[Jaque Mate]
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Los buses que los llevarían de camino al hotel campestre se encontraban parqueados un par de cuadras más abajo del teatro. Marinette bajó nuevamente al vestidor, se cambió de zapatos a unos más cómodos, tomó su maleta y vistió un cardigan suave para protegerse del ínfimo viento que corría aquella noche de verano. Ella disfrutó el espectáculo al ver un montón de adolescentes universitarios correr hacía ellos en la mitad de la noche, con sus vestidos de fiesta, tacones altos, smokings, mientras se encontraban borrachos de alegría y alcohol. Marinette observó a su alrededor y supo de inmediato que aquella fiesta sería la clase de eventos de universitarios ebrios en las que había que esperar mucha locura. Y en aquel momento, ella resintió ser menor de edad. Tal vez esto no había sido tan buena idea.
Marinette subió al bus que le correspondía y se sentó con el grupo de Marie, así como los demás miembros del departamento de costura. Ella había visto a Félix tratando de acercarse a ella mientras caminaba por la calle. Sin embargo, todo se encontraba demasiado reciente. Ella aún no se hallaba de humor para comenzar aquella farsa. No quería reconocerlo, pero le había fastidiado hasta el cansancio la forma en la que se atrevió a tocarla en el brazo, Marinette aún sentía el fantasma de sus dedos correr por su piel.
Ella se sentó en el asiento del pasillo junto a Marie. En ese momento, el bus comenzó a andar, y todos rompieron en vítores al tiempo que se vivía una gran excitación. La música sonaba a todo volumen, en tanto que las bebidas emergieron de la nada. Marinette apreció la facilidad con la que estos chicos usaban cualquier oportunidad para volverse locos. Ella agradeció el refresco de naranja que le ofreció Marie, al tiempo que oía vítores al otro lado del bus.
Marinette se dio la vuelta, y encontró al grupo de los técnicos de iluminación aplaudiendo a alguien, y ese era Adrien, quien tomaba un gran trago de una botella plástica de refresco. Ella no sospechó nada hasta que Marie habló.
– Oh, no– dijo Marie mientras dejaba salir una ligera risa – van a embriagarlo. Pobrecito, pero tengo que reconocer que todos tenemos curiosidad de ver que hará.
Marinette se levantó de inmediato y caminó hasta el grupo de Adrien. Tenía que detener aquella locura. Lo único que le faltaba era que Félix pudiera reunir nuevas maneras de chantajear a su primo. Ella se sintió como la esposa regañona cuando escuchó que las risas de los muchachos se aplacaban al verla acercarse a ellos.
– Adrien – dijo Marinette – ¿Qué estás haciendo?
– Nada – respondió él, dirigiéndole una sonrisa.
– No parece que se trate de "nada" – dijo Marinette poniendo su mano en su cintura, mientras que la otra impedía que se tropezara en aquel bus en movimiento.
– Yo… – comenzó Adrien nervioso al tiempo que los demás muchachos observaban hacia el lado contrario con tal de no tener que enfrentar la mirada inquisidora de Marinette. – solo es un poco de alcohol.
– Eres menor de edad, y eres una figura pública – dijo Marinette rápidamente y sin poner énfasis en ninguna de sus palabras. Ella simplemente las lanzó a la nada, para que Adrien pudiera valorar su peso. Él no contestó, simplemente bajó lentamente la botella y se la pasó a otra persona.
En ese momento, Marinette se sintió observada. Ella levantó la mirada hacia la parte de atrás del vehículo en donde se encontró con Félix, quien se encontraba mirándola fijamente, en tanto sorbía de un vaso plástico rojo, al tiempo que el grupo de actores con los que se encontraba charlaban animadamente. Marinette sintió que su ira había bajado considerablemente, como espuma en una bebida, por lo que sería el momento preciso para volver a intentar un acercamiento.
Marinette realmente no quería que los eventos tuvieran el curso que habían tomado hasta el momento. Ella nunca había visto a Adrien ser afectado de una manera tan personal por ninguno de los problemas que habían compartido en lo que llevaban conociéndose. Probablemente, porque Félix era miembro de su familia, y una de las pocas personas con la que había establecido una relación cercana desde su niñez. Marinette no deseaba que esto terminara en una completa ruptura familiar, por lo que a pesar de que despreciaba a Félix, trataría de razonar con él.
Ella caminó hasta una de las sillas que se encontraban desocupadas, sin despegar su mirada de él. Félix entendió de inmediato lo que ella quería y la siguió silenciosamente sentándose a su lado, en la silla que daba contra la ventana.
– No pude evitar notar que fuiste a prevenir a mi primo de que embriagarse no sería una buena idea – comentó Félix casualmente, mientras sacaba su celular de su bolsillo.
– Mira esto – dijo Félix mientras que le mostraba una foto de Adrien con la botella. Marinette se enfadó, esto era justamente lo que ella quería evitar.
– Es sólo una botella de refresco, no tienes nada en contra de él – contestó Marinette molesta.
– Lo sé, supongo que solo quería fastidiarte – admitió Félix mientras se dejaba caer en el espaldar de su silla. Marinette se volteó y lo miró por un momento, fue entonces obvio para ella que él también había estado bebiendo, ya que podía ver el fantasma del alcohol en sus ojos.
– Por favor, Félix no hagas esto – pidió Marinette con voz cansada mientras trataba de encontrar las palabras para llegar a él.
– ¿A qué te refieres? – contestó él mientras que retiraba un mechón de su cabello que había salido de su elaborado peinado. Ella se estremeció ante la manera en la que él había usado aquella oportunidad para acariciar su mejilla. Pero, algo le decía que Félix sabía exactamente lo que hacía.
– Tu sabes bien a qué me refiero – dijo Marinette dejando salir una amarga sonrisa. – déjame ayudarte, Félix, si tu me dices que buscas con todo esto podría encontrar una forma… – Marinette se detuvo a la mitad de la oración, ya que él comenzó a reírse. Ella presintió que debía haber bebido más de lo que inicialmente había pensado, ya que se encontraba completamente acostado sobre su silla, con una sonrisa tonta estampada en sus labios.
– Eres tan ilusa, Marinette – comenzó Félix – la típica niña básica, que se encuentra enamorada de un modelo rico y famoso.
– Sí, ya sabía que eso es lo que tú siempre has pensado sobre mí, y francamente no me importa tu opinión – contestó Marinette con una sonrisa cargada de ironía. En ese momento, ella sintió que la mano de Félix se iba hacía el dobladillo de su falda, en tanto que comenzaba a juguetear con ella. Marinette sabía que había algo más en este movimiento. Él tenía la intención de intimidarla, al tiempo que sentía su nudillo acariciar su rodilla, pero decidió no darle la satisfacción de quejarse.
– ¿Por qué no te gusto Marinette? – preguntó Félix. Marinette normalmente hubiera sentido pena por él, pero ya habían llegado a un punto en el que no podía hacerlo, pues eso era precisamente lo que la había puesto en aquella situación en primer lugar. Ella debió escuchar a Adrien y nunca confiar en él.
– ¿Tienes el descaro de preguntar? – respondió Marinette riendo suavemente – porque no me respetas, nunca me has respetado. Siempre he sentido que no soy más que una broma o un cliché para tí.
– Me atraes mucho, eres preciosa.
– Eso no quiere decir que me respetes en lo más mínimo – contestó Marinette.
– ¿Qué es lo que realmente piensas, Marinette? – preguntó Félix quien se volteó en su silla y la enfrentó en medio de la nube de alcohol que flotaba en sus ojos.
– Tu no quieres saberlo.
– Sí, realmente me gustaría que me dijeras lo que estás pensando. – dijo Félix
– Si insistes...– respondió Marinette dejando salir un largo y cadencioso suspiro – Siento que recientes que prefiera a Adrien antes que a tí. Tú crees que eres profundo y complejo, mientras que para tí Adrien que no lo es. Tú te crees mucho mejor que él, mejor que yo, y por lo tanto recientes que tenga la "audacia" de no validar tus sentimientos.
– No es cierto – contestó Félix – el problema es que claramente eres una persona soñadora, y sin gusto, que prefiere...
– ¿Lo ves? – preguntó Marinette– Tu no me respetas. Desde que te conocí no has hecho otra cosa más que subestimar mis gustos, mis hobbies, todo lo que es importante para mi, la persona de la que estoy enamorada, y ahora, me chantajeas. No sé cómo pretendes que te quiera cuando me tratas con semejante condescendencia.
– Adrien, es una simple ilusión de una estúpida niña escolar – contestó Félix.
– ¿Y qué? – preguntó Marinette – ese es mi problema, es mi vida, y mis decisiones. Yo no te debo atención, yo no te debo absolutamente nada.
– Por favor… – respondió Félix molesto – ni siquiera entiendo por qué te gusta tanto.
– Por que me respeta, me trata con amabilidad, no se burla de mi, ni me desprecia continuamente… ¿quieres que continúe? – preguntó Marinette, pero Félix no respondió, él sólo tomó de su vaso rojo nuevamente.
– Sí, como sea, nuestro trato sigue vigente, ni siquiera creas que lo voy a dejar pasar. – se quejó Félix quien se acomodó en su asiento, dándole a entender que la discusión estaba terminada.
Marinette pasó el resto del viaje en silencio mientras él dormía. Ella no estaba de humor para regresar con Marie o siquiera con Adrien. Marinette se quedó allí, mirando a Félix dormir. Estaba realmente molesta con él, ella no se encontraba adecuada a aquel sentimiento, pero tampoco podía deshacerse de él. Félix era tan pretencioso, desde su pulido cabello, hasta su fina ropa, su dinero, y parecía pensar que todos debían estar al tanto de lo superior que era en relación a ellos. Marinette sabía que no era perfecta, pero de ninguna manera se dejaría aplastar, ni manipular, por aquel niño malcriado quien claramente siempre estaba acostumbrado a conseguir lo que quería, y que estaba molesto sólo porque las cosas no estaban saliendo cómo él las había planeado.
De repente, Marinette sintió a Félix revolverse en su asiento. Él se había volcado en dirección a ella, por lo que no le quedó más opción que quedarse inmovil mientras lo sentía dormitar sobre su hombro. Ella lo odiaba en aquel momento, pues lo hacía con toda la intención de molestarla, y de paso, fastidiar a Adrien. El bus llegó a la villa en las afueras de la ciudad pasada la medianoche. Al parecer, todos estaban completamente exhaustos, ya que casi nadie estaba realmente de humor para festejar, solo un pequeño grupo de actores, entre los que se encontraba el anfitrión se quedaron en el lobby.
– Realmente necesito comer algo– dijo Félix mientras que él y Marinette se bajaban del bus. – la dieta líquida es divertida, pero necesito algo de comida.
Normalmente, Marinette se habría reído ante el comentario, pero se encontraba demasiado molesta como para siquiera pensarlo. Sin embargo, lo cierto era que ella también se encontraba muy hambrienta. Marinette se acercó al anfitrión y le preguntó si no había la posibilidad de conseguir algo de comer. El muchacho le entregó el número de teléfono de una gasolinera cercana en donde hacían domicilios las 24 horas.
– Voy a pedir pizza – dijo Marinette casi agresivamente mientras se acercaba a Félix.
– Eso suena muy bien – respondió Félix quien se frotó las sienes. Era claro que aún se encontraba recuperándose de la dieta líquida del bus.
– Marinette – dijo alegremente Adrien mientras se unía a ellos. – ¿puedo comer con ustedes? – preguntó. Marinette se lo quedó mirando. Adrien parecía su tradicional alegre y amable persona, pero esta vez ella pudo ver algo bullir algo en su interior, estaba molesto cómo nunca lo hubiera visto.
– Por su puesto– dijo Marinette quien sabía a ciencia cierta que la única razón por la que no se hallaban discutiendo era porque todavía había gente en el lobby rodeandolos.
Marinette no deseaba quedarse en medio de ellos dos, por lo que decidió concentrar todos sus esfuerzos en pedir una pizza extrafamiliar con carne y vegetales, refresco y una porción de pan de ajo. A Marinette se le hizo la boca agua tan solo pensar en aquello. Sin embargo, todos sus positivos pensamientos desaparecieron en cuanto vio a los dos primos sentados en las mesas del bar junto al bar del lobby. Ella inspeccionó el lugar, se trataba del típico lobby de hotel con sus suelos de mármol color crema y el bar a un extremo de la sala. Como el hotel aún no se encontraba en funcionamiento, el bar aún se encontraba a oscuras y sin señas de vida, pero sería el sitio indicado para que ellos tres pudieran comer. Ella agradeció silenciosamente la presencia del grupo de actores que se encontraba en los cómodos sofás al otro lado de la sala bebiendo como peces, pues mientras ellos estuvieran allí no se desataría una pelea.
– Bien… – empezó Adrien mientras se cruzaba de brazos y miraba a Félix con cara de pocos amigos. Marinette no vió utilidad en aquello, ya que quedaba claro que él estaba demasiado embriagado cómo para que realmente le importara la molestia de Adrien, o siquiera para disfrutar aquel breve momento de victoria.
– ¿Bien? – respondió Félix quien tras decir aquella palabra dejó su cabeza colgar hacía atrás. Definitivamente, él no parecía en condiciones de mantener una conversación seria, pero ella estaba segura de que Adrien no dejaría pasar aquel momento de rabia ciega para decirle todo lo que pensaba acerca de él.
– ¿Qué es lo que crees que estás haciendo? – preguntó Adrien furioso.
– Esperando a que llegue la pizza, me muero de hambre– respondió.
– Sabes a lo que me refiero, no te burles de mí – dijo Adrien quien subió levemente la voz. Marinette lo tomó por el antebrazo, pues ella seguía con su plan de no alertar a Félix para hacerlo pagar en un futuro.
– Ustedes dos tienen información sobre mi que no me conviene, y yo necesito un seguro por si alguno desea hablar, te juro que no es nada personal, Adrien, sólo tuviste la mala suerte de ser quien hubiera dejado huellas en el teatro.
– No es nada personal… – murmuró Adrien molesto, ya que él sabía tan bien como Marinette que aquello era una completa mentira. No había nada más personal que los sentimientos de ellos dos. Félix quería irritar a Adrien de alguna manera, el problema es que su primo estaba comenzando a odiarlo, y eso preocupaba mucho a Marinette.
– ¿Y qué hay de Marinette? ¿por qué tienes que meterla en todo este enredo? – continuó Adrien más y más molesto.
– No seas sensible, Adrien. Lo que pasa entre Marinette y yo no es tu problema. En cambio, lo que sucede entre tú y ella sí podría ser del interés del tío Gabriel. – dijo. Adrien dejó de respirar por un par de segundos, aunque Félix no se encontrara completamente consciente, aún podía encontrar las palabras perfectas para herir a Adrien.
– Déjanos en paz Félix – dijo Adrien– sé que verdaderamente deseas es el anillo de papá, y te prometo que no lo conseguirás– continuó. Esta última afirmación debió llamar la atención de Félix ya que se acomodó en su asiento y miró a su primo con verdadero interés. Marinette no estaba segura de que este hubiera sido el movimiento más inteligente por parte de Adrien, pero decidió quedarse callada. Ella no quería llamar la atención a su presencia.
– Yo no estaría tan seguro – dijo Félix sonriente. En ese momento, Marinette vió que la pantalla de su celular le indicaba que el servicio ya había llegado, por lo que corrió a la puerta a pagar.
– Toma – dijo Félix mientras le extendía un billete de 50 €.
– Yo iba a pagar – contestó Marinette sin tomar el billete de su mano.
– No tienes que hacerlo. Francamente, no creo que la hija del panadero tenga tanto dinero como para regalarlo, de lo contrario usarías algo más que vestidos hechos en casa – dijo Félix. Marinette quiso golpearlo, lo hubiera hecho si se hubieran encontrado solos, pero luego recordó que no había caso. Adrien abrió la boca para hablar, pero Marinette decidió detenerlo.
– Déjalo, Adrien. Al parecer, es un borracho desagradable. – dijo Marinette desatendiendo a su comentario. – pensándolo mejor, tomare tu dinero, no quiero gastar el mío en alguien como tu.
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Adrien había planeado ir con Marinette por las pizzas, pero en aquel instante entendió que esta era la única oportunidad que tendría esta noche de hablar con su primo. Adrien seguía furioso, pero la advertencia de Marinette pesaba sobre él. Ella opinaba que debían ser pacientes, y mientras él no tuviera un mejor plan, lo mejor sería que hiciera lo que ella le sugiriera.
– ¿Qué crees que estás haciendo? – le preguntó Adrien a Félix.
– ¿Tu qué crees? – respondió Félix – chantajearlos, por su puesto.
– No tenías por qué involucrar a Marinette en todo esto – dijo Adrien mientras se inclinaba hacia adelante en su silla.
–Félix– comenzó Adrien con voz profunda – sé que quieres el segundo anillo de papá, lo que no sé es cómo piensas que esto te ayudará a obtenerlo. Supongo que piensas que si haces lo que él quiere te lo dará de buena gana.
– ¿No crees que será así? – preguntó Félix quien ahora parecía verdaderamente interesado en lo que Adrien tenía que decir.
– No, no lo creo. Él no te dará nada – respondió Adrien.
– Entiendo – asintió Félix quien a su vez se inclinó hacía adelante, entrelazando sus dedos sobre la mesa, en un gesto que sólo realzaba su eterna apariencia calculadora. – entonces, tú podrías dármelo.
– ¿Quiéres que le robe a papá?
– Ese anillo es de la familia de mamá y de tu propia madre. Gabriel Agreste no tiene ningún derecho en reclamarlo para sí mismo – dijo. Adrien reflexionó un poco en aquello. Él aún seguía sin entender por qué su primo estaba tan obsesionado con aquella prenda, puede que fuere costosa, pero los Graham de Vanili tenían dinero de sobra. En conclusión, a su modo de ver, eran demasiados problemas por algo tan pequeño.
– Supongo que quieres que consiga el anillo para tí, a cambio de que dejes a Marinette en paz– respondió Adrien molesto.
– ¡Por su puesto! – exclamó Félix animadamente – eso es justamente lo que quiero. Dame el anillo, y yo iré de París en seguida y te dejaré a ti y a tu novia en paz. – dijo.
Aquella petición contrariaba uno de los principios más básicos en la vida de Adrien: jamás ir en contra de los deseos de Gabriel Agreste. Sin embargo, esta vez no se trataba de una situación típica. Marinette estaba en manos de Félix y aquello lo ponía nervioso. Él sentía que ya no conocía a su primo, pues en los últimos meses había suplantado su identidad, causado tres akumatizaciones en un día, tratado de negociar con Papillon, provocado un accidente que dejó dos heridos de gravedad, robado su celular y ahora lo chantajeaba con una serie de pruebas obtenidas ilegalmente. Lo último que él quería era que Marinette resultara dañada de alguna manera.
Adrien lo lamentó por su padre, pero lo cierto era que aquel anillo no le pertenecía, y si tenía una manera de mantener bajo control a Félix en tanto lograba la manera de exponerlo o detenerlo, entonces él se daría por bien servido.
– Bien – dijo Adrien.
– ¿Bien? – preguntó Félix sorprendido. Adrien supuso que su primo jamás hubiera esperado que él se encontrara dispuesto a hacer algo que contradijera los deseos de Gabriel Agreste.
– Si– confirmó Adrien – sólo tengo una condición.
– ¿Cuál? – preguntó Félix.
– No le harás ningún daño a Marinette– dijo Adrien molesto – esa es mi condición. No quiero que la obligues hacer nada que ella no desee hacer – Félix lo observó en silencio mientras que se cruzaba de brazos. Adrien hubiera dado una gran cantidad de dinero por sus pensamientos, o siquiera por saber si planeaba cumplir lo que él le pedía.
– Está bien, sólo lo necesario para que tío Gabriel crea en esta farsa – dijo Félix. – pero tendrás que hablar con Marinette. Ella debe poner más de su parte, no puedo pretender que estoy saliendo con ella si me mira como un chicle recién masticado todo el tiempo.
– No te miraría así si la trataras un poco mejor.
– ¿A qué te refieres? – preguntó Félix.
– Por favor, no puedes pretender que puedes darte el lujo de hablarle a alguien como lo hiciste con Marinette hace unos minutos, y pretender que ella te quiera y te trate como si nada hubiera pasado. Normalmente, los actos tienen consecuencias.
– Normalmente, pero tu sabes que tu y yo no somos normales – dijo Félix dedicándole una sonrisa. Adrien no quiso profundizar en aquel punto, ya que sabía que de cierta manera, su primo tenía razón.
– Por favor, no trates a Marinette de la manera en la que lo hiciste hace unos minutos– dijo Adrien quien ya no sabía qué más decir para llenar la conversación.
– El problema con ella es que no sé cómo tratarla– dijo Félix – intenté ser agradable, y no funcionó, entonces, francamente no sé qué hacer con ella. Pero no soy de los que se rinde fácilmente.
Adrien se quedó mirando fijamente a Félix. Él podría actuar cómo si no le importara lo que una persona como Marinette pensara acerca de él, pero la realidad era que si, si le importaba, y mucho. Félix realmente parecía querer la aprobación de Marinette. Adrien no pudo evitar preguntarse hasta qué punto le molestaría no tenerla. Fue entonces que entendió que aquel descabellado plan no era simplemente una forma de obtener los anillos, había algo más debajo de la superficie. Él realmente quería a Marinette, pero no eran la misma clase de sentimientos que Adrien tenía por ella, era diferente, era casi como una especie de competencia en el cerebro de Félix.
– No es cuestión de rendirse, Félix, no es cuestión de que se trate de una competencia o no – comenzó Adrien tropezando con las palabras. Él cerró los ojos y tomó una profunda bocanada de aire.
– Félix – dijo – ¿Estás consciente de que tu no le gustas a Marinette? – preguntó Adrien.
– ¿Cómo puedes estar tan seguro? – preguntó Félix.
– No lo sé – reconoció Adrien – pero ella te lo dijo, y además, ella está conmigo, por lo que prácticamente puedo estar seguro de que no te quiere – dijo. Félix rodó los ojos en señal de exasperación.
– ¿Vas a ayudarme a conseguir el anillo, o no? – preguntó Félix – porque yo quiero el anillo, no un discurso.
– Voy a ayudarte a conseguir el anillo – contestó Adrien quien se sentía cansado– pero lo único que quiero pienses dos veces antes de involucrar a Marinette. En parte, entiendo lo que estás haciendo, pero también me preocupa que lo estés llevando al plano sentimental. No puedes obligar a nadie a sentir algo que no desea.
– Yo no… – comenzó Félix esta vez realmente exasperado – yo no estoy haciendo eso. Yo… a mí no me importa lo que tu pienses, o lo que Marinette piense.
– Oh si, si te importa lo que pensamos, a ti siempre te ha importado mucho la opinión de los demás– dijo Adrien quien se sentía cada vez más y más molesto.
– Tu no tienes ni idea de lo que estás hablando. Yo quiero esos anillos porque son importantes para nuestra familia, para mamá, eran importantes para nuestros abuelos. Pero, por supuesto, tú no sabes nada acerca de la familia, de la lealtad. Tú sólo haces lo que los demás te dicen para tratar de complacer a los demás. No tienes ni la menor idea de lo que estás hablando – dijo Félix. Adrien sintió aquello como una bofetada. Él había sido muy franco consigo mismo en muchas oportunidades, y sabía que su primo tenía razón, pero escucharlo decirlo era muy diferente.
– Ok – asintió Adrien frenéticamente – digamos que yo soy eso, y muchas otras cosas más. Eso no cambia lo enfermizo que te comportas respecto a Marinette. Ella no te quiere, tu no le gustas, y me parece que eres incapaz de aceptarlo, no porque tengas sentimientos verdaderos por ella. Lo haces porque eres un narcisista, adicto al control, que está acostumbrado a obtener siempre lo que quiere.
– Cierra la boca… – comenzó Félix al tiempo que se inclinaba sobre la mesa como si pretendiera golpearlo en cualquier momento. – tu, entre todas las personas, no tiene derecho a criticarme, eres básico y débil, no tienes ninguna clase de substancia más allá que la de tratar de complacer a los demás.
– Claro que lo soy, pero no por eso voy a dejar que pases por encima mío, o de Marinette– dijo Adrien cada vez más molesto al tiempo que sin realmente quererlo golpeaba la mesa con la palma de la mano – no eres la "mente maestra" que crees que eres, solo un narcisista privilegiado incapaz de ponerse en el lugar de los demás.
– ¿Yo soy el narcisista privilegiado? – preguntó Félix ofendido– ni siquiera tuviste la decencia de asistir al funeral de mi papá, porque para tí no hay nada más importante que el deseo de complacer.
– Félix… – comenzó Adrien, quien veía por primera vez un rayo de emoción verdadera en su primo. Adrien no justificaba con aquellas palabras las acciones de Félix, para él sería imposible hacerlo, pues no existía excusa alguna para todo lo que había hecho hasta el momento, pero aún así entendió ligeramente el origen de su resentimiento hacia él.
– ¿Cuál quieren comer primero? – preguntó Marinette al tiempo que ponía las dos pizzas en la mesa. Marinette no se percató de que ellos dos se encontraban en poco menos que el clímax de su pelea. Adrien prefirió no decir nada. Después de todo, él sentía que la llama que se había encendido un par de horas atrás se encontraba a punto de estallar, y si recibía una provocación más podría cometer alguna imprudencia.
– Carne – dijo Félix al tiempo que ella abría una de las cajas y tomaba su porción.
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Félix se despertó a la mañana siguiente hecho trizas. Le dolían cada uno de los huesos de su cuerpo, sin incluir el creciente sentimiento de náuseas que se arremolinaba en su estómago. Él nunca debió hacerle caso a aquellos estudiantes universitarios. Él se vistió lentamente con un par de pantalones cortos y una camisa blanca. Después, tomó sus gafas oscuras y se las puso con el fin de protegerse del sol.
Mientras se dirigía al comedor, Félix observó el lugar. Aquel hotel no había sido abierto al público, aún necesitaba los permisos para albergar a visitantes. Las paredes se encontraban pintadas de un pulcro blanco mientras que macetas llenas de flores junto con arte barato las decoraban. Cualquiera podría decir que se veía bien, pero Félix lo odio de inmediato, era la clase de lugares en donde un montón de familias de clase media va a pasar vacaciones, junto con sus niños revoltosos y olorosos, así cómo turistas corrientes que compraban paquetes baratos en donde se incluían sitios como este. Félix tomó una profunda exhalación, todas estas tonterías lo fastidiaban hasta más no poder.
Félix sentía que junto con su resaca un sentimiento aún peor se adueñaba de su mente. La conversación que había sostenido con Adrien seguía resonando fuerte y clara en su interior. Adrien se había atrevido a decirle que era un narcisista, excesivamente privilegiado que estaba acostumbrado a ser complacido por todos, y que su problema era que no podía soportar que Marinette no hiciera lo mismo. Aquello le había sentado aún peor que el golpe que le había propinado Adrien hacía un par de semanas. Tanto su primo como Marinette lo habían tomado como su saco de patadas.
– No soy narcisista, ni soy excesivamente privilegiado – pensó Félix.
– ¿En realidad no lo eres? – respondió una voz interior que Félix de inmediato resintió.
– No lo soy – se dijo. Félix reflexionó un poco, tal vez si fuera privilegiado, eso era cierto, pero él no era narcisista.
– Y amas sobre todas las cosas ser complacido por otras personas – murmuró esa desagradable voz interior.
Félix silenció sus pensamientos. Él no era el problema, era Adrien. Su primo estaba resentido con él porque Félix le llevaba la delantera. Él iba ganando y Adrien no podía soportarlo. Félix no era narcisista, si lo fuera, sólo pensaría en él mismo, y no valoraría los sentimientos de otras personas, lo cual no era cierto, porque a fin de cuentas, él quería robar el anillo para beneficiar a alguien más: a su padre. Por su puesto, Félix también sería feliz con el resultado, pero aquello sería completamente incidental. Él era una buena persona, su problema es que últimamente había tenido que tomar decisiones difíciles, Adrien simplemente no podía verlo porque estaba demasiado resentido.
Él llegó a la puerta del cuarto de Marinette en donde se habían despedido luego de la fatídica noche del estreno de la obra de teatro. Félix tocó y esperó a que ella saliera.
– Oh, eres tú – dijo Marinette visiblemente desanimada. Félix resintió aquello, por su puesto, ella no lo esperaba a él, a quien realmente quería ver era a Adrien.
– Lamento decepcionar, princesa, pero es hora del desayuno– dijo. Félix le regaló una mirada a Marinette. Ella se veía verdaderamente linda, por su puesto, dentro de los límites que ofrecía aquel bikini barato con pequeñas fresas estampadas en la tela rosa clara, sobre el cual usaba un sencillo short de jean y una camiseta blanca sin mangas. Marinette encajaba perfectamente en aquel vulgar hotel.
– ¡Qué bien! – exclamó Marinette emocionada mientras entraban al comedor del hotel – el desayuno se ve maravilloso, de seguro que cuando lo abran al público será un lugar verdaderamente divertido.
Félix prefirió quedarse callado, no quería comenzar la mañana con una pelea con Marinette por sus ordinarios gustos. Pero lo cierto era que él no podía encontrar nada agradable en aquel ridículo lugar. El restaurante no lo era verdaderamente, más parecía una cafetería escolar con un autoservicio que permitía que cada uno tomara lo que le apeteciera.
Marinette se sentó alegremente a la mesa mientras ponía su bandeja roja llena de comida. Félix la imitó sin decir ninguna palabra. Francamente, estaba llegando a pensar que esta era una mejor opción que abrir la boca sólo para hacerle entender a Marinette lo fastidiado que se encontraba. Una parte de él estaba comenzando a disfrutar verla tan alegre y divertida como se encontraba en aquel momento, aunque la otra parte, simplemente quería catalogarla como una niña imbécil que disfrutaba de cosas idiotas como aquel hotel.
– Vi una hoja de precios en la mesa de noche, y sé que no es costoso, en cuanto abran les diré a mamá y a papá que programemos las siguientes vacaciones – dijo Marinette mientras le daba una segunda inspección al lugar.
– Seguro que lo harás, es la clase de lugar para alguien como ustedes– dijo Félix sin apenas pensarlo. Marinette se quedó rígida al escuchar aquello. Félix estaba seguro de que ella había detectado la ironía en su voz.
– Yo, quiero decir…
– Egoísta… – murmuró ese aspecto de su cerebro que sonaba peligrosamente como Adrien.
– Sé lo que quisiste decir – dijo Marinette molesta. Ella no volvió a hablarle con la misma alegría de antes. Todo lo contrario, comenzó a comer en silencio mientras que apenas le dedicaba atención. Félix hubiera dado gustoso su desayuno a cambio de que ella comenzara a hablar nuevamente.
Félix se sintió incómodo. Las desagradables palabras de Adrien volvieron a bailar en su recuerdo. Él no era egoísta y desagradable. El problema era que Marinette era incapaz de ver lo estúpida y básica que era.
– Buenos días – saludó Adrien al tiempo que se sentaba junto a ellos. – Marinette – empezó alegremente Adrien.
– Estuve hablando con Robert, y me dijo que los establos en la parte de atrás del hotel son para una granja de animales domésticos que comenzará a operar en cuanto abran el hotel. – dijo Adrien refiriéndose al anfitrión. Félix se sintió sorprendido y fastidiado al escuchar aquello, ya que Marinette le sonrió abiertamente.
– Que lindo… – comenzó Marinette.
– ¿Desde hace cuánto te gustan las granjas de animales domésticos?– preguntó Félix fastidiado – hasta donde recuerdo, eres alérgico a casi todo – dijo.
– Lo soy – aceptó Adrien – pero sé que a Marinette le gustan, por eso le estoy contando.
Félix odio como lo hacía ver aquello. Su mamá le había dicho en varias oportunidades que tenía que ser más tolerante con otros, respetarlos así fueran diferentes, y él no sabía porqué tenía que pensar en aquellas palabras justo en aquel preciso momento.
– Egoísta... – volvió a decirle su asquerosa conciencia. Todo era culpa de Adrien. Él era completamente falso y estúpido, mientras que Marinette era una niña tonta, con un montón de gustos burdos y ridículos. Ellos no entendían, simplemente, nadie lo comprendía realmente. Félix se molestó. Él buscaría una manera de darles una lección, y tenía la forma perfecta de hacerlo.
Las amigas de Marinette se acercaron hacia ellos y se la llevaron en medio de risitas. Al parecer, la piscina se veía tentadora, y todas deseaban jugar con la pelota. Félix sólo quería tomar su bebida de hidratación y sentarse en una silla junto a la piscina, muy bien escondida del sol.
– Adrien – dijo uno de los técnicos de las luces – Louis quiere ver cuántos sándwiches puede comer en media hora, ¿quieres ser el juez del concurso? – preguntó.
– Por su puesto– dijo alegremente Adrien quien se marchó con ellos sin dedicarle una segunda mirada.
Félix bajó solo hasta la piscina. Él apenas había tratado de hacer amigos entre los demás miembros del reparto. Ellos eran demasiado idiotas para su gusto. Félix sentía que no valía la pena perder tiempo con gente como aquella. Todos eran una simple manada de simios que se daban constantemente a sus impulsos, y no había nada que rescatar de aquella multitud. Al encontrar una cómoda silla de sol oculta a la sombra, Félix se acostó a dormir en ella mientras sorbía su bebida hidratante. Tenía una sed de mil demonios, y la cabeza le palpitaba como un tambor. Él tomó una siesta, en tanto veía a Marinette y a sus amigas jugar con una pelota de plástico.
Félix se levantó sintiéndose ligeramente mejor. Ya no sentía las náuseas y el dolor punzante en su cabeza. Mientras tanto, Marinette y sus amigas seguían en la piscina, lanzando agua de tanto en tanto. Adrien también se encontraba a un extremo de la piscina con sus amigos charlando y bromeando. Félix buscó con su mirada alguien con quién hablar, y se dio cuenta que nunca había tratado de forjar ningún lazo con estas personas.
Él se sentó en la silla plástica, mientras que le dedicaba un poco de atención a Marinette. Ella se encontraba en la parte menos profunda de la piscina, y el agua tan sólo le llegaba poco más abajo de la cintura. Félix se arrepintió de haber pensado mal acerca de ese bikini barato, ya que se le veía precioso. Ella tenía sus coletas prácticamente desechas, mientras que sus labios rosa hacían juego con sus mejillas.
Félix le regaló una mirada a Adrien. Él parecía feliz con sus amigos, y por su puesto, cómo era ya tradición, él tenía que arruinarle el rato. Su primo se lo debía, después de todo, sus palabras le habían arruinado el humor. Él se levantó lentamente, se retiró la camisa y se metió a la piscina. Él sintió un par de ojos encima suyo. Félix sabía cuán guapo lo consideraban muchos. Después de todo, se veía justamente igual que Adrien, y él era un modelo reconocido, tan sólo hubiera querido que Marinette pensara lo mismo.
Al percatarse de que él se encontraba en la piscina, Marinette miró por encima de su hombro, en dirección suya. Sus ojos azules brillaban más de lo normal gracias al rojo de sus mejillas.
– Hola – la saludó Félix mientras se acercaba a ella. Marinette le dedicó una sonrisa nerviosa, se notaba que ella temía lo que se avecinaba.
–¿Quieres nadar conmigo? – preguntó Félix. Él sabía que ella no se negaría, pues la tenía en sus manos.
– P-por supuesto – dijo Marinette quien se acercó a él. Félix le sonrió, mientras que le tomaba la mano. Juntos se acercaron al extremo de la piscina y se quedaron allí junto a la pared mientras que él disfrutaba del contacto del agua tibia sobre su piel.
Félix habló de un par de tonterías con Marinette, hasta que llegó justo al punto que pretendía. Él atrajo a Marinette en contra de su cuerpo. Ella parecía asustada, pero no sé negó. Félix prefirió enfocarse en el aroma de vainilla, mezclada con el cloro de la piscina, así como el contacto de su manos con la curva de su cadera. La piel de Marinette se sentía fresca bajo sus dedos. Félix pasó su pulgar por el borde del vestido de baño de Marinette, mientras que ella se estremecía bajo su caricia.
Lentamente, él la besó en la mejilla. El agua clorada se mezclaba con el sabor suave de su piel. Marinette volvió a estremecerse bajo sus manos, pero no sé negó. Félix la besó en los labios lentamente. Ella era preciosa, y aquel gesto se sintió suave y significativo, como un recuerdo que quisiera atesorar para siempre, cada movimiento y sensación quedarían grabadas en él.
Al separarse, Marinette dejó caer su cabeza sobre su hombro, sin romper el abrazo en el que él la había envuelto. Por primera vez, Félix levantó la mirada hacia el extremo contrario de la piscina. Adrien lo miraba fijamente. Normalmente, él se hubiera sentido orgulloso de aquello. Después de todo, él había ganado, había obtenido justo lo que deseaba. Sin embargo, fue entonces que ocurrió: escuchó a Marinette sollozar en su hombro.
Félix apenas si se había detenido a pensar en Marinette, si ella realmente quería aquello o no, pues lo cierto es que ella no podría negarse ni aunque lo deseara. Félix finalmente tenía lo que quería. Él podía libremente imponer su voluntad sobre la de ella. Pero ¿Era realmente esto lo que él deseaba ser? ¿Un simple y vulgar acosador?
– egoísta...
Hola a todos, quería hablar sobre el origen de Felix en mi fic, pero estoy muy enferma y quiero publicar esto para distraerme, nos leemos, bye.
RESPUESTA A LOS REVIEWS:
Noir 0 : Hola, gracias por dejar comentario. Respecto a Félix, sí, tienes razón es una forma de verlo. Hay una escena en la película de Aves de Presa que Coldcrashpictures usa, y realmente fue la que me motivó a escribir a Felix como lo hice: es cuando Roman va a torturar a Harley y ella le dice que por favor no hable, que ella sabe lo que vendrá, que él abrirá la caja y le mostrará los elementos de tortura y procederá a explicarle su plan "maestro", que por favor se detenga, que no tiene que hacerlo, pues él no es tan "complicado" como él cree que es, que e realidad solo es un niño rico tratando de demostrarle a papi que puede construir un imperio criminal, pensando que es "el chico malo", cuando solamente está usando una forma mal enfocada de llamar la atención de papi. Hay un par de escenas en este fic en las que Marinette le dice a Felix exactamente esto, que él no es tan complicado, supongo que es un guiño a esa película.
Respecto al papel de Felix… pues no sé, por ahora solo tenemos un capítulo y las posibilidades son infinitas habrá que esperar.
Manu: Hola, gracias por tomarte el tiempo de dejar review. Ya leí el fic de tu amiga, como he estado algo ocupada se me juntaron dos capítulos, creo que su historia se ve muy interesante, jejeje además es raiting M.
Adrien malvado es algo que a mi siempre me ha llamado la atención, no sé, la idea de como alguien transita el camino de ser una persona que hace todas las cosas bien, hasta que de pronto deja de hacerlo, y que repite los patrones abusivos y controladores que aprendió en casa. O alguien como el protagonista de You, él cree que es "el caballero en su brillante armadura" que está ayudando a sus víctimas cuando en realidad es un acosador algo maniaco. He leído un par de fics interesantes en inglés con este tema, pero me parece que soy minoría en este sentido, precisamente porque para una parte del fandom Adrien era una respuesta a este protagonista sin el menor respeto por su pareja, y gran parte quiere seguirlo viendo bajo una óptica positiva. En dos fics jugué con esta idea y hubo personas super tocadas con este tema, pero eso no quiere decir que vaya a dejar de tratarlo de vez en cuando, después de todo los fics son más un hobbie auto complaciente que otra cosa.
Personalmente, no me molesta, igual son fics, sirven para "jugar" con el canon, lo que me molesta es que se glorifique o se justifiquen estos comportamientos en "la víctima tiene la culpa", en ese punto me pierden por completo, pero sí me parece interesante ver el "viaje mental" del villano.
Si, vi Total Drama, en realidad vi sólo la primera temporada, fue una de mis obsesiones pasajeras, durante la primera temporada, pero por alguna razón la segunda ya no me obsesionó tanto, me gustaba mucho Gwen, me parecía una muy buena parodia. Creo que lo que más me gustaba es que recuerdo que apareció cuando los realities estaban en la cúspide de popularidad. Me averguenzo de admitirlo, pero yo veía Love Island, y Survivor, era claro que era una parodia, de estos dos, no se si tu sabes si los personajes de la primera temporada vuelven a aparecer.
YALLE- E: Hola, primero que todo, gracias por dejar el comentario, si te entiendo, yo también tengo mis personajes que me encanta odiar. Los villanos son increíblemente satisfactorios de escribir. Respecto a Félix, supongo que quería a alguien que se cree la víctima de su propia historia, y como tu dices, definitivamente se pasó de la raya (y se va a poner peor), nuevamente, gracias por comentar, este ha sido un comentario interesante por leer.
Arrianne Luna: por su puesto que lo haré :).
Xenlatte: Hola, lo sientooooo, soy adicta al drama.
Dina04: Hola, lo siento, estuve ocupada esa semana, el 31 fue una locura, yo cociné para esa noche, pero ya estoy de vuelta.
Guest: Hola, Gracias por comentar, espero que ya pueda saber tu nombre, lo del fic corto adrinette sin miraculous, estaba preparada para decirte que lo tenía, realmente sólo cuando tu me dices me acabo de dar cuenta que en todos mis fics hay miraculous, nunca lo había notado. Hace poco vi la serie Bridgerton. La serie no me gustó, pero me leí 2 de los libros originales me encantaron, y eso que no soy precisamente de las que leen novelas románticas, y pensé en un fic inspirados en estos.
