Día 23. Plataformas
Número de palabras: 869
Sinopsis: Aziraphale tenía que agradecer por completo a Dios de que el Crowley de los 70's haya decidido usar zapatos de plataforma.
Aziraphale consideraba a Crowley alguien muy atractivo. Incluso cuando el pelirrojo parecía estar fuera de esos ridículos estándares de belleza masculina, había algo en él que resultaba atrayente y seductor, probablemente era su sensual caminar o quizá su coqueta sonrisa. Lo único a lo que el rubio le ponía peros era a ciertas elecciones de moda y peinados que el demonio había realizado a lo largo de sus seis mil años en la tierra.
Como en aquella tremebunda foto sacada a mediados de los años 70.
— ¡Eh! ¿Qué tiene de malo? Salí muy guapo en esa foto…
— No dudo que seas muy bien parecido, querido. —Aziraphale se sonrojó al decir eso. —Tan sólo que… tus elecciones de estilo de aquella época me parecen todo menos garbosas.
¿Por dónde empezar? Quizá por aquel peinado indescriptible, o la ropa tan… peculiar. ¡Y que no lo hagan comenzar a hablar de aquel ridículo bigote!
— Yo creo que me miraba bien. —se defendió Crowley en un intento de mantener su orgullo intacto.
Aziraphale sólo alzó los hombros en señal de indiferencia. Bastante años habían pasado ya desde la década de 1970 como para discutirle al demonio sus poco loables elecciones de estilo.
— Además, —quiso añadir el demonio. —Fue en esta época en la que aprendí a utilizar zapatos de plataformas. —y bastante orgulloso, le mostró otra foto suya, sacada alrededor de la misma época, donde salía él de cuerpo completo utilizando unas risibles gafas oscuras y unos zapatos de plataforma que le añadían varios sentimientos a su altura.
El ángel tuvo que admitir que de todas las fotos de la época, esa era la menos ridícula de todas. Además, tenía que admirar la osadía del pelirrojo al utilizar aquellos zapatos tan altos, que parecían amenazar con romperle los tobillos a cada paso que daba.
Cuando volvió su vista hacia Crowley, el demonio llevaba una caja de cartón en sus manos y miraba a su interior con un deje de nostalgia.
— Hace tiempo que tire todos mis zapatos de plataforma. —soltó Crowley un bufido. Nunca lo admitiría en voz alta pero hasta a él le daba un poco de vergüenza su cuestionable elección de estilo de hace cuarenta años. —Pero aún tengo estos, los utilice cuando usaba mi corporación femenina.
Le pasó a Aziraphale la caja, donde encontró bien acomodados unos relucientes tacones rojos.
— Son unos tacones muy lindos —dijo Aziraphale, tomó uno y lo examinó con detenimiento. Eran de un rojo brillante y reluciente, con tacón de aguja.
— ¡Por supuesto, son Louboutins! —respondió Crowley con si se tratara de un padre orgulloso, sin recordar que Aziraphale poco sabia de marcas y moda moderna.
— Y muy altos
— Pocos saben cómo usarlos correctamente. No es tan difícil, es cuestión de tener balance, elegancia y sentido de la moda. Mira, te lo mostraré —dijo Crowley y se sentó en el sillón junto a Aziraphale para ponerse los tacones. Le quedaban un poco justos, pero se los calzó de todos modos.
Crowley se levantó y dio un paso vacilante y luego otro. Pronto encontró su balance y caminó sin problemas hasta la puerta y de regreso, imitando la cadencia de las modelos de pasarela. Él ya había torturado a sus pies utilizando zapatos de plataforma en los 70's, esto era pan comido para él, sólo cuestión de práctica.
— ¿Ves? Gracia y elegancia son todo lo que se necesita para andar en tacones. —dijo mientras se contoneaba frente a Aziraphale, sintiéndose con más confianza al andar. —Eso es algo con lo que se nace, no se compra con todo el dinero del mundo. ¿No crees? —preguntó parándose triunfal con las manos en la cintura frente a al rubio, quien lo miraba fijamente con las pupilas dilatadas y la boca ligeramente entreabierta. — ¿Ángel? ¿Me escuchas? ¡¿Ángel?!
— ¿Eh? ¿Qué?
— ¿Pusiste atención a lo que dije?
Aziraphale no dice nada, no es que pueda, está boquiabierto admirando la esbelta figura de Crowley dar pequeños pero ágiles pasos por la habitación en esos pecaminosos tacones rojos. Dios perdone sus lujuriosos pensamientos, pero siente un garrafal deseo de hacer al demonio suyo justo en ese momento, con el pelirrojo sólo llevando puesto aquellas zapatillas de color carmín.
Cuando Crowley se dio cuenta de lo pasaba, un intenso sonrojo se instaló en la cara de Aziraphale como muestra de total pudor y vergüenza, pero en el caso del pelirrojo, sus labios de crisparon en una diabólica sonrisa mientras su lujuria inherente franqueaba los límites imaginados.
— ¿Ángel? ¿Te sientes bien? —le preguntó con sorna, porque él bien sabía lo que ocurría.
Aziraphale, ya con el rostro totalmente teñido de tono carmesí, negó efusivamente, tratando de sacar esos pensamientos de su cabeza. —Oh y-yo… no, no, no, ¡Crowley!
La sonrisa de Crowley no desapareció, al contrario, acrecentó. Tomó al rubio por la solapas de su saco y lo haló hacia él.
— ¡A la cama! ¡Ahora! —exclamó Crowley eufórico.
Después de eso, Crowley ya podía añadir a su lista de habilidades la de correr con plataformas de quince centímetros. Y Aziraphale pudo agradecer a Dios (Quien probablemente ya se estaba cansando de que se usara su nombre en vano) de que el Crowley de los 70's haya decidido usar zapatos de plataforma. Valió totalmente la pena, ¿No?
