XXIII
Caricia


—Aahh... Natsu —gimió la chica rubia. Frente a ella, un chico de cabellera rosada la miró de reojo.

—¿Qué? —interrogó en tono neutral.

—No...No tan fuerte —suplicó ella.

—Te dije que tenía que hacerlo fuerte para que te sientas mejor.

—Sí, pero... ¡Aahh! —Natsu volvió a actuar de la misma forma, haciendo que otro gemido se le escapara a la rubia de los labios—. Es que me duele.

—El dolor es sólo temporal —aclaró—. Ya verás que poco a poco te vas a sentir mejor, Lucy.

Natsu siguió con lo suyo, a Lucy no le quedó de otra mas que resistir.

En cuento llegaron a su departamento, ellos dos no perdieron tiempo y fueron directamente a su habitación; si esperaban un poco más, las cosas se iban a complicar. Lucy ya estaba desesperada, y por más que Natsu la intentaba calmar y persuadir a que él mismo debía prepararse, la rubia se negó rotundamente y simplemente presionó más y más a Natsu. A él no le quedó de otra mas que cumplir las exigencias de ella.

Natsu ejerció más presión que antes; Lucy lo resintió y arqueó la espalda en una clara señal de que le estaba doliendo, y como el chico dijo: El dolor poco a poco fue desapareciendo, y comenzó a sentirse bien. MUY BIEN. Y Lucy tenía miedo de que le empezara a gustar.

—¿Y-Ya terminaste? —quiso saber, en sus mejillas había un rubor; cubría sus labios con los puños cerrados, como una pequeña niña tímida.

—Sólo falta algo más —aclaró. Lentamente Natsu se acercó a aquella zona a la cual le estaba prestando toda su atención, y que era completamente sensible, para darle un pequeño y tierno beso—. Listo.

—G-Gracias... —dijo Lucy al mismo tiempo que dejó salir una exhalación, como una clara señal de alivio—. Eres mágico.

—Lo sé —admitió Natsu con orgullo—. Ahora explícame cómo demonios te torciste el tobillo.

Lucy bajó la mirada a hacia su tobillo derecho, el cual ya estaba atendido y vendado por Natsu; entonces se sintió un poco avergonzada. No quería decirle la verdad, pero no encontraba el sentido en mentirle al chico pelirrosado.

—Traté de hacer una pirueta con la patineta —Natsu amplió los ojos como platos, se sorprendió ante las palabras de la rubia—. Así como tú las haces.

—Lucy... —musitó—, me halaga mucho que quieras compartir mis hobbies; pero si no tienes la práctica necesaria, vas a terminar lastimada como ahora.

—Lo siento —se disculpó agachando la cabeza. Natsu colocó su dedo índice en la barbilla de ella y la obligó a levantarla una vez más, para luego darle un tierno beso en los labios. Ambos cerraron los ojos para disfrutarlo aún más.

—No te disculpes —aclaró—. Si te vuelves a lastimar, aquí me tienes para atender tus heridas.

—Ok.

FINALE.