Disclaimer: Todo pertenece a Rick riordan.
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Un octubre olímpico
Día 10: Annabeth
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Cruza una mirada con Percy antes de llamar al timbre. Tiene llaves de la cassa, pero prefiere llamar. Supone que es su subconsciente indicándole que no siente la casa de su padre como la suya. No tiene mucho tiempo para pensar en ello de todos modos porque enseguida su madrastra abre la puerta y los invita a pasar.
La casa está toda decorada. El árbol de Navidad está lleno de adornos y además hay espumillón adornando las paredes y algunos muebles.
–Ha sido cosa de tus hermanos, que este año están creativos.
Es su padre quien dice esto mientras sale de la cocina cargado con una bandeja de canapés. Annabeth no puede evitar sentir una punzadita de envidia ante el tono de ternura que ha utilizado. Ese tono nunca lo utiliza para hablar de ella.
Sus hermanos aparecen en ese momento para enseñarles a ella y a Percy la decoración del resto de la casa. Están muy orgullosos de su trabajo y no es para menos. La verdad es que todo les ha quedado precioso. Tanto Annabeth como Percy se lo dicen. La relación con su padre y su madrastra es todavía tirante, pero sus hermanos y ella cada vez se llevan mejor y eso la hace muy feliz.
La cena transcurre con tranquilidad. Percy y ella hablan de sus respectivas carreras y de la vida en la Nueva Roma. Los niños comparten algunas anécdotas divertidas sobre sus amigos y el colegio e incluso su padre y su madrastra cuentan alguna historia sobre las navidades de su infancia. Todo es sencillo, divertido y agradable. Es todo lo que una cena familiar de Navidad debe ser. Annabeth lo hubiera creído imposible hace unos años, pero también creía imposible que la nombraran arquitecta oficial del Olimpo o la mera existencia de los romanos. Por suerte, la vida se empeña una y otra vez en mostrarle cuántas cosas no son imposibles.
