Breath Mints & Battle Scars By Onyx and Elm (Traducción autorizada)

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X

Lo sabe.

Para este momento ya tiene que saberlo. De la misma manera en la que Hermione ahora sabe que esto es lo último que debería haber hecho, una línea que no debería haber cruzado.

Pasó toda la noche hojeándolo y, en menos de tres entradas, sabía que era algo que se suponía que no debería estar leyendo. Era demasiado personal y cercano.

Y tenía tanto sentido.

Hurgando entre esas primeras páginas color lavanda, había encontrado pruebas de alcoholismo, abuso, autolesiones y arrepentimiento. Muchísimo arrepentimiento. Padres poco afectivos, sobredosis de drogas y muerte.

Ya lo había comprendido: esto no era tan diferente de la libertad condicional muggle, ya que tiene que enviar entradas semanalmente, quizás incluso a diario, a un sanador psiquiatra. Esas estúpidas de Tercer Año no se habían equivocado por completo.

Pero ahora está atrapada.

No puede devolvérselo pues sabrá que lo tomó. Tampoco puede quedárselo, pues será arrestado por no enviar entradas. Tampoco puede fingir no haber leído lo que leyó.

Es demasiado, demasiado personal.

Lo que no fue más que un pequeño intento de venganza fracasó violentamente.

Me encantaría morir. Daría cualquier cosa por morir. Déjenme morir.

La inclinación de su letra es el tipo del que se ve en los psicópatas y hay tinta por todas partes, siendo casi tan desordenado como su vida, y está plagado de cosas que ella nunca habría sabido con tan solo mirarlo.

También está plagado de opiniones sobre ella, opiniones para las que no estaba preparada.

perra…

sangre sucia…

Para esas estaba preparada. Pero no para las que decían cosas como "confundido..." y "rizos distractores" o "dondequiera que mire, ella está ahí..."

Esas entradas eran de una naturaleza más rara y se habían acumulado sobre todo al final, a la más reciente. Ha estado cambiando de opinión sobre ella.

Sin embargo, leyó la entrada del 3 de octubre una y otra vez y nada. Nada sobre el beso.

Es infantil de su parte esperar que escribiera sobre eso. Después de todo, no significó nada, ¿verdad? Sin embargo la tiene rememorando la tontería que hizo en el banco y un escalofrío no deseado se desliza por su espalda.

Sobre todas las cosas, odia los acertijos que no puede resolver.

El lazo púrpura se siente caliente en sus manos, como si la estuviera quemándose de culpa. Lo deja caer en la sábana, justo en medio de sus rodillas. Usa su varita para comprobar la hora: seis de la mañana y no ha dormido nada.

¿Cómo se atrevió? Con el pasado y el futuro colisionando dentro de su cabeza, pensando en las caricias que le dio y el odio que se desatará cuando se entere.

Es la primera vez que reconoce que no quiere que la odie.

También es la primera vez que reconoce que besarlo fue… diferente. Como ninguno de los descuidados y húmedos besos que había recibido de Ron. Nada similar a manos torpes y dientes que golpeaban. Besarlo fue… limpio. Algo vigorizante y sucinto, cada movimiento tenía un significado, cada caricia fue exactamente donde él quería que estuviera y, sin embargo, también fue sucio. Oscuro, exigente, sensual, con su lengua atrevida y dedos aventureros.

No se imaginaba que Malfoy podía besar así.

Nunca había imaginado besar a Malfoy en absoluto.

Y, sin embargo, ahora no puede imaginarse por qué no.

Se sienta contra las almohadas, enredando una nerviosa mano en sus rizos mientras, por fin, permite que él se infiltre en su mente sin restricciones y sin inmutarse.

¿Por qué nunca había pensado en Malfoy de esa manera?

A pesar de su actitud, no hay una manera concebible de pensar en como luce él como "promedio". Es alto, más que la mayoría de los chicos que conoce, y aunque siempre se ha dicho a sí misma que la altura no debería tener nada que ver, siente un no-sé-qué al pensar en hundirse en la oscuridad de su sombra. Sus manos son largas... delicadas y aristocráticas en todos los sentidos. No habría habido forma de que ella supiera que eran tan suaves si lo la hubiera tocado, pero después de sentir sus dedos trazar su cadera al e deslizarse por debajo de su jean, lo sabe. Oh, sí que lo sabe.

No esperaba la repentina ola de excitación cuando llegó súbitamente, pero la apaga rápidamente obligándose a pensar en él como una enfermedad y levantándose para alejarse de la cama, de sus almohadas y sus connotaciones.

Violentamente sus ojos vuelven a encontrar el diario púrpura y cualquier excitación restante se ve aplastada por miedo y culpa.

Aún no ha decidido qué hacer. Parte de ella quiere simplemente devolverlo, pero eso es demasiado arriesgado. Demasiado misterioso para un cerebro tan racional como suyo. Sabe que él no creerá que se le cayó, pues hubiera tenido suficiente tiempo para empujarlo dentro de su bolsillo cuando él se había inclinado sobre ella.

Incluso si le creyera, no creería que no lo había leído.

Momentos como este la hacen arrepentirse de haber devuelto el giratiempo.

Ahora mismo, no hay nada que pueda hacer aparte de esperar. Pero es lunes y pasar todo el día en la cama evadiéndolo no es opción. Tienen clases juntos, maldita sea.

Una nueva ola de pánico se abre paso dentro de su pecho, y está jodidamente furiosa consigo misma por meterse esta situación. Su antiguo yo, la chica antes de la guerra, nunca hubiera hecho esto. A ella le hubiera dado igual, sin meterse en los asuntos de nadie mientras estudiaba. A ella nunca la hubieran pillado dejando que Malfoy la cargara contra una estantería.

La vieja Hermione no era de ese tipo de personas.

Sin embargo, ahora no puede evitar preguntarse si es de ese tipo de personas, porque no importa cuánto lo niegue, desde el viernes en la noche quiere más que nada sentir esos labios fríos y ásperos de nuevo.

Una de las chicas se mueve en la cama: Parvati, sacándola de sus pensamientos haciéndole empujar el diario debajo de su almohada y componiendo su cama a toda prisa. Nada más de "dormir" por hoy.

Es la primera en bajar al Gran Comedor para desayunar y va armada con libros que están semanas adelantados a lo que están aprendiendo en clases. Aún así, la hacen sentir como su antigua yo y hará cualquier cosa por perseguir su sombra.

Tiene todos los ingredientes para tener una buena mañana: desayuno caliente, té humeante junto a su libro y silencio, nadie que la moleste. Sin embargo, últimamente nada de lo que parece "bueno" se mantiene "bueno".

El ruido sordo de una mochila al caer en el banco frente a ella le asusta, haciendo que salpique té en su mano, quemándose.

Y de todas las personas, un slytherin se sienta a la mesa. Su mesa. Y no es el slytherin habitual, no el que hace que sus terminaciones nerviosas se enciendan como fusibles.

Es Theodore Nott.

Y viene con sus propias complicaciones. Él, quien fue su primer amor platónico durante Primer Año. Él, quien es su Némesis académico. Él, sarcástico y escurridizo, vestido como siempre, con una camisa perfectamente planchada y una corbata absurdamente desigual.

No hablan.

Hasta ahora, aparentemente.

—Esta es la mesa de Gryffindor —dice de forma tan infantil que al instante se arrepiente.

Nott sonríe y, a diferencia de Malfoy, no es raro. Ha estado mostrándole sonrisas deslumbrantes desde que la venció en clases de pociones en Segundo Año.

—Me sorprendes, Granger —responde—. ¿No deberías conocer todo lo relacionado a la segregación y sus efectos? ¿el daño que hizo?

Ella lo mira boquiabierta.

—¿Quién te crees para darme lecciones sobre segregación, Mortífago? —E incluso ella sabe que fue una reacción exagerada. Traga y se sienta un poco hacia atrás, ruborizándose —. Lo siento —murmura, preguntándose a dónde ha ido su filtro usual.

—Conmovedor —dice. Nunca ha tenido un ego frágil, simplemente es grande. En todos los años que ha conocido a Theodore Nott nunca lo ha visto perder la calma.

Se aparta el pelo castaño que le cae en la cara, se da vuelta y rebusca en su mochila, y de repente lo encuentra extendiendo pergamino, plumas y textos sobre la mesa, justo frente a ella.

¿Qué estás haciendo?

—Estudiando.

—No, aquí no lo harás.

—Las mesas de las casas no son exclusivas. Son sugerencias para evitar peleas —Sumerge su pluma en tinta y empieza a escribir, ignorando su expresión de asombro.

Nott —espeta y él finalmente la mira con una expresión aburrida—. ¿Por qué estás aquí?

Lo ve morder la punta de la pluma. Un hábito repugnante, piensa.

—La guerra terminó, Granger. Puedo sentarme donde quiera y hoy quería sentarme aquí.

Resopla burlona. Abre la boca para discutir pero no puede pensar en nada razonable.

No es idiota, no está sentado aquí por capricho. Pero también es Theodore Nott y pedirle que se explique es como pedirle a la hierba que crezca en invierno.

Lo único seguro es que no se irá.

Siente como si hubiera caído en un pozo de serpientes.

Tantas serpientes.

Demasiadas-malditas-serpientes.

Transfiguración es la clase que ha estado temiendo todo el día, ya que es la única clase de lunes que tiene con él.

Le pica la cicatriz cuando los estudiantes entran en el salón de clases, haciendo que arrastre los pies desde su asiento.

No es solo su cicatriz lo que pica, sino su piel. Cada centímetro de ella se siente irritado, haciéndola sentir incómoda todo el tiempo y sin poder apartar sus pensamiento de lo que esconde debajo de la almohada.

Ni siquiera puede recordar qué lección se supone que van a aprender hoy.

Una corriente eléctrica y fría se desliza a través de su columna cuando ve a un rubio platinado en la entrada. Está caminado con Nott y eso la pone el doble de nerviosa, preguntándose si Malfoy tiene algo que ver con su encuentro de la mañana.

Afortunadamente sus ojos no se encuentran y, cuando los dos toman asiento en el escritorio detrás de ella, se relaja un poco.

No sospecha de ella, pues si lo hiciera la habría enfrentado de inmediato. Malfoy no es tímido.

Havershim sale de su oficina y comienza a escribir en la pizarra con su varita. Parvati entra unos segundos después, sonriéndole a Hermione mientras se sienta a su lado y saca sus libros. Todo parece extremadamente normal.

Hasta que…

—Oh, Mione —dice Parvati, buscando algo en su bolso —. Casi lo olvido.

Hasta ayer, nunca había asociado al color púrpura con pánico y desesperación. Sólo era un tono de morado. No es ni cerca su menos favorito. Es solo morado como las ciruelas o en corazones de caramelo.

Sin embargo, ahora es pánico. El púrpura es una pesadilla, un choque eléctrico. Es ese sentimiento que te inunda cuando tus padres te pillan mintiendo. Es dolor. Es perfecto, simplemente perfecto.

Púrpura es el color que Parvati le está entregando.

El diario de Malfoy.

—Un elfo doméstico estaba rehaciendo las camas esta mañana y encontró esto detrás de tu cabecera. Pensé que podrías necesitarlo en clases y dije que te lo traería.

Está temblando. Parvati se lo tiende.

No tiene que mirar para sentir el ardor abrasador de una mirada desde atrás, como un atizador caliente que se clava en su cuello. Ella no quiere aceptarlo. Mira a Parvati sin decir palabra hasta que su rostro comienza a cambiar.

—Hermione, ¿estás-

Su mano se cierra alrededor de la atadura y sabe que ha sellado su destino.

—Gracias—dice algo tambaleante.

Tiene que mirar, no puede evitarlo. Por el rabillo del ojo, ve cómo la mira Malfoy, como el cañón de una pistola a punto de disparar. No puede evitar notar su puño fuertemente cerrado sobre el escritorio.

Se forma un nudo en su garganta.

—Claro... sí, por supuesto —dice Parvati, mirándola como si fuera un pájaro con dos cabezas antes de mirar la pizarra.

Hermione apenas la escucha. Todo lo que puede pensar en este momento, de todas las cosas, es cuánto se arrepiente de haber hecho la PEDDO.

Maldito elfo traidor.

La clase pasa como una alucinación. Nunca levanta la mano. Fracasa dos hechizos cuando se le pide que realice y siente que en todo momento podría vomitar.

No vuelve a mirar atrás. El diario está sentado en la parte superior de su escritorio, llamándole continuamente la atención como una amenaza, burlándose de ella con su vibrante color. De vez en cuando escucha un sonido desde atrás: Malfoy, encajando su pluma contra el escritorio. Esa bien podría ser ella.

—Pueden retirarse, lección finalizada.

Siente pesadez en su estómago. Una ridícula palabra vuela por todas las partes de su cerebro: corre, corre, corre, corre, corre.

Es una idiotez.

Respira, insta a la racionalidad a volver a la delantera. Intenta pensar con claridad mientras la gente se pone de pie y recoge sus cosas. ¿De qué tiene tanto miedo? Malfoy no es peligroso. Temperamental, obstinado, testarudo y pretencioso sí. Quizás un poquito inestable, ¿pero peligroso?

Ha estado pensando demasiado, simplemente puede decirle la verdad.

Respirando de forma entrecortada, se levanta lentamente. Regresará al Gran Comedor para recuperar un poco de su cordura y luego lo buscará y se lo devolverá. Como una persona adulta.

Con un resoplido decidido, toma el diario, se echa el bolso al hombro y avanza hacia la puerta con confianza. Mira el piso pasar bajo sus pies mientras camina, deslizando su pulgar a lo largo de la textura del diario.

Pensó demasiado. Eso era todo.

Ligeramente mira por encima del hombro y no esperaba ver lo que ve.

Malfoy la está siguiendo.

No, no siguiendo. Acechándola. Caminando rápido con determinación, con una mano jugando con el nudo de su corbata, desatándolo, y la otra apretada a su lado. Y sus ojos están ardiendo. Tropieza con otros estudiantes mientras camina e, incluso cuando lo miran y responden cosas como "oye, ten cuidado" nunca desvía su mirada de ella.

Hermione tropieza mientras intenta acelerar su ritmo. Se rasca los ojos mientras se queda sin aliento, haciendo lo que su tonto cerebro le ha estado diciendo que haga todo el tiempo.

Se echa a correr.

Cobarde, piensa el otro lado de ella. Pero nunca ha visto esa mirada en los ojos de alguien más.

No, se equivoca. La vió anteriormente una vez en los ojos de Bellatrix Lestrange.

Su mochila se desliza de su hombro y cae contra el suelo de piedra, derramando plumas y tinteros por el suelo, pero ahí lo deja. En cambio, ocupa su mano libre agarrando su varita, manteniéndola en el bolsillo de su falda al alcance.

—¿Hermione? —Es Harry, que está saliendo de otro salón de clases. Realmente no lo ve pero reconoce su voz, aún así no se detiene.

Por todos lados hay gente mirándola porque está corriendo. Su frecuencia cardíaca se acelera ya que cree que puede escuchar los pasos de Malfoy, pesados y rápidos sobre el suelo justo detrás de ella. También está corriendo.

En realidad, la está persiguiendo.

Mierda, mierda, mierda.

Este es el peor escenario que le pudo haber pasado por la cabeza.

Sus piernas son más largas que las de ella, también es más rápido.

Ella solo llega hasta las estatuas en la entrada antes de que él la alcance y su varita queda atrapada en su bolsillo mientras se gira, tratando de liberarse.

Y la altura que había estado admirando en mañana se convierte de repente en una desventaja, en una condena. La empuja contra la pared, arrimándola hasta que su espalda presiona fuertemente contra la piedra rugosa al lado de la entrada al Gran Comedor.

Su mano está atascada en su bolsillo y, antes de que pueda decir una sola palabra, él coloca una de esas delgadas manos que una vez la acariciaron alrededor de su garganta. Con la otra sostiene su varita presionándola debajo de su barbilla, haciendo que la madera se entierre contra su piel.

Incluso si pudiera moverse, no sería capaz de hacerlo. Ni siquiera puede hablar ni puede respirar.

Ahora simplemente sabe que estaba equivocada. Tan pero tan equivocada.

Malfoy es sumamente peligroso.

—Maldita sangresucia hija de puta—gruñe tan cerca de su rostro que siente su aliento, sacudiéndola fuertemente. Su cabeza choca contra la piedra. Y a ver estrellas por el dolor, piensa en como nunca lo había escuchado insultarla así.

Malfoy vuelve a enfocarse haciendo que la presión de la mano en su garganta aumente. Está tan cerca como aquél viernes por la noche, y a su cerebro agotado le cuesta discernir entre intimidad y violencia en este momento.

La punta de la varita le recuerda la diferencia.

—¿Tienes una puta idea? —La estampa contra la pared de nuevo— ¿La mínima idea de a dónde me enviarían? ¿de la mierda que me harían? —Baja su varita y se agacha para arrebatarle el diario de su mano inerte—. ¿Sabes lo importante que es esta maldición? —Lo sacude frente a su rostro y sus ojos le recuerdan a un loco.

Vagamente ve figuras que se acercan rápidamente por encima de su hombro. Sabe que vienen corriendo, aunque parecen moverse en cámara lenta. Sus ojos desenfocados se deslizan de nuevo a los de Malfoy, encontrándolos afilados como témpanos de hielo. Sabe que está en shock, casi petrificada. Sabe que podría salir de esta situación por sí sola si tan solo si pudiera sacudirse el entumecimiento de su cuerpo.

Pero no puede.

En su lugar, suelta un suspiro tembloroso que choca contra el rostro de Malfoy. Sus dedos se aflojan alrededor de la garganta por un segundo.

Se pregunta si los nuevos moretones cubrirán los viejos.

Las pestañas oscuras de Malfoy revolotean mientras parpadea, pero su mano apenas la ha soltado cuando un brazo lo agarra por detrás.

Amigo, amigo, amigo, ¿qué estás haciendo? —Es Theodore Nott otra vez, agarrando a Malfoy y arrastrándolo lejos, por lo que ahora que no está presionada contra él, sus rodillas se ceden y cae.

Malfoy también cae al sacudirse de Nott la tira al suelo. La siguiente figura que logra reconocer es Harry. Parece dividido entre unirse a Nott para contener a Malfoy o atenderla.

Distraídamente, piensa que lo que menos necesita es atención. Ni siquiera se siente herida, solo aturdida y mareada, como si estuviera drogada.

Harry está a sus pies, agachado y con los ojos muy abiertos.

Hermione... Hermione, ¿estás herida? ¿Estás...

—Detente, Draco, detente —oye detrás de Harry. Nott todavía tiene los brazos de Malfoy atados con su propio cuerpo.

Todo lo que dicen los demás se está fusionando. Su respiración aún no ha regresado, y todo lo que puede hacer es mirar más allá de Harry, a quien ve mover la boca pero el sonido no llega a sus oídos. Mira a Malfoy, que tiene la cara roja y la mandíbula apretada mientras lucha contra el agarre de su amigo con la vista todavía fija en ella.

Lo único a lo que se aferra es al diario, tan fuerte que parece estar abollándolo.

Ahora lo sabe.

Sabe que representa su segunda oportunidad. Una que casi le robó.

Havershim es la tercera figura que se acerca. Parece haber visto suficiente como para tomar una decisión y aturde rápidamente a Malfoy.

Lo último que ve Hermione antes de que el mundo se oscurezca es a Malfoy flácido en los brazos de Nott.


N/T: Estoy viva, por suerte jeje. ¡Feliz año!

Nos vemos el siguiente domingo.