Miraculous, les aventures de Ladybug et Chat Noir y sus personajes son propiedad de Thomas Astruc y Zag Entertainment.

Palabras: 1400.

10.- Desnudarse

—No puedes decirme eso —protestó de nuevo.

—¿No? Pues lo he hecho.

—Jagged, en serio.

—Penny, hay muchas cosas que puedes decidir por mí, pero no lo que digo o lo que siento. ¿Tan terrible te parece?

—Eres mi jefe, no puede ser, ¿es que no lo entiendes?

Jagged movió las manos en una muda interrogación.

—¿Quién lo dice? ¿Hay alguna ley que lo prohíba?

—No, pero no…

—¿No, pero qué? ¿No sientes lo mismo? ¿Soy demasiado mayor para ti? ¿Qué? Dame un motivo real, que sea tu jefe no lo es. Puedo dejar de serlo si tan problemático resulta.

—Eso no es justo —musitó apartándose—. ¿Y si simplemente no quiero?

—Eso no es un motivo.

—No insistas más. Además ¿cuánto duraría? ¿lo que dura cualquiera de tus…?

Él soltó un bufido interrumpiéndola. Se dio cuenta de que acababa de soltarle un golpe bajo, que había invocado el concepto que casi todo el mundo tenía de él.

—Creía que me conocías mejor, Penny, que sabías que no soy así, pero ya veo que no —susurró dolido y decepcionado, con la mirada baja.

—Lo siento, no quería decir eso…

—Sí, sí que querías —musitó—. Vete, se ha acabado el juego.

—Jagged…

—Ve a por tu maleta, ese avión no nos esperara.

Si existiera un premio a la persona más idiota sobre la faz de la tierra, Penny, estaba segura de que se lo llevaría ella. Jagged había sido muy civilizado con ella, aunque no se lo merecía.

Tomó su maleta y bajó al vestíbulo del hotel, a pesar de que aún quedaba un buen rato para que tuvieran que salir. Pierre evitó preguntarle cuando se la encontró allí como si el mundo estuviese derrumbando a su alrededor.

El trayecto en coche discurrió en el más absoluto de los silencios con Jagged mirando por una ventanilla y Penny por la otra. Lo mismo ocurrió durante el vuelo y el recorrido en taxi hasta el hotel.

Fang estaba de malhumor por el vuelo diurno. Jagged estaba de malhumor por cómo había acabado aquel juego de preguntas. Y ella quería encerrarse en su cuarto de cuando tenía diez años y fingir que no existía.

—El taxi pasará a buscarnos en una hora —musitó Penny sin despegar la mirada del suelo—. He reservado la planta para dos noches como pediste.

—Ya, bien.

—Jagged…

—Avísame cuando haya llegado el taxi —dijo saliendo del ascensor sin esperarla—. No quiero ver a nadie hasta entonces.

—De acuerdo.

La había cagado. Ni cuando trataba de echarla se había comportado de un modo tan frío y distante, le había hecho daño y no sabía si podría repararlo.

La entrevista fue bien, aunque Jagged no se había mostrado despreocupado como siempre. Su personaje se había resquebrajado ligeramente ante las cámaras, pero había logrado mantener el tipo. No hubo comida conjunta, ni caprichos absurdos que añadir a la lista, tampoco cena.

Cada uno se encerró en su suite como si fueran un par de extraños que acababan de coincidir en un hotel.

Por segunda vez en aquella semana necesitaba hablar con alguien. Miró la hora en el móvil, era tarde, pero sabía que Cécile tenía insomnio y a penas dormía. Marcó su número y aguardó a que le contestara.

—Dos veces en una semana, ¿es que es mi cumpleaños?

Penny rió.

—Siento llamar tan tarde —siseó.

—Ya sabes que no duermo mucho, ¿qué te pasa?

—Cécile, creo que lo he echado todo a perder…

—¿Qué has hecho?

—Le he rechazado y le he hecho daño.

—A todos nos han rechazado, seguro que sobrevivirá.

—Ya, pero he dejado que piense que creo que quiere utilizarme —susurró tirándose en la cama—. Le conozco mejor que nadie y he permitido que crea que pienso lo mismo que el resto.

—A ver si lo he entendido. ¿Tú estás enamorada de él, él te ha dicho que lo está de ti y tú le has soltado alguna estupidez sobre el trabajo?

—Sí, más o menos.

—Penny, mi deber como tu mejor amiga es decirte que eres una idiota —declaró con un suspiro—. No puedes pasarte la vida entera huyendo. No todos los tíos son unos cerdos. Además, mereces un poco de amor y mimitos antes de irte a dormir. ¿Qué es lo peor que podría pasar?

»No me digas que perder el trabajo, porque con el dineral que te paga podrías jubilarte hoy mismo. Sé que te gusta, que disfrutas buscando todas esas estupideces que se le antojan, pero es sólo un trabajo —determinó. Penny agradeció no tenerla frente a ella porque así se ahorraba el previsible zarandeo—. Trabajo contra una vida feliz. No hay que ser muy lista para saber a qué deberías darle una oportunidad.

—¿Y si no sale bien?

—Nunca se sabe si va a salir bien o no, pero siempre merece la pena apostar por una relación. Sal del rincón en el que estés escondida y habla con él, ahora.

—Es la una de la madrugada, estará durmiendo…

—Pues le despiertas. Cuanto más esperes, peor será. Penny, tú lo sabes mejor que nadie. Acláralo.

—No sé si querrá hablar conmigo —susurró.

—Pues le obligas, si hace falta te pones a chillar en el pasillo de ese hotel para gente rica.

—Eso es muy maduro —soltó con tono sarcástico—. De acuerdo, voy a hablar con él.

—Suerte. Quiero los detalles la próxima vez que hablemos.

Penny colgó. Salió al pasillo en pijama y llamó a su puerta en vez de usar su copia de la llave magnética como habría hecho en otras circunstancias. Jagged abrió la puerta y la interrogó con la mirada.

—Sé que es muy tarde y que estás muy cabreado conmigo. —Alzó las manos para que no la interrumpiera—. Y tienes toda la razón del mundo para estarlo, pero ¿puedo hablar contigo un momento? Después me iré y no me acercaré a ti si no quieres.

—Pasa.

Le siguió hasta el sofá, nerviosa. Estaban los dos en pijama, en silencio e incómodos. Penny habría dado su sueldo anual para que sonase su teléfono.

—Si has venido para quedarte callada…

—¿Sabes cómo acabé trabajando para ti? —soltó llenándose de valor.

—Tu abuelo te trajo.

Penny sonrió y disintió.

—No me refiero a eso.

—Pues cuéntamelo, sería una novedad.

—Vale, me lo merezco —admitió, no iba a ofenderse por ello—. Antes de trabajar para ti lo hacía en un prestigioso bufete de abogados, con sede en París, pero con delegaciones en Estados Unidos, Inglaterra e Italia. Trabajaba un montón de horas y aceptaba casi cualquier caso que entrase.

»Entonces nos entró uno de los grandes, uno de esos con seguimiento en todos los medios de comunicación. Era complicado, pero logramos ganarlo, así que fuimos a celebrarlo y conocí a alguien.

»Era guapo y parecía interesante, le invité a tomar la última en mi casa y acabamos pasando el fin de semana juntos.

Hizo una breve pausa, se sentía incómoda explicándole aquello, era casi como desnudarse por primera vez frente a alguien, pero merecía saber por qué le daba miedo aquella situación.

—El lunes cuando llegué al bufete había una pequeña fiesta montada, el jefe había vuelto de Estados Unidos. Ninguno de nosotros le había visto antes, sólo conocíamos a su padre, su predecesor y bueno, fue toda una sorpresa.

»Yo nunca he tenido muy buena suerte, pero eso fue el colmo. Resultó que era el tío que me llevé a casa.

—No veo qué tiene de malo.

—Ya… yo pensé lo mismo. Creí que ambos fingiríamos que no había pasado nada, pero me equivoqué. Me despidió.

La miró desconcertado.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Moverse en un mundo en el que predominan los hombres es difícil. Además, mírame.

—¿Qué tengo que mirar?

—No soy blanca, he crecido en un barrio obrero con una alta tasa de inmigración, mi padre era un inmigrante ilegal. No tenía las cosas muy a favor desde el principio.

—Penny, yo no soy ese tío.

—Ya lo sé.

—Me da igual dónde has crecido o si tu padre no tenía papeles. Y me encanta el color de tu piel.

»Y mierda, Penny, me gustaría saber todas esas cosas sin que me las dijeses porque un imbécil te hizo daño.

Penny se le acercó un poco, si se había lanzado a abrirse mejor hacerlo del todo.

—Me da miedo que me quieras.

—¿Por qué? —preguntó desconcertado.

—Por que yo también te quiero.

Continuará

Notas de la autora:
¡Hola! Décimo capítulo, Penny ha empezado a abrirse a Jagged, desnudarse no siempre consiste en quitarse la ropa.
Mañana más.