La Shinigami más Hermosa

Cero días desde la Última Muerte (Nueve Muertes)

"¡Mierda! ¡Maldita sea!" Bramando, Subaru golpeó con fuerza el muro que se encontraba a su lado, dejando atrás una mancha de sangre con la forma de su puño. Ignorando el dolor que estaba recorriendo tanto sus nudillos como sus dedos, Subaru miró hacia la entrada al edificio ubicado justo frente al muro y comenzó a correr hacia allí.

Plop, plop, plop. Dejando un camino de gotas carmesí tras de sí, Subaru maldijo su suerte mientras sacaba de la bolsa de su pantalón, con su mano sana, el Espejo Convergente. Sin dudarlo por un segundo, Subaru contactó con Mimi y le explicó la situación lo más resumidamente posible. Tras acordar con ella que la vería en la calle adyacente a la avenida principal, en vez de "un lugar en el que notara revuelo o señal de batalla", y pedirle un pequeño… favor, Subaru terminó la llamada y se enfocó en alcanzar la azotea del edificio.

Plop, plop, plop, plop… Con el pulso de sus latidos completamente descarrilado, Subaru ignoró el dolor en su mano y piernas, y saltó de tres escalones en tres escalones, esforzándose por recortar el camino hacia la azotea donde se encontraría con el último actor, la última pieza del juego. Ese sería el segundo intento, y aunque sabía que convencerlo no sería demasiado difícil, realmente había esperado no tener que repetirlo.

Plop, plop, plop, plop, plop, plop, plop… ¡Mierda, mierda, mierda, mierda, mierda! Con la ira inundando cada vez más su corazón, Subaru maldijo hacia sus adentros mientras escalaba las escaleras del cuarto piso del edifico. ¿Cuánto había pasado ya desde que regresó de la muerte? ¿Un minuto? Tal vez menos… Subaru aún seguía en estado de shock, y lo único que lo motivaba a seguir avanzando era el tóxico humo de la flama que ardía salvajemente en su pecho.

Era ira. Ira en estado puro que amenazaba con prender su espíritu en llamas. Era odio. Odio corrosivo que amenazaba con corromper su espíritu hasta que no quedara nada más que una niebla negra de muerte incesante. Subaru estaba enojado, furioso, encolerizado. Durante el bucle anterior no había hecho nada más que observar y estorbar, su información había sido poco útil y eso había llevado a que el maldito ente escapara.

Subaru era consciente del peligro del ente, era consciente de que, por alguna razón, éste siempre daba con él rápidamente. Se trataba de algo que había comprobado a lo largo de sus tres muertes durante el ciclo de muertes en el que se encontraba atrapado. No había duda, esa fémina letal era capaz de encontrarlo dentro del área metropolitana sin importar a donde fuera. ¿Por qué había ignorado la posibilidad de que lo mismo sucediera fuera de ésta?

Por culpa de su ingenuidad, estupidez y nula perspicacia, Subaru había vuelto a morir, y con ello, probablemente asimismo había condenado la vida de Tivey y Mimi. Su ausencia de carácter lo había llevado a sentirse abatido por su mínima colaboración durante el combate contra el ente femenino, y por ello no había tan siquiera considerado la posibilidad de que llegar a la mansión no bastaría para dar el ataque del ente por sorteado.

Su falta de ingenio y mala actitud habían condenado a otro bucle, esa era la cruda realidad. Si hubiera considerado mejor la situación, tal vez se habría asegurado de conseguir que todos los guardias de la mansión estuvieran mucho más al tanto de un posible ataque. Tal vez si no hubiera sido tan inútil, Tivey no hubiera enfocado en él y su depresión, y habría logrado reaccionar a tiempo para evitar el ataque del ente. Tal vez si no hubiera sido tan patético, habría convencido a Halibel de acompañarlos durante un rato más, como medida de prevención ante un posible regreso del ente.

Pero Subaru había apagado su mente, enfocándose solo en llevar a Mimi a la mansión, y dejando de lado todo lo demás. Las pistas estaban allí, solo tenía que recogerlas, pero Subaru se había negado a hacerlo y por eso había perdido todo por lo que luchó a lo largo del bucle. Al final, lo último que su patético ser pudo hacer, fue recibir el ataque con su cuello sin tan siquiera resistirse; justo como al principio del ciclo de muertes, por lo que realmente nada había cambiado; al final no había aprendido nada, no había dado un solo paso hacia la superación de sus debilidades…

El autodesprecio que había estado sintiendo antes de morir por el ataque sorpresa del ente, lo único que hizo fue aumentar tras regresar de la muerte. Irónicamente, esta ocasión dicho autodesprecio estaba dirigido al mismo autodesprecio que había sentido antes de morir. Puesto que, si había tenido tiempo para maldecir su propia ineptitud, había tenido tiempo para considerar todas las posibilidades surgidas de la información que había recopilado.

Subaru se odiaba a sí mismo porque, a pesar de todo lo que había luchado y sufrido, seguía careciendo del carácter y el ingenio necesario para lidiar mejor con las situaciones en las que el desgraciado destino seguía colocándolo. Su rotundo fracaso durante el bucle anterior era prueba de que aún le falta mucho para dar el siguiente paso para superar sus debilidades, pero no podía repetir ese mismo error y derrumbarse.

No, tenía que aprender de sus errores, causados por esa falta de actitud, y enfocarse en finalmente dar total uso a toda la información que había recogido. Solo así dejaría de morir. Solo así dejaría de arrastrar, con su muerte, a todos lo que lo rodeaban hacia abismo eterno. Las últimas víctimas habían sido varios de los guardias de la mansión, posiblemente Tivey y… Mimi. Le había fallado a ella una vez más, había permitido que la niña que había estado para él muriera de nuevo; eso es lo que más le enfurecía.

Mientras escalaba las últimas escaleras, Subaru se obligó a sí mismo a ordenar todos los datos que había reunido durante los cuatro bucles que vivió a lo largo del ciclo de muertes actual. Lo primero de lo que estaba completamente seguro, era de que la atacante lo encontraría sin importar a donde fuera; la última muerte era prueba de ello. Además, ella no le permitiría escapar aún si llegara a sobrevivir a su encuentro con ella.

Con respecto a ello, Subaru recordó lo que había dicho ésta durante el segundo bucle. El recuerdo se encontraba extremadamente borroso, pero Subaru estaba seguro de que el ente había dicho que había esperado mucho. ¿Acaso se refería a que estaba esperando la oportunidad para atacarlo? Eso tenía sentido, considerando que ese era el primer día en que salía de la mansión de Anastasia sin compañía.

Había esperado días, tal vez semanas, o incluso meses, por la oportunidad para matar a Subaru. Y esa oportunidad llegó después de su reunión con el departamento de diseño de la Compañía Hoshin, cuando estuvo segura de que Subaru se encontraba solo y, por lo tanto, nadie podría interponerse en su camino. Tal vez por eso estaba tan desesperada por matarlo, al punto en que más de una ocasión ignoró a Halibel y Mimi para intentar matarlo, como si el solo estar cerca de él la desquiciarla.

Aun así, si durante el bucle anterior lo había atacado en la mansión. ¿Por qué no lo había hecho antes? Además, ahora que se ponía a pensarlo, la atacante se había mostrado cada vez más desesperada por atacarlo tras cada uno de los bucles; un cambio que había sido sutil, pero que no podía descartar que se encontraba allí. Además, llegó al punto en que, durante el último bucle, la atacante enloqueció completamente y fue en contra de su aparente cautela, lo que finalmente desembocó en que lo atacara en la mansión. ¿Qué provocaba ese cambio?

Hasta donde Subaru era consciente, cada vez que regresaba de la muerte, su estado físico era exactamente el mismo que en el momento preciso en el que estuviera ubicado el punto de guardado. En ese caso, ¿acaso su cambio mental había influido en la actitud del ente? Subaru solo podía teorizar, pues no tenía manera de comprobar nada de lo que estaba cavilando.

Descartando ese hilo de pensamiento, Subaru se enfocó en otra pista: las bebidas alcohólicas. La primera ocasión que el ente reaccionó de manera extraña ante éstas, fue durante el tercer bucle, cuando un puesto de bebidas alcohólicas fue golpeado por un ataque de Mimi y la entidad hostil quedó parcialmente paralizada.

Algo a lo que no le habría prestado demasiada atención, de no ser porque ocurrió una segunda vez durante el último combate. Y en esa ocasión fue muy evidente el cambio de actitud en el ente hostil. A Halibel se le calló su botella de licor y, a diferencia de la ocasión anterior, ésta se rompió cerca de la fémina letal. El puesto de licor había estado a varios metros de ella la primera vez, y tal vez por eso el impacto en ella no fue tan grande.

Pero cuando a Halibel se le calló su botella, esta se quebró a solo centímetros de ella, haciendo que el efecto fuera muy notorio. En ambas ocasiones, ella quedó paralizada, como si temiera al alcohol, pero la segunda vez, el miedo la llevó a abandonar, aunque temporalmente, su desesperada cacería de Subaru; algo extremadamente sorprendente, considerando que momentos antes se había encontrado en un estado de locura en que parecía particularmente desesperada por asesinarlo.

De todo lo que había notado, Subaru estaba convencido de que esto era lo más útil. Aunque debía usarlo inteligentemente, o solo provocaría que la atacante huyera de nuevo; y ahora sabía que esto también contaría como fracaso. Además, ahora estaba al tanto del patrón de ataque más peligroso del ente, y éste era el domo de viento que usó para cubrirse tras recibir daño. Subaru tendría que advertirle a Halibel respecto a ello definitivamente.

Finalmente, la última pieza de información que tenía a mano era la posible identidad del ente. Por lo que finalmente podría darle un nombre alternativo, aunque posiblemente temporal; Zarestia. El Gran Espíritu del viento, Zarestia, la Shinigami más hermosa. Eso había dicho Tivey respecto a ella. Y Halibel parecía bastante convencido de que ese ente que lo había atacado de la nada era Zarestia. Subaru estaba dispuesto a creerle, sobre todo después de ver que tan confiable podía llegar a ser, a pesar de su apariencia andrajosa y forma despreocupada de actuar.

Lastimosamente, Subaru aún desconocía la razón detrás del ataque de Zarestia. ¿Por qué un Gran Espíritu estaría interesado en matarle? Halibel había mencionado algo sobre una expedición a la Cama de Zarestia, supuesto lecho de descanso del espíritu. Aunque nada de lo que pudiera haber ocurrido en esa expedición podía estar relacionado con él, efectivamente algo de lo dicho por Halibel le había parecido interesante. Un noble de Lugunica había pagado una gran cantidad de dinero para adelantar la expedición.

¿Acaso podría tratarse del "Cliente"? La verdad es que la idea le parecía extremadamente descabellada. ¿Cómo se relacionaba todo eso con él? Subaru no lo sabía, pero escuchar que un noble de Lugunica estaba detrás del adelanto de la expedición al supuesto lecho del espíritu que ahora deseaba acabar con su vida, le parecía demasiado enrevesado como para tratarse de una simple coincidencia.

Subaru se mantenía firme con su hipótesis de que el cliente que contrató a las asesinas, lo había hecho por la firma de su contrato con la Compañía Hoshin. Alguien que, por conflicto de intereses, se veía negativamente afectado por su trato con Anastasia. Si se trataba de un competidor directo de Anastasia, tenía sentido que fuera una persona con mucho dinero; alguien como un noble.

Entonces implicaba repetir la pregunta: ¿Qué ganaría el Cliente adelantando una expedición que eventualmente sucedería? Tal vez había enviado a alguien para negociar con Zarestia, con el fin de conseguir su apoyo. ¿Acaso había contratado a Zarestia como asesina, tras el fracaso de las anteriores? La idea de un Gran Espíritu, un ente trascendental, siendo contratado para un asesinato, sonaba bastante absurda.

Entonces… ¿Acaso había sido Zarestia contratada para asesinarlo? Subaru ya había considerado esa posibilidad, antes de que Halibel relacionara al ente con la Shinigami más hermosa, y al igual que en ese entonces, Subaru no creía que ese realmente fuera el caso. Elsa y… la niña, a pesar de sus formas excéntricas de comportarse, nunca habían dado a entender que actuaban por razones personales. Y ese particularmente no era el caso con el ente, con Zarestia.

Ella, por el contrario, exudaba un odio capaz de helarle la sangre cada vez que lo veía. Zarestia realmente estaba interesada en asesinarlo, al punto de, llevada por la desesperación, atacarlo en la mansión; lugar al que se había abstenido de acercarse hasta ahora. Además, ella siempre parecía saber dónde encontrarlo… Ello, y que parecía ser movida por motivos personales, lo hacían pensar que el Cliente no estaba relacionado directamente con la aparición de Zarestia.

¿O acaso había sido él quien implantó en Zarestia el deseo de asesinarlo? Si el Cliente estaba detrás de la roca esmeralda capaz de mantener unida al cuerpo, bajo cualquier circunstancia, el alma de quien la lleve encima, entonces tal vez se trataba de un hechicero de gran poder, capaz de coaccionar a un Gran Espíritu. Lastimosamente, Subaru no estaba seguro de si la roca había llegado a manos de Elsa por parte de su supuesta madre, o por parte del Cliente. Subaru quería creer que el Cliente, pues le serviría de pista, pero como ya había aceptado anteriormente, la roca era una pista muy poco solida…

Con tantos cabos sueltos, Subaru era incapaz de afirmar o negar nada… Y considerando la actitud de Zarestia a lo largo de los cuatro bucles anteriores, sonsacarle información sería imposible. Lo mejor que conseguiría sería escuchar "Muere". Frustrado, Subaru se percató que una vez más estaba priorizando la búsqueda del Cliente, cuando había asuntos de mayor importancia.

¡Maldita sea, necesito enfocarme! Golpeándose las mejillas con las palmas de su manos, Subaru se obligó a volver al enfoque inicial; lidiar con el ente, que posiblemente era Zarestia. Una vez hubiera lidiado con ella, podría preguntar a Halibel respecto a lo que sabía sobre la expedición a la Cama de Zarestia. Así que, ignorando el cansancio que sentía, así como ignoró las náuseas y la desagradable sensación en todo su cuerpo al regresar de la muerte, abrió la puerta frente a él y salió a la azotea.

Inmediatamente buscó a Halibel con la mirada, esperando verlo en el mismo punto que durante su encuentro anterior. Sin embargo, traicionando sus expectativas, la situación había cambiado ligeramente. Halibel no estaba mirando hacia el área metropolitana en una esquina de la azotea, se encontraba a solo pocos metros de la puerta y estaba mirándolo fijamente, como si hubiera estado esperándolo. Sintiendo como los nervios comenzaban a nublar su juicio, Subaru comenzó a sudar; no obstante, sacudió su cabeza y decidió ir directamente al grano. Ya no tenía tiempo que perder.

"Halibel-san, mi nombre es Subaru Natsuki y trabajo en la mansión de Anastasia Hoshin-sama; escuché de usted por parte de ella. Voy a ser breve con respecto a lo que le tengo que decir; el Gran Espíritu Zarestia está por atacar la avenida principal del área metropolitana. Lo sé porque tengo una rara Protección Divina que me permite vislumbrar el futuro. Por lo que vi, solo usted es capaz de ayudarme a evitar la catástrofe que se cierne sobre Kyo. Así que se lo suplico, Halibel-san, présteme su fuerza." Condensando todo lo que le había dicho a Halibel durante el bucle anterior, Subaru expuso la información al guerrero Shinobi.

"¿Sabes… Subaru?" Respondió Halibel, exhalando una densa nube de humo. "Tenía curiosidad sobre que podrías decir, pero debo admitir que no me esperaba eso... Parece que mi instinto no mentía, me encontré a una persona bastante peculiar." Mostrando sus enormes caninos, Halibel le sonrió mientras volvía a fumar de su kiseru dorado. "Por cierto, no tienes que tratarme tan formalmente…"


Ambos se encontraban saliendo del callejón que conectaba la avenida principal con a la calle adyacente donde ocurriría el ataque. Después de que Subaru le reveló sobre el ataque al área metropolitana por parte del ente y pidió su apoyo, Halibel respondió de manera extremadamente similar a como lo hizo una vez Subaru se ganó su atención durante el anterior encuentro en la azotea. Si acaso, había mostrado todavía más interés, posiblemente debido a que Subaru, en esa ocasión, se mostró más seguro de lo que decía.

Con interés por comprobar si lo que Subaru había dicho era real, Halibel lo acompañó fuera del edificio aun cuando se encontraba en medio de su día libre. Los dos caminaron lado a lado, mientras se alejaban de la avenida y se adentraban en la calle adyacente. Subaru, que aún iba inmerso en sus cavilaciones sobre cuál sería el mejor accionar a continuación, notó que la mirada de Halibel se encontraba fija en su mano ensangrentada; cuyo sangrando finalmente se había detenido.

"¿Acaso te lo hiciste por la frustración que te causó descubrir sobre el ataque?" Lo cuestionó el demi-humano, percatándose de que su mirada fija había llamado la atención de Subaru.

"¿Ehh?" Confundido, Subaru solo pudo producir un sonido de incomprensión.

"Te vi desde arriba…" Respondió Halibel, dejando salir de su hocico una larga columna de humo. "Estaba viendo hacia el callejón cuando pasaste… Lo siento, es solo que mi instinto, o sexto sentido, si así lo prefieres, me indicó que algo interesante estaba por suceder. Y fue entonces que te vi. De un momento a otro te detuviste, empalideciste y entonces golpeaste la pared de la nada. ¿Fue en ese momento que se activó tu bendición?"

"Ahmm…" Inseguro de como responder, Subaru observó a Halibel con la mente en blanco.

"Lo siento si pregunté algo que te incomodó, es solo que tenía curiosidad." Encogiéndose de hombros, como indicando que olvidara el asunto, Halibel se disculpó.

"N-No es eso…" No es algo que Subaru no supiera, al fin y al cabo, cuando notó la sombra de Halibel durante el bucle anterior, ésta se reflejaba en la superficie del callejón; lo que implicaba que Halibel lo había estado observando al momento de regresar de la muerte. Aun así, Subaru había sido incapaz de responder la pregunta de Halibel en el momento en que la formuló. Ahora, decidiendo seguir con la invención de su supuesta Protección Divina, Subaru concluyó que lo mejor sería darle la razón. "Sí, tienes razón. Es solo que no todos los días se tiene una visión tan desalentadora como la de hoy."

"Tiene sentido…" Aparentemente convencido por su respuesta, Halibel volvió a tomar una bocanada de humo. "También he querido preguntarte esto: ¿Si el ataque va a suceder en la avenida principal, por qué nos estamos alejando de allí?" Esa era la pregunta que Subaru inicialmente había estado esperando, y ya sabía cómo debía responderla.

"Ha decir verdad, el ataque va a suceder donde sea que me encuentre yo. Parece ser que yo soy el objetivo de Zarestia." Con una expresión de genuina vergüenza en su rostro, Subaru reveló lo que el bucle anterior se había abstenido de decir.

"Hmm… Eso explica mucho mejor por qué estabas tan interesado en obtener mi ayuda." Expulsando el humo de sus pulmones, Halibel respondió causalmente. Al parecer, a Halibel no le había importado mucho que no le hubiera revelado esa información hasta que lo había sacado de la azotea; hecho que calmaba considerablemente a Subaru. "¿Y cómo es que te ganaste el odio de un Gran Espíritu? En primer lugar, ¿estás seguro de que quien te atacará es Zarestia?"

"No estoy seguro de ninguna de las dos cosas… Simplemente sé que lo que me mostró mi bendición, calza con lo que sé de Zarestia. Tal vez esté equivocado, pero decir que se trataba de Zarestia sirvió para llamar más fácilmente tu atención, ¿no es así?" Cubriéndose la espalda en caso de que la deducción de Halibel hubiese estado errada, Subaru le dijo una media verdad; tomando en cuenta que realmente había considerado que decirle que se trataba de Zarestia serviría para llamar la atención de Halibel, además de lograr con eso ayudarlo indirectamente a comprender el estilo de combate del ente hostil.

"Supongo que tienes razón…" Respondió Halibel con una sonrisa; humo se filtraba de entre sus dientes. "Aunque si se tratara de Zarestia, eso te haría un individuo mucho más peculiar e interesante." Tras la respuesta despreocupada de Halibel, el silencio reinó por un momento. El cual Subaru decidió romper abordando otro tema.

"Por cierto, con respecto a este instinto tuyo… ¿Es algún tipo de Protección Divina o algo así?" En varias ocasiones a lo largo del ciclo de muertes en el que se encontraba, Halibel había mencionado que se encontraba interesado en él debido a sus instintos, y Subaru deseaba saber a qué se refería él con eso.

"No, no. Nada de eso. Se trata un poco del instinto natural con los que nacemos los de mi especie, y un poco de mis sentidos que han sido afilados a lo largo de mucho tiempo… Soy de los últimos de mi especie, así que siempre me enorgullece poder hablar de la cualidades con las que contamos..." Exudando un aura de seriedad extraña en él, Halibel le explicó sobre este instinto del que tanto hablaba; una cualidad de su especie. Tras decir eso, la actitud de Halibel le exteriorizó que no tenía nada más que añadir, por lo que Subaru aceptó el silencio y se permitió sumirse una vez más en sus pensamientos.

Ahora que habían hablado todo lo que tenían que hablar, Subaru se sentía preparado para afrontar el próximo evento: sobrevivir hasta la llegada de Mimi. Subaru tendría que mantenerse a raya del combate, mientras se aseguraba de no convertirse en presa fácil y de prevenir a Halibel en caso de notar alguno de los patrones de ataque de Zarestia; siendo el ataque de área, o sea el domo de viento, al que más tendría que prestarle atención.

Además, tendría que asegurarse de que Zarestia no terminara escapando. Esa era una de sus prioridades, solo por debajo de la victoria. Subaru consideró decirle a Halibel sobre el posible escape de Zarestia, pero finalmente desistió de comenzar una conversación de nuevo; al fin y al cabo, estaba claro que Halibel no tenía en mente dejar escapar a Zarestia. Prueba de ello fue su deseo de seguir buscándola después de que los acompañó a él y los dos trillizos a la mansión.

Por lo tanto, otro de sus objetivos era encontrar la forma de ayudar a Halibel a evitar que Zarestia escapara. Y el mayor obstáculo para esa tarea era el ataque de viento de amplia área que utilizó ella para impedir que la persiguieran. Otra condición necesaria para evitar el escape, sería que Mimi y Halibel se encontraran en buen estado para el momento en que Zarestia intentara escapar; la razón por la que Halibel no había podido perseguirla, además del ciclón que lanzó, fue el estado de Mimi.

Procurar que Mimi no se excediera en su uso de maná y terminara fuera de combate era vital. Evitar que Halibel fuera alcanzado por el hechizo que creaba un domo de aire alrededor de Zarestia también lo era. Con eso definido, Subaru se convenció de que su utilidad durante el combate sería estar atento al comportamiento de Zarestia, para así poder determinar y prevenir, con base en sus anteriores experiencias, cuando lanzaría los ataques de mayor poder.

Habiendo encontrado su utilidad, Subaru sintió que un enorme peso fue levantado de sus hombros. Claramente su trabajo no sería fácil, considerando que además tendría que evitar recibir un ataque que lo dejara discapacitado, pero definidamente era lo mínimo que podía hacer. Sin echarse atrás ante el desafío, Subaru saboreó la ira que seguía ardiendo dentro de él con fuerza.

Apretando su dentadura y puños, Subaru dejó que el calor de la determinación lo envolviera. Tras ello, se detuvo y buscó con la mirada sobre el dosel de la jungla de edificios que se encontraba rodeando la calle; ninguno superaba los cinco pisos de altura, así que observar sus techos no resultaba especialmente arduo. Después de unos segundos, un escalofrío recorrió su cuerpo.

"H-Halibel…" Luchando por evitar que su cuerpo cediera ante el miedo, Subaru llamó a su acompañante.

"También lo noté." Al igual que Subaru, la mirada de Halibel estaba enfocada sobre el techo de uno de los edificios.

No era exactamente el mismo sobre el que ella apareció, el bucle anterior. De hecho, había aparecido un par de minutos antes de lo esperado. Sin embargo, Subaru supuso que algo así podría suceder, considerando el sutil aumento en la desesperación de la atacante por acabar su vida, tras cada uno de los bucles. Allí se encontraba Zarestia, con su afilada mirada enfrentada con la de Subaru.

"Muere…" Subaru no la escuchó, pero por el movimiento de los labios de la atacante, supo que eso mismo había dicho; aunque realmente no hacía falta, puesto que no solía decir otra cosa. No dispuesta a esperar un segundo más, la entidad, que se especulaba era el Gran Espíritu llamado Zarestia, saltó a la calle y lanzó un veloz ataque de viento en dirección de su odiado objetivo.

Sin la menor demora, Halibel rechazó el ataque de viento usando uno de sus kunais y se colocó en posición de ataque. Subaru, sin pensárselo mucho, se alejó del área de combate y se colocó tras uno de los pocos puestos, sobre todo en comparación a la cantidad que había en la avenida principal, que se encontraban en el borde de la calle; su dueño ya había escapado despavorido al presenciar el intercambio de ataques entre Halibel y Zarestia.

Con los pocos civiles que se encontraban en la calle escapando en todas direcciones, Halibel comenzó a sentirse cada vez más cómodo luchando. Dando un salto hacia el costado, Halibel desapareció por completo, para entonces reaparecer tras Zarestia. Empuñando un kunai en cada mano, el demi-humano intentó apuñalar el omoplato de la figura femenina.

Zarestia, evitando que el kunai fuera clavado en su espalda alta, se lanzó hacia el suelo y huyó para colocarse en una mejor posición de combate. Con el odio, la ira, la sed de venganza y el deseo de asesinar comenzando a desbordarla, Zarestia lanzó un ataque errático en dirección de Halibel e inmediatamente después se abalanzó hacia el puesto tras el que se encontraba Subaru.

Subaru, percatándose del comportamiento de la atacante, no dudó en cambiar de posición, colocándose en la esquina del puesto contraria a donde se encontraba ella. Zarestia, enfurecida, se acercó al puesto de comida y lanzó un ataque. El puesto, como era de esperarse, fue cortado en hasta cinco pedazos que cayeron al suelo, regando todo el contenido de éste por toda la calle. Sin embargo, el cadáver mutilado de Subaru no se encontraba a la vista.

"Bien hecho, chico. No esperaba que tuvieras tan buenos reflejos." Halibel elogió a Subaru, mientras que embestía a Zarestia con uno de sus kunais empuñado frente a él.

Subaru, que había aprovechado el cambio de posición para esquivar con más facilidad las cuchillas de viento, nuevamente se había alejado de Zarestia y se había ubicado en una posición en la que podría alejarse en caso de que ella volviera a enfocarse en él. En silencio, observó atentamente como Zarestia evitaba el ataque de Halibel y lanzaba varias ráfagas de viento afilado.

"Ésta vez no voy a cometer los mismos errores de antes… Voy a jugar las fichas que tengo a mano cuidadosamente, tomando en cuenta toda la información que recopilé. ¡No pienso fallar de nuevo! ¡Esta vez voy a rehacer las cosas correctamente!" Con determinación, odio e ira ardiendo dentro de su corazón, Subaru se comprometió a resolver el ciclo de muertes en el que se encontraba atrapado, sin morir una sola vez más.