Personajes: Dorcas Meadowes ft. Regulus Black.

Prompt: Cambio.


11. Nuevo amanecer


Se apareció en su apartamento cuando el reloj marcaba las once y media de la noche.

Dorcas Meadowes que, a pesar de la guerra que se estaba librando, intentaba seguir con su rutina de sueño, se sobresaltó. Los mortífagos acostumbraban atacar en la noche, cuando las personas más vulnerables se sentían. Asesinaban familias por completo y dejaban sus cadáveres para ser encontrados al amanecer.

«No pienses lo peor», se dijo a sí misma. Dejarse llevar por la paranoia no era una buena opción si quería mantenerse cuerda. Trataba de no pensar en lo que le había sucedido a Caradoc Dearborn y a los hermanos Prewett. Al primero lo habían desaparecido —no había cuerpo sobre el cual llorar—; a Fabian y a Gideon los habían reducido a pedazos, tampoco habían podido enterrarlos.

Tomó la varita y, con pasos trémulos, se dirigió a la puerta.

—¿Quién es?

—Yo. —Solo había una persona en el mundo que pensaba que «yo» era suficiente para identificarse—. Tienes una pijama de gatitos que consideras vergonzosa, pero no puedes dejar de usarla.

Al abrir la puerta, se encontró con un pálido y ojeroso —si aquello era posible— Regulus Black, quien llevaba una capa negra, pero no su máscara de plata.

—Pensé que estabas de viaje. —Jamás se refería a sus actos como «misiones».

—Te mentí —respondió. «Ya lo sabía», pensó ella. Para que la relación funcionara habían acordado no contarse nada. Dorcas no decía nada sobre la Orden del Fénix y él no mencionaba a los mortífagos—. Vine a despedirme. Tenías razón, Dorcas. Estoy en el bando equivocado, pero pretendo enmendar mi error.

Había esperado tanto tiempo por esas palabras que, al escucharlas, no supo cómo sentirse.

—¿Qué te hizo cambiar de parecer?

—He descubierto algo muy importante —confesó a media voz—. La forma de acabar con él, pedazo a pedazo hasta que no quede más que un cuerpo vacío. —Le cubrió la boca con la mano para que no pronunciara palabra alguna—. No se lo puedes decir a nadie, ¿me escuchaste? De lo contrario, te pondrás en peligro.

Regulus depositó un suave beso en el dorso de su mano. Él siempre era tan educado, tan caballeroso, a pesar de la tormenta que tenía en el alma. Estaba un poco roto —una familia complicada y expectativas muy altas sobre su lugar en el mundo—, y la fantasía de sanarlo la había llevado a enamorarse perdidamente. Después, había venido la guerra, los bandos y las mentiras, y ya nada era como antes, pero Dorcas seguía albergando la esperanza de un cambio.

Y, ahora que por fin lo veía, conllevaba una amarga despedida.

—Prométeme que me escribirás o que te comunicarás de alguna forma —imploró. «No quiero encontrarte en la primera plana del Profeta», no se atrevió a decirlo—. Si te irás para siempre, quédate a dormir esta noche. Por favor. Una última noche.

Él le cumplió su última petición.

Cuando el amanecer se coló por la ventana, lo único que quedaba de Regulus Black era su recuerdo.