Rápidamente desechó esa idea de su cabeza. – No, ya he perdido, no se puede perder más de una vez. Ya da igual que lo haga o no.
Chinatsu se tumbó de lado y bajó su mano hasta su entrepierna por encima del pantalón.
–Mmm…
Chinatsu empezó a mover su mano lentamente. Empezaba a notar placer, pero por su mente no paraban de rondar los pensamientos sobre perder una vez pero aguantar después, y de Kyouko llamándola ninfómana. Eso la molestó, e hizo que su excitación desapareciera. Molesta, se tumbó boca arriba y subió la manta hasta la altura de su cuello. No le costó mucho dormir esa noche, aunque a diferencia del viernes, que lo hizo con una sensación agradable producida por el orgasmo que tuvo, esta vez lo hizo con una desagradable, producida por el pensamiento que tuvo sobre el reto y sobre Kyouko.
