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9. DESTINO
Los tres tenían hambre, así que luego de un escueto saludo, se sentaron en la mesa e inmediatamente el camarero empezó con los entrantes, para después traer el vino. Adrien miró atentamente mientras el muchacho llenaba la copa de Marinette, cuando consideró que era suficiente, le hizo una seña y el camarero dejó de servir. Marinette miró el vino, decepcionada de lo poco que le habían puesto. Iba a decir algo, pero Adrien se apresuró y le comentó que era suficiente, que no necesitaba más, luego se giró hacia Félix y le animó a comer.
Félix estaba sediento y también con ganas de comer, la reunión con los joyeros había sido extenuante pero al final, había logrado el equilibrio entre sus beneficios y los de ellos. Pero no había dormido, desayunado muy poco, y quería irse a recostar, quizá tomarse un ansiolítico y descansar toda la tarde.
Adrien, de tanto en tanto, lo miraba de reojo a él, luego a ella. Tratando de encontrar algún detalle, alguna mirada. Félix tenía la vista fija en el plato, al igual que Marinette. Siguieron así hasta el postre, en silencio. Casi sin intercambiar palabra. A ella se le terminó el vino, y cuando pidió más, Adrien le puso la mano sobre la copa, le meneó la cabeza y dijo: "No, Marinette, no más". Ella apretó los labios, queriendo gritarle y decirle que la dejara en paz, pero no pudo, no con Félix delante. Al final del postre, el camarero les preguntó si deseaban café, Félix pidió un doble expresso, Adrien un café cortado y luego dijo que Marinette tomaría un café con leche sin azúcar.
- Quiero un expresso, Adrien- farfulló ella.
- No, no lo quieres Marinette, nunca te ha gustado- sonrió de vuelta su novio.
El camarero tomó nota y se fue de ahí.
Félix escuchaba atentamente, aunque seguía jugueteando con el postre. Entendió, o eso creyó, un poco de qué iba esa extraña relación de su primo con Marinette. No le sorprendía después de todo. Marinette era indecisa y Adrien...no le pareció que controlador fuera la palabra, quizá después de tanto tiempo juntos, él ya estaba acostumbrado a tomar las decisiones en esa pareja. Se preguntaba quién había sido el que decidió casarse. Seguro que Adrien. Segurísimo.
Apenas llegó el camarero con los cafés, Félix pidió además, un shot de whisky porque lo necesitaba. Al menos para no ponerse a llorar en ese momento.
- Es muy temprano, ¿no te parece Félix?- le susurró un risueño Adrien.
- Te aseguro que sólo pediré tu opinión, para que escojas de qué color será tu ataúd, Adrien.-
- Oh, siempre tan gracioso, Fé. El color negro estaría bien.-
Adrien entendía que la comida terminaba y aún no había conversado con ellos dos. Debía hacerlo pronto, quería dejar expuesto a Félix, quería hacerlo confesar. Y Marinette tendría que escuchar, para que sepa qué clase de persona era su primo, para hacerle saber a Marinette que Félix los quería separar.
- Félix, ¿sabías que Marinette llegó ayer al mediodía a Amberes?-
Marinette se volvió a ver a Adrien como un rayo, con los ojos muy abiertos, sorprendida. Pero su novio no se inmutó y continuó sosteniéndole la mirada a su primo.
- No, no lo sabía- escuchó que Félix respondía.
- Ella desea trabajar contigo, Fé. En la industria de diamantes, quizá como diseñadora, ¿no te lo dijo?-
Ella abrió la boca, creyendo que Adrien había perdido la razón. ¿De qué está hablando, qué está haciendo?
- No me lo dijo.-
No me lo dijo, resonó en la mente de Félix. Había pisado el palito, se estaba contradiciendo. Mierda. Mierda.
- ¿No te lo dijo ayer,? estoy seguro que Marinette me dijo por teléfono que había venido aquí sólo por eso.
- Adrien...- susurró Marinette.
- Marinette me dijo que os habías encontrado ayer y que te había hablado de eso. ¿No lo recuerdas, Félix, no recuerdas que hablaste con ella?-
Félix parpadeó. Y por un segundo, Adrien pudo observar que su primo dudaba, intuyó también que la mente de su primo estaba trabajando al máximo para tratar de apañarse con una mentira. ¿Adrien había hablado o no con Marinette?, pensaba Félix, ¿Ella le había dicho a él que se habían encontrado? ¿o Adrien estaba tendiéndole una trampa? Supuso, al final, que Adrien y Marinette habían conversado de algo, pero él no sabía de qué.
Marinette, sentada en su silla, entendió que otra vez había errado en su decisión...habría tenido que hablar primero con Félix, no con Adrien.
Tratando de resolver el embrollo mental que tenía, Félix simplemente, la lió más.
- No hablamos de eso.-
- Vaya, vaya. No hablaron de eso- y giró su rostro para observar a su dulce Marinette que ahora tenía la boca abierta y la mandíbula descolgada.
- Entonces, sí que os habéis visto ayer. - concluyó Adrien.- ¡¿Y de qué hablaron si se puede saber?! ¡¿de lo imbécil que soy? ¿de lo mucho que la quieres? ¿o que me la intentas quitar, Fé?! ¡Nos vamos a casar en un par de meses! ¡¿No puedes siquiera respetar eso?! - Un puño cerrado impactó en el hombro de Félix. Adrien estaba perdiendo los papeles a la velocidad de la luz. Los demas clientes del restaurantes giraron para ver a ese grupo de gente que armaba tanto escándalo.
Félix lamentó su error y miró por primera vez a Marinette. Ella pudo ver que la mirada verde de él, estaba ahora vacía y sin brillo, sus pestañas relucían aún porque el sol las atravesaba, enmarcando sus ojos y haciendo resaltar el color de sus iris.
Si ella hubiera sabido que sería la última vez que se verían, se hubiera abalanzado a él y no lo habría dejado ir. Si ella hubiera sabido lo que le deparaba el futuro, se habría lanzado encima de él y le hubiera suplicado que se la llevara de ahí, que la dejara quedarse a su lado.
Marinette tenía virtudes, era empática, amorosa, tierna, comprensiva, escuchaba siempre todo lo que decías y recordaba la fecha de tu cumpleaños, los dulces que te gustaban y a lo que eras alérgico. Era lista y entendía con facilidad complejas teorías matemáticas y de negocios. Era un alma sensible y creativa. Y de defectos, Félix sólo había detectado uno, su indecisión. Comprendió que Marinette, había sido criada en una burbuja rosa e imaginaria, en donde no le faltaba nada ni nada era requerido o necesitado. Por lo tanto, si todo lo tienes, y nada te hace falta, no podrías saber lo que quieres o no, porque nuevamente, nada te hace falta. Indecisión. Marinette había sido amada y consentida, y de tanto amor, se olvidó que la vida exigía sacrificios, errar y acertar, fallar y ganar. Félix se inundó de una tristeza increíble, guardó la esperanza que ella lo eligiera a él en el fondo de su corazón y se sometió a su primo, para tratar de arreglar su torpeza y tratar de salvar el honor de ella, al menos.
Para él, Marinette había escogido y Félix, por supuesto, era el perdedor.
- Adrien- dijo fuerte y claro, reuniendo todo el valor del mundo. -Vamos a hablar, tu y yo. Solos, ahora. Se puso de pie, y los demás también.
- Félix- susurró Marinette. -Félix, no. No...
Adrien la miró con furia también. Había querido que ella escuchara todo, pero ahora no estaba tan seguro. Se sentía enfadado y descontrolado, como un toro a punto de embestir.
- ¡No te metas en esto, Marinette! Ya hablaré contigo. Vuelve al hotel.- siseó.
- ¡No! No volveré al hotel, yo también tengo algo que decir...- la voz le falló, sus manos temblaban y sujetaba su bolso con fuerza.
Félix observó cómo Adrien la cogía del codo y le indicaba el camino que debía tomar al hotel. Escuchó que le decía que ya lo hablarían y que no se metiera. El camarero se acercó, y Fé pagó la cuenta, con mucha propina y pidió disculpas por el espectáculo. Cerca suyo, los novios todavía debatían si ella se quedaba o no. Al final, como siempre, Adrien ganó y Marinette, sin voltearse a despedirse, salió rauda y veloz de ahí. Desapareció en un segundo, cuando dobló en una esquina.
Félix guardaría esa imagen en su mente, en su corazón, su rostro atribulado por la vergüenza, su cabello meneándose al viento, sus pasos firmes y rápidos conteniendo la furia, su bolso colgando del hombro. Marinette. Ella se iba llevándose su amor consigo.
Adrien no debería hablarle así, pensó.
- Vámonos- escuchó que le decía su primo.
Caminaron en silencio hasta el paseo fluvial, donde había una noria y más allá, un túnel subterráneo peatonal que unía una orilla con la otra. Se detuvieron cerca de ahí, el momento de la verdad era éste, o de las mentiras en todo caso.
- Es cierto lo que dices Adrien, he sido yo quien la ha perseguido, he sido yo quien ha venido hasta aquí para hablar con ella. No se porqué, pero ella te quiere y siempre, te escogerá a tí. Así que quédate tranquilo, no iré a tu boda, no iré a ningún cumpleaños, ni siquiera a los funerales. Desde hoy no sabrás más de mí, primo. Ella ha escogido y te ha escogido a tí. ¿No te parece que eso es suficiente?. He perdido, y ahora, déjala en paz, ella no tiene culpa, ella no siente nada por mi. El que ha insistido, siempre, he sido yo.
Adrien Agreste quiso creerle, y le creyó. Marinette era la mujer de su vida, después de todo. Amable, dulce, tierna, cariñosa, y siempre escuchaba su opinión. No había mejor mujer que ésa para él. Lo tenía todo, y ahora que escuchaba la "confesión" de Félix, también sabía que ella aún lo amaba, y que siempre lo haría. En un ataque sorpresivo, le encajó un puñetazo a Félix en la boca del estómago, dejándolo sin aire y encogido sobre sí mismo. Vio como su primo intentaba respirar, boqueando para luego toser y después poder coger un poco de aire y otra vez respirar.
- Ahora estamos iguales, Fé-
Adrien se dio media vuelta y se marchó sin despedirse. También para ellos sería un adiós, un hasta nunca. Pero no importaba, era mejor así.
Sin embargo, a Félix le costó muchísimo recuperarse del ataque, había sido un golpe bien puesto, tenía que reconocerlo, y técnicamente bien ejecutado. Sorpresa, intensidad y fuerza. Un buen puñetazo. Apenas pudo respirar con normalidad, se dio cuenta que estaba solo. Ni siquiera había podido despedirse de ella.
Recordó la primera vez que Marinette lo dejó: fue en Waterloo Station cuando ella le prometió que volvería a él, que terminaría con Adrien, y Félix, a sus diecisiete años o dieciocho, le creyó. La besó con amor y dulzura y la dejó partir. Hoy, cambiaba el beso de ella por el puñetazo de él. Marinette, murmuró, qué haré ahora otra vez sin tí.
Caminó lentamente, perdido en su desesperación y su soledad, mirando la punta de sus zapatos sin darse cuenta que había empezado a llover. Al menos sus lágrimas, quedaban camufladas por la lluvia incesante, una lluvia rara para esa época del año. Sus pies lo llevaron hasta un puente sobre el río, donde transitaban muchos coches. La acera era muy estrecha con baldosas irregulares y algunos salientes, muy antigua y casi al mismo nivel que la calzada. No sabía adonde lo llevaba pero todo le daba igual, siguió caminando atravesando ese puente. No se dio cuenta pero él, ante la ausencia de un bordillo, había invadido el carril de los coches para poder caminar con libertad.
Casi había terminado de cruzar el puente, cuando lo inimaginable sucedió.
Un coche tocó la bocina cerca suyo, a unos metros enfrente de él, aturdiéndolo con los faros y el ruido. Si no se movía, iba a atropellarlo. Así que intentó hacerse a un lado, subir a la acera, saltar. No contó con que ahora sí, había un verdadero bordillo entre la acera y la calzada...y tropezó con el. Tan largo como era y del impulso, fue a chocar contra la barandilla que lo protegía de caer al río. La barandilla no pudo interrumpir su caída, no le fue suficiente para detener su trayectoria. Félix tropezaba mientras su cuerpo, por la inercia, caía hacia atrás, hacia el río.
Marinette.
Apenas sintió el agua helada en su cabeza, todo se fue a negro y su último pensamiento se lo dio a ella.
Cuando Adrien llegó al hotel, encontró que Marinette Dupain-Cheng había hecho sus maletas y estaba saliendo por la puerta principal. A paso seguro, y llena de una determinación que no le había visto en la vida.
- Me largo Adrien, vete a la mierda.- le gritó, mientras Adrien le impedía el paso.
- No, Marinette tenemos que hablar- le dijo, tratando de mediar el conflicto.
La tomó de las manos, deteniendo su marcha. Ella se puso a llorar de la desesperación, en medio de la recepción del hotel. Rota, quebrada, hecha trizas, quería ver dónde estaba Félix, qué habían hablado.
Adrien le cogió el rostro y le besó tiernamente la mejilla, pidió disculpas por dudar de ella, y dijo que había sido todo un error, que ya estaba todo aclarado. La abrazó y le prometió que no volvería a dudar y que sí, que él entendía que estaban pasando una crisis, como todas las parejas, pero que seguro con terapia y unas buenas vacaciones, todo volvería a la normalidad y se casarían felices y contentos y tendrían muchos niños y una vida buena.
Marinette iba a gritar, iba a decirle que ni de broma se casaba con él, que ni crisis ni leches, que esto era el fin, que esto era todo. Llevaba rencor por los años perdidos, y angustia también. Se deshizo pronto de su abrazo y cuando iba a escupirle todas esas cosas, el móvil de Adrien empezó a sonar insistentemente. Él respondió a la llamada que duró bastante poco y cuando terminó, se giró hacia Marinette y le dio una noticia que la destrozaría por completo.
- Marinette, Félix está en la Urgencia, ha tenido un accidente.-
Amelie Graham se subió a un vuelo privado apenas se enteró, se bajó del avión y tomó un taxi para ir de inmediato a ver a su único hijo. Pidió ver al médico a cargo, y la derivaron a la salita de información de la Unidad de Cuidados Intensivos. Tan sólo ese lugar le daba muy mala espina, quería llorar pero debía ser fuerte, al menos hasta enterarse de lo que estaba pasando. En la salita, se encontró con una mujer desconocida para ella. Era alta, casi tanto como Félix, bien vestida, con un largo cabello dócil y sedoso, negro como una noche sin estrellas, con una piel muy blanca, y con ojos muy negros también, enmarcados en unas cejas perfectas. Tenía un aire exótico, y un porte altivo y orgulloso. Preciosa en su particularidad, hermosa en la figura.
- Buenos días- dijo Amelie.- ¿Esta es la sala donde dan los informes? Mi hijo está aquí, o eso dicen y...-
- Félix, su hijo es Félix, usted es su madre. Es un placer conocerla, señora. Yo soy Shoshana Pluczenik-Schnitzer, pero todos me dicen Brid, es que mi nombre es casi impronunciable.- la guapa joven le sonrió, haciéndose aún más hermosa, Amelie le contestó el saludo.
- Amelie Graham- le tendió la mano.- busco al médico.-
- Oh sí, sí, ya viene, verá...- la joven torció un poco la sonrisa, pero volvió a hablar rápidamente.- Conozco a Félix porque él vino a conversar con mi padre en el DiamantClub, nos conocimos en una reunión. Ayer, él cayó por un puente - Shoshana, o mejor dicho Brid, cogió un poco más de aire para terminar diciendo.- Yo fui quien lo rescató y avisé a la ambulancia.
Amelie no podía creerlo, ¿caerse por un puente? La gente no se cae, se lanza, pensó Amelie, ¿Por qué su hijo haría algo así? ¿Acaso otra vez Marinette había vuelto a rechazarlo? Recordó que hace algunos años, Félix se había perdido en el campo cerca a Londres y lo encontraron casi muerto. Y ahora, se había caído en el río. ¿Coincidencia?...Y una mierda, concluyó. Marinette Dupain-Cheng, la única mujer que podía alterar tanto a Félix, que podía arrastrarlo a hacer cosas que él no hacía. Marinette. Y ella, Amelie, le había dado su teléfono, su hotel y la ciudad. ¡Qué imbécil había sido! Si algo le sucedía a su hijo, la culpa sería en absoluto suya, la de su madre.
No pudo seguir meditando porque el médico llegó y la sentó en otra salita a puerta cerrada. Fue bastante duro para ella, escuchar lo que le decían. Félix había llegado bastante bien, inconsciente, pero bien, y poco a poco a lo largo de la tarde había mejorado. Pero aparentemente, sus pulmones se habían llenado de agua, produciéndole un fallo respiratorio por la madrugada. Las lágrimas de Amelie resbalaban en silencio por sus mejillas, incoercibles, se le estaba rompiendo el corazón. Habían tenido que sedarlo y conectarlo a máquinas que ahora respiraban por él. Sus riñones habían empezado a fallar y se encontraba grave, bastante grave. Alta probabilidad de muerte. Amelie se encogió en su asiento, sollozando. El médico se detuvo al verla afectada, pero ella se irguió y dejó que siguiera. Además tenía un golpe en la cabeza, producto de la caída, algo de sangre en el cerebro, pero era leve, el problema era abajo en los pulmones. El hecho que Shoshana, o Brid, lo hubiera rescatado casi de inmediato había sido el factor que lo había hecho sobrevivir. El médico terminó el informe, le prometió hacer todo lo posible, la miró tristemente y la dejó en la oficina, mientras continuaba atendiendo pacientes.
Shoshana Pluczenik-Schnitzer, o mejor dicho Brid, entró y la abrazó fuertemente por los hombros. Amelie la abrazó por la cintura y las dos juntas, rompieron a llorar.
Marinette pensó encontrarlo en la planta de hospitalización, en la habitación donde se suponía Adrien le había dicho. Grande fue su sorpresa, cuando le dijeron que ahora estaba en la Unidad de Intensivos. Ella corrió hasta ahí, sin detenerse, subió las escaleras de dos en dos, empujó a varios señores que estaban en su camino y entró abruptamente en la salita de espera de los familiares de dicha Unidad. Habían dos mujeres ahí, a una la conocía y a la otra, no.
- ¡Amelie!- se acercó de inmediato a ver a la madre de Félix.
Pero Amelie la recibió con una bofetada y un empujón. Rápidamente, la otra mujer se interpuso entre las dos.
- Por favor, no, aquí no, señora Graham-
- ¡Quiero que te largues, no quiero volverte a ver!- le gritó Amelie, perdiendo totalmente los papeles.
Marinette no entendía nada, no sabía porque Amelie la odiaba de repente, sin motivo. O quizá hubiera alguno. Adrien le había dicho, que Félix había caído desde el puente hacia el río, golpeándose la cabeza y perdiendo la consciencia. La policía había sospechado en un intento de suicidio. Pero ella, le había asegurado que eso era imposible, que en todo caso sería un extraño accidente. Adrien no contó nada de su discusión ni del puñetazo que le dio. La policía le indicó dónde estaba ingresado y los dos, juntos, de la mano, habían aparecido en el hospital. En la entrada, les dijeron que era imposible visitarlo, que estaba en observación. Los echaron muy pronto, sin que les dieran un informe. No eran familiares directos, así que se fueron. Al día siguiente llegaría Amelie y podrían enterarse mejor.
Y ahora estaba ahí, con la mejilla ardiéndole del golpe y de la sorpresa. Amelie miró a la mujer alta y hermosa y le pidió que las dejara a solas. La mujer se despidió de ella y de Marinette y bajó las escaleras.
- Marinette, no te acerques a Félix. Déjalo en paz, tú no lo amas, en cambio él a ti, sí. Y tu rechazo, tu negación, le va mal, le sienta mal, siempre ha sido así. Así que si no lo quieres, no lo busques, no te acerques. Simplemente déjalo, no le hagas más daño. Si él muere, yo también moriré.- Amelie se lo dijo en voz baja, masticando las palabras.
Lo que le contaba Amelie, era que verdaderamente era un intento de suicidio, y ella no entendía por qué, por qué si todavía quedaba tanto de que hablar, si aún ella no le había confirmado nada.
- Te lo suplico Marinette, no te acerques a él. Cásate ya y aléjate de nosotros, tu regalo te gustará, verás que sí y si no te gusta, dime entonces lo que quieras y yo te lo daré, pero ya no te acerques a él.- continuó Amelie, rogándole a Marinette.
- Amelie, no entiendo, yo no , yo no me voy a ...- tartamudeó sorprendida, Marinette.
En ese instante, apareció Adrien subiendo por las escaleras, también corriendo. Apenas vio a Marinette, le dio un abrazo y un beso intenso en la boca, y luego otro en la frente.
- Tía, lo lamento tanto. Pero Félix es fuerte, y saldrá de esta.-
Marinette no pudo sostenerle la mirada a la madre de Félix, bajó los ojos, con las lágrimas resbalándose por las mejillas, y salió cabizbaja del hospital, para no volver jamás.
Félix estuvo ingresado sesenta y cinco días en el hospital, paseando por una Unidad a otra. Primero observación, luego Intensivos, luego Neumología, luego Medicina Interna con interconsultas a Psiquiatría, y al final, por fin, logró convencerlos que no se había querido suicidar, sino que había sido un accidente, algo fortuito. Shoshana Pluczenik-Schnitzer, o mejor dicho Brid, había observado parte del accidente y repasando detalles, había llegado a la conclusión que no, que no parecía un suicidio ni nada que sea similar. Convencidos de su inocencia, los psiquiatras suspendieron su tratamiento, lo declararon mentalmente estable y le dieron el alta.
Estaba hecho polvo, cansadísimo, delgado pero feliz. Amelie había comprado un departamento lujosísimo en el centro de Amberes, en una calle aledaña al barrio de los diamantes, con todas las comodidades, y se había trasladado desde Londres para cuidarlo hasta el alta. Sin embargo, los deberes en Reino Unido, la habían obligado a volver por unos días a su ciudad, dejando a Félix al cuidado de la siempre amable Brid.
Fue ella quien lo sostenía del brazo mientras bajaba de su coche. Fue ella quien amobló y decoró el departamento para Amelie y para él. Fue ella quien lo representó ante su padre, el presidente de la asociación de joyeros, el señor Pluczenik, en las sesiones del DiamantClub. Fue ella quien administró el incipiente negocio de Félix y quien lo había hecho florecer en esos dos meses. Él cocinaba, y ella hacía la compra. Él arreglaba el departamento, mientras ella ponía películas y descorchaba un vino. Una noche, cuando Brid entendió que la cosa estaba madura, empezó a peinar con los dedos el cabello de Félix y en un solo movimiento certero, le cogió la cara con ambas manos y le besó la boca, comiéndosela a mordiscos y sentándose encima suyo, a horcajadas, sobre sus piernas.
Por la madrugada, mientras estaba desnuda recostada sobre su pecho, le dijo:
- Félix, mi madre siempre me dijo que en el cielo existe un gran salón donde residen todas las almas de todos los seres humanos. Cuando un niño o niña está en el vientre de su madre, Dios coge un alma, la parte en dos, y coloca cada mitad en una persona distinta. Se dice que al nacer, nacemos sólo con la mitad de un alma, y que nuestra otra mitad, está en alguna parte del mundo, buscándonos. Es el destino quien se encarga de unirlos, no las coincidencias ni el azar. No es la suerte, eso no existe, tan solo el destino. Lo que tiene que ser, será. Y algún día, para bien o para mal, esas dos mitades se encontraran y serán uno.-
Félix la miró tiernamente, acariciando su cabeza y cogiendo en mechones su cabello. No la amaba, o eso creía, pero la quería bastante, después de todo, ella había estado ahí, cuidándolo y atendiéndolo, sin recibir nada a cambio. No supo que decirle, no sabía lo que ella estaba insinuando.
Shoshana Pluczenik-Schnitzer, o mejor dicho Brid, se incorporó un poco para terminar de decirle lo que ella pensaba.
- Tú eres mi otra mitad, Félix Graham de Vanily, lo sé desde el día en que te vi por primera vez. Lo sé desde el momento en el que me metí en el agua helada y arrastré tu cuerpo hasta la orilla, lo sé desde el momento en que te apreté el pecho, tratando que resucitaras. Félix, tú eres mi otra mitad, mi alma gemela. Tu vida me pertenece. Y yo te pertenezco a tí. Casémonos. Prometo hacerte feliz, lo seremos. -
Brid, la empresaria, la hija mayor y heredera de todo un imperio de diamantes, la mujer que ordenaba, distribuía, y controlaba todo un negocio, sin ayuda alguna y sin despeinarse. Brid era el orgullo de su padre, el corazón de su madre, y la gratitud de Félix.
- Shoshana, yo...-
- Brid, llámame Brid, di que sí, di que sí, por favor.- Otra vez Brid se le lanzó a sus labios, al mismo momento, bajó una de sus manos y le empezó a frotar la pelvis, sujetando bien su carne y enredando sus dedos en sus vellos.
Félix dejó de pensar, la cabeza le empezó a dar vueltas y el corazón otra vez, una vez más, despertó de su letargo y empezó a latir, feliz. Una sensación extraña se le plantó en la barriga. Mariposas, tengo mariposas en el vientre. Abrió los ojos sorprendido, el amor lo había vuelto a pillar con las defensas bajas. El amor lo volvía a capturar en sus garras.
Era verano y dormían con las ventanas abiertas. Un viento sereno se coló en la habitación, mientras Félix le daba vuelta a Brid y también él se dejaba llevar, y en un susurro volvió a escuchar lo que el viento le decía.
El amor es una guerra, es perder y ganar, es ceder y entregar. Esperanza, decisión, fé. ¿Te rendirás? ¿te rendirás ahora? ¿o darás una segundad oportunidad?
Interrumpió su beso con Brid, para mirarla a los ojos, sujetarle el rostro y responder a su pregunta.
No, no me rendiré. Nunca, jamás.
- Sí, acepto, Shoshana, nos casaremos.-
Y otra vez, su historia con el amor, volvió a empezar.
- Te amo, Félix.-
Nunca nadie le había dicho que lo amaba. Pero a pesar de eso, él no contestó.
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Y fin...
Nooooo! No es el fin! quédense conmigo por favor!
- Esta creencia, la de la mitad de un alma, o la del alma gemela está descrita en muchas culturas. Brid (o Shoshana) es hebrea, como casi todos los joyeros de Amberes, y en la Cábala se habla mucho de este concepto.
- Como bien han analizado en los reviews, Marinette es una persona que está acostumbrada a no tomar decisiones, porque todo lo tiene. A diferencia de Félix, que por su posición de huérfano y heredero, está acostumbrado a mandar, elegir y a dirigir, por lo tanto, decisiones toma todos los días. Adrien, por la costumbre, elige todo en Marinette. Esto lo he visto en varias parejas, se dejan llevar y sienten que la vida es más fácil delegando responsabilidades. No sé si sea lo correcto. Al menos, en esta historia, NO. Adrien asume que la voluntad de Marinette es su voluntad, la de él, y por eso, no le pregunta nada y directamente elige por ella. Y es por eso también, que sucede lo que sucedió en el capítulo anterior... :(
- Lordthunder, ¿pero Marinette no cambiará nunca? ...a Marinette todavía le queda algo que aprender. No se cuantos capítulos me queden, no mucho, quizá cuatro o menos. ¿Y Félix se casará con Brid?...ummm...¡por favor sigan sintonizando su novela favorita "lo que me dijo el viento"!...
Muchísimas gracias por estar ahí.
Un abrazo inmenso
Cambio y corto
Lordthunder1000.
