Capítulo 10
Estudié mi reflejo en el espejo del pasillo mientras en el salón la fiesta estaba en pleno apogeo. Un extremo de mi labio inferior estaba algo más hinchado que el otro. Lo estaba de verdad, y tenía un aspecto ridículo. Gray estaba chiflado. Siempre a punto de volvernos locos a todos. Sin embargo, por un tiempo incluso resultaba encantador presenciar ese comportamiento tan poco habitual.
¿Me gustaban los mordiscos? No, no me gustaban. Tampoco me gustaba que me mordisquearan o que me hicieran chupetones. La marca que tenía en el cuelo no me impresionaba y estaba bastante segura de que tenía un hematoma en el trasero, de cuando me apretó contra la encimera de la cocina.
No es necesario decir que su agresivo experimento amoroso no estaba resultando un éxito.
-¡Dios! ¡Maldito psicópata! – dije a mi reflejo en el espejo.
-¿Perdón? – comentó la chica que esperaba a mi lado a que quedara libre el cuatro de baño.
-Nada. Solo estaba maldiciendo en voz alta. – Le mostré una amable sonrisa -. No me hagas caso.
Asintió y volvió a aplicarse el brillo de labios con la precisión de una artista antes de colocarse bien altos los pechos. ¿Habría alguna posibilidad a mis veintitrés años de que yo aprendiera a colocarme así los pechos? Me gustaría…
-Oye… Has venido con Gray Fullbuster, ¿verdad? – me preguntó.
-Sí. – No alardeé de ello, pero me pasé los dedos por el pelo.
Su sonrisa no parecía sincera, a pesar de extenderse de oreja a oreja.
-Eres muy valiente.
-¿A qué te refieres?
-Porque no pegáis nada juntos. – Sus ojos se encontraron con los míos en el espejo. Eran oscuros y maliciosos, con motitas de color avellana -. Me refiero a que tú no estás a su nivel. Pero… disfruta de él mientras puedas, ¿por qué no?
Lo comprobé en el espejo pero, para mi sorpresa, no me salía humo por las orejas. Abrí la boca, aunque tardé un momento en encontrar las palabras.
-¿Me dices eso en serio?
-¿Cómo? – Soltó una risita nerviosa y se atusó el pelo, mirándome en el espejo.
-No me conoces de nada, y yo a ti tampoco.
-¡Eh, tranquila, hermana! Pienso que Gray es guay. ¡Hoy tú, y mañana seré yo!
Menuda envidiosa mentirosa. No iba a permitir que esa zorra me hiciera sentir inferior.
-Para empezar, no somos hermanas. Ya tengo una y jamás me diría algo así.
Sus labios perfectos formaron una O igual de perfecta.
-En serio, cielo – le dije amablemente -. Tus modales dejan muchísimo que desear. Así que ¡vete a la mierda!
En ese momento se abrió la puerta del cuatro de baño y entré, cerrando con más entusiasmo del necesario.
Cuando me uní de nuevo a la fiesta, iba con los hombros bien erguidos; había olvidado ya el latido en el labio. Ni siquiera miré a la zorra que estaba esperando fuera.
¡Maldita fuera esa!
La fuerte música rock inundó mis oídos, manteniendo a raya mi incipiente agitación. Necesitaba dar un golpe a algo. ¡Ya! No a alguien, sino a algo. Por ejemplo, aporrear una pobre e inocente pared para dejar salón la presión que se iba acumulando en mi interior. Contuve el ritmo agitado de mi respiración, intentando sosegar mi mente.
Tranquila, Juvia, todo va bien.
Gray, Jerall y Gajeel estaban a un lado, bebiendo mientras ignoraban las sonrisas llenas de esperanza de las jóvenes que babeaban al tenerlos cerca. ¡Dios! ¿Así era su vida todo el tiempo? Tenía que ser insoportable. A unos metros de ellos, Erza mantenía una conversación con una chica de su edad. De vez en cuando, miraba a Jerall de una forma que no parecía demasiado profesional. Allí se cocía algo…
Poco a poco fui capaz de respirar con normalidad. Todo estaba bien.
-¿Qué te pasa? – me preguntó Gray cuando me acerqué.
Justo por detrás de nosotros la que me dijo esas cosas salió del aseo con aires de grandeza y le lanzó a mi supuesto novio una enorme sonrisa forzada. Era una desvergonzada.
-Quiero que me prometas una cosa – le pedí a Gray.
-Lo que sea, bomboncito.
Lo miré sonriente.
-Ni siquiera has vacilado.
-Estás enfadada por algo. – Se inclinó, consiguiendo que la conversación fuera privada a pesar de estar en una estancia llena de gente -. ¿Qué te ha ocurrido?
-Prométeme que no te acostarás con ella. – Señalé a la zorra en cuestión, que en ese momento estaba hablando con un señor mayor, al que sonreía mientras asentía amablemente. Seguramente sería una prima de Lu o algo así y no una reina del lado oscuro. Aunque eso no convertía en correcto su comportamiento. Además, no debería insultar a nadie cada vez que abriera la boca. Le iría mucho mejor así.
-No me acostaré con ella – convino Gray.
-Ni mantendrás relaciones sexuales.
Puso los ojos en blanco.
-Era para dejarlo claro – insistí.
-Pero ¿qué te ha hecho esa?
-Me ha insultado. Pero tranquilo, no pasa nada. – Con saber que no iba a conseguir acercarse a él, ya estaba en paz conmigo misma -. Sigamos disfrutando de la fiesta.
La expresión de Gray se volvió dura y apretó los labios.
-¿Cómo? ¿Qué cojones te ha dicho?
-Eso no importa. Voy a buscar otra copa. No sé donde he dejado la mía y, este momento, beber me parece una idea excelente. Necesito lubricante social. – Me dirigí hacia la cocina, de nuevo satisfecha con mi vida. Se haría justicia. Los pantalones de Gray estaban vetados para esa mujer.
Una mano me retuvo agarrándome por el codo y me arrastró de nuevo al cuatro de baño. Era una estancia bonita. Paredes de piedra color gris oscuro con apliques en cromo. Lo cierto es que era un aseo magnífico, pero no necesitaba pasar tanto tiempo en él.
-¡Gray! ¿Qué haces?
Cerró la puerta. ¡Guau! Menuda mirada tenía. Sus ojos no mostraban ni pizca de diversión.
-Juvia, ¿qué-cojones-te-ha-dicho?
-¡Eh! En serio, no ha pasado nada grave. – Apoyé la cadera en la encimera, dando un claro ejemplo de como se debían tomar las cosas. No esperaba tal preocupación por su parte.
-Por favor…
-Solo necesitaba saber que esa no va a conseguir nunca lo que quiere, es decir, a ti. La culpa es de mi maligno corazón vengativo – bromeé.
No se rió. Me sostuvo la mirada con una expresión furiosa y se acercó a mí, haciendo que me reclinara contra el lavabo. El borde de piedra impactó justo en el punto dolorido de mi trasero.
-¡Au! – Me froté la zona con una mueca.
-¿Qué te pasa ahora?
-Creo que me di u colpe antes con la encimera de la cocina. Por tu culpa.
Carraspeó de una forma muy sexi. Nunca hubiera pensado que tal clase de sonido pudiera resultar excitante.
-Ya te dije que lo sentía.
Me agarró por la cintura y me sentó en la repisa del lavabo. Me separó las rodillas todo lo que permitía el vestido y se situó hábilmente entre mis piernas.
-¡Eh, alto ahí! – le puse las manos en los hombros y sentí el cálido tacto de la tela del traje -. Atrás.
-Dime qué te ha dicho.
-¿Por qué? ¿Quieres desafiarla a un duelo? ¿Quizá pistolas al amanecer?
-Lees demasiados libros.
-Eso es imposible – solté, algo horrorizada.
-No habrá ningún duelo, pero te aseguro que la echaré de aquí.
-Gray, lo digo en serio, ya me he ocupado de ello. No pasa nada.
Se limitó a mirarme fijamente.
-De acuerdo: le he dado las gracias cortésmente por su opinión y le he pedido que se fuera a la mierda.
Su expresión se relajó un poco.
-¿Qué la has mandado a la mierda?
-Sí, por supuesto. He recurrido a mi Escarlata O'Hara interior y he pasado de todo lo que me ha dicho.
-Muy bien. Me gusta eso de ti. ¿Y ahora estás bien? – Apoyó las manos en la repisa, a ambos lados de mis caderas, lo cual significaba que estábamos muy cerca. Tan cerca que, si no lleváramos ropa encima, estaríamos juntos, en el sentido bíblico.
-Sí, estoy bien. Aunque tengo el labio un poco inflamado. Así que nada de mordiscos a partir de ahora.
Soltó una carcajada.
-Ya… ya me lo imaginé cuando me tiraste del pelo para que me alejara de ti. No sé si lo sabes, bomboncito, pero puedes llegar a ser muy agresiva. Y me gusta.
Sonreí, y él me devolvió la sonrisa. Todo iba bien de nuevo.
-Sin embargo, prométeme que no te acostarás nunca con ella – repetí, solo para asegurarme. No me gustaba nada aquella mujer -. Lo digo en serio, Gray.
-Mi polla no se divierte con alguien que se mete con mis amigos. No me gusta que hagan eso.
-Entonces, tu polla tiene buen gusto.
Se le nubló la mirada.
-¡Gray…! – le reñí.
-Mmm… Lo siento. Es que me gusta que digas polla y gusto en la misma frase.
-Ya. – No iba a picar. Me retorcí con discreción encima de la fría superficie -. Gracias por preocuparte por mí. Ahora tenemos que salir de aquí y unirnos a la fiesta. Seguro que hay más gente que quiere visitar el cuatro de baño.
-Hay otros cuatro. – Me rozó los labios con los suyos con la suavidad de una pluma, y cada nervio de mi cuerpo se erizó en respuesta a su contacto -. Voy a hacer que te sientas bien, Juvia.
-Ah… Pero ya te he dicho que estoy bien. ¿Recuerdas esa línea que trazaste para que no nos enrolláramos ni tuviéramos sexo? Estás dejándola muy atrás esta noche.
-Tranquila, no pasa nada.
-Claro que pasa. No quiero convertirme en tu juguete, Gray.
-¿En mi juguete? ¿De que coño estás hablando? – Me metió las manos debajo del trasero y, de repente, me vi alzada contra él. Contra todo su cuerpo. Y por lo que podía comprobar, estaba de buen humor… y de un humor muy duro.
Solté un gritito y le rodeé las caderas con las piernas. Juro por Dios que no fue mi intención, sino un acto reflejo. Cuando apretó la erección contra mí, surgieron en mi mente toda clase de pensamiento. Mis hormonas tomaron inevitablemente el control. Sin duda haber hablado de bebés le había dado ideas. Aun así, hice un esfuerzo, aunque bastante simbólico, por resistirme.
-Está bien, grandullón. Ya es suficiente.
Me besó el labio inferior con suavidad.
-¿Todavía te duele?
-Ya está curado. - ¡Oh, me dolía! Claro que me dolía. Sin embargo, si presionaba un poco más la pelvis contra mí, mi mente se quedaría en blanco y le daría vía libre. Me retorcí contra él, incapaz de detenerme. Se me iban cerrando los ojos ante esa sensación tan placentera.
-No te considero ningún juguete, Juvia. Eres mi amiga. Y estoy muy interesado en ti por muchas razones.
No lo pude evitar: sonreí.
-Yo también te considero mi amigo, Gray.
-Y por eso, ¿sabes?, está bien que nos relajemos y pasemos un buen rato. – Quiso dar énfasis a sus palabras masajeándome las nalgas -. No tienes que estar tan tensa todo el tiempo. No pienso dejar que te pase nada malo, ¿sabes?
Gray Fullbuster podía ser muchas cosas, pero no omnipotente. La triste realidad es que la vida no era un camino de rosas.
-¿Qué estás pensando? – me preguntó, frotándose una vez más contra mí y disipando un poco mi tristeza.
-En nada. – Mentirosa. Pensaba en el sexo, en el estrés que suponía esa situación… En ambas cosas a la vez.
-Me gusta mucho tu vestido. De verdad.
-Gracias. Tu traje es impresionante. Te queda como un guate.
-He estado pensando en el problema que tenemos tú y yo con los besos – dijo.
-No tenemos ningún problema con los besos. Todo el mundo piensa que estamos juntos, así que hemos hecho un trabajo magnífico. Somos un buen equipo. – Levanté la mano para chocársela -. ¡Bien!
Se rió por lo bajo.
-¿Ves? Eres muy divertida.
Le brindé lo que debió ser una sonrisa estupefacta. Ese hombre era guapísimo, en especial cuando estaba tan cerca. Ladeó la cabeza y me acarició la mejilla con la nariz al tiempo que me besaba la comisura de los labios. Noté que jugaba con la cremallera del vestido. No la bajaba, pero amenazaba tácitamente con hacerlo en cualquier momento. ¡Dios! Me encantaba que me amenazara de esa manera. Se me erizaron los pezones, más que dispuestos a que los atendiera. Sin duda, ellos no poseían ninguna sensatez.
-Juvia, he estado pensando… - alegó -… que debería besarte en otros lugares.
Gray Fullbuster era un genio.
Muy lentamente, me bajó la cremallera dos centímetros, desafiándome con su sonrisa a detenerlo. Lástima que hubiera perdido el control sobre mis miembros. Siguió tirando de la cremallera, aflojando el corpiño del vestido, lo que hizo que se abriera por delante. Entonces, deslizó un dedo por el escote, deshaciendo el lazo negro.
-¿No vas a detenerme? – preguntó.
-Claro. Dentro de nada. – Como si existiera tal posibilidad…
Luego bajó la vista. Con un poco de suerte, a ese hombre le gustarían los pechos de todas las clases. Porque si solo le gustaban los pequeños y compactos, esto no iba a terminar bien.
-Juvia… ¡Joder! – Lo vi tragar saliva; eso era una buena señal. Con ternura, dibujó con los dedos el hueco en la base de mi garganta.
-¿Qué pasa?
-Eres jodidamente…
Alguien golpeó la puerta en ese momento, arrancándome de la neblina de lujuria.
-¡Gray, ya es la hora! – gritó una voz masculina.
¡No! ¡No!
-¿Qué coño…? – Gray se dio la vuelta con el ceño fruncido mientras yo me esforzaba frenéticamente en colocar el vestido en su lugar.
Gajeel asomó la cabeza cuando se abrió un poco la puerta.
-¡Hostia puta, joder! – maldijo Gray en un tono tenso y furioso -. ¡Juvia podría estar desnuda!
-Calma, colega. A ti antes eso te daba igual – se burló Gajeel -. Y si no quieres que vea nada, esta puerta tiene pestillo. Podías haberlo utilizado.
-Las reglas han cambiado, ¿Entendido?
-Joder, colega… - replicó Gajeel, esbozando una sonrisa que dejó sus dientes al descubierto -. Estás hablando en serio.
-Por supuesto que lo estoy diciendo en serio. Es mi novia, imbécil.
Gajeel deslizó la mirada por mi cuerpo.
-Ya. Bueno, pues tu novia es muy guapa y, ¿sabes qué?, creo que me gusta.
Gray se puso tenso de pies a cabeza. Sus ojos lanzaban chispas.
-Oye…
-No. – Lo retuve por las solapas del traje -. No os peleéis.
Me miró con las fosas nasales dilatadas. ¿Por qué en las bodas se originaban situaciones tan dramáticas?
-Lo he dicho en serio – recalqué -. Es la noche de Lu y Natsu. Por favor.
Pero, al parecer, Gajeel encontraba demasiado divertido lo que estaba ocurriendo como para detenerse.
-¡Vamos! ¿Es que ya no te acuerdas de la mujer que compartimos en Berlín? Estuvo muy muy bien. Siempre he pensado que me gustaría volver a hacerlo. ¿Qué te parece a ti, Juvia? ¿Te apuntas a un trío? Te prometo que cuidaremos muy bien de ti.
Gray soltó un gruñido y yo me lancé a por él, logrando detenerlo por el cuello. Me quedé colgada de él. ¡Dios! Era un tipo muy fuerte. Era posible que Gajeel fuera grande, pero si tenía en cuenta el mal humor de Gray, apostaría por él en una pelea. Hasta tenía abultados los músculos del cuello.
-Gray – pronuncié su nombre con un tono muy tranquilo y controlado. En circunstancias diferentes, seguro que habría sido una excelente psicóloga -. ¿Estás escuchándome?
-Sí. – Me sujetó el trasero con las manos y me sostuvo en el aire. Me encantó la sensación. Al parecer, colgarse del cuello de alguien era más fácil de lo que pensaba.
-No pasa nada. No le hagas caso – aseguré -. Gajeel, lárgate.
El muy idiota arqueó las cejas.
-Ya – le insistí.
-Claro, Juvia. No te preocupes. – Cerró la puerta al tiempo que me guiñaba un ojo.
-Gray, cálmate. El tipo malo ya se ha ido.
-Estoy tranquilo – gruñó, sosteniéndome contra su pecho.
-Gajeel no estaba hablando en serio… Solo te tomaba el pelo.
-¿Es que no has visto cómo te miraba? Claro que lo decía en serio. – Me abrazó con fuerza -. Es un cabrón, a veces incluso es peor que Jerall. Debería haberle partido la cara.
-Venga, déjalo ya. Haz que se vaya ese cavernícola que tienes dentro. Esta noche estás muy agresivo.
-No me gusta que la gente diga nada sobre ti. No quiero que soportes esa mierda.
-A veces eres muy tierno. Pero no es necesario que te pegues con nadie por mí.
-Los cuatro nos conocemos desde que éramos niños, nos hemos peleado miles de veces. – Gray me subió de nuevo la cremallera del vestido y luego me miró con intensidad -. No querías hacer un trío, ¿verdad?
-Prefiero vérmelas con una erección cada vez. Supongo que es una manía personal…
-Mejor.
Le besé en la mejilla porque ver a Gray celoso era algo impresionante.
-¿A qué se refería Gajeel cuando te dijo que ya era la hora? ¿La hora de qué?
-Nats quiere tocar unas canciones especiales para Lu. Tenemos que salir de aquí. – Suspiró y se sentó de nuevo en el lavabo antes de frotarme la espalda-. ¿Estás bien?
-Sí.
Frunció el ceño.
-Gray Fullbuster, no sé si lo sabes, pero puedes llegar a ser muy intenso. – Me observó en silencio -. Te comportas casi siempre como si todo te diera igual, pero en realidad te guardas mucho ahí dentro. De hecho, eres bastante complicado.
-¿Y eso te sorprende?
-Sí… y no.
-Y tú dices que yo soy complicado… ¿Bailarás conmigo más arde? – preguntó, despojándose del mal humor.
-Me encantaría.
-Querías tomar otra copa, ¿verdad? Venga, vamos a buscarla antes de que empiece el espectáculo. – Me ayudó a bajar poniendo las manos en mis caderas, tratándome con mucho cuidado.
-Eres el mejor novio del mundo, da igual si eres de verdad o de mentira.
-¿Cuántos novios has tenido?
-Dos. – Levanté un par de dedos, por si le venía bien un poco de ayuda visual. Se me daba bien ser servicial.
-Así que soy el número tres.
-No, tú eres el dos. Eso de las relaciones no es mi especialidad.
-¿Ah, no? – Alzó la barbilla y me miró con orgullo -. Pues en esta lo estás haciendo de puta madre.
-Muchas gracias, cariño.
¿Y bien? ¿Qué os ha parecido? Me parece a mí que Juvia no va a poder resistirse para siempre :)
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Hasta la proxima!
