Disclaimer: Tengo tanto derecho a reclamar como propios los personajes y argumento de Orgullo y Prejuicio en la misma medida que el resto de la humanidad que no es Jane Austen.

Las situaciones y diálogos, así como los personajes no mencionados en la obra original que a continuación se muestran, son producto de mi imaginación.

10


Tres días después del episodio con Hera, Elizabeth finalmente se unió a Charlotte en Hunsford. Antes de marcharse, fue advertida por Robert de la presencia del señor Darcy y el coronel Fitzwilliam en Rosings Park.

—Solo tienes que caminar una milla al pueblo para mandar a un mensajero e iremos por ti de inmediato, Lizzy, si es que Lady Catherine se vuelve intolerable... o sus sobrinos—, dijo un agotado Robert desde su cama.

—Tal vez debería quedarme otra semana, hasta que Jane este recuperada—dijo tentativamente ella, que apenas diez minutos antes había estado con su hermana, quien tenía síntomas de resfriado.

—Bennet estará bien, los dos lo estaremos. Tu hermana se unirá a ti en Hunsford en unos días, de esa manera yo podré pasar a saludar a Darcy en Rosings, hay un par de cosas que necesito decirle—comentó él, con un gesto de burla a pesar de su pálido semblante.

— ¿Y se puede saber a qué te refieres, Robert?

—Que un día me casaré con Bennet y de ninguna manera voy a invitar a los Bingley a mi boda, aunque sería divertido ver la cara de arrepentimiento de Charles. Él es un estúpido, y Darcy también—, murmuró él, con los ojos ya cerrados por el cansancio.

Robert se quedó dormido casi de inmediato y Elizabeth abandonó la habitación. Ella estaba sonriendo después de las palabras de su primo. Desde que él había estado en Hertfordshire, su admiración por Jane fue clara, y hora parecía haber resuelto su proceder. Cathy la encontró en el pasillo y juntas fueron en busca de Jonathan, para terminar de arreglar las cosas para la partida de Elizabeth.

—Puedes arrepentirte de quedarte en Hunsford y dispondremos de un carruaje que te llevará por las mañanas y te traerá por las tardes de vuelta aquí—, comentó ella mientras ajustaba el sombrero de Elizabeth.

—Eso complicaría mantener en secreto la identidad de mi familia. Además, no creo que Lady Catherine escupa fuego, tal y como mi tío dice —comentó Elizabeth al borde de la risa. Las comisuras de los labios de Cathy formaron una ligera sonrisa.

—Oh, bueno, tal vez puedo encontrar una armadura en el ático que puedas usar—ambas rieron y ella agregó en un tono más serio— solo no tomes las palabras de Lady Catherine demasiado personales, Liz. Al ir como una Bennet, ella tendrá algo que decir acerca de ti, incluso querrá hacerte sentir inferior, lo mejor es ignorarla.

Elizabeth escuchó con atención las descripciones del carácter de la dama de Rosings Park, las cuales, más allá de los halagos del señor Collins, no la colocaban bajo una luz favorable. Ella tenía la esperanza de ver lo menos posible a las personas de Rosings Park, dados los comentarios que se habían hecho sobre la familia.

Al señor Darcy ya lo conocía y no guardaba gratos recuerdos de él. De Lady Catherine, nada la recomendaba como una persona sinceramente amable. Del coronel Fitzwilliam, Robert fue bastante específico en hacer mención que si bien Richard era mucho más sociable que Darcy, era un hombre únicamente dispuesto a casarse con alguien que le permitiese seguir llevando la vida privilegiada a la que estaba acostumbrado. Esto le hizo creer a Elizabeth que se trataba de alguien con intenciones mercenarias, tal y como el señor Wickham; y ella pensó que sería más que conveniente seguir con la imagen de una muchacha con poco dinero y sin conexiones.

Aunque ella no quería admitirlo por completo, sentía curiosidad por la posibilidad de preguntar al señor Darcy sobre los Bingley. Jane ya tenía superado el tema, pero las cartas de Emily y Mary hicieron mención de un extraño encuentro que de inmediato intrigó a Elizabeth.


La primera vez que ella lo vio, pensó que era un hombre muy alto y con una expresión seria que lo hacía lucir disgustado. La segunda vez que ambos volvieron a verse él no pudo apartar la vista del rostro de ella, en espera de que alguna sonrisa se atreviera a surgir. La tercera ocasión, él bailó dos veces con ella y para el cuarto encuentro, él se ofreció a voltear las partituras mientras ella tocaba el piano.

El quinto encuentro fue en Hyde Park, un momento en el cual ella descubrió que los ojos de él tenían el mismo color gris que el cielo antes de una tormenta. La sexta y séptima ocasión que estuvieron en compañía uno del otro fueron bailes, en ambas fiestas bailaron, y aunque ella declaró que no se trataba de una actividad en la cual fuese muy buena, la presencia de él la hizo sentir menos torpe.

.

Mary Bennet miró por última vez a la joven del espejo que la observaba con ojos atentos y expresión curiosa. Era una mujer joven con cabello oscuro y ojos azules, que se esforzaba por contener la emoción que la visita al teatro le provocaba. Su vestido era varios tonos más oscuros que su mirada y se trataba de la prenda más elegante que ella jamás había usado. Mary apenas podía reconocerse en la mujer del reflejo.

Esta mujer que la observaba llevaba ya tres semanas en la capital, había conocido a los miembros de distinguidas familias y mejorado su comportamiento en sociedad. No es que ella tuviese una actitud semejante a la de Lydia de meses atrás, pero su experiencia en sociedad le había enseñado que un instrumento era un excelente refugio, al igual que las esquinas.

Todo lo que Mary había conocido anteriormente sobre cómo desenvolverse entre los grandes grupos que atendían las fiestas fue alterado por la ayuda de Lady Mary y Emily, quienes se tomaron no sólo el tiempo de enseñarle la etiqueta de un círculo en el que ella jamás aspiro estar sino de presentarla como una amiga íntima, digna del respeto de los demás.

Tal presentación llamó la atención de un caballero en particular, el señor Carter. Él era un hombre cuya edad se aproximaba hacia los 30, con modales impecables y la mirada más penetrante que Mary jamás había conocido en una persona. Por razones que ella aún no alcanzaba a comprender, la presencia de él la inquietaba y hacía latir su corazón con más fuerza que cuando él estaba ausente. Emily insistía en la atracción del caballero por su amiga, no obstante, Mary se negaba a creer que un hombre como él pudiese encontrar algo admirable en ella.

.

El sonido de la voz de Emily interrumpió el estado de ensoñación de Mary. Desde el umbral de la puerta, Emily sonreía satisfecha de ver el gesto incrédulo de Mary por su propia apariencia.

Aún era motivo de asombro para Emily el estado de negación de Mary para reconocer que poseía atributos que la hacían bella físicamente. Al mismo tiempo, entendía que aceptar esto no podía ser fácil, especialmente después de haber vivido bajo la sombra de una mujer tan bella como Jane Bennet. El progreso en el cambio de actitud de Mary era lento para alguien tan impaciente como Emily, sin embargo, había progreso y por el momento eso era suficiente.

Juntas dejaron la habitación y con el resto de la familia Walden se dirigieron al teatro, donde la presencia de cierto caballero había sido planeada por Emily para sorprender a Mary.

.

Emily sintió el golpe imprudente del codo de Daniel cuando estaba por terminar el primer acto de la obra. Ella siguió la mirada de su hermano y pronto descubrió el motivo. Desde otro palco del teatro, la familia Green tenía dos particulares invitados, los cuales lejos de promover el sincero deseo de saludarlos, provocó una sensación de desagrado y la necesidad de evitarlos a toda costa.

El telón cubrió el escenario y aquellos que ocupaban los palcos se movieron hacia el pasillo con la intención de socializar. Estaban entretenidos en esto Mary, Daniel y Emily, cuando la voz grave del señor Carter causó un sobresalto en Mary y coloreó sus mejillas de un notable tono rosado.

Con la cortesía que lo había caracterizado desde el momento en que se conocieron, el señor Carter saludó a los presentes sin que en ningún momento su mirada perdiera la intensidad al contemplar a Mary. Ella intentó mantener la compostura y ambos pudieron establecer una conversación tranquila, como habían logrado hacerlo en otras ocasiones. Él preguntó sobre la última pieza de piano que estaba aprendiendo y ella acerca de sus aventuras en el negocio de la construcción de barcos.

El grupo estaba tan ensimismado en la conversación que no advirtió el momento en el que el señor y la señorita Bingley se aproximaron con la intención de saludar. Las expresiones de Emily y Daniel reflejaron que tal compañía no era deseada, no obstante, no era la presencia de los Walden la razón por la que los Bingley se acercaron.

Después de un forzado intercambio de saludos, el señor Bingley inquirió acerca de la familia de Mary. Él preguntó por sus padres y los Lucas, para eventualmente hacer mención de las hermanas de ella.

—Mis hermanas menores se encuentran estudiando y las mayores están de viaje por el condado de Kent. Por el momento sólo soy yo quién está de visita en la capital, señor Bingley—. Respondió ella sin dar muchos detalles sobre el paradero o compañía de sus hermanas, ni prolongar demasiado el contacto visual hacia ellos.

—No me hubiese esperado encontrarla en un lugar como este, señorita Bennet— se anticipó la señorita Bingley a su hermano—No sabía que su familia tenía amistad con la familia de Lord Walden. Cuando su hermana se quedó en Netherfield, ella nos habló que en los viajes que su familia hace a Londres, lo acostumbrado es que se queden en Cheapside, con el hermano de la señora Bennet.

Las palabras y tono de la señorita Bingley estaban diseñados para intentar humillar a Mary en presencia de los Walden y el señor Carter, sin embargo, ninguno de ellos manifestó expresión alguna que pudiera satisfacer a Caroline.

—¿Va muy seguido usted a Cheapside, señorita Bingley?—preguntó el señor Carter con falsa inocencia y sin dar tiempo a una respuesta por parte de ella, él añadió—en vista de que la fortuna de la familia de usted fue acuñada en el comercio, asumo que conoce bien la zona. Tal vez podría usted o su hermano recomendarme algún nuevo negocio para explorar, el señor Gardiner ha hecho interesantes propuestas, pero me temo que con él ya he analizado todas las posibilidades que me convienen.

El silencio de los presentes fue casi sepulcral. La señorita Bingley palideció mientras que las mejillas de su hermano adquirieron un tono carmesí. Mary tenía los ojos muy abiertos mientras que Emily y Daniel luchaban consigo mismos por contener la risa.

El señor Bingley aclaró su garganta para atraer la atención y disimular la furia contenida en la expresión de su hermana. Con voz atropellada, él intentó cambiar el curso de la conversación y alejarse con un poco más de dignidad. Tales esfuerzos no fueron necesarios por mucho más tiempo, ya que el señor Carter decidió que había sido suficiente de la presencia de los Bingley y, sin gran ceremonia, pidió que lo excusaran para escoltar a Mary de vuelta con Lord y Lady Walden, los gemelos siguiendo el ejemplo de él.

Los Bingley observaron como el grupo se perdía entre la multitud y ambos no pudieron evitar pensar que había más de los Bennet que ellos desconocían. El señor Bingley sintió interés por lo que había sido de Jane, mientras que Caroline repasaba una y otra vez cada una de las conversaciones que tuvo con la mayor de las Bennet, para descubrir en qué momento tal conexión pasó desapercibida por ella.

Mientras los Bingley analizaban lo sucedido, Mary no podía evadir el sentirse confundida. Su conciencia le decía que la actitud del señor Carter era tan censurable como la de la señorita Bingley, sin embargo, ahora que el brazo de ella descansaba en el de él, por primera vez se atrevió a creer en las palabras de Emily. Tal vez era verdad, tal vez el señor Carter había visto algo que ni siquiera ella había descubierto aún.


Elizabeth fue recibida por Charlotte, el señor Collins y Maria Lucas en la pintoresca casa parroquial de Hunsford. Era una casa más pequeña que Lucas Lodge, no obstante, los jardines bien mantenidos complementaban una composición balanceada.

Charlotte expresó alegría al ver a su amiga después de varios meses. El señor Collins también fue cordial, aunque de vez en cuando expresó uno que otro comentario con la intención de hacerle ver a Elizabeth la oportunidad que había dejado pasar. Ella ignoró tales expresiones y enfocó su atención en Charlotte, quien sería la única persona que sabría la verdad de lo sucedido con los Walden y los Spencer.

El primer día, ella conoció la residencia y escuchó la alegría que el tener una casa propia le proporcionaba Charlotte, por lo que la tan ansiada conversación tuvo lugar a la mañana siguiente, cuando el señor Collins fue hacer visitas y María se ofreció a acompañarlo.

—Me alegro mucho que de alguna manera todo esté resuelto—, dijo Charlotte después de escuchar la historia desde el encuentro en Hyde Park hasta la reunión en Longbourn—, no lo mencioné antes, pero supuse que había algo que te estaba afectando.

—No fue fácil de aceptar al principio. Toda mi vida fui tratada de la misma manera que el resto de mis hermanas como para creer que mi origen era diferente al de ellas, incluso a veces hubo favoritismo hacia mí, lo sabes bien—agregó Elizabeth encogiéndose de hombros.

—Creo que todo Hertfordshire tendría que acusar al señor Bennet de ser parcial hacia tu persona, Eliza. ¿Cómo tomó él todo esto?

—Relativamente bien—, comentó ella. Charlotte notó un ligero quiebre en la voz de Elizabeth y decidió que en otra ocasión tocaría el tema y se inclinó a bromear sobre la llegada de los sobrinos de Lady Catherine— Supongo que ahora ella tendrá que cuidar celosamente al señor Darcy, contigo siendo una gran heredera, la señorita De Bourgh tiene competencia.

Elizabeth, lejos de tomarlo con humor, cambio su expresión de calma por una de genuina preocupación.

—Nadie puede saber todo esto, Charlotte. Hasta que mi padre no esté de vuelta y se puedan hacer las aclaraciones correspondientes, todo esto debe permanecer en privado. Además, no sé por qué sigues insistiendo en la admiración del señor Darcy, él jamás me mostró más cortesía que al resto de la gente en Meryton.

—Fuiste la única señorita que bailó con él en el baile de Netherfield además de las hermanas del señor Bingley, lo cual asumo que él hizo por pura atención hacia su anfitrión.

—No insistas en eso, no lograrás cambiar mi opinión al respecto.

—Las mentiras del señor Wickham ya no son válidas, Eliza.

—Y reconozco que fue un error haber creído en un hombre que cultivó mi vanidad, sin embargo, ¿cómo excusas la falta de conciencia del señor Darcy por la población de Meryton? Mary King estuvo en peligro porque no sabíamos la verdadera naturaleza del señor Wickham.

—Tal vez el señor Darcy no estaba en una posición adecuada de llevarlo ante la justicia, ¿Has pensado en eso? Se trata del ahijado del difunto padre del señor Darcy—intentó defender Charlotte.

—Treinta libras, Charlotte. Eso fue lo que costó desenmascarar al señor Wickham. Desde mi punto de vista, el comportamiento del señor Darcy es inexcusable. ¿Debo agregar acaso, que mi belleza no es suficiente para él?

—Y estamos de vuelta con la vanidad—respondió rápidamente ella.

— ¿Y no tengo derecho?—replicó Elizabeth— Tú mencionaste que él podía actuar con orgullo y desdén porque su posición en sociedad era superior a la de nosotros. Ahora que ha sido revelado que mis circunstancias son equiparables con las de él, ¿no tengo, en consecuencia, derecho a actuar con desdén con quién yo deseé?

—Creo que él te admiraba, es todo—dijo Charlotte, incapaz de refutar el razonamiento de Elizabeth que partía de su propia aserción.

—Y yo no tengo motivos para creer que tales palabras son ciertas.

Dejaron ese tema a un lado, no sin antes que Charlotte prometiera guardar silencio al respecto de la familia de Elizabeth. Por el resto de su estancia en Hunsford, ella sería llamada como Bennet, tal y como había sido en Hertfordshire.

Entre otros asuntos mencionados estuvo la ausencia de Jane, quien al igual que Robert, se encontraba recuperándose de un resfriado. Ambos fueron víctimas de una tormenta días atrás, cuando acompañados de uno de los sirvientes de Acker Hall, recorrían a caballo una de las partes más escarpadas de la finca. Elizabeth se vio libre de los síntomas al decidir que esa tarde no tenía la paciencia de lidiar con el mal humor de Hera.

.

Dos días después de la llegada de Elizabeth a Hunsford, Fitzwilliam Darcy encontró que sus esfuerzos para olvidar a la segunda de las hermanas Bennet fueron inútiles.

.

10


Saludos a quienes se toman el tiempo de leer esta historia y un agradecimiento a todos aquellos que extienden un comentario, deciden seguirla o agregarla a favoritos.

D