22. Segundo Beso *Roxas Pov's*
Deposité el bolso en una silla vacía junto a la puerta de la habitación. Perdí una noche entera tratando de adivinar cómo sería la recamara de mi mejor amiga y, sin embargo, fallé. Sabía que no podía ser un reino rosado de peluches, cuadros de flores y velas aromáticas de fresa, tal como la pieza de mi hermana. Pero quizás me excedí al creer que las paredes estarían pintadas de negro y el piso cubierto de películas de terror o discos de música punk.
—Por tu cara, creo que esperabas encontrar un pentagrama de sangre allí visible en la alfombra y velas negras en cada esquina de mi habitación —comentó Xión, sonriente—. Lamento decepcionarte, no he podido asesinar a ninguna virgen estos días.
Las paredes eran lavanda, la alfombra azul oscuro y las lámparas sencillas. Con la mayoría de los objetos en perfecto estado de orden. Incluso la cama estaba cuidadosamente hecha. Contra todo pronóstico, aquel era simplemente el cuarto de una chica. En la primera esquina había un televisor moderno pero pequeño con un par de consolas de videojuegos cerca. Otro rincón era ocupado por un escritorio con una laptop plateada. El tercer rincón lo abarcaba la cama y, finalmente, el cuarto rincón era la entrada de un balcón que daba a la calle
La pared más grande, al lado derecho de la cama, estaba forrada con un collage de mapas.
—¿Te gusta la geografía? —pregunté. El del fondo era el mapa del mundo.
—Claro que sí, son los mapas de los lugares a los que me gustaría ir, ven acércate —me paré a su lado, frente a esa pared—. Este de aquí, es el mapa de Narnia, ¿ves? es Calormen, Terabithia, Archenland son los países que lo rodean... Y ese es el mapa del merodeador, son los pasillos de Hogwarts. Este de acá es el mapa de las tierras del Norte y el Sur. Y finalmente aquel es el mapa de la Tierra Media. Ya sabes, Gondor, Mordor, Eriador, Rohan.
—¿Y cómo planeas llegar hasta allá?
Xion me colocó una mano en el hombro y tan contundentemente como le fue posible respondió:
—Drogas.
—¿Drogas?
—¿Se te ocurre mejor forma?
—Drogas —añadí mucho más convencido—, me parece lógico; drogas.
Había más mapas que no llegué a reconocer, pero no pregunté por ellos. Xion era fanática de la fantasía, tanto o más que yo. Cada mapa estaba perfectamente justificado. No dudo que sea capaz de explicar a detalle cada uno de esos lugares señalados por pequeños círculos.
—Siempre quise ir al bosque entre los mundos, el de Narnia, y olvidarme de todo y dormir... —confesé.
—Siempre quise ir a los bosques de Lothlórien y no volver a salir nunca más —confesó.
—¿Sabes qué es lo genial de hablar contigo? —solté con franqueza—. Que si tengo ganas de morirme a la mierda, tú no me dirás que eso es malo, ni tratarás de corregir mi postura, mucho menos consolarme. Solo resoplarás y dirás "Yo también me quiero morir de una puñetera vez"
—¿Sabes qué es lo genial de hablar contigo? —agregó ella, apenas consiguiendo dominar las ganas de reír—. Que si yo te digo que tengo ganas de llorar una madrugada entera, no me saldrás con esa basura de "no llores, que tu sonrisa es más linda". En lugar de eso, me dirás "Hay que llevar un frasco para meter una moneda por cada lágrima que derramemos" y no es por nada, pero uno aprecia a los amigos que aporten buenas propuestas financieras...
—Oye, esa es una excelente idea —interrumpí—. Con el dinero que recojamos en los frascos podemos pagarnos una salida al cine al día siguiente y sentirnos mejor.
—¡Es cierto! Piensa en grande, deberíamos empezar esta noche.
—Fuego.
Rompimos a reír sin contención.
Lo pesimistas, lo negativos, el humor extraño, las malas ideas, los sueños a futuro, las aspiraciones, la pasión por la fantasía; todo. Lo teníamos todo en común. Se sentía como si cada aspecto de nuestras personalidades engranase perfectamente en el otro. Y cada pieza cayera en su lugar adecuado cuando nos mirábamos a los ojos, nos tomábamos de la mano o nos abrazábamos.
Repentinamente tuve ganas de hacer algo de lo que me podría fácilmente arrepentir.
La quise besar. No sé si porque se veía hermosa con esa sonrisa resplandeciente y los rayos de un sol naranja tiñéndole la piel. No sé si porque de pronto necesité que se enterase de todo lo que yo sentía por ella. O sencillamente porque en mi egoísmo buscaba sentirme completo. Sentirme un poco más parte suya.
—¿Te puedo dar un beso? —Pregunté y no supe de dónde me salió el coraje para pedirlo.
—¿Es una propuesta? ¿Una insinuación? ¿Una imposición? ¿capricho? —Inquirió con una actitud y una voz que me parecieron neutras, evaluando la situación—. ¿Qué es?
—Es un regalo.
No mentiré, creí que Xion buscaría una manera amable, divertida y delicada de rechazarme, suponiendo que se trataba de una broma mía. Pero algo en mi semblante debió desmentir esa idea.
Xion avanzó un paso, cerró bruscamente el espacio entre nosotros y antes de responder me miró a los ojos.
Estábamos a menos de un palmo de distancia; perdí el aliento.
—Acepto.
No fui capaz de recordar si la había besado anteriormente o todos fueron sueños mios, pero en aquel momento sostuve su rostro con las manos firmes y le di un breve beso en los labios que despertó en mi pecho el clamor de un profundo anhelo. Efectivamente me sentí completo por un par de segundos. Lo que era en extremo peligroso porque, ¿cuándo me había sentido yo completo en mi vida entera? Nunca. ¿Y cuando me volvería a sentir así si no era junto a ella? Quizás jamás. Estar enamorado apesta.
Xion abrió los ojos y me sonrió como encantada.
Mis manos seguían en sus mejillas, así que las bajé.
—Yo también te quiero —dijo creyendo saber lo que me pasaba—. Entiendo que hayas tenido que darme un beso. El cariño que siento por ti tampoco entra en palabras.
Ella solo estaba permitiendo que yo me expresara, lo comprendí perfectamente bien tan pronto dijo aquello. No estaba dándome esperanzas o ilusiones. No se sentía igual que yo. No es como si allá afuera en el mundo real Riku hubiese dejado de existir o algo semejante. No.
—Roxas, creo que mi amor por ti no entra en un obsequio, ni en un beso, ni si quiera en una relación sexual.
Y acto seguido, Xion me besó en la mejilla.
Sonreí y bajé la mirada. Las amigas son así. Si eres chico, tienes una mejor amiga, y acabaste por desgracia enamorado de ella, aprendes a darte cuenta de una cosa. Puede que no quiera acostarse contigo, pero daría cuatro veces la vida por tí. Y para bien o para mal eso te llena de un gran afecto. Madurar es saber que el amor tiene mil formas diferentes de expresarse y su amor es así; no por eso es menos fuerte que el tuyo o menos valioso.
Si el cariño de ambos es sincero, esa amistad echará raíces muy profundo dentro de cada uno.
De tener suficiente estomago pronto te harás un favor y la superarás. Sino, aprenderás a vivir con esa carga emocional, que si no controlas bien se torna insana. Nadie ha dicho que sea sencillo superar a alguien con quien te ves la mayor parte del tiempo y tienes mil afinidades. Pero es necesario hacerlo si valoras esa relación y no la quieres echar a pique.
—Lamento haberte besado yo... lo lamento.
—Al menos fuiste educado y pediste permiso —respondió ella dándome un amistoso puño en el hombro—. Hay que pedir comida china y ver Dark en Netflix.
—Tenemos un fin de semana por delante, piensa en las posibilidades. Hay que ponerle a nuestro mutuo cariño una prueba de fuego que no pueda superar —agregué entrando en papel.
—Tienes razón ¿qué tienes en mente, rubio? ¿Jugamos Uno? ¿Una partida de Monopoly?
—Me gusta cómo suena Monopoly
—Cool, tengo la edición mundial. Vas a caer —advirtió—. Toronto, Montreal y Ottawa serán míos. Es más, si no salimos divorciados de esa partida, es porque en realidad no nos amábamos.
—NO SE DIGA MÁS.
(...)
—Lo odias, pero... dime el recuerdo más bonito que tengas con tu padre.
Por medio segundo despegó la mirada del dinero falso que contaba para comprobar que mis palabras habían sido en serio, luego regresó a su papel de bancaria y respondió.
—Cuando era pequeña mi padre solía llevarme a comer manzanas con caramelo en el parque todas las tardes —dijo Xion—. Yo tenía 6 años, hasta entonces nunca había probado un helado. Y un día que mi padre estaba de mal humor me cogió de la mano y me llevó a la heladería más grande de la ciudad, me asusté, porque cuando era una niña y papá se enojaba me daba miedo, creo que es natural. Pero en fin... Él me puso delante del mostrador de vidrio y preguntó, "¿cuál quieres?". Llámame estúpida, pero quedé paralizada, dentro de mi cabeza solo existían manzanas con caramelo y algún pastel ocasional de chocolate. Y ahora tenía delante una cantidad absurda de sabores de helados de todos los colores, era para morirse, no imaginas lo feliz y confundida que estaba.
Entonces mi padre me dijo "tienes cinco minutos para elegir un sabor". En su momento me pareció la decisión más importante de mi vida. Me dieron tres o cuatro muestras, pero todas me gustaron mucho, lo que hacía más complicada la selección. Como te podrás imaginar, pasado los cinco minutos aún no había decidido cual quería, me sentía abrumada. Mi padre preguntó de nuevo "Ya se acabó el tiempo, ¿escogiste uno?" Dije que no, que no sabía cuál quería, que eran demasiados. Él me cogió de la mano otra vez y me sacó de la heladería con un gran gesto de impaciencia y dijo "Si no sabes cual quieres significa que no quieres ninguno y si nada quieres, nada tienes"
—Es un imbécil, tenías seis años, ¿qué niño de seis años va a entender algo como eso? —solté algo molesto. Sea vea por donde se vea no es razonable.
—Yo lo entendí —respondió con suavidad—. Por su puesto no a profundidad, pero capté el punto. Saber qué diablos quiero con respecto a TODO es la mar de importante. Me da dirección. De niña me convencí de que si debía tomar una decisión por pequeña que fuese he de tener presente conveniencia y anhelo. Los "No sé" no están permitidos, hay que aclararlos inmediatamente.
—Pregunté por un recuerdo bonito con tu padre, ¿esto es un recuerdo bonito?
—No. Ese día volví a casa llorando porque no tenía ni helado, ni manzana con caramelo, ni pastel de chocolate, ni un carajo.
—Ese es un pésimo ejemplo de un recuerdo bonito, Xion. Pero gracias por plantearlo, no imagino cómo serán el resto de los recuerdos si este es tu concepto de bonito —concluí.
Xion largó la risa y negó, quizás no dejé que se explicara bien.
—Tengo recuerdos bonitos con él, pero estos son los que más valoro. Te podrán parecer horribles porque son un poquito crueles. Pero no ibas a esperar menos de él ¿o sí? Es un hombre, encima es un ejecutivo. O sea, es práctico, eficiente, simple, competitivo. Si yo caía y empezaba a llorar ¿crees que porque era una niña se compadecía de mí y me levantaba? No. Me exigía ponerme en pie "Las princesas no lloran, camina" No, no con cariño, no me lo decía con suavidad. Me lo decía en el mismo tono con el que le dirías a un empleado "Las lágrimas no aumentan ni reducen tu salario, limítate a ser productivo" o más simple, a un niño "los hombres no lloran" —Xion suspiró—. Aprecio la igualdad de género y todo, pero me habría encantado que me pasara la mano por la cabeza, digo, era pequeña. Papá me hizo autosuficiente y ahora resulta que no me soporta. Me crio al estilo causa-efecto.
—¿Causa-efecto?
—Cito. "Xion, si estabas trepada como una maldita araña allá arriba de los barrotes, con la cabeza hacia abajo, ¿qué creías que iba a pasar? Claro que caíste, no me digas que fue una sorpresa, sabía que ibas a caer desde que te vi las intenciones de jugar a la alpinista. No llores ahora, por el amor a lo que más quieras, contrólate"
—Que agradable sujeto tu padre, no me agrada ¿Cuantos años tenías en ese momento?
—Nueve.
—Imperdonable.
—Lamento estar hablando de mi padre, ¿por qué lo estaba haciendo? —dijo confundida, con una mano sobre la frente—. Últimamente evito dedicarle pensamientos.
—Lo siento, lo siento, la verdad fui yo quien preguntó, ¿no recuerdas?
—No sí, sí recuerdo, era para estar segura —chasqueó los dedos—. Montreal y Toronto ya son míos, solo falta Ottawa —sonrió—. Ahora tú dime el recuerdo más bonito que tengas con tu hermana.
—Aurora
