Shaman King no me pertenece
Fictober: 10 de octubre
Personajes: Anna, Tamao.
Yoh se había marchado algunos días atrás, por lo tanto, comprendía que Anna estuviera de muy mal humor y, aunque ella no lo quisiera admitir, se veía muy triste. En serio lo entendía, pero ese estado ya estaba llegando al límite y no lo iba a permitir. Era consciente de que no eran las mejores amigas, que sus conversaciones no eran muy largas y que, si bien vivían en la misma casa, no eran muy íntimas ni nada confidentes, sin embargo, ella sí consideraba a la sacerdotisa como una amiga que necesitaba ayuda por lo que intentaría buscar la manera de recobrarle el ánimo. No podía contar con Manta porque él estaba exámenes finales y ya no pasaba tanto tiempo en la casa como antes, así que todo dependía de ella y de su voluntad para hacer que Anna recobrará su personalidad habitual.
Primero intentó cocinar el mejor desayuno que se le ocurriera, pero Anna simplemente lo ignoró: solo comió unas galletas y se sirvió un poco de té. Para el almuerzo hizo el platillo tradicional de la familia Asakura, pero obtuvo el mismo resultado: la rubia ni siquiera habló para recriminarle por el sabor de la comida. Tamao no quería sentirse frustrada con tan pocos intentos, ella tenía una meta y así fuera la última cosa que hiciera en su vida, la cumpliría; empezó a buscar ayuda en los espíritus mas fue un caso perdido porque estos no diferenciaban muy bien los gustos de la dueña de la casa. Quiso ver televisión con ella y tampoco tuvo mucho éxito porque no encontraba diversión en esos programas y sin contar que el mantenimiento de la casa también le ocupaba gran parte de su tiempo. ¿Qué le quedaba por hacer?
En un vano intento de tener más datos sobre la rubia se comunicó con Kino, pero la anciana no pudo darle muchos detalles que realmente fueran de utilidad. ¿Acaso la única persona que podía hacer feliz a Anna era Yoh? Se negaba, la rubia era importante para ella y quería demostrárselo, no sabía muy bien por qué, pero sentía que esa era su manera de retribuirle todas las cosas que la sacerdotisa hacía por ella. Anna nunca la trató mal, ni la humilló o la miró de mala manera por ser una simple aprendiz; por el contrario, ella siempre la impulsaba a mejorar y halagaba sus dotes con la tablilla. Quizá no la viera como una amiga, pero para Tamao, Anna Kyoyama era lo más cercano a una.
Al final se rindió: si dentro de la casa no podía hacer nada por ella entonces afuera estaría la solución. Cada vez que salía a comprar cosas para la cena aprovechaba para buscar actividades que fueran divertidas para ambas y que además no necesitaran de mucho dinero porque sabía que de inmediato rechazaría la oferta. Buscó museos, parques, atracciones y decenas de lugares turísticos que pudieran atraerle a la rubia y cuando por fin se decidía con uno, le encontraba algún defecto que sin duda haría molestar a Anna. ¿Por qué era tan difícil pensar en una simple salida de amigas? Conchi y Ponchi tampoco ayudaban con la proeza, por lo que al final, por la imprudencia de ambos, la sacerdotisa se terminó enterando de las intenciones de la pequeña chamana.
Tamao era una idiota y Anna se estaba sintiendo aun peor al saber el esfuerzo que la menor estaba haciendo para ayudarla a superar la ausencia del Asakura. ¿Por qué simplemente no se lo decía? Sabia que la niña era tímida ¿Pero tanto como para que ni siquiera se atreviera a proponerle una simple caminata? Luego recapituló todos sus vínculos personales con las demás personas y entendió el miedo de la aprendiz, por lo que tenían que empezar desde ahí.
La sacerdotisa puso una película y esperó a que Tamao se uniera a ella: nunca pasó. Luego intentó ayudarle con la cena, pero la menor rechazó la ayuda alegando que era su obligación servirle a la familia principal y eso fue suficiente para que Anna demostrara su mal humor.
—Eres mi amiga, Tamao, no mi criada.
"Amiga" qué raro sonaba, pero eso eran ¿no?
Terminaron de cenar y la sacerdotisa no quiso exponerse más en lo que quedaba de noche, así que levantó sus platos, los lavó y se despidió para irse a dormir. Tamao ni siquiera se había levantado de la mesa.
—Las amigas dan paseos juntas. ¿No quieres que salgamos a caminar?
—Pero aún no limpio la cocina y mis platos de la cena aún están sucios. —Tamao se estaba recriminando muy en su interior. ¿No era ella la que había durado días pensando en un plan para salir con la sacerdotisa?—. Tal vez mañana…
—Mañana nada. Ponte un abrigo, saldremos en cinco minutos.
No había querido sonar muy dura ni dominante, pero de lo contrario, Tamao se hubiera negado y Anna, muy dentro de sí, también quería salir un rato. No hacía tanto frío, aun así, salieron bastante abrigadas de la pensión.
—Es muy raro que Conchi y Ponchi no vinieran con nosotras.
—Los amenacé para que se quedaran en casa.
Eso tenía mucho más sentido.
No tenían una ruta establecida, simplemente caminaban por los alrededores de la zona en total silencio. ¿En serio era tan complicado romper la barrera del miedo? ¿Cómo es que en la televisión todos esos vínculos personales se formaban tan fácil? Al final de la vereda se encontraron un lago bastante tranquilo con algunos animales, no había mucha gente y ni siquiera los espíritus estaban molestando por ahí. Tamao, aburrida del silencio, tomó una piedra y la arrojó lo más lejos que pudo. Anna siguió con su vista la trayectoria de la roca y reconoció que la pequeña tenía bastante fuerza: ella no se quedaría atrás. Tomó otra roca del suelo y repitió la acción de su compañera. Su lanzamiento había llegado más lejos. La aprendiz aceptó eso como un desafío e intentó superar su propia marca. Triunfó. Anna sonrió: ella no perdería y al final, después de 5 tiros para cada una, obtuvo su victoria.
Como no había más piedras para arrojar, compraron maíz de una tienda cercana y volvieron al lago para alimentar a los patos: era lo menos que podían hacer luego de haberlos perturbado de esa forma. Volvieron a la casa, pero esa vez el silencio no era incómodo sino agradable, sin embargo, ninguna era capaz de hablar y no sabían qué tan malo era. Se vistieron y cada una se dirigió a su habitación.
—Tamao, —Anna la llamó antes de que entrara a su cuarto— mañana podemos almorzar por fuera, le diremos a Manta para que él pague. —La menor asintió, aunque no entró a su cuarto de inmediato, presentía que la sacerdotisa quería decir algo más y necesitaba tiempo para buscar la forma de hacerlo—. Y gracias, por todo.
Anna hizo un intento de sonrisa que para Tamao significó la mayor recompensa de todas.
—Somos amigas. ¿No?
Tuvo miedo de la respuesta.
—Lo somos.
Y así cada una entró a su cuarto sin saber que al otro día tendrían que volver a la casa principal.
Fin
No actualicé a medianoche, pidan un deseo (?) No sé qué crean, pero estas dos merecen más momentos juntas en el nuevo anime, o al menos un par de escenas que nos muestren cómo se conocieron. No pido mucho más. Agradezco muchísimo que me sigan acompañando en esto, (L). Nos leemos mañana si nada extraordinario ocurre.
¡Que los ilumine la eterna luz!
