Invaluable
-12-
«Naruto»
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Tenía que ser el hijo de puta más estúpido del planeta.
No simplemente besé a mi mejor amiga, sino que la inhalé. Probé lo prohibido y fue el sabor más dulce que bendijo alguna vez mi maldita lengua. A cambio, me dio una parte de sí misma de forma permanente.
En serio, ¿cómo diablos se suponía que debía besar a otra mujer después sin compararla con Hinata? Sin desear...
Mieeerda. Esto no era bueno.
¿Y si ella quería más? Se lo daría, pero luego la perdería, y eso era lo único que no podía soportar. Hinata era mi constante cuando todo lo demás se sentía inestable. Era la voz de la razón cuando era irracional. Ella estaba... allí, siempre allí para mí, cada vez que la necesitaba. Confiaba en ella más que nadie en el planeta, excepto supongo que no podía confiarle la única cosa que no le confié a nadie.
Tenía mi corazón, pero no podía darle mis temores. Ellos deformaron una parte de mí, y me avergonzaba demasiado dejarle ver esa parte, porque estaba muerto de miedo de que eso pudiera ser lo único que la alejara para siempre.
—Es parálisis cerebral, ¿verdad?
Salté y miré alrededor para encontrar a Shion mirándome fregar manchas de cerveza de la barra con furia.
Encogiéndome internamente, decidí que aceptar ir a una cita con una chica en la noche anterior a la que se suponía que trabajara con ella de nuevo, quizás no fuera lo más inteligente que hice. Pero bueno, con las decisiones que tomé últimamente, la inteligencia me abandonó hace mucho tiempo.
Al igual que fue una estupidez no golpearle la cara a Utakata la noche anterior cuando estuve en su apartamento para recoger a Hinata.
El imbécil era astuto. Hoy hice una visita al apartamento 5A y nadie abrió la puerta. Tenía la certeza que oí a alguien en el interior. Pero el pequeño hijo de puta tenía demasiado miedo para enfrentarme.
Debería tenerlo.
En verdad deseaba poder haberle golpeado en la cara, cualquier cosa que me ayudara a dejar de pensar en lo que Hinata y yo hicimos anoche. Lo que me recordó que Shion parpadeaba en mi dirección, esperando una respuesta.
Mierda. ¿Qué había dicho? Sacudiendo la cabeza, murmuré—: ¿Disculpa?
—¿Tu Hinata? —recordó, haciendo que el latido de mi corazón martilleara con ese título. Mi Hinata—. Tiene parálisis cerebral, ¿verdad?
—Sí —dije en voz baja. Con recelo—. ¿Cómo lo sabes?
Se encogió de hombros.
—Mi primo la padece. Pero me tomó un tiempo darme cuenta que Hinata también lo tiene porque es un poco diferente. Mientras que ella tiene mejor movilidad, él tiene una postura mucho peor.
Asentí, dejando caer el trapo que estuve usando para enfrentarla.
—Es probable que padezca parálisis cerebral espástica, que es el tipo más común. La de Hinata es atetoide.
—Oh. No sabía que existían diferentes tipos. —Abrió la lavadora de vidrio bajo la barra para encontrar que, sin sorpresas, el personal que trabajó la noche anterior no vació el último ciclo.
Así que cuando comenzó a retirar los platos, respondí—: Hay diferentes tipos para casi todo lo que existe.
Levantando las cejas, murmuró—: Touché. —Se volvió brevemente para apilar vasos con los demás que recubrían la pared del fondo y luego se volvió—. Mi, eh... primo. Tiene problemas de razonamiento y para pensar las cosas. Me sorprendió que Hinata pareciera tan...
—Ella es muy inteligente —le dije—. Solo alrededor de un tercio de las personas con parálisis cerebral tiene problemas de razonamiento o convulsiones. Hinata tiene convulsiones pero ningún problema para razonar. De hecho, el año pasado, lloró cuando obtuvo su primera C en una maldita clase de biología.
—¿Está en la universidad? ¿Cuál es su especialidad?
—Programación de computadoras. Nos graduamos esta primavera.
—Oh, ¿tú también eres estudiante? —Shion dejó de apilar las copas para enviarme una mirada de sorpresa—. ¿En Komore? ¡No me digas! Soy estudiante de tercero allí, pero nunca te he visto en el campus. ¿Cuál es tu especialidad?
—La terapia física. —Saqué la siguiente fila de vasos limpios para ayudarla.
Me envió una sonrisa de agradecimiento por ayudar incluso cuando preguntó—: ¿Debido a Hinata?
Le guiñé un ojo.
—Lo sabes. —Siempre me fascinó ver a la gente ayudar a Hinata a mejorar su función motora.
—Ajam —tarareó Shion de forma amable, haciendo una pausa para ver cómo tomé el relevo en su trabajo—. Debes conocerla desde hace mucho tiempo.
—Nueve años —le contesté—. Llegó a la ciudad con su madre y su hermano unos meses antes de que yo viniera aquí para vivir con mi hermano. En realidad, nuestros hermanos eran camareros aquí en Shinobi's, y así nos conocimos.
—Ella lo mencionó. ¿Trabajas el lunes? —La última pregunta salida de la nada me dejó desconcertado ya que no lo esperaba.
La miré, confundido.
—¿Qué?
Me lanzó una sonrisa triste.
—Estaba pensando, ya que es mi próxima noche libre, y si tú tampoco trabajas... que tal vez podríamos tratar de terminar esa cita.
Abrí la boca y me quedé inmóvil, sin saber qué decir. Planeé disculparme primero por la forma en que terminó la noche anterior, pero me desvió con preguntas sobre Hinata, y ahora... ahora ella dirigía la conversación hacia donde no quería que fuera, porque después de lo de anoche, con Hinata, mi cabeza estaba hecha tal desastre, que no tenía ganas de salir con cualquier mujer en este momento.
Pero antes de que pudiera rechazarla y disculparme, alguien al otro lado de la barra, dijo—: ¿Ustedes dos salieron anoche?
Shion y yo nos giramos para encontrar a un Konohamaru muy interesado en escuchar nuestra conversación.
Gruñí.
—Jesús, ¿qué quieres de mí esta noche, pequeño imbécil?
Levantó un dedo en mi dirección.
—No estoy aquí por ti, hermano mayor. De hecho, vine a ver a la futura mamá de mi bebé. —Entonces le sonrió a mi compañera de trabajo—. Así que lo abandonaste en la primera cita, ¿eh? Es terriblemente aburrido salir con él, ¿verdad? Lo sabía.
Mientras le gruñí, Shion dijo entre dientes—: No soy tu futura nada, idiota.
Konohamaru parpadeó, su rostro una máscara de inexpresión aturdida. Obviamente sin esperar que dijera eso, él tartamudeó—: Eh... —Un momento más tarde, dejó escapar una risa incómoda—. Si bien la idea de hacer bebés contigo es... maldición, muy atractiva, yo, eh, no estaba exactamente... —Tosió y se rascó la nuca, murmurando—: Qué incómodo —en voz baja.
Y justo otra persona dijo—: ¿Konohamaru? ¿Eres tú?
Girando con demasiado entusiasmo, se enfrentó a la camarera que se acercó a él, poniendo una mano en su vientre de embarazada mientras se acercaba.
La cara de mi hermanito se iluminó. —¡Oye, estás ahí! Feliz cumpleaños. — Sacó una cajita negra con un lazo rojo de su bolsillo y se lo entregó—. Esto es para ti.
Mientras la cara de Matsuri se iluminó con placer, Shion se acercó a mí. Por la comisura de los labios, murmuró—: Toda esa mierda de la futura mamá del bebé; él no hablaba de mí, ¿verdad?
Hice una mueca.
—Mmm...
—Vaya —susurró—. Qué vergüenza.
—Ha tenido un flechazo por Matsuri desde que tenía diez u once años — traté de explicar.
Desde que Matsuri lo ayudó a superar sus pesadillas, él molestó a su marido sobre la forma en que iba a robársela. Y a pesar de que flirteaba con ella sin piedad, tenía la sensación de que en realidad la veía más como una figura materna que cualquier tipo de futura mamá de su bebé.
—Sabe con quién está casada Matsuri, ¿verdad? —preguntó Shion, luciendo casi preocupada por él. Ella tenía razón. Gaara era un gran hijo de puta y se veía malo como el infierno, además de que boxeaba profesionalmente, para respaldar su aspecto.
Me reí.
—Sí, lo sabe. —Y nunca se sintió intimidado por la mirada amenazante de Gaara. El chico tenía las bolas de acero puro.
—Oye —le dije cuando otra camarera gritó una advertencia de dos minutos—. Tienes que perderte, hermano. Ya vamos a abrir.
Sacudió una mano hacia mí, diciéndome que me callara y haciéndome saber que me había oído, todo al mismo tiempo. Luego abrazó a Matsuri para despedirse y volvió a la barra para mostrarme el dedo medio antes de establecer su mirada en
Shion.
Apuntándola, le dio un guiño.
—Y tú... no creas que me voy a olvidar de que quieres que sea el padre de tus hijos, muñeca. Algún día, verás, va a pasar.
Shion debía seguir avergonzada; ya que no le envió ningún tipo de despedida. Mientras su mirada lo siguió hasta la salida, una expresión extraña cruzó su rostro, como si tratara de descifrarlo. Pero entonces vio que la atrapé mirándolo, y negó con la cabeza antes de rodar los ojos.
—¿Es siempre así de irritante?
Sonreí.
—Siempre.
—Qué pena —murmuró antes de aclararse la garganta y centrarse en mi cara—. Por lo tanto acerca del lunes por la noche —incitó, esbozándome una sonrisa.
Con una mueca de dolor, sacudí la cabeza y miré hacia la puerta, deseando que estuviéramos un poco ocupados en este instante. Y aunque algunos clientes habían llegado, ninguno se acercó todavía a la barra.
—Lo... Lo siento —dije, volviéndome a Shion con un encogimiento de pesar—. Yo quiero hacer algo con Hinata para ayudarla a olvidarse de su cita de mierda de anoche.
Y... ahora que esas palabras habían salido de mis labios, me di cuenta de que la cita de Shion no terminó mejor que la de Hinata. Maldita sea. Iba a odiarme. Sorprendentemente, lo único que hizo fue darme una suave sonrisa.
—Vaya, eso es dulce de tu parte. ¿Alguna vez averiguaste lo que le hizo ese tipo?
Me quedé inmóvil, apretando los dientes.
—Sí, él, eh... —No podía decirle la verdad; Hinata se sentiría humillada más allá de la razón—. Le dijo algunas cosas inadecuadas que la hicieron sentir incómoda. Nada muy grave. Pero eso le dio un golpe a su confianza así que... —Sí. Sufría mi impulso habitual de intervenir y hacer que todo fuera mejor para ella de nuevo.
Del mismo modo que hice anoche cuando pensé que darle su primer beso sería de ayuda.
¿Ayuda?
Era un puto idiota.
Debería mantenerme alejado de Hinata por un tiempo, porque ese beso... maldición, ese beso me afectó, me hizo desear y doler, y estuve a punto de pedir más. Nunca debió haber sucedido. Y el verla de nuevo tan pronto después de que eso pasó era probablemente peligroso.
Pero deseaba más tiempo con ella. Además, quería ayudar con el golpe que su confianza recibió. Así que, a la mierda el peligro. Mañana por la noche, Hinata era mía.
{...}
El lunes por la noche, acababa de tomar una ducha, y me cambiaba en unos vaqueros y una camisa blanca cómoda cuando un pelirrojo, de dos años, entró gateando en mi habitación.
—Narton ¿quieres gugar conmigo? —preguntó mi sobrino Beau, mirándome con sus suplicantes ojos grandes.
Era un niño tan lindo, que odiaba rechazarlo, pero quería llegar a casa de Hinata mientras todavía quedaba un poco de luz solar. No había hablado con ella desde el beso, pero ya sabía que había salido del trabajo en el centro de escritura hacía media hora. Por lo que debía estar en casa ya.
—Lo siento, pequeño. —Lo levanté para ponerlo sobre la cama en la que rápidamente comenzó a saltar sobre el colchón—. Tengo que ir a ver a Hinata esta noche.
Sus ojos se iluminaron con esperanza.
—¿Hinata quiere gugar? —preguntó. Juraba que se sentía medio enamorado de ella porque le dejó subir sobre su regazo en la silla de ruedas. Y siempre iba más rápido cuando él le pedía que lo hiciera.
Pero—: No, lo siento. Esta noche no. ¿Dónde está Konohamaru? Apuesto a que jugaría contigo.
—Kon se ha ido —anunció Beau, todavía saltando alegremente.
Rodé los ojos, preguntándome si Konohamaru se quedó una noche desde que Konan lo castigó. Sí, probablemente no. Qué desgraciado. Él sabía que ella nunca le haría nada demasiado grave. Konan era demasiado blanda cuando se trataba de nosotros. Y aunque Nagato podía gruñir más que ella, también lo era.
Tal vez fuera la razón por la que todavía vivía en su casa a los veintidós años. Mi vida era demasiado cómoda aquí como para querer irme, aunque sabía que tan pronto como lo hiciera, Beau podría tener mi habitación, y Nagato y Konan podrían mover la cuna de su habitación.
Pero esta era mi casa. Fue el primer sitio en el que viví que se sintió como un hogar. Llámame sentimental, pero me sentía un poco reacio a salir de mi casa. Además, la universidad se encontraba a prácticamente pocos pasos de distancia. En realidad no había razón para ir a otro lugar por el momento.
Creo que Nagato y Konan comprendían mi necesidad de quedarme; nunca sugirieron que ya era hora de que me fuera, aunque sabía... que debería empezar a buscar un lugar propio algún día. Iba a tener que crecer pronto.
—¿Dónde se encuentran tus padres? —pregunté a Beau.
—Besándose en el sofá —respondió él, aún saltando.
Jesús. Rodé los ojos. Nagato y Konan llevaban casados ocho años, sin embargo, a veces, todavía se besuqueaban como recién casados. Era extraño. Aunque tenía que admitir, si Konan besaba parecido a Hinata, no culpaba a Nagato por abalanzársele cada vez que podía.
¿Y por qué diablos acababa de pensar acerca de Hinata y los besos? Dios.
—¡Oigan, ustedes dos! —grité hacia la puerta abierta de mi habitación—. Quiten los labios el uno del otro, ya, y presten un poco de atención a su hijo, ¿sí?
Mi llamado funcionó. Segundos más tarde, tanto Nagato como Konan aparecieron en la puerta.
—¿Qué ha hecho ahora? —preguntó Nagato.
—Nada. —Metí mi billetera en el bolsillo trasero mientras ponía los pies en mis zapatillas de tenis—. Es que está solo. Así que dejen de tratar de hacerle un nuevo hermano y jueguen con el que tienen. Tengo que estar en otros lugares.
Después de agarrar mi teléfono y las llaves, me fui de la habitación, haciendo una pausa para besar a un lado de la cabeza de Konan en señal de despedida.
A medida que me iba, oí a Beau invitar a sus padres a saltar en la cama con él. El pequeño mierda. No tenía idea de su suerte. Dos padres que lo amaban y le proporcionaron un buen hogar, estable. Nagato había sido un hermano buenísimo, pero era un mejor padre.
Así que sí, estaba contento de que Beau tuviera una infancia mejor de la que tuve yo. Sin embargo no me ponía menos celoso de él. Pero hizo que me preguntara qué tipo de padre sería un día. No era que algún día llegara allí. Tendría que ser capaz de establecerme con una mujer en primer lugar, y todo eso...
Estaba pensando en ese beso de nuevo.
Cualquier sitio alrededor de Hinata era el último lugar en que debería estar en este momento. Excepto que mi sangre parecía haber sido encendida con fuegos artificiales cuando hice una pausa en la cocina para recoger todo lo que necesitaba para mis planes.
Todo el camino hacia su casa, tamborileé con los dedos el volante y canturreé en voz baja, tratando de expulsar mi energía nerviosa. No podría esperar para verla.
Una vez que llegué, tuve la tentación de ir por el lado de su ventana, pero decidí que iba a hacer esto bien.
Ella quería una primera cita de verdad. Bueno, iba a conseguir una.
Continuará...
Glosario:
PARÁLISIS CEREBRAL DISQUINÉTICA O ATETOIDE(La de la prota de la historia)
Se caracteriza, principalmente, por movimientos lentos, involuntarios (que se agravan con la fatiga y las emociones y se atenúan en reposo, desapareciendo con el sueño) y descoordinados, que dificultan la actividad voluntaria. Es común que las personas que tengan este tipo de parálisis cerebral tengan unos músculos que cambian rápidamente de flojos a tensos. Sus brazos y sus piernas se mueven de una manera descontrolada, y puede ser difícil entenderles debido a que tienen dificultad para controlar su lengua, su respiración y las cuerdas vocales.
La parálisis cerebral atetoide es el resultado de que la parte central del cerebro no funcione adecuadamente.
PARÁLISIS CEREBRAL ESPÁSTICA
Espasticidad significa rigidez; las personas que tienen esta clase de parálisis cerebral encuentran dificultad para controlar algunos o todos sus músculos, que tienden a estirarse y debilitarse, y que a menudo son los que sostienen sus brazos, sus piernas o su cabeza.
La parálisis cerebral espástica se produce normalmente cuando las células nerviosas de la capa externa del cerebro o corteza, no funcionan correctamente.
Se da en un porcentaje de un 60-70% de las personas con parálisis cerebral.
Los otros tipos que hay son:
- PARÁLISIS CEREBRAL ATÁXICA
- PARÁLISIS CEREBRAL MIXTA
También podemos diferenciar la parálisis cerebral en función de la parte del cuerpo que se encuentra afectada, teniendo así una clasificación por criterios topográficos:
HEMIPLEJIA: Se produce cuando la discapacidad se presenta únicamente en la mitad izquierda o derecha del cuerpo.
PARAPLEJIA: Afectación sobre todo de miembros inferiores
TETRAPLEJIA: Están afectados los dos brazos y las dos piernas.
DISPLEJIA: Afecta a las dos piernas, estando los brazos nada o ligeramente afectados.
MONOPLEJIA. Únicamente está afectado un miembro del cuerpo.
*Por último, en función de la severidad con la que se manifiesta la parálisis cerebral:
Parálisis cerebral LEVE: Se produce cuando la persona no está limitado en las actividades de la vida diaria, aunque presenta alguna alteración fí álisis cerebral MODERADA: El individuo tiene dificultades para realizar actividades diarias y necesita medios de asistencia o álisis cerebral SEVERA: La persona requiere de apoyos para todas las actividades.
