Mikasa acomoda su bolso en su hombro derecho, cubre sus oídos con ayuda de sus manos y sale rápidamente de la cafetería. No aguantaba otro comentario empalagoso más.
—¡Hey, Mikasa! ¿A donde vas? —exclama Jean, siguiéndole el paso.
—A cualquier otro lugar donde no te oiga.
—Tú preguntaste sobre mi relación y yo respondí, ¿cómo puedes dejarme con la palabra en la boca?
—Esperaba un "Si todo marcha de maravilla, gracias" no que me contaras todo un repertorio desde su primer beso hasta el olor de su cabello —añade con sorna, bajando sus brazos para así, presionar el botón del ascensor.
Las mejillas del alto rubio se sonrojan ante el comentario de su compañera.
—¡Y–Yo en ningún momento te comenté sobre el olor de su cabello! —rasca su nuca—. Aún no llegaba a esa parte.
Mikasa rueda sus ojos con una leve sonrisa antes de adentrarse en la gran caja de metal. Jean de igual forma ingresó, apoyándose en la baranda que allí se encontraba, de brazos cruzados.
—Gracias —dice él, observando los números de los diferentes pisos—, de verdad.
—¿Por qué me agradeces tan repentinamente? —cuestiona, elevando una de sus cejas.
—Por su trabajo, Pieck siempre está ocupada. Trabajar en un hospital es agotador, sus ojeras y las de Marco están horribles —ríe—. Este domingo, por fin estará libre y podremos salir. Gracias por tomar mi lugar en el viaje.
Mikasa realiza un vago ademan, indicando que no le tomara importancia.
—No es nada, diviértete. Además, tú me has salvado muchas veces. Por fin lograremos un empate.
—Cierto —asiente, sonriendo.
El conocido sonido que les indicaba su destino, se hace presente en sus oídos. Bajan y se encaminan con dirección al estacionamiento. Su jornada laboral había terminado.
—¿Crees que alcancemos a regresar el mismo domingo? —pregunta inquieta— Tengo clases el día siguiente.
—Se supone que es una reunión de dos horas máximo. Aunque usualmente suelen alargarse, sí creo que alcancen a llegar.
Mikasa opta por creerle y convencerse de que será así. Los últimos dos meses, su relación con Levi fue "mejorando" si se podría decir. Interactuaban más, en ocasiones dejando a un lado lo laborar, si el tiempo lo ameritaba, iban por alguna bebida caliente. Rara vez, el tema de Misasalía a la luz, cosa que la hacía sentir cómoda.
Sin embargo, existía un pequeño problema, o así lo percibía Mikasa. Desde que conoció a Levi, tuvo una imagen cerrada de él. Siempre lo vio como una persona con una actitud brusca y una personalidad extraña, cumpliendo su estereotipo de jefe malo, hasta que lo conoció más a fondo. Si bien aquellas características seguían presentes, desde el evento donde cometió su mayor estupidez, hasta las charlas en la tarde, conoció lados de él que nunca imaginó; aprendió que tomaba su té de forma extraña por un accidente de niño, notó que arrugaba levemente su nariz cuando algo no le gustaba luciendo como un gatito, supo que iba al gimnasio de su edificio porque conocía a las señoras de limpieza y confiaba en ellas, que odia el ruido y lugares con mucha gente, su estatura era baja pero reparó que sus manos eran grandes y masculinas, que ama la comida picante, que a pesar de lucir joven, sus rasgos demostraban una persona madura y con suficiente experiencia. No supo cómo ni cuando, pero más temprano que tarde, dejó de contemplarlo como un jefe gruñón para verlo como un hombre.
Y eso le causaba gracia. Sasha tenía razón, todo era tan irónico cuando de ella se trata
Aceptó reemplazar a Jean con toda la bondad del mundo, el chico era bueno y siempre la ayudaba sin chistar, ya era su turno de hacer lo mismo. No conocía a su novia en persona, pero al oírlo hablar tales maravillas, se notaba que era una chica genial a la cual amaba.
Empero, pensar que tendría que estar con Levi unas doce horas en otra ciudad le producía migraña, no tanto por él, si no por todo el trabajo que tendría que hacer. Puede que denominen el viaje como "asamblea"pero según los relatos de su compañero, a veces algún inconveniente hacia aparición, atrasando todo. Tendría que tener el celular a la mano en cada momento.
Su celular...
"Demonios"
—Jean, adelántate, debo volver —anuncia, dando media vuelta—. Olvidé mi celular en el escritorio.
Él asiente y con un señal de despedida, se dirige a su auto.
A paso rápido, Mikasa ingresa nuevamente en la empresa, renegándose una y otra vez el como pudo ser tan despistada de dejar el aparato cargando sobre el escritorio. Tan ensimismada estaba que salió de trance al chocar con un fuerte pecho. Por suerte, una mano en en su espalda baja, impide que caiga.
Al levantar su mirada, se topa con unos bonitos ojos azul claro, casi celestes, observándola con preocupación.
—¿Se encuentra bien, señorita? —indaga, soltándola lentamente. Ella asiente cohibida.
—Disculpe, iba distraída.
—No se preocupe —calma con una sonrisa.
Mikasa la devuelve, ese hombre emanaba confianza además de alto y apuesto. Antes de notificarle que debía irse, una voz se hace presente llamando la atención de ambos.
—Erwin, ¿podrías esperarme mientras...? —corta al notar a su mejor amigo junto a su asistente—. No importa. Creí que ya te habías ido, Mikasa.
—Estaba a punto, pero... —se detiene al verlo alzar su celular junto a su cargador.
—Atenta, ¿Eh? —se mofa, aludiendo a la pequeña discusión que tuvieron tiempo atrás. En realidad, cada que Mikasa se equivocaba, él usaba ese "argumento" para molestarla.
La joven infla sus mejillas en señal de fastidio mientras se acerca a tomar sus cosas.
—Gracias —gruñe en voz baja— ¿Cómo...?
—Además de que estaban en tu lugar de trabajo, necesitaba comunicarte un favor. Cuando llegues a casa, revisa tu correo.
—Esto es explotación, jefe —comenta, entrecerrando sus ojos, bromeando—. Estoy fuera de horario.
—Horas extras —comenta con obviedad—. Hasta mañana.
—Hasta mañana, jefe.
Erwin escudriña en silencio la extraña aura que su amigo y aquella chica formaron. Incluso llegó a sentirse excluido. Lleva uno de sus dedos a su mentón junto una sonrisa.
"Interesante"
—Es muy bonita.
—¿Quien? —pregunta el pelinegro.
La semana avanzó rápido, era sábado y Levi se encontraba en su habitación empacando una pequeña maleta. No era mucho, simplemente cosas estrictamente necesarias y un poco de ropa en caso de que se ensuciara lo que llevara puesto.
Erwin por su parte, se hallaba acostado en su cama arrojando y atrapando al aire una mandarina.
—La señorita de aquella vez.
—Oh, Mikasa —dobla una sudadera.
—¿Quien es? ¿Tu secretaria?
—Asistente —responde directo—, ¿por qué? ¿qué hay con ella?
—¿Me la presentarías?
Levi cierra la maleta medianamente llena para girar hacia su amigo. Parpadea un par de veces antes de ladear su cabeza, arrugando su frente.
—¿No que te estaba yendo bien con Mary?
—Sí, nada más quería ver tu reacción —dice, antes de bajarse de la cama de un salto, esquivando el empaque de desodorante que su amigo le lanzó—. ¿Tienes una obsesión con lanzarme cosas?
—Si dejarás de hablar tanta mierda, créeme que no lo haría tan seguido.
Erwin suelta una carcajada antes de proseguir.
—Insisto, es una jovencita muy linda, ¿no hay nada entre ustedes? ¿seguro?
—No —rueda los ojos—. Nunca mezclo lo sentimental con lo laboral. Encima, tú mismo lo has dicho, es una jovencita.
—Claro, por supuesto —sisea sarcástico—. Ah, pero con... —La fea mirada que le brindó Levi fue suficiente para que no terminara la oración. Mencionar a su ex novia no era lo mejor—. Lo siento.
—Comete esa cosa antes de que se pudra, ¿quieres? —es lo último que dice, antes de dirigirse a la cocina para buscar un vaso de agua.
Al verse solo en el cuarto, Erwin se acerca maliciosamente al equipaje abandonado. Luego de abrirlo, saca un pequeño envoltorio de plástico del bolsillo trasero de su pantalón.
—Me lo agradecerás después.
Cinco de la mañana, Mikasa se encontraba sentada en la sala de espera con un sándwich de jamón en una mano y un café en la otra. El vuelo saldría a las cinco y media. Por otra parte, Levi se encontraba a su lado, tecleando cosas en su computadora en lo que ella disgustaba sus alimentos. Al preguntarle el porqué no desayunaba, le respondió que era debido a su ayuno.
Al escuchar que su vuelo estaba listo, se levantan. Mikasa miraba de reojo, inquieta, el equipaje de su superior. Ella no llevaba casi nada, solo su bolso con una tableta, libreta y bolígrafos.
—Disculpe —llama sus atención, ubicados ya en sus respectivos lugares—, ¿era necesario traer tantas cosas?
—Si algo he aprendido de estos molestos viajes, es que nunca sabes que se te aparecerá. Prevención, nada más.
—¿Por qué no me avisó?
Levi sólo encoge sus hombros y vuelve su vista a su computadora.
—¿No que eras atenta?
Mikasa suspira, fulminándolo con sus grises orbes. Intenta tranquilizarse.
Sería unas horas nada más.
¿Qué podría salir mal?
Todo.
Al llegar a la ciudad, el cielo se encontraba totalmente gris acompañado de una helada brisa. A palabras de Levi, leyó que se pronosticaba una tormenta en las horas de la tarde. Si esta se alargaba, deberían pasar la noche ahí.
En al hotel, la recepcionista se confundió y pensó que eran pareja —debido a la similitud de apellidos— y con mil y un disculpas, les prometió que les conseguiría una habitación más grande. Levi era un cliente fiel de suma importancia, debían tratarlo bien, sobretodo a su "esposa". Mikasa quiso aclarar el malentendido, sin embargo, él la detuvo.
—Hay que aprovechar —dijo—. Nos darán una suite grande. Las he visto y valen la pena.
No tuvo otra opción que aceptar. Cabe resaltar que no se arrepintió al entrar y ver el gran y hermoso espacio.
La reunión inició a las siete de la mañana. Según tenía entendido, era la evaluación de un nuevo producto que se lanzaría al mercado. La empresa inventora deseaba aliarse en el proyecto con la de Levi. Todo empezó con una conferencia en la que se platicó de las características y visiones a futuros del mismo. Luego, se organizó un Focus Group, con el propósito de obtener la opinión de los invitados. La joven asistente lo sintió demasiado largo. Al final, las opiniones fueron divididas, a unos les gusto, otros no tanto.
Levi se mostró inseguro y no deseaba arriesgarse, así que optó por decir que lo pensaría. El hombre, no satisfecho con la decisión, lo siguió persuadiendo por otra hora más.
En lo que platicaban, Mikasa se separa y va por un poco de jugo. Eso tomaría más tiempo del necesario, ya eran las cuatro de la tarde. En el fondo entendía el porqué Jean siempre se frustraba cada que lo asignaban.
Cuando su vaso estuvo lleno, aparta su mano del dispensador y se gira para volver.
"¿Por qué?" Se lamenta en sus adentros.
Si hubiera esperado dos segundos más, no se hubiera tropezado con nadie y su única blusa no estaría empapada.
—¡Lo siento! —se disculpa apenada la mujer culpable del accidente, extendiéndole un pañuelo.
—No se preocupe —musita, serena.
Antes de irse, la mujer le indica dónde se encuentran los baños por si deseaba ir. Mikasa le agradece con una mueca.
Pasa el pañuelo sobre la prenda intentando secarla, fallando en el intento. Se maldecía a sí misma en voz baja por elegir justamente una blusa blanca.
Un saco sobre sus hombros detiene su acción. Confundida, voltea, topándose con la expresión indiferente de su superior.
—Vámonos —sentencia, abotonándoselo.
—¿Quiere decir que básicamente perdimos el tiempo?
Levi asiente, llenando por cuarta vez su copa de vino. Regresaron al hotel segundos antes de que comenzara a llover. Dentro de la habitación, él le ordenó a Mikasa que pidiera una botella de vino tinto a servicio de la habitación. Aquel hombre lo estresó de sobremanera y necesitaba relajarse.
—No aceptaré algo que no es cien por ciento seguro —toma un sorbo—. Que ese idiota no acepte el rechazo es su problema.
Mikasa suelta una risita ante el insulto.
—¿Quiere que pida algo para comer? —averigua, mirando su reloj; Eran las cinco y media ya.
—No, todavía no —aparta su copa para tomar otra— ¿quieres?
—Sólo una.
—¿Creías que desde lo que sucedió en el evento yo iba a pretender darte otra? —entrecierra sus ojos— Pesas demasiado.
Mikasa no le presta atención y agarra la copa llena a regañadientes. Al tomar el primer sorbo, sintió como su cuerpo se relajaba. Sin saberlo, le urgía un poco.
Una grata charla entre ambos acaparó el silencio de la habitación, desde trabajo hasta preguntas vagas acerca de la universidad y futuros proyectos. A eso de las seis y cuarto, Mikasa coge su teléfono y le marca a Jean, informándole que debido a las fuertes lluvias de la ciudad no podrían regresar, que por favor les consiguiera dos vuelos para el día siguiente a primera hora. Él le aseguró que no se preocupara, que lo haría cuando terminara su cita.
—Perdona por interrumpir tu polvo —bromea para después colgar.
Escucha la puerta del cuarto cerrarse, asume que probablemente Levi fue a cambiarse. Recuerda que deben conversar acerca de la cama, ya que solo había una. Se encamina al baño y suelta uno a uno de los botones de su blusa, aprovecharía y la lavaría con los productos de limpieza ahí exhibidos.
Suelta una bocanada de aire, lo que daría por usar ropa cómoda en esos instantes. Si no fuera por la lluvia, compraría un pijama en cualquier tienda.
Posterior a ubicar su prenda en el lavamanos, acerca sus manos a la repisa donde su ubican un par de toallas. En lo que tomaba una para enrollarla alrededor de su torso, se da cuenta que no colocó el seguro a la puerta. Antes de que su mano agarrara la manija, esta se abre abruptamente.
Silencio.
Tanto ella como su jefe se encontraban con los ojos abiertos de par en par. Ella con la toalla medio puesta y él sujetando en su mano lo que parecía ser una muda de ropa
—Supuse que seguías en el balcón —musita el mayor, apartando sus ojos al salir del pequeño transe—. Disculpa.
Mikasa, en cambio, no apartó la suya. Levi portaba una camiseta manga corta roja ajustada con una sudadera negra, sus pies estaban descalzos. Si bien no es la primera vez que lo ve con ropa informal, si era la primera vez que lo detallaba bien.
Como si sus extremidades se movieran por su cuenta, la mano de Mikasa se acerca lentamente a su rostro, rotándolo, todo con el propósito de que sus ojos se encontraran con los suyos. Se miran por unos instantes para, en seguida, juntar sus labios en un profundo beso. Levi deja caer su conjunto de ropa sobrante que planeaba prestarle y ella permite que la toalla abandone su cuerpo.
Mikasa rodea su cuello con sus brazos mientras que él ubica su manos en sus caderas, aproximándola más a su cuerpo. A pasos torpes y tropezones, salen del baño. Levi baja sus manos hasta la parte baja del trasero de la joven, propiciándole un par de palmaditas. Ella capta el mensaje y con un saltito, enreda sus piernas en la cintura de su jefe. Deja escapar un fuerte jadeo al sentir su espalda chocar con una de las paredes.
Abandonando sus labios, Levi esparce besos explosivos por su cuello y pecho, entretanto, Mikasa se apegaba más y más para disfrutar aquel bulto que se endurecida con cada segundo. Inicia un contorneo que provoca que su superior gruña.
Apartándose del muro y volviendo a sus labios, Levi camina con dirección al cuarto donde la acuesta sobre la mullida cama con su cuerpo pendiendo encima.
Mikasa, con ayuda de sus pies, lo empuja más a ella para retomar aquel delicioso movimiento. Por culpa de su pantalón, las sensaciones no se apreciaban con plenitud, por ende, se aleja un poco y lo desabotona. Levi nota lo que quiere hacer y la ayuda, quitándoselos rápidamente.
Al verla ahí, con las mejillas sonrojadas, el cabello desordenado y en ropa interior, le provoca una desconocida sensación en su estómago. Pormenorizo cada parte de aquel jovial cuerpo en su memoria. Era consciente de que no pensaba claramente, que se estaba dejando llevar por la excitación y la fuerte tensión sexual que los rodeaba y que era un hipócrita por negarle tal atracción a su amigo, empero, sabía que no se arrepentiría, no cuando tenía a su adorada "Misa-Mika" a su merced.
Quita su camiseta y se acerca a aquel abdomen que lo enloqueció por días. Planta besos con la boca abierta, usando su lengua, en cada abdominal, succionando algunas veces, dejando pequeños chupetones. Le encantó los gemidos que soltaba su acompañante. A continuación, baja hasta llegar a los gruesos muslos. Repite la misma acción, esta vez, más lento, en la parte interna de estos, haciendo que su nariz rozara peligrosamente su zona íntima.
—J-Jef... —intenta decir entre jadeos.
—Por hoy —interrumpe—, llámame Levi. Te doy permiso de hablarme informal.
Ella lo observa consternada unos momentos antes de sonreír coquetamente.
—Lo mismo digo —acaricia parte de su cabello—. ¿Gustaría llamarme Misa?
El mayor le devuelve la sonrisa para después unir sus bocas.
—Me vas a volver loco un día de estos—pronuncia entre besos.
Durante su batalla de lenguas, desciende su mano hasta las bragas de la chica, donde con sus dedos, comienza a realizar círculos en su clítoris. En el momento de percibir más su humedad, rueda la ropa interior e inserta pasivamente uno de sus dedos para luego sacarlo. Repite la acción un par de veces incrementando el número de dedos a dos.
Al sentir que su compañera pronto se alcanzaría el máximo placer, se aleja.
Antes de que ella soltara una queja, la voltea, dejándola apoyada sobre su estómago.
—¿Sabías que mi segunda parte favorita de Misa es el trasero? —inquiere, bajando su sudadera.
Ella sonríe.
—Interesante —se posiciona de rodillas, arqueado su espalda, dándole así una mejor vista— ¿y la primera?
—Puede que algún día lo sepas.
Mikasa ensancha sus ojos y muerde su labio inferior al apreciar el miembro descubierto de su jefe. Ese hombre podría ser bajo, pero estaba bien dotado.
—¿De dónde lo sacaste? —frunce su ceño.
—Genética.
Ella niega con su cabeza, desganada ante su respuesta.
—Me refería al condón.
Levi le lanza una mirada que fácilmente se podría descifrar en un "Explícate mejor, mocosa"
—Mis mejores amigos son raros—lo abre cuidadosamente con sus dientes— pero serviciales.
Mikasa quiere decirle que sus respuestas son extrañas, mas al sentir la dureza en los alrededores de su entrada brindado caricias de arriba a abajo, guarda silencio.
—¿Será sólo una vez, cierto? —averigua él, introduciendo la punta de su miembro.
—Sí —murmura ella con la voz entrecortada.
Levi rechina sus dientes y aumenta el agarre al estar completamente dentro de ella, era tan cálida y apretada.
Inicio con embestías lentas, tratando de acostumbrarla a su vitalidad, para poco a poco incrementar la velocidad y llenar el espacio de gemidos, jadeos y nombres a medias.
Ambos respiraban pesadamente y una suave sábana cubría sus piernas. Mikasa tenía su cabeza apoyada en el pecho ajeno mientras dibujaba con sus dedos figuras abstractas, Levi en cambio, mantenía sus ojos pegados en el techo.
—Lo que hicimos fue una locura —comenta él, rompiendo el silencio— ¿entiendes, verdad?
—Mira el lado bueno —voltea su cabeza en su dirección—. Es mejor que la hayas cometido conmigo que con Jean.
Él la observa anonadado unos instantes antes de sonreír ampliamente y pellizcarle la mejilla.
—Eres todo un caso, maldición.
Holiss~~~
Están felices, no me mientan. Se que esperaban esto desee hace tiempo, cochinas.
Sinceramente, fue una osadía escribir este capitulo.Jesucristo, la flojera y el mini bloqueo que me dio casi que no me permiten terminarlo. Sin embargo, lo logré. ¡Agradecida con el de arriba!
Es el capitulo más largo de este fanfic hasta ahora, 3000 palabras O.O
Sin más, espero que les haya gustado el cap y lo hayan disfrutado. Si es así, pueden dejar un review.
Nos vemos en una próxima actualización.
Las ama.
Val uwu
