Los personajes no me pertenecen
UNA TARDE
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Sus ojos se encuentran en cuento cruzas el umbral y sientes como si una braza se encendiera en tu estómago. El peso de las decisiones que te han llevado a este cuarto de hotel, caen sobre ti como lava y, aun sabiendo que todo está mal, tus manos queman por tocarla.
El mundo desaparece junto con tu prudencia porque esto es una locura, lo ha sido desde ese bendito día en que sus hijos se casaron. Un error garrafal, un desliz un lapsus.
Una ligereza que cada vez es más frecuente.
Mientras te acercas, Helga se recuesta, su cuerpo desnudo en exposición para tu deleite.
Desechas todo pensamiento coherente cuando sus labios se encuentran. Al diablo Phoebe, Arnold, Will, tus nietos. ¡Carajo! Al diablo todo menos la dulce miel que es su saliva, la suave curva de su cuello, el sabor de su piel cremosa y el inmenso placer de estar dentro de su cuerpo.
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Gracias por leer.
