—Kagome —Inuyasha pronuncio su nombre, su sangre hervía era ella, esa mujer, la que ansiaba ver, pero la estaban lastimando, la vio sujetada por el cuello, elevada en el aire, en su lucha por liberarse del agarre dejo caer el arco que llevaba consigo, pronto se acabarían sus fuerzas era predecible, saco a colmillo de acero de su funda y de un certero ataque corto el brazo que la mantenía presa, la vio caer al ser suelta, y de un salto la tomo en sus brazos, presionándola a su pecho, lugar del que jamás debió dejarla apartarse…—Ka-gome —volvió a llamarla, quería cerciorarse de que fuese ella— ¿E-estas bien?
—Inu…yasha —respondió débil, agitada tratando de recuperar el aliento, de no ser por él muy posiblemente pronto estaría inconsciente, pero ahora…— Moroha ¿Dónde está?
—¿Moroha? —repitió la pregunta de ella, mientras la ayudaba a incorporarse en el suelo…
—mamá, mamiiiiiii —se escuchó el grito de una pequeña vocecita acercándose
—¡Moroha! —grito kagome, viendo en dirección de quien la llamaba, al mismo tiempo diviso que aquel quien la ataco antes intentaba alcanzar a su pequeña, se zafo de los brazos del hanyo y corrió hacia ella
—¿mamá? —Inuyasha estaba recibiendo demasiada información, la vio soltarse de él, y correr hacia aquella pequeña— Kagome cuidado —grito
—Moroha quédate ahí —advirtio, la vio quedarse quieta, apresurando el paso la alcanzo y la abrazo, no estaba pensando, solo protegió a la niña con su cuerpo, esperando por el golpe, pero tal cosa nunca llego, algo las estaba protegiendo, ¿un campo de energía?, ella misma no pudo haber sido, no se le ocurrió, era tal la desesperación que simplemente lo paso por alto, se sintió tan estúpida, pero entonces ¿Cómo?, si ella no fue ¿Quién?, vio a Moroha entre sus brazos, con sus manitas elevadas ¿Acaso?
—Moroha tu…
—mami ¿lo hice bien?
—esa es mi niña —Kagome sabía que su hija era inteligente, porque, obviamente la inteligencia, dicen, se hereda de la madre, ¡gracias a Dios! «pero como aprendió a hacer esto» pensó— cariño, ¿puedes mantenerte así un poco más?, solo hasta que mamá acabe con ese sujeto— la vio asentir, lo que fue suficiente para dejarla tranquila
Kagome, tenía una mescolanza de cosas en la cabeza, Moroha estaba bien y además tenía poderes espirituales, ella casi a sus veinticuatro años estaba empezando a controlar los suyos, y esa pequeña suya era increíble, por otro lado, Inuyasha ¿Acaso sabia de su relación con la pequeña? Además, al volver a verlo tenia sentimientos encontrados, quería correr a sus brazos, pero algo la detenía…tenia miedo, y por supuesto ¿Quién es este sujeto? ¿Qué demonios buscaba?
—¿Están bien? —pregunto Inuyasha, llegando al punto donde estaban las dos, todo esto sucedió en cuestión de minutos, al parecer Kagome no era la misma
—Inuyasha —hablo determinada la miko, sacándolo de sus pensamientos— ¿puedes acercarme?
—es peligroso, no seas tonta —se nego
—si fuese Kikyo me dejarías manejarlo ¿no es así?, puedes confiar en mí, un poco al menos —aún estaba dolida y esas palabras junto a su semblante de tristeza fueron una puñalada para él
—Kagome es Kagome, no hay nadie más —respondió firmemente, acercando el arco que quedo olvidado en el suelo— pero no tienes flechas
—no hay problema, solo, solo confía en mi
—¡Lo sé! vamos —la cargo en su espalda y la sintió acomodarse como antes, en una mejor posición, aunque ahora solo tenía el arco escucho el sonido que hacia al soltar las flechas
—¡ahora! —exclamo Kagome, soltando una flecha
—bien, ahora veras maldito —«¿cómo demonios?, no tenía flecha alguna, solo estaba con esas cortas ropas» pensaba, cuando la orden de ella lo saco de estos pensamientos, blandió a colmillo de acero en la misma donde la flecha se dirigía, provocando una explosión que dio paso a la destrucción de la amenaza— ¡le dimos! —vitoreo, aterrizando con su preciada carga a cuestas, la dejo en el suelo, libre.
—gracias
—Kagome yo… —necesitaba hablarle, decirle que lo sentía, que había sido una tortura este tiempo, preguntarle tantas cosas, pero ella lo esquivo, dirigiéndose al grupo de amigos quienes protegían a su hija, dejándolo atrás, dejando sus palabras en el olvido, él solo la miro, tenía el cabello un poco más largo, estaba algo despeinada, ese "kimono" corto definitivamente la hacía ver extremadamente bien, además de ser una de las pocas veces que la vio con maquillaje en el rostro, sin duda estaba aún más hermosa…. Sin opción y entendiendo la molestia de ella, solo se limitó a seguirla, pero, «¿mamá?, es posible que esa pequeña sea su hija, ella se olvidó de mi» pensaba, esos pensamientos definitivamente lo estaban volviendo a atormentar, perdido en sus pensamientos y caminando por inercia quedo absorto en su mundo, un grito desesperado lo hizo reaccionar, fijo la vista en la dueña de la voz, para ver al demonio que creyó destruido, en su último reflejo de vida, tomar a Kagome del cuello levantándola en el aire, para lanzarla contra el suelo, afortunadamente el "hiraikotsu" de Sango termino de destrozar el brazo del monje demonio, seguido del ataque de colmillo de acero— maldición —corrió hasta el cuerpo de ella, estaba inconsciente, solo era una humana, ese golpe debió ser demasiado para su frágil cuerpo, gracias al cielo el oportuno ataque de Sango disminuyo la fuerza del golpe pero aun así la lastimo, la tomo en sus brazos, llamo su nombre, pero no hubo respuesta
—mamá —Moroha, quien vio desde lejos, corrió inmediatamente a todo lo que sus cortas piernas le permitían,
—Kagome —se escuchó llamar a sus amigos quienes se acercaron tras la pequeña, tomándola en el trayecto
—Inuyasha —Sango intervino—hay que llevarla con la anciana Kaede, ella sabrá que hacer
—mamá despierta —la pequeña sollozaba al costado de su madre
— Sango tiene razón —Miroku secundo la idea— iré a avisarle a la anciana
Inuyasha no respondió, pero al parecer escucho la sugerencia de sus amigos, suavemente la levanto por completo del suelo, tomando a la pequeña niña a su lado en el proceso y de unos cuantos movimientos, llego a la que era su casa recostándola delicadamente sobre el suave futon, que permanecía acomodado, esperaron por la anciana de la aldea, quien se presentó con una serie de hierbas, su labor se había tornado más difícil dado que el hanyo decidió llevarla a su propia casa en lugar de la de ella, aun así logro poner una compresa de calor con hierbas ayudada de Sango, mientras los otros permanecerían esperando fuera a la culminación del tratamiento, la miko abrió los ojos en el transcurso volviéndolos a cerrar, Sango utilizo un sedante para ayudarla a descansar un poco…
Terminada la sesión, Kagome se encontraba descansando, el sol estaba poniéndose en el atardecer, Moroha e Inuyasha no se despegaron de ella, uno a cada lado, intercambiando algunas miradas de enojo, había algo de tensión entre ellos dos, mientras los demás miraban ingenuos y divertidos tal escena, gracias al cielo poco tiempo después Kagome abrió los ojos, calmando los agitados nervios del grupo reunido allí.
—ten cuidado —Inuyasha ayudo a Kagome a sentarse
—mamá —la pequeña se lanzó a los brazos de su madre, haciendo que esta última pusiera un gesto de dolor en su rostro
—Moroha, cariño ¿estás bien? —pregunto olvidando el dolor sentido segundos antes, vio como la pequeña asentía con su cabecita y se aferraba a su pecho, sintiéndose observada recordó donde estaba y lo que esto implicaba, «será mejor ir paso a paso» pensó— lo siento muchachos, estoy tan feliz de volver a verlo —se dirigió a los demás— no pude presentarla adecuadamente, esta es mi hija Moroha —presento a la niña.
—Lo sabíamos —dijeron al unísono Sango, Shippo y Miroku
—es muy parecida a sus "padres" —agrego Miroku, poniendo énfasis en la palabra padres y guiñando el ojo
—así es Kagome —intervino Shippo— hasta un tonto podía darse cue…
—¿t-tu hija? —pregunto Inuyasha, para sorpresa de los demás, incluida Kagome, y es que, esas palabras confirmaban lo que suponía, tenía una hija— ¿Qui-quién es su padre?
Por un momento el lugar se quedó en silencio, un minuto posiblemente, se intercambiaron miradas y algunos tragaron profundo, para después estallar en carcajadas, al parecer si había un tonto que no se daba cuenta— es Koga —se escuchó decir, tal conjetura hizo reír aún más a la sala, hasta la anciana presente dejo escapar una sonora carcajada, una gota de sudor rodaba por la nuca de la joven madre, en tanto Shippo y Miroku se apoyaban entre si dada la circunstancia, la mueca de desagrado de Inuyasha y su lento entendimiento le estaban jugando una mala pasada «Koga, es imposible ese lobo sarnoso, no puede» pensó, mientras sacudía la cabeza, alejando ese pensamiento desagradable, lo que hizo avivar la llama de carcajadas dentro de la pequeña cabaña— si lo está considerando —Miroku acertó— es tan tonto —agrego Shippo, la familia en cuestión tenía sentimientos encontrados, por su parte Kagome no sabía si esto terminaría bien o mal, que el idiota de Inuyasha esté considerando que el padre de su hija sea otra persona, era una completa ofensa, pero por otro lado así sería mejor, Inuyasha, trataba de entender porque demonios se burlaban todos, mientras al mismo tiempo trataba de buscar la forma de hablar con la miko, y pues la pequeña Moroha, la pequeña estaba de hambre y de miedo al sentirse observada por todos los desconocidos, excepto uno…
—mami —susurro la pequeña, acercándose a los oídos de su madre
—lo siento —se disculpó, después de escuchar lo que quería la niña— deberíamos regresar ahora, y en cuanto lleguemos te prepare algo de comer, déjame pararme— añadió, tratando de levantarse
—no puedes —sentencio Inuyasha, lo dicho por la miko, le hicieron sentir miedo, el mismo miedo de aquella vez, y no lo permitiría esta vez no— el pozo está destruido
—¿eh? —se sorprendieron todos
—ne Miroku —secreteo Shippo— el pozo no estaba bien cuando regresamos
—así es Shippo, no sé de qué está hablando Inuyasha —respondió
—supongo que no quiere que se vaya —agrego Sango
—exactamente —esta vez la anciana confirmo sus sospechas
—cuando te desmayaste, el pozo se destruyó, además necesitas descansar —decidió el hanyo— Sango —llamo
—sí, dime Inuyasha
—tienes algo de comida para Moroha —pregunto— debe estar de hambre
—¿eh? s-si —tartamudeo, era sorprendente que haya pensado en eso— es cierto vamos pequeña —llamo Sango—Kagome-chan, no te preocupes por Moroha, yo me encargo— aseguro tomando a Moroha de la mano
—Kagome deberías descansar, te extrañamos mucho —agrego Shippo
—bueno bueno, es hora de irnos, es bueno tenerla de regreso —guiño Miroku
—gracias a todos —sonrió agradecida
