Despierto sobresaltada. Me pareció escuchar un ruido. Me siento en la cama y enciendo la luz de la lamparita de noche. El reloj marca las 6:30 am. Falta un poco para levantarme, pero no creo que pueda dormir más después de haberme despertado. Miro hacia el otro lado de la cama preguntándome si Christian durmió conmigo anoche. No tengo idea.
Estoy exhausta.
Me levanto y me estiro.
¡Dios! Todo mi cuerpo duele.
No recuerdo que el sexo tuviese este efecto secundario. Pero no me molesta. Me agrada sentirme adolorida por ese motivo. Sonrío mientras voy hacia el baño y me lavo los dientes antes de salir hacia la cocina. Pero me detengo en la puerta de mi habitación al verlo.
Christian esta en la cocina. Está vestido con una camisa blanca y pantalón negro, de espaldas a mí. Imagino que terminando el desayuno. Se gira y coge una notica y el bolígrafo y sonríe mientras escribe algo en la nota. La deja junto al desayuno y coge la americana que está en el respaldo de una banqueta. Cuando se la pone, aún está sonriendo. Alza la vista y me ve.
—¿Ya estás despierta? —pregunta mientras se abrocha la americana y camina en mi dirección.
Pierdo la capacidad de pensar mientras camina como todo un depredador en mí dirección. Se detiene frente a mí. Alzo la vista y me pierdo en su mirada. El pasea su mirada por mi cuerpo y vuelve a detenerse en mis ojos.
—¿Cómo te sientes?
—Bien.
—¿Adolorida?
—Deliciosamente. —le sonrío.
—Me alegra escucharte decir eso. —acerca su rostro al mío. —Quiero que te pases el día pensando en lo que te hice anoche y…—me dice haciendo una pausa y dirigiéndose hacia su habitación rápidamente.
Regresa unos segundos más tarde con una bolsita de terciopelo entre las manos.
—Y también quiero que pienses todo el día en lo que hay aquí dentro. —me dice con una sonrisa misteriosa.
Se guarda la bolsita dentro de la americana. Y yo que pensaba echarle un vistazo cuando se marchara. Christian mira su reloj.
—Tengo que marcharme, no quiero llegar tarde al trabajo.
¡Mierda! ¡El trabajo! Eso me recuerda que no tengo a un candidato digno para presentarles a Men Health mañana.
—¡Christian! —le grito cuando ya está en la puerta.
El se gira hacia mi alzando las cejas.
—Si.
—Anoche te pregunté si quisieras dar una entrevista para una revista, pero con el auto roto no me contestaste. —le pregunto muy animada porque espero que después de todo lo que hemos compartido no me diga que no.
—Después que me retiré, no doy entrevistas Ana. —creo que se me acaban de caer las alitas del corazón.
Siento sus pasos caminar en mi dirección, se detiene frente a mí. No lo veo porque tengo la cabeza agachada y me quedo mirando sus impresionantes zapatos negros itaAnanos. El me pone un dedo debajo de la barbilla y me levanta la cabeza.
—¿Es tan importante para ti? —me pregunta mientras me mira fijamente.
—Sí. Es la primera vez que Elena delega algo completamente en mi y no quiero fallarle. —le digo en tono de súplica.
—¿Qué implicaría esta entrevista?
—Lo usual. —el me mira enarcando una ceja sin entender a que me refiero.
Entonces recuerdo que hace años que no da entrevistas. Así que procedo a explicarle.
—Responder unas preguntas y una sesión de fotos, ejercitándote preferiblemente, en caso de que te escojan.
—De acuerdo.
—¿Lo harás? —le pregunto emocionada.
—Solo lo haré por ti, no por Elena. Tiene muy mal carácter como para hacerle algún favor. —me dice mientras yo me río.
Mientras lo hago, lo observo sacar su teléfono del bolsillo de la americana.
—Ponme tu número. —me dice mientras me lo tiende.
Le guardo mi contacto, y también mi e-mail, por si lo necesita algún día, y después le devuelvo el teléfono. Christian marca el número que acabo de guardar y siento mi teléfono sonando en alguna parte.
—Listo, me marcho entonces.
—Voy a necesitar una foto tuya para mostrarle a los de la revista. —le digo mientras se detiene justo en la puerta.
—Puedes utilizar la que está enmarcada en mi habitación. Pero me parece que vas a necesitar unas fotos mías recientemente, no se van a creer que estoy en forma.
Cierto. Él era gordo, y estaba en un sillón de ruedas.
—Puedo hacerte unas fotos después que terminemos la clase esta tarde.
—De acuerdo. Si me necesitas, sabes cómo localizarme. —me guiña un ojo y se marcha.
Entro a su habitación y cojo la foto que está enmarcada. Tiene el rostro golpeado, pero una sonrisa en su cara mientras sostiene en alto el cinturón de campeón. Pero no puedo llevar esta foto. De repente el maletín que traía anoche con las cosas de la tienda llama mi atención. Siento curiosidad por ver que más hay dentro, pero tendrá que ser en otro momento. No puedo perder tiempo ahora.
Dejo la foto en la mesita de mi cuarto y busco mi móvil. No paso mucho trabajo encontrando exactamente la misma foto. La guardo y sonrío antes de dirigirme hacia la cocina a desayunar.
Antes de comenzar, leo la notica que me ha dejado pegada junto al desayuno.
Gracias por anoche. Hacía mucho tiempo que no me divertía tanto.
Christian.
No tenía idea de que lo de anoche fuera divertido. Excitante, desde luego había sido. Tiene una extraña forma de divertirse.
Sonrío mientras desayuno. Y en cuanto termino organizo los papeles para presentarle los candidatos a Elena. Con todas las cosas listas, me visto y salgo hacia la oficina con tiempo suficiente.
—Hola Ana. —Kate me aborda en cuanto hago mi entrada.
Llevo los papeles en una mano y en la otra el café para Elena mientras camino rápidamente hacia su oficina.
—Hola. —le contesto sin detenerme.
—Anoche desapareciste. ¿Qué te sucedió? —me pregunta mientras me detengo de inmediato y la miro.
Sé que no debo contarle nada de lo sucedido anoche, así que debo inventarme algo urgentemente.
—Al final regresé a casa, no me sentía bien.
—¿Regresaste acompañada? —inquiere alzando las cejas sugerentemente.
—Si. Christian me acompañó. —le digo mientras reanudo mi camino hacia la oficina de Elena.
—¡Christian! Me tienes que contar todo en el almuerzo. —me grita mientras yo la ignoro completamente y llego a la oficina de Elena.
Toco a su puerta y después entro.
—Buenos días Elena. —le digo muy contenta mientras cierro la puerta detrás de mí.
Camino hacia su escritorio y le dejo el café como todos los días.
—Buenos días Ana. Hoy llegaste temprano. —me dice mientras comienza a beber su café.
—Si. No veía el momento de mostrarte los candidatos para Men Fitnes.
—Pues bien veamos cuales son nuestras opciones.
Comienzo a sacar todos los papeles de las entrevistas y los esparzo sobre su enorme mesa.
—Después de terminar con las entrevistas hice un análisis de cuales serían los que atraerían más la atención de la revista. Y de ahí solo salieron dos opciones. —le digo mientras señalo las fotos de los dos candidatos.
Puedo ver como Elena frunce el ceño. Al parecer al igual que a mi no le ha gustado ninguno.
—Pero tengo una tercera opción que no estaba en la lista de candidatos. —le digo mientras ella levanta la vista de las fotos.
—Imagino que un candidato mucho mejor que estos.
—Desde luego. —le digo mientras saco mi móvil, busco la foto de Christian que he descargado y se la muestro.
—¡Christian! —me dice ella asombrada.
—Porque no. Es un ex campeón de MMA y está en mucha mejor forma que el resto de candidatos.
—¿Cómo sabes que está en mejor forma que el resto? —me pregunta con curiosidad mientras se cruza de brazos y me mira alzando una ceja.
—Porque él es mi profesor de Kick Boxing. —le confieso muy bajo con la esperanza de que no pregunte mucho.
—¿Comenzó nuevo en tu Gym?
—Tuve que mudarme repentinamente y continuar mis clases en uno que me quedase más cerca.
¿Porque pregunta tanto?
—Si crees que esta es la mejor opción para mostrarles, pues adelante. Ya que has hecho tu todo, dejaré que te encargues completamente de esto. —me dice con una sonrisa.
—¡De verdad! —le grito ansiosa.
—Sí. Sé cuanto te gusta este trabajo, ya es hora de que te encargues de un proyecto completamente.
—¡Gracias Elena! —le digo emocionada. —No te defraudaré. —le digo ansiosa.
—Sé que no lo harás. Ahora ve y prepárales una presentación para que los sorprendas mañana.
—De acuerdo. —le digo mientras salgo emocionada de su oficina hacia la mía.
Nunca imaginé que Elena confiara en mi con algo tan importante como esto. Así que con la energía y la emoción fluyendo por mis venas comienzo a trabajar arduamente en la presentación de mañana.
Mi trabajo es interrumpido una hora más tarde por un mensaje de Christian.
"Ya adivinaste lo que tengo en la bolsita"
La verdad es que había olvidado la bolsita. Ahora que el me lo recuerda, tengo curiosidad por saber que es lo que ha traído consigo. Así que decido contestarle.
"No tengo idea. ¿Me lo dirás?"
Su respuesta llega rápidamente.
"Dejare que lo pienses el resto de la mañana"
¿Que lo piense? No puedo estar pensando en la maldita bolsita cuando tengo que preparar una presentación.
Cerca del mediodía ya tengo lista la presentación para mañana y no entiendo como lo he logrado. Después del último mensaje de Christian, no he podido dejar de pensar en él. Y como si supiera que estoy pensando en el nuevamente, mi celular comienza a sonar alertándome de un mensaje de texto. Al mirar la pantalla veo que es él.
"Si quieres saber que tengo en la bolsita, ven hasta el auto y sube a la parte de atrás"
Desde luego quiero saber que tiene en la bolsita. Así que salgo rápidamente fuera de la oficina. Veo el auto y sin pensarlo dos veces abro la puerta de atrás y entro.
En cuanto me siento y cierro la puerta me quedo observándolo y mi respiración comienza a acelerarse. Esta sentado justo a mi lado, en el extremo opuesto del asiento. No sé porque, pero presiento que lo que tiene en la bolsita me hará jadear de placer.
—Hola. —me dice con una radiante sonrisa y una voz sensual.
¿Porque el me habla en este tono? Y a esta hora.
—Hola. —le respondo conteniendo un gemido.
—¿Traes bragas puestas? —me pregunta mientras mira hacia mis piernas y después nuevamente hacia mis ojos.
—Si. —le contesto con un nudo en la garganta. —No suelo venir a trabajar sin ellas, sabes. —le contesto mientras él sonríe.
No sé como se le puede ocurrir que venga a trabajar sin bragas. ¿Acaso está loco?
—Ponle el seguro a la puerta y recuéstate a ella. —me dice en voz grave mientras yo hago lo que me pide sin titubear.
Y después me quedo mirándolo fijamente sin tener idea de lo que va a hacer a continuación. Lo observo mientras lentamente acerca una mano hacia mi muslo semi descubierto.
