Su cuerpo le pesaba a medida que intentaba sentarse sobre la cama. Se sentía adolorido y algo somnoliento. Llevaba unas cuantas malas noches y la última, sumada a todo el estrés de que ciertas cosas ahora se hubiesen descubierto no ayudaban en nada.

Estiró sus brazos y su espalda y caminó con pesadez a la baño. Lavó su rostro y sacudió sus ideas. Era cierto, se había quedado dormido mientras cuidaba a su hermana. ¿Dónde estaba ahora? Seguramente en la cocina. Salió, de la habitación, dispuesto a dar con ella pero no la halló, en ninguna habitación, en ningún lugar. Eso estaba mal. ¿Tal vez había ido a hablar con Darius? Bueno, ella era demaciado imprudente así que No era tan disparatado pensarlo. Se alistó tan rápido cómo pudo y golpeó la puerta de sus "vecinos" una vez que estuvo frente a ella.

—¿Hola? —Katarina dijo mal humorada al verle entrar sin siquiera saludar.

—Hola, ¿cómo estás? —al verse solos, se acercó y dejó un fugaz beso en su frente—. ¿Dónde está Luxana?

—Bien y no lo sé. ¿No estabas cuidando de ella?

—Me quedé dormido. Ahora no está. Si le ocurre algo...

—No le va a ocurrir nada. Seguramente está por ahí. ¿Qué no lo sabes? Las malas noticias siempre son las primeras en llegar. Así que no te preocupes. Debe estar por ahí.

—Pensé que tal vez estuviese hablando con...

—¿Con Darius? No lo creo. Él salió hace rato. Dijo que iría a dar una vuelta... Oh... ¿Crees que estén juntos? —Preguntó con picardía y Garen le miró con un enojo con el que no le miraba desde que se enfrentaron por primera vez en batalla.

—Lo tomaré cómo una broma de muy mal gusto.

—Ya, vamos. Solo estoy molestando. Pero si es posible que estén juntos. Con todo lo que ocurrió, tal vez estén hablando del tema. Aunque te duela y te arda, algo pasó y tienen derecho a querer hablarlo.

—Tú no lo entiendes... Vamos, no quiero hablar aquí —tomó su mano y la sacó de aquel lugar, sin percatarse de que alguien les escuchaba. La arrastró hasta las escaleras, que siempre parecían estar solas y continuó—. Escucha, Kat, ya toda Demacia sabe que Lux es una maga. Y la única opción que tiene para no acabar con su cabeza en las manos del verdugo es casarse con Jarvan IV. Me preocupa profundamente que si llegan a enterarse de ésta extraña... cosa... con Darius, de entre todas las personas, cancelen todo y sea enjuiciada. Y lo peor es que no sólo sería por ser un mago.

—Es por el antecedente con el criminal, ¿no? —Garen asintió—. Recuerdo que me dijiste que se llamaba Sylas o algo así.

—El punto es que, sé que Jarvan sospecha en el fondo que Lux le ayudó a escapar, aunque haya sido sin su intención. Ella siempre hace éste tipo de cosas. Confía ciegamente en las personas y se entrega plenamente en fé de que sentirán igual pero al final está muy lejos de cómo es el mundo real.

—Luxana es joven y algo ingenua, pero, vamos, no todos los noxianos somos malos. O al menos para nosotros no lo somos, aunque ustedes en Demacia nos vean cómo los villanos del cuento.

—El problema es que no importa lo que piense yo, importa que mí hermana es aún muy joven y me aterra pensar que llegue a terminar pasando el resto de su vida en un maldito calabozo.

—Eso no ocurrirá —Katarina acarició su mejilla sonriendo—. Escucha, conozco a Darius desde que yo era una niña prácticamente. Y no es el tipo que te va a embaucar para clavarte el cuchillo en la espalda. Eso es más de mí estilo y confiaste en mí. Él ha dicho estar agradecido con tu hermana, tuvo la oportunidad de salvarla y lo hizo. Yo también estoy sorprendida de todo ésto, pero, sea lo que sea, si realmente quieres a tú hermana tanto como profesas, ahora mismo solo puedes apoyarla. Y si tú lo haces, yo estaré a tú lado aunque sea desde la sombras para ayudarte con ello.

—Es muy difícil tener una hermana así —Garen comienza a tranquilizarse y se sienta en la escalera, siendo imitado por la pelirroja, quién toma su mano—. Trato de protegerla de todo, desde que éramos niños, pero siento que no puedo cuidarla del mayor de los peligros, porque es ella misma.

—Tu hermana no es ninguna debilucha y lo sabes. Confía en mí.

—¿Me estás pidiendo que confíe en una despiadada asesina?

—Sí —respondió con una sonrisa.

—Eso parece una muy buena idea.

—¿Qué mierda está pasando aquí? —Draven se preguntó a sí mismo desde el pasillo, observando y escuchando con cautela aquella charla—. Tengo que notificarle esto a Darius. Katarina anda enrrollandose con éste mequetrefe. Uy, la que se va a liar.

—Sra. Ferros, no sabemos dónde está la srta. Crownguard. La última vez le vimos en la terraza hablando con la mano de Noxus. Luego fue a su residencial y la perdimos de vista —escuchó aquella voz, cerca de los ascensores acercándose en su dirección.

—Interesante. La orden es la misma. La chica debe morir antes de que acabe el tratado. Que parezca un accidente, aunque, me han dado una excelente idea... Infórmame que tanta es su cercanía con la mano de Noxus. Tal vez podamos echarle la culpa. Será creíble y nos quitará un problema de encima.

—Señora. ¿Qué hay de lo otro?

—No me interesa. El trato con Jarvan IV fue simple. Solo le interesa que la mocosa muera.

—¡¿Pero qué mierda pasa aquí?! —Gritó en su cabeza y al escuchar las voces tan cerca al punto de que le escucharían en cualquier momento entró a las escaleras.

—¿Draven? —Katarina se levantó aterrorizada y el menor de los hermanos la tomó de un brazo y con su otra mano tomó a Garen y tiró de ellos.

—Vamos, rápido, rápido.

Echó a correr pisos arriba, obligándolos a seguirlo y cuando estuvieron suficientemente lejos de su piso se arrojó agotado a la escalera.

—Rayos, Draven odia las escaleras —dijo recobrando el aliento—. Los descubrí —continuó—. Escucha, Katarina, me caes bien, estás buena y sabes cómo usar un cuchillo y te respeto por eso. Pero, tengo que decirle a Darius lo que ví. Por otro lado, tú si me das asco —Garen frunció el seño y Katarina contuvo una sonrisa.

—¿Nos hiciste subir hasta acá solo para eso? —Preguntó el ofendido demaciano y Draven sacudió la cabeza negando aquel comentario.

—Escucha, niño bonito. En primer lugar, escuché algo que no debía y tuve la ligera impresión de que si seguíamos ahí se darían cuenta que yo había escuchado y pensaría que ustedes también. Pero créeme que te interesa tanto cómo a mí.

—¿Qué escuchaste? —Preguntó Garen.

—Espera, primero, déjame continuar con lo de antes. Katarina, ¿de verdad? ¿te gustan los tipos aburridos con hombres gigantes? Debiste salir con mí hermano entonces.

—Draven, ¿qué escuchaste? —insistió Katarina.

—Ah, te duele. Pero es verdad, qué tipo más insípido éste. Al menos te hubieses metido con el principito, ya sabes, el estatus.

—¡Draven! —Exclamó Katarina y él rió con malicia.

—Ya entendí, ya entendí. A ver, ¿cómo resumirlo? Mis perfectos oídos escucharon a Camille Ferros dar indicaciones a uno de sus lacayos sobre la próxima muerte de tú hermanita —dijo señalando a Garen— y cómo la orden venía de un acuerdo con Jarvan.

—Eso es una mentira.

—No lo es, hombreras. Palabras más, palabras menos dijo que su acuerdo con Jarvan era que tú hermana muriera antes de que acabe todo este asunto. Y no sé por qué mí hermano está envuelto en éste asunto pero quieren inculparlo, aprovechar las diferencias entre nuestras naciones para que parezca un crimen a traición.

—Eso es ridículo, —Katarina sujetó su barbilla buscando una explicación—. ¿Qué podría ganar Camille Ferros con eso?

—Solo se me ocurre una cosa... —ambos noxianos prestaron atención en Garen—. En Demacia no se acepta la magia. Hace poco, un criminal escapó, las medidas de represión contra los magos aumentaron por decisión de Jarvan IV y capturaron más que antes. No quiero pensar que...

—La tecnología Hextech funciona con magia... —Katarina llevó una mano a su boca—. ¿Crees que sería capaz de entregarle magos cómo conejillos de indias?

—Jarvan los repudia. Y su padre ya no está en condiciones para opinar. Él quería liberar a los magos y abolir las represiones contra ellos. Pero cuando ocurrió todo ese incidente casi muere. Actualmente está en una condición muy crítica y simplemente esperamos que muera para que Jarvan IV tome el trono. Pero desde ese día, los magos viven aterrados. Lux secretamente a ayudado a algunos a escapar de Demacia. Suele atravesar gran parte del territorio hasta las fronteras con carretas cargadas de magos escondidos entre cargas de heno. Solo muestra el emblema de nuestra familia y nadie se atreve a cuestionarle o revisar su carro. Los dejá cerca de la frontera y regresa.

—Tú hermana está loca —Draven rió—. Me agrada.

—Pero no tiene sentido —dijo Katarina, sentándose en uno de los escalones—. Él fue quién le pidió comprometerse con él, ¿no? ¿Para que le pediría ser su esposa si la va a mandar a matar?

—Eso es lo que no entiendo.

—Ustedes son idiotas. Que suerte tienen que aquí está Draven y les resolverá el misterio —la pareja le miró sorprendidos pero expectantes a lo que diría—. Tú hermana muere en Piltover, porque los noxianos traicionan el acuerdo de apoyo mutuo para luchar contra esas cosas moradas. Todas las naciones se solidarizan con el pobrecito príncipe que quedó viudo antes de la boda. Declara guerra a Noxus por quitarle el amor de su vida. Obviamente conseguirá el apoyo de otras naciones que nos odian y todos contra Noxus.

—No lo sé. Parece demasiado simple y por simple, una estupidez —Katarina se cruzó de brazos.

—También me parece demasiado simple. Debe haber otra razón. Pero no sé cuál pueda ser. Además, no sería tan fácil conseguir que otras naciones arriesguen a los suyos solo por una venganza de amor en una guerra que traerá muerte y dolor para todos por igual.

—¿Entonces qué otro motivo puede haber detrás? —Garen se encogió de hombros ante aquella pregunta.

—No tengo idea. Lo mejor que podemos hacer ahora es buscar a Lux y Darius y contarles lo que está pasando.

Decidieron bajar, usando el ascensor ésta vez e ir al lugar de descanso de los noxianos. Esperarían ahí a que Darius apareciera y si todo estaba bien con él llegaría Luxana. Tenían mucho que pensar y tal vez entre los 5 encontrarán algo más de lógica a todo aquel disparate, además de que era preciso advertir a los involucrados para que estos pudieran tener cuidado. Después de todo. Camille controlaba gran parte de Piltover y si era ella quién estaba tras la cabeza de Lux, corría más peligro del que podían siquiera imaginar.

Debían mantener un bajo perfil y similar que no sabían nada sobre el tema, fingir que todo estaba bien y que confiaban plenamente en sus anfitriones, probablemente le daría igual callarlos si algo pasaba.

Draven se fue a su habitación, comentando que estaría despierto por si pasaba algo. Katarina y Garen se quedaron en la cocina, charlando sobre lo que acababan de discutir y descubrir. El demaciano lucía claramente afectado por las intenciones de quién consideraba su mejor amigo, y Katarina intentaba hacerle sentir mejor, dejándole claro que al final, todo pasaba por una razón.

—Kat... —levantó la mirada y su rostro estaba deformado, cómo si acabara de ver un fantasma—. ¿Y si descubre que...?

—Shuuuu —Katarina se acercó a su oido—. No lo digas en voz alta, no sabemos si alguien pueda estar escuchando. No lo sabe. Y no lo sabrá hasta que queramos que lo sepa. ¿Ok? Relájate. Pero te aseguro, que si descubre que Zoran es mí hijo y si le llega a hacer algo. Si toca 1 de sus cabellos, yo misma le corto la garganta.

—Katarina. Sigo siendo uno de sus comandantes, no puedo permitirte que digas algo así... Sobre todo porque te aseguro que yo mismo acabaría con la vida de cualquiera que intente hacerle daño. Solo me preocupa que estando tan lejos no podría hacer nada ahora mismo si le pasará algo.