CAPÍTULO XI

Terry se había quedado intrigado al ver a Nikolas despedirse de una mujer desconocida en el hotel, y más aún, al intentar sin éxito, preguntarle sobre su origen. El hombre no respondió a sus cuestionamientos. Sin embargo, no desistiría en salirse con la suya.

Había salido avante de responder al pedirle que le presentara a su singular amiga, a lo cual él había accedido, con la firme intención de saber más sobre la relación que le unía a la joven de cabello negro que había visto salir apresuradamente del hotel en Nueva York.

Se encontraban en el café-bar, un poco antes de la hora de salida de la joven.

El local estaba lleno de gente, por lo que pasaron como dos comensales más con ganas de divertirse. Habían pedido una botella de vino y observaban con atención al hombre que tocaba el piano, mientras una de las chicas, seguramente del público, cantaba a su lado.

Todo mundo coreaba con la mujer.

Le había solicitado a otra de las meseras que anunciara su llegada a Aisha. La risueña chica les había confirmado que la joven estaría libre en una hora más. Ambos asintieron educadamente.

- ¿Al menos podrías decirme quién es ella no? – Terry volvió a insistirle a Nikolas sobre el tema.

- Terry, te he dicho que es una conocida de hace tiempo que no debería requerir tu mínima atención – el hombre de ojos café no despegó su vista del show.

- Has dicho que no es cualquier cosa que yo tenga una amiga. Entonces, te repito lo mismo: no es común que tú tengas conocidas. Jamás habías dicho algo sobre viejas amistades – su ceja se arqueó analizando a su acompañante.

- Es una mujer que conocí hace mucho tiempo, en Europa y con la que tuvimos asuntos profesionales que atender. Después se perdió el contacto y eso es todo Terry. No hubo una relación más allá de una efímera amistad. ¿Te queda más claro lo qué es? – siguió sin mirarlo fijamente.

El inglés iba a decir algo cuando varios gritos de júbilo anunciaban que el espectáculo tenía un cambio.

Terry se quedó sorprendido de ver que su amiga estaba sentada frente al piano y comenzaba a tocar, con una sonrisa en los labios.

Al parecer ya le había visto.

La música era muy tranquila y no reconoció la canción, pero le había gustado su forma de cantar. Le hizo señas a Nikolas de que la viera, mientras le platicaba más acerca de ella:

- Así que es ella. Pues si que tienes buen gusto, Grandchester – su mente estaba inmerso en otras cuestiones mucho más urgentes, pero se dio tiempo para observarla.

- Bueno, ahora me entero que canta. Aunque, no recuerdo haberle preguntado qué es lo que hace aquí – se quedó pensativo mientras la música seguía.

La joven terminó con una leve reverencia mientras todos aplaudían. Le pidieron otra interpretación y debido a la insistencia, continuó con un par de canciones más. Después se retiró.

Terry vio que su reloj pasaba más allá de la medianoche y supo que debían prepararse para salir, así que solicitó la cuenta y la pagó. Vio que la joven se acercaba a ellos.

- Hola, Aisha, te presento a Nikolas. Un amigo de hace mucho tiempo – ambos jóvenes se saludaron respetuosamente.

- Es un placer. Terry me ha hablado de ti – comentó con cierta picardía Nikolas.

- Me lo puedo imaginar. Sus referencias son bastante específicas, ahora ¿a qué debo el honor de su visita? – preguntó con cierta sorpresa.

- Bueno, tenía curiosidad de conocer a tan bella jovencita – le contestó el amigo de Terry mientras le observaba con interés.

- Yo también la sigo conociendo cada día más. Ahora resulta que canta aquí en este lugar. No sabía que hacías eso – el comentario mordaz de Terry la hizo soltar un suspiro de resignación.

- ¿Acaso tengo que darte santo y seña de lo que hago? – respondió con cierto tono de reproche.

- No necesariamente, pero, no me has dicho qué haces aquí específicamente – le replicó serio.

- Creo que mejor nos retiramos chicos – Nikolas salió al quite.

No tenía ganas de verlos pelear.

Ahora entendía por qué la chica era desafiante. Teniendo semejante personaje sacándole de sus casillas, no era nada fácil.

Los tres salieron mientras Nikolas y Aisha se acercaban para platicar un poco más.

La joven encontró que el amigo del inglés era mucho menos difícil de tratar. Nikolas le contó brevemente, del éxito que habían tenido en la última exposición de pinturas, mientras abordaban el auto.

La joven decidió subir en la parte posterior.

- ¿Hacia dónde iremos? – preguntó la joven mientras veía por la ventana.

- Queremos invitarte a cenar – respondió Nikolas al ver que Terry iba callado.

Llegaron a un restaurante céntrico y cuya fachada se veía bastante exclusiva.

El inglés solicitó un lugar privado para que pudieran charlar a gusto y sin mucho ruido. Les condujeron a su mesa y esperaron a que la joven pidiera algo:

- ¿No les molesta que coma frente a ustedes? – su pregunta les hizo sonreír.

- Para nada. Adelante, tú puedes comer lo que quieras – volvió a responder Nikolas. Le había caído bien la chica.

Mientras la joven cenaba una ligera ensalada y tomaba una copa de vino, les escuchó atentamente cuando le platicaban de vivencias pasadas o temas generales.

- Vaya que ha de ser realmente interesante esto del mundo artístico – comentó con admiración la joven.

- Es lo mismo que sientes cuando te paras a cantar frente a un piano. Por cierto, cantas muy bien – respondió Nikolas adivinando la reacción de su amigo.

- ¿Eres parte del repertorio musical del bar? – preguntó levantando una ceja Terry.

- No precisamente. En realidad mi trabajo consiste en estar frente a la caja de pagos, pero mis compañeros a veces me invitan a participar con ellos. Es un pasatiempo más que nada. Agradezco tu comentario, Nikolas – continuó con su cena.

La reunión siguió en una cordialidad aparente y saliendo de ahí la chica se despidió. Nuevamente le preguntaron si la llevaban a su casa pero ella se negó, aludiendo que haría otras actividades. Se despidieron amablemente y quedaron de verse en otro momento.

Cuando se quedaron solos, Terry acordó con Nikolas de verse después.

Le dejó en claro que le debía cierta explicación, mientras su amigo sonreía de lado. Esperaba comunicarse con ella en cualquier momento.


Albert se encontraba de un humor incontenible.

No había podido encontrar a la tal Loretta, amiga de la rubia. Había enviado a investigar algo sobre la estudiante universitaria y le habían dado todos los datos de la chica en Ginebra, así como el motivo de su ausencia debido a vacaciones escolares.

Sintió hervir su sangre de furia cuando le dijeron que la chica había partido la misma noche que él, pero más tarde. Había pensado inicialmente si su protegida estaría con ella, pero lo descartó.

Intuía que estaba en Estados Unidos y no tardaría en descubrir la existencia de Terry.

- ¡No te saldrás con la tuya, Candy! – daba vueltas como una bestia enjaulada.

Se dirigió a la recámara que pertenecía a ella y hurgó entre todos los cajones y rincones que pudo divisar.

Nada.

Ningún papel o indicio que le pudiera dar una pista de su paradero.

Tomó toda su ropa y la llevó a la chimenea. Atizó el fuego mientras quemaba las prendas, con un odio incontenible. Lágrimas de impotencia resbalaban por su varonil rostro.

Esperaba esa noche al sujeto que le había recomendado Marcus.

Le había citado en un lugar abandonado en uno de los suburbios menos tranquilos de Ginebra. Faltaba una hora para reunirse con él, así que terminó de quemar todas sus pertenencias.

Se alistó para salir, mientras tomaba una bolsa conteniendo dinero.

Cambió un poco su aspecto y recogió su cabello bajo una gorra. Tomó su auto y se enfiló hacia la dirección que le había dado Marcus. Su mirada era de infinito coraje y odio. El solo hecho de pensar que ya pudiese estar entre sus brazos le hacía sentir la enorme necesidad de actuar impulsivamente, entregándose a una despiadada caza de sangre. Pero debía calmarse y pensar en frío. No tardaría en ir pronto a Nueva York e iniciar él mismo, la búsqueda por su parte. Tenía localizado a Terry y esperaba darle pronto una sorpresa.

El edificio donde se verían carecía de luz.

Era una vieja fábrica de maquinaria y no había sido utilizada en mucho tiempo. Las paredes lucían descuidadas y había indicios de que probablemente el lugar había sido arrasado por el incendio. Dejó el coche aparcado cerca de ahí y se dirigió a la entrada trasera del lugar. Pasó por innumerables pasadizos y cuartos, mientras veía máquinas oxidadas y viejas.

Sacó su celular y marcó:

- Le estoy esperando – le dijo una voz chillona al otro lado de la línea, dándole las coordenadas de donde se encontraba. Albert llegó al cuarto indicado y le vio sentado sobre una destartalada mesa con dos sillas.

Gath Forrester era un hombre de edad madura, aproximadamente treinta y cinco años, de aspecto punk.

Tenía los cabellos pintados de color rojo y lucía pantalones desaliñados, con una playera corta y un chaleco de mezclilla. Era un tipo duro y se vendía al mejor postor. No tenía el menor respeto por los mandamientos vampíricos y se ofrecía gustosamente a ejercer de sicario para otros que deseaban desaparecer molestos enemigos.

Había podido ocultarse, actuando por medio de humanos de su misma calaña, que pudiesen acabar con sus encargos, debido a su habilidad de moverse durante el día. La paga que les daba era bastante buena y se procuraba actuar con muchísima discreción.

Había recibido hace poco la llamada de un acaudalado empresario.

Acabar con un vampiro.

El misterioso hombre no quiso dar su identidad verdadera, sin embargo, no le preocupaba. Negocios eran negocios y su interés era meramente monetario. Le esperaba esa noche en un antiguo edificio abandonado. Se encontraba solo.

Albert llegó con una mochila y se dirigió a buscarlo.

Cuando se encontraron, Gath no dudó por un instante que se encontraba ante un vampiro bastante poderoso y seguramente multimillonario. Se sentaron, mientras el rubio le explicaba a grandes rasgos lo que necesitaba:

- No te llevará mucho acabarlo. Esta es la información y detalle de sus movimientos - Albert le puso una carpeta con papeles sobre el destartalado escritorio.

- ¿De cuántos estamos hablando? - preguntó sin ocultar su interés.

- Son dos. Él y otro vampiro. Son bastante solitarios y no me interesa si acabas con el otro - el millonario estaba ansioso.

- ¿Qué tan peligrosos son? - necesitaba medir a sus objetivos.

- Andan solos casi todo el tiempo. No son de cuidado. Empresarios dedicados al arte, sin embargo, toma tus precauciones. No escatimes en gastos. Tienes todo mi apoyo - le respondió con un dejo de desprecio por ellos.

- ¿Cuánto es la recompensa? - pregunto Gath para saber qué tan importante era acabar con ellos.

- Te daré un millón de dólares - notó como brillaban los ojos del hombre.

- Trato hecho, aunque necesito un adelanto, usted sabe, para gastos operativos comunes, además de que debemos viajar pronto. Espero tener listo todo para mi traslado a Nueva York - le mostró una hilera de dientes podridos. Albert ocultó su impresión de desagrado.

- Todo está arreglado para que viajes sin ningún problema. Te daré doscientos mil dólares para que inicies - sacó el fajo de billetes. Para eso pagaría en efectivo e iba preparado. No se expondría a dejar documentos con sus datos.

- Planeo viajar en tres noches más. Le mantendré al tanto de los avances - la respuesta daba por sentado que el acuerdo estaba hecho y la reunión se había terminado.

- No quiero fallas. Me han recomendado ampliamente tus servicios. Esos sujetos deben estar muertos lo más pronto posible - le recordó con una severa mirada.

- No tienes por qué preocuparte. Sé lo que hago - le contestó molesto.

Albert se despidió de él y se retiró.

En cuanto Gath se percató que ya no estaba, hizo una llamada:

- Tengo un encargo para tus muchachos en Nueva York. Los veo al rato en el bar - colgó y terminó de hacer lo que tenía pendiente.

Tomó sus cosas y salió.

En el lugar le esperaba un tipo con cara de pocos amigos.

La pinta era la de un rufián a juzgar por sus tatuajes malhechos y su vestimenta fachosa. Gath le explicó lo que necesitaba. Al oír lo de la paga, esbozó una sonrisa. Debía viajar inmediatamente a Nueva York para iniciar la operación.

Actuaría con un grupo selectivo de gente especializada en turbias actividades. No creyó conveniente tomar medidas más drásticas, puesto que se trataba de dos sujetos, aparentemente sin entrañar riesgo alguno.


Candy se encontraba aún hospedada en el hotel.

Habían pasado un par de noches desde que había visto a Terry en Nueva York, percatándose del peligro que se cernía sobre su cabeza, al haber comprendido que Albert le quería desaparecer. Seguía asombrada de haberlo visto caminando aún.

¿Qué había pasado con su hijo?

Tenía muchas dudas. Además, estaba el hecho de que la habían salvado aquella noche de sufrir un serio ataque. Melina le había dejado demasiado intrigada. Sabía que era una mujer de sumo cuidado.

Recordó la última comunicación que tuvo con Loretta:

Después de hacerle entender que el dinero era para ella, y que no aceptaría su retorno sin sentirse ofendida, puesto que la lituana le había recriminado tan alarmante cantidad contenida en ese cheque, la joven estudiante la había preguntado sobre su situación actual:

- ¿Corine que sucede? – su amiga estaba confundida.

- Por favor, Loretta, no regreses a Suiza por ahora. Sé que estarás todo el verano allá y eso nos dará un margen de tiempo para que Karl desista de la idea de buscarte y quiera hacerte daño. ¡No me lo perdonaría amiga! – su voz se quebró por el miedo.

- No debes preocuparte. Sé cuidarme muy bien y en la escuela dejé dicho que me iría a otra parte con mis papás. No a Lituania. Solo espero que Michael no se lo cruce directamente. Ahí tendríamos problemas – Candy rogó al cielo que su problemática no pusiera en peligro la vida de otras personas.

- Por favor, necesito que me escribas del diario para saber de ti, ¿quieres? No estaré tranquila hasta saber que mi marido se encuentre aquí. ¡Te lo suplico! – su amiga se lo prometió, dándole un poco más de tranquilidad.

Quedaron en seguir manteniendo el contacto y se despidieron cariñosamente.

Sostenía entre sus manos la tarjeta de Nikolas Ash, el enigmático personaje que había conocido justo esa misma noche y que, a la postre, había resultado ser amigo del actor. Encima, era seguro que Albert ya estaba al tanto de su ausencia y no tardaría en irla a buscar a Nueva York, sabiendo que ahí vivía Terry. Tenía que ocultarse y avisarle al actor que su vida corría peligro:

- ¿Qué será de tu vida ahora? - se preguntaba intrigada.

- Nikolas Ash. ¡Cielos! ¿Qué hago? Seguramente Albert ya estará en camino hacia Estados Unidos, tengo que actuar rápido - tenía el teléfono del hotel en la mano, pero llevaba minutos pensándoselo mucho.

Dejando de lado su temor, marcó el número telefónico de la tarjeta y el tiempo para que entrara la llamada se le antojó eterno. Finalmente, una elegante y masculina voz contestó al otro lado de la línea:

- ¿Diga? - respondió serenamente su interlocutor.

- Buenas noches, señor Ash. Le conocí hace poco aquí en Nueva York, soy Irina Keller ¿me recuerda? - su voz dejaba sentir una sutil línea de excitación.

- Por supuesto que la recuerdo. Esperaba su llamada - respondió de manera enigmática el hombre.

- Necesito verlo cuanto antes. Es de extrema urgencia lo que tengo que decirle - Candy se encontraba demasiado exaltada.

- Con gusto, señorita Keller. Creo que debemos hablar esta misma noche. ¿Le parece bien si la veo ahí mismo en el hotel? Claro está, en un lugar menos concurrido. ¿Qué le parece en su habitación? - lo que menos le importaba a la rubia era el decoro; aceptó inmediatamente.

Mientras esperaba a que llegara, salió a la calle y buscó un teléfono público.

Marcó a Suiza y nadie le respondió. Se sintió por un instante aliviada, pero sabía que debía actuar cuanto antes. Caminó brevemente por la calle, haciendo tiempo para esperar a Nikolas.

Seguía pensando en Terry.

Se aguantó las ganas de llorar y regresó a su habitación. Su visita todavía no había llegado. Había dispuesto un ligero aperitivo para acompañarles mientras charlaban. No sabía por dónde comenzar su historia:

- Necesito preguntarle… ¿cómo lo conoció, dónde, cómo llegó a ser... eso? - se asomó a la terraza de la habitación, mientras repasaba mentalmente las miles de preguntas que rondaban su cabeza.

Un suave golpe sonó en la puerta. La rubia se dirigió a abrir. Se veía hermosa a pesar de llevar un aspecto diferente. Abrió y le observó detenidamente:

- Buenas noches, señor Ash. Es usted muy puntual - se sintió rara al ver que él tomaba una de sus manos y la besaba educadamente.

- ¿Cómo ha estado Irina?, es un gusto verla... de nuevo - dijo esto último levantando una ceja en señal de satisfacción y sorpresa.

- Pase por favor - le señaló la pequeña sala de estar de la habitación.

En cuanto se hubieron acomodado y Candy hubiese recibido el servicio, se sentaron y al inicio, un incómodo silencio se formó.

Nikolas habló primero:

- Cuénteme, ¿ya conocía Nueva York? - la pregunta para romper el hielo.

- Sí, hace muchos años vine aquí para ver a un amigo actor - dijo esto casi en un susurro.

- ¿En serio? ¡Qué interesante! Deduzco que conoce entonces Broadway - le comentó mientras daba un sorbo a su fina copa.

- Por supuesto. En ese entonces estaba la compañía Hathaway, una de las mejores del mundo - encubrió su ansiedad.

- Y dígame, Irina, ¿qué vino a hacer a Nueva York? - el hombre quería saber si esperaba a alguien más en la ciudad, lo que no auguraría buenas cosas.

- De hecho, es parte de lo que tengo que hablarle; probablemente se estará preguntando que me ha hecho comunicarme con usted. Verá, esa noche que lo conocí, recibió una visita que tiene que ver con el tema que debo tratarle en emergencia - no pudo más y se paró a caminar de un lado a otro, mientras meditaba bien lo que le diría. Nikolas observaba su esbelta figura y su belleza. Sabía lo que escucharía.

- Llámeme Nikolas. Soy su amigo desde ahora, Irina - intentó darle confianza. Necesitaba saber qué había pasado.

- Es muy largo lo que tengo que decirle, Nikolas. No se desespere si entro en demasiado detalles. Hace mucho tiempo que sucedió esto, y ahora, después de tantos años, no puedo dejar de pensar que el destino nos tiene el camino ya trazado - tenía sus manos detrás y se acercó un poco a la ventana.

Su traje sastre era de color negro, con una blusa escotada color rosa y lucía unas elegantes botas oscuras de tacón mediano. Su cabello negro y sus hermosos ojos le hacían verse espectacular.

El hombre seguía observándola con suma atención.

- Adelante. No se apure por el tiempo. De hecho, ansío saber qué le sucede - no mostró un ápice de su enorme curiosidad. La rubia prosiguió.

- Antes de iniciar mi historia, me gustaría conocer el nombre de su amigo - no pudo evitar preguntarlo.

- Por supuesto: Terrence Granchester, Irina - no respondió más. La cara de la joven le había dicho todo.

- Muy bien. En realidad, mi verdadero nombre es Candice White Andrey. Nací en 1898 en Chicago. Nunca conocí a mis padres, por lo que crecí en un orfanato cerca de esa ciudad, hasta que fui adoptada primeramente por una familia rica que me tuvo como mucama, y después, por otra familia igual de poderosa que me dio todo su apoyo - la rubia se puso de espaldas a él y comenzó a contarle su historia.

Siguió narrándole su vida hasta que llegó al punto donde había conocido a Terry.

Se detuvo un momento.

Su voz se tornó melancólica.

Nikolas no la interrumpió ya que esa parte de la historia no la conocía.

Pudo comprobar que seguía sufriendo por él desde esa primera separación, pero se guardó el comentario. Al tocar el tema de Susana, su sonrisa maquiavélica inconscientemente afloró. La chica no se dio cuenta y continuó con su narración. Cuando llegó a la última parte - Candy omitió el penoso incidente con Albert - pero explicándole por qué se encontraba ahí, no pudo menos que sentir una enorme tristeza y coraje por todo lo que les habían hecho pasar.

Nikolas había comprendido finalmente que esa pareja había sido cruelmente marcada por un destino funesto. No había lugar a dudas de que ambos compartían un sentimiento más allá de lo comprensible.

Ahora, sus caminos volvían a cruzarse.

¡Vaya ironías de la vida!

Cuando Candy terminó su relato, volteó a verle fijamente:

- Antes de decirte lo que está ocurriendo en este momento, necesito saber cómo conociste a Terry y la manera en que llegó a ser... como yo… - no dijo la palabra precisa.

- Candy – le llamó por su verdadero nombre- sé que lo que escucharás a continuación, no será de tu completo agrado, sin embargo, has sido muy gentil al confiarme tu vida, solo espero comprendas lo que me llevó a actuar de cierta manera - la rubia se sentó con atención, presta a escucharle. No le importó que le tuteara.

- Conocí a Terry en ese viaje de Nueva York a Chicago, cuando iba a buscarte. En un principio me tenía mucha desconfianza, puesto que... yo no era un ser humano, y no se lo dije en ese instante - calló en ese momento, mientras sentía que ella le observaba fijamente - pero, de a poco me fui ganando su confianza. Supe de ti y de muchas cosas que habían pasado juntos. En ese momento él tenía las esperanzas puestas en que todo saldría a la perfección, sin embargo, esas malditas mujeres se interpusieron y te hicieron caer en su trampa - la rubia ahogó un grito, interrumpiéndolo.

- ¿Trampa, de qué estás hablando, Nikolas? ¡Explícate!- se incorporó de un salto y se acercó a él. No entendía lo que estaba oyendo.

- Ellas inventaron toda esa patraña del embarazo, Candy. Mientras él y tú planeaban su boda, yo me tuve que regresar a Nueva York, y sin querer oí una conversación entre dos mujeres en el andén del tren cuando iba a la ciudad. Escuché el nombre de Terry y presté atención. No tuve tiempo de avisarle. Ellas actuaron rápidamente y se aprovecharon de la ausencia de mi amigo, para engañarte con ese supuesto embarazo - aquello cayó como un golpe muy duro a la rubia. Se levantó demasiado contrariada. Movía negativamente la cabeza mientras lloraba amargamente.

- ¡Nunca estuvo embarazada! ¡Pero, su estómago, el doctor, yo la vi, no puede ser cierto, no! - Nikolas se acercó a ella y la tranquilizó. La invitó a sentarse.

- No; todo fue inventado. Caíste en la mentira y lograron su cometido. No te imaginas lo que sufrió él cuando regresó a Nueva York. Sin embargo, finalmente pagaron por su osado atrevimiento - dijo esto con una mueca de singular alegría. La rubia se sobresaltó.

- ¿Qué les pasó? ¡Por favor!, dime, ¿qué sucedió? - y así fue como Candy se enteró de todo lo que había acontecido en la vida del aristócrata: su supuesta boda, las peleas constantes, le depresión al saber del asesinato de ellas y sobre todo, el de su muerte en Suiza. Esto último la hizo sentirse aún más mal. Comprendió por qué Nikolas le había convertido en vampiro al intentar salvarlo de ese absurdo suicidio.

- ¡Es demasiado complicado todo esto!, todo este tiempo he vivido creyendo una maldita mentira, ¡no es justo! - su voz se oía furiosa y llena de rencor. Sus lágrimas bañaban su rostro.

- Desapareciste completamente, Candy. Terry te buscó para explicarte la verdad, y no le diste oportunidad. Él me contó todo, y le dolió que hubieras decidido nuevamente por él - esto desarmó a la muchacha.

- Yo… tenía que hacerle ver su responsabilidad... - se quedó sin palabras.

- Como sea, después de todo eso, como te habrás enterado en su momento, siguió un tiempo más en el teatro y después tuvimos que esparcir la noticia de su muerte. Vivimos en muchos países y hace unos años regresamos a Estados Unidos - observó la expresión de la joven.

- ¡Tenemos que prevenirle, estoy seguro que planea algo contra ustedes y ambos corren peligro! - Nikolas la interrumpió.

- Cuéntame lo que sabes por favor- le pidió que siguiera con su conversación. Por fin, pudo comprender la otra parte de la historia - Ahora que ya tenemos las piezas del rompecabezas, debemos preparar bien el plan para advertirle a Terry y sobre todo, para evitar que Albert nos haga daño a todos, incluyéndote a ti, porque seguramente ya no tarda en buscarte. Debes tener un escondite - se quedó pensativo.

El nombre de Alyssa se le vino a la mente.

Habría que idear la manera de que no se encontrara con Terry, o al menos, mientras planeaban como actuarían, y aprovechando que ella conservaría su falsa apariencia.

Conversaron un rato más sobre lo que vendría.

Candy tenía miles de emociones encontradas. Aceptó seguir fingiendo su nueva personalidad. Estaría por fin cerca de Terry, y aunque bajo otra fachada, se sentía feliz de saber que permanecería a su lado.

Quedó con Nikolas de darle una visita secreta a Alyssa.

Contarían con su hermetismo y seguramente habría que decírselo a Ethan. Le pedirían alojamiento temporal en algún lado.

Ella había iniciado otro largo camino, con un destino incierto.


La joven llegó al lugar indicado.

Su atuendo era el mismo de siempre: un traje ajustado negro, unos zapatos de tacón bajo del mismo color y su cabello oscuro hasta los hombros, enmarcando su rostro blanco y sus labios rojos.

Su apariencia era la de una adolescente inofensiva.

La realidad era mucho más cruda, puesto que esa mujer llevaba más de medio milenio caminando sobre la tierra.

Se había quedado de ver esa noche en el bar de siempre, esperando a su eterno amado y una entrañable amiga. Tenían tanto tiempo de no verse, y ella acababa de llegar a Nueva York, procedente de Italia, hacía unas noches.

Mientras se encargaba de vigilar un asunto personal en la ciudad, pudo sentir que había una chica de su misma naturaleza en serios problemas. Sin saber por qué, había acudido en su ayuda, encontrándola malherida.

Supo que se llamaba Irina, intuyendo que la joven mentía, aunque su sexto sentido le indicó que no era de cuidado.

No le dio importancia al incidente.

Se encontraba al fondo del lugar, con una botella de vino como compañera, observando con atención a la concurrencia tan escasa. Ese lugar era el punto favorito de reunión de los tres.

La adolescente vio las dos figuras aproximarse a ella.

No pudo evitar levantarse y posar un frío beso sobre los labios del joven y dar un fuerte abrazo a la chica de profunda mirada gris:

- ¡Tanto tiempo de no vernos! – comentó mientras se sentaban nuevamente a la mesa.

- Te he echado tanto de menos, Melina – Elisha sostenía las manos de la chica y la miraba fervientemente. Tenían mucho por platicar, sin embargo, estaba presente su casi hermana.

- ¡Qué reencuentro tan especial, vaya que debíamos festejar este evento! – Aisha les comentó mientras bebía un sorbo de la copa que Melina había dispuesto para el trío.

- ¿Cómo te fue en Tel Aviv, cómo está tu abuelo? – Melina preguntó ansiosamente al joven judío.

- Todo va bien. Mi abuelo sigue trabajando en sus encargos secretos para el gobierno israelí y entreteniendo a sus visitas peculiares con sus partidas de ajedrez. No hay alguien que pueda ganarle todavía ¿y tú, Melina, qué tienes que hacer ahora para tu padre? – sonrió mientras apretaba con firmeza la mano de la sombría chica.

- Cierta tarea de vigilancia sobre una de las tantas empresas que posee mi familia. Al parecer, el administrador busca el poder a través de la traición. Tengo órdenes estrictas de eliminarlo – la sutil línea de una amenaza se dejó sentir. Sabían que la mujer era despiadada al acabar con molestas personas que se interpusiesen en el camino de su padre.

- ¿Y qué de ti, Aisha? No sabes como te he recordado. ¿Sigues trabajando en la librería y el bar? – Elisha se dirigió cariñosamente a su amiga. Habían compartido muchos años en Suiza, estudiando con un personaje realmente inquietante.

- Pues realmente no ha acontecido gran cosa. El trabajo es algo demasiado tranquilo y normal. Últimamente he estado saliendo con un nuevo amigo que conocí hace poco – rió al ver que la pareja le observaba con incredulidad, puesto que conocían de sobra lo reservada que era en su vida.

- ¡Vaya, ahora si que nos has sorprendido! ¿y se puede saber quién es el susodicho? – preguntó el chico con curiosidad.

- Un no muerto – sus amigos la miraron sorprendidos - que conocí en el Central Park hace no mucho, mientras andaba haciendo mi habitual caminata – y comenzó a narrarles con un poco más de detalles la peculiaridad de su nueva amistad, así como de su personalidad.

- ¿Cómo se llama? - preguntaron al mismo tiempo Melina y Elisha.

- Terrence y tiene un amigo llamado Nikolas – contestó a la ligera. No sabía más allá de sus simples nombres.

- ¿Empresarios artísticos de casualidad? – preguntó el chico con una sonrisa misteriosa, mientras Melina demostraba un poco su asombro.

- Veo que los conocen desde antes. Efectivamente, montan exposiciones y obras teatrales – respondió enarcando las cejas.

- ¿Cómo ha podido pasar? ¡Si tú has evitado ese tipo de contactos!, 1qué sorpresa! – el judío no salía de su asombro.

- Los conocimos hace tiempo por medio de Ethan, debido a un trabajo que les realizó. Se ven periódicamente – puntualizó Melina.

- Pues vaya que el mundo es chico. Me invitó al mirador que Alyssa tiene en su edificio. Algo intuí cuando entramos, sobre su posible nexo, pero jamás imaginé que ustedes también les conocieran. Nikolas es muy caballeroso, mientras que Terrence, es demasiado arrogante – volvió a beber de su copa.

- ¿Saben lo qué eres? – preguntó su amigo.

- Sí. De hecho, Terry intentó agarrarme sorpresivamente cuando nos conocimos, y tuve que hacer uso de mi magia – recordó con una sonrisa pícara lo acontecido esa noche.

- Será tan interesante cuando estemos todos reunidos y te vea ahí. Por cierto, habrá que organizar algo pronto – Elisha rió de buena gana. Sabía que Terry era demasiado especial en cuanto a las mujeres. Tenía una ligera idea de su trágico pasado.

- Aprovechando que estamos juntos los tres, podríamos darle una visita a Ethan y Alyssa. Ya tiene demasiado tiempo que no coincidimos, después de la última aventura que tuvimos que pasar en Europa ¿estarás por algún tiempo aquí? – preguntó Melina mientras miraba a Elisha y este asentía.

- Debo terminar mis estudios, así que me espera una larga temporada en esta ciudad – volteó a ver a su amiga quien había mostrado su enorme alegría.

- ¡Qué felicidad, podremos vernos muy seguido, ya te extrañaba mucho! – le dio un efusivo abrazo. Melina los veía con aparente felicidad. Le costaba mucho expresar sus emociones.

- Claro que sí y espero que también Melina nos acompañe – le dirigió una mirada rápida a la jovencita.

- Después de la misión, podría pedir unos meses más, hasta que mi padre requiera mi presencia para otra tarea – respondió seria.

- Pues sigamos brindando por este grupo de amigos que se acaba de reencontrar – propuso la joven maga.

Los tres siguieron conversando animadamente hasta antes del amanecer, quedando de visitar pronto a sus otras amistades.

Melina decidió no comentar nada sobre su encuentro con Irina, y Aisha no dijo nada sobre la enorme tristeza que embargaba a Terry, ese día que lo había conocido.


Ethan se encontraba en la oficina de Alyssa demasiado confundido. No podía creer lo que acababa de escuchar. Había absorbido mucha información en tan poco tiempo. Observaba con incredulidad a la joven que tenía frente a él.

Se había despojado de su disfraz para que vieran su verdadera personalidad. Nikolas se encontraba a su lado, dándole ánimos. No había comentado lo del ataque sucedido aquella noche en que Melina había llegado en su ayuda.

La empresaria sonreía discretamente para encubrir su asombro.

Las cosas se estaban poniendo bastante interesantes. Daba un vistazo a unos papeles en su escritorio. Había comprobado que Karl Perret había adquirido acciones de su empresa.

El detective volvió a hablar:

- Ahora dices que está en Suiza, y seguramente ya esté viajando a Nueva York; debemos actuar rápido. Terry debe saberlo lo antes posible – la rubia le interrumpió.

- ¡No por favor, no lo hagan, no quiero que sepa que estoy aquí...! Todavía… ¡Por favor, se los pido! – todas las miradas se posaron sobre ella.

- Tiene que saberlo, Candice. No esperaremos a que pase algo grave, ¿entiendes? – le precisó seriamente Ethan.

- Pero, podría decirles donde se encuentra Albert, antes de que lo sepa, y quizá podrían ayudarle a contrarrestarlos, pero por favor, no se lo digan todavía. ¡No! – Nikolas pidió la palabra.

- Creo que tiene razón. Sería demasiado para Terry. No es algo fácil de decir, además, podría sernos de ayuda para localizar a ese sujeto cuanto antes – le lanzó una mirada de apoyo a la ojiverde.

- Apoyo lo mismo Ethan. Todos hemos conocido de sobra la personalidad de nuestro amigo. Y no sería demasiado grato que de buenas a primeras supiera de la existencia de esta mujer – la frase de Alyssa le hizo sentir mal, pero lo fingió.

- Puedo seguir encubriendo mi personalidad. Si hay manera de evitar que yo me cruce con Terry, ¡eso sería genial! Pero por favor no le digan todavía ¡Se los suplico! – la voz de la chica sonaba desesperada.

- Está bien, pero de todas maneras, debes ir preparándote para hacerlo. Muy pronto sabrá quién le busca, y debes estar lista para revelarle la verdad – sentenció el detective gravemente.

- Lo prometo. En su momento se lo diré – Candy bajó la mirada.

- Entonces debo ir a mostrarte el lugar donde permanecerás. Él no conoce esos departamentos. Vayamos a verlo – se levantaron todos y siguieron a Alyssa.

Después de caminar y bajar varios pisos llegaron al lugar indicado por la mujer. La millonaria tecleó una clave en la entrada, la cual enseñó a la rubia, se introdujeron al apartamento. Estaba muy bien amoblado, y obviamente no contaba con ventanas, por encontrarse en la parte subterránea. Parecía que las visitas a aquellos lugares eran para personas no comunes ni corrientes.

Alyssa le dejó las instrucciones necesarias para que pudiera salir y entrar, invitándole a quedarse en cuanto ella así lo decidiese.

Solo necesitaba ir por sus cosas al hotel, a lo cual Nikolas respondió que él se encargaría de mandárselas pronto, ya que sería mejor que permaneciera desde ya en ese lugar. Era seguro que Albert ya había enviado a alguien a verificar el hotel. Candy asintió.

Ethan y Alyssa se despidieron quedando de verse más adelante y Nikolas se quedó un rato más con ella:

- Es increíble lo que el destino puede tener preparado. Terry tendrá una reacción nada placentera, Candy. Deseo sinceramente que todo se arregle entre ustedes – el hombre se despidió elegantemente de ella y se retiró. La dejó pensativa.

En cuanto se quedó sola, se dedicó a recorrer el lugar. Se despojó de sus zapatos y se tiró en la enorme cama:

- No imagino cuál será su impresión al verme de nuevo. Pensar que estamos tan cerca pero a la vez tan alejados por una supuesta muerte... – su mirada se perdió en la lámpara de la recámara – prefiero estar lejos de ti, al saber que alguien pueda dañarte Terry por ese hecho. No me importa cuántos sacrificios deba hacer siempre…

Pensando en él se sumió en el sueño profundo.


Habían pasado un par de semanas desde que Candy había huido de Suiza.

Albert había optado finalmente por finiquitar lo más pronto posible sus obligaciones actuales en Europa, contando siempre con el respaldo de Marcus. Estaría ausente durante un tiempo considerable y no quería que se le estuviera molestando por cuestiones financieras o legales al requerir su presencia en Suiza. El empresario de origen noruego había considerado su actuación bastante prudente.

Al menos, ya se sentía un poco más tranquilo:

- ¿Has tenido noticias de ella? – le preguntó mientras posaba su fría mirada sobre él.

- No han podido ubicarla. Seguramente se ha registrado con otro nombre en ese hotel. He dado todas las características de su apariencia y no han podido localizarla. La muy estúpida ha de haberla cambiado – su voz temblaba de coraje al pensar en ella.

- ¿Del actor qué más has sabido? – volvió a inquirir el suizo.

- Ha estado en compañía del otro vampiro, y según los informes más detallados, a veces se reúne con una mortal en un café-bar. Seguramente la busca como alimento o alguna conquista pasajera – no le dio importancia al hecho.

- ¿Lo del ataque ha sido ya llevado a cabo? – el suizo se sentó frente a él.

- He pedido a Gath que lo posponga un poco hasta saber algo de Candy. Muy pronto Terry estará teniendo una desagradable sorpresa – su mirada brilló anormalmente.

- Si no está con ella… ¿dónde más crees que haya escapado? – Marcus seguía pensativo.

- Estará en Chicago seguramente. He apostado hombres por la propiedad de Lakewood y no han visto a nadie acercarse. Puede que se encuentre alojada en otra parte. Dudo mucho que busque a otro vampiro para que le apoye, aunque... ya no sé que pensar de ella. Puedo esperar todo a estas alturas – rió irónicamente.

- De todas maneras, no bajes la guardia. Ya dará indicios de su presencia. Máxime si se dan cuenta los representantes de esas ciudades, que no ha ido a presentar el debido respeto. Solo espero que no acaben con ella en vez de que tú lo hagas – el solo mencionarle decir eso le provocó una desagradable reacción.

- Partiré esta semana a Chicago, iniciaré yo mismo la búsqueda, desde la finca. He estado planeando ciertas cuestiones que quizá más adelante te comente. No tendré piedad con ninguno de ellos – la amenaza estaba dirigida sobre todo al actor.

- Ya estás casi libre de tener que estar en Europa. Yo aquí velaré por nuestros intereses. Te deseo suerte. No será tarea fácil. ¿El viaje ya está listo? – el hombre se incorporó de su asiento y se dirigió hacia la enorme ventana de su biblioteca.

- Todo está acordado. Inclusive, ahora que recuerdo, traté de indagar en la empresa italiana si no habían recibido la orden de transportar a Candy. No me quisieron decir algo. Es un grupo de cuidado, ¿eh?… – comentó Albert recordando la cara de pocos amigos que le había puesto un miembro de ese clan.

- Son una línea de sangre antiquísima y sus poderes son demasiado siniestros. Protegen celosamente sus propiedades y no lucran fácilmente con información. Cuentan con personal adiestrado para acabar con aquellos que osen investigar más allá de la cuenta – Marcus no le comentó nada acerca de Melina. Conocía su fama y no quería inquietarlo más de lo que estaba. Dudaba mucho que la fuera a conocer pronto.

- Entiendo. Prefiero hacerlo por otro lado. Tarde o temprano daré con esa maldita traidora – no pudo evitar la referencia agresiva hacia ella.

Marcus le despidió ya que debía viajar hacia otra ciudad antes de que el rubio partiera. Quedaron de seguir en contacto por cualquier información o noticia relevante:

- Espero que tomes las cosas con calma, y sobre todo, que le quede muy en claro a Candy, quién es el que tiene el poder – el tono de su frase iba cargado de coraje por su amigo.

- Así será, Marcus. Te garantizo que pagará con creces todo lo que me debe desde que salió de Estados Unidos, hace muchos años – dijo bastante molesto.

Albert regresó a su casa y siguió con los preparativos de su cercano viaje.

Había desaparecido todas las cosas que pertenecían a Candy. Solo quedaban los recuerdos, ahora hirientes, al lado de ella. Nunca olvidaría el hecho de que siempre le tuviese relegado en su vida:

- ¿Por qué me hiciste esto? ¡Si yo te amaba tanto o más de lo que ese estúpido podría haberlo hecho! – lloraba de rabia mientras tomaba su equipaje.

Faltaban tan pocos días para viajar y eso le tenía demasiado animado.

Su sed de venganza no podía esperar más.

Al día siguiente esperaría porque el ataque que Gath tenía planeado fuese realmente certero y espectacular. Tenía órdenes de enviarle los resultados antes de que partiera.

Se dirigió a buscar a su acostumbrada presa. La rabia iba inundando nuevamente lo que quedaba de su razón.


Candy iba en el auto de Nikolas, al encuentro de su peculiar amistad. Se sentía demasiado ansiosa, puesto que el hombre le había comentado que ya estaba atosigándole con muchas preguntas. Recordó cuando le dijo que se verían esa noche:

- ¡Nikolas, no estoy preparada para verlo de frente y mucho menos hablar con él! – le había entrado algo de pánico. ¡Vería pronto a Terry!

- Candy, tienes que ir preparando el terreno ante él. Albert no tarda en actuar agresivamente y no quiero exponer nuestras vidas. ¿Entiendes? – su voz era demasiado grave.

- ¡!s muy repentino todo esto! ¡Yo..! ¡Cielos! – sintió que la angustia haría explotar su pecho.

- Debes controlarte. Entre más te vaya viendo mejor. Tenemos el tiempo encima, así que… ¿nos vamos ya? – la joven se había esmerado en su arreglo. Lucía hermosa.

Ahora, iba rumbo a una cita anticipada con un destino que creía muerto hacía muchísimo tiempo.

Había retocado aún más su maquillaje y su disfraz.

Nikolas le había confirmado nuevamente que se veía completamente diferente, además de ser muy hermosa. Ella había sonreído un poco apenada.

A lo lejos apareció el edificio donde se ubicaba el lugar de la cita.

La ojiverde sentía que el pecho se le llenaba de mil emociones distintas. Se le hizo una eternidad el llegar al estacionamiento, mientras Nikolas aparcaba el auto y le ayudaba a descender del mismo.

Se introdujeron en el lugar.

Terry se encontraba ya en el lujoso restaurante.

Había citado a su amigo para poder sacarle algo de información sobre su misteriosa amistad. Llevaba noches acosándolo con eso y Nikolas no cedía. Finalmente, había aceptado hablar un momento del tema con él. Le esperaba en un privado para que pudiesen charla a gusto. Había llegado un poco antes y esperaba una botella de fino vino, para aparentar que consumirían algo ahí.

El lugar tenía una agradable vista hacia la calle, mediante la pequeña terraza y mientras pasaba el tiempo sus pensamientos se volvieron a perder en el horizonte. Sin saber por qué recordó la noche en que había salido con la chica "entrometida":

- ¿Por qué nunca permitirá que la lleven a su casa? La próxima vez lo haré sin pedirle permiso – pensó para sus adentros.

- Buenas noches, Terry – la voz de Nikolas le distrajo y volteo su mirada. Se quedó confundido. Iba acompañado – te presento a mi querida amiga, Irina Keller.

- Mucho gusto, señor Grandchester – la suave voz de la chica le hizo sentir una sensación lejanamente conocida. El sonido acarició sus oídos. Estrechó su fina mano y le dio un sutil beso.

- Encantado de conocerla, señorita Keller - vio su rostro y la sensación se hizo mucho más fuerte. Observó en detalle sus rasgos. Había algo vagamente familiar.

- Creo que debemos sentarnos – el otro vampiro interrumpió el mágico momento.

Ambos jóvenes regresaron a la realidad.

Se acomodaron en sus respectivas sillas. Terry no dejaba de analizar el rostro de la misteriosa joven.

Nikolas rompió nuevamente el silencio:

- ¿Tienes mucho de haber llegado? – le preguntó conteniendo un poco la risa.

- Unos minutos antes. ¿A qué debo el honor de la visita de tu... amiga? – volvió a mirarla.

- Creí conveniente que la conocieras directamente. Puedes preguntarle todo lo que quieras – respondió notando la incomodidad del inglés.

- Yo... no quisiera importunarla, adorable dama – el ojiazul se dirigió a ella.

- No se preocupe, señor Grandchester. Entiendo que tenga demasiadas inquietudes con respecto a la vieja amistad que me une a su amigo – volteó a verlo indicando que necesitaría todo su apoyo para salir avante.

- Puede llamarme Terrence. Si usted es amiga de este hombre, entonces la considero mi amiga también – le respondió con voz demasiado galante. Candy tuvo que hacer un esfuerzo para no reír. "No cambias, Terry, sigues igual de coqueto... y adorable", pensó para sí.

- Pues como sabrá, él y yo nos conocimos hace mucho tiempo en Alemania. ¿Verdad querido amigo? – se volvió a apoyar en el hombre que la miraba con sumo interés.

- Así es. Le había enseñado unas pinturas para la galería que poseía en ese entonces. Sería una exhibición especial para la estirpe de Berlín. ¿Recuerdas querida? ¡Cómo olvidar los buenos momentos con Dieter y Emma, unos buenos colegas de esa época! Estaban encantados con las obras, ¿verdad Irina? – tomó amistosamente una de sus manos. Terry no supo por qué, pero sintió celos en ese momento.

- Y dígame, ¿cuánto tiempo tiene usted... caminando por esta inhóspita vida? – la pregunta tomó por sorpresa a Candy, pero pudo salir airosa.

- El tiempo suficiente para poder permitirme seguir disfrutando de la misma, Terrence – respondió dejando sutilmente en claro que no le agradaba hablar sobre el tema. Éste sonrió y encontró su comentario bastante adorable.

- No la vuelvo a molestar con mi intromisión. Le pido acepte una disculpa por favor, bella dama – hizo una leve reverencia con la cabeza, mientras el otro evitaba en lo posible carcajearse ante eso.

- Dinos, Terry, ¿y Aisha dónde se ha metido? – el hombre de ojos café desvió el tema, para ver la reacción de ambos. Candy se había quedado seria y Terry le veía confundido.

- No la he visto últimamente. He ido a nuestro punto de reunión habitual y no ha aparecido. Seguramente sigue de entrometida por ahí – rió de buena gana.

La mente de Candy se llenó de tantos preciados recuerdos al escuchar esa descripción, sin embargo, una fuerte punzada de celos la embargó, y no pudo evitar su pregunta.

- ¿Quién es ella? – su voz sonaba un poco seria y Terry lo notó, pero no dijo nada. Decidió seguirle el juego.

- Una amiga íntima a la que estimo mucho, Irina. Es una chica adorable, quizá la conozca en la próxima salida, porque, seguiremos saliendo juntos ¿no es así? – la miró directamente a los ojos y pudo notar que una leve tristeza nublaba su mirada. Nikolas volvió a intervenir.

- ¡Vaya! Eso si que me sorprende. No niego que es una chica muy linda, pero creo que habría que preguntarle directamente a ella qué opina ¿no crees? – arqueó una ceja en señal significativa.

- ¿De qué va la historia chicos, acaso llamas mentiroso a Terrence querido? – preguntó Candy comprendiendo que el actor había sobredimensionado sus palabras. "Adorable arrogante" volvió a pensar internamente la rubia.

- Aisha nos lo podría explicar mejor, puesto que su relación con Terry es bastante... digamos directa ¿no es así? – el ojiazul fusiló con la mirada a Nikolas. Quería seguir metiendo celos a su bella acompañante. La chica rió discretamente.

- Me gustaría conocerla. Creo que ha de ser una mujer demasiado interesante – comentó educadamente.

- Por supuesto, Irina. Conocerá a mi futura conquista. Es una mujer que encuentro... demasiado atractiva – las palabras volvieron a hundir en un abismo de celos a Candy, sin embargo, lo disimuló bien.

Nikolas supo que Terry había quedado prendado de la joven.

Conocía demasiado bien su carácter cuando de cautivar se trataba. No tenía remedio. Seguía siendo el mismo arrogante y presumido de hacía tiempo atrás.

Decidió seguir jugando para ver hasta donde llegaba con la otra muchacha.

Seguramente la chica no reaccionaría de la misma manera que él, mucho menos después de haber visto lo "bien" que se trataban.

Decidió parar por el momento:

- Bueno Terry, creo que ya has podido satisfacer tu curiosidad. Ya conoces a Irina y espero que no sigas teniendo más dudas. Sin embargo, yo si comienzo a tenerlas, pero ahora que veamos a Aisha, lo sabremos – se paró de la mesa, sintiendo como Terry le perforaba con la mirada. Candy lo imitó.

- Me ha dado gusto conocerle, Terrence. Le deseo mucha suerte con su tarea. Imagino lo buena chica que es, sobre todo, lo paciente que ha de ser con un personaje como usted – le comentó con doble intención, reprimiendo una ligera risa. El ojiazul le devolvió la mirada firmemente, sin inmutarse.

- ¿No me creen, verdad? ¿Pues que les parece si nos vemos en mi casa la próxima vez? La invitaré y les garantizo que pasaremos una muy agradable velada – les desafió mientras veía intensamente a Candy.

- Ahí estaremos puntuales. Será todo un evento – Nikolas le estrechó la mano y salió. Candy se despidió con una leve reverencia.

En cuanto salieron, Terry se quedó muy pensativo.

La joven le había hecho sentir demasiado bien, a pesar de no conocerla. Su rostro le seguía inquietando. Se le hacía vagamente familiar pero, de dónde?

Se dirigió a pagar la cuenta y salió del lugar. En cuanto llegó a su morada, dedicó un último pensamiento a Irina:

- Estoy seguro que la he visto antes – y con este pensamiento, se perdió en el letargo.


Ethan se encontraba en su oficina esa noche demasiado concentrado en un evento que se estaba suscitando en Europa del Este. Al parecer un extraño personaje había aparecido de la nada, asesinando indiscriminadamente vampiros y magos. La mascarada estaba en riesgo y los humanos podrían tener reacciones nada positivas. Guardó la información en su cajón.

Regresó al tema de la joven que había llegado con Nikolas.

Había estado investigando a Karl Perret y había encontrado información escasa sobre él. Se sabía proteger detrás de sus colaboradores. Se pudo enterar de que trabajaba en conjunto con otro personaje inquietante, de origen suizo, representante de Industrias Storvik, una compañía antigua con inversiones en distintos sectores.

Su nombre era Hanz Murnau.

Sabía que los nombres eran falsos.

Gracias a la referencia de la joven rubia, pudo saber más de Albert Andrey.

Hurgando en la red, por medio de un contacto cuya especialidad eran las redes informáticas, pudo hacerse de una fotografía del hombre. Le había asombrado lo joven que se veía al haber asumido la representación de una de las empresas más poderosas de Estados Unidos.

- Tengo que mandar a investigar esa propiedad de Chicago, aunque es seguro que él ya se encuentre ahí. Pero… ¿por qué no ha comenzado a atacar? – se preguntó con extrañeza.

El sonido del teléfono lo sacó de su concentración.

Era Alyssa, quien deseaba verlo:

- Hola, querido, espero no interrumpirte en tus horas de trabajo – soltó una risa sarcástica.

- Alyssa, conoces mis horarios mejor que nadie. La noche nos define por excelencia, ¿no crees? – replicó con cierto deseo en su voz.

- Sin lugar a dudas. Servimos a otros intereses muy particulares, y si no fuera por ellos, no gozaríamos del poder que tenemos ahora. Hemos adquirido demasiado conocimiento y habilidades a lo largo de todos estos siglos – le comentó en un susurro.

- Cambiemos de tema querida, ¿de qué deseas hablar? – preguntó desviando el incómodo tema.

- Melina se encuentra en la ciudad, al igual que Elisha. Me habían comentado si existía la posibilidad de hacer alguna reunión especial, aprovechando de reunir viejas amistades – le contó a grandes rasgos.

- No imaginaba que estuviesen aquí. Me preguntó que asuntos la traerán de vuelta a Nueva York. Sin embargo, me daría mucho gusto verlos. ¿Cuándo piensan verse? – le preguntó mientras echaba un último vistazo a un sobre sin remitente. No había necesidad de preguntar quién era, puesto que le conocía perfectamente.

- ¿Estaría disponible para el próximo sábado en la noche?, invitaré a Terry y Nikolas, aunque sé que debería extender la invitación a esa chica. Tengo mucha curiosidad por ver la reacción de nuestro amigo ante ella – rió de forma traviesa.

- Está bien, ahí nos veremos el sábado – el detective estaba demasiado interesado en el contenido del sobre.

Se despidieron brevemente y retomó el tema:

- Debo viajar pronto a Praga. No me está gustando nada de lo que esta pasando – decidió mientras tomaba su gabardina y salía del lugar.

El asunto de la amiga de Nikolas regresó a su mente. Presentía que algo peligroso se acercaba a ellos.

- Es un hombre demasiado poderoso. No escatimará en recursos para poder vengarse de Terry. Tendré que proponerle algo – abordó su auto y se perdió entre las solitarias calles de la ciudad.