La historia es una adaptación del libro de Claire Contreras y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


5 - segunda parte

Pov Isabella

Con una mano en el acelerador, la otra en el embrague, cambio las velocidades en la moto. Por lo general no voy tan rápido. Tal vez es porque estoy molesta con Emmett, o tal vez es porque estoy intentando huir de mis sentimientos otra vez. De cualquier forma, hay poder en montar una Harley en un camino abierto. Es completamente diferente a manejar un auto. Es lo diferente entre verdaderamente vivir y sólo observar la vida pasar por la ventana.

Todos tus sentidos se vuelven más ricos, más reales. Los sonidos te golpean uno tras otros. La temperatura puede cambiar en pocos segundos. Sólo tienes una mejora visual de lo que viene al frente. Comúnmente se refieren a montar como lo más divertido que harás con la ropa puesta, y Jacob solía decirlo todo el tiempo. Y ninguna otra vez eres uno con algo más, moviéndose juntos, vulnerables. Decía que si querías simplemente ir a alguna parte podías tomar un taxi, pero si quieres algo más que eso, montas una Harley. Montar era sagrado para él.

No contiene ese mismo sentimiento para mí. Para mí, es sólo sobre estar cerca de él, pero no está funcionando hoy. No llego muy lejos antes de decidir dar vuelta, dándome cuenta que estoy haciendo lo mismo que siempre hago, trato de huir de mis sentimientos y me prometí que esa parte de mí misma se terminó. Así que voy a casa, estaciono la moto y tomo mi teléfono. ¿Tal vez Irina pueda conversar? Podría servirme algún consejo de hermana, pero en cambio encuentro un mensaje de Emmett.

Emmett: No sé por dónde empezar. Prefiero el tiramisú de Whole Foods. ¿Me estoy preguntando cómo murió tu esposo? Por favor nunca finjas nada conmigo, ni una sonrisa… nada. No voy a hablar del comentario de tu vagina. Ya he sido acusado de ser un pervertido. Finalmente, elegir ser feliz no es tan fácil como lo haces parecer.

De hecho, tiene razón sobre la última parte. No es fácil elegir la felicidad, pero no es más que una opción. Al final del día, no importa qué esté sucediendo en tu vida. Hay personas ricas verdaderamente miserables. Hay algunas personas pobres verdaderamente felices. Hay personas enfermas que sonríen todo el día y hay personas que tienen cada razón para sonreír que ni siquiera lo hacen. La única diferencia entre esas personas es una elección que cada uno de ellos hizo. Una elección entre concentrarse en el estrés, la negatividad, los monstruos en su cabeza. Si quieres ser feliz, debes elegirlo, pelear por eso.

Yo: También me gusta el tiramisú. No estoy lista para contarte cómo murió mi esposo. Creo que establecimos que mi vagina está fuera de tus límites. Y nunca dije que la felicidad fuera fácil.

Esta soy yo eligiendo ser feliz, flotando en el tranquilo lago atrás de la casa de mi hermana. Miro hacia el cielo azul desde el pequeño kayak y tomo aire profundamente. Me ha tomado un largo tiempo llegar a este punto… Ser capaz de sentarme en silencio y sólo quedarme quieta. Moverme rápido había sido mi modo de operación los últimos años; evitaba que el fuego me quemara. Pero durante esos años, he aprendido cómo sentarme ante el fuego y disfrutar la calidez, al menos a veces.

Pero no hay mucha calidez en las noches de noviembre en Arkansas, así que el frío del aire me obliga a remar de regreso. Es lo mejor, porque veo a un montón de vecino afuera hablando y jugando bádminton. Ese no es mi escenario normal. Por lo general soy tímida y los deportes de equipo nunca fueron lo mío. Aun así, me prometí empezar a vivir de nuevo y esto es parte de eso. No puedo esconderme detrás de las palabras en mi portátil para siempre. Jacob no querría eso.

Llego al muelle de mi hermana, pero estoy perdida sobre qué hacer ahora. Esta es la parte difícil, salirme de esta maldita cosa sin volcarla. Miró a la derecha y a la izquierda, tratando de determinar a qué lado ir, luego de repente soy lanzada hacia adelante. Agarrando los lados del kayak, miro detrás de mí. Los ojos de Emmett están enfocados mientras jala el kayak conmigo hacia la orilla. ¡Maldición, es fuerte! El kayak pesa, al menos, veinte kilos más mi peso. El cual no estoy compartiendo, por cierto.

―Gracias ―digo, tratando de organizar mi alborotado cabello. Bajo un poco mis lentes de aviador sólo un poco para captar un brillo de gris en el color de sus ojos.

―Claro ―dice, ofreciéndome su mano. La tomo, saltando a la orilla. Sus ojos se deslizan por mi cuerpo― Deberías tener un chaleco salvavidas.

―¿Cuándo estoy en el kayak o en la moto? ―pregunto.

Trata de no sonreír, pero lo hace.

―¿Enojada, eh?

―Observadora, ¿no lo eres tú?

―Los motociclistas tienen un veinticinco por ciento más de probabilidades de morir y cinco veces más probabilidades de salir heridos que el pasajero de un auto ―dice.

―Buscaste eso sólo para darme un sermón, ¿verdad?

―No es el punto ―dice― No más moto.

¿De verdad creía que se podía poner todo alfa conmigo? Por lo general, sería sexy como el infierno ver a un hombre en control, dominante, ¡pero ahora alfa es igual a imbécil! Nota para mí misma: debería hacer una publicación sobre eso. ¿A dónde se han ido todos los buenos alfas?

―¿Quién crees que eres? ―digo, alejándome― No eres mi esposo o mi padre. Ahora que lo pienso, no dejaría que mi padre o mi esposo me ordenaran de esta forma.

Sus dedos tocan ligeramente mi codo. No es un agarre. Apenas lo siento y tan rápidamente como me tocó, se acaba.

―Soy doctor. He visto lo que…

―¡Eres un ginecólogo! ¿Has visto lo que una moto puede hacerle a una vagina?

Oh Dios, estoy en problemas. Él tiene la mirada más sucia en su rostro.

―Me imagino que la vibración puede sentirse muy bien.

No puedo evitar estallar en risas.

―Eres imposible.

―Y la normal: cargar un chaleco salvavidas para cada persona en un kayak ―dice.

Pongo los ojos en blanco.

―Te gustan las reglas.

―Me gusta el orden.

―Ordenar a la gente ―digo.

―Sólo a ciertas personas ―dice.

No me pregunten por qué, pero la idea de él "ordenándome" hace que mis piernas se aprieten juntas, o tal vez fue la mención de vibraciones. De cualquier forma, la idea de él tomando el control de mi cuerpo no sonaba mala en absoluto. Sería agradable no pensar tanto todo el tiempo y sólo sentir algo bueno para variar.

―Emmett ―grita alguien― Ven con nosotros.

―Vamos ―dice, metiéndose las manos al bolsillo―. Te presentaré.

Dos pequeñas mujeres de la edad de abuelas emparedaron a Emmett en un abrazo. Él es mucho más alto que ellas, sus cabezas encajan bajo sus axilas. Pero la sonrisa de Emmett es de verdad. Le caen bien estas mujeres.

―Isabella ven a conocer a Sue y a Carla.

¿Sue y Carla? Sé que me contó sobre sus otros vecinos, pero no puedo recordar qué. Ambas me abrazan con fuerza, como si fuéramos viejas amigas.

―Debo ir a registrarme con el servicio. Tengo turno esta noche ―dice Emmett― Probablemente estaré en mi teléfono toda la noche. ―Me muestra una pequeña sonrisa mientras pasa a mi lado. Supongo que quiere hablar un poco más, o tal vez sólo seré su compañera de mensajes de texto, o tal vez quiere que sea su puta de cámara… ¿quién sabe?

―¿Qué tal un pastel, cariño? ―dice Carla― Hice de limón hoy.

Ahora recuerdo lo que Irina me contó. Carla es a la que le gusta cocinar. Irina me advirtió que ella me mantendría suplida con cosas horneadas.

―Que dulce ―digo― Pero no se moleste.

―Ya lo hice ―dice Carla, girando hacia su casa― Sólo déjame ir a la casa y traerte una rebanada.

Sue pone los ojos en blanco y dice:

―Es así como se relaciona con la gente… con comida. ¿Entonces qué otros vecinos has conocido? ―pregunta Sue― Veo que ya conociste a Emmett.

Hago mi mejor esfuerzo por no sonrojarme.

―Oh, sólo lo ayudé la otra noche. No fue nada. ―Me mira con incredulidad. Soy una mentirosa terrible, ni siquiera me creo a mí misma― Oh y conocí a Mike la otra noche en la fiesta.

―Eso será interesante ―dice, con un brillo en sus ojos― Los dos chicos solteros del lago y tú.

―Los tríos no son lo mío ―digo, intentando poner una cara seria.

Ella suelta una carcajada.

―Oh, ya me caes bien.

―Sue, ¿qué le estás haciendo a esa pobre chica? ―dice Carla, extendiéndome el pastel.

―Sólo hablábamos de Emmett y Mike ―dice Sue.

―Mantente lejos de Mike ―dice Carla― Pero Emmett es un buen chico.

―Carla considera a Emmett como su nieto.

―Ahora tenemos dos jovencitos que vigilar ―dice Carla― Emmett y tú. Aunque él cree que está cuidando de nosotras. ―Ambas empiezan a reírse.

Miro hacia su casa.

―¿Cuál es su historia de todos modos?

―No estoy segura ―dice Carla― Se mudó hace como un año y medio. Es un chico dulce. ―Debo de sonreír. Emmett debe de estar a principio de sus treinta― Trabaja mucho. Ni una mujer. Nunca lo hemos visto en una cita o llevar una mujer a su casa, ni siquiera las noches del viernes o el sábado. Siempre está aquí. Pero no creo que sea gay.

Sue golpea a Carla en el brazo.

―El chico no es gay. Dos ancianas lesbianas como nosotras sabríamos si lo es.

El pastel de limón se va por la tubería equivocada y comienzo a ahogarme. ¡Son lesbianas! ¡Eso fue lo que Irina me dijo! ¡Santo Dios, soy tan despistada!

―¿Necesitas agua, cariño? ―pregunta Carla.

―No, necesita un radar gay ―dice Sue, riéndose― No tenías ni idea, ¿eh?

―Irina me dijo ―chilló― Pero me olvidé.

Sue sólo se encoge de hombros.

―Eso es bueno. Quiere decir que no te importa un comino el trasero de quién está en mi cama.

Como otro bocado del pastel.

―Tienes razón. De verdad no me importa.

―Entonces debes venir a nuestra reunión de esta noche ―dice Carla.

―¿Reunión? ―pregunto.

―Tenemos un grupo social de lesbianas que se reúne una vez al mes ―dice Carla― Sue quiere darle un nombre ridículo como lesbiamigas, pero sólo somos un montón de lesbianas que se reúnen para beber y hablar.

―Pero no soy lesbiana ―digo.

Sue pasa su brazo sobre mi hombro.

―No te juzgaremos por eso.

Entonces si nunca has estado en un cuarto lleno de mujeres lesbianas, lo recomiendo mucho. Juro que estas mujeres son las más graciosas que he conocido. Y Sue y Carla me han adoptado ya como su nieta. En cinco minutos de conocerlas, me he enterado de que Carla estuvo casada por veinticinco años y tiene dos hijos, ambos se han negado a hablar con ella desde que se declaró homosexual. Y Sue es a lo que Carla se refiere con afecto como una lesbia "estrella dorada", lo que quiere decir que nunca ha estado con un hombre.

Así que después de convertirme en miembro honoraria del club de lesbianas, me encuentro vertiendo mi alma a Carla y Sue en el patio trasero. Es raro en mí ser tan abierta, pero estas mujeres batallan con un fuego que ni siquiera puedo imaginar, tengo la sensación de que no tendrán problemas en frenar el mío. No sé por qué estoy sorprendida. Las mujeres son buenas parándose al fuego. Lo he visto alrededor del mundo. Mujeres sosteniendo las manos de los moribundos, cuidando de los enfermos y arriesgando sus vidas por aquellos que aman. No ves muy a menudo esa clase de coraje en la especie masculina. Es más, sobre quién tiene la bomba más grande.

Carla tiene una de mis manos, Sue la otra y estamos sentadas derramando nuestros secretos en una especie de momento Cumbayá.

―Estás luchando contra el buen fuego, cariño ―dice Carla.

―¿Sí? ―pregunto―. Porque algunas veces se siente más como correr en el mismo punto.

―El mundo tiene una forma de ponernos exactamente donde debemos estar en el momento exacto en que debemos estar ―dice Carla, asintiendo en dirección a la casa de Emmett. Girando mi casa, veo el contorno de su cuerpo en la oscuridad.

―Mejor nos ponemos a limpiar ―dice Sue, llevando a Carla dentro.

―Vuelve cuando quieras, cariño ―dice Carla― La puerta está siempre abierta y siempre tengo algo bueno cocinando.

Después de darles a ambas un abrazo, cruzo el patio hacia la casa de Irina, o la casa de Emmett. Todavía no estoy segura. Dios, necesito una señal de qué hacer aquí. Es obvio que nos gustamos. Bueno, tal vez gustar no es la palabra correcta. Tal vez es obvio que ambos nos deseamos. Él no está interesado en una relación y yo no estoy lista para saltar a eso, tampoco. Mi estómago deja salir un gruñido. Dos rebanadas de pastel y media botella de vino no hacen una cena. Tomo mi hambre como la señal que estaba buscando y voy hacia mi patio, viendo su sombra deslizarse por su puerta trasera.

¿Tomé la decisión equivocada? Parada frente al refrigerador de mi hermana, ya no tengo hambre. Pero siendo la madre que Irina es, la nevera está llena con contenedores con comida casera, cacerolas, y sopas. En cambio, me hago una gran taza de chocolate, agarro mi teléfono y voy al patio para finalmente llamar a mi hermana.

Nos ponemos al día por unos minutos, más que nada hablando sobre lo que ha estado haciendo. Su viaje. Me pregunta qué vecinos he conocido y sé que en realidad está tratando de enterarse si he visto a Mike de nuevo. No estoy segura siquiera que haya algo para contar, así que omito todo lo de Emmett.

Mi teléfono timbra y bajo la mirada para encontrar un mensaje. ¿Adivina quién?

Emmett: ¿Tienes una publicación para que lea esta noche?

Ignorándolo, continuó evitando las interminables preguntas de Irina lanzando un par mías.

―¿Qué te parece Londres? ¿Ya fuiste a la Torre del Londres? Ese lugar es divertido. Te encantará.

Irina pica la carnada y comienza a contarme sobre todas las cosas turísticas que planea hacer mientras Garrett está trabajando y me encuentro a mí misma buscando en la oscuridad por un par de ojos grises.

―Bely, Garrett acaba de volver. ¿Hablamos en unos días? ―pregunta Irina.

Después de los te amo y el adiós, cuelgo cuando el celular timbra otra vez.

Emmett: ¡Vamos, dame algo!

Yo: ¿Qué clase de algo quieres?

Ese fue un muy buen coqueteo, si debo decirlo. Pero si responde con otra publicación del blog, me voy arrancar el cabello.

―Cosas que no debería. ―Lo escucho decir en la oscuridad.

Aparece en mi patio bajo la luz.

―¿Por qué no deberías desearme? ―pregunto y sólo sacude su cabeza un poco. Y en alguna parte dentro de mí, sé lo cerrado que es este hombre. He estado en ese mismo lugar yo misma― Claro, la primera cosa que me dijiste fue "no puedo amarte".

―Estaba tropezando con el Ambien.

―Me besaste.

―Estoy listo para besarte de nuevo.

¿Esta es la parte donde se suponía que debo derretirme? ¡A la mierda con eso!

―No beso hombres que están buscándome para salvarlos o rescatarlos. He pasado cinco años volviendo a armar mis piezas. No busqué a nadie para que me arreglara, así que no voy a intentar rescatar a un hombre que no quiere ser salvado.

―Bien, porque estoy más allá de la salvación.

―¿De verdad lo crees? ―pregunto, acercándome a él.

―Algunos dolores son muy profundos para volver de ellos. Es como si mi cuerpo todavía estuviera aquí, pero mi alma murió cuando… ―Y por segunda vez en dos días, se aleja de mí.

―Diecisiete de agosto ―susurro en la oscuridad, insegura de si me escucho.