Disclaimer: Los personajes de Twilight pertenecen a Stephenie Meyer y esta trama a content1. Yo solo traduzco con su autorización.
Capítulo veintitrés
BPOV
Valiente o no, se me escapó un gran sollozo cuando su mano agarró la mía, apartando piedras más pequeñas para abrir un poco el agujero.
—¿Estás bien?
Era difícil ver su rostro con la luz detrás de él estorbando a las gafas, pero asentí sin poder hablar. Debió haberme visto porque dijo:
—Gracias a Dios.
—Mi linterna se rompió. —¿Qué? ¿Esas eran mis primeras palabras después de todo esto?
Él resopló, dándome un apretón rápido en la mano.
—Puedo arreglar eso. Espera.
Intentó soltarse, pero yo no podía todavía.
—¡No!
Me estremecí cuando me tomó del rostro. La tela de los guantes que llevaba era áspera, pero no me importaba.
—Cariño, te tengo. Volveré en unos segundos. Tengo una linterna extra, y quiero dártela.
Como prometió, regresó en unos momentos, entregándome una de las más resistentes.
—Ahora, apártate de las rocas y déjame sacarte.
—Puedo ayudar.
Se rio entre dientes, y el sonido corrió por mi piel provocando una piel de gallina.
—Lo sé, pero me sentiré mejor si retrocedes lo suficiente como para que nada te golpee. Quiero volver a nuestro campamento y tomar una ducha. Luego quiero mostrarte lo loco que me ha vuelto esto. —La piel de gallina empeoró ante su implicación—. Y puedo hacerlo más rápido si tengo que preocuparme de que lo que hago lance piedras hacia ti.
Con ese tipo de lógica, realmente no tenía una defensa.
—Bueno.
Los siguientes minutos de mi vida parecieron transcurrir en cámara lenta. Podía escuchar a las rocas caer, y con cada impacto, más y más luz se filtraba en mi tumba. Aunque pareció tardar una eternidad. Algo acerca de saber que la libertad llamaba dulcemente del otro lado hacía que la cueva se volviera aún más claustrofóbica. El sonido arrullador del océano era cubierto por los ruidos de mi salvador, dejándome con el temor de no escuchar a los murciélagos si decidían visitarme. Apoyando mi espalda contra la piedra, me paré cerca de la abertura. La ansiedad continuó aumentando hasta que creí que podría gritar. Las paredes se sentían como si se estuvieran cerrando, y tuve que hacer todo lo posible para no arañar mi piel. Justo cuando pensé que me iba a volver loca, Edward gritó.
—Bella, creo que tengo el agujero lo suficientemente grande para que puedas arrastrarte.
Me abalancé, trepando por la pila de rocas lo más rápido que podía. El rostro de Edward estaba cubierto de tierra y sangre. Su cabello estaba erizado en sudor y su ropa estaba hecha jirones.
Era la cosa más hermosa que jamás había visto.
Tirándome a sus brazos antes de que hubiera atravesado por completo el agujero, me cargó por el montón de escombros y se dejó caer en el suelo, con la espalda contra una gran roca y yo en su regazo. El tirón de sus dedos al enredarse en mi cabello encendió algo en mí, y comencé a llorar enormes lágrimas de alivio cuando mis dedos aferraron su camisa sucia. Presionó sus labios contra mi frente, quedándose allí mientras envolvía sus brazos alrededor de mí, apretándome fuerte.
—Maldita sea, nunca había estado tan asustado —dijo suavemente, sus labios haciéndome cosquillas en la piel.
—Yo tam... tampoco —hipé mientras trataba de hablar.
—Si te hubiera perdido... —Sus dedos aferraron más mi cabello y podía sentir su corazón latiendo contra mí—. Bella, te amo.
Me sentí mareada por las palabras y mi garganta se secó como el Sahara. El sonido que salió cuando intenté hablar fue un graznido. Edward continuó abrazándome con fuerza, incluso cuando intenté apartarme.
—Sé que es demasiado pronto y soy plenamente consciente de que otros podrían decir que es la situación en la que nos encontramos, pero tenía que decírtelo.
Poniendo mis manos en su pecho, empujé lo suficiente para que me soltara. Sus ojos estaban cautelosos cuando los vi. Pasando mis dedos por sus sucias mejillas, no pude evitar sonreír.
—Yo también te amo. Dios nos ayude.
Se echó a reír, y yo también. No fue la declaración más romántica, pero finalmente me dio un dulce beso.
Solo yo encontraría el amor en medio de una cueva en ruinas y jodidamente sucia.
Cuando se detuvo, sonreí.
—Quiero que me vuelvas a decir esas palabras después de que nos limpiemos.
Me saludó de forma militar.
—Porque quiero poder mostrarte cuánto te amo.
El verde de sus ojos se hizo más profundo.
—Entonces, digo que vayamos ahora mismo.
Él era tan hombre.
Cuando traté de agarrar algunos de los suministros, él gruñó.
—Déjalos. Podemos volver mañana.
Agarró mi mano, pero me negué a moverme, prestando atención a la condición de sus manos por primera vez.
—¡Oh, Dios mío!
—Están bien, en su mayoría son rasguños. Se ven peor de lo que son.
Desconfiaba de que algunos de los más profundos fueran solo rasguños.
—Necesitamos limpiarlos bien y luego usar un poco de alcohol del botiquín de primeros auxilios. —Edward se tensó por lo que había dicho—. Recuerdo que el médico te empapó en el hospital. Sobrevivirás. —Mordiéndome el labio, arqueé una ceja.
—Estoy más preocupado por aguantar el tiempo que nos llevará regresar a la cueva y limpiarnos. —Tiró de mi mano con impaciencia, haciéndome echar a correr.
Nuestra risa combinada se filtró por los túneles y resonó en el baño improvisado mientras ambos optamos por agua fría. No había forma de que lográramos aguantar lo suficientemente como para dejar que el fuego calentara algo. Tuve que ordenarle que mantuviera sus manos lejos de mí.
Edward gritó cuando el alcohol tocó su mano, pero le sequé la piel con una gasa, complacida de ver que había tenido razón. Solo había dos cortes malos en la palma de su mano derecha. Su impaciencia era tangible mientras lo vendaba. Ni bien até la tela, él me volteó sobre mi espalda en el catre frente al fuego. Su beso me quemó mientras se acomodaba sobre mí.
El siguiente beso fue suave.
—Hermosa —dijo, su pulgar acariciando suavemente mi pómulo, aunque su mano vendada temblaba levemente mientras tomaba mi rostro—. Tan hermosa.
—Te amo. —Las palabras fluyeron libremente esta vez.
~MF~
EPOV
—Te amo —murmuré en respuesta.
Mis dedos se extendieron por las finas ondas de su cabello. Las hebras de color marrón oscuro y castaño rojizo acariciaron la piel de mis dedos, y por unos momentos, disfruté de cómo se deslizaban por mis yemas sensibles. Lo extendí como un halo alrededor de su rostro. Su piel era luminosa y volví a rozar con los pulgares sus elegantes pómulos.
Una visión de ella montándome pasó por mi mente, y me giré para que ella se ubicara a horcajadas, su calor contra mi palpitante polla. Pecho contra pecho, suavidad contra firmeza, era jodidamente perfecto. Si tuviéramos una silla, me gustaría que ella me montara de esta manera, pero por ahora, tendría que improvisar.
Su gemido de placer me llevó a saborearla. Coloqué mis labios sobre su pómulo y dejé besos suaves como plumas a través de la delicada estructura. Mi recorrido me llevó a su oreja y me tomé un tiempo extraordinariamente largo trazando el lóbulo antes de mordisquearlo. Un gruñido de placer brotó de mí cuando movió sus caderas contra mí, frotándose contra mi dureza.
—Mi amor —susurré suavemente, respirando sobre su piel ligeramente húmeda. Ella se estremeció en respuesta, su mano tirando de mi cabello—. Dios, no tienes idea de lo mucho que amo sentir que haces eso —dije, deslizando mi boca y mi lengua por su barbilla. Intentó bajar sus labios a los míos, pero también quería mordisquear su otra oreja.
Apartando suavemente su cabello de la delicada piel detrás de su oreja, lo lamí suavemente en mi boca. Pasando mi lengua por su piel, la saboreé. Mi mano se cerró suavemente y la moví rápidamente detrás de su hombro para acercarla más a mi boca ansiosa. Usé el acceso para morder suavemente los fuertes músculos que conducían hasta la suave línea de su hombro. Ella gimió al sentir mis dientes contra ella.
Mirando sus ojos cargados de lujuria, coloqué mis manos en su cintura y suavemente comencé el camino hacia arriba. Mis pulgares se posaron bajo el peso de sus pechos, levantándolos mientras frotaba la suave piel debajo. Sus pezones se endurecieron y ya no pude negar mi necesidad. Me eché hacia atrás para tomar uno en mi boca, frotando la punta con mi lengua. Bella gritó mi nombre, y mi polla saltó hacia el calor cuando ella acercó sus caderas. Envolviendo mi brazo alrededor de su espalda, la atraje hacia mí mientras acariciaba su otro pezón con mi pulgar. Alterné entre mordisquear, lamer y chupar para provocarla. Había tenido razón. Podía concentrarme en esta área del delicioso cuerpo de Bella por horas. Intenté, tanto como pude, ignorar su humedad contra mí, pero sabía que estaba perdiendo la batalla.
—¡Edward! —Tiró de mi cabello mientras se mecía contra mí, arrastrándose a lo largo de mi excitación—. Voy a...
Podía sentirlo. Ella estaba al borde, así que mordí levemente su pecho y la agarré por la cadera para asegurarla firmemente a mí, de modo que cuando empujara contra ella, la lanzara por el precipicio. Pasando mis manos por los fuertes músculos de su espalda, la tranquilicé, hasta que sentí que comenzaba a estremecerse contra mí.
—Me vas a matar. —No pude evitar sonreír de satisfacción cuando ella se desplomó un poco, apoyando su rostro en mi hombro.
—Imposible, eso fue solo el comienzo —respondí con voz ronca. No quería nada más que inmovilizarla contra el suelo y sumergirme en su cuerpo.
Ella gimió con necesidad, llevando sus labios a mi oído.
—¿En serio? ¿Qué te detiene?
Me reí oscuramente. Volví a darle la vuelta sobre el catre. Su plano abdomen me llamó la atención y apoyé mi mejilla sobre él, pegando nuestros cuerpos el uno contra el otro. Su olor y su calor me llegaron con toda su fuerza, y me sorprendió que no maldijera por la forma en que agarré sus caderas. Abrí la boca para aspirarla y me emborraché de verdad con su esencia.
—Edward, quiero probarte.
—¡Luego! —gruñí, volviéndome todo un salvaje sobre ella.
Su jadeo cuando mis labios se encontraron con su piel caliente fue ahogado. Gimiendo de necesidad cuando sus dedos se enredaron en mi cabello para aferrarme a ella, dejé que tomara el control, balanceando sus caderas hacia mi cara. Estaba mojada por su orgasmo anterior, y la lamí, pasando mi lengua por sus pliegues y sumergiéndome en ella, imitando lo que tenía intención de disfrutar pronto. Cuando giré mi lengua alrededor de su clítoris, ella siseó de placer.
—¡De nuevo!
Hice lo que me ordenó, pero aplané mi lengua, sabiendo por la tensión palpitante que la envolvía que sería todo lo que haría falta. Ella se corrió contra mí de nuevo, jadeando mi nombre.
—Edward, por favor. Te necesito dentro de mí.
—Tus deseos son órdenes.
Poniéndome uno de los condones que había agarrado, me hundí rápidamente en el estrecho y húmedo calor de ella. Las sensaciones amenazaban con romper toda mi capacidad de concentración para ir lento. Bella envolvió sus piernas alrededor de mis caderas, haciendo que nuestros cuerpos estuvieran aún más cerca. La posición me permitió ir más lejos, y lo resbaladizo de su sexo me volvió loco. Agarré sus caderas, inclinando más su cuerpo, empujándome más profundo, más rápido, más salvajemente contra ella. Milagrosamente, sentí que ella comenzaba a apretarme viciosamente de nuevo a mi alrededor.
—Mierda... mierda... mierda... todavía no... —murmuré internamente, disfrutando del empuje y tirón de ella a mi alrededor, deseando que continuara para siempre.
Todo en mi cuerpo se centró en sentirla envuelta a mi alrededor. Al ver su cabeza echada hacia atrás con abandono, el cuello expuesto, estallé. Mis dientes se hundieron en su cuello mientras me corría, aplastándome contra ella egoístamente, balanceando mis caderas hacia adelante y hacia atrás para prolongar la sensación al aclamarla como mía. Nuestros cuerpos tomaron el control, hundiendo nuestras mentes en el delicioso olvido mientras sobrellevamos los restos de nuestros orgasmos.
Las réplicas me recorrieron el cuerpo por lo que parecieron minutos mientras yacía encima de ella, totalmente saciado y en paz. Entonces, el horror se apoderó de mi mente cuando me di cuenta de que la había mordido.
Moviéndome para poder sentarme a su lado, examiné el daño. Era feo.
—Oh, diablos... —¿Qué se dice cuando realmente mordiste a una mujer durante el sexo?
—¿Estás seguro de que no te gusta esa perversión de la que hablamos? —murmuró, sus dedos acariciando las marcas rojas de mis dientes.
La vergüenza entumeció mi lengua.
—Porque me gusta un poco. —Se rio, levantándose para besar mis labios.
Atrevida.
~MF~
—Eh, Edward. Quizás quieras vestirte antes de que Charlie llegue aquí.
—¿Qué mierda, Jasper? Sal de mis sueños —murmuré, preguntándome por qué mi subconsciente había puesto al idiota de mi compañero en el sueño de clasificación R que estaba teniendo sobre Bella.
Tirando del firme trasero de Bella contra mi polla, gemí por el calor.
—Edward, en serio, bro. Tienes que levantarte. Y, ¿puedo decir que es bueno verte con vida?
¡Mierda!
Embistiendo, vi como Jasper se tapaba los ojos con una mano. Agachándose a mi lado, comenzó a reír. El hombre alto, nativo americano a unos metros de distancia esbozó una sonrisa mientras me lanzaba para cubrirnos a Bella y a mí.
Bella chilló al despertarse, y apenas le impedí que le mostrara los pechos.
Demasiado tarde para hacer otra cosa más que mirar con alivio, felicidad y mortificación, ella y yo vimos como Charlie y mi padre salían del túnel que habíamos estado explorando. Teniendo en cuenta la mirada furiosa que Charlie me dirigió, me daba un cincuenta por ciento de posibilidad de salir con vida de la cueva.
