Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo nueve

Asustada intento sacar mi mano de su fuerte agarre, impidiendo que me lleve con él.

― Pat, hablaré con Isabella ―le dice a su hijo, aún sostiene su estúpida sonrisa engreída en sus labios. Lo odio―. Estaremos en mi despacho.

Me tranquilizo porque sé que no vamos a su habitación. Aun así es tan poco caballeroso conmigo, pues me arrastra con él sin la menor delicadeza. Entramos al despacho y elijo la distancia entre nosotros, me deslizo en la butaca frente al escritorio. Sigo enfadada con él.

― ¿Podemos hablar cómo personas civilizadas? ―se sigue burlando de mí, empieza a caminar por la habitación sin dejar de frotar su barba―. No entiendo porque para todo tienes que gritar, eres un ser pensante, ¿no? No tienes porque llegar con tus aspavientos como si fueras una loca. ¿Qué te sucede, Isabella? ―sus iris verdes me observan con bastante atención, se inclina por sobre el escritorio.

― Soy Bella.

Eleva sus cejas en un puro gesto de que no le importa.

― No me gustó que pagaras por mí. No te conozco, y no sé cuáles sean tus intenciones con hacerlo, pero desde ahora te digo que de mí no recibirás nada. ―Advierto.

― Estás confundiendo todo.

― No estoy interesada en mantener nada contigo ―puntualizo― no me gustas.

― No sé, ni porque te ayudé ―expresa con enfado― quizá sea porque me das lastima. Deja te aclaro ―prosigue sin dejar de verme desde su altura― que no tengo ningún interés en ti, no eres… ―sus ojos recorren mi cuerpo sosteniendo una risa burlona― mi tipo. A mí me gustan las mujeres, no estoy interesado en cambiar pañales.

Elevo mi mentón. Estoy indignada por su... ¿rechazo?

― Bueno, una vez aclarado que entre nosotros no habrá nunca nada. No sé si deba agradecerte, en realidad mi intención era dejar la Universidad. Debo juntar suficiente dinero e irme de aquí.

Edward está de nuevo frotando su barba, esa manía es muy de él.

― Haz lo que quieras, mi intención solo fue ayudar.

― No tengo cómo pagarte…―mi voz se hace un susurro― es decir tardaré un tiempo para hacerlo. No sé si puedas esperar por un tiempo.

― No hay prisa ―su postura se relaja con una leve sonrisa. Es un poco raro ver al arrogante sonreír.

― ¿Tengo que firmar o..? ―pregunto dubitativa. Para mí es extraño su ayuda desinteresada.

― No hace falta. Lo único que me gustaría es que seas muy estricta con Pat, a veces mi hijo suele distraerse muy fácil.

Exhalo suave.

― Lo haré.

― Bien. Cualquier problema que surja con mi hijo puedes avisarme ―abre la puerta sin quitar sus ojos de mí.

Me aproximo a él.

― Gracias ―esta vez extiendo mi mano dándole un fuerte apretón. Edward quiere sonreír, sus comisuras se elevan, en cambio solo hace una ligera mueca―. No sé si esto nos convierte en amigos, espero que sí.

Suelta mi mano y me invita a salir fuera de su despacho. No responde, supongo que no tiene intención de forjar una amistad conmigo. No sé cómo sentirme al respecto, Edward es tan difícil de tratar, unas veces parece ser un noble caballero y otras simplemente no tiene ánimos de abrir la boca. Él no parece ser muy expresivo.

A paso lento volvemos al comedor.

― Siento mucho haber interrumpido ―me disculpo.

Pat deja los cubiertos de lado, aprieta sus labios mirándonos con mucho interés. Rasca su cabeza.

― ¿Ahora son amigos?

― Tenemos un tipo tregua ―dice Edward―. Isabella no volverá a comportarse como una maniática, ¿verdad?

Entrecierro mis ojos. Él es verdaderamente insoportable, yo no estoy loca.

― Te estaré esperando para tu clase, Pat. ―Mis ojos buscan a Edward, él ha vuelto a tomar su lugar en el comedor―. Buen provecho.

― Acompañamos ―me invita.

Sacudo mi cabeza. Lo que menos quiero es compartir alimentos con él. Su presencia es capaz de distraer a cualquiera. Me decido por el cómodo sofá y me deslizo con mayor recato a esperar por Pat, mi celular suena y lo ignoro al ver el nombre de Tyler en la pantalla.

Últimamente Tyler anda en modo celoso, hipersensible y no tolero su actitud, prefiero llevar lo muestro en paz y no dedicar tantas horas a discusiones.

Suelto un suspiro comenzando a sacar lo necesario para la clase de hoy. Jessica es mi gran apoyo en esto, siempre digo que ella es la experta. Mi móvil vuelve a sonar y esta vez es papá.

Estoy sonriendo.

― ¿Papá?

Es extraño que llame a esta hora; él imparte clases en el Instituto y aún no es su hora de salida.

Hola, mi cielo. ¿Cómo estás? Lamento no haber podido llamar antes, es que entre las clases y mi familia es difícil, cariño.

No paso desapercibido el renombre de "mi familia".

― Hola, papi. Yo… yo estoy bien. ―Miento. Empiezo a caminar por la estancia con mi vista en la chimenea, me mantengo de pie.

Qué bien, cielo ―se mantiene en silencio por un corto tiempo, carraspea―. Bella, me gustaría que pudiéramos hablar en esta hora, ¿te parece?

― ¿No estás en clases?

Hice algunos ajustes de cinco minutos para poder estar en comunicación contigo ―suspira― en casa es complicado, cariño. Entre los pendientes de mis clases, tus hermanos y Sue, no hay mucho espacio.

Se forma un nudo en mi garganta mientras comprendo su petición.

― ¿Otra vez discutiste con Sue? ―mi voz se quiebra― ¿no quiere que hables conmigo?

Entiende, cariño. Ella es mi esposa…

― ¡Yo soy tu hija! ―grito, restregando el dorso en mis mejillas. Las estúpidas lágrimas han aparecido.

Bella, cuando tengas tu propia familia entenderás que su bienestar es lo primordial. No quiero problemas entre nosotros, cielo. Para mí también es difícil hacer esto, no me gusta hablarnos a escondidas, sin embargo no tengo opción, cariño. No me gusta discutir con Sue y que ella se sienta incomoda por ti me preocupa.

― Difiero totalmente, papá. Cuando tenga mi propia familia amaré a cada uno sin importar si no nacieron de mí. Les daré su lugar y jamás voy a permitir que mi pareja les haga sentir menos, lo juro.

Cariño, entiende. Lo hago por cuidar de mi familia, de ti.

― Espero que cambies de parecer, soy tu hija y no tiene nada de malo que hablemos en frente de tu familia. Hasta luego, papá. ―Finalizo la llamada, cubro mi boca acallando mis sollozos.

― ¿Estas bien?

La voz de Edward me hace voltear. Él y Pat están observando lo que hago.

― Sí ―limpio mis lágrimas y sonrío―. A veces extraño estar en casa ―resoplo― con mi familia.

Ellos comparten miradas sin articular ninguna palabra, es obvio que escucharon mi conversación con Charlie. No es que mi padre sea malo, es… es solo que nunca ha tenido el suficiente carácter para enfrentar a su esposa. Y Sue nunca ha perdido oportunidad para hacerlo a su antojo, es triste decir que papá es un débil que hace y dice lo que su mujer quiere.

― ¿Podemos comenzar, Pat? ―pregunto.

El niño refunfuña haciéndome reír.

Sin perder más tiempo nos sentamos sobre nuestras rodillas y empezamos una nueva clase, sintiéndome nerviosa todo el tiempo desde que Edward decide sentarse en un sofá frente a nosotros. Él finge que su atención está enfocada en su móvil, mas sé que escucha la conversación con su hijo.

― ¿Alguna vez has acampado en la nieve ? ―pregunta Pat, niego deseando que se concentre en los apuntes, incluso con mi dedo señalo las hojas―. Ah, ¿sabes esquiar?

― No. No sé nada sobre deportes extremos.

― Papá sí sabe. Deberías acompañarnos, iremos este fin de semana a acampar y después vamos a esquiar. ¿Verdad que puede ir con nosotros, papá?

Miro a Edward. Su espalda se pone recta y frota su barba, evitando contacto con su hijo. Se nota indeciso o mejor dicho, incomodo. Carraspea.

― Pat, no debes incomodar a Isabella. Ella quizá tiene planes.

― Bella me ha dicho que duerme todo el fin de semana ―divulga Pat― eso no suena a ningún plan, ¿verdad que no?

Niño chismoso. Quiero pellizcar su costado, así no volverá a abrir su bocota.

Avergonzada me niego a ver esos intensos ojos verdes. Edward puede reírse de mí todo lo que quiera. Comienzo a hacer borrones en la libreta, no voy a mirarlo.

― Entonces no debemos distraer a la señorita Swan ―pronuncia Edward. Está disfrutando burlarse de mí―. Dejemos que duerma lo suficiente, tal vez así mejore su mal humor.

― No. Prefiero que vaya con nosotros, papá ―insiste Pat―. Vamos, Bella ―me da un ligero codazo, lo veo y sus ojos alegres parecen rogarme―. Estaremos fuera sábado y domingo, vamos. Te ayudaré a esquiar, no dejaremos que nada te pase, ¿verdad, papá?

― Sí ―murmura Edward―. No hay ningún problema en que vayas con nosotros.

Indecisa muerdo mi labio, no quiero dar una respuesta.

.

¿Cuántos días estarás fuera? ―interroga Ty.

Llevo media hora explicando que saldré a acampar con unos amigos. Para él parece que eso no es suficiente, pues quiere nombres, apellidos y edad de los involucrados.

― Te he dicho que solo será el fin de semana.

No sé, no me gusta que salgas con nadie, Bella. Cuando vivíamos en Forks no había problema porque conocía a todos y por ende todos sabían que eras mi novia. Sin embargo, ahí nadie me conoce, nadie sabe que somos pareja ―resopla―. No vayas, bebé, por favor no lo hagas.

― Ty.

Bebé, es que… no me gusta. Estarás dos días con desconocidos, lo peor es que vas a compartir una casa de campaña, en medio del frío. No, no me gusta.

― Tyler.

No quiero que vayas, bebé.

― Es que quiero ir.

Podemos ir juntos. Puedo pedirles a mis padres que me compren el ticket de avión e ir a verte, solo déjame hablar con ellos. Dame una semana, bebé.

― Tyler, no.

No quiero que vayas, Bella. Y es mi última palabra, ¿entendiste?

― No eres quién para prohibirme nada. Hablamos luego, cuando regrese. Si quieres.

Me revuelco entre las sábanas una vez arrumbo mi celular bajo la almohada. ¿Por qué todo tiene que ser tan complicado?

Suelto un chillido cuando Jess se cae de golpe al lado mío y las mantas forman una gran carpa que cae sobre mi rostro.

― Es obvio que se enojó el príncipe, ¿no? ―inquiere a la vez que juega con un viejo oso de peluche que me regaló mi novio hace años―. ¿Te convenció de no ir?

― No importa lo que haya dicho ―quito el oso de sus manos y lo abrazo a mi pecho―. De todos modos iré a ese viaje.

Los dedos de Jess empiezan a picar mi costado haciéndome reír, me doy vueltas por la cama y me alejo a la pared.

― ¿Qué novedades hay entre tu novio ficticio y tú? ―bromea―. ¿Ya se besaron?

― Es muy vergonzoso cada que lo tengo enfrente ―revelo y ella deja de reír―. Siempre viene a mi mente que mi boca ha estado en una parte muy buena de su cuerpo ―cubro mi rostro con el oso, no quiero ver su reacción―. ¿Crees que él lo recuerde?

― Según mis conocimientos nulos en los hombres, creo que él debe recordarlo siempre. Creo que le gustas.

― ¿Por qué lo dices? ―esta vez me siento dejando al oso en mi regazo mientras Jess sigue acostada y mira al techo.

― Porque no protestó para nada cuando le pedí ayuda. Aparte se portó muy cortante cuando le dije que te ibas a ir, aunque intentó en vano ocultar su molestia. Para mí que le gustas.

― No me digas eso ―pido― no ahora que pasaré unos días con él. No querré ni verle.

Jessica rueda sus ojos y quita mi peluche de nuevo. Con sus dedos empieza a tirar de los hilos del peluche de forma muy concentrada.

― ¿Qué sabes de su papá?, ¿no se te hace raro que no te haya molestado?

― Según Pat sus abuelos se irán de viaje, tal vez sea la razón del porqué me ha dejado en paz. Espero que su esposa haga una rabieta y se quede allá a donde van y así lo mantenga alejado de mí por el resto de mis días.

― ¿Qué harás con el dinero que te depositó?

― No lo tocaré. Le pediré a Edward que me ayude a regresar la cantidad entera. No quiero nada de ese señor.

― ¿Y qué tiene que ver Edward? ―azota una almohada en mi cara―. Deja de hablar de él ―se pone de pie y ahora lanza al peluche, esta vez lo esquivo―. Descansa, Bella, que mañana te irás por unos días con tu novio ficticio y tu nuevo hijo.

Rio. Haciéndome un ovillo me acurruco entre mis mantas.

― Tyler ―susurro― siento que nos estamos alejando y no me gusta. Estoy enamorada de ti, estoy segura. Por favor, quiero seguir sintiendo cosquillas en mi estómago por ti. Que solo seas tú.


¡Hola! Aquí estamos de nuevo con una Bella pidiendo seguir sintiendo cosquillas por Tyler, pero yéndose a acampar con Edward y su hijo. También conocieron la razón porque Charlie nunca habla con Bella y resulta que es hombre sin carácter que lo manipula su esposa. Hoy no hubo Carlisle ni Aro y tampoco estarán en el siguiente capítulo porque nos iremos todas a acampar en la nieve. Espero leer sus opiniones, no me dejen solita.

A quienes comentaron todo mi agradecimiento especial: Elizabeth Marie Cullen, Patty, Jade HSos, Jimena, Iza, Gibel, Adriu, Dulce Carolina, PaolaValencia, Lily, Flor Mcarty, ALBANIDIA, Lidia, torrespera172, Isis Janet, Moni, Lili Cullen-Swan, Ximena, OnlyRobPatt, Pameva, mrs puff, Ana, Lizdayanna, Antonella Masen, Rocio, Pepita GY y comentarios Guest.

¡Gracias totales por leer!