Ginny aquella noche no durmió. Cada vez que lograba conciliar el sueño, se colaba en sus sueños una imagen de un enorme dragón como los que había visto en Rumanía las veces que Charlie les invitó a ir allí, un enorme dragón que agarraba a Harry y se lo comía. No tenía claro que aquello que había propuesto Moody sirviera para algo, pero ¿qué alternativa tenían? De modo que a la mañana siguiente puso al corriente a Hermione (Harry, por su parte, avisó a Cedric aunque esto Ginny lo supo después), y durante el domingo y durante los ratos libres del lunes, las dos chicas estuvieron ayudando a Harry a practicar el Encantamiento Convocador. Consiguió dominarlo bastante bien, pero, ¿bastaría eso para Convocar una escoba situada a cientos de metros de distancia, a la que además no podría ver? Ginny estaba muy asustada y la mañana del martes se le hizo eterna, apenas pudo prestar atención al contenido de las clases (ganándose sendas reprimendas de Snape y McGonagall).
Esa tarde sería la primera prueba. Casi no pudo comer, tan angustiada se sentía, y más viendo la expresión del rostro de Harry, que parecía igual de nervioso. Se sintió tentada a decirle abiertamente: "Te amo, Harry Potter, quiero que lo sepas por si… por si…". Pero no fue capaz. No fue capaz porque no quería ni pensar en lo que vendría después de ese "por si". Y poco después, la profesora McGonagall fue a recoger a Harry, diciéndole que debía prepararse.
—De acuerdo—dijo Harry, levantándose. Parecía que fuera a vomitar.
—Buena suerte—dijo Hermione, pálida como un cadáver. —¡Todo irá bien!
—Sí—musitó Harry con voz casi inaudible.
Ginny estaba tan angustiada que fue incapaz de despedirse…no, no, no, "despedirse" no era el verbo adecuado, eso daría a entender que nunca le volvería a verse. Le vio alejarse, acompañado por McGonagall y se maldijo a sí misma.
"Ni siquiera he sido capaz de decirle que le amo, o de darle un beso aunque sea en la mejilla", suspiró.
Sobre lo ocurrido después, Ginny no conservó una percepción muy clara. Tenía tanto miedo por Harry, que apenas era consciente de lo que pasaba a su alrededor. No obstante, de un modo u otro se encontró en un graderío lleno de gente, que bordeaba un gran cercado, a cuyo extremo había cuatro grandes jaulas de madera, dentro de las cuales evidentemente estaban los dragones (no se les veía pero se les oía). A su lado estaban Hermione y Fred (Ron estaba al otro lado de Hermione, y estaba claramente muy inquieto). En el palco, Ginny pudo distinguir a Barty Crouch y justo en ese momento vio entrar a Ludo Bagman, cuya túnica chillona destacaba del resto.
Poco después, varios magos abrieron una de las jaulas. Entraron y poco después salieron llevando como podían a un enorme dragón de color azul grisáceo. Otros montaron rápidamente una especie de nido sobre el que colocaron varios huevos de dragón y encima de todos, un huevo dorado. Entre esos magos estaba su hermano Charlie, a quien Ginny reconoció por su túnica de cuero y su pelo rojo fuego.
—¡Bien, señoras y señores!¡Bienvenidos al Torneo de los Tres Magos! Como ven, unos queridos especialistas en dragones han colocado en medio de todos a un bonito ejemplar de Hocicorto Sueco. ¡Y es que la primera prueba consistirá en que el campeón tendrá que coger el huevo dorado que pueden distinguir entre los huevos de dragón que nuestros amigos acaban de colocar! ¡Pero obviamente, el dragón, o debería decir, la dragona, pues estamos ante una hembra, como cualquier especialista sabrá, no les dejará ni acercarse! ¡Los campeones deberán usar su destreza y su valor para lograr que el dragón se aparte del nido el tiempo suficiente para coger el huevo!¡Pero ojo, no tienen permitido que los huevos reales de dragón sufran daño alguno, si eso pasa, pierden puntos! ¡El sorteo se ha realizado, y el primero será el campeón de Hogwarts, Cedric Diggory, que tendrá enfrente, como pueden ver, a un bonito Hocicorto Sueco!¡Después, y por este orden, irán Fleur Delacour, Viktor Krum y Harry Potter!
—Ginny—dijo Ron, que estaba pálido. —¿De verdad Harry tendrá que hacer frente a un bicho como ese?—señaló al dragón.
—Sí, estúpido. Presta atención, que quizá estemos ante los últimos momentos de vida de Harry—dijo Ginny entre dientes.
—No si yo puedo evitarlo—dijo una voz conocida.
Se giraron. Era Charlie, que había subido las gradas y se había acercado a saludar a sus hermanos. Ginny se sintió más aliviada.
—Mamá se ha enterado de en qué consiste la primera prueba y se ha puesto como loca—les explicó su hermano tras saludar con un beso a Ginny y con abrazos a Ron, Fred y George. —Me ha suplicado que por favor, que haga todo lo que haga falta para que Harry salga con vida de esta, incluso si no gana.
—¿Crees que…que la vida de Harry corre peligro?—preguntó Ron, temblando.
—Mira a ver qué tal lo hace Cedric, y juzga por ti mismo—respondió Charlie. —Me acuerdo de cuando entró en Hogwarts, era mi sexto año y ya por entonces destacaba como un gran alumno.
Y ciertamente, Cedric acababa de entrar en el cercado. Charlie se despidió de ellos y volvió junto con sus compañeros de trabajo, listos para intervenir si las cosas se ponían feas.
Cedric se colocó a pocos pasos del dragón. Agitó la varita, y una piedra que estaba junto a él se convirtió en un perro. El perro corrió hacia el dragón, el dragón fue tras él, y Cedric aprovechó para coger el huevo. Lástima que entonces el dragón cambió de idea y decidiera perseguir a Cedric, al cual lanzó una llamarada que le rozó. Le persiguió durante un rato, hasta que finalmente los chicos de Charlie intervinieron y controlaron al dragón. Bagman, mientras, había ido comentando con gran entusiasmo todo lo que pasaba. Después, los cinco jueces, uno detrás de otro (Bagman, Crouch, Karkaroff, Maxime y Dumbledore), hicieron aparecer mágicamente con sus varitas números que indicaban qué puntuación le habían dado.
Después de eso, salió Fleur Delacour, que hubo de hacer frente a un dragón Galés Verde (una vez más, Bagman comentaba). Fleur se acercó bastante al dragón y empezó a hacer una serie de curiosos movimientos corporales, al tiempo que agitaba la varita. Entonces, el dragón cayó al suelo y se quedó dormido. Evidentemente, le había lanzado un encantamiento adormecedor o algo semejante, pensó Ginny. Fleur se acercó y cogió el huevo dorado. Pero cuando se alejaba, el dragón exhaló un ronquido, y como era un dragón, al roncar soltó fuego en vez de aire, el cual prendió la falda de Fleur, que sin embargo la extinguió sin dificultad con un chorro de agua conjurado mágicamente. Tras esto, los jueces la puntuaron del mismo modo que a Cedric.
Y luego, Viktor Krum, a quien le tocó en suerte un Bola de Fuego Chino de color rojo. Krum optó por lanzar algún tipo de hechizo directamente a los ojos del dragón (posiblemente una Maldición de Conjuntivitis o algo parecido, pensó Ginny). El dragón se levantó, se agitó dolorosamente mientras rugía de dolor, y empezó a trastabillar, hasta que tropezó y cayó sobre los huevos, destrozando muchos. Aquello hizo que los jueces puntos a Krum, porque, como recordó Ginny, entre las reglas que había expuesto Bagman al comienzo del torneo estaba que los huevos de dragón reales no debían sufrir daños.
Y por último, el momento que Ginny temía: el turno de Harry. Ginny vio como Charlie y sus chicos sacaban de su jaula al Colacuerno Húngaro y lo encadenaban delante de una nidada de huevos. Aquél bicho tenía muy, muy mala pinta, con aquella cola rematada por púas que parecían lanzas de lo grandes que eran. Y poco después, vieron entrar a Harry. Harry se colocó fuera del alcance de las llamaradas del dragón, agitó la varita y gritó algo que Ginny no entendió. Poco después, para alegría suya, una escoba voladora apareció volando sobre las cabezas de todos y descendió lentamente hasta detenerse delate de Harry. Harry se montó en ella y despegó, mientras todos ovacionaban.
Harry subió durante un rato, luego cambió de dirección y bajó en picado hacia los huevos. Entonces, el Colacuerno alzó la mirada hacia él y, para horror de Ginny, le soltó un chorro de fuego por la boca. La niña cerró los ojos…
—¡Por Júpiter, eso sí es volar!¿Está viendo eso, míster Krum?— gritó Bagman.
Ginny abrió los ojos. Harry estaba volando por encima del dragón, sano y salvo. Vio que Hermione tenía marcas de uñas en la cara: obviamente se las había clavado en ella. Harry voló en círculos por encima del dragón, que le seguía con la mirada. Justo cuando el dragón abría la boca para escupir fuego, Harry picó otra vez. Pero esta vez no tuvo tanta suerte: el dragón atacó con la cola y le rozó el hombro. Ginny se tapó los ojos otra vez y Hermione, supuso Ginny, volvió a clavarse las uñas en la cara. Ginny volvió a abrir los ojos y vio que Harry había ido volando hasta colocarse en el aire justo por detrás del dragón.
—¿Qué está haciendo?—preguntó Hermione, aterrada.
—No lo sé. Pero o se le ocurre algo pronto o esa lagartija lo va a asar vivo—intervino Ron, visiblemente asustado. Y Ginny se sentía inclinada a darle la razón.
Entonces, Harry empezó a dar vueltas y vueltas en torno al dragón, a veces acercándose, a veces alejándose, pero guardando las distancias. El dragón estaba claramente nervioso, pero no le arrojaba fuego, quizá porque Harry estaba demasiado lejos para eso. Entonces, Ginny comprendió: Harry quería poner nervioso al dragón para que echara a volar y se alejara de los huevos, y aprovechar entonces para coger el huevo dorado. Aquello era muy peligroso, pero Ginny empezó a recobrar la esperanza, viendo la enorme facilidad con que Harry controlaba su Saeta de Fuego.
"Gracias, Sirius, por habérsela regalado", se dijo Ginny. "Si fuera con la Nimbus no tendría velocidad suficiente para esquivar a esa fiera".
Todos los espectadores, mientras tanto, contemplaban en silencio. Hermione estaba aterrada, Ron claramente también, pero Ginny empezó a sentirse cada vez más emocionada. Se había olvidado por completo del peligro y sólo pensaba en lo guapo que estaba Harry volando sobre su Saeta de Fuego. En ese momento, volvía a ser la niña que se ponía nerviosa cuando Harry estaba cerca.
Y finalmente, ocurrió. El dragón extendió las alas y se alzó sobre las patas traseras, dejando desprotegidos los huevos. Harry, entonces, picó hacia los huevos, soltó sus manos de la escoba (Ginny no se puso nerviosa: sabía perfectamente que Harry hacía eso muy bien, en cambio, Hermione palideció aún más) y agarró el huevo dorado, después, alzó el vuelo sobre las gradas, esquivando hábilmente la llamarada que le lanzó el dragón. Una estruendosa ovación estalló. Y para alegría de Ginny, su hermano parecía ovacionar más fuerte que nadie.
"¡Miren eso!¡Miren eso!", gritaba Bagman, entusiasmado como un niño. "¡Nuestro campeón más joven es el que menos tarda en coger su huevo!¡Esto hará que las posibilidades favorables para Potter aumenten!"
Harry mientras tanto, tras volar otra vez sobre las gradas, descendió adonde estaban la profesora McGonagall y Hagrid, y se puso a hablar con ellos. Luego, salió del cercado, rumbo a una tienda de campaña en la que Ginny no se había fijado. Miró a su hermano, que parecía muy aliviado, y supo lo que tenía que hacer.
—Vamos—dijo, agarrando del brazo a Ron.
—¿Adónde?
—¡A reconciliarte con Harry, so idiota!
Y Ron, pese a ser mucho más grande y fuerte que ella, se dejó conducir. Poco después, estaban cara a cara con Harry, dentro de una tienda. Hermione también había ido con ellos. Ginny, rápidamente, abrazó a Harry, y Hermione le felicitó calurosamente. Luego, las dos chicas se apartaron a un lado y su Ron y Harry quedaron cara a cara.
—Harry...—musitó Ron—…quien puso tu nombre en el Cáliz de Fuego…creo que quería acabar contigo.
—¿Ya te has dado cuenta? Tu tiempo te ha costado—dijo Harry en tono frío.
Los dos ¿ex? amigos se quedaron mirándose. Ay, ay, ay, aquello no estaba saliendo bien, pensó Ginny. Pero entonces, Ron se dispuso a hablar, sin duda para disculparse, y Harry le interrumpió.
—Está bien. Olvídalo.
—¡No! ¡No debería…!
—¡OLVÍDALO!—insistió Harry.
Ron, entonces, sonrió nerviosamente. Y para alegría de Ginny, Harry le devolvió la sonrisa. Hermione se echó a llorar, les dio un abrazo a cada uno y luego salió corriendo. Ron la miró desconcertado y Ginny movió la cabeza y se echó a reír por lo bajo
—¿Tú de qué te ríes?—preguntó Ron, muy cortado.
—De ti, hermano mayor—exclamó la niña, que estaba muy feliz de ver que su hermano y Harry se habían reconciliado.
Días después de la primera prueba, Ginny fue a visitar a Moody a su despacho. Hablaron un rato de la primera prueba (Moody fingió no saber de qué hablaba Ginny cuando la niña trató de darle las gracias por su ayuda) y luego pasaron a la segunda.
—Al parecer, el secreto está escondido dentro de ese huevo. Pero cuando lo abres, sólo se oye un horrible chillido—dijo Ginny.
—Así pues, Potter no ha descubierto el secreto del huevo, ¿no?
—No.
—Ya. Bueno, no pierdas la esperanza. Diggory, como buen Hufflepuff que es, gusta del juego limpio y quizá quiera ayudar a Potter después de que él le advirtiera de los dragones. Mi consejo es este: si él os da una pista, escuchadle.
—Entendido, señor.
—¿Algo que yo deba saber sobre Karkaroff y Krum?
—Karkaroff le puso una puntuación muy baja a Harry en la primera prueba, algo que cabreó mucho a mi hermano.
—Sí, lo sé, yo estaba cerca. Él por supuesto favorece a Krum.
—De eso quería hablar, señor. Ha ocurrido algo con Krum que creo que debe saber.
—Soy todo oídos.
—Como sabe, dentro de poco es el Baile de Navidad.
—Sí, claro.
—Pues bien, Krum ha pedido a mi amiga Hermione que sea su pareja de baile.
—Continúa—Moody mostró gran interés.
—¡Y ella ha ACEPTADO! Después de haber dicho durante semanas que no le interesaba demasiado, ¿ahora dice que sí? Esto me huele muy mal.
—En el caso de Granger, no te preocupes demasiado. Puede que esté frustrada porque no la hayan invitado y por eso haya dicho que sí. Pero me preocupa lo de Krum.
—¿Cree posible que intente seducirla para sacarle información sobre Harry?
—Ya te dije que sí, y evidentemente, Krum tiene mucho con que jugar en ese sentido. Tú misma has visto que todas las chicas de Hogwarts están coladas por él, y él, bueno, es un famoso jugador de quidditch, es guapo, es musculoso, el tipo de cosas que pueden atraer a una adolescente en celo.
—No puedo creer que Hermione se comporte así…la creía más lista—dijo Ginny.
—¿Sí? Creo recordar que hay un precedente en el que ella empieza a beber los vientos por alguien sólo porque es guapo y no es capaz de ver delante de sus narices.
—Lockhart—recordó Ginny.
—Correcto. Puede ser que Krum esté intentando seducir a Granger y que ella esté ya cayendo en sus redes. No les quites ojo de encima, ¿de acuerdo?
—De acuerdo, señor.
—Por cierto, Weasley, ¿ya te han invitado al baile?
—No—suspiró Ginny. —¿Quién va a querer invitarme a mí, que no tengo apenas tetas o culo? Físicamente aún soy muy niña, y eso no le interesa a nadie.
—Bueno…a Potter sí le interesas, creo—Moody le guiñó el único ojo "de verdad" que le quedaba.
—Eso creía, pero desde que se reconcilió con el idiota de mi hermano, apenas hablamos. Casi lamento que eso haya ocurrido.
—Ya—Moody asintió. —Por desgracia, en eso no soy de mucha ayuda. ¿Alguna cosa más?
—Sí. Harry hace poco entró en la cocina y se encontró entre los elfos domésticos con Dobby.
—¿Dobby? Yo he oído ese nombre antes, pero después de todas las maldiciones que he recibido a lo largo de mi vida, mi memoria ya no es la que era.
—Era el elfo doméstico de los Malfoy. Pero Lucius Malfoy le liberó involuntariamente con un poco de "ayuda" de Harry, y Dobby ahora ama tiernamente a Harry.
Moody asintió.
—Interesantes criaturas, los elfos domésticos. Extraordinariamente leales para con quien les trata bien, y con un poder mágico enorme, que pocos magos conocen. Por ejemplo, pueden burlar casi todos los hechizos antiaparición conocidos y tienen una gran facilidad para hacerse invisibles. Eso les convierte en unos espías y ladrones excelentes. Si queréis robar algo en Hogwarts, o si queréis seguir a alguien de cerca, os sugiero que reclutéis a ese elfo doméstico. Toma nota, puede serte útil mucho antes de lo que crees.
—Tomo nota, señor. Por cierto, Harry también encontró a Winky, la elfa doméstica de…
—De Barty Crouch, lo sé—la interrumpió Moody, que súbitamente parecía un poco inquieto. —He estado en su casa muchas veces ella y yo somos viejos conocidos, por así decirlo. ¿Dijo algo interesante?
—No…sólo lloriqueaba y farfullaba cosas sin mucho sentido. Un momento…sí dijo algo, dijo que Bagman era un mago malvado, pero cuando pedimos detalles no quiso decir nada.
—Ya…Bueno, creo que eso es todo por hoy. Mantén los ojos bien abiertos, e infórmame de cualquier cosa que veas que te parezca extraña, ¿de acuerdo?
—De acuerdo, señor.
—Y no lo olvides.¡Alerta permanente!
—¡Alerta permanente, señor!
¡Hola! Había escrito una versión preliminar de este capítulo en la que Harry besaba a Ginny antes de ir a la primera prueba, pero luego me lo he pensado mejor. Ginny aún tiene que madurar un poco y comprender que Hermione no es una rival y que Harry no es una especie de propiedad particular suya. Pero que no cunda el pánico, ¿eh? Que el beso llegará, lo prometo. ¡Un abrazo!
