Capítulo 10: El arrepentimiento.
Esa noche, durante la cena, ella no apareció. Los padres de Kagome la justificaron con que tenía un terrible dolor de cabeza que casi no podía caminar. Preocupado, Lord Taisho preguntó si la había visto el médico del pueblo y ellos respondieron que sí, que le había aconsejado descanso, y tal vez se debía el estar expuesta al sol o al nerviosismo de la pronta fiesta de compromiso.
Sesshomaru estaba estático, ni siquiera había comido, se mantenía serio con la mirada perdida y las manos en puño. Él había hecho lo correcto, pensaba. Además, había tenido la cautela de advertir que era un asunto muy delicado y que se debía actuar con mucha discreción, pero esa muchachita no oía razones, el sólo hecho de haber querido enmendar con la justicia el actuar del vil Almirante, había hecho que ella explotara.
Y lo humillara.
"¡Usted no tiene corazón!"
"¡Ni deseo conocerlo!"
Frases llenas de rencor y resentimientos, dicha por aquella joven, la que era su prometida, haciéndolo sentir miserable, frustrado y desdichado.
- Sesshomaru, supe que estuviste esta tarde en el parque con la señorita Higurashi- Le dijo su padre, preocupado- ¿No notaste nada mal en ella?
El hombre los miró con el rostro pálido, desencajado ¿qué iba a decirles? El ánimo de Seshomaru decayó notablemente, sentía que nada de lo que pudiera hacer, haría que ella se conformara o fuera suficiente.
- No. No noté nada mal en ella.
Inuyasha lo observaba con profundo rencor. Mentía, era claro que mentía. Y algo muy malo había ocurrido, él los había visto en el parque, habían discutido, ella le entregó esa chaqueta, era su chaqueta, algo significaba y estaba a punto de explotar de la rabia e indignación. Hizo una mueca burlona. Lo soportaría, por ahora, pero ya luego, necesitaba hablar con Kagome.
Después de la cena, como siempre pasaron al salón a conversar, Sesshomaru se mantuvo con ellos, de pie, divagando, pensando con rencor en ella y preguntándose porqué no podía sacársela de la cabeza. Cuando se dio cuenta de ello abrió los ojos impresionado de su actitud, estaba perdiendo la compostura y hasta la cordura ¿qué le estaba pasando? ¿por qué tenía que estar pensando en ella en todo momento?
Al otro día apareció. Kagome lo saludó con frialdad haciendo una reverencia casi burlona y luego hizo como si él no existiera. Y aunque lo tenía a su lado y lo más lógico que buscara conversación con él, la muchacha no lo hizo y cada vez que hablaba lo hacía para todos o para preguntarle directamente a Inuyasha que estaba más lejos de ella, después de Sesshomaru.
Su frialdad y desdén lo lastimaba y hacía que su pecho se oprimiera ¿qué era esto? Se sentía nuevamente como un estorbo en aquel lugar, un idiota. Deseó irse, marcharse y no volver a poner un pie en ese pueblo nunca más. Pero el deber, el honor del compromiso lo ataba a quedarse y casi dejarse humillar. Era la promesa de su padre y él, como el heredero y primogénito debía cumplir.
¿Y si les dejaba el camino libre? Si ella amaba tanto a su medio hermano ¿por qué no rechazar el compromiso y que ella se quedara con su hermano? Al fin y al cabo, el apellido era lo que importaba ¿o no?
No, era el título que él heredaría, la herencia como el castillo era la retribución que quería dejar Touga a los Higurashi como ofrenda de agradecimiento.
Sesshomaru esbozó una mueca amarga. Tonterías. Todo tenía arreglo. Miró a Kagome que reía junto a su hermano y sintió que le dolía el pecho. Si tanto lo odiaba, si no lo soportaba, entonces, él estaba dispuesto a hablar con su padre y dar término de buena manera a ese compromiso obligado, a pesar, de que eso le causaba un profundo dolor. Lo entendió, él sí había pensado que estaría complacido por el matrimonio, ahora se sentía desilusionado.
Kagome no se sentía nada bien ignorando al señor del hielo. Y es que quería, lo intentaba, pero era imposible ignorar del todo esa mirada dorada penetrante y afilada que estaba posada siempre en ella. Saber que el mayor de los Taisho la observaba y que era consciente de su desdén la tenía el borde del límite. Sus nervios los intentaba aplacar riendo y tratando de distraerse con Inuyasha. Quería odiarlo, pero, aunque lo intentaba era en vano. Recordaba lo bien que se había comportado con su amiga, sabía que lo que él estaba haciendo era buscar justicia y no dejar que ese detestable hombre no cumpliera un castigo, a pesar del cargo o la posición que ostentaba. Pero es que, quería odiarlo por hacer de su vida una complicación ahora.
Al otro día y durante la mañana creyó conveniente ir a ver a su amiga Eri. Esta como siempre la recibió con júbilo y la llevó al saloncito de visitas. Kagome estaba preocupada por tener que informarle lo de los emisarios que estarían por llegar.
- Ah sí. El teniente Taisho vino a verme ayer- Dijo, sonriendo y ruborizada. Kagome se sorprendió y abrió los ojos con sorpresa.
- ¿Qué?- Pensó que escuchaba mal, pero la chica Wanatanabe asintió complacida.
- Sí, vino ayer por la tarde. Es tan atento…- Suspiró- Me explicó lo que había hecho… quiere que ese hombre pague.
Kagome se sobó nerviosamente las manos, no podía creer lo que estaba escuchando.
- Pero… Eri, la gente se va a enterar.
La muchacha suspiró con fuerza.
- Dijo que sería confidencial. Si el teniente Taisho se tomó las molestias de escribirle al rey y enviar una nota a cerca de este incidente, lo menos que puedo hacer es recibir a los emisarios y decir lo que ocurrió.
La joven Higurashi la miró consternada. Se avergonzó de inmediato por cómo lo había tratado en el parque y luego el día anterior, ignorándolo por completo. Tragó y sintió dolor en la garganta.
- Entonces… ¿los recibirás? - Preguntó, casi en un jadeo- ¿Tu familia está de acuerdo?
Eri asintió con una sonrisa tranquila.
- Mis padres dicen que sí, que si una persona tan importante como el teniente Taisho me salvó de las garras de ese hombre y ha hecho todo para enmendar lo que ocurrió, es lo mínimo que debo hacer.
Kagome volvió a tragar. "¡usted no tiene corazón!" "¡Ni quiero conocerlo!". Esas palabras hirientes dichas en voz alta en medio del parque la torturaron. Apartó la imagen del hombre dolido de su cabeza. Kami Sama, qué había hecho.
- Bueno… creí que sería imprudente…
- Oh no, ¿y si me quedo callada y ese hombre lo hace con otra? eso me mortificaría mucho. Prefiero arriesgarme, que luego vivir con mi conciencia intranquila.
La joven Higurashi asintió e intentó sonreír, pues lo que su amiga decía era cierto. Y ella, con sus ideales tan firmes que había cultivado cuando estudiaba, se avergonzó horriblemente por su proceder.
- Kagome… perdona que te pregunte esto, pero, ¿te casarás con él? - La pregunta fue sorpresiva para la muchacha que alzó el rostro a ella y se ruborizó- Es que, ha sido tan bueno, tan atento- Suspiró- Sé que es tu prometido pero, pero… - Sonrió con amargura.
- Sientes…- Apenas murmuró- … algo ¿por él?
Eri sonrió y luego se acercó más a ella.
- Me avergüenza decirlo ahora, delante de ti porque sé que es tu prometido.- Declaró dando un resignado suspiro- Es tan guapo. Y serio. Y esa voz. Mi corazón late tan fuerte cuando escucho su nombre o cuando lo veo. No puedo dejar de temblar y ruborizarme. – Cuando Kagome la miró consternada se mordió los labios y se avergonzó horriblemente- Perdóname, no debí decir todo eso, menos a ti.
En ese momento entró la madre de Eri y le ofreció un té a su invitada. Kagome se había puesto de pie súbitamente y casi tropezó con sus propios pies de los nervios. Se excusó rápidamente y salió de allí, prometiendo antes volverla a visitar.
Estaba turbada. La visita del teniente Taisho a Eri había sido algo que no esperaba, pero lo que más desazón le causaba no era el que su amiga quisiera hablar con los emisarios, sino más bien el confesarle que albergaba sentimientos por el teniente Taisho. No sabía cómo tomarlo ¿qué le iba a decir? La confundía enormemente lo que Eri decía, porque sí, el teniente Taisho tenía todas esas cualidades que su amiga había enumerado y claro, cualquier joven se sentiría muy atraída por él. ¿Y ella? ¿le atraía? Sólo recordar como temblaba cuando estaba cerca suyo la hacía estremecer ¿qué significaba eso? Arrugó el ceño y predominó, como siempre, el orgullo, reprochándose pensamientos como esos. Por supuesto que no sentía nada, ella amaba desde la infancia a Inuyasha. Y con él deseaba casarse, no con su hermano mayor.
Aquella noche hubo una nueva velada en el pueblo a la cual estaban casi todos invitados. Vestida como siempre de blanco para las recepciones de este tipo y llevando su cabello tomado en un complicado peinado del cual salían algunos rizos traviesos sobre su oreja y en el cuello, llegó acompañada de sus padres.
Todos estaban enterados del compromiso y se turnaron para saludarlos ya que pronto aquella familia se uniría a una de las más aristocráticas e importantes del país. Sesshomaru era el heredero del título del Lord y del castillo regalo del rey, alguien al cual todos querían congraciarse.
Pero el hombre no estaba ahí. Y sí su hermano. Inuyasha de inmediato se apegó a la muchacha y a nadie aquello le parecía impertinente o fuera de lugar. Los vieron a ambos tantos años juntos que, aunque en un principio creyeron que tal vez él sería el prometido, ahora lo veían más como "su hermano".
- Estas muy hermosa hoy, Kagome.
Ella ni siquiera lo miró. Observó el salón repleto de gente y esperó ver una silueta alta y distinguida con mirada de fuego, pero no lo encontró.
- Inuyasha… ¿dónde está tu hermano?
El muchacho arrugó el ceño. La miró dolido, casi con rencor.
- No sé ¿por qué te preocupas por él?
Ella alzó el rostro distraído a él.
- No, no me preocupo, sólo quería saber…
Y era que debía hablar y disculparse por la forma en que lo había tratado. Su amiga estaba de acuerdo con decir lo que había ocurrido y su familia la apoyaba, a pesar de todo, con tal de hacerse justicia. Y ella sólo había pensado en la reputación. El teniente Taisho le había asegurado una vez que haría algo para que pagase ese hombre, ahora lo había hecho y había prometido que todo sería muy confidencial, tenía que confiar en su palabra.
Inuyasha la observó con desagrado. No olvidaba lo que había visto en el parque. Se habían encontrado, pero habían discutido. Y no dejaba de pensar en la chaqueta de Sesshomaru manchada con sangre. Si no conociera bien a su amiga…
- Mejor baila conmigo. - Dijo, tomándole la mano y sin esperar una respuesta. Ella lo siguió, intentando darse ánimos. Pero estaba inquieta y deseaba ver al teniente Taisho, disculparse por lo que había dicho.
Sesshomaru no quería ir. Y se debatió un buen rato en ello. No quería ir ¡al diablo el compromiso! Y sin embargo, se sentía agitado y nervioso. Cuando pasó por un espejo vio su rostro y se sorprendió de su propio reflejo ¿qué le estaba ocurriendo? No quería pensar más allá así que cerró fuertemente los ojos y se pasó una mano por el cabello, intentando tranquilizarse. La señorita Higurashi. Ella era la culpable de que él estuviera así. Quería que se sometiera, que se rindiera ante él, quería congraciarse con ella y no lo lograba ¡maldita mocosa!
Habían bailado muchas cuadrillas y vals y estaban, aunque cansados, felices, era como si todos los problemas se hubieran disipado y hubieran retrocedido a años anteriores, cuando eran más inocentes y nada los agobiaba. Kagome había olvidado su cargo de conciencia y se entregaba feliz a las bromas de Inuyasha. Estar a su lado era divertido, se sentía segura y él parecía quererla, mimarla ¿cómo no se iba a enamorar de él? Llevaba años sintiendo que su corazón le pertenecía y en estos momentos no dudaba de ello.
En un momento en que reía ante las bromas de Inuyasha que se burlaba de otros por como vestían o bailaban, vio aparecer el mayor de los Taisho en el salón. La sonrisa se borró de su rostro y su corazón dio tal brinco que le dolió el pecho. Él la miró y ella se sonrojó. Supo que era el momento, y ni siquiera lo pensó tanto, así que sin decir nada a su acompañante, caminó hasta el hombre que se sorprendió cuando notó que se dirigía a él. A pesar del rostro furibundo de Inuyasha y las cosas que le decía y que parecían quedar en el aire.
Kagome estaba muy avergonzada por su proceder. Pero aún así sabía que debía pedir disculpas. Lo había meditado casi todo el día y necesitaba redimirse, pronto. Lo miró con seriedad e hizo una leve inclinación con su cabeza. Sesshomaru le respondió con una inclinación de cuerpo respetuosa.
- Señorita Higurashi.
- Teniente…
Sentía los latidos de su corazón en la garganta, bajó la vista ya que la mirada de él la abrumaba aún más de lo que ya estaba.
Hubo un silencio intenso entre ellos, a pesar de la música que no paraba de sonar. Kagome tragó con fuerza percibiendo el aroma cítrico y amaderado siendo muy consciente de la proximidad del hombre. Alzó nuevamente el rostro dándose valor mientras Sesshomaru la observaba con seriedad desde su altura.
- ¿Quiere bailar?
Él lo dijo más para romper la incomodidad que había entre ellos. La vio alzar las cejas, sorprendida y luego suspirar e intentar esbozar una pequeña sonrisa.
- Sí.
Esperaron que la canción cesara y luego, él le ofreció su mano la cual ella aceptó. Se dirigieron al centro al igual que muchas parejas y esperaron que comenzara la canción. Un vals. Sesshomaru que observaba a su alrededor tratando de no abrumarla con su mirada, la enfocó en ella recordando la vez que lo hicieron. Esta vez Kagome se acercó a él ya sin sorpresa y Sesshomaru deslizó su mano en la cintura mientras le tomaba la mano que ella había alzado, al encuentro de la suya.
- ¿No le molesta que sea un vals?- Le preguntó el hombre, bajando la mirada para encontrar la suya. Kagome alzó sus ojos a él y luego los esquivó.
- No, ya no.- Tragó con fuerza y luego volvió a mirarlo- Teniente… - Lo llamó cuando él volvía a mirar a su alrededor tragando con fuerza. Sesshomaru volvió la mirada dorada hacia ella. La vio humedecer los labios antes de hablar y él tragó duro, sus ojos se quedaron quietos en los labios húmedos de la muchacha. Contuvo el aliento-… quiero disculparme por como lo traté en el parque- Se lo dijo casi rápidamente, sofocada, pero manteniendo la mirada en él, que al escuchar sus palabras volvió a enfocar sus ojos en ella y respirar- Sé que tiene que hacer lo correcto, perdóneme por favor, estoy muy arrepentida de mi actuar.
Sintió como los dedos del hombre se aferraban aún más a su cintura y mano, un pequeño acercamiento que la hizo temblar y mirarlo con aprehensión cuando el hombre bajó la mirada a ella. Estaban juntos, casi tan pegados que el pecho de la chica rosaba el suyo. Kagome percibió la calidez del cuerpo del hombre varonil, bajó la mirada sintiéndose turbada y tragando duro, luego de un momento alzó el rostro y sus ojos se encontraron con los de él.
- Señorita Higurashi. – Murmuró de pronto Sesshomaru- Yo..
El baile terminó y ambos se vieron obligados a separarse. Él estaba frente a ella como si dudara en qué haría. Kagome lo miró estática desde donde estaba, esperando su movimiento. Finalmente Sesshomaru sólo hizo una inclinación, dando por terminado el baile.
La joven lo miró algo contrariada y luego volteó, tragando con fuerza y caminando a prisa hacia un rincón, intentó divisar a Inuyasha para sentirse segura. El muchacho la esperaba en el mismo lugar, bebiendo, la observó siniestro.
- ¿Por qué hiciste eso?- Le reprochó.
Kagome suspiró.
- Ayer le dije algunas cosas… tenía que disculparme- Respondió simplemente, pero intentando tranquilizarse. Inuyasha arrugó más la frente. Estaba hablando de aquella discusión que habían tenido en el parque.
- Bueno pero… no era necesario el baile.- Volvió a decir, disgustado.
La joven sonrió y le tomó la manga de la chaqueta.
- Vamos a bailar ¿si?
A regañadientes aceptó. Pero pronto olvidó su enfado y celos. La retuvo junto a él gran parte del tiempo contándole anécdotas y burlándose de los demás mientras bailaban. Inuyasha miraba de reojo a su medio hermano deseoso de que sintiera lo mismo que él había sentido cuando los vio bailar el vals. Y estaba loco si pensaba que le daría un respiro a la muchacha. Cuando al fin terminaron de bailar se fueron a un rincón y él le ofreció champagne. Ella casi no bebía por su edad, pero estaba tan feliz en ese momento que se empinó toda la copa lo que causó risas en Inuyasha.
- Oye, Kagome…
- Es que hemos bailado mucho- Sonrió ella y le quitó su copa al muchacho- Y estoy sedienta- Y se la bebió un poco más lento. Inuyasha sonrió al ver a su amiga como siempre. Le ofreció otra copa más y la alentó a beber, la joven le siguió el juego.
Sesshomaru estaba deseoso de hablar con ella otra vez, o estar a su lado. El baile era la prueba de que estar con la señorita Higurashi, a su lado, era algo reconfortante y bastante agradable. Además, ella le había pedido disculpas y eso lo tenía un poco contento, al fin sentía que tal vez, le era de su agrado.
Pero verla con Inuyasha corrompía todos sus buenos y esperanzadores pensamientos. Veía a su medio hermano mirarlo casi con odio, esbozar una sonrisa irónica, acercarse más de lo debido a la muchacha que parecía actuar de una forma muy distinta a cuando estaba a su lado. Le molestaba. Horriblemente. La señorita Kagura no se había despegado de su lado intentando buscarle conversación y él solo respondió con monosílabos. Su mirada estaba fija en la señorita Higurashi.
Súbitamente Kagome enrojeció al instante en que sus miradas se encontraron y su mano con la copa tembló. Inuyasha se dio cuenta al mirar en dirección de su amiga. Arrugó el ceño a Sesshomaru, luego la tomó del codo y la volteó.
- Oye, ¿es que acaso le tienes miedo que tiemblas así?
La muchacha pestañeó varias veces y se ruborizó. Le entregó la copa a Inuyasha y se alisó una arruga imaginaria del vestido.
- No… no sé, me pone nerviosa.- Dijo casi sin pensar, a modo de excusa y falta de una respuesta coherente. Sentía la cabeza pesada y estaba mareada, aún así no paraba de sonreír.
- He ideado algo, Kagome- Le dijo de pronto, muy serio. Ella alzó la mirada a él, esperanzada- Pero primero debo confesarte algo.
Kagome sentía la mirada penetrante en su espalda, intentó tranquilizarse y enfocarse en el rostro de Inuyasha que parecía debatirse en decirlo o no algo.
- Pues dime- Y tragó con fuerza, pero observándolo muy atenta. Inuyasha desvió la mirada de ella hacia Sesshomaru, que observaba la escena, a los lejos, junto a una bella mujer que quería su atención.
- Aquí no, mejor ven- Le tomó la mano y la sacó rápidamente de ahí. Sesshomaru observó consternado la escena y se quedó sin aliento, pensando, en lo atrevido que era su hermano con la que era su prometida.
Salieron al frescor de la noche, Kagome se sentía mareada debido al licor y sus mejillas estaban más rojas aún, le costaba concentrarse un poco, pero aun así era consciente de la situación.
- Inuyasha, por favor, dime, qué sucede.
El muchacho la puso enfrente suyo, pero no le soltó la mano, la miró fijamente y su mirada era de dolor y a la vez nerviosismo. Kagome lo observaba atentamente, casi no podía respirar.
- Kagome. Yo, hace mucho siento algo por ti. - Dijo de pronto. Vio que la chica alzó ambas cejas y entreabría los labios, sorprendida- Te amo, Kagome…- Gimió y se acercó más a ella posando una mano en su mejilla- No quiero que te cases con Sesshomaru.
La muchacha no podía creer lo que estaba escuchando. Tantos años añoró una confesión así de sus labios, lo deseó tanto, lo anheló demasiado que ahora, ahora creía que estaba soñando.
- ¿Qué? - Musitó, creyendo que esto era una ilusión o un sueño. Pero la caricia que él le dio con sus dedos en las mejillas lo hacía muy real.
- Que te amo. Y sé que tú me correspondes - Le declaró. Kagome estaba a punto de llorar, de la emoción y de los nervios- Hubiera sido yo el que casara contigo. Pero mi padre dispuso que fuera Sesshomaru, por ser el mayor, porque él heredaría el título de Lord y el castillo y es con eso que le quiere retribuir a tu padre. No creas que no se lo pedí a él, pues sí lo hice el año pasado. Mi padre me lo negó. Dijo que sólo Sesshomaru se casaría contigo. No sabes cuánto he sufrido.
Kagome no podía creer aun lo que estaba escuchando. Sin ningún recato lo abrazó y sollozó. Sentía que su corazón ardía, pero no estaba segura si era de felicidad porque al fin y al cabo sus sentimientos, aquellos que albergaba hacía muchos años eran retribuidos al fin, o, el que su amor fuera imposible, que a ninguno de los dos se les permitiría estar juntos a pesar de que se amaran.
Inuyasha tomó ambas manos del rostro de la chica y la besó. Kagome le correspondió mientras las lágrimas caían por sus mejillas, luego él apoyó la frente con la suya.
- Tengo un plan para deshacer definitivamente el compromiso. Pero tienes que estar segura, muy segura.
La chica lo volvió a abrazar y sollozó.
- No tengo que pensar nada, yo sólo quiero estar contigo, Inuyasha.
Inuyasha le tomó una mano muy fuerte, la besó sobre los guantes y sonrió.
- Entonces acompáñame. Hoy mismo deshago ese compromiso.
Continuará…
N/A: Los personajes no me pertenecen, son de Rumiko Takahashi, la historia sí es mía, por lo que no autorizo para que sea modificada o publique en otro sitio.
Muchas gracias nuevamente por leer y enviarme sus comentarios, siempre alienta recibir reviews.
Un abrazo.
Lady.
