Harry Potter No me pertenece.

Reeborn

Capítulo 11: Quinto año segunda parte

Sus ojos se abrieron de golpe y tomo asiento en el suelo casi jadeante, las pesadillas efectivamente aun no la dejaban, pero no tenía tiempo para pasar todo el día sufriendo. Ignorando el dolor del suelo o la luz que entraba entre los árboles, o incluso que aún seguía dentro del bosque, sus ojos se posaron fijamente en el hombre alejado de ella. Sirus Black la miraba, con un cuerpo destrozado, demasiado delgado y demacrado, que solamente aumentaba su culpa cada segundo.

Este año no debió quedarse en navidad.

Aunque ir a casa, tampoco hubiera ayudado mucho.

—¿Cómo sabias quién era? —hablo la voz rasposa del hombre.

Ha, pregunta complicada.

Lo miro fijamente, pensando que su brillante plan no tenía casi nada de brillante. Miro de reojo sus heridas, algo vendadas, no de forma correcta, pero era un intento del hombre porque no muriera. Sentía el dolor palpitar y probablemente una infección.

Pero estaba con vida.

—Eso no importa, lo que importa es que pienso ayudarte—musito firmemente, no podía explicarse.

Apretó con fuerza la mano sobre su herida.

Pero no podría agregar otra culpa a su espalda, no soportaría el peso de más culpa, por lo cual había decidido que, ante cualquier circunstancia, Sirus Black ese año sería libre. Sería una forma de demostrar que podía ayudar en algo, que el futuro que parecía escrito podía ser cambiado.

El rostro incrédulo del hombre, claramente demostraba que no le creía.

Ella lo ignoro.

—Yo también estoy buscando a esa rata—eso si funciono, los ojos de Sirus prácticamente ardieron en odio ante la simple mención—y puedo encontrarle—añadió ahora algo maliciosa.

Casi sintiendo por primera vez una emoción real que no era la culpa, era la venganza, algo que Tom podría apreciar en su interior.

.

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Ignorando la gravedad de sus heridas y con un nuevo plan en mente, que claramente no se limitaría a terminar el año, Jacqueline camino tranquila por los pasillos. Sus heridas y el dolor eran palpables, pero no podía evitar sentirse más viva que en mucho tiempo, con un plan en mente. Cuando llego a la sala común, pudo notar como Ron y Harry estaban siendo reprendidos por la profesora McGonagall, mientras Hermione parecía querer esconderse. El regaño era similar a no aceptar un regalo sin notas, alzo la mirada casi culpando a Sirus de ser tan estúpido.

Un vago recuerdo de que le quitaban la escoba al chico pareció rondar por su mente.

—Yo la regale—hablo en voz alta atrayendo la atención de todos, sobre todo la incrédula de Harry, era técnicamente una mentira, pero al menos no le quitarían la escoba.

—¡JACKIE! —dijeron los gemelos casi desbordando de alegría al verle, pero ella mantuvo la mirada a la profesora.

—Olvide poner la nota—musito encogiéndose de hombros, ignorando a los dos chicos casi sobre ella abrazándola.

La profesora McGonagall le dio una mirada claramente de incredulidad y sospecha, pero su apariencia indiferente la hizo suspirar al ver la escoba, antes de dársela a Harry quien la tomo en sus manos incrédulo. No había alguna queja, su familia era rica, no había problemas en alguna escoba costosa.

No estaba segura de querer saber cómo la consiguió Sirus por su propio bien mental.

La profesora como la mayoría, al recordar su estado mental, solamente suspiro y salió algo furiosa del salón. Noto como Ron le daba una mirada fanfarrona a Hermione que estaba bastante molesta por la situación, pero aprovecho para pasar al lado de Harry.

No habían intercambiado palabras desde aquel día en la cámara secreta.

Apretó los puños.

Se obligó hablar.

—No fui yo quien la regalo, pero conozco quien fue, no te preocupes—le susurro rápidamente antes de alejarse y ser arrastrada por los gemelos.

Estos le llenaron de preguntas de donde estaba, pero ella decidió ignorarlos mientras se tiraba en el sofá.

Internamente un plan se estaba formando.

Pero por hoy, navidad, era navidad.

Miro a los gemelos darle sus regalos que no había abierto, entre un suéter, comida y libros, no pudo evitar notar un pequeño adorno para el cabello en forma de flor. Era muy sencillo, pero claramente hermoso, se sorprendió de saber que Charlie le mandaba algo así, nunca fue considerada femenina.

Fred se lo quito de la mano y se lo puso en la cabeza, diciéndole que se veía bastante bonita. George en cambio comenzó a reírse de su hermano por ser tan idiota.

Una leve sonrisa se escapó de sus labios al lado de ambos.

Eran su familia después de todo.

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Fue la tarde después de la visita usual a Hogsmeade que su plan estaría en marcha, faltaba mucho para que terminara el año escolar y aun debía hacer demasiadas cosas. Noto fijamente como Ron estaba tratando a la horrible rata con mucho cuidado, mientras a su lado Fred comentaba algo sobre una nueva broma. Tenía poco tiempo, pero sería suficiente, pensó mientras se levantaba y caminaba en dirección a Ron, quien estaba a punto de subir las escaleras para darle un tónico a la rata.

—Se ve muy mal—musito llegando a la habitación con este.

Ron quien aún no era del todo inmune a sus encantos de Veela, se sonrojo levemente antes de rascarse la nuca.

— Scabbers es muy vieja, pero debo cuidarla—dice Ron con tono heroico.

Ella mira de forma curiosa a la rata, que parece tensarse cuando su mirada se dispara a ella, la rata parece querer revolverse, pero antes de que nadie se diera cuenta ella levanta su varita. La rata comienza a flotar, haciendo que Ron parpadee.

Pero ella se limita a asentir en comprensión.

—Tal parece que está enferma, no te preocupes Ron estuve investigando en un libro sobre esta clase de enfermedades y tengo la cura, espero no te moleste que la cuide unos días, prometo que el gato de Hermione no se le va acercar—hablo con calma mientras la rata caía en sus manos, donde la apretó con demasiada fuerza.

La rata chillo, pero ella le lanzo un hechizo silenciador.

—¿Estas segura? Percy dijo que no te agradaba mucho—musito Ron con algo de confusión.

Le dio una palmadita en la cabeza, notando que estaba creciendo y que pronto le pasaría en estatura.

—Lo hago por ti Ron—le hablo suavemente, este salió con una sonrisa.

Ella miro a la rata que salto de su mano lista para correr, pero no había contado con que ella le petrificada. Antes de meterla a su jaula, que se encargó de fortalecer con magia. La llevo con cuidado a su habitación, en medio del partido contra Ravencraw, ella haría el inicio de su plan.

Los gemelos la vieron con duda, cuando ella apareció con la rata, comentando curiosos que no se movía.

—Es un nuevo tratamiento—había dicho ella con diversión, al notar que si bien la rata petrificada, aun parecía mover las pupilas.

Esa noche durmió un poco más tranquila.

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¿Sería expulsada esta vez?

Faltaba mucho para que terminara el año escolar, tal vez podría darle la culpa a su estado mental, pero no le importo. Colocando un poco de ropa en una mochila, que tenía comida, tomo la jaula de la rata que seguía petrificada. También tomo el mapa de los merodeadores antes de salir corriendo de la habitación cuando verifico que nadie le seguía.

Una parte de ella le dijo que fuera con Dumbledore, pero la otra parte, mucho más infantil, le dijo que no debía hacerlo.

Ella puede.

Como una prueba, de que no es una inútil, que es de utilidad aún.

Salió del castillo escuchando el sonido del estadio a lo lejos, apretó un poco la jaula en sus manos, antes de comenzar a correr dentro del bosque, siguiendo los pasos que la llevaron en una media hora donde estaba un claro, donde ya era esperada por Sirus. Incluso en medio de su petrificación, escucho un jadeo provenir de la rata y los ojos de este brillar cuando llegaron a su lado.

—Bien hecho niña—hablo palmeando la cabeza, antes de meter la mano dentro de la jaula casi exprimiendo a la rata.

Que seguía paralizada.

—Debemos irnos—indico ella colocando mejor la mochila.

La casa de los sustos.

No iban a repetir la situación, sobre todo porque aún no era luna llena. Espero que la carta que le dejo en el escritorio al profesor Lupin, lo hiciera sentir suficientemente curioso para venir sin nadie más.

Sirus asintió de forma desinteresada antes de comenzar la caminata, ella siguió antes de lanzarle un hechizo a la rata que le dejo inconsciente.

No tenían mucho tiempo.

.

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Remus parecía no venir y la noche comenzaba acercarse, era difícil contener a Sirus de no matar a la rata inconsciente, pero ella le explico que no podrían hacerlo sin que todo fuera un caos. Ella estaba abrazada en el suelo contra sus rodillas, mientras miraba a la ventana preocupada. No puede fallar, no hay ninguna forma en que vuelva a fallar. El sonido de unas pisadas la hizo levantarse de inmediato, notando como Remus entraba por la puerta con tono algo pálido, no era luna nueva, pero estaba cerca.

Los ojos del profesor prácticamente fueron de la confusión a un fuego furioso cuando cayó en Sirus en la esquina. Este no parcia defenderse cuando Remus claramente iba a remeter contra este, por lo cual ella se puso de brazos extendidos alarmada.

Pareció confundirlo, pero este no bajo la varita en ningún momento.

—Señorita Carlier, apreciaría mucho que se quitara frente de mi—hablo con clara furia contenida.

Sintió pánico, pero no se movió ni un milímetro. Para la siguiente parte de su plan, ocupaba la ayuda de Remus y su confianza, si no la ganaban, perderían a otro miembro valioso.

Su ceño se frunció.

No podía fallar.

—Lunático amenazando niños, sin duda no has cambiado—dijo Sirus echando leña al fuego, lo noto en los ojos de Remus.

Se mantuvo firme.

—Profesor Lupin, esto es serio, ocupamos su ayuda—expreso algo alterada, sintiendo emociones confusas dentro de ella, no eran buenas, el pánico sin duda seria problemático, pero no quería fallar—sé que tiene sus dudas, pero le pido que antes que haga algo, se fije que hay dentro de la jaula y luego tome la decisión—expreso suavizando un poco su mirada seria.

Claramente no funcionó bien, el profesor aun parecía ver con furia a Sirus, pero cuando cambio su mirada a ella por unos segundos, noto la duda en estos. No quería hacer lo que pidió, pero pareció rendirse luego de que lo vio en tono suplicante.

Bufo, pero no soltó la varita mientras caminaba a la jaula en medio de una mesa casi totalmente destruida.

Pareció ver meditabundo y confundido a la rata por unos segundos, que hicieron que sintiera todo su interior explotar en nerviosismo. Parecía confundido luego, antes de que la realización se posara en sus ojos y la viera alarmado, antes de ver de reojo a Sirus que parecía serio en este momento.

—¿Como? —pareció querer buscar una palabra, pero pareció incapaz de decir nada.

—Colagusano siempre ha sido una rata de alcantarilla—

—Pero es imposible, debería estar muerto—

—Y yo debería ser un traidor, pero ninguna de esas afirmaciones es cierta—

Jacqueline pudo ver el dolor e incredulidad en los ojos de Remus, antes de voltear el rostro a la rata con dudas en su mente. Ella quiso decir algo, pero no era su conversación, ella solo se encargaría de que Sirus no fuera arrestado o sentenciado, lo demás que pasara con la vida del hombre, era su elección.

Pero algo pasaba, lo sintió un segundo, mientras su exterior parecía calmado, un grito resonó en su interior.

Algo se acerca, era la voz suave de Tom, un susurro suave y divertido.

Giro el rostro justo a tiempo que algo explotara en la pared y ella saliera volando contra la pared. Comenzó a toser mientras se incorporaba, viendo entre el polvo como Sirus y Remus también se medió incorporaban. Pero antes de levantarse, un pie sobre su espalda la bajo nuevamente al suelo con fuerza, soltó un chillido antes de ver sobre su hombro, un hombre con una capa negra y enmascarado.

Quiso decir algo, pero un cruciatus la dejo gritando en el suelo.

—Llévense a la rata y a la niña—fue la voz del hombre, que fue extrañamente familiar.

Pero no estaban solos.

No era solo el hombre.

Durante un segundo se alegró estúpidamente en medio del dolor insoportable de todo su cuerpo, esto no debía pasar, de alguna manera había logrado cambiar el futuro. Solo un 2 % de su mente pensó eso, la demás estaban repletas de un dolor insoportable. También durante ese transcurso, no entendía que había salido diferente, claro que ella estaba interviniendo, pero no era suficiente para que alguien hiciera algo así.

Remus había querido luchar, pero rápidamente fue repelido al suelo al mismo tiempo que Sirus.

Ella gimoteo cuando alguien la tomo por el cabello para levantarla, fue cuando observo como un hombre enmascarado sacaba la rata de la jaula, sus ojos se llenaron de pánico.

Sin Colagusano, no tendrían forma de liberar a Sirus.

No.

Iba a fallar.

No iba a lograrlo.

La imagen de Harry amable llego a su mente, al mismo tiempo que la de Ron y Hermione discutiendo, Ginny sonriendo, los gemelos siempre a su lado. Eran solo una de las pocas personas que apreciaba, personas que una vez no significaron nada, pero que ahora eran parte de ella. En su vida pasada no había tenido ese propósito, esa información que podría ayudar a otros.

Pero ahora la tenía, leve, pero la tenía.

Se sentía útil, pero todo lo que había hecho desde el inicio, parecía que solamente era fomentarse egoístamente ella misma, hacía lo que quería cuando quería, tenía amigos que antes no tuvo, disfrutaba de una niñez que no pudo tener. Egoísta, era una palabra que susurraba Tom de manera divertida a su oído, era una gran egoísta que sabía lo que sufrían otros y no hizo nada.

Ahora con sus emociones ocultas, selladas, ella era incluso una molestia.

Gimoteo antes de sujetar la mano del hombre que le dio un cruciatus, con una nueva decisión lo lanzo con una llave sobre su espalda. Muy al estilo no mágico, pero que le importa poco cuando este gimotea al suelo.

En ese instante se dio cuenta que había ocho magos más, lo cual era estúpido ya que ella apenas si era una maga (estudiantes realmente) y los otros dos adultos, bueno, uno sin varita y el otro débil por ser un hombre lobo.

Era una idiota.

Pero prefería morir aquí que seguir sintiéndose como una inútil.

Sin muchas ideas y realmente sin pensarlo bien, simplemente grito un hechizo que creo con los gemelos. Una especie de espuma verde con morado, salió de la varita inundando la habitación en cuestión de segundos. Mientras los hombres parecían confundidos por la situación, ella se transformó en un lobo para sujetar rápidamente a Colagusano en la boca, que parecía despierto y sin tanta parálisis.

Salto por el agujero que los hombres crearon, escucho gritos que pedían que la siguieran, pero ella los ignoro corriendo con todas sus fuerzas. Sintió pena por la mochila con sus cosas, pero al menos también tenía la varita en su boca.

Correo, solo corre.

Era su pensamiento, antes que de la nada, un hechizo se estampara contra su pata y la mandara volando por los árboles. La transformación se disipo, al tiempo que ella se medió incorporaba, solo para ver que Colagusano la rata desaparecía y en su lugar quedaba Peter.

Gracias a sus reflejos, logro convocar un débil escudo que repelió una maldición, pero no fue suficiente. La patada contra sus costillas fue dolorosa, pero se olvidó cuando un hombre la levanto por el cuello sin mucho esfuerzo. Comenzó a patear al aire, queriendo liberarse, pero era imposible.

—¿Esta es la niña que quiere el señor oscuro? —cuestiono el hombre viéndola con incredulidad, mientras ella rasguñaba sus manos para soltarse.

Pero se detuvo.

¿El señor oscuro?

¿Tom?

Ignorando que no podía respirar, su rostro se puso pálido por muchas otras razones. Un miedo inmensurable la inundo, casi jadeante ante la idea de que Tom la quisiera de regreso, sin querer revivir lo que paso, queriendo escapar. Sin fuerzas, pero por desesperación, le pego una patada al hombre en la cara, que dejo escapar su máscara y ella cayo con violencia de espaldas.

Un rostro que no parecía del todo humano y grandes ojos azules, la ven con ira y ella se siente pequeña.

—Fenrir no la mates, ya te lo dije, ella parece ser necesaria—musita una voz mucho más calmada, quien aun con mascara gira a ver a Colagusano en el suelo, quien parece jadeante.

Ella intercambia miradas, antes de sentir a el hombre llamado Fenrir, pisotear su pie, que hace un horrible sonido ante la evidente fisura o rotura que debe estar sintiendo. El grito agonizante sale de su boca antes de poder impedirlo, todo su cuerpo parece lleno de adrenalina y dolor al mismo tiempo.

Gimotea cuando este acerca su rostro peligrosamente al de ella.

—Si fuera luna llena, me encantaría convertirte en uno de nosotros…o matarte—su voz suave y grotesca, solo la hace sentir pálida.

Lagrimas comienzan a salir de sus ojos.

Y es como una represa que se rompe, por un momento la sensación de no poder demostrar sus emociones, parece desaparecer y el pánico inunda todo. Sus ojos comienzan a llorar mientras ella niega, totalmente aterrada ante la idea de morir. La felicidad, la tristeza, el enojo, la diversión, todo la ataca como una bola de demolición.

Todo parece querer salir, como si lo que hubiera bloqueado sus emociones, hubiera sido roto con su pierna.

Sabe que prefiere morir a ser una inútil, pero tampoco es que quiera morir, no de nuevo, no sin haber hecho algo.

De pronto el hombre parece ser envestido, alejándola de ella, quien se encoge en su lugar sin poder moverse. Su boca se abre al ver como su profesor Lupin había logrado enviar a Fenrir de forma violenta contra un árbol, este quien luce extrañamente iracundo, parece que va a matarlo de un momento a otro.

—Greyback—gruñe casi animal.

El hombre en el suelo gruñe, pero con una mirada animal casi complacida.

Ella ignora ambos, para ver como el otro enmascarado toma a Colagusano de su cuello, viéndola por última vez antes de desaparecerse.

—¡NO! —grita cuando ve que se lleva a Peter.

Entonces Fenrir también parece bufar antes de salir corriendo entre los árboles.

No.

No.

No.

Intenta incorporarse, olvidando que su pierna está rota, cayendo de frente con un dolor en su cuerpo, que ignora cuándo Remus intenta ayudarle. Voltea a verlo desesperada, sintiendo demasiadas emociones y lágrimas en su rostro.

—¿Sirus? —pregunta en un susurro.

Ve el dolor en el rostro de Remus y sabe que las palabras que va pronunciar no son de su agrado.

—Dumbledore y Snape llegaron con algunos aurores que te estaban buscando, lo llevaron a Hogwarts, pero pronto ira a prisión—

Bien.

Mierda.

.

.

Cuando Remus la llevo en sus brazos de regreso a Hogwarts, ella supo que había fallado nuevamente, mientras era colocada en la enfermería y atendida rápidamente. Escucho susurros, de Poppy la enfermera a Remus, indicándole la cantidad de sus heridas y la esencia de un hechizo prohibido a su cuerpo, también sobre el cruciatus. Este susurra vagamente lo que paso, repitiéndolo cuando Albus entro al lugar seguido de su madre y padre alterados. Su padre la abrazo con fuerza, casi luciendo desesperado, al tiempo que su madre le gritaba a Albus sobre lo mal que era esta escuela.

Ella se dejó hacer, sin dejar de ver a la nada incrédula.

Sirus.

Nuevamente estaba en problemas, pero ahora no sería igual, no había terminado el año escolar, Harry y Hermione no podrían ayudarlo nuevamente.

—¡ES SOLO UNA NIÑA! —chillo su madre a Albus con furia en su voz—me prometiste protegerla, me prometiste que protegías a tus alumnos y mi hija casi muere—parecía llena de furia con una varita en su mano, casi lista para atacar.

—Señora Michelle—comenzó Albus luciendo claramente preocupado como arrepentido.

De la nada su madre levanto la varita tan rápido, con sus ojos brillando en reto y haciendo que los presentes jadearan.

—Albus te advierto que no soy de jugar, no soy como los magos inútiles de tu gremio, te matare sin dudarlo si tu respuesta no me es satisfactoria…soy una Black, deberías tomarlo en cuenta—su voz era fría, carente de emociones y con una amenaza que la dejo incrédula.

¿Alguien amenazaba a Albus Dumbledore?

Dejo la incredulidad, ignoro el brazo de su padre, antes de ver a su director con incredulidad.

—Sirus—dijo con voz patosa y reseca por los medicamentos que fue obligada a ingerir, todos la vieron con leves o diferentes grados de sorpresa—Sirus Black es inocente, Peter esta con vida, esos bastardos de lo llevaron, Sirus no hizo nada malo—hablo intentando poner sentido a sus palabras, pero solo fueron vomitadas con nervios y ansiedad.

Su madre la vio confundida, al tiempo que su padre intercambiaba miradas con los demás presentes confundido.

Albus pareció confuso, antes de suspirar.

—Señores deberíamos seguir esta charla en mi oficina, la joven Jacqueline debe descansar—hablo Albus viendo a sus padres.

Su padre le dio un beso en la frente, antes de tomar de la mano de su madre para que bajara la varita, esta gimió antes de hacerlo de mala gana. No la vio en ningún momento después de eso, el director los llevo con Snape, que la vio con completo desprecio, antes de pasar empujando sin piedad a Remus.

Estaba débil.

Lo sentía.

Débilmente se sujetó del saco de Remus, quien giro a verle con pesar en sus ojos, además de un cansancio que no era debido a su situación genética de hombre lobo. Sus ojos parecían suplicar por una respuesta, que este dio con algo de pesar.

—Sirus fue enviado al ministerio, no sé qué pasara con él—indico con pena, antes de hacerla acostarse.

Ella puso ambas manos en su rostro.

Mierda.

Lo había arruinado.

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.

Poppy fue amable de aceptar su petición de no dejar a nadie pasar por ella, aseguro que en su condición ocupaba descanso y era mejor que no recibiera a sus revoltosos amigos. Pero, aunque estaba agotada, aunque Poppy logro sanar su pierna rota, su cerebro no dejaba que durmiera. No cuando cualquier segundo parecía ser el último de Sirus, sobre todo si había cambiado tanto la historia. Los cambios no eran buenos, también pueden ser malos.

Si Sirus muere ahora.

No quería imaginarlo.

Debe llegar al ministerio, debe hacer algo, debe hacerlo ahora.

Pero era imposible, estaba en el castillo y la única forma de llegar pronto era por medio de la Red Flu que estaba en la oficina del director. Si hace algo tiene que ser ahora, pero no cree que pueda hacerlo sola.

Con una leve sonrisa, le solicita a Poppy si puede traerle algo de comer, esta parece emocionada diciendo que lo traerá enseguida. Ella sigue sonriendo, antes de abalanzarse fuera de la enfermería con sus ropas llenas de sangre, su cuerpo doliendo horrores y una mirada de pánico, además de su cuerpo casi por completo vendado.

Se alegra de no haber dado unos pasos, donde los gemelos están hablando entre ellos, al acercarse escucha algo sobre colarse a la enfermería. Fred es el primero que la ve, luciendo levemente feliz, para luego verla pálido.

—¿Jackie? —cuestiona preocupado antes que George voltee el rostro y también la vea preocupado.

Pero no hay tiempo.

Casi se tropieza y es George quien logra estabilizarla, pero sabe que ellos son su única ayuda.

—No hay tiempo, ocupo que saquen a Dumbledore y mis padres de la oficina, es un asunto de vida o muerte—suplica con cansancio y dolor en sus ojos, los gemelos parecen querer negarse al verla en esa condición, lo cual la hace desesperar—¡POR FAVOR! —grita en casi una súplica, con sus ojos llenos de desesperación.

Ambos intercambian una mirada entre ellos, descubre que George tiene el ceño fruncido, pero Fred parece asentir haciéndolo suspirar.

—Tienes mucho que explicar Jacqueline—gruñe George rascándose la cabellera.

Asiente.

Pero sabe que es la única opción.

El tiempo es oro.

.

.

Están en problemas, supone Jacqueline minutos después, cuando se oculta detrás de una estatua y escucha una explosión con gritos de niños. Supone que es en el comedor, porque también un extraño olor parece desprenderse incluso hasta ahí. Espera a que Dumbledore salga confundido, seguido de Snape quien comienza a gruñir el nombre de los gemelos.

Probablemente los tres terminen castigados por años.

Su madre sale luciendo aun furiosa con su padre, pero ambos siguen al director, comentando que irán a ver que ella este bien.

Es el momento.

El único que va tener.

Medita antes de entrar corriendo, tropezando por el dolor en su cuerpo y gritando el nombre del ministerio cuando usa la única red Flu del castillo.

Pero tiene miedo, de que todo se vaya al carajo.

Pronto una palabra no deja de pasar por su mente.

Mierda.

No una.

Mierda.

No dos.

Muchas veces.

Mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda.

Corrió ignorando los pasillos del ministerio y la gente que la veía de forma confundida. Claramente ver a una adolecente, vestida con ropas llenas de sangre, vendas, sin zapatos y con el cabello como un nido de pájaros, no es lo que esperan ese día.

Había intentado todo para que no volviera a pasar lo mismo, pero siempre fallaba, todo tomaba el lugar que parecía tener siempre.

Incluso aunque intento atrapar a esa rata maldita, había fallado, debió matarla cuando tuvo la oportunidad.

Pero no recordaba que todo fuera tan grave, recordaba vagamente que en esta parte de la historia Sirus tendría su sentencia, pero no había esperado que fuera por medio de un Wizengamot donde solamente sería sentenciado sin juicio como la última vez. Antes había sido incluso en el mismo Hogwarts, eso significaba que había cambiado mucho.

Era ignorada.

Pero rápidamente logro llegar al lugar donde sería el juicio, era fácil encontrarlo cuando todos a su alrededor parecían hablar de eso y señalaban de forma indiscreta el lugar donde estaba el malvado Sirus Black.

Los recuerdos de ese hombre sonriéndole a Harry, que sería la figura paterna de este, la hicieron irrumpir con fuerza en la habitación, haciendo que todo dentro quedara en un mortal silencio. Muchas miradas giraron a verle, reconociendo a familias de sangre pura como algunos miembros del ministerio que había tenido el desagrado de saber quiénes eran. Quiso haber deseado que todo pasara como debía pasar, pero con solo que Sirus estuviera en el ministerio, ya era un cambio demasiado grande.

Era su culpa.

Vio con furia al que identifico como el ministro Cornelius Fudge, que parecía incrédulo de verla y estaba en lo que, aparentemente, la sentencia de Sirus.

Apretó con fuerza la varita en su mano (no iba a dejarla atrás ni, aunque estuviera loca), sabía que era ilegal hacer magia fuera de la escuela, pero no podía creer que un montón de personas se sentaran a ver como un hombre inocente era sentenciado a muerte.

Nuevamente.

No había juicio, solo sentencia.

Odio eso, odio que esto fuera tan injusto, que este mundo fuera tan idiota.

—Niña este no es lugar para que estés—dijo un miembro del Wizengamot que detecto como Dolores Umbridge, viéndola con cara de asco por su apariencia. Lo cual era irónico, ella era quien tenía cara de sapo no ella.

La vio de mala forma, este no era el año para encargarse de esa zorra.

Sus ojos se conectaron unos segundos con los de Sirus, que parecían incrédulos de verla ahí, sentado enfrente de todos con cadenas, casi luciendo desolado como si supiera que pasaría de ahora en adelante. Estaba segura que este hubiera deseado que fuera Harry o Lupin, pero ninguno de ellos podía hacer nada.

Estaba segura que su madre iba a matarla por lo que iba hacer a continuación.

Pero bueno.

Ella siempre tentaba la muerte.

Además, no creía que pudieran hacerle algo peor que los hombres hace tan solo unas horas.

Esperaba.

—Exijo un juicio justo para este hombre—gruño caminando con la barbilla en alto hasta estar al frente del ministro de magia.

Sonidos de indignación corrieron por todo el salón, al igual que el ministro la vio con ojos saltones. Los sonidos de indignación de los presentes en el salón, no fue suficiente para hacerla ir atrás en su decisión, ahora que había decidido que hacer, no daría marcha atrás.

Ambos saldrían juntos.

O los dos morirían ahí.

Incluso con un gira tiempos que sabía que Hermione tenía, sería imposible para Harry y ella entrar al ministerio. Además, se había adelantado demasiado en el tiempo, todo estaba torcido y esta era la única forma de hacer algo diferente.

Si tan solo salvaba a Sirus, eso sería lo único importante.

Ella ya había torcido mucho la línea del tiempo, así como lo hizo en su cuarto año, estaba dispuesta a sacrificarse para poder hacer lo correcto.

—Ni siquiera deberías estar presente—gruño un miembro de lo que se suponía era un jurado que no servía de nada.

Apretó la varita, antes de poner una mano sobre su pecho.

Ahora o nunca.

No estaba segura de que haría, pero tenía una vaga idea, ya lo demás seria solo según los acontecimientos, seguiría la ola, pero esa ola debía salvar al hombre en su espalda.

—Mi nombre es Jacqueline Carlier Black—hablo en voz alta silenciando toda palabra en la sala, sabiendo que muchos de ellos no podrían contradecirle, ya que no sabían la verdad, sus ojos se desviaron unos segundos a Narcisa que estaba al lado de su esposo, un poco pálida ante su confesión—Mi madre es Michelle Black, la hija de Orion Black y por lo tanto yo tengo la sangre de la casa principal y tengo tanto derecho de exigir un juicio sobre mi familiar ya que nadie más parece hacerlo—hablo en voz alta viendo a todos los miembros del salón.

Sí.

Su madre iba a matarla de miles de formas posibles.

Varios susurros comenzaron a elevarse, pero ella solo mantenía los ojos en el ministro quien parecía prevenido a sus palabras.

Pero no importaba.

—Entre los miembros participantes se encuentra mi prima segunda Narcisa Malfoy, quien como antiguo miembro de la familia Black no puede dejarme mentir frente al ministro—hablo extendiendo una mano señalando a la mujer que era la madre de Draco.

Las miradas ahora pasaron a la mujer, quien pareció querer matarla, pero sin poder hacerlo. Si negaba la verdad absoluta, solamente tendría que probarlo con una prueba de sangre o incluso el tapis de la mansión principal como dijo su madre. Eso solo la dejaría a Narcisa como una mentirosa, y lo último que ocupaba la mujer Malfoy era eso en su historial.

—Es cierto—parecía que la mujer quería escupir cada palabra—esa niña posee sangre Black de la familia principal—su mirada significaba odio puro y venganza, pero ella podría lidiar con eso en su futuro.

Un día a la vez.

Ya tenía ahora mucho en sus manos como para pensar en algo más, lo sentía por la Jacqueline del futuro, pero ahora tenía prioridades.

La revelación pareció traer una ola de indignación entre los sangre pura, que no parecían enterados de ese hecho. Se preguntó si estaría en los titulares mañana por la mañana de los diarios mágicos. Pero por ahora, sinceramente quería saber cómo saldría con vida del estúpido plan en su mente.

Se permitió ver unos segundos a Sirus mientras todos en la sala comenzaban a debatir sobre temas que ella no le interesaban.

Los ojos del hombre parecían abiertos de una gran incredulidad, mientras los de ella estaban llenos de culpabilidad. Debió haber hecho todo esto mucho antes, no gastar tanto tiempo mientras un hombre inocente estaba sufriendo.

Se disculparía más adelante.

—Bueno señorita Carlier—hablo el ministro sin usar su nombre Black, lo cual la hizo sospechar que todo sería más difícil de lo que esperaba—incluso de esta manera, usted sigue siendo una menor de edad y Sirus Black fue declarado culpable y que debe morir por el beso de un dementor—explico con finalidad el hombre.

Apretó su varita con fuerza, mientras a su alrededor pequeñas llamas salieron de su cuerpo de forma involuntaria, sacando jadeos del público.

—Este hombre fue culpado sin un juicio por el bastardo de Barty Crouch, que como bien sabe todos aquí presentes que por su negligencia ahora usted está aquí frente a nosotros—prácticamente grito trayendo nuevos jadeos indignados pero nadie más parecía querer volver a hablar sobre el tema.

Al menos recordaba eso de los libros.

Todos parecían concentrados en que desenlace pasaría aquí.

Era una menor de edad.

Estaba pidiendo demasiado, aunque según recordaba en el libro le daban de todo a Harry Potter y solo era un niño, ella esperaba que también funcionara gracias a su línea de sangre.

Pero antes que el ministro abriera la boca, ella apretó los puños decidida a lo siguiente.

—Yo Jacqueline Carlier Black ofrezco mi vida a cambio de demostrar la inocencia de Sirus Black—hablo en voz alta, provocando un silencio terrible en el salón.

Rostros con la boca abierta y algunos que desaprobaban sus palabras.

Pero sobre todo, como el ministro comenzó a verla diferente, con una pizca de incertidumbre en sus ojos que la hizo sonreír por dentro.

—Ya que todos aceptan la culpabilidad de mi tío, yo me ofrezco para un voto inquebrantable donde afirmare que este hombre es inocente de los cargos que fue acusado. Puede que sea una menor de edad, pero un miembro directo de la familia principal Black está dispuesto a ofrecer su vida para demostrar la inocencia de este hombre. Mientras que el ministro ni siquiera tiene nada que ofrecer contra un hombre que fue condenado sin un juicio—

—Señorita Carlier—gruño el ministro.

—Pero esto no queda a manos de usted Ministro, esto queda a manos del juzgado que debe decidir esto por una audiencia mágica—

—¡SEÑORITA CARLIER! —comenzó hablar un poco rojo en voz alta ese Fudge.

Ella giro a ver a la audiencia.

—Al menos que alguien esté dispuesto a ofrecer algo del nivel de mi vida, exijo un juicio justo a este hombre. Propongo el uso de Veritaserum como una comprobación de la varita de Sirus Black para que se descubra si fue él o no el culpable de sus actos—termino de hablar con mirada decidida.

El ministro estaba de pie con indignación, que ella ignoro.

—Es una menor de edad—gruño nuevamente Umbridge con voz algo tensa.

Apretó los puños.

Menor de edad o no.

Por el rostro de algunos miembros del salón, no podrían echarla luego de su propuesta.

Las puertas se abrieron nuevamente, haciendo que ella casi caiga de espaldas al ver aquel hombre de cabellera blanca con ropas de mago que la hizo jadear. Haber escapado de Dumbledore para venir al ministerio no había sido nada fácil, pero aquí estaba él.

Le iba a arruinar sus planes.

Pero una vista de la mirada amable del hombre, la hizo sentirse por primera vez en mucho tiempo, segura con ese hombre. Además, no estaba su madre, por lo cual tal vez tendría una oportunidad de vivir.

—La señorita Black vino primero para asegurarse que no se cometiera una injusticia, pero aquí me encuentro yo como su director con una carta de su madre quien también es una Black que le da potestad de hablar en medio de la sesión—hablo este con una voz más imponente que la suya.

Sin lugar a dudas.

Dumbledore intimidaba al mismo tiempo que parecía un héroe salido de una película para ella. Las voces se habían detenido de inmediato.

El salón entro en silencio.

Todos miraban incrédulos al hombre.

—Dumbledore—gimoteo Fudge pero fue ignorado.

—La voz de la señorita Black será escuchada, al igual que testigos que afirman que Peter Pettigrew esta con vida, lo cual eliminaría una de las acusaciones del señor Black y nos dejarían ver que su encarcelamiento sin juicio fue injusto—explico haciendo que todo siguiera en silencio.

Eso le permitió ella voltear a ver a Sirus nuevamente, quien ahora veía a todos lados con un rostro claramente impresionado. Antes de verla a ella con una clara mueca en su rostro "¿estás loca?" cuestionaba su rostro por las palabras que no podía pronunciar.

Ella en cambio puso su rostro más suave para sonreírle.

Familia.

Él era su familia.

Como también era la familia de Harry.

Todos estaban conectados en una red que te guía más allá de los lazos que puedes observar. Puede que este hombre no le conociera como ella lo conocía. Pero no quedaba otra opción.

Una mujer del jurado se puso de pie, quien no había dicho nada hasta el momento, pero su rostro afable le hizo no estar tan tensa.

—¿Estas segura de estar dispuesta a dar tu vida por un hombre que puede ser un traidor, asesino y además morir si tu estas equivocada? —pregunto la dama con tranquilidad.

Ella apretó la mandíbula, antes de pararse incluso más firme.

—Lo estoy, Sirus Black es mi tío, que puede que no tuviera el placer de conocerlo o pasar tiempo con él. Pero es mi familia, la sangre es algo que nos une a niveles inimaginables y para el jurado como los aquí presentes, estoy segura que darían su vida con tal de salvar a su familia. Yo solamente quiero expresar ese sentimiento y demostrar que este hombre es inocente para que vuelva a casa—explico tranquilamente.

Los ojos de la mujer parecieron ponerse un poco cálidos por un segundo.

—Mi nombre es Amelia Bones, quiero votar de forma positiva para un juicio por Sirus Black—hablo la mujer con una leve sonrisa casi invisible.

Un jadeo salió de la boca de Fudge quien vio a la mujer con incredulidad.

En cambio ella le vio con una feliz sorpresa.

Vio de reojo en el salón, como algunos magos estaba comenzando a levantar también sus manos apoyando la noción de un juicio. Entre ellos claramente Umbridge no levanto la mano y continúo viéndola con ira, al tiempo que Fudge gemía ante cada miembro dispuesto a darle un juicio al señor Black. No todas las familias presentes parecían interesadas en que hubiera un juicio, pero ella lo ignoro.

Volteo a ver a Sirus con ojos de victoria.

Quien parecía incrédulo de lo sucedido.

De reojo noto el rostro de Albus, que parecía algo aliviado, pero también parecía con una increíble preocupación.

Lo ignoro.

Cuando por fin hubo una aceptación de un juicio contra Sirus.

Estaba a punto de llorar de felicidad.

Lo había hecho.

Había cambiado el destino.

.

—¡COMO QUE NO PUEDE SER SU TUTOR LEGAL! —gruño Jacqueline casi al borde de la histeria después de casi ocho horas en el ministerio.

El juicio había sido largo y tedioso, testigos que no estaban, traer la varita, Veritaserum e incluso su voto inquebrantable. Fudge aún había sido un idiota al pensar que ella no lo haría, pero lo hizo con tranquilidad sabiendo que Sirus era completamente inocente de los cargos que tenía en su contra, puede que no fuera inocente en otros, pero en estos sí. Legalmente como padrino también tenía la custodia completa de Harry, por lo cual para ella era indignante que le dijeran que no puede ser su tutor legal.

Iba a matar a Dumbledore.

Sirus quien estaba sentado al lado de ambos, también parecía meditabundo pero no decía nada.

Estúpido.

Ocupaba su apoyo.

—Estoy seguro que ambos saben sobre la condición de Harry, después de vencer a Voldemort, ocupa regresar con su familia de sangre para mantener su protección contra el mal—expreso el hombre con tranquilidad.

Que la hizo sentirse enferma, recordaba que había una razón para que Harry no abandonara su hogar antes de que cumpliera 17 años.

Pero eso era.

Vio de reojo a Sirus que parecía tan cansado y agotado de todo lo sucedido, parecía ocupar alimentación urgente. También imagino lo triste que estaría Harry al enterarse que no podría vivir con su padrino de ahora en adelante.

¿Qué hacer?

Tampoco era como si Dumbledore le fuera a decir eso, pero tampoco tenía sentido no decirle.

Odiaba esta jugada del destino.

—La mansión Black también tiene protecciones Albus, puedo cuidar del chico—gruño de pronto Sirus con una voz cansada pero decidida.

Sonrió de regreso al hombre, aunque Albus no se viera del todo convencido.

—Puede que Sirus no esté en buen estado ahora, pero sería mejor que Harry estuviera con un mago preparado que con personas sin magia que no parecen quererlo mucho—

—Fui un auror—

—Lupin puede quedarse con ellos—

—El niño sabe bien como pelear solo—

—Puedo ayudarles también—

Tanto Sirus como ella se turnaban completamente de acuerdos que esta era la mejor opción. En realidad Jacqueline sabía que estaba por venir en el futuro y deseaba darle a Harry la mayor posibilidad futura antes de que todo se fuera a la mierda. Sin contar que el siguiente año Voldemort regresaría, quería que pudiera disfrutar de tranquilidad ahora que podía.

—No es seguro—comenzó a decir Dumbledore pero ella se rompió.

—¡DEJA DE DECIDIR LA VIDA DE HARRY POR TU CUENTA! —le grito en voz alta con mirada enojada, sintiendo desde hace horas la libertad de nuevo de expresar sus emociones.

Y tenía muchas.

El silencio reino el lugar, antes que el hombre mayor suspirara, sabiendo que era verdad. Le molesto sentir el intento del hombre nuevamente por entrar a su mente, pero levanto tan fuerte el escudo (ahora parecía tan fácil por algún motivo) en su indignación, que este hizo una mueca al saber que ella lo había hecho totalmente apropósito. Ya no habría dudas del hombre de que ella ocultaba algo, no se haría la tonta e ignoraría ese baile que habían jugado desde su cuarto año.

Ella se mantuvo firme con la barbilla en alto.

—Sirus se quedara en casa con mi familia mientras se recupera, pero no dejare que sigas moldeando la vida de Harry solo porque piensas que es un niño, se ha enfrentado a la muerta muchas más veces de las que un niño lo haría…él sabe lo que quiere y no tienes derecho a ocultarle su vida—gruño ignorando que el hombre la había salvado.

Tomo la mano de Sirus, antes de caminar con este fuera del ministerio.

Lo llevaría a casa y se aseguraría de que estuviera bien.

Pero incluso ni el mismo Dumbledore le impediría darle felicidad a Harry.

Este la necesitaba.

Necesitaba eso antes de que todo se fuera a la mierda.

—Tal vez tienes más sangre Black de la que imaginaba para que le grites así al mago más popular de las ultimas décadas—musito Sirus con una media sonrisa divertida.

Que ella imito.

Ignoro que se perdería la última cena de Hogwarts, en su lugar saco su varita, que hizo aparecer al autobús mágico. Llevaría a Sirus a casa y le enviaría una carta a Harry, temiendo que el profesor ni le dijera toda la verdad.

Se acercaba el torneo de los cuatro magos.

Suspiro viendo a la ventana.

El siguiente año sería muy movido.

Continuara…

Este capitulo me costo terminarlo por la extensiva que tomo al final.

Espero lo disfruten.

Nota:

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Sayonara sexys lectores.