Ava amaba Halloween, siempre había sido una de sus fiestas favoritas. Amaba la estética del otoño, las hojas naranjas y rojas caídas de los árboles, las decoraciones con calabazas, los disfraces e ir a pedir dulces de casa en casa. Ahora que estaba más grande ya no hacía lo de ir a pedir dulces, pero las fiestas en casa de Nate siempre eran divertidas. Por eso Halloween continuaba siendo una de sus fiestas favoritas.

Astra, Kuasa, Lily, Mona y Nora fueron a su casa para prepararse todas juntas para la fiesta de Halloween, ya que Ava era vecina de Nate. Juntas se cambiaron y se maquillaron. Ava adoraba compartir esos pequeños momentos con sus amigas, ya que siempre se encontraban repletos de risas e historias.

Llegaron a la fiesta y enseguida se unieron a sus amigos y a las Leyendas. Últimamente Ava estaba sintiendo que todos estaban conformando un gran grupo, que cada día se llevaban mejor entre todos y eso la hacía sentir feliz.

— ¿Y Sara? — Preguntó Kuasa.

— No creo que venga, ella trabaja los fines de semana. — Respondió Jax.

— Cierto. — Asintió Kuasa.

— ¿Preguntabas por algo en especial? — Preguntó Ava con curiosidad.

— Si necesitas hablar con ella te podemos pasar su número de celular. — Propuso Zari.

— No, está bien, hablaré con ella cuando la vea. — Aseguró Kuasa. — Es que Mari, mi hermana, quiere aprender a andar en skate y quiere que Sara sea quien le enseñe. — Explicó el motivo por el que quería hablar con Sara.

— ¿No estaba yendo a las clases que dan en el parque de skates? — Preguntó Ava, sorprendida.

— Si, pero no se siente del todo cómoda en esas clases porque ningún profesor sabe lenguaje de señas. — Respondió Kuasa en modo explicativo. — Entonces, ¿creen que ella aceptaría? — Pidió saber.

— No creo que tenga problema, a ella le encanta patinar. — Zari dio su opinión.

— Y es buena enseñando, a mi me ha enseñado varios saltos y trucos. — Agregó Jax.

— Pero tenle paciencia para encontrar momentos en que pueda hacerlo, ella en general no tiene mucho tiempo libre entre el colegio, trabajo y el equipo de baile. — Expresó Charlie.

Ella coincidió en las opiniones que las Leyendas habían tenido de Sara. La chica era alguien que tenía poco tiempo porque se la pasaba ocupandolo con diferentes responsabilidades. Pero sabía que Sara no tendría ningún problema en enseñarle a Mari. Sara adoraba andar en skate, sabía lenguaje de señas, y había demostrado llevarse y entenderse bien con Mari en el pequeño rato que habían compartido.

La noche continuó. Bailaron, comieron, tomaron y se divirtieron mucho. Ava también se tomó un momento para apreciar los disfraces de sus amigos.

Amaya estaba disfrazada de pirata.

Behrad estaba disfrazado de mecánico.

Charlie estaba disfrazada de bailarina disco.

Gary estaba disfrazado de integrante de una secta o algo del estilo.

John estaba disfrazado de Draco Malfoy.

Konane estaba disfrazado de hombre lobo.

Mick estaba disfrazado de zombie.

Nate estaba disfrazado de Indiana Jones.

Ray estaba disfrazado de superman.

Zari estaba disfrazada de Lara Croft.

Ava amaba ver los disfraces de sus amigos, le gustaba ver siempre la originalidad con la que cada uno elegía un disfraz e intentaba hacer su propia versión lo más parecida a la real.

— ¿Dónde está Gary? — Preguntó Ava a Mona.

— Fue a pedir un trago a la barra y volvía. — Respondió Mona, señalando hacia donde estaba el amigo de ellas.

Ava miró hacia donde estaba Gary y se sorprendió que quien le estaba preparando un trago era Sara. ¿Qué hacía ella ahí? De pronto sus miradas se encontraron e intercambiaron una sonrisa a modo de saludo. Ava se puso contenta de que Sara estuviera allí, ella también merecía tener momentos para relajarse y divertirse con amigos, de ser simplemente una adolescente. Observó el disfraz de vaquera que llevaba la chica y le agradó ver los detalles que había elegido, le quedaba bien ese look.

— Tienen que probar estas margaritas, Sara prepara las mejores. — Dijo Gary a sus amigas, cuando regresó de la barra.

Ella no era muy fanática de los tragos, y recordaba que el fernet con colca-cola que la otra le había hecho probar en una ocasión no le había gustado. Pero la intriga la pudo y probó del vaso de Gary. Sorprendentemente ese trago si le gusto, y aunque era a base de lima igualmente era dulce.

En un momento de la noche, Ava estaba con Astra y Gary conversando, cuando Jonah, Mallus y Neron empezaron a molestarlos. Ava estaba cansada de esos chicos y no entendía porque siempre tenían que estar molestando a los demás para divertirse. En ese momento recordó lo que Ashley le había dicho, que iba a tener que aprender a rechazar los avances de los varones en las fiestas. Y aunque esto no se trataba exactamente de eso porque Jonah esta vez no dijo nada personalmente contra ella, Ava recordó la última vez que intentó besarla y el asco que eso le causó.

— ¿Tanto les cuesta entender que ellos no quieren saber nada con ustedes? — Preguntó Sara, apareciendo de repente y poniéndose en el medio de los grupos contrarios confrontados.

— Todos quieren algo con nosotros. — Dijo Jonah con orgullo.

— Somos los más populares del colegio. — Agregó Neron, como si eso fuera algo importante.

— ¿Y? Creo que es hora de que se vayan a molestar a otra parte. — Dijo Sara seriamente.

— ¿Y vos quién sos para decirnos lo que tenemos que hacer? — Preguntó Mallus, frustrado.

— La que la última vez que tuvimos un desacuerdo te deje con la nariz sangrando. — Le recordó Sara.

— Bien, como sea, nadie tiene ganas de malgastar el tiempo con unos perdedores como ustedes. — Dijo Mallus y le hizo una seña a sus amigos para hacerles entender que era mejor que se fueran.

Ava la admiró por un momento, nunca había visto ese lado protector que Sara tenía pero se sintió bien. Sara actuaba como si pudiera pelear contra el universo entero, si era necesario, con tal de que ella y sus amigos estuvieran en paz. Y ahora que lo pensaba, la chica siempre había demostrado reaccionar valientemente ante las injusticias. Por un momento se preguntó si también reaccionaría así cuando se trataba de injusticias contra ella, como con su madre.

— ¿Por qué hiciste eso? ¿En verdad habrías peleado contra Mallus y sus amigos? — Cuestionó Ava con curiosidad.

— Ya peleó una vez contra ellos y ganó. — Respondió Gary, recordando el episodio en el colegio en que Sara lo había defendido.

— ¿Habrías peleado por nosotros? — Insistió ella.

— Claro, somos amigos. — Afirmó Sara.

— ¿Consideras que mis amigos son tus amigos? — Preguntó ella Sorprendida.

— Bueno, tal vez no exactamente amigos porque no nos conocemos tanto. — Respondió Sara con sinceridad. — Pero si son tus amigos sé que son buenas personas, por lo que vale la pena defenderlos. — Explicó su razonamiento.

— ¡Eres increíble! —Exclamó ella, sintiendo una mezcla de admiración, agradecimiento, pero también irritación. — Gracias por ser como sos y defendernos, pero la próxima vez no pelees batallas por nadie, algún día podrías salir lastimada. — Expresó su preocupación.

— No sabía que me había ganado tu cariño al punto de que te preocupes por mí. — Bromeó Sara, lo que causó que se ganara un golpe en el brazo por parte de la otra. — Bien, no más batallas, al menos por hoy. Pero para que sepas sé defenderme. — Aceptó.

— No lo dudo. — Dijo ella, porque algo en la seguridad de la otra le hacía creerle.

— Hora de divertirnos entonces, vamos a bailar. — Propuso Sara y le ofreció su mano a la otra.

Ava se sorprendió ante ese pequeño hecho, pero lo aceptó. Tomó la mano de Sara y dejó que la guié nuevamente hacia la pista de baile, a donde estaban sus grupos de amigos. Ava se dejó llevar por la música y bailó alegremente con sus amigos.

Incluso se animaron a bailar un par de lentos, bromeando entre ellos y rotando las parejas. De hecho, Ava estaba bailando con Sara un lento cuando dos chicas vinieron a interrumpirlas. El momento se cortó y eso la hizo sentir desilusionada. No estaba segura del motivo, pero bailar con Sara estaba siendo agradable y divertido.

— Tenemos que volver al trabajo. — Le dijo una de las chicas a Sara.

— Cierto. — Aceptó Sara, luego de chequear la hora en su celular. — Perdón, pero tengo que regresar al trabajo. — Explicó, volviéndose hacia Ava.

— Tranquila, anda. — Aceptó Ava y le dio un beso en la mejilla a modo de despedida.

Ava la miró irse con las otras dos chicas y luego se volvió hacia donde estaban sus otros amigos. Le habría gustado que Sara se quede hasta el final de la fiesta, pero entendía que ella tenía otras prioridades. Por lo menos había podido disfrutar de la fiesta de Halloween un rato, ¿sería eso suficiente?

Como no había podido dejar de pensar en Sara, Ava convenció a sus amigos para ir a desayunar a Danver's Dinner. Y la verdad fue que no le costó mucho hacerlo, ya que era una costumbre que tenían cada vez que tenían alguna fiesta. Disfrutaron de comer sus menús favoritos y conversar tranquilos.

— ¿Dormís alguna vez? — Le preguntó ella a Sara, antes de irse del restobar.

— Tal vez te sorprenda, pero si. — Respondió Sara, luego de reírse ante la curiosidad de la otra. — Mi turno de hoy termina a las tres de la tarde, así que a esa hora iré a descansar. — Aclaró, para dejarla más tranquila.

— ¿Tenes muchas pesadillas o ataques de pánico? — Pidió saber ella, recordando las pocas experiencias en las que la había visto descansar.

— A veces. — Dijo Sara con sinceridad, pero sin dar mucho detalle ya que hablar de eso la hacía sentir algo incómoda.

— Si alguna vez lo necesitas podés llamarme o mensajearme cuando pase. — Propuso ella.

— ¿De verdad? — Preguntó Sara sorprendida, no esperaba que nadie estuviera dispuesto a sacrificar horas de sueño por ella.

— De verdad. — Aseguró ella. — Además ¿qué es lo peor que puede pasar con que lo intentes? ¿que el sonido del celular no me despierte? — Dijo con un poco de humor, porque sentía que la otra necesitaba destensarse.

— Gracias. — Agradeció Sara con una sonrisa. — Lo voy a tener en cuenta. — Le dijo a modo de promesa.

Ava fue a su casa con Nora y durmieron hasta las cuatro de la tarde. Cuando se despertaron tenían varios mensajes de Gary diciendo si querían ir a almorzar. Aceptaron reunirse con él, pero en vez de almorzar a merendar. Se ducharon, se cambiaron y fueron a lo de Gary.

Mientras tomaban el té y compartían anécdotas de la fiesta de Halloween, Ava tuvo la sensación de que tal vez ese era el momento adecuado para contarles que le gustaban las chicas. Hace tiempo tenía ganas de hacerlo, y esa era la primera vez que se sentía lista.

— Tengo algo importante que contarles. — Dijo ella, interrumpiendo la conversación que los otros estaban teniendo sobre quién había sido la persona mejor disfrazada de la fiesta.

— Okay. — Asintió Nora, centrando la atención en su amiga.

— Sabes que podes contarnos lo que queres. — Le aseguró Gary.

— Bien, pero deben prometerme que no se lo van a contar a nadie. — Pidió ella, sintiéndose nerviosa.

— Lo prometemos. — Afirmaron los otros dos al mismo tiempo.

— Bueno, simplemente lo voy a soltar. — Dijo ella, intentando calmar sus nervios.

— Si, soltalo. — La animó Nora y le ofreció su mano.

Ava agarró la mano de su amiga y se aferró a esta. Miró a sus amigos y de repente sus nervios se calmaron un poco, ella estaba segura de que la iban a aceptar sin importar como ella fuera. La amistad que tenían era fuerte y hermosa, y siempre se había basado en la confianza que se tenían y en cómo se aceptaban a pesar de sus distintas personalidades.

— Me gustan las mujeres. — Dijo ela, sintiéndose en paz finalmente al poder decirlo.

— Claro, todos sabemos que las mujeres son y somos hermosas. — Aseguró Nora, sin entender a lo que la otra apuntaba.

— Si, las mujeres son hermosas. Todos podemos apreciar su belleza, aunque no a todos nos gusten. — Coincidió Gary. Él era gay, pero siempre había apreciado a las chicas por su belleza, aunque a él no le gustarán de esa manera.

— Me refiero a que me gustan las mujeres de la manera en que deberían gustarme los hombres. — Explicó ella, aclarando la situación.

— ¿Quieres decir que eres lesbiana? — Preguntó Gary.

— Si, pero no sé si estoy al punto de ponerme etiquetas. — Respondió ella con sinceridad.

— Eso está bien, cada uno tiene derecho a ser libres en sus gustos. — Aseguró Gary.

— Ava, ¿sabes que esto no cambia en nada nuestra amistad, no? — Pidió saber Nora.

— Eso era todo lo que quería escuchar. — Admitió ella, sintiéndose aliviada al saber que había tenido razón y había hecho bien en confiar en sus amigos.

— Amigos por siempre. — Le recordó Gary.

— Como prometimos cuando teníamos siete años. — Sumó Nora.

— Amigos por siempre. — Asintió ella con una gran sonrisa.

Esos eran los verdaderos amigos, quienes la aceptaban tal cual era ella.