Disclaimer: Todo reconocible de Harry Potter es propiedad de J.K Rowling.

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Inevitable

Mentiras y secretos

Sin explicarse como habían terminado enredados en aquella situación, Draco y Astoria se limitaba a sonreír y asentir con la cabeza. Los señores Greengrass, así como los Malfoy, ya se encontraban construyendo castillos en el aire, mientras tomaban unas copas después de haber cenado.

—Sería prudente comenzar a construir una mansión provisional para su privacidad —decía Lucina, muy animada.

—Claro, antes de que se vengan a vivir a Malfoy Manor —apoyó Narcissa con la misma sonrisa soñadora.

—Aunque Theodore se está encargando ahorita de todo, Draco también deberá tomar partido en la administración de los negocios de su esposa —comentó Samael, enfrascado en su propia platica económica con Lucius.

—Claro, claro. Siempre dije que sería ganancia para todos el que nos volviéramos socios —aseguró el rubio, fascinado con la idea de aumentar su fortuna.

Mientras sus padres hablaban de las cosas por venir, ambos jóvenes se miraban entre si con incomodidad. No entendían como sus progenitores se tomaban con tanta naturalidad una boda que ellos mismos se habían inventado. A nadie le preocupaba cuanto tiempo llevaban juntos, o como era su relación, ni siquiera les preguntaron que opinaban al respecto. Simplemente habían decidido que se iban a casar a no ser que quisieran ser expulsados y desheredados por segunda vez.

—Creo que ya es tarde —habló Astoria, fingiendo un pequeño bostezo.

—¡Por Merlín! Si ya son los once —exclamó la madre de Draco, poniéndose de pie—. El tiempo pasa volando cuando se está pasando un rato tan agradable —comentó, con un gesto muy amable que pocos habían llegado a admirar.

—Me imagino que ya deben querer ir a descansar, ya que mañana habrá mucho que hacer para los preparativos de la boda —el balde de agua fría por parte de Samael Greengrass, hizo que ambos jóvenes temblaran. La cosa iba en serio y desmentirse era como ponerse veneno en el jugo del desayuno.

—Eh, claro, claro —balbuceó el rubio más joven.

—Será maravilloso —dijo Lucina, acercándose a su hija—. Vamos a casa —ofreció, tomando por sorpresa a la castaña.

—Pero nosotros... —quiso argumentar la aludida.

—Sabemos que han estado juntos —intervino Lucius, interrumpiendo a su futura nuera—, pero lo mejor es hacer las cosas de forma correcta.

—¿Qué? —Draco parpadeó un par de veces sin entender y al caer en cuenta, volteó a ver a su amiga, notando como ésta tenía las mejillas rojas—. No, no, no es eso. Pero tenemos nuestras cosas en otro lugar. Tenemos aún planes en el mundo muggle... —y se calló de inmediato, pues su argumento tocó la fibra sensible de los magos mayores, quienes le fulminaron con la mirada.

—¿Planes? ¿Qué planes? —exigió saber Samael, clavando sus ojos en su heredera menor.

—Tengo un ballet —contestó insegura y cerrando los ojos, como si esperase un golpe por su respuesta. Obviamente, éste nunca llegó y en dado caso nunca llegaría, pues magos tan orgullosos jamás usarían la agresión física.

—¡No puedo creer que sigas con eso! —exclamó Lucina con indignación.

—Yo no le encuentro nada de malo —se entrometió el joven Malfoy, ignorando la fulminante mirada de su padre—. Deberían de ver lo bien que lo hace.

Un pequeño silencio se formó, entre miradas de desaprobación. Era obvio que a la idea no les agradaba a sus padres y que esperaban que dejaran todas esas tonterías para retomar sus vidas como miembros de una clase purista y elitista.

El rubio suspiró con resignación. Sabía que aquello había sido mala idea desde el inicio. Se propuso a decir la verdad antes de que las cosas avanzaran más. Él no era nadie para obligar a Astoria a abandonar sus sueños por su beneficio personal. Claro que quería volver a casa. Obvio que también estaba dispuesto a casarse con una chica de bien y conseguir que así le dejaran de joder. Se había hecho a la idea desde la noche que había terminado con Hermione, pero no iba a arrastrar a la Greengrass con él, no cuando ella tenía sus propios planes.

—Es el último —habló la castaña, tomando por sorpresa incluso a Draco—. El último ballet y por eso queremos esperar para la boda y todo lo demás. Mi capricho se termina con ese ballet —declaró muy seria, mirando a sus padres en espera de aprobación.

Draco abrió la boca y luego la cerró, al no ser capaz de argumentar nada. No entendía por qué Astoria estaba llevando la mentira tan lejos, pero interiormente le agradecía que hiciera las cosas más fáciles para él.

Los señores Greengrass no parecían muy convencidos, pero tras cruzar miradas con los Malfoy, todo quedó resuelto en el aire. Ambos jóvenes notaron esa mirada en sus progenitores. Estarían vigilados hasta cumplir lo que nunca prometieron, pero que era que se esperaba de ellos. La amenaza no se tuvo que mencionar. Antes de irse sintieron el aura oscura de sus padres. Sin palabras les advertían que más que desheredados, se podían dar por muertos como todo resultara ser una mentira.

—No puedo creer en la que nos metimos —habló Draco, cuando finalmente llegaron al apartamento de la bailarina.

—Debo de aprender a no mentir con tanta rapidez —bufó Astoria, echándose al sofá y sacándose los tacones despectivamente.

—¿Por qué lo hiciste? —quiso saber y ella volteó a verlo con cierta molestia—. No digo que estuviera mal —se apresuró a decir el rubio—, de hecho, te lo agradezco.

La chica bufó y se encogió de hombros.

—Quería que las cosas salieran bien —contestó—, si desmentía sus ideas, seguro nos echaban a patadas.

Un involuntario bostezo se le escapó a la castaña y Malfoy sonrió de medio lado. Ella tenía razón y fuera lo que fuera, le agradecía que le hubiese seguido el juego a sus padres. Ya luego averiguarían como salirse del enredo en el que se había metido, por el momento lo mejor que podían hacer era ir a descansar.

O-O-O

Cuando el despertador sonó aquella mañana, Hermione se levantó como si nada pasara. Sola en su apartamento, siguió su rutina como lo hubiese hecho cualquier otro día, con o sin Draco de por medio. Todo fluyó con normalidad. Su aseo personal, su desayuno rápido y su carrera en tacones para alcanzar el transporte publico que la llevaría a la Universidad. Aunque ese vacío seguía presente en su pecho, Ginny tenía razón al asegurarle que ella podía sobrevivir perfectamente sin un hombre en su vida. Siempre había sido muy independiente. Estar sola no era el fin del mundo.

Ya algo más tranquila, se adentró en el campus con los libros en sus brazos. Tomó el rumbo más directo hacia el edificio donde tenía las primeras clases, pero en el camino, se topó con una de las fraternidades más odiosas que tenía la desgracia de conocer. Theta Alpha Theta era una fraternidad femenina, llena de feministas, que en alguna ocasión la habían invitado a unirse. Su rechazo y su pequeño discurso sobre lo que pensaba de las fraternidades, habían causado que esas chicas le odiasen profundamente.

—Buenos días, Granger —saludó cordialmente una de ellas, aunque la hipocresía podía verse reflejada en su rostro.

—Buenos días —contestó la aludida, intentando seguir con su camino y formar platica.

—Veo que te encuentras bien, muy bien de hecho —comentó otra chica, mientras la castaña pasaba a su lado.

—Disimulas muy bien lo poco que te importa que tu novio te dejara por alguien más —agregó otra de ellas.

Hermione detuvo su andar y se giró para verles con disgusto. Ella no solía comenzar peleas, mucho menos seguirlas, pero como se le antojaba decirle un par de cosas a esas niñas mimadas que solo asistían a la Universidad a socializar.

—Debe ser una humillación publica que te dejen por alguien mucho mejor y más popular —dijo la misma tipa que la había saludado, sacando de su bolso una revista de chismes. La hojeó rápidamente y le mostró a la bruja un articulo que era acompañado por una imagen de Draco y Astoria saliendo de la academia de ballet.

Aquello fue un golpe bajo que la castaña no pudo aguantar. Con la misma que se había volteado a encarar a aquellas chicas, se alejó a toda velocidad. Conteniendo las lagrimas, se apresuró a llegar al aula y se sentó en la fila de mero atrás. Aunque no lo quisiera aceptar, aún dolía en su pecho la ruptura y los recuerdos. Resultaba sencillamente difícil aceptar que ya no estaban juntos y que posiblemente él estaba feliz con alguien más. Ella había tenido muchas veces complejo de inferioridad, pero en esa ocasión, lejos de sentirse inferior a Astoria, no se explicaba como alguien tan insignificante le había arrancado a su hombre de los brazos.

—¡Buenos días! —la voz del profesor la hizo respingar.

Sacudió la cabeza un par de veces, y muy contra su voluntad, se forzó a poner atención en clases. No podía permitir que su vida se fuera al caño junto con todos sus sueños, solo porque Draco ya no formaba parte de ellos.

O-O-O

Cuando los intensos rayos de luz solar se claron por la ventana abierta, su primer impulso fue cubrirse el rostro con el brazo. No obstante, al hacerlo, notó que un par de brazos la envolvían por la cintura y el cálido aliento de alguien chocaba contra su nuca. El corazón se le detuvo en ese mismo instante y sus ojos verdes se abrieron de par en par. ¿Pero qué diantres ocurría ahí?

—¿Draco? —llamó temerosa, intentando hacer memoria de la noche anterior.

Hasta donde sus fieles recuerdos le podían decir, después de regresar de Malfoy Manor, se habían quedado charlando en la sala, hasta que el sueño le gano. Después de un vago recuerdo en el que se hacía bolita en el sillón, todo era negro y desconocido. Un escalofrío la recorrió.

—¿Hum? —el bufido por parte del rubio fue muy vago, se notaba que seguía medio dormido.

—¡Draco! —repitió ahora con tono molesto, dándole un codazo para quitarlo de en sima.

—¿Qué diantres? —se quejó él.

—¿Cómo que qué? —gruñó y se incorporó en la cama, para luego mirarle con reproche.

El aludido, aun recostado, se le quedó viendo por varios segundos en los que su cerebro procesaba lo que ocurría. Cuando cayó en cuenta, negó varias veces con la cabeza, haciendo que su cabello se desordenara todavía más.

—No es lo que estás pensando —se apresuró a decir—. Anoche te dormiste en el sofá y te traje a la cama para que descansaras, me acosté un poco y me quedé dormido sin querer. Eso fue todo —explicó, señalándose a si mismo, demostrando que aún traía la ropa de vestir.

Astoria se miró a si misma y comprobó que ella también estaba vestida como había ido a la cena a Malfoy Manor. Draco decía la verdad, no había razones para para no creerle o confiar en él.

—Lo siento —murmuró, desviando la mirada. Sus mejillas se tiñeron ligeramente por la vergüenza de los pensamientos que cruzaron su cabeza.

El rubio se quedó en silencio, sin apartar sus ojos de ella. Adivinaba lo que había pensado y le resultaba imposible no divagar en la posibilidad. Incluso sus padres lo habían insinuado la noche anterior.

Se acercó a ella, sin saber muy bien por qué, y la empujó delicadamente para hacerla caer en la cama. La castaña parpadeó, sin entender. Él se inclinó como si le fuese a besar. El pulso de ambos se aceleró considerablemente, pero el tiempo parecía correr en con mayor lentitud. Sus rostros estaban a solo unos centímetros de distancia. Era cuestión de segundos para que sus labios chocaran, mas eso nunca ocurrió.

—Perdón —dijo Draco, depositando el beso en la rosada mejilla de la chica, para enseguida levantarse y abandonar la habitación, dejando a una Greengrass muy desconcertada y sonrojada.

O-O-O

Media hora después, ambos se encontraban en la cocina del departamento, pretendiendo que nada había pasado. Ninguno mencionaba nada del problema en el que se habían metido con sus padres y mucho menos hablaban de lo ocurrido en el cuarto de Astoria. Sus comportamiento era normal y desenvuelto, como el de cualquier persona que prepararse el desayuno.

—Gracias —susurró la castaña cuando Malfoy tomó de la alacena el recipiente que no podía alcanzar.

Él tan solo le sonrió amablemente y siguió con lo suyo, preguntándose por qué no la había cargado como de costumbre. La joven bailarina se preguntaba lo mismo en silencio. Extrañamente se sentía algo herida por aquel comportamiento. Sabía que era una tontería, pero cuando el rubio la tomaba de la cintura y la levantaba, se sentía especial. Hasta ese momento caía en cuenta de aquello.

Buscando aligerar la tensión que percibía, Draco fue a prender el televisor. La voz de los presentadores de noticias rompió el silencio que se había formado entre los dos, aunque ninguno puso atención a lo que se decía. Las serpientes terminaron de preparar la comida, escuchando de fondo cosas sobre el gobierno británico, la Reina, guerras en medio oriente, y demás. Nada era particularmente interesante, al menos no lo fue hasta que Astoria escuchó mencionar cierto nombre.

—"En otras noticias relacionadas con el mundo de las bellas artes" —decía la reportera rubia en su sección especial—. "La Señora Dikeson, directora artística y miembro del comité corporativo de la compañía nacional de ballet, ha anunciado su retiro esta mañana. Aquí está su inesperada e impactante declaración" —anunció y la imagen en la pantalla cambió.

La bailarina tiró sin mucho cuidado el plato sobre la mesa, para enseguida correr a la sala a ver la noticia. Sus manos temblorosas tomaron el control y subió el volumen para escuchar mejor. Su acompañante la siguió, intrigado y contempló con ella la escena: Una mujersita delgada y menuda, con una abundante cabellera blanca, sonreía a las cámaras desde detrás de sus lentes cuadrados. Detrás de ella se encontraba un muy serio Ethan.

—"Después de treinta años de trabajar con la compañía de ballet y toda una vida de estar en los teatros, creo que el tiempo de retirarme ha llegado. Ha sido un sueño hecho realidad para mí el poder dedicar mi vida a lo que más amo. No me llevo ningún arrepentimiento y se que mi legado quedará en buenas manos" —dijo suavemente—. "El escenario que tanto he cuidado todos estos años, quedará en las capaces y talentosas manos de nuestro coreografo, Ethan Karamakov" —agregó, dando un paso hacia un lado para que el hombre rubio se acercara a las cámaras.

Astoria dejó caer el control y se le cortó la respiración.

—"Aprecio infinitamente la oportunidad y confianza de la señora Dikenson al dejarme al frente. Prometo que no la defraudaré ni a ella, ni al publico que espera ansioso la próxima obra que realizaremos aquí" —habló Ethan, con un amable gesto hacia los reporteros que cubrían la nota.

—"Las criticas y los comentarios no se hicieron esperar tras semejante declaración" —intervino la voz de la reportera—. "Muchos opositores a la idea argumentan que Karamakov es demasiado tradicionalista para la época moderna y que sus escándalos personales como figura publica podrían afectar la buena imagen de la compañía. Por otro lado, varios aseguran que su talento innato lo respalda. A eso hay que añadirle los rumores de que el ballet británico realizará una gira al acabar la siguiente temporada, por lo que muchos especulan que Karamakov es el director perfecto para proyectar al resto del mundo la calidad que tienen la compañía" —siguió con la noticia, añadiendo datos sin importancia y luego pasando a otros temas que ya nada tenían que ver.

—Creo que ahora si es tu jefe —comentó Draco, sin saber muy bien que decir.

La castaña aún lucía demasiado conmocionada por lo que acaba de escuchar y el sonido de su celular la hizo saltar del susto. El chico fue a por el aparato a la cocina y se le llevo para que contestara.

—Hola —saludó sin antes ver el identificador de llamadas.

¿Ya has visto las noticias? —preguntó la clara voz de Ethan al otro lado del móvil.

—Si, si —contestó sin encontrar mejores palabras.

No te escuchas muy animada. ¿Te encuentras bien? — quiso saber el nuevo director artístico.

—Lo siento —se disculpó enseguida—. Claro que me encuentro bien y ¡felicidades! —dijo ya un tono más animado, aunque fingido.

Gracias —respondió no muy convencido—. ¿Crees tener tiempo para que vayamos a tomar un café? Hay un par de cosas de las que me gustaría hablar contigo, si es que puedes —la invitó.

—¿Un café? —repitió Astoria, volteando a ver el desayuno—. ¿Ahorita?

Estoy en el estacionamiento de tu edificio —confesó y se escuchó la alarma del carro al ser cerrado.

—No estoy lista, ni siquiera estoy presentable —argumentó, entre nerviosa e incomoda. Siempre supo que él sabía donde vivía, más nunca antes la había ido a visitar. Sencillamente no había razones para que lo hiciera. Ellos eran poco menos que amigos y compañeros de trabajo.

Puedo esperar —insistió.

—Estaba por desayunar —siguió excusándose para no tener que rechazar directamente la invitación.

¿Desayunas a medio día? —preguntó un poco bromista.

La castaña volteó a ver el reloj para comprobar que ya era considerablemente tarde. ¿Tanto había dormido? No se culpaba. Había estado muy cómoda en los brazos de Draco hasta que el sol la molestó. Que hablando del rubio, éste le miraba con una ceja enarcada y gesto de reprobación. Era obvio que no quería que saliera con Karamakov, pero no tenía derecho a argumentar nada.

—Si, bueno, anoche tuvo un compromiso familiar que se extendió demasiado y no dormí muy bien —explicó.

Podemos ir a comer entonces —evidentemente Ethan no iba a desistir tan fácil.

—Está bien —terminó aceptando con resignación y sintiendo un horrible malestar en su estomago al notar como Draco bufaba y se marchaba hacia las habitaciones. ¿Esos eran celos? ¿Y ella sentía culpa?

Perfecto —dijo arrogante y el timbre sonó.

A la bailarina se le cayó el celular de las manos. No tenía que preguntar quien era. Fue directo a la puerta y con algo de torpeza logró girar el picaporte. Por lo visto, no estaba coordinando muy bien esa mañana.

—Hola —volvió a saludar al ver al hombre rubio en su portal.

—Te ves muy bien para no estar presentable —alagó con un descarado coqueteo que incomodó a la castaña.

—Me arreglaba mientras hablábamos —mintió con total naturalidad—. Una chica no puede perder el glamour y menos ante su nuevo jefe —añadió, aún parada en la puerta, sin dejar entrar a Ethan al departamento.

—Oficialmente aún no lo soy —comentó jovial—. Todavía falta papeleo y conseguir un nuevo coreografo —dijo con una mueca en la que se notaba el disgusto.

—¿Por qué aceptar el cargo de director si lo que quieres es dirigir la coreografía? —preguntó Astoia, ladeando la cabeza.

—De eso podemos hablar durante la comida —respondió, arqueando ambas cejas para recordarle por qué estaba ahí.

—¡Oh! ¡Si! —exclamó, girándose para ir por su bolso y volver a la entrada antes de que él pudiera poner un pie dentro. No se despidió de Draco, ni volteó hacia atrás al cerrar la puertas a sus espaldas.

—Vamos —animó Ethan, comenzando a caminar hacia el elevador con ella.

Mientras tanto, en el apartamento, el nuevamente heredero Malfoy volvió a la sala, tan solo para comprobar que Astoria se había ido con aquel tipo. La sensación que lo invadía era extraña. Se sentía como su una bestia estuviera enjaulada en su pecho, rugiendo y escupiendo fuego. El sentido común le decía que tenía celos, pero se negaba a aceptarlo. La bailarina tan solo era una buena amiga. No había una verdadera razón para estar celoso, o al menos de eso se quería convencer.

O-O-O

En la Universidad, Hermione se encontraba comiendo de mala gana en la cafetería. Las chicas de Theta Alpha Theta la seguían molestando sin piedad, sentadas a no mucha distancia de ella, la señalaban y se reían. ¡Tan inmaduras! La tenían fastidia y de mal humor. Bien decían que las desgracias siempre caían juntas. No bastaba con que Draco la hubiese dejado, sino que ahora se tenía que aguantar las burlas de unas niñas tontas.

Rodó los ojos con molestia y se llevó otro bocado a la boca, mientras leía el libro de la clase de psicología. Estudiar era su único refugio en esos momentos.

—¡Hermione! —la llamó alguien, a quien ella no fue capaz de distinguir de buenas a primeras, aunque la voz resultó ser muy familiar—. ¡Aquí! —insistió y entonces sus ojos avellanas se toparon con cierto pelirrojo.

—¡Ron! —respondió, gratamente sorprendida de que él se encontrara ahí.

El Weasley atravesó media cafetería, ignorando olímpicamente las miradas, y llegó hasta la mesa donde la castaña estaba.

—Y yo que venía a invitarte a comer —dijo al ver el plato pasta frente a la chica.

—Me puedes hacer compañía —ofreció ella, esbozando una ligera sonrisa.

El chico se rascó detrás de la cabeza, con algo de nerviosismo. Harry lo había llenado de valor para animarlo a ir ahí y pese a que sus planes no iban como lo había planeado en el camino, su vena Gryffindor no le permitía echarse para atrás como un cobarde. Quería estar con Hermione y lo iba a hacer sin importar los detalles. Así que sonrió y se sentó frente a ella.

—¿Sobre que lees? —preguntó para comenzar la conversación.

La chica enfatizó más su sonrisa. Como buena estudiante que siempre había sido, no había nada mejor que explicarle los temas a alguien más, pues eso demostraba una mayor compresión de la materia. Por ello, cuando Ron le preguntó, no tardó mucho en comenzar a hablar sobre el tema que estaba estudiando. Era obvio que el pelirrojo no entendía la mayor parte de lo que estaba escuchando, pero Hermione agradecía la atención que le ponía.

Por un momento ambos se sintieron como si estuviesen de vuelta en Hogwarts, sentados en la mesa del Gran Comedor.

O-O-O

En uno de los restaurantes más lujosos de Londres, Astoria se sentía fuera de lugar. Ethan la había llevado a comer al último lugar que ella hubiese esperado. Se sentía Cenicienta en esos momentos, toda andrajosa en comparación con la gente elegante que estaba a su alrededor. Obviamente que alguien como ella estaba acostumbrada a ese ambiente, incluso a situaciones más ostentosas y elitistas, pero generalmente le avisaban para poder estar a la altura.

—Ya quita esa cara —le dijo el hombre rubio, notando la mueca en su rostro.

—Si no viniera contigo, me echarían a patadas de aquí —comentó sin cambiar su expresión.

—Pero estás conmigo, así que no te preocupes —respondió él, sonriente.

La castaña no le devolvió la sonrisa, pero si suavizó su gesto. Desde hacía unas horas que había entendido lo que su coreografo quería decirle, pero ella no quería darle esa oportunidad.

—Yo no me preocupo —aseguró, tomando un poco de agua—. Preocupado deberías de estar tú de los paparazzis, no es bueno que el director de la compañía ande en escándalos.

—Dudo mucho que alguno de ellos pueda entrar aquí —argumentó él a su favor. Ella ya no le respondió, tan sólo se limitó a llevarse una buena porción de ensalada a la boca, masticando muy lentamente para no tener que hablar—. Aún no me respondes lo que te pregunté hace unos momentos —le recordó.

Astoria se hizo la loca y siguió masticando, hasta que la acción rayó en lo ridículo. No le quedó otra más que pasar bocado, para luego limpiarse la boca con delicadeza, notando el nudo en su estomago. Karamakov la seguía mirando con intensidad.

—No creo que sea posible —contestó sin mirarlo.

Ethan le había explicado ya el por qué había tomado el puesto como director y no había disimulado en lo más mínimo su declaración de amor. "Quiero que seas la estrella más brillante de mi escenario" le había dicho textualmente, con un tono que nada tenía que ver con un interés profesional. Luego de eso había preguntado por su asunto familiar. Ella prefirió explicar las cosas a medias, que seguir hablando de los planes que tenía el hombre para convertirla en primadona. Sin embargo, no esperaba que éste le diera vuelta a la conversación, pidiendo conocer a sus padres.

—¿Por qué no? —quiso saber, sin perder la calma.

—Dudo mucho que ellos quieran —explicó, sin entrar en detalles. Más que nada porque no podía.

—No puedes decir eso con tanta seguridad —insistió el mayor—. Me has dicho que a ellos no les gustó tu decisión sobre el ballet, pero siempre pueden recapacitar. Estoy seguro de que si charlamos, yo podría hacerles ver que tienes un gran futuro como bailarina —agregó sin quitar el dedo del renglón.

Astoria suspiró, si antes no tenía apetito, ahora estaba peor. Quería salir corriendo de ese lugar y no tener que seguir con esa conversación. Siendo honesta con ella misma, se sentía acosada por Ethan.

—No es eso —dijo, retorciendo la servilleta entre sus manos.

—¿Entonces qué? —el rubio no iba a desistir, eso era claro.

—Simplemente no se puede —reiteró—. No me abrirían la puerta de la casa...—"si voy acompañada de un muggle" completó la oración en su cabeza, mordiéndose el labio inferior con inseguridad.

—Eres su hija, ya entenderán —le dio ánimos el hombre—. Deja que yo haga mi magia —alardeó y no se le podía negar que al menos para hablar y envolver a la gente, Ethan tenía un don.

"Si tuvieras magia de verdad, no habría problemas" pensó Astoria, suspirando y negando con la cabeza. —No funcionará. Sin importar lo que digas, mis padres son muy firmes y no cambiarán su posición.

—Al menos dejame intentarlo y hablar con ellos —la insistencia estaba volviendo loca a la castaña. Estaba intentando ser lo más cordial posible, pues finalmente le debía toda su carrera a ese hombre, pero no había forma de cumplir lo que éste le pedía.

Astoria inhalo profundamente, armándose de valor para continuar. Posiblemente se arrepentiría de lo que estaba a punto de decir, mas no le quedaba otra opción. Sus padres no solo nunca aprobarían su vocación como bailarina, sino que la matarían como se le ocurriera andar con un muggle. Además que aún tenía el problema de su espontaneo compromiso con Draco.

—Ethan, voy a ser clara y espero que no me lo tomes a mal —comenzó a decir, no muy segura—. Mis padres son muy elitistas —"puristas" se corrigió mentalmente—. Sé que tú y medio reino unido está convencido de que soy una niña pueblerina que vino a probar suerte a la ciudad, pero esa jamás fue la verdad. Mi familia pertenece a una esfera social muy selecta y privada, que preferirían borrarme del mapa antes de verse involucrados con gente que... —titubeó, buscando las palabras adecuadas—... no está a su nivel —dijo, pese a que sabía que eso se había escuchado muy mal.

El hombre se le quedó viendo como si pensara que se trataba de una broma. ¿Había escuchado bien? ¿La linda Greengrass provenía de una familia burguesa y conservadora? Eso sin duda explicabas muchas cosas, pero seguía siendo difícil de entender.

—¿Me estás diciendo que no tengo el nivel suficiente para estar frente a tus padres? —preguntó aún dudoso y con el rostro más serio, casi molesto.

—No lo digo yo, pero si lo dirían ellos —se apresuró a responder—. Tan solo intento evitar que ocurra una desgracia, porque me caes bien y cuando digo que mis padres son gente con la que no se juega, no lo estoy diciendo para hacerlos sonar importante —agregó, recordando vagamente los acontecimientos de la guerra. ¿A cuantas personas no mataron por sobrevivir? ¿A cuantos no engañaron y embaucaron para mantener su estatus? Los Greengrass tenían más amor propio que un sentido definido del bien y del mal.

—Eso me suena a que son mafiosos —comentó, añadiendo un tono jovial que no sirvió de nada. Astoria ni siquiera sonrió, estaba hablando en serio—. ¿Es broma, no? —cuestionó, ya algo intrigado por el rumbo de aquella conversación.

—Lo siento mucho Ethan, pero no es broma —contestó, suspirando—. Te agradezco todo lo que has hecho por mí estos años, pero las cosas no pueden ser como tú quieres. Ni siquiera pueden ser como yo quiero —declaró y desvió la mirada—. Fue un lindo sueño, pero era inevitable que tarde que temprano terminara.

El mayor se quedó en silencio por un rato. Tomó algo de vino y analizó aquellas palabras. Cuando la señora Dikenson le ofreció la directiva, él la aceptó pensando en Astoria. Él la quería, siempre había estado interesado en ella en más de una forma. La chica cumplía sus expectativas como artista y como persona. Se había convencido de que ellos dos podían ser la versión moderna de Natasha y Sebastian. Le estaba ofreciendo toda una compañía de ballet y su amor, pero aparentemente no era suficiente para ella.

—¿Entonces? —ya no supo como continuar, se sentía como si el piso se hubiese desmoronado bajo sus pies.

—Estoy segura de que Isis está dispuesta a interpretar ambos papeles en la obra —dijo y se puso de pie. No le hubiese gustado hacer eso, pero la circunstancias lo ameritaban. Después de lo que acaba de pasar, no podía simplemente actuar como si nada.

Tomó sus cosas y, ante la mirada de los curiosos clientes del restaurante, abandonó las instalaciones, dejando a Karamakov con el corazón en la mano. Ahí se quedaban sus sueños e ilusiones. ¿Por qué lo había hecho? No estaba del todo segura de los por qués, mas sabía que era lo correcto. Pudo haber seguido el juego de Ethan. Pudo haberse aprovechado de la privilegiada situación y volverse la primadona de una compañía nacional. Pudo haber brillado en el escenario como él quería. Pudo hacerlo... de verdad que pudo. Sin embargo, no se atrevió.