A solas

Completamente vestida de blanco y con la mirada perdida hacia el lago, casi se podría decir que parecía una aparición, un fantasma. Los últimos rayos del sol del día la envolvían en un aura mágico, pareciera que irradiaba luz. Él la observaba desde el umbral de la columnata que llevaba a la terraza ajardinada con árboles. Sin darse cuenta se había detenido más tiempo del debido observándola, el factor sorpresa definitivamente se había perdido.

A Rey le encantaban los atardeceres en el lago, la aportaban tranquilidad, la vista del agua y del verde que lo inundaba todo. Había pasado unos días bastante malos, con la presencia de Ben y dando vueltas a cómo se enfrentaría a él, qué le diría ahora que ya había aceptado sus sentimientos, ella no estaba dispuesta a confesar tan rápidamente.

Un escalofrío recorrió su cuerpo, él estaba detrás, detenido, probablemente observándola. Ella permanecía congelada y notó como él comenzó a avanzar hasta ella, sintió su aliento en su oreja cuando él se dirigió a ella.

-Rey- Esa palabra, esa única palabra que salió de los labios de Ben sirvió para agitarlos a ambos.

Rey se giró para encararlos y lo que vio la dejó impactada, la forma en la que la miraba, nunca la había mirado de esa forma, con esa calidez, ni él, ni nadie. No se atrevió a hablar, esperó a que él iniciara la conversación.

Ben se dio cuenta de que por fin estaban solos, por fin tenía algo de tiempo para pasar con ella, y no el tiempo robado de atrás, ahora podía olerla y tocala, ¡por los dioses cómo ansiaba tocarla!, pero ¿y ella a él? No se permitió seguir divagando en sus pensamientos mientras se perdía en esos ojos color caramelo.

-¿Por qué me salvaste? Ben Solo fue directo. La respuesta salió casi de forma automática de la boca de Rey, algo que hirió profundamente al hombre de pelo negro.

-Era mi deber como jedi.- Respondió Rey.

-Hay algo más Rey, algo que no quieres decirme, pero que sabes que puedo sentirlo.- Ben fue más incisivo.

Rey dejó de mirarle, intentaba encontrar las palabras. -No podía verte morir.- Sentenció la joven jedi.

-¿Por qué? Soy el líder de la Primera Orden, te he perseguido a ti, a la resistencia y si estuviera en mi mano los aniquilaría a todos, entonces dime ¿por qué no podías dejarme morir? - Continuó Ben.

Los ojos de Rey comenzaban a llenarse de lágrimas, necesitaba desahogarse, contarle lo que sentía, aunque estuviera echa un lío. ¿Qué sentía realmente por el hombre que tenía en frente? Y lo que más la asustaba, ¿podía permitirse el lujo de sentirlo? De nuevo Rey miró al suelo y la mano libre de la muleta de Ben la agarró por el brazo, como una caricia.

-Mírame- Dijo Ben

Rey con las últimas fuerzas de su valentía le volvió a enfrentar y dijo:

-Sentí tu dolor como si fuera mío y el miedo de perderte me inundó, simplemente actué, no lo pensé, solo sabía que debía ponerte a salvo.-

Ben se quedó atónito, ella se preocupaba en verdad por él, había estado velándolo todo este tiempo y podría jurar que acudió a salvarle de sus pesadillas.

Rey se puso roja y a pesar de que una lágrima resbalaba por su mejilla alzó la mirada:

-Pero no significa nada Kylo Ren, seguimos en bandos contrarios, luz y oscuridad, Primera Orden y resistencia. En cuanto estés recuperado nuestros caminos se separarán.-

No sabía si era un sable láser lo que le había atravesado en medio del pecho, pero el dolor se sentía igual. Su mano dejó de sujetar su brazo mientras veía como la jedi comenzaba a alejarse. Kylo Ren, había dejado de ser Ben para volver a ser Kylo Ren. ¡No! Ella no quería aceptar la realidad, de pronto su ira afloró y se giró sobre sí mismo para gritarle:

-¿Cuándo vas a enfrentar tu destino? ¿Vas a seguir huyendo chatarrera? - Se arrepintió en el mismo instante que sus palabras salieron de su boca.

Rey que quedó plantada en el sitio, él aún la despreciaba, era una sucia chatarrera que no valía nada para él, solo le importaba lo que podría conseguir de ella, nada más. Se giró para responderlo mientras sus puños estaban cerrados a ambos lados de sus caderas:

-Prefiero ser mil veces una chatarrera como tu bien dices cuyos padres la abandonaron a ser un asesino capaz de matar a su propio padre y llevar a la ruina y la desesperación a su madre. ¡Deja de escudarte en tu pasado para cometer todos tus crímenes Kylo Ren! Tú y solo tú eres responsable de tus actos!- Tras estas palabras Rey volvió a sus habitaciones donde no pudo parar de llorar.

Ben se quedó de pie, sujetando tan fuerte su muleta que ya no sentía su mano, queriendo romper algo, pero sintiéndose sin fuerzas para ello. No se había controlado, la había herido ¡y de qué forma! Pero al menos estaba claro lo que ella pensaba de él, que era un asesino, algo en lo que no se equivocaba.

Pasaron dos días completos sin cruzarse con Rey, podía sentirla en el lugar, pero la evitaba y podría jurar que ella a él también. Sentía su enfado y decepción mientras que él estaba arrepentido de esas palabras, pero el orgullo era más fuerte. Al menos estaba seguro de que estaban solos, fue a explorar las áreas cercanas al lago y la cascada, en verdad ese lugar le era familiar, pero no podía recordar.

Sus heridas estaban sanando rápido y sus músculos se sentían aturdidos, por lo que la idea de un baño se le antojó como perfecta. Debía volver a ponerse en forma y el clima cálido del lugar invitaba a ello. Todos estos días no había dejado de pensar en qué estaría pasando en la Primera Orden, ¿creerían que habría muerto? Seguro que la sabandija de Hux ya había aprovechado su ausencia para liderar las tropas. En realidad, era algo que sorprendentemente no le preocupaba demasiado, es como si estuviera en una burbuja, aislado y seguro, con la persona que más desearía estar, a pesar de que ni se cruzaran las miradas.

Definitivamente la cascada era la zona preferida de Rey de todo el lago, lo que se escondía detrás de ella era casi mágico, un gigantesco cenote de aguas turquesas y cristalinas con lianas y hojas verdes que caían desde la superficie, era espléndido. El agua estaba calmada y a Rey le encantaba sumergirse hasta lo más profundo, como queriendo llegar a otro mundo, la ayudaba a evadirse, a dejar de pensar en qué precisamente estarían pensado sus amigos, en qué les habría dicho Leia. Desde que huyera con Ben en el halcón solo se comunicó con ella una vez por seguridad para tranquilizarla, no sabía nada más de ella.

Ben comenzó a nadar hacia la cascada, era como si ese lugar fuera atrayente, como si le estuviera llamando. Al traspasar el umbral de agua descubrió un espacio sin igual, verdor por las paredes de colaba de forma incesante, mientras los rayos de sol atravesaban un agua cristalina, pero algo estaba emergiendo de ella.

Fue una ligera vibración lo que sintió Rey mientras ascendía hacia la superficie, como un pulso de su corazón y sabía que él estaba cerca.

Ben la esperaba con anticipación y entonces surgió de entre las aguas como una sirena, Rey se ordenó el cabello hacia atrás despejando las gotas de agua de su rostro y le miró de frente. Ya había visto a Ben sin camiseta, pero verle de nuevo el torso mientras se acercaba la produjo un escalofrío. Tenía una profunda cicatriz en el hombro producto del disparo de Chewaka, pero las nuevas cicatrices se estaban despejando, la que era más visible era la que ella misma le había producido y que le recorría desde el rostro hasta el costado.

El cuerpo de Ben se activó y se dirigió hacia ella de forma instintiva, ¿cómo podía atraerle de esa manera? Quizá era la poca ropa que vestía, le recordó a la otra vez que la vio salir del agua, pero eso era solo una visión, nada como tenerla así de cerca.

-Me iré para que estés más cómodo.- Rey comentó mientras comenzó a nadar hacia la salida.

-¿Huyes de mí jedi? - Respondió con sarcasmo Ben, ya sabía lo que ocurriría a continuación.

Rey se giró y fue hacia él para encararlo. Y así se quedaron un rato, sosteniéndose en el agua, uno frente al otro desagarrándose con la mirada, la tensión se acumulaba, ambos lo sentían, pero ninguno quería dar el paso. Rey se moría por abrazarlo y que él hiciera lo mismo, en aquel cenote, en aquel lugar aislado donde solo era él y ella. No sabía hasta cuándo podría aguantar sin tocarla, no quería asustarla, no quería saltar sobre ella, pero sus ganas iban aumentando, podía notar la anticipación de ella, pero permaneció a distancia.

Rey volvió a tomar el control sobre sí misma, ese hombre la volvería loca:

-Me voy- Y se dio la vuelta en dirección a la cascada.

-¿Cenarás hoy conmigo? La pregunta los cogió a los 2 por sorpresa, a Rey porque no se la esperaba y a Ben porque en su vida había invitado a nadie a cenar.

Rey giró su cara para contestar un sencillo:

-Sí.-