10 Oportunidad


[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]


Levantándola en brazos, la llevó hasta la chimenea, Hinata sintió renacer la esperanza de poder conquistarle.

La boca de Naruto se aplastó sobre la suya con ansias.

Ella no tuvo tiempo para pensar, para darse cuenta de lo que estaba sucediendo. Él soltó las lazadas de su corpiño y desnudó su pecho, su mano le acarició los pechos arrancándole un pequeño grito de sorpresa.

Toda su vida había soñado con las caricias de un hombre, de ese hombre, Naruto jugó con los pezones que se endurecieron. Instintivamente ella se arqueó contra él para sentir mejor el exquisito roce de sus cuerpos que se apretaban uno contra otro.

Él dejó su boca para besarla en la mejilla y el cuello y mordisquearle el lóbulo de la oreja. A Hinata la recorrió un estremecimiento, cuando le lamió los pezones, su vientre parecía de fuego.

Cerró los ojos para disfrutar mejor de ese instante mágico.

—Oh... Naruto...

Las piernas ya no la sostenían, se tambaleó. Se encontraron de rodillas en la alfombra y Naruto la liberó de su fina camisa de batista dejándola desnuda hasta la cintura.

—Maravillosa —murmuró admirado— ¿Cómo pudiste esconder estos tesoros durante tanto tiempo?

—¿Cómo pudiste tu esconder tus escritos?

—Cada uno de nosotros tiene sus secretos y yo prefiero los tuyos.

De nuevo ella sintió los labios de él en su garganta y se tambaleó por efecto de ese beso extrañamente delicioso. La lengua de Naruto trazó un hábil recorrido entre sus senos haciendo que la recorrieran unos deliciosos escalofríos.

Los temblorosos dedos de Hinata se entrelazaron alrededor del cuello de Naruto ¿Cómo había podido ella vivir hasta entonces ignorando esas maravillas? Ahora podía comprender mejor porque ninguna mujer podía resistírsele.

Pero no, no iba a pensar en sus amantes. No esa noche. A partir de ahora Naruto le pertenecía y nada más era importante.

Él quitó una a una las horquillas de sus cabellos. La gran masa de pelo oscuro y ondulado cayó hasta la cintura de Hinata.

—¡Oh Señor! —suspiró él— ¡Que ganas tenía de besarte, de acariciarte... Se apoderó de su boca con ardor salvaje.

—¿De verdad? —murmuró ella sin aliento cuando él terminó de besar sus labios— ¿Desde cuando?

—Desde que irrumpiste en mi habitación en Wessex Hinata. Desde entonces solo pienso en ti.

Ella solo deseaba creerle y esa noche se creería todo lo que él dijera. Él le iba a enseñar todo sobre el amor y ella intentaría estar a su altura.

Quizá cuando estuvieran casados volverían a jugar este maravilloso juego. A lo mejor no se enfadaría cuando supiera que ella había venido a propósito para tenderle una trampa.

Él tomó posesión de su boca y ella se colgó de él. Él la tumbó con delicadeza sobre la espesa alfombra delante del fuego de la chimenea, pero no eran las llamas del fuego que allí ardía lo que les mantenía calientes.

Naruto le desabrochó la falda, la ropa no se resistía a sus experimentados dedos, poco después Hinata yacía desnuda bajo la luz de las llamas cubierta solamente con sus medias de seda y su liguero. Su pudor fue más fuerte que su deseo y quiso tapar su sexo con las manos, pero Naruto la cogió de las muñecas y se las apartó.

—No tengas vergüenza —le dijo amablemente— Eres hermosa.

Las lágrimas inundaron los ojos de Hinata. ¡Hermosa! Nunca se había permitido pensar que lo era. Él empezó a acariciarla de nuevo, más íntimamente, más provocativamente, ella se arqueó sin querer, onduló buscando algo que no conseguía definir.

—¿Naruto?

—No tengas miedo... Disfruta.

—¿De que?

—Shh... ya lo verás.

Él acarició sus piernas con infinita suavidad y Hinata tragó saliva. Se había tumbado a su lado y le estaba apartando las piernas con la rodilla, todavía estaba vestido y su ropa hacía un sorprendente contraste con la joven desnuda que se abandonaba a sus caricias.

—¡Estas tan caliente! —dijo él con voz ronca— Si hubiera sabido que lo deseabas tanto no habría esperado tanto tiempo.

Él continuó acariciándola hasta que Hinata, temblorosa, dejó escapar un gemido. Ella se perdió en el deseo, movía las caderas presa de un fuego desconocido.

—Déjate ir —murmuró él tomando posesión de sus labios, ahogando un grito de placer— Te sujetaré cuando caigas.

—¿Me caeré?

Un instante después un placer indescriptible la hizo marearse y, como en una nube, tuvo la impresión de que volaba para después aterrizar completamente saciada. Abrió los ojos y vio que él estaba sentado desnudándose.

En sus ojos brillaba una luz salvaje y respiraba pesadamente, el fuego transformaba su cuerpo en una especie de estatua de bronce. Hinata le miró admirada... No sabía que el miembro viril podía llegar a tener unas dimensiones tan impresionantes.

Él se tumbó a su lado y la cogió en sus brazos. Ella le besó en la mejilla.

—Me ha encantado lo que me has hecho.

—Eso solo era el principio hermosa mía.

—¿Pero que más puede haber? —preguntó ella con ingenuidad.

En lugar de responder, él la besó, el beso se prolongó y ella notó el sexo de él palpitar contra su muslo ¿cómo iba él a tomar su placer? ¿Se suponía que ella también tenía que tocarle... ahí?

Con el corazón acelerado, puso los dedos en el sexo endurecido de Naruto, se extraño de su calor y de la suavidad de terciopelo de la piel. Él se estremeció y Hinata retiró la mano desorientada.

—¿Te hago daño?

—Solo si te detienes —susurró él contra sus labios.

Le cogió la mano y se la guió, ella descubrió el poder erótico que tenía sobre él con una mezcla de vergüenza y de orgullo. Cuando él deslizó un dedo dentro de ella sin dejar de besarla, ella empezó a temblar. Ahora ya sabía que la liberación estaba cerca, pero cuando estaba a punto de alcanzarla él se apartó de ella.

—Por favor...—gimió Hinata.

—Dime lo que deseas cariño.

—Tú lo sabes.

—Me pregunto si lo sabes tú —murmuró él.

Se tumbó encima de ella y le apartó los muslos antes de introducir su miembro en la ardiente humedad del de ella. En ese instante fue cuando Hinata comprendió como se llevaba a cabo el acto amoroso. Hizo un ligero movimiento para apartarse que él tomó por un gesto de impaciencia. Sus ojos sondearon los de Hinata.

—Suavemente —dijo— No hay prisa.

Él volvió a empezar a cubrirla de besos y a acariciarla. Deslizó su lengua por el centro ardiente del cuerpo de Hinata y ella lanzó un grito de sorpresa y placer. Creyó que se iba a desmayar pero cuando se abandonaba a la boca que la atormentaba, Naruto se enderezó y luego la penetró de un solo movimiento. Ella se mordió los labios como respuesta al dolor fulgurante. Naruto se paralizó.

—Perdóname —murmuró.

Él la llenaba hasta lo más profundo de su ser, el dolor se desvaneció convirtiéndose en una sensación de plenitud como si toda su vida hubiera estado esperando ese momento. Lágrimas de alegría brotaron de sus ojos.

—Naruto... Naruto... Te amo.

—No te equivoques. No es a mí a quien amas, sino al deseo que te provoco.

Empezó a ir y venir dentro de ella con deliberada lentitud. Los corazones de los dos latían al unísono. Él empujaba cada vez más fuerte y más rápidamente pero Hinata no tenía miedo.

Feliz y confiada se abandonó a él con una pasión de la que no se habría creído capaz. Naruto la sometía a embates apasionados. Emocionada hasta perder la razón, abrazó sus caderas con las piernas. Amaba el peso de su cuerpo sobre el suyo, sus salvajes movimientos.

—No me equivoco —balbuceó perdida— Es a ti a quien amo Naruto, solo a ti.

Cada empujón les llevaba más cerca de la cima. Se perdieron en el orgasmo y le sintió temblar como una hoja.

—Hinata... Dios mío... Hinata —gritó él escondiendo el rostro en sus cabellos. Permanecieron inmóviles, abrazados y aletargados.

Poco a poco Naruto volvió en si, podía oler el perfume de Hinata, su suave piel pegada a la suya. Oía el golpeteo de la lluvia sobre el techo. Miró a Hinata, ella descansaba en sus brazos con los ojos cerrados y una lágrima en el borde del ojo.

Señor he destruido su vida.

Sin embargo no se arrepentía de nada. Nunca había conocido una mujer más hermosa, tan conmovedora en su declaración de amor. Conocía bien a Hinata, nunca habría entregado su virginidad a un hombre al que no amara.

A desgana se apartó de ella y entonces lo que había hecho le golpeó como un látigo. Había dejado que sus sentimientos le gobernaran y no se había retirado antes del momento fatídico.

Ahogó un juramento y luego rodó sobre su espalda. Solo le faltaba eso.

—¿Naruto? ¿Qué sucede?

Él volvió a abrir los ojos. Apoyada sobre un codo, ella estaba mirando con sus grandes e inocentes ojos. Era la imagen misma de la sensualidad. Unos rizos oscuros con reflejos azules le cubrían los hombros y los pechos...Era la primera vez que perdía la cabeza hasta el punto de olvidar las mal elementales precauciones.

—Vístete —le dijo.

Le lanzó la camisa, el tejido transparente aterrizó sobre el vientre de Hinata y esta lo cogió.

—¿Vestirme? ¿Es así como termina esto? Naruto ya estaba de pie y se puso los pantalones.

—Ya es hora de que vuelvas a tu habitación.

—¿Siempre eres tan distante... después?

La tristeza en su voz hizo dudar a Naruto quien se dio cuenta con consternación de lo grande de su error.

—Te pido perdón —dijo—No debería haberte hecho el amor...

—¿Qué quieres decir?

—Hinata, espero no haberte dejado embarazada.

Hinata se puso una mano en el vientre. Una expresión de sorpresa pasó por sus pupilas como si ya estuviera descubriendo una curva sospechosa.

—¡Oh Dios! —murmuró— Pero tu has hecho mil veces el amor y solo existe Ino... Creía que sabías como... evitar ese tipo de accidentes.

Él no tuvo más remedio que confesar su culpa.

—Si. Pero acabo de darme cuenta ahora. No pude controlarme.

—¿Y siempre lo haces?

—Si, siempre.

—Entonces ¿por qué conmigo no?

—Fue... Se me olvidó.

La cogió por los hombros.

—Hinata si alguna vez descubres que estás embarazada debes decírmelo inmediatamente ¿lo entiendes?

—¿Y entonces? ¿Te casaras conmigo?

Ella sonreía, sus ojos estaban brillantes, los ojos de una mujer satisfecha. Un sudor frío perló la frente de Naruto. Con el estómago hecho un nudo evitó la mirada de ella.

—No hay motivo...Ya veremos si lo estás.

—¿Si lo estoy?

Se puso en pie de un salto con la camisola apretada contra su pecho y los labios temblorosos.

—No sé ni siquiera como se sabe que... que se está esperando un hijo.

—Tu flujo menstrual se detendrá... ¿Cuándo sangraste por última vez? Ella enrojeció pero su mirada siguió firme.

—Hace unos días.

Él dejó escapar un suspiro de alivio.

—Bien, no corremos mucho riesgo. Él terminó de vestirse.

—¿Cómo puedes estar tan seguro? Vamos a tener que esperar semanas antes de saberlo, y mientras tanto...

—Mientras tanto tú vas a volver a tu habitación. Si alguien te encuentra aquí tu reputación estará acabada.

—No si nos casamos.

Él sintió un escalofrío en la espalda.

—Ya me cazaron una vez. No me volverá a pasar —declaró.

—Entonces te da igual mi reputación.

Él tenía las palmas de las manos húmedas.

—No te pasará nada —afirmó— Con un poco de suerte nadie sabrá nunca que te he seducido.

Sus labios se fruncieron... Los mismos labios que hacía solo un momento suplicaban sus besos mientras murmuraban palabras de amor. ¿Estaría lamentando haberse entregado a él? ¡Solo Dios podía saberlo! De todas formas Hinata no era la típica mujer llorosa.

De pronto ella le volvió la espalda, se puso la camisola y empezó a buscar el corpiño.

—Ahora que el asunto está arreglado ya es hora de que me vaya—dijo con su voz de solterona amargada. Nada estaba arreglado, pensó él, con el corazón en un puño. Había conseguido destruir su amistad.

La miró mientras se ataba los lazos y luego se ponía el vestido. La seda color turquesa cayó sobre su cuerpo delgado. Los dedos de Hinata se trababan en los botones de nácar, él la ayudó a abrocharlos y, al sentir su contacto, ella reprimió un estremecimiento.

¿Un estremecimiento de que? se preguntó él ¿de asco? ¿de desprecio? Si, ella debía despreciarle y con razón, no se lo podía reprochar, ella acababa de darse cuenta de que había entregado su virginidad a un sinvergüenza.

Él era un hombre experimentado, sabía desde el principio que si le hacía el amor su amistad se terminaría. Que una vez satisfecha Hinata solo podría verle a través del velo romántico del amor...Y sin embargo él no había sido capaz de resistirse a ella. De hecho era ella quien le había seducido a él.

Le asaltaron los remordimientos... y al mismo tiempo las ganas de volver a empezar.

—Hinata... murmuró

Quiso ponerle las manos en la nuca pero ella se apartó. Agachándose recogió las horquillas del pelo que estaban en la alfombra.

—Ya está —dijo— las tengo todas, ahora ya puedo irme.

Cualquiera que la viera adivinaría de inmediato que salía de los brazos de Naruto. El pelo revuelto, las mejillas ardiendo, los labios hinchados por los besos, era la imagen misma de una mujer que acaba de hacer el amor. Con pasó rápido ella se dirigió a la puerta del jardín. Él la cogió del brazo.

—Es mejor que salgas por la escalera interior. Está lloviendo a mares.

—Como quieras.

Era más arriesgado pero había límites para la prudencia. A esas horas dudaba de que quedara alguien despierto en la casa. La guió hasta la segunda puerta. Una vela en un nicho proyectaba una luz tenue en los estrechos escalones.

En tiempos de lord Rasengan padre, la habitación de arriba hacía las veces de granero. Naruto la hizo transformar en despacho, su refugio de poeta.

Ahora Hinata conocía su secreto.

Esa idea le molestaba, era como si hubiera desnudado su alma, nunca había mezclado su pasión por la poesía con sus otros placeres, y ahora había perdido el control de si mismo. Y por si fuera poco con una virgen, y no con cualquier virgen ¡con Hinata Hyūga!

En el descansillo ella se detuvo levantando hacia él una mirada indecisa.

—¿Tu ayuda de cámara?

—Iruka se ha ido a dormir.

Ella bajó las escaleras, él la siguió hasta el dormitorio. Hinata lo atravesó rápidamente como si tuviera miedo de que él la llevara a la cama con dosel. Él ardía por tomarla en sus brazos, sin embargo se contuvo. Nunca había traído a una mujer aquí, se encontraba con sus amantes en la casa de ellas o en su casa de soltero en Haymarket.

Pero Hinata se merecía algo mejor que una relación clandestina, esta noche había sido una equivocación, un acto de locura, un gran error que nunca se volvería a repetir.

Sin embargo, al verla coger el pomo de la puerta que daba al pasillo, su corazón se encogió. Sin pararse a pensarlo la cogió por la cintura.

—¡Hinata! No te vayas.

Ella le miró fijamente a los ojos.

—Ya me he quedado demasiado tiempo.

—Lo sé pero... ¡Oh Hinata!

La atrajo hacia él para besarla, ella se tensó por un momento y luego respondió a su beso.

Ahora que sabía que ella todavía le amaba, Naruto se sintió invadido de un sentimiento de gratitud infinita.

Quiso cerrar la puerta con la intención de arrastrar a Hinata hasta la cama.

Entonces sucedió lo peor que podía pasar.

Mientras se besaban, él vio por el rabillo del ojo un movimiento en el pasillo. Tres personas salieron de las sombras: lady Kushina, tía Natsu y el duque de Sharingan loco de ira.

Hinata se dio también la vuelta... y se quedó inmóvil.

—T… tía Natsu—barbotó.

El trío se acercaba ¿cuanto tiempo hacía que estaban ahí? ¿Y porque Hinata se sentía tan mortificada? El que la sorprendieran con Naruto le convenía, pero el joven todavía no había dicho que quisiera casarse con ella.

Por la expresión de censura del duque de Sharingan era evidente la imagen que proyectaba Hinata con sus cabellos revueltos y cayendo hasta su cintura. En la palma de la mano tenía las horquillas de esmalte que le había quitado Naruto antes de su apasionada unión.

—¿Qué significa esto Rasengan? —tronó el duque. Naruto sostuvo su mirada.

—Mi madre se lo explicará, después de todo tuvo la habilidad de traerle hasta aquí.

Como si fuera una reina, lady Kushina levantó una ceja con una expresión de extrañeza que le hubiera valido un premio como actriz.

—Le estaba enseñando a Su Gracia y a Natsu la galería con los retratos de la familia. No me imaginé ni por un momento que iba a provocar un drama.

—Estoy seguro de que hubieras llamado a mi habitación para continuar allí con la visita.

—Naruto no me hables en ese tono. Eres tu el que ha sido cogido en falta.

Natsu metió la nariz en su pañuelo.

—Hinata ¿cómo has podido? —lloriqueó— Te eduqué con unos estrictos principios. ¡Dios mío voy a desmayarme! Que alguien me traiga las sales. Y mi medicina.

Llena de culpabilidad, Hinata sostuvo a su tía que se tambaleaba. Naruto se precipitó a ayudarla.

—Señora, vaya a descansar, voy a llamar a mi ayuda de cámara. Hinata la acompañará.

—Es lo mejor —declaró lady Kushina—Sharingan y yo aclararemos las cosas con Naruto.

Hinata se dio la vuelta. Era evidente que iban a presionar a Naruto para que se casara con ella. Si se negaba ella tendría que hacer las maletas y volver a Wessex. Pero no iba a dejar que nadie decidiera su destino, ella también tenía algo que decir.

—Yo me quedo —dijo— Soy una mujer adulta perfectamente capaz de asistir a una reunión que tiene que ver conmigo.

—Entonces yo no me retiro a mi habitación —sollozó Natsu— Hinata es mi sobrina, es mi deber velar por sus intereses, sobretodo en las actuales circunstancias.

Lady Kushina hizo un gesto con la mano lleno de majestuosidad.

—En ese caso, vamos a hablar en los aposentos de Naruto.


Sentada en una banqueta, Hinata intentó serenarse. A su lado la tía Natsu se sonaba ruidosamente con su pañuelo de batista blanca. De pie delante de la chimenea, Naruto se enfrentaba a su madre y al duque.

Su rostro, tan agradable y expresivo unos minutos antes, se había convertido en una máscara de piedra. El duque de Sharingan con las aletas de la nariz temblando y las manos a la espalda se paseaba por la habitación.

—Vamos directos al grano —empezó— Rasengan, ha abusado de una joven que estaba bajo su protección. No se atreva a buscar excusas...

—No tengo intenciones de negar nada.

—En ese caso tengo que asegurarme de que le haga una proposición honorable a esta joven.

Se hizo el silencio, solamente interrumpido por los lamentos de tía Natsu. Hinata esperó en tensión la explosión, cosa que no dejaría de suceder cuando Naruto se negara a hacerlo. Éste inclinó la cabeza sin dejar de mirar al duque.

—En efecto, Vuestra Gracia, soy consciente de mis obligaciones con ella.

Sin poder dar crédito a sus oídos, Hinata levantó la cabeza, estaba apretando tan fuerte las horquillas con la mano que se le clavaban en la piel y sin embargo no sentía ningún dolor. ¿Era posible que Naruto aceptara casarse con ella?

Su corazón se encogió. A juzgar por su actitud, él estaba actuando contra su voluntad. Iba a pagar muy caro por una aventura de una noche.

—¡Gracias Dios mío! Estamos salvados —exclamó Natsu— Entre nosotros, ¡Quien hubiera creído que mi querida Hinata iba a sucumbir a los avances de un hombre divorciado, apartado de la sociedad, conocido por sus malas compañías, y...

—Basta tía —cortó lady Kushina— Alegrémonos más bien de la unión de nuestras familias. Se volvió hacia Hinata y le dirigió una tierna sonrisa.

—Estaré encantada de considerarte mi hija.

Hinata seguía inmóvil como una estatua. Normalmente hubiera debido ser la más feliz de las mujeres ya que su plan había tenido éxito: nadie le quitaría a Ino. Sin embargo no se alegraba de esa victoria obtenida con un engaño.

Los ojos azules como el mar de Naruto la atravesaron.

—Me gustaría decirle unas palabras a mi prometida. En privado.

—No creo que sea lo apropiado —se alarmó lady Kushina.

—Querida —dijo el duque— podemos concederles unos minutos. Un hombre tiene el derecho de pedir la mano de su futura esposa en la intimidad.

Diciendo esto Sharingan ayudó a Natsu a levantarse y salió acompañado de las dos mujeres. Estaban solos.

Hinata se levantó temblando, el corazón le latía tan fuerte que tuvo miedo de que Naruto lo notara.

—Escúchame —dijo antes de que él pudiera hablar— Sé que no quieres casarte. Si me entregas a Ino le diré al duque que he rechazado tu proposición.

—De modo —respondió él con tono helado— que lo que sucedió solo fue una artimaña para quitarme a Ino; y ahora utilizas a mi hija como rehén en tu sórdida negociación.

—Solo quiero lo mejor para ella —murmuró.

—¿De verdad? Viniste a mi despacho con la firme intención de seducirme, leíste mis papeles, fingiste admirar mis poemas...

—No, realmente creo que tienes un don.

—Ya es suficiente Hinata. Me has engañado dos veces, la primera con Shion y la segunda esta noche. Has conspirado con mi madre para que nos sorprendieran juntos.

—Lady Kushina no tiene nada que ver, actué sola.

—¿Entonces como sabía que tu estabas aquí? ¿Cómo podía estar segura de que nos encontraría juntos?

—No tengo ni idea... Intuición femenina sin duda. Pero eso no importa, todo esto ha pasado por mi culpa.

Hizo una pausa, estaba deseando meterse entre los brazos de Naruto. Por desgracia no podía ser. Continuó con valor:

—Te he traicionado, tienes razón, estaba desesperada. Quiero a Ino y tenía miedo de perderla. Intenta al menos entenderlo.

El rostro de Naruto expresaba el más profundo desagrado.

—Tú has malvendido tu virginidad a un hombre que ni siquiera te gusta.

—No Naruto, era sincera cuando dije que... que te amaba. Te amo desde siempre, desde que éramos unos niños.

Él se rió.

—Entonces no has tenido suerte Hinata, te vas a encontrar encadenada a un hombre que te desprecia.

Su crueldad le dolía, pero en medio de su tristeza Hinata no se lo podía reprochar.

Ella habia peleado por una buena causa, pensó que el fin justificaba los medios, y ahora, a los ojos de Naruto, ella solo era una mentirosa, una embaucadora, una farsante. Se merecía el desprecio de él pero no tenía valor para renunciar a la niña.

—No es demasiado tarde —se forzó a continuar— Te prometo hablar con el duque si me autorizas a hacerlo Naruto...Si llegamos a un acuerdo, si dejas que Ino viva conmigo en el campo...

—¡No! Ella se queda conmigo y no voy a cambiar de opinión.

Hinata se puso delante de la ventana con los puños cerrados, la noche había caído del todo y el jardín estaba inmerso en la oscuridad.

—Te casarás conmigo —decretó Naruto con voz neutra— En cuanto haya obtenido la autorización del arzobispo. Si es posible mañana por la tarde.

El veredicto cayó como un puñal. Una ráfaga de lluvia golpeó la ventana, Hinata podía ver el reflejo de su futuro marido en el cristal, tenía el rostro pálido, la mirada sombría y los labios apretados. ¿Por qué se dejaba atrapar así? se preguntó.

Porque tenía sentido del deber, del honor y de la decencia. Todas las virtudes que ella negaba que tuviera.

La invadió una oleada de remordimientos, si hubiera sido honesta habría rechazado su oferta de matrimonio...Pero estaba Ino, la pequeña necesitaba una madre, una presencia femenina. Hinata no tenía valor para renunciar a esa dicha, no soportaría continuar viviendo en su casita de Wessex con la tía Natsu por toda compañía.

Se vio pasados unos años, una solterona con arrugas, llorando por el único amor de su vida.

Una vez más dejó que fuera su corazón quien hablara.

—De acuerdo. Me casaré contigo.


—Rara vez he visto una recién casada tan adorable —exclamó lady Kushina desabrochando el pesado collar de oro y diamantes—Parecías una princesa mi querida Hinata.

Le entregó la deslumbrante joya a una doncella que lo guardo cuidadosamente en un estuche de terciopelo.

—¡Que boda tan bonita! —se extasió Natsu— Aunque se haya celebrado a toda prisa. El anuncio que aparecerá mañana en los periódicos dará mucho que hablar.

—¡Bobadas! —lanzó lady Kushina— Acogerán la noticia como el suceso del año. Aparte de mi matrimonio con el duque de Sharingan desde luego.

Su charla dejaba indiferente a la recién casada, ella se sentía vacía, inerte como un maniquí de madera. Dejó que le quitaran el corsé y la camisola y luego levantó los brazos para que le pusieran el camisón.

Se sentó en la silla delante del tocador y se quitó la corona de capullos de rosa blancos y luego las horquillas de marfil. Se cepilló el cabello con aire ausente.

Ahora era una mujer casada, la esposa de Naruto. En su mano izquierda brillaba un anillo, un sacerdote había bendecido su unión en una ceremonia privada en presencia de algunos amigos íntimos y de sus parientes.

Había atravesado el salón del brazo de su tía. Naruto la estaba esperando al lado de la chimenea de mármol, hermoso como un dios, con su traje azul con galones plateados. Durante la ceremonia él se comportó con una evidente frialdad, pronunció sus promesas con voz neutra y le dio a la recién casada un beso en la frente.

Sus ojos no evidenciaron ningún signo de cariño...En cuanto a Hinata, por fin vio su sueño realizado, el niño que ni siquiera se daba cuenta de su presencia era ahora su marido. Pero bastó con que ella le perteneciera para que el encantador libertino se transformara en un extraño.

Un extraño que la detestaba, que se sentía victima de un engaño.

—Bueno, ya estás preparada —dijo lady Kushina alisando la manga de encaje blanco de Hinata. Inclinándose le murmuró al oído:

—No tengas miedo, cuando Naruto te vea esta noche se olvidará de su enfado. Los hombres son así. Les hizo una señal a las doncellas.

—Saluden a la condesa y retírense.

Las dos jóvenes criadas hicieron una reverencia antes de desaparecer. ¡La condesa! Era condesa de Rasengan. Su nuevo rango le valdría honores y obediencia, ella sería la señora, un miembro respetado de la alta sociedad.

Y todo lo abandonaría por conseguir el amor de Naruto.

Cuando lady Kushina se fue la tía de Hinata se entretuvo un momento, una afectuosa sonrisa iluminaba su mofletuda cara.

—Te pido perdón Hinata. Muchas veces he criticado al conde y este a pesar de su mala reputación no ha dudado en casarse contigo lo que demuestra que es un hombre de honor.

—Yo también tengo que perdonarme a mi misma, ya que yo también le había juzgado mal. Su tía le dio un golpecito en el hombro con una ternura maternal.

—No te preocupes querida, tienes la oportunidad de ser feliz. ¡Ojalá yo hubiera tenido el coraje de actuar como tu!

Hinata la miró asombrada.

—¿Forzar a un hombre a casarse contigo?

—Aceptar una proposición de matrimonio. Sus dedos regordetes arrugaron el pañuelo.

—Nunca se lo he dicho a nadie...

—¿Qué sucedió?

—Cuando yo era joven me enamoré del hijo de un rico granjero. Pero teniendo en cuenta mi rango social no quise rebajarme a casarme con un hombre que se ganaba la vida labrando la tierra...Me negué a concederle mi mano.

Los ojos de Natsu se nublaron como si estuviera viendo las imágenes de su pasado.

—A veces me pregunto si no me equivoqué.

Hinata tenía la garganta cerrada. No le extrañaba que su tía tuviera una dependencia de su botella de reconstituyente. Nunca había podido olvidar su pena de amor. Abrazó a su tía.

—Lo siento mucho, no lo sabía.

Natsu le devolvió el abrazo apretándola contra su generoso pecho.

—Estoy muy contenta de que no te hayas vuelto como yo, vieja, sola, sin amigos...

—¡No estás sola! —declaró Hinata con fervor— Y te puedes quedar con nosotros todo el tiempo que quieras. Mi casa siempre será la tuya tía Natsu.

La anciana le besó la mejilla.

—Que Dios te bendiga Hinata, siempre has sido buena.

Se fue resoplando, la puerta se cerró, el silencio envolvió el dormitorio. Pensativa, Hinata se volvió a sentar frente al tocador. Nunca había pensado que Natsu hubiera sido joven y bonita, ahora solo era una anciana rodeada de soledad y añoranza.

Se trenzó el pelo como de costumbre, pero esta noche sus dedos se enredaban en los mechones, le llegó un aroma floral, se inclinó sobre la mesa y descubrió, entre los frascos de cristal, uno de perfume...el perfume de Shion. Lo barrió del tocador con la mano presa de una cólera inexplicable. Shion también había arrastrado a Naruto al matrimonio con engaños.

Hinata al menos no traicionaría su juramento de fidelidad.

Empezó a pasear de un lado a otro, la habitación en la que se encontraba estaba al lado de la de Naruto y estaba lujosamente decorada. Unas cortinas de terciopelo color rosa tapaban las altas ventanas, un candelabro de plata estaba encima de la chimenea donde crepitaba un fuego brillante que bañaba con una cálida luz el lecho con dosel que las criadas habían preparado para la noche.

Su noche de bodas.

La mirada de Hinata vagó hasta la doble puerta blanca y dorada que parecía burlarse de ella. Estaba cerrada y, mientras la contemplaba, la joven comprendió lo que iba a suceder. Naruto no traspasaría esa puerta ya que despreciaba a la mujer con la que acababa de casarse.

Ella había destruido la confianza de Naruto en ella, pero no iba a dejarse dominar por los remordimientos. Después de todo había contraído matrimonio con un objetivo muy preciso. Cogió un candelabro y se precipitó fuera de la habitación.


El coñac no le tranquilizaba.

Sentado en su habitación, delante de la chimenea, Naruto bebía, sorbo a sorbo, el oscuro elixir que habitualmente le aportaba un feliz olvido. La botella de cristal se vaciaba poco a poco y sin embargo Naruto continuaba despierto, casi sobrio. Tenía la mente despejada y no conseguía sacar a Hinata de sus pensamientos.

La cólera le embargó de nuevo. Bebió un largo trago con la esperanza de tranquilizarse, pero no lo consiguió. Ella se había aprovechado de su debilidad, le había engañado, traicionado y llevado por donde quiso. Y él, como un idiota creyó sus mentiras.

Bueno, quizá no todo habían sido mentiras. Ahora recordaba que cuando había querido irse de la torre, Hinata quiso salir por la puerta del jardín. Fue él quien insistió para que tomara la escalera interior porque estaba lloviendo.

¿Quería eso decir que Hinata no estaba al tanto de los planes de su madre? Le concedería el beneficio de la duda en ese tema.

Sin embargo le había privado de su libertad y eso él no podía perdonárselo.

Esa noche, cuando ella entró en el salón, engalanada con un vestido dorado, con los diamantes de los Rasengan y peinada con una corona de rosas blancas la hubiera perdonado de todo corazón.

Ella había pronunciado los votos sin avergonzarse, con voz alta y clara, como si realmente tuviera intenciones de honrarle, obedecerle y cuidarle en la salud y la enfermedad hasta que la muerte los separara. Pero solo quería a su hija y él lo sabía.

No he mentido cuando te he dicho que te amaba.

El recuerdo de su dulce voz le hizo el efecto de un afrodisíaco. Todos sus sentidos se inflamaron. Hubiera dado todo lo que tenía por tenerla entre sus brazos, por perderse en su suavidad.

Hinata, que le había utilizado como un peón en el tablero de sus maquinaciones, no debía olvidarse de ello nunca y sobretodo ahora que estaba instalada en la habitación contigua.

Naruto lanzó una mirada sombría a la puerta de separación. Si hacía caso a sus deseos abriría la puerta que les separaba y obligaría a su nueva esposa a cumplir con su deber conyugal.

Se levantó de un salto. ¡De ninguna manera! Dejó su dormitorio sin saber muy bien donde iba, tenía que alejarse lo más deprisa posible para no sucumbir a la tentación.

La casa estaba en silencio, todo el mundo estaba durmiendo. Solo la vacilante llama de una lámpara de aceite puesta en un hueco iluminaba las tinieblas.

Cogió la lámpara y continuó su camino, sus pasos le condujeron hasta la guardería.

Oyó unos ronquidos que venían de la habitación infantil. Ralentizó el paso para no despertar a la niñera de su hija, prefería que sus visitas nocturnas siguieran quedando en secreto, siempre se sentaba y miraba a Ino mientras esta dormía apaciblemente y verla le llenaba de un indescriptible sentimiento de ternura.

Pero esta noche, una débil luz danzaba en la habitación de la niña. Si la criada se había olvidado una vela encendida, eso significaría su despido inmediato. Se quedó inmóvil en el quicio de la puerta.

En la mesa había un candelabro, su luz ámbar iluminaba la mecedora donde Hinata se mecía suavemente con Ino en los brazos. Las dos estaban dormidas.

Le invadió una oleada de sentimientos contradictorios, ira, indignación, amargura, ternura. La manita de Ino descansaba en el pecho de Hinata. Cualquiera hubiera pensado que eran una madre con su hija.

Quiero a Ino, tengo miedo de perderla.

En medio de su rabia él se había olvidado de lo más importante, Hinata se había jugado el todo por el todo por amor a esa criatura. Y había ganado la partida. Sin embargo eso no disculpaba la manera en que lo había hecho.

Naruto dejó la lámpara cerca del candelabro y se acercó despacio a la mecedora. Hinata parecía muy frágil.

Sus pestañas daban sombra a sus mejillas, su larga trenza formaba una oscura serpiente sobre su camisón.

Los deseos de soltar los cordones del mismo para besarle la garganta le cortó el aliento. Maldijo su propia ingenuidad. No podía confiar en una traidora que le había hecho una jugada diabólica. Cogió a Ino en sus brazos.

Hinata se despertó sobresaltada. Sus brazos se cerraron alrededor del cuerpecito dormido pero solo encontraron el vacío. Se le escapó un grito.

—¡Ino!

Una figura se alejaba, se levantó horrorizada.

—No pasa nada —dijo una voz profunda— Soy yo. Naruto.

El miedo se transformó en alivio, le miró llevar a la niña a su cuna. La había sorprendido el sueño, había querido mecer a Ino unos minutos para sentir la calma que la niña proporcionaba a su corazón.

La luz de la lámpara daba reflejos dorados a la camisa de Naruto. Él se inclinó en la cuna y depositó a Ino con mil precauciones. Por un momento sus rasgos se dulcificaron.

Él también amaba a la niña.

Con el corazón en un puño, Hinata sintió que las lágrimas le enturbiaban la vista. Si tan solo pudieran formar una familia, si tan solo él se diera la vuelta para abrazarla con sus fuertes brazos...

Pero él cogió la lámpara de aceite y se dirigió hacia la puerta.

—Naruto espera —murmuró.

—Ve a acostarte —respondió él con rudeza.

Un instante después desapareció en la oscuridad.

Hinata ni siquiera hizo el esfuerzo de seguirle, era inútil. Evidentemente él no quería saber nada de ella, el único lazo que les unía dormía apaciblemente en su cuna: Ino. No había nada más.

Hinata se volvió a sentar en la mecedora, estaba muerta de tristeza. Lady Kushina le había avisado que Shion había usado la misma táctica para obligar a Naruto a casarse con ella.

Sin embargo Hinata guardaba el recuerdo de ese magnífico día cuando vio pasar la carroza nupcial. Aparentemente por aquel entonces, Naruto se sobrepuso al rencor. Por desgracia en esta ocasión no parecía dispuesto a perdonar a su segunda esposa.

Hinata se balanceaba suavemente, reflexionó durante mucho tiempo, la pequeña llama oscilaba en las sombras, la vela estaba casi consumida cuando se levantó. Había tomado una decisión.

Tenía que ganarse la confianza de Naruto.


La Historia tiene la finalidad de Entretener.