Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight characters are property of Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)
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Capítulo Diez
No había aire en la habitación.
Bella se dejó caer contra las puertas del armario, incapaz de respirar mientras miraba la simple flor.
Él estuvo aquí de nuevo.
¡Tenía que irse!
Alejándose de la cama, corrió hacia la mesita de noche, buscando a tientas su libro, agarrando el puñado de cambio suelto que guardaba en un platillo y sin darse cuenta de que en su prisa, había agarrado el relicario de plata que había dejado olvidado. Metió el dinero y el relicario en su bolsillo y recogió su bolso de la cama, dándole la espalda a la flor mientras bajaba corriendo las escaleras. Sam la miró alarmado, con el rabo metido entre las patas, y se sentó pacientemente mientras ella se ponía un abrigo.
—Vamos, Sam. Tenemos que salir de aquí —dijo en un susurro tenso, con la garganta apretada. Él emitió un gemido bajo y se enroscó alrededor de sus piernas mientras ella se abrochaba el abrigo para protegerse de la ahora fuerte lluvia. Golpeó el suelo con tanta fuerza que salpicó, empapándole los pies en los pocos segundos que tardó en llegar a la camioneta.
Bella fue sola a la camioneta primero, acomodando su bolso en el espacio para los pies del lado del pasajero antes de regresar por Sam. Él se sentó nerviosamente en el asiento cuando ella cerró la puerta de golpe y encendió los faros, observando hacia la cabaña. Sam se estremeció detrás de ella, todo su cuerpo temblando de ansiedad.
Se quedó quieta por un momento, con los ojos buscando en el pequeño edificio de piedra cualquier indicio de movimiento, antes de poner la palanca de cambios en primera y salir del camino de entrada a la carretera, alejándose de Cullen Hall.
Bella no podía irse.
Quería, pero no podía.
Conducía aproximadamente a veinte kilómetros por hora, el camino estaba oscuro y la lluvia era tan intensa que apenas podía ver más de diez pies por delante. Solo esperaba que no empezaran los truenos o Sam también tendría un ataque de pánico.
Los limpiaparabrisas se movían de un lado a otro sin marcar ninguna diferencia en el intenso aguacero y Bella sabía que, de ser sensata, debería detenerse y esperar hasta que el camino estuviera despejado. Sin embargo, esta carretera en particular era una de esas exasperantes carreteras rurales inglesas que solo tenían espacio para un vehículo a la vez, con setos alineando la carretera. Bella estaba segura de que el camino se ensanchaba antes de llegar a la aldea, en algún lugar cerca de un portón que conducía a un campo, así que persistió, encorvada sobre el volante y negándose a considerar lo lógico: volverse y esperar a que pasara la tormenta.
No podía regresar. No ahora que sabía la verdad.
Sam suspiró profundamente, aguzando las orejas mientras veía los limpiaparabrisas ir y venir. Bella le echó un vistazo antes de levantar los ojos hacia la carretera, notando que se estaba ensanchando. Efectivamente, vio el portón que se acercaba a su lado izquierdo, un gran árbol colgando sobre él. Podría detenerse durante unos minutos para ver si la lluvia amainaba, o al menos verificar el pronóstico en su teléfono.
Sam gimió ruidosamente, empujándose hacia atrás en el asiento.
Y una figura apareció en el camino, una figura masculina indiscernible, sus ojos oscuros muy abiertos mientras extendía una mano, con la palma plana en el gesto universal de "alto". Sus labios se movieron silenciosamente, su cabello y ropa no se vieron afectados por la feroz lluvia.
Bella chilló, girando el volante hacia un lado y colocando su brazo sobre sus ojos instintivamente. La parte delantera de la camioneta chocó contra algo, un árbol, y tanto Sam como Bella se tambalearon hacia adelante. El cerebro de Bella traqueteó en su cráneo, el aire abandonó sus pulmones por el cinturón de seguridad mientras Sam aullaba ansiosamente, luchando desesperadamente por encontrar apoyo bajo sus pies. Por un momento, Bella se sentó, mirando el tronco agrietado del árbol frente a ella, temblando cuando su respiración se convirtió en sollozos entrecortados.
Era él. Era Edward, el hombre, el fantasma, lo que fuera.
Luchó con su cinturón de seguridad, quitándoselo mientras abría la puerta del auto, asomándose y buscando desesperadamente a través de la lluvia.
Bella resbaló de la camioneta y se volvió para cerrar la puerta, pero Sam se arrojó sobre ella, tirándola al suelo empapado. Sus orejas se aplastaron contra su cráneo mientras no perdía de vista en la lluvia algo que solo él podía ver, y Bella contempló la cresta de pelaje contra su espalda mientras gruñía, sus ojos salvajes fijos en un punto más adelante en el camino. Dejó escapar otro gruñido feroz y Bella inhaló bruscamente.
—¿Sam…? —susurró.
Y luego se fue corriendo a una velocidad que Bella no podía seguir. Ella se puso de pie.
—¡Sam! —gritó bajo la lluvia, corriendo tras él—. ¡Sam!
No podía verlo por ningún lado y sollozaba desesperadamente, corriendo por la carretera oscura y empapada. Gritó su nombre una y otra vez.
—¡Sam! ¡Sam, por favor! ¡Ven aquí, Sam!
El camino giraba a la derecha y ella siguió la curva, y luego gritó cuando unos faros la cegaron. Se tapó los ojos con un brazo, cayendo al costado de la carretera. Pero el camino era diferente aquí, con zanjas poco profundas a los lados del pavimento antes de dar paso a los setos. Bella tropezó cuando el suelo cedió bajo sus pies y se resbaló, golpeándose la cabeza contra una rama extendida de un árbol que se inclinaba sobre el camino.
Cayó a un lado del camino, la cabeza dándole vueltas y manchas negras asomándose por las esquinas de su vista. El auto que casi la había golpeado se detuvo con un chirrido y antes de que la inconsciencia la reclamara, Bella rodó sobre su espalda y levantó la vista hacia la lluvia mientras una figura se arrodillaba a su lado, voces indiscernibles llamándola cerca.
Y Bella cerró los ojos con miedo, porque el rostro inclinado sobre el suyo era el de Edward.
Y bueno, Bella no se pudo ir... Edward no se lo permitió. ¿Quién más lo vio venir?
Me encantan sus teorías, saber lo que piensan de la historia, lo que creen que pasará... no tengo palabras para agradecerles su apoyo.
No se olviden de decirme qué les pareció el capítulo y nos leemos en la siguiente actualización.
En el grupo tenemos una encuesta para decidir cuál será la próxima traducción, el enlace está en mi perfil, pasen a dejar su voto ;)
Sarai
