20

Hinata

Al día siguiente, esperé hasta después de que Naruto se fuera a su trabajo en el taller. Le di un beso en la puerta, tratando de no revelar que podría ser el último, y sin embargo, también intentaba obtener la mayor cantidad de ello como fuera posible.

Y luego se fue.

Solté un suspiro tembloroso, obligándome a no llorar. Era el momento de desenterrar a Hinata Perra y recuperar mi actitud. Dejando a los bebés con Ino, le di la excusa de que quería cortar y peinar mi cabello. Aceptó toda la historia, dispuesta a ayudarme a cuidar de mis pequeños.

Sin embargo, Sai no lo creyó. Agarró mi brazo en la puerta antes de irme y se acercó para susurrarme—: ¿Qué vas a hacer realmente, H.?

Le di unas palmaditas en la mejilla con una sonrisa. —No te preocupes por eso. Me voy a encargar de todo. Recuerda que todo de lo que necesitas preocuparte es de hacer locamente feliz a mi mejor amiga.

Negó con la cabeza, con los ojos entrecerrados. —No, en serio. ¿Qué vas a hacer? ¿Tengo que ir contigo?

Suspiré, exasperada y finalmente conseguí liberarme de su agarre. —No, no es necesario que vengas conmigo. Nada malo va a suceder.

Solo le iba a vender mi alma al diablo.

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Me temblaban las manos cuando entré a Shinobi's veinte minutos más tarde. No abriría en unas ocho horas, pero todas las luces en el interior del club vacío se hallaban encendidas y una de las melodías favoritas de mi padre sonaba a desde la máquina de discos, causándome piel de gallina.

La incertidumbre se elevó mientras la voz de Naruto llenó mi cabeza junto con todo lo que diría si supiera lo que hacía: "¿En qué piensas, Lunita? Date la vuelta y sal de allí ahora mismo. Este plan no va a funcionar. Piensa en tus bebés. Necesitan a su madre. Piensa en mí. Te necesito. Iré contigo a dondequiera que vayas".

Pero no podía pensar en nada más que pudiera hacer para salvarlos. Así que me dirigí deliberadamente por el pasillo hasta llegar a la puerta que decía "Administrador". Cuando empujé la puerta, sin tocar, lo primero que vi fue a Gaara con la espalda presionada en la pared. Alejaba la cabeza de la señora Garrison mientras ella se apoyaba en él, alcanzando su cara.

Resoplé. —Perra, eres patética.

Dio un salto y se giró. Gaara inmediatamente serpenteó entre ella y la pared. Se apresuró a mi lado, luciendo aliviado de que lo hubiera salvado.

—Bueno, bueno, bueno —murmuró la señora Garrison, mirándome—. Si no es la chica especial de papá. ¿No te enseñó a tocar?

Levanté la barbilla y crucé los brazos sobre mi pecho. —Por supuesto que no. Me enseñó a hacer lo que yo quiera.

Desde la puerta abierta de la oficina detrás de mí, una risa familiar llegó a mis oídos e hizo que mi corazón latiera fuerte y rápido en mi pecho. —Esa es mi chica —murmuró Bradshaw con aprobación.

Me volví y levanté una ceja, acercándome a Gaara sin querer. —Querías mi atención —le dije al hijo de puta—. La tienes. Aquí estoy.

—Sí, aquí estás. —Mirándome con admiración, se movió por la oficina. Su mirada parpadeó a la señora Garrison, y luego a Gaara—. Déjennos.

La señora Garrison resopló con desaprobación, pero se dirigió a la salida.

Gaara no se movió. Me miró, con preocupación. —Naruto les advirtió a todas las camareras que no se quedaran a solas con él. Nunca me perdonaría si me voy ahora mismo.

No me encontraba segura de con cuál hombre debía sentirme más orgullosa: Naruto, por cuidar de todas las chicas con que trabajaba, o Gaara, por quedarse con firmeza a mi lado.

Le toqué el brazo. —Está bien. Es mi papá.

Los ojos de Gaara se dilataron de horror. —B-b-bueno, si Naruto dijo eso después de saber quién es, definitivamente no te dejaré a solas con él. Solo... solo pretendan que no estoy aquí.

Después de alcanzar su bolsillo, sacó un cable de auriculares de un teléfono celular y los enchufó. Luego se apoyó contra la pared, dándome tanta intimidad con Shaw como lo permitiría.

Le sonreí, agradecida de que no fuera a dejar que me enfrentara sola a mi mayor temor. —Supongo que se va a quedar —dije.

La señora Garrison resopló. —Bueno, si él se queda, entonces yo me quedo.

—Está bien. —Miré a mi padre, riéndome porque probablemente tenía la mitad de sus nefastos planes acabados—. No me importa una audiencia.

Gruñó con descontento y fue a sentarse en su escritorio, probablemente esperando que el trono de cuero impecable le diera un aire de superioridad.

—Estoy lista para negociar —le dije, sin esperar que él tomara el control de la conversación.

Una sonrisa espeluznante se extendió por su cara. —¿Sí? Tenía la sensación de que cambiarías de opinión.

Asentí. —Si quieres que vuelva contigo, entonces firma la escritura de este lugar para Naruto. Ya mismo.

Levantó una ceja. —¿Y vas a volver conmigo? ¿Así como así?

—Tengo unas cuantas condiciones.

Sus ojos se estrecharon ligeramente. —¿Como cuáles?

—Mi hija no viene conmigo. Se queda aquí con Ino. Y nunca tendrás nada que ver con ninguno de ellos, ni los dejarás tener ningún contacto conmigo.

Me mordí el interior del labio con fuerza para evitar que la barbilla me temblara y mis ojos se llenaran de lágrimas. Pero eso sería lo más difícil de dejar ir. Mi Sumire. Iba en contra de todo instinto dejar a mi bebé atrás. Pero de ninguna manera la dejaría crecer en cualquier lugar cerca de él. Y la única manera de sacarla de su vida para siempre era sacrificarme. Esto sería lo mejor para mis dos bebés. Ino y Naruto, e incluso Sai, se encargarían de ellos, y los amarían tal cómo yo quería que fueran amados. Y ninguno jamás tendría que volver a preocuparse de Bradshaw o Garrison. Serían libres de vivir el resto de sus vidas en paz.

—Hmm —murmuró, retorciendo los dedos mientras me estudiaba—. No esperaba eso. Pensé que te habías encariñado bastante con tus mocosos, pero bueno, con mucho gusto permitiré esa condición. —Sus labios se arquearon con aire de suficiencia—. ¿Siguiente?

—Echa a la perra que contrataste para atormentar a Sai. Y mantenla alejada de él.

Bradshaw lanzó una mirada divertida a la señora Garrison. —No se va a ir de buena gana, pero voy a disfrutar de echarla. ¿Algo más?

—Sí. Asegúrate de que Naruto conserve a su hijo.

Mi padre levantó las cejas. —Me temo que no sé de lo que hablas.

Bufé. —Pura mierda. Sabes todo lo que hay que saber sobre él. Y sabes lo qué significa Boruto para él.

—Ah, te refieres al bebito de la puta drogadicta. Ese hijo. Sí, soy muy consciente de que podría perder al niño si hago una llamadita telefónica a los Servicios Sociales. Es una pena, de verdad. Dudo que a cualquier padre adoptivo le importara el niño tanto como a tu chico. Aunque nunca permitiría que tal personaje permaneciera asociado con mi hija, parece ser un buen padre.

Era el mejor padre.

Dios, perdería a Naruto, Sumire, Boruto, Ino, maldita sea, incluso a Sai. Pero haría esto. Al tener la oportunidad de mantenerlos a salvo, haría esto en un segundo.

—Entonces ayúdalo a seguir siendo un buen padre.

Bradshaw se rió y se echó hacia atrás en su silla. —En serio, querida. No veo cómo podría hacer eso.

—No me importa cómo lo hagas. Falsifica un certificado de nacimiento con su nombre. Crea registros de adopción. No me digas que no puedes hacerlo. Te conozco.

—Bueno, de acuerdo. Tienes razón. Puedo hacer algo así. —Su pecho se ensanchó, mostrándome lo orgulloso que se hallaba de sus poderes ilegales.

Rodé los ojos. —Entonces hazlo.

—¿Y volverás?

Cuando asentí, Gaara hizo un sonido desde su posición en la pared. Le eché un vistazo, pero parecía preocupado con lo que hacía en su teléfono.

La señora Garrison hizo un sonido áspero. —Oh, por favor. Dime que no es en serio lo de cumplir todas sus condiciones tontas.

Mi padre la miró. —Lo digo en serio, Patricia. Esto es exactamente por lo que vine aquí.

Garrison resopló, solo para que su cara quedara desprovista de color cuando pareció darse cuenta de la seriedad de mi padre. —No —susurró—. Bradshaw, por favor, no hagas esto. —Corriendo a él, cayó de rodillas delante de su silla y pasó las manos por sus muslos hacia su regazo.

Él agarró sus muñecas y apartó sus garras, chasqueando la lengua. —En serio, Patricia. No seas tan indecorosa. Además, no eres tan buena follando como para influirme en esto.

Después de que la empujara a un lado, despidiéndola abiertamente, desdobló lo que supuse era la escritura del club. Agitando su pluma, sonrió. — Ya sabes, asumí que pedirías tener el club a tu nombre. Pero supongo que tu corazón es más suave de lo que creí. Eso es... decepcionante. Sin embargo, no me importa de quién sea. Tenerte otra vez bajo mi techo es lo único que me importa.

Mientras firmaba la propiedad de la discoteca para Naruto, la señora Garrison se agarró el pelo y gritó—: ¡No! No puedes hacer esto. Me hiciste una promesa. Te dejé hacerme toda esa mierda. ¿Qué pasa con Sai?

Bradshaw suspiró y rodó los ojos como si estuviera extremadamente cansado de su teatralidad. —Fuiste un medio para un fin, Patricia. Y no me importa una mierda tu prostituto. Mi hija quiere que te quedes lejos de él, por lo que permanecerás lejos de él.

—Pero…

—Puedes irte —interrumpió él, mirándola—. Sal.

Con un grito inhumano, Garrison caminó por la habitación hacia su bolso.

No tenía ni idea de lo que pretendía hasta que abrió la cremallera y sacó un arma.

Abrí la boca para gritar. Bradshaw abrió la boca para gritar. Gaara se apartó de la pared, con los ojos muy abiertos por el horror. Y la señora Garrison levantó el cañón, apuntando a la cabeza de mi padre.

—Nadie me dice qué hacer, hijo de puta.

—No —gritó él justo antes de que apretara el gatillo.

La imagen de su cabeza explotando quedó impresa en mis retinas. Era algo que nunca sería capaz de olvidar. La señora Garrison se giró hacia mí, sus ojos enloquecidos y lívidos. Levantó el arma en mi dirección, y mi vida pasó ante mis ojos. Naruto, Sumire, Boruto, Ino. Eran finalmente libres.

Pero mierda, no quería morir.

Ciento ocho kilos de jugador de fútbol me abordaron desde el costado, llevándome al suelo cuando el arma se disparó. Grité y aterricé con fuerza, dándome la cabeza contra la baldosa fría con Gaara encima de mí. Mientras él apretaba sus brazos a mi alrededor, protegiéndome de pies a cabeza, mis oídos resonaban, mi cabeza daba vueltas, y mi visión se volvió difusa.

Justo mientras Gaara era un peso muerto, una voz gritó—: ¡Patricia!

Aunque yo seguía viendo estrellas y no podía enfocar correctamente, vi una imagen borrosa de la señora Garrison sobre el hombro de Gaara mientras se giraba hacia la puerta de la oficina.

—¿Sai? —jadeó, su voz sorprendida mientras su arma lo apuntaba.

—Jesús, Patricia. ¿Qué acabas de hacer?

Él había retrocedido de nuevo al pasillo, pero se quedó fuera de la puerta con la pared pegada a su espalda. Pude ver la esquina de su hombro desde donde me encontraba.

—Yo... Yo... él me hizo hacerlo. Te apartaba otra vez de mí. Alejándome de este bar. He trabajado mucho para conseguir que comprara este lugar y que me dejara administrarlo. Lo dejé… lo dejé hacerme mucho. Y ahora lo único que quiere es llevárselo todo. ¿Apartarte de mí? ¿Así como así? De ninguna manera, maldita sea.

—Pero acabas de dispararle a alguien. ¿Estás loca?

—Estaba tan cansada de esperar. Te extrañé. —La barbilla de la señora Garrison temblaba y las lágrimas llenaron sus ojos—. No sabes lo que me hizo. Oh Dios, Sai. Las cosas que me hizo hacer para poder llegar a ti…

La respuesta de Sai fue seca y poco impresionada. —¿Fueron como las cosas que me hiciste hacer contigo? Sí, discúlpame si no siento lástima por ti.

La boca de la señora Garrison quedó en estado de shock. —Eso... Eso no es igual. Te gustaba lo que hacíamos. —Cuando él no respondió, ella soltó un sollozo—. ¿No?

—¿Por qué no bajas el arma, y luego vienes aquí a hablar conmigo?

—¿Por qué no contestas mi maldita pregunta? —gritó la señora Garrison y pataleó.

Sobre mí, el peso de Gaara parecía aumentar. Cuando sentí que algo goteaba y mojaba mi brazo, miré su cara, pero sus ojos se hallaban cerrados. Oh, mierda. No, Gaara.

Volviendo la mirada hacia Sai, se movió lo suficiente para que viera su rostro. Me miró y respondió a la señora Garrison—: No, no me gustaba.

—¡Sí! —gimió ella, pataleando un poco más y bailando como la chiflada que era—. Te gustó. Te encantó. Te encantó tanto como a mí.

En el escritorio, Bradshaw quedó desplomado hacia atrás en su silla, con más de lo que nunca había querido ver de sus entrañas salpicadas en la pared detrás de él.

Cerré los ojos y me estremecí, sosteniendo a Gaara un poco más fuerte y con la esperanza de que estuviera bien. Me envolvía una sensación irreal, haciendo todo difuso y onírico, incluso los desvaríos de la señora Garrison mientras sollozaba—: Te encantaba, y me amas.

La voz de Sai fue firme cuando dijo—: Amo a Ino.

—¡No!

No estoy segura de lo que intentaba de lograr, pero si quería inquietarla y volverla cada vez más loca y delirante, tenía éxito. Como que me pregunté si Sai se encontraba en una misión suicida, tratando de hacer que nos mataran. Pero por lo menos sería capaz de decirle a Ino más tarde sobre cómo nunca ignoró sus sentimientos hacia ella, ni siquiera por una loca y salvaje mujer.

Eso, si sobrevivía lo suficiente para ver de nuevo a Ino.

Cuando sonaron las sirenas de policía desde afuera, la señora Garrison se asustó. —Oh, Dios. Oh, Dios. Oh, Dios. —Apuntó el arma hacia Bradshaw, pero se había ido ya hace mucho tiempo. Arrastrando los pies, con indecisión, me miró, pero creo que solo vio el cuerpo tendido de Gaara encima de mí y la acumulación de sangre debajo de nosotros—. Oh, Dios —gimió—. ¿Qué debo hacer?

—Patricia —dijo Sai con calma—, se acabó. Solo... baja el arma.

No lo hizo. La llevó a su cara, metió el cañón en su boca y apretó el gatillo.

Sai se apresuró y se arrodilló junto a nosotros. —¿H.? ¿Estás bien?

—Te dije que no me siguieras —me quejé.

—Cierto. Como si te escuchara. —Con un bufido, negó con la cabeza, solo para aspirar una bocanada de aire y volver su atención a Gaara—. ¿Está...?

—No, está vivo. —Acaricié el pelo de mi salvador—. Puedo sentir su aliento en mi cuello.

—Oh, gracias a Dios. —Agarrando el hombro de Gaara, Sai apretó los dientes mientras rodaba la masa de ladrillos de encima—. Maldita sea, es puro músculo, ¿eh? Jodidos jugadores de fútbol.

Aspiré el aire tan pronto como Gaara estuvo fuera de mí. Guau, se sentía bien respirar de nuevo. Cuando Sai colocó suavemente a nuestro amigo de espaldas a mi lado, me senté y me arrastré hacia ellos.

—Hay una mucha sangre. —Cuando bajé la mirada, me di cuenta de que me hallaba manchada por todo el cuerpo, así como el lado izquierdo de Gaara.

—Sí. —Sai tragó saliva con tristeza, y levantó el brazo de Gaara para encontrar la fuente de la herida—. Aquí. Le dio en el brazo.

Me saqué la camisa que llevaba hasta quedar en una camisola manchada de sangre. Cuando hice un poco de presión al brazo de Gaara, contuvo el aliento.

Pelirrojas pestañas largas revolotearon antes de que negara con la cabeza y abriera los ojos. Se centró en mí, y luego volvió la cabeza ligeramente para ver a Sai antes de volverse de nuevo a mí. —¿Qué pasó?

—Te negaste a dejarme sola en la oficina con mi padre, dulce y noble idiota —le dije.

—Y te dispararon por eso —añadió Sai.

—¿En serio? —Gaara frunció el ceño mientras trataba de incorporarse—. No me siento disparado. No duele nada. —Cuando hice una seña a la sangrienta herida en el brazo que presionaba con mi camisa, tomó aire, y su rostro de inmediato palideció—. Bien, ahora lo siento.

Su voz se hizo más débil, y se tambaleó.

Sai cogió su hombro, estabilizándolo. —Tal vez deberías recostarte antes de desmayarte de nuevo.

Horror inundó la expresión de Gaara. —¿Me desmayé? Oh, hombre. No vas a decirle a Kiba, ¿verdad? Nunca me dejaría olvidar eso.

Contuve una carcajada sorprendida, a pesar de que el sonido salió al final en una extraña especie de sollozo. —Sí, creo que soy capaz de omitir eso y centrarme más en la parte donde te metiste en frente de una bala para salvar mi vida.

Gaara asintió, sin entender mi broma. —Gracias. Lamento desmayarme encima de ti. Qué mortificante. —Sus ojos eran tan sinceros; Le disparé una mirada incrédula a Sai. Pero en serio, ¿este chico se disculpaba después de arriesgar su propia vida para salvar la mía?

—Creo que va a encontrar una manera de perdonarte, hombre. —Los labios de Sai se apretaron mientras trataba de ocultar su propia sonrisa.

—Bien. —Gaara se sentó de nuevo, solo para detectar los cuerpos de mi padre y la señora Garrison en la habitación—. Oh —dijo, con los ojos muy abiertos mientras iba de blanco a verde—. ¿Están...?

—Sí. —Me mordí el labio, negándome a mirarlos. Mi estómago protestó y me tapé la boca—. Salgamos de esta habitación.

—Buena idea.

Ayudamos a Gaara a ponerse de pie. Todavía parecía mareado, pero podía estar parado sin ayuda.

Tan pronto como despejamos la oficina, un grito desde el frente del club nos dijo que la policía había llegado. Sai respondió, diciéndoles que íbamos saliendo.

No sé cuánto tiempo paso después de eso, pero los tres nos aferramos juntos cuando nos preguntaron lo que pasó y un paramédico miró el brazo de Gaara. El pobre se encontraba aún más avergonzado de desmayarse cuando se dio cuenta de que la bala apenas había rozado su bíceps. Era tan pequeña la herida que los asistentes médicos decidieron vendar el corte allí en el bar sin siquiera llevarlo al hospital.

Herida superficial o no, yo todavía pensaba que era muy valiente, y se lo dije mientras le daba un beso de agradecimiento en la mejilla. Luego me pegué a él, sintiéndome segura con él a mi lado.

Cuando se sonrojó tímidamente y bajó la cara, el oficial asintió en su dirección. —¿Y qué hacía aquí, señor Gaara?

No sabía que era posible que la cara de Gaara se pusiera más roja, pero lo hizo.

Mirando rápidamente a Sai, balbuceó—: La señora Garrison me llamó temprano antes de mi turno. Dijo que necesitaba que movieran algunas cajas. Pero… eso no es lo que quería realmente. —Después de aclararse la garganta, continuó—: Cuando Hinata apareció para hablar con el… eh… señor Hyuga, me quedé porque no confío en él. Mientras estaba con el teléfono, fingiendo escuchar música, le envié un mensaje a su novio, Naruto, diciéndole lo que sucedía.

—¿Le enviaste un mensaje a Naruto? —Me senté más derecha y miré el club, buscándolo.

Gaara asintió, haciendo una mueca, como si me pidiera disculpas por su engaño. —No tenía ni idea de que la señora Garrison sacaría un arma, pero mi intuición me dijo que algo no iba bien. Así que seguí mis instintos.

—Gracias a Dios —dijo el oficial. No hizo más preguntas después de eso, y se alejó para tener más información de la oficina.

Miré a los dos hombres que me rodeaban, agradecida de que estuvieran ahí. Si no fuera por su presencia, seguramente estaría hecha un lio, irracional e histérica.

Resoplé, necesitando algún alivio cómico. —Sabes, esta es la segunda vez que me disparan en un año. Esta mierda está pasando de moda.

Sai resopló y agitó su cabeza. —Sí, bueno, es la segunda vez que he tenido que quitarle la pistola a la persona que te disparó.

Resoplé en respuesta, no impresionada por sus pequeños problemas, pero levanté mi dedo al ocurrírseme una idea. —Ah, por cierto, eres un pésimo negociador.

Echó sus manos al aire, dándome una mirada incrédula. —¿Qué querías que le dijera, que también la amo?

—Sí —repliqué—. La mujer tenía una pistola, tonto. Podría haberte disparado por decirle que amabas a Ino. Oh, mierda. ¿Has llamado a Ino?

—Sí. —Rodó los ojos—. Se está volviendo loca porque está cuidando a los niños y no puede venir con nosotros.

—Pobrecita. —Palmeé su brazo, y le observé un segundo más cuando sentí sus músculos temblar con mi toque. Seguía bastante nervioso por todo. Pero, bueno, no era el único—. ¿Estás bien?

Me miró con sus cejas elevadas. —Claro. ¿Por qué? Nadie me disparó.

Qué mentiroso.

—Bueno… —Me moví a través del pasillo a la oficina—. Tu violadora está muerta al fin. —Eso tenía que significar algo.

Agitó la cabeza como si no quisiera pensar en lo que acababa de pasar, pero luego me miró. —El tuyo también.

Tragué saliva. —Sí. —Oh, Dios. Yo tampoco quería seguir por ahí—. Supongo que eso significa que estás pasando más o menos por lo mismo que yo, ¿eh?

—Básicamente. —Tomó mi mano y apretó los dedos en compañerismo, haciéndome saber que todo estaría bien.

Gaara miró entre nosotros, con los ojos muy abiertos. —Probablemente debería fingir que nunca he oído nada de eso, ¿eh?

Creí que estaría horrorizada de que otra persona supiera mi profundo, sucio y oscuro secreto, pero la verdad, ya no importaba. Naruto me sacó de todos los horrores que me atormentaban, y ahora podía encontrar una manera de sobrellevarlo.

Pero pensar en Naruto me hizo ansiarle más. Si Gaara le envió un mensaje de texto de emergencia, ¿por qué diablos no había venido? Necesitaba su…

Y entonces, como si mis antojos lo hubieran arrastrado ahí, lo escuché gritar mi nombre. A la entrada del club, era rodeado por un grupo de policías que le sujetaban, diciéndole que no podía entrar. Cuando me vio, gritó mi nombre otra vez y trató de abrirse paso con más fuerza.

Salté del taburete y me apresuré hacia él. —Está bien. Está aquí por mí.

Un policía me miró y finalmente lo soltó.

Casi me rompió una costilla al abrazarme tan fuerte contra él.

—Oh, nena. Mierda. ¿Estás bien? Me he estado volviendo loco desde que leí ese mensaje. —Mirando la sangre, dijo—: ¿Por qué estas sangrando? ¿Estás herida? ¿Te tocó? ¿Qué pasó?

—Estoy bien. No es mi sangre. Estoy bien. —Le abracé, definitivamente sintiéndome mejor porque al fin me encontraba donde más quería estar en el mundo. En sus brazos.

Y ahora que lo tenía donde más le necesitaba, todas las emociones que había estado guardando se escaparon. Apretándolo más fuerte, enterré la cara en su cuello, respirando su relajante olor a coco, y lloré.

—Ya está —murmuró, acariciando mi cabeza y meciéndome—. Déjalo salir, cariño. Solo déjalo salir.

Él no tenía ni idea de por qué lloraba, o lo que acababa de sobrevivir. Solo sabía que tenía que dejar salir todo el miedo, el horror, el shock y la angustia que se apoderaba de mi sistema.

No tenía idea de cuánto tiempo me abrazó hasta que se me secaron las lágrimas, pero estaba mareada de lo fuerte que le había cogido, y me dolía la cabeza. Di un paso atrás para mirarle, y me besó la mejilla, y secó mi cara con sus palmas.

—¿Por qué tardaste tanto en llegar? —dije.

Agitó la cabeza, pareciendo aturdido. —Una trabajadora social apareció en el taller para hablar conmigo.

Oh, mierda. Y yo que salía del shock de lo que acababa de pasar en la oficina. Esto me metió el miedo en el cuerpo nuevamente. —¿Boruto? —susurré, agarrando su brazo.

Gracias a Dios que se encontraba con Ino. Ningún oficial sabría dónde buscarlo; no serían capaces de llevárselo. A lo mejor Naruto y yo podríamos meternos a escondidas donde Sai, y huir juntos con los bebés, a algún lugar donde ningún trabajador social nunca nos encontrara.

Naruto asintió, pero no parecía preocupado. —Antes de morir, Fūka escribió en un pañuelo que quería darme su tutela. El estado está teniendo eso en cuenta junto con la declaración de uno de los policías que me vio cuidándolo. Lo van a poner bajo evaluación, pero cree que tengo una gran oportunidad de ser capaz de adoptarlo.

—Oh Dios mío —chillé y me lancé para otro abrazo—. Eso es increíble.

—Lo sé. —Comenzó a acariciar mi pelo—. El mensaje de Gaara llegó mientras hablaba con ella. No lo leí hasta que se fue. Y luego… maldición, Lunita. Nunca estuve tan asustado en mi vida. —Apretando mi cara en sus manos, me contempló antes de gruñir—: ¿Cómo pudiste ser tan estúpida?

Pestañeé, sin esperar esa pregunta. —¿Qué?

—¿Quieres saber por qué no te dije que él compró este sitio? Porque sabía qué harías algo así. De ninguna manera. Si te hubieras marchado, te habría seguido y no habría parado de buscarte. Me hiciste una promesa. Dijiste que nunca te marcharías. Y juro por Dios, que mantendrás esa promesa.

Asentí, y mis labios temblaron. —De acuerdo.

Se extrañó por mi rápida aceptación. —¿De acuerdo?

—De acuerdo, mantendré mi promesa. Estaré contigo para siempre.

Sus hombros se relajaron. —Sí, lo harás —murmuró antes de besarme y apretar su frente contra la mía—. Dios, te amo tanto.

Vaya, pensé que ya había terminado de llorar, pero más lágrimas empezaron a caer. —Yo te amo más,

—Eso no es posible. —Se estremeció y me siguió abrazando. Cuando escuché un sorbido, miré hacia arriba y vi lo rojo que tenía los ojos.

—Oh, bebé. Está bien. —Pasé los dedos por su cara y besé sus mejillas—. Ya pasó todo.

Agitó la cabeza y cerró sus ojos con fuerza. —No me gustó casi perderte.

—Bueno, ya no tienes que volver a preocuparte de que intente llevarme otra vez.

Naruto sopló antes de acercarse. —Por cierto, ¿dónde está el bastardo? ¿Ya lo detuvieron?

—Um… —No tenía ni idea de cómo empezar a contarle lo ocurrido.

—¿De quién es este sitio? —preguntó uno de los detectives, irrumpiendo en mis pensamientos.

—¡Oh! —Apunté a Naruto. Sí, tenía mucho más que contarle de lo que pensé en un principio—. Justo aquí

Naruto me miró. —¿Qué?

—Hay una escritura con tu nombre en la oficina.

Agitó la cabeza, aún confuso. —No entiendo.

Sí, había mucho más que contarle. Y había un montón de problemas nuevos para mí. Pero al menos ahora, sabía que tenía a gente que me quería y que estaban dispuestos a ayudar a recuperarme. Para mí, significaba que lo tenía todo.

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Fin

Falta el epilogo