23. Hambre

Heero sentía la cara arder. El duelo uno a uno era tan intenso que no lo dejaba pensar en nada más. Duo no solo era buen piloto, sino que era un jugador rápido e ingenioso en cada movimiento. Cada punto que lograba sacarle de ventaja era rápidamente recuperado.

—Oye, qué buen tiro —felicitó Duo jadeando, luego de que pasara su marca y encestara una canasta de dos puntos.

Estaban empatados en veintiocho. Había perdido la noción del tiempo, no sabía si llevaban una o dos horas jugando.

Duo recuperó el balón, pero en vez de atacar como era su turno, se lo lanzó directo a las manos, ganándose una mirada interrogante de su parte.

—Te dejaré ganar solo porque tengo hambre —informó Duo, apuntando con el pulgar el aro tras él.

A Heero no le gustaba perder, así que lanzó un tiro de tres puntos, el primero de todo el encuentro, quedando con treinta y uno.

—¿Vienes? —invitó Duo, echando a caminar luego de darle una mirada llena de diversión—. Te saltaste la cena.

Era cierto, también tenía hambre. Asintió por toda respuesta y lo siguió en silencio.