Un cowboy por navidad
Esta historia es una adaptación.
La historia original de Tess Curtis.
Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.
Capítulo 11
Navidad
—Treinta y cuatro —dijo ella a sus espaldas, tras observarlo durante un rato, como los días anteriores, recién levantado, despeinado, sin la parte de arriba del pijama, tan impresionante y sexy como era. Sonrió al ser consciente de que él nunca presentía su presencia mientras lo miraba y siempre lo sorprendía.
— ¡Buenos días! —dijo él, sonriendo, mirándola fijamente. Tratando de pensar qué podría ser treinta y cuatro, ya que era demasiado temprano para él. Sobre todo porque de nuevo no había dormido bien.
— ¿Una mala noche? —preguntó Bella, siendo consciente de su aspecto.
—Ajá —asintió él y sonrió—. Nada que un buen café no cure.
—Si quieres te devuelvo el bote de…
—No, por favor. Eso ya ha pasado. Solo necesito el café —dijo, subiendo la taza y lanzándole una sonrisa, a la vez que se sentaba en uno de los taburetes de la cocina.
Lo cierto era que no había pasado una buena noche, mientras que había estado despierto, revivía paso a paso lo que había hecho durante las horas exactas hacía dos años y lo comparaba con la noche anterior, sintiéndose culpable por habérselo pasado bien. A ello se sumaba la inminente marcha de Bella, algo que unido era un cóctel insomne que hizo que apenas hubiera pegado ojo.
— ¿Qué tal esto? —le preguntó Bella posando las manos en su cuello a la vez que colocaba los pulgares en dos lugares estratégicos para destensionarlo.
Edward emitió un gruñido de alivio, que hizo que ella sonriera, sabía que aquello nunca fallaba.
Continuó durante unos minutos trabajando la zona cervical, notando que él se relajaba bajo sus manos, para terminar en el mismo punto en el que había comenzado.
— ¿Por qué no me dijiste que sabías hacer esto tan bien?
—No preguntaste —respondió ella con una sonrisa, encogiéndose de hombros.
—Pensaba que eras contable.
—En la consulta de un quiropráctico —le dijo guiñándole un ojo. Edward sonrió.
—Al parecer eres muy buena observadora.
—Sigue sin nevar —dijo ella, mirando hacia la ventana, tras servirse un nuevo café.
Edward no supo si deseaba que nevase de nuevo o si era un alivio para ella el que hubiera dejado de nevar.
—Ahora vendrá el hielo. Voy a ver cómo está todo por ahí fuera, por si tengo que sacar la sal para la entrada.
—Me gustaría poder invitarte a comer fuera —comentó Edward mientras cenaban esa noche.
— ¿Acaso no te gusta mi cena? —preguntó ella, bromeando. Edward estaba dando buena cuenta de esta.
—Me encanta tu cena. Entre como cocinas y las manos que tienes, podría llegar a pedirte matrimonio.
Bella sonrió.
—Pensaba que con tu experiencia no serías proclive a matrimonios flash.
—Todo el mundo puede cambiar de idea —le repuso él sonriendo a la vez que le guiñaba el ojo.
Se oyó un ruido fuera de la casa y Edward se levantó de la mesa para mirar por la ventana. Era la temida quitanieves, despejando la entrada desde la carretera hasta su casa. Se puso el abrigo y las botas y salió a saludar. Bella lo miró desde la ventana delantera. Edward saludó al tipo de la quitanieves y se subió ágilmente por la puerta del copiloto. Era probable que el conductor fuese alguien conocido por él. Siguió mirando un rato por la ventana y luego comenzó a recoger la mesa y meter los utensilios en el lavaplatos. Cuando terminó, se sentó en la alfombra al lado del fuego.
Se sentía triste por la llegada de la quitanieves. Y su deseo de Navidad no se había cumplido.
— ¿Por qué has recogido? Era mi tarea —se quejó Edward al llegar a su lado y sentarse también sobre la alfombra.
—Tú estabas ocupado con la quitanieves.
—Era Dave. Nos conocemos de toda la vida. Llevan trabajando desde anoche y calculan que mañana por la tarde tendrán desde Norris a McAllister despejado. Le he preguntado por tu coche y me ha dicho que deben haberlo tapado al retirar la nieve. Mañana de día podremos ir a verlo... O a desenterrarlo.
—Gracias —dijo Bella, escueta, mirando las llamas en la chimenea.
Edward se levantó y encendió el reproductor de música con el ya familiar USB. Las notas de Love is here to stay de Frank Sinatra comenzaron a sonar.
—Esta canción le gustaba mucho a mi abuelo —comentó volviendo al lado de ella, para tenderle la mano.
Ella estiró la suya y sintió el leve tirón que le dio Edward para ayudarla a levantarse.
—Prefiero versiones más modernas.
—Yo prefiero la música country, pero ya que estamos aquí —dijo, pegándose a ella para comenzar a bailar.
Bella se pegó a Edward y aspiró su aroma para recordarlo, su perfume era herbal y le recordaba a la hierba recién cortada. Tenía que seguir su camino al día siguiente, pero lo cierto era que echaría de menos aquella casa y a Edward. Incluso aquel temporal de nieve había tenido su efecto positivo en ella. Había reflexionado mucho al respecto. Sin televisión, teléfono o internet había tenido tiempo para relajarse como hacía años que no hacía, y aún le quedaban varios días más en el lago Ennis para culminar su estancia en el condado de Madison.
—Creo que es hora de ir a dormir —anunció ella, separándose de Edward, tras terminar la canción. De repente, sintió nostalgia de esa Navidad que estaba viviendo y de que aquella fuera la última noche con Edward.
Edward apagó la música. La llegada de la quitanieves lo había cambiado todo entre los dos y, aunque ya sabía que sucedería, no por ello dejaba de ser menos difícil.
Ambos quedaron parados, quizá esperando las buenas noches uno del otro.
—No te vayas —dijo Edward, desviando la mirada hacia el reproductor de música, después de haberla mirado un segundo y saber que la iba a echar terriblemente de menos.
—Mañana será un día ajetreado. Tenemos que descansar —dijo ella, malinterpretando la pregunta.
—Iremos a por tu coche, pero si lo deseas puedes pasar el resto de tus vacaciones aquí.
Bella sonrió, pero ella no quería amabilidad por compromiso.
—Es muy amable por tu parte, pero creo que he abusado de tu hospitalidad. Gracias. Buenas noches.
— ¡Bella! —la llamó él, viendo que iba a comenzar a subir las escaleras, con el corazón galopando en su pecho.
Ella se giró hacia él para responderle, Edward dio tres zancadas y se puso a su altura, tomándole la cara entre sus manos para besarla apasionada y largamente, poniendo de manifiesto cuánto le gustaba.
—Edward —respondió ella en un susurro, casi sin aliento, cuando sus labios se separaron al fin.
Era sin duda uno de los mejores besos que le habían dado nunca, aparte de totalmente inesperado, ya que había perdido la esperanza de ello conforme pasaban las horas de aquel día.
—Bella, no quiero ser egoísta, pero me gustaría que pasáramos las vacaciones juntos —dijo asiéndola de la cintura, con el cuerpo de ella pegado al suyo y su nariz rozándola.
Bella suspiró al sentir el aliento de Edward sobre su boca, pidiéndole aquello con tanta ternura. Aquel hombre hacía que le temblasen las piernas.
— ¿Estás completamente seguro de lo que me estás pidiendo? —preguntó ella, tragando saliva. Quería que aquello fuera real entre ambos, no un espejismo o un parche para el dolor de alguien.
—Completa y absolutamente —afirmó él, dándole suaves besos en el cuello, a la vez que aspiraba el aroma de su piel, dulce y almizclado.
¡Especial de navidad!
Espero lo disfruten y me cuenten que les parece :)
Nos vemos.
